Al fin las cosas empiezan a complicarse de verdad. Tiene que ser muy duro que te echen de tu propia casa, me da pena lo que le hago pasar a la pobre Hermione, la verdad es que Malfoy es muuuuy generoso con su oferta, quien pudiera vivir en la mansión de Draco remodelada como un palacete. Bueno, os dejo con el siguiente capitulo, agarraos que tiene chicha.

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(De vuelta al verde)

Capitulo 4: El plan

Pocos días después habían empaquetado todo lo perteneciente a su hija mayor y lo habían guardado en casa de Harry, aprovechó para ir mientras el estaba trabajando, Ginny se había mostrado más comprensiva o digamos violenta en su situación, había jurado darle una paliza a su hermano en cuanto saliera de cuentas. Era un alivio que ella mostrara la rabia que sentía, ella misma no podía hacerlo.

Tras eso y sin querer mirar su casa vacía había empezado a mirar apartamentos justo después de verla marcharse en el tren con destino a su colegio. Hugo se había tornado bastante silencioso, lo enviaba a jugar con su amigo Thomas casi todas las tardes, pero su ánimo no mejoró.

Pidió un permiso en el trabajo para las siguientes semanas, necesitaría tiempo para volver a instalarse, el problema eran los precios, pedían el alquiler de dos y hasta tres meses por adelantado y en ese momento ella no disponía del dinero.

Sus amigos se prestarían a dejarle el dinero pero eso era algo a lo que jamás recurriría, su madre Jean había quedado viuda varios años atrás y se había mudado a un pequeño apartamento de una sola habitación vendiendo su casa. La invitación a vivir con ella era conveniente pero su casa quedaba muy lejos de Londres y del colegio de Hugo, no quería que sus últimos años en una escuela Muggle fueran rodeado de extraños.

Ese mismo mes tuvo que pagar el seguro de su coche, un cacharro que se había empeñado en mantener para hacer viajes a la playa, y su cuenta estaba prácticamente en números rojos.

Apuró hasta el ultimo día, pensando que el cielo actuaría, y se quedó con las ganas. A las ocho de la tarde cerró sus cuadernos dejando su lugar de trabajo limpio y ordenado, se levantó de su sillón y se despidió de Sophie que se marchaba a casa.

Escribió una pequeña carta en un pergamino limpio. Sus manos temblaban más de lo que deberían, se sentía humillada.

"Malfoy:

Te escribo para preguntar si tu oferta sigue en pie. Si lo dijiste por educación o cortesía lo entenderé perfectamente.

Hermione G. "

Repasó su letra la expresión y con un suspiró la metió en el cajetín después de poner la dirección. Malfoy Manor. Bufó cansada. La lechuza echó a volar rápidamente por el cielo encapotado. Hacía frio.

Se sentó a esperar su respuesta con una taza de té entre las manos, después de veinte minutos interminables escuchó el llamativo picotazo en su ventana. Abrió presa del pánico.

En ella había una pequeña carta.

"Granger:

Mi proposición sigue en pie, puedes aparecerte en mi casa cuando tengas tiempo.

Malfoy"

o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o

No podía decir que sentía alivio cuando recibió la lechuza de Granger, pero lo cierto era que su plan poco a poco tomaba forma, le indicó a Peggy, su elfina domestica más leal que preparara dos habitaciones en seguida para recibir invitados y el mismo comenzó los preparativos

Debía enviar lechuzas a todas las familias respetables, organizaría algo, una gran entrada triunfal de nuevo en la alta sociedad mágica, sería la comidilla local durante meses. La vuelta del hijo pródigo.

Ojalá su madre hubiera vivido para verlo.

Peggy volvió al poco tiempo anunciando que había un invitado en la puerta pero antes de que pudiera decir nada más la puerta del despacho se abrió con estrépito.

-¿No sabes llamar? -preguntó molesto.

