La felicidad es un maquillaje

Por Nochedeinvierno13


Disclaimer: Todo el universo de los Juegos del Hambre es propiedad de Suzanne Collins.

Este fic participa en el fandom "Los Juegos del Hambre" en el Reto: "Estaciones" del Foro "La Revolución de los Fandoms".


IV

Renacer de primavera

El atardecer te huele a las caléndulas que aparecen repentinamente en la pradera y a la mente que se desprende de los árboles con el vaivén del viento. El silbido de las aves te encandilan los oídos pues pasaste demasiado tiempo en el subterráneo que es el distrito trece. Te gusta gozar de la reciente libertad que significa haber vuelto a tu distrito aunque éste solamente sea un vestigio de lo que alguna vez fue. Poco a poco va resurgiendo de las cenizas, del mismo modo que lo hizo el distrito trece en su tiempo, del mismo modo en que tú te vas reconstruyendo luego de haber sufrido la peor tortura de tu existencia.

«No debo pensar en ello —te repites mentalmente siempre que tu memoria traicionera se va a los barrancos abrumadores. No te hace bien recordar, quisieras olvidar todo lo sucedido desde que caíste en manos del Capitolio—. El doctor Aurelius dice que debo pensar en cosas que me hagan feliz.»

Y a menudo piensas que es muy sencillo para el hombre recomendarte eso. Él no se enfrenta día tras días a los demonios que deja el pasado, las secuelas de los juegos que están presente dentro de tus entrañas y en lo profundo de tu cerebro, tienes que convivir con la idea de que casi conseguiste hacerle daño a la persona que más quieres en el mundo.

Hundes los dedos en la masa con fuerza como si la acción te ayudara a aliviar el dolor que siente el corazón. Pero en algo tiene razón el doctor Aurelius. Hornear pan, del mismo modo que lo hacías antes de ir a los juegos por primera vez, te ayuda a desviar tu atención de lo que te aflige. Te ayuda a desatar los nudos de tus músculos, y contemplar los capullos que renacen luego del desastre, te hace mantener una perspectiva positiva de que todo va a salir bien.

Tu respiración se vuelve errática cuando ella te observa con la debida distancia.

—Te gusta observarme hacer pan, ¿real o no?

Katniss esboza una de esas sonrisas que sabes interpretar como traviesa.

—Creo que es la tercera vez que te veo haciendo pan —responde—. Antes lo hacías en la panadería de tu familia pero nunca te presté la suficiente atención. Cuando ganamos los juegos y vinimos a vivir aquí, entre la gira y las entrevistas para el Capitolio, ya casi no tenías tiempo de hacerlo.

Y por alguna extraña razón todo te resulta especial. Especial porque no se encuentran recreando un momento de su pasado, perdido entre las lagunas de la tortura, están viviendo su propio momento.

—¿Quieres aprender? —Katniss titubea por un segundo pero termina aceptando—. Tienes que colocar tus manos de este modo y después estirar la masa hasta que quede de manera uniforme. Puedes espolvorearla con harina en caso de que se encuentre pegajosa.

Ella sigue tus instrucciones. Lentamente colocas tus manos sobre las suyas, ayudándola para manipular los ingredientes. Katniss te observa con sus expresivos ojos, y a ti se te seca la garganta de forma repentina. Te humedeces los labios pero eso no es suficiente para alejar el magnetismo que su mirada ejerce sobre ti.

¿Cómo es posible que hayas olvidado todo lo que te hace sentir?

Te inclinas en su dirección. No quieres besarla. Lo que quieres es sentir su corazón latiendo debajo del tuyo, su nariz chocando contra la tuya y su respiración sobre tu boca.

Te sonríe.

Y tú caes a sus pies.

El destino les está brindando una nueva oportunidad para ser felices. No quieres dejar escapar la oportunidad y tampoco a Katniss, quieres tenerla para el resto de tu vida.

El paisaje de primavera contempla las sonrisas que comparten como dos niños enamorados.