No me aterra el dolor y lo sabes, es casi una condición inmanente a mi ser.
Nadie puede salvarte si no eres tu mismo.
Y mereces salvarte.
¿Realmente estas sola? (siempre te estoy incrustando los ojos)
PÁRAMO MENTAL: De como una mente maestra que se ofusca sin saberlo.
Bajo sus sandalias las hojas, vencidas en el suelo de tan macabro lugar, crujían contradiciendo cualquier clima veraniego que se había manifestado horas atrás. Temblaba de frío o de miedo, quizá ambas.
No tenía una noción exacta del tiempo ya que siempre había dejado las cuestiones cronológicas en manos de Shino, pero podría apostar que aquella prueba finalizaría en cuatro horas y que hacía dos que no tenía ni noticias de She. Ellos se habían separado, inevitablemente, durante la quinta lluvia de kunais de la noche. En un principio su estratégico compañero rubio se había visto maravillado con el infalible escudo humano que resultaron ser aquellas palmas que destilaban chacra pertenecientes a la hermosa Hinata Hyuga, luego él también había desplegado técnicas notables en taijutsu. Era un ninja fuerte.
El tiempo transcurría lento siendo relativo a la suplicante entrepierna de la muchacha, que saturada de emanar sangre por horas, había comenzado a supurar un líquido entre transparente y amarillento. Sus manos entretenidas dando batalla no previnieron una shuriken que la traicionó por detrás y rozó ineficazmente una arteria de suma importancia. Hinata colérica se dijo que un milímetro más y hubiera sido alimento para gusanos.
En todos sus años como ninja nunca sintió la necesidad de guardar algún vendaje, su ungüento bastaba, claro estaba que tampoco lo había considerado para su nueva experiencia y ahora esa hostil herida era un tentador hospedaje para bacterias infecciosas. Suspiró dolorosamente, debía cubrir ese daño lo antes posible; algunas cosas se aprenden a fuerza de sudor y lágrimas. Lágrimas que tendría que contener si no fuese porque sus ojos se sentían secos, le quemaban y no tenían un rango de visión claro: veía doble. Sin embargo, no había tiempo para vendajes oculares.
—No creas que te recibirán con bombos y platillos— recordó la irónica voz de Kiba, mientras sus gestos se endurecían y sus dientes se apretaban al sentir como parte de la delicada piel de sus manos se le despegaba de la carne al esforzarse por trepar a la rama más segura de un ancestral árbol. Confiaba más en su suerte que en su experiencia, de no estar siendo en ese preciso momento el blanco de un ninja escondido en la vegetación lindera.
Llegando a destino y luego de haber sacrificado su chaqueta, hecha jirones, para atender su peor herida y otras menos graves pero igual de atormentadoras, decidió reposar sobre el tronco alternando un ojo abierto para descansar su globo ocular en el otro, sin bajar la guardia.
Su cabello estaba hastiado de nudos, su remera de red estaba cubierta de lodo y pasturas. Su aspecto era importante, en la piel de Ino se sentiría desbastada, pero la ventaja al verse en ruinas estaba en convencer a los otros participantes de que, sin duda, moribunda como se la percibía no había posibilidad de obtener un pergamino. La dejarían en paz.
—A pesar de cómo ha sido su clan con ella, Hinata no deja de superarse— Naruto contemplaba la esfera que transmitía en directo la competencia como si fuera su programa de cable favorito mientras saboreaba un envase de ramen clásico. El olor químico de los conservantes y aquellos lánguidos fideos flotando en una sopa acuosa le causó repulsión a su acompañante, quien yacía detrás inerte.
La imagen se había detenido en una Hinata desarmada, convaleciente en lo alto de un tronco, sin más salida aparente que la resignación. A la deriva, a merced de los depredadores.
Cualquiera hubiera sentido pena por ella.
Pero una punzada, que sintió deliciosa, se hizo presente en la parte baja del estómago del muchacho. Era macabro pensar que a Sasuke le agradaba aquella imagen de total sumisión. Pero así la pensaba en aquel instante... bajo él, vulnerable —Se fío de sus ojos y de tener un apellido importante— opinó olvidando sus pensamientos, tendido sobre una silla con ambas piernas cruzadas en una pequeña mesa de madera .Giraba una kunai por el mango con sus dedos índice y corazón.
—Te equivocas. Jamás demostró sentirse superior a nadie por ser parte del clan Hyuga.