Blaise Zabini se abrió paso por la estancia, llevaba el pelo oscuro rapado como siempre, sus facciones seguían siendo las mismas, afiladas, su tez oscura resplandecía. No era lo que a el le gustaba llamar amigo pero después de la guerra ambos habían estado extrañamente unidos.

-Te traigo noticias frescas Draco -sonrió mientras se relamía. Se dejó caer en una butaca y lo miró. Vestía un impecable traje grisáceo. Malfoy enarcó una ceja, dudaba mucho que hubiera una noticia lo suficientemente importante para aquella intromisión- Pansy se acaba de divorciar.

-¿Y porque debe importarme? -soltó cansado de aquellos rumores.

-Acabo de verla y ha demostrado su interés por ti, como siempre, pensé que te gustaría verla.

-Pensaste mal.

-Vaya y yo que pensaba que te alegraría, estabais muy unidos en el colegio -murmuró con un deje insinuante.

-Tengo mejores cosas en mente -susurró a su vez el rubio con una leve sonrisa.

Aquello fue suficiente como para que las alarmas de Zabini se dispararan, hacía años que no veía aquel carácter dominante suyo.

-No se a que estas esperando para contármelo.

-Voy a tener una invitada viviendo aquí -señaló tras una pausa larga, dejó la pluma en la mesa y se levantó al minibar. Sirvió un par de copas de whisky de fuego y le entregó una- Hermione Granger.

-Te estas quedando conmigo -exclamó con una mueca de disgusto- ¿Te has dado un golpe en la cabeza?

Draco bebió de su vaso, la bebida quemó su esófago su placentera calidez mientras se apoyaba en la mesa.

-No has sido nunca un buen estratega -dijo calmadamente- piénsalo, Granger se ha quedado en la calle y yo, Draco Malfoy le ofrezco venir a vivir conmigo, soy un alma caritativa.

-Tu no tienes alma -le espetó empezando a entender por donde iban los tiros.

-Organizaré varios eventos en los que estará ella y su hijo, la prensa se volverá loca al ver como un exmortífago se redime ayudando a la salvadora del mundo mágico.

Blaise abrió mucho los ojos, tardó varios minutos en asentir con la cabeza, sería un bombazo. No tenía ni idea de como había ocurrido todo aquello pero estaba claro que Malfoy sabía jugar muy bien sus cartas.

-¿Es seguro que vaya a venir? -preguntó al terminar su bebida.

El hombre le tendió la carta que acababa de recibir, después de leerla asintió y la lanzó de nuevo al escritorio.

-Scorpius se lleva muy bien con su hija, ha sido un paso sencillo.

-Más te vale desinfectar todo lo que toque -sonrió al levantarse- una sangre sucia en Malfoy Manor.

-Zabini, compórtate -le advirtió- será una invitada, tiene que estar cómoda aquí.

-Ya claro... -rio el hombre, levantó la mano como gesto de despido y salió por la puerta.

Malfoy siguió saboreando el licor, sintiendo casi la victoria entre los dedos.

o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o

La respuesta fue escueta, como la suya, el alivio que sintió quedó patente, con un poco de suerte solo serían unos meses hasta que pudiera ahorrar para el alquiler de una buena vivienda.

Se caló el bolso sumiéndose en un nuevo estado de preocupación. Ella viviendo bajo el mismo techo que Malfoy, sería superior a sus nervios volver allí, pero tenía que hacerlo por Hugo.

Volvió a casa con rapidez, el niño tenía el pelo rojizo despeinado mientras bajaba una maleta, ella cargaba con otra maleta y un par de bolsos de viaje.

Se mordió el labio tratando de retener sus ganas de llorar, lo agarró de la manita con fuerza y cerró la puerta de la casa con cuidado.

Se aparecieron cuando la noche se cernía sobre ellos, la mansión era más imponente y tenebrosa de noche, le temblaron las rodillas, no quería estar allí.

-¿Mama? -preguntó de pronto una vocecilla sacándola de su estupor.

Tragó saliva y comenzó a avanzar por el camino de gravilla. Daba a una gran fuente oscura, subieron los peldaños hasta la puerta y ya se encontraba sin resuello.

Hugo familiarizado con la casa llamó al timbre sin reticencia y al segundo la puerta se abrió dejando ver a una elfina ataviada con un pulcro vestido negro.

-Señorita Granger -asintió haciendo una reverencia- el amo nos avisó de su presencia.

A su lado aparecieron al instante varios elfos más que se empeñaron en cargar con sus maletas y desaparecieron, no le gustaba aquel servicio, iba en contra de todo por lo que ella misma trabajaba.

Caminaron por la casa, estaba levemente iluminada, solo las estancias que estaban utilizándose y aún así se le hizo un camino demasiado largo, parecía que aquellos pasillos no se acababan nunca.

Subieron al segundo piso y al final la elfina les indicó que tras una puerta doble estaba su habitación.

-Gracias -murmuró la mujer cansada, fue a abrir la puerta pero la elfina le indicó que esa era la habitación de Hugo, la suya era la puerta de al lado.

Hermione no se fiaba ni un pelo así que entró con el niño a su habitación, era un cuarto bonito con una cama grande y con decoración azulada, era parecido a su cuarto anterior sin el desorden de un niño, tenía una buena mesa para dibujar.

Suspiró y dejó que Hugo explorara, había una puerta en la pared que daba a su propia habitación, el pequeño estaba tan cansado que se lanzó a la cama y casi sin pestañear se quedó durmiendo. Su madre le quitó los zapatos y lo tapó con cariño. Tras observarle dormir un par de minutos se dirigió a su cuarto, la habitación era tan grande como su salón, tenía una hermosa cama con dosel, parecía un hotel, incluso tenía un lujoso tocador junto a la ventana. Descubrió un suntuoso baño moderno tras una puerta junto al armario y sin pensarlo se metió a la ducha, necesitaba asearse, al salir se sentía mucho mejor, rebuscó entre sus maletas hasta dar con su pijama. Era un conjunto de algodón amarillo que tenía desde hacía años, se enfundó en su batín y salió de nuevo.

El pasillo estaba muy oscuro pero gracias a su varita no tuvo problemas en encontrar la escalera para volver a la planta inferior.

-¿Desea algo? -preguntó una voz ante ella. La elfina la asustó de tal manera que se llevó una mano al pecho y casi le soltó una maldición.

-Busco a Malfoy... -susurró después de recuperar el aliento.

-Sígame -propuso- el señor esta en su despacho.

La guió de nuevo por la casa hasta una puerta doble de madera oscura y llamó antes de desaparecer.

-Pase -escuchó su voz en el interior.

Hermione se maldijo por su idea, no le apetecía nada presentarse ante el de nuevo y en aquellas formas.

Abrió la puerta con cuidado, la estancia era como una pequeña biblioteca moderna, había mucha luz, las paredes estaban cubiertas hasta el techo con estanterías oscuras, en el suelo había una gruesa alfombra clara y un gran escritorio. Malfoy estaba tras el. Llevaba una simple camisa y unos pantalones.

-Granger... -dijo en voz alta al mirarla. Revisaba unos papeles.

-Ah... hola... -soltó sin saber muy bien que decir.

-¿Esta todo bien?

-Si, solo quería... -tragó saliva- quería darte las gracias. Esto será algo temporal, en cuanto pueda nos marcharemos.

Malfoy la observó un segundo, el pelo rubio le caía desordenado sobre los ojos, asintió.

-¿Quieres algo más? -preguntó tratando de suavizar la voz.

-Iba a preguntarte si había alguna regla especial que debiera seguir -no era algo en lo que había pensado mucho pero todo el mundo tenía sus manías en casa.

-Hablaremos de eso mañana -soltó volviendo a sus papeles.

La mujer lo miró un poco molesta, no era tan difícil ser cordial con alguien que acaba de perder su hogar.

Volvió a su cuarto y se metió en la cama, era lo más cómodo que había probado, miró las telas que cubrían el techo deseando salir de allí, solo de pensar que tenía tres días libres la abrumaba.