—Solo mírala. Es como una mal caricatura de los Hyuga.
El envase de ramen sonó sobre la mesa y rebalsó un tanto. Ahí va el dobe justiciero, se dijo divertido —No necesita ser la hereda Hyuga para llegar alto. Mírame a mí, nadie creía en mi palabra y estoy a un paso de ser el próximo Hokague.
Sasuke, sin obsérvalo apuntaba con el arma ninja hacia algún lugar, iniciando un lanzamiento que no se concretaba —Eres hijo del yondaime. Tu padre fue el rayo amarillo de Konoha, considerado un genio. Y sabes bien representar aquel apellido, exceptuando las veces que abres la boca. En cambio esta Hyuga…
— ¿Y? Tú eres hijo de un clan de genios, un maestro del poder ocular y además un renegado, un ex criminal. ¿Crees que no has cometido aberraciones?
En respuesta el aludido alzó una ceja —No es como si estuviéramos por cometer un crimen.
Naruto se hizo cargo del silencio de la sala unos minutos y tranquilizándose tomó asiento —Es por el bien de la aldea— alzó los hombros— un último sacrificio.
—Matar es matar. Y esa kunoichi —señaló la esfera con el arma— no obtendrá su pergamino, porque por ella no corre ni una gota de sangre Hyuga.
—Cuando lo haga sea yo seré su entrenador. Verás que está hecha, y nada tiene que ver con tus delirios de grandes clanes— soltó orgulloso provocando la atención de su mejor amigo.
— ¿No era que no sabías como evitarla desde que se declaró?. Además soy quien entreno los apellidos importantes. Y si es que por algún milagro obtiene un pergamino... esa muchacha me pertenece.
La boca del hijo del rayo llego hasta el suelo. Jamás entendería al teme por mucho que lo intentase. No creía en las personas hasta verlas demostrarle lo contrario. ¿Cómo sabía que Hinata era débil? solo la estaba juzgando por aquella primera imagen, además ¿para qué quería entrenarla si la acababa de descartar?, ¡¿dónde decía que el entrenaría a los ninjas de clanes importantes?! —¿Dónde está escrito? — interrogó con tono irónico.
Sasuke de pie alzó los hombros. En el momento que el futuro Hokage pudo distinguir una sonrisa mordaz, notó la eventual aparición del Sharingan, momentos después se encontraba inmerso en un extraño genjutsu.
La liberación fue más que rápida, pero la velocidad de un rayo era demasiado lenta para el demonio de la aldea de la hoja, apodo ganado esos últimos años. Namikaze Uzumaki Naruto, furioso observó que lo único que se hallaba en la sala era la kunai con el que se había estado entreteniendo Sasuke, enterrada en la mesa. Chasqueó los labios y observó la esfera: Hinata ya no estaba sobre el árbol. Apretó los labios en una sonrisa irónica —Bastardo competitivo y malcriado.
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Había controlado su chacra desde que esos tipos la habían capturado. Concibió la idea de resistirse pero eran cinco y ella una y a medias. Así que tuvo un mejor plan: aguantar hasta el último segundo y arrebatares el pergamino.
Mientras esos ninjas, luego de percatarse de que no había tal pergamino, comenzaran a debatirse si se quedarían con sus ojos o con su inocencia, resistiría.
Resistir y solo resistir. Mientras se la pasaban como si fuera un juguete.
Fingiría que estaba desmayada y soportaría los golpes que le asestaban divertidos y que le amorataban la piel. Contendría esa furia impropia mientras escuchaba esas risas maliciosas y como uno de ellos, con aliento repugnante la sostenía de la cintura, sus dedos le provocaban un sabor amargo en la boca. Solo faltaría un poco más...
—Si no fueras una Hyuga estirada de la hoja, te hubiera pedido matrimonio— se burló uno.
— ¿Cómo será el sabor de la carne Hyuga?— soltó otro.
Mientras sentía la humedad de la lengua del opresor rozarle el cuello, frunció los labios. Los odió. Deseaba aniquilar a los hombres así, que creían que las mujeres eran propiedad de ellos, solo por ser mujeres y ellos hombres.
Solo un minuto más...
…
Sasuke acababa de liquidar a aquel principiante de un solo movimiento certero, lo noqueó sin que el ninja pudiera percatarse de su presencia, aun así mantenía su identidad a oscuras con su máscara de tigre. Pensó que esa era una prueba de niños mientras escondía con un jutsu el pergamino que había hurtado. Se dispuso a cruzar el bosque a gran velocidad.