Consiguió cerrar los ojos y cuando se dio cuenta Hugo saltaba en su cama entre risas.

-¿Como ha ido la primera noche? -preguntó abrazándolo para que dejara de moverse.

-Bien -exclamó el niño- tengo hambre.

Se vistieron con rapidez, tenía que llevarlo al colegio.

Bajaron al comedor donde Malfoy estaba sentado, no tenía muy buena cara.

-Buenos días... -susurraron los dos antes de sentarse.

Al segundo ante ellos apareció una variedad de platos, su hijo empezó a comer encantado, pero ella se sirvió un té y una tostada con huevos revueltos.

-Tengo una reunión planificada contigo a las doce Granger -dijo el hombre tras su taza de café.

-Perfecto -era demasiada burocracia.

Tras desayunar se levantaron y ella caminó con decisión hasta la puerta para poder aparecerse con el niño en uno de los callejones cercanos a su colegio.

En cuanto lo dejó su teléfono empezó a sonar.

-¿Si? -preguntó al descolgar.

-Hermione soy Ginny, ¿Como lo llevas? ¿Has encontrado piso ya?

-Creo que sería mejor que te lo cuente en persona -sonrió, iba a darle un patatús.

Se trasladó hasta su casa, un bonito chalé individual en la zona exterior de Londres, era un barrio de estrellas de cine, pero no los envidiaba en absoluto.

Cuando ambas se sentaron en el salón con una taza de té empezó a relatárselo todo, desde el primer día en el hospital.

-Así que ahora Hugo y yo estamos viviendo en Malfoy Manor -suspiró cansada. Su amiga se había quedado boquiabierta, pero ante su sorpresa al final soltó una carcajada.

-No quiero ni imaginarme la cara de Ron cuando se entere -exclamó presa de la risa.

-Lo cierto es que... es uno de los pros por los cuales me fui -admitió avergonzada.

-Mientras Malfoy no sea un capullo veo bien que le des un escarmiento al idiota de mi hermano -Ginny acarició distraída su vientre abultado, no debía quedarle mucho.

-A ver si al final llega la niña -murmuró Hermione antes de irse con una leve sonrisa, no habían querido saber el sexo del bebé, pero después de dos varones ya deseaban tener una pequeña.

Hermione volvió a la mansión intentando no pensarlo demasiado, lo cierto era que de día parecía mucho más inofensiva, la piedra de las paredes había sido aclarada hasta ser gris, entró más tranquila, los salones y toda la decoración había cambiado mucho, casi era como una gran mansión de reyes señoriales.

Volvió a su cuarto y se colocó unos vaqueros y un viejo suéter, empezó a colocar toda su ropa en uno de los armarios que había vacío, los otros estaban llenos de vestidos y cosas de fiesta.

En cuanto terminó fue a la habitación de Hugo y colocó su ropa, tenía pensado volver a revisar los periódicos y alquileres para buscar pero una elfina se presentó delante de su puerta.

-Señorita, el señor Malfoy la reclama -dijo con voz aguda.

Casi se le había olvidado su compromiso.

Bajó tras ella hasta el despacho del hombre y cerró la puerta. Malfoy llevaba una camisa negra que lo hacía parecer aún más pálido, tenía ojeras marcadas como si no durmiera bien.

-Siéntate -le señaló uno de los sillones frente a la mesa y a su pesar obedeció- Íbamos a discutir ciertas normas y un acuerdo.

La chica asintió, el mientras rebuscó en sus papeles hasta dar con un contrato que le tendió. No era grueso.

-¿Realmente es necesario un contrato? -preguntó ella, aunque no le disgustaba que todo quedara por escrito.

-Es un contrato muy simple -aclaró levantando la cabeza, tenía el pelo revuelto- hay ciertas normas, como no traer personas externas para algo más que no sea una visita de cortesía o no...

-¿De cortesía? -preguntó ella quedando lívida.

-Si Granger, nuestros hijos viven aquí, esta casa no es un picadero.

-¿Picadero? -soltó alarmada- ¿Quien te crees que soy?

-Ese es el problema, no te conozco -admitió con serenidad, pero lo cierto es que tenía un brillo perverso en la mirada- otra de las reglas es que todo el mundo debe estar perfectamente vestido en todo momento, por lo demás sois libres de hacer cuanto os plazca, la única sala cerrada es mi dormitorio, sois libres de explorar todos los terrenos.

Hermione tenía las mandíbulas muy apretadas, estaba segura de que la había invitado para humillarla.

-¿Puedo aportar yo mis propias normas? -preguntó desafiante. El hombre asintió ligeramente sorprendido- Bien, la primera es que tienes prohibido entrar a mi cuarto.

-Claro Granger, porque todo mi empeño en el colegio era verte las bragas -resopló irónico.

-La segunda es que no tendrás poder de decisión sobre mi o mis hijos.

-Eso es un pequeño inconveniente -aclaró, se levantó de su butaca y se apoyó en la mesa- tengo una propuesta muy beneficiosa para ambos que hacerte. Tengo pensado devolverle el esplendor a esta casa y a mi apellido, y para eso tenemos que hacer un trato.

-¿Porque querría yo ayudarte a hacer eso? -contestó enfadada. La estaba utilizando.

-Vamos a realizar lo que los biólogos llaman simbiosis- soltó despacio- una ayuda mutua. Yo te ayudo a mantener a tus hijos, todo lo que necesiten y tu me ayudas a mi...

Lo dejó caer como tal insinuación que a la chica se le secó la garganta.

-¿Que tipo de ayuda? -entrecerró los ojos, aquello no le gustaba nada, pero lo cierto es que estaba intrigada.

-La temporada en la clase alta de la sociedad mágica empieza ahora, he invertido una gran cantidad de mi fortuna en renovar la casa, voy a utilizarla para dar varias fiestas y banquetes, para volver a congeniar con esa panda de snobs. Tu lo único que tendrías que hacer sería aparecer, pasarlo bien y sobretodo aclamar las alabanzas de tu humilde amigo y patrón que deja que os quedéis aquí a cambio de nada.

-¿Quieres que mienta a todo el mundo diciéndole que eres un ser generoso y bondadoso por naturaleza? -soltó una pequeña risita- Eso no va a colar ni en un millón de años.

Lo cierto era que Hermione no ponía mucho empeño en negar que le parecía buena idea, los acogería y de paso limpiarían su nombre, no era un mal plan, el problema es que tenía fugas por todas partes.

Una de las cosas buenas de llegar a la treintena después de haber pasado por una guerra contra un poder oscuro era que uno empezaba a saber planear y pensar en ciertos problemas que puedan ir surgiendo, eso era algo que Malfoy no preveía, su cooperación.

-¿Alguna otra idea, Granger? -preguntó el molesto.

-Si, pero no va a gustarte tanto como tu plan de guardería- asintió- no se lo tragarían.

La verdad es que ya había pensado que transformar su apellido en algo menos malo iba a costar mucho, pero se había ganado a muchos enemigos en la prensa, no había llegado a pensar que podría ser imposible. Empezaba a pensar en ello, se llevó una mano al puente de la nariz y dio con la misma solución que ella.

-Habla -la retó.

-La única forma que se me ocurre es que fingiéramos ser pareja- suspiró sin creer lo que estaba diciendo, pero Draco asintió, habían llegado a la misma conclusión- pero lo siento, no estoy por la labor. Recogeré mis cosas.

Hermione se levantó de la silla para terror de Malfoy y caminó hasta la puerta.

-¿No crees que un poco de venganza puede ser buena? -preguntó de pronto, estaba agarrándose a su ultimo clavo ardiendo, la mujer se detuvo y se giró para mirarlo intrigada, había llamado su atención- Weasley, ¿Puedes imaginar su cara cuando lea el Profeta y salgamos en primera plana?