Si que lo hará y cuando así sea yo seré su entrenador.
Recordó la voz determinada del tarado y como se golpeaba el pecho con el puño–Eso jamás.
Localizó el árbol en el que sabía que ella se encontraba rendida. Se relamió sin notar su propio gesto inusual. Trepó las ramas con una habilidad casi divina y al llegar a destino se encontró con nada.
Estaba ignorando olímpicamente el impulso que lo estaba llevando a portarse como un malnacido y a violar las leyes de las pruebas, las que hubiera sido muy inteligente respetar.
Observó con aspas sangrientas todo el perímetro y se maldijo mentalmente ¿a dónde podría ir? si apenas podía respirar, la acababa de ver, estaba más muerta que viva.
Todo en blanco. Sufrió un páramo mental, quizá fue la primera vez que sentía que su mente quedaba vacía por algunos segundos, los ojos le dolieron apenas. Era la segunda sensación extraña que la causaba esa mujer en el día. Igualmente de novedosa que la primera ¿qué mierda ocurría?.
Una risa lejana y asquerosa lo volvió a la realidad de la noche que amenazaba con aclarar. Todo adquirió sentido de golpe. Acomodó su capucha y se dirigió a su nuevo destino con toda la voracidad Uchiha. Podría haber sentido una caprichosa y hasta macabra atracción por el vulnerable cuerpo de la Hyuga, que eran un escupitajo a la moral y no renegaba de eso, una persona extraña y oscura era lo que la vida hizo de él, pero saber que cinco tipos se disputaban la gloria de una chica malherida era decadente, bajo, propia de humanos carentes de todo tipo de inteligencia.
—Repugnante— opinó una vez frente a ellos, quienes se burlaron nuevamente y ahora de él, luego le obsequiaron todo tipo de improperios, le comentaron que un justu mal usado que lo haga pasar por anbu no conseguiría espantarlos y darle a la niña, menos entregarle el pergamino.
—No me interesa ningún pergamino, denme a la kunoichi y no regaré las plantas con su sangre.
— ¡Estoy espantado! —rió uno que tenía aspecto de viejo y le daría la edad de Danzo si no fuera porque llevaba la mitad del rostro cubierto. Demasiado viejo para las pruebas —.Identifícate.
Uchiha sonrió detrás de su máscara —No quieres saberlo.
—No te daré el pergamino. ¡Te digo que te muestres!
No gastaría saliva en esos.
Uno de ellos con ojos violetas y dientes tiburonezcos, que le recordaron a Suigetsu, se antepuso sobre los otros —Te damos a la chica si te identificas— el resto lo observó en desacuerdo. El Anbu estudió de reojo al tipo con medio rostro de viejo sostener a la Hyuga desarmada y luego rodó los ojos al notar como aquellos ninjas no eran precisamente tan ninjas, ya que no habían acatado el plan que había ideado el de los dientes raros.
En la mitad de segundo que él tardaría en revelarse lo atacarían. Una trampa muy simple.
Tan predecibles. Chasqueó la lengua y se quitó la máscara, pudo sentir en su propia piel el temblequeó coordinado de los cinco ninjas que se detuvieron a milímetros de él.
—U-uchi-ha— soltaron algunos nerviosos. El pánico que los abordaba al encontrarse con el mismísimo ninja renegado más buscado de la historia frente a ellos, no les impidió devolverles a la Hyuga, la depositaron a sus pies sobre el césped.
La piel casi pos mortem de la niña contrastaba con la vegetación oscura. Parecía sin vida.
—Onegai Uchicha-sama— rogaron inclinados— No nos mate.
El día se abría paso comprobando su teoría de que las mascara Anbu era innecesaria. Ser el demonio Uchiha tenía beneficios. El temor es poder, quien genera miedo, domina.
— No deberían pedir disculpas— respondió estoico, ante la sonrisa amplia del quinteto prosiguió —Porque ya me han visto la cara.
Lo domina todo.
…
Inclinado sobre el suelo analizaba a la Hyuga tendida, el resto de los agresores descansaba colgando de un árbol boca abajo, inmersos en un genjutsu tan tortuoso psicológicamente como doloroso. Desde allí se oían sus gemidos suplicantes. Se la pasarían así un par de días hasta aprender buenas conductas. No los mataría, no quería asesinar por algún tiempo. No porque se lo había prometido a Naruto o jurado ante Tsunade. Si no porque creyó que controlar su talento asesino sería otra buena prueba para demostrarse que el podía llevar su autocontrol a límites insospechados. Y claro, que no hacía las cosas porque otros de lo ordenaban.