La realidad era que no quería hacer daño a nadie, pero imaginar su enfado le provocaba una sensación de satisfacción, si el podía rehacer su vida tan rápido ella podía fingir que tenía a alguien.

Se quedó unos minutos en silencio, sopesando las posibilidades y ciertamente salía ganando.

Volvió a su sitio en el sillón y asintió despacio.

-En ese caso habría que poner más reglas -el contrato delante de ella se iluminó levemente, estaba abierto a la ampliación- quiero poner la regla de que solo tendremos familiaridad de pareja cuando haya gente presente, no hay ninguna excusa que justifique que te me acerques si no es para parte de este descabellado plan.

-Ya quisieras... -murmuró el con una sonrisa pícara, había conseguido engatusarla- mi regla será por supuesto que deberás dejar que te proporcione ropa nueva y que te arregle.

-No estoy rota pero de acuerdo -declaró con ímpetu, a cada frase que decían las letras doradas aparecían y el pergamino se iba alargando.

-Creo que deberíamos ocultarles el plan a los niños -la mujer no pudo discutir a eso, decirles la verdad sería demasiado para ellos, asintió sombría. Lo ultimo que quería era mentirles- Si todo esta de acuerdo entonces firmaré.

Cogió su pluma y estampó su firma en la parte de abajo, después se la tendió a ella.

-Estoy haciendo un pacto con el diablo -susurró firmando el papel.

-Creo que deberíamos prepararnos para las masas -sonrió complacido, enrolló el contrato y lo hizo desaparecer- voy a llevarte a comprar ropa.

-¿Ahora? -soltó ella con pánico.

-En cuanto mi elfina te arregle ese pelo de arbusto -se quejó chasqueando los dedos. No le dio tiempo a quejarse, la elfina apareció y se la llevó a la carrera a su cuarto de baño.

Le lavó el cabello varias veces con poción alisadora y se lo recogió en una coleta moderna, después la maquilló para que diera la impresión de que no iba maquillada pero que su piel era perfecta.

La dejó llevar sus vaqueros y una camiseta, se la quitaría después.

Al bajar se encontró con Draco, totalmente vestido de traje con una camisa negra.

-Ah no, eso si que no -exclamó ella- a mi no me pintas como una puerta para que tu parezcas un dementor, quítate la chaqueta.

-No voy a dejar de tener estilo solo porque tu...

-¡No tiene nada que ver con el estilo! -exclamó- Pareces un señor de cincuenta años en el cuerpo de un chaval de quince.

Lo cierto era que se había fijado en que Malfoy tenía el cuerpo de alguien que se cuida, sus músculos sobresalían bajo los pliegues de la camisa, había que aprovecharlo.

Hizo que se sacara la camisa por fuera de los pantalones y se despeinó el pelo, parecía que hubiera salido tarde de la oficina, pero daba un estilo moderno.

Se paró un segundo mientras se ponía la chaqueta, no le apetecía nada salir por ahí con Malfoy, no le apetecía nada que la vieran con el, y encima tenía que aparentar estar a gusto con el.

-Para mi no creas que es un placer -rezongó el hombre a su lado leyéndole la mente por su expresión- acabemos cuanto antes.

Sin poder llegar a creerlo se aparecieron en el Londres muggle, así darían la impresión de no querer ser vistos. Entraron deprisa a los almacenes Harrods y subieron con tranquilidad a la planta de ropa de mujer.

-Relájate -susurró Malfoy a su lado cogiéndola con delicadeza del brazo- parece que fueras a una cita con Filch.

-Casi... -murmuró ella intentando relajar su postura.

En cuanto le vieron aparecer tres dependientas con uniformes igualmente oscuros se acercaron a el a la carrera.

-¡Señor Malfoy! -exclamó una rubia- ¡Cuanto tiempo sin verle!