Los labios, secos pero aun rosados, de la chica le provocaron otra vez las punzada dolorosa, la ignoró. Sus ojos intensos decidieron observar el más allá.
— No estás inconsciente.
…
Si bien toda la escena anterior había sido demasiado pedir, donde se encontró flagelada por cinco tipos y de la nada aparece un ANBU a ayudarle, que además resulta ser el tipo al que había jurado no acercarse jamás… la última frase que soltó Uchiha le había caído como un balde agua helada. O como uno de ácido sulfúrico. Había bajado sus signos vitales para simular una casi muerte para que los ninjas la dejen en paz y que ahora él se retire.
Pero pues claro, era Sasuke Uchiha. ¿A quién quería engañar?.
—Ponte de pie— le ordenó. Hinata abrió los ojos, su vista se chocó de lleno con la mirada insostenible de Sasuke, inclinado sobre ella. Sintió como si una mano enemiga entrara por su garganta y le arrancara las entrañas de cuajo. Así dolía la mirada del famoso demonio y por fin comprendió cuando Shino encontraba fácilmente la explicación de porque ella sufría en presencia de él. Las predicciones volvieron con Kiba y sintió temor. Horror.
Lo que siempre creyó como un mito que había imaginado Kiba, se había materializado e inesperadamente su camino se cruzaba con el del demonio. No por casualidad, él había llegado por ella. Como una predicción.
Con el cuerpo algo entumecido logró sentarse sobre el césped y disponiéndose, sin saber cómo, a explicarse. Comenzó a sentir como las palabras se le cruzaban en la lengua y no decidían abandonar los límites de su cerebro atormentado.
Ni siquiera podía mirarlo. ¿Cómo se supone que le hablaría?.
Si bien Sasuke, no contaba con la pequeña escenita que se había montado ese quinteto de ninjas salvajes, todo volvía a ser como lo planeaba. La Hyuga desesperada por obtener el ingreso haría lo que sea por conseguir un lugar cerca del tonto o en el corazón de su padre o lo que carajos sea. Él tenía un pergamino y la sobornaría para tenerla cerca. La sutilidad estaba de su lado, además. ¿Qué pensaría Naruto cuando viera a su defendida besando su sombra?. Ya podía saborear la victoria.
—No tienes nada más que hacer. Ve hasta la salida del bosque.
Las orbes claras de Hinata se dilataron conforme a como el ego de Uchiha crecía. No podría esperar el verla rogarle a sus pies un segundo más. Parecía aterrada de él y eso le agradaba de sobremanera. Hacía años que no se sentía tan a gusto con una situación. Ella observaba el suelo como perdida, con ambas manos en la falda. Analizó su minúscula figura acogida bajo esa remera de red sucia y se le antojó darle un baño de agua caliente. No. Torció la cabeza. Ella lo bañaría a él.
—Uchiha san ...yo ... yo — Él cruzó los brazos ansioso, esperando lucir su pergamino para llevar acabo el chantaje, pero ni en sus días de genio y criminal, hubiera previsto lo que sucedería cuando la chica comenzaba a realizar señas de invocación. Los labios se le separaron como autómatas mientras su orgullo se retorcía al igual que si le hubieran aplicado una descarga eléctrica.
Apenas lo murmuró—Yo ya he conseguido mi pergamino.
Amaneció.
Capitulo editado.
Las pruebas marchaban bien hasta que Hinata se separa de She luego de un ataque violento. Sola, a la deriva y muy herida parece no tener salida. Naruto y Sasuke observan toda la prueba cuando tienen un pequeño altercado sobre quien entrenará a la ninja si es que pasa la prueba. Sasuke contempla la figura de Hinata y comienza a sentir algunas sensaciones extraña, comienza a actuar por impulso y a cometer torpezas impropias de él. Planea chantajearla con un pergamino, violando las leyes y cree rescatarla de cinco ninjas que planeaban torturarla, abusar de ella y arrancarle los ojos. Pero, se sorprende al ver que Hinata no es tan débil como él cree, pues ya había conseguido arrebatar el pergamino a sus captores.