-Hoy vengo a renovar el armario de mi novia, Gretta -sonrió cogiéndole posesivamente de la mano, Hermione a su vez trató de sonreír, pero la sangre le subió a las mejillas. Malfoy tenía las manos grandes y suaves aunque tremendamente frías- necesitaré de todo, ropa de calle, lencería, algunos vestidos.

Ver a la mujer casi atragantarse con la palabra "lencería" la hizo sonreír con más naturalidad, era obvio que estaban enamoradas de el.

Los guiaron hasta un probador privado y tras tomar sus medidas y observar su ropa casi con asco se marcharon a escoger su ropa nueva.

-Así que te dejas vestir por otra gente -sonrió con picardía- ahora lo entiendo todo...

-¿De verdad vas a criticar mi forma de vestir Grang...Hermione? -justo acababa de entrar una de las mujeres con una pila de ropa en los brazos, su nombre sonaba extrañamente forzado y articulado. Hizo una mueca cuando la metieron en el probador. Salía cada cinco minutos con un conjunto diferente, había de todo, modelos más formales, vestidos de cóctel que la escandalizaban, al final la dejaron quedarse con uno puesto para la tarde que consistía en unos vaqueros muy ajustados negros, una camiseta del mismo color junto a unas sandalias blancas y una americana femenina blanca, sencillo y elegante, coronaron el look con unas gafas de sol y varias piezas de bisutería sencilla.

En cuanto salieron de los grandes almacenes con varias bolsas de propaganda, lo demás lo enviarían directamente a la casa, les esperaban muchos fotógrafos, en cuanto pusieron un pie en la calle Malfoy le colocó un brazo rodeándole la espalda, Hermione se quedó tiesa como un palo.

-Relájate... -repitió acercando su boca a la oreja de la chica, eso no hizo más que soltara una risita nerviosa e intentara relajarse- ¿Quieres ir a comer por ahí? -soltó sin separarse- Sería buena publicidad.

La chica asintió, no quería seguir allí en medio de la calle, estarían mejor sentada en algún sitio resguardado.

Siguió pegado a ella por toda la calle mientras la gente les hacía fotos, algunos periodistas trataron de entrevistarlos, Malfoy tenía razón aquello iba a ser muy gordo.

Entraron en un pequeño restaurante a pie de calle llamado Marianne Restaurant, era elegante pero no excesivo, perfecto para comer.

Se sentaron convenientemente cerca de la ventana, sabían que los seguían espiando a través de los cristales.

Malfoy pidió una botella de vino blanco y la comida por los dos.

-Deberíamos concretar lo que vamos a decirle a la gente -susurró ella nerviosa, acercándose a el por encima de la mesa, para su sorpresa el hizo lo mismo, quedando muy cerca.

Antes de que pudiera retirarse la agarró de las manos con cuidado.

Durante una milésima de segundo se fijó en sus ojos, eran de un azul tan pálido que se confundían con el hielo gris, tenía la piel muy clara excepto la poca sombra de la barba.

-¿Que crees que deberíamos decir? -preguntó con voz melosa. Entonces lo recordó todo, el pacto, el contrato, nada de aquello era real, todo era un montaje. Por supuesto que él no sentía nada por ella.

-Ah... no se -respondió alejándose un poco, quedando solamente unidos por las manos- ¿Como decidiste ayudarme?

-Nos encontramos en el hospital, eso no es mentira -apostilló sin darle importancia- me disculpé por todo lo que te hice en el colegio...

-Y vi tu alma pura -rió ella levantando una ceja cínica.

-Pónmelo un poco más fácil Granger -susurró apretando muy poco sus manos, lo suficiente para que sintiera que era una pseudoamenaza. La muchacha tragó saliva al segundo que llegaba la camarera con sus platos.

-De acuerdo, te perdoné -dijo ella tratando de cambiar su mal humor- ¿Entonces?

-Nos unieron nuestros hijos -aclaró el bebiendo de su copa- empezamos a vernos mucho y lo demás es historia. Te ofrecí venir a vivir conmigo y tu aceptaste.

La charada sonaba bastante mal a sus oídos, pero para los demás que no la conocieran demasiado sonaría atractivamente creíble y daría los frutos que el esperaba.

-Espera un segundo -dijo aclarándose la garganta con el vino- no nos conocemos.

-Creía que esa fase había quedado atrás -replicó con dulzura.

-No seas tonto, me refiero a que si nos preguntan nuestras aficiones, nuestros gustos no sabríamos contestar.

Como siempre la cabeza de Gryffindor asomó para darles en que pensar. Malfoy asintió y siguió comiendo.

-Deberíamos conocernos entonces -dijo el, su mirada era fría.

-¿C-como? -los nervios estaban empezando a fallarle.

-Yo te hago una pregunta, tu me haces una... -la miraba con la dulzura con la que se mira a un perro retrasado.

Tras unos bocados de su comida todavía no habían dicho nada más.

-Háblame de tu familia... -soltó sin mirarla.

Hermione tardó varios minutos y varios sorbos de su copa para calmar los nervios, iba a hablarle a Draco Malfoy de su familia y de su vida en general, ni Trelawney lo hubiera adivinado.

-Veamos, mi padre falleció hace unos años, era hijo único, mi madre vive y tiene dos hermanas, dos de ellas están casadas y tienen...

-No, no necesito saber detalles vagos -la cortó levantando una mano- dime como se llaman y a que se dedican.

-De acuerdo -resopló empezando a cansarse de aquel juego- Mi madre se llama Jane, es dentista, su hermana Janice no trabaja, esta casada con mi tío Jack y tienen dos hijos varones, hace años que no los veo. La hermana pequeña de mi madre es Violet y trabaja como secretaria de una gran empresa en Beijin, no tiene hijos.

-Bueno al menos no es tanta familia como para no acordarme -suspiró aburrido- por mi parte solo estamos Scorpius y yo. ¿Quieres preguntar algo?

-Mmm... -se llevó una mano a los labios, había cientos de cosas que le preguntaría en confidencialidad a Draco Malfoy, aún así tiró por algo inofensivo- ¿Hobbys?

-Lo cierto es que juego al Quidditch con mi hijo los pocos momentos que tengo a la semana -aquello sorprendió a Hermione, no esperaba que fuera del tipo de padre que juega con sus hijos- ¿Tu?

-Aparte de lo obvio -libros- Rose y yo organizamos excursiones a la playa en verano, a la montaña en invierno, nos gusta salir.

Terminó su segunda copa, notaba la cabeza más tranquila y su cuerpo más liviano, estaba empezando a entusiasmarle el juego. Entonces llegó el postre.

-No eres tan malo como quieres dar a aparentar -se llevó una mano a la boca, no quería haber dicho aquello, su cerebro se había abierto como una flor y había vomitado las palabras.

De pronto la mano de Malfoy se deslizó sobre el mantel blanco como una serpiente y entrelazó sus dedos a los suyos.

-Estas confundiendo la maldad con la astucia y créeme Granger la segunda es mucho más peligrosa -siseó. Le recorrió un relámpago por la espina dorsal, estaba empezando a encontrarlo muy interesante. Como ese tipo de libros que son enrevesados y misteriosos hasta el final.

Hermione se colocó las gafas de sol antes de salir y el como un caballero le puso la chaqueta sobre los hombros, cada vez que lo tenía cerca sentía como un espasmo que la ponía totalmente alerta involuntariamente.

-Vamos a tener que hacer algo con esta rigidez -susurró a su oído. Tuvo que bajar la cabeza para que no se percibiera su rubor, era todo una pantomima pero se estaba viendo arrastrada por ella.

-Tengo pensado que hablemos más esta noche -determinó cogiéndola de la mano- aún hay muchas cosas que pulir.

Hermione asintió presa del vino y de sus hormonas.

¿Que os parece este Malfoy? Yo personalmente lo encuentro muy oscuro y atrayente. Espero que os este gustando tanto como a mi escribirlo. ¡Feliz Halloween!