Capítulo 4: Después de la guerra.
La postura del cuerpo de Alec era rígida.
-Relájate- susurró Magnus, su mano presionada suavemente sobre la espalda de Alec- son tus padres y te aman, recuerda eso.
Robert y Maryse Lightwood estaban caminando en aquel momento hacia el camino rodeado por una pequeña pared de piedra, cerca de la cual Alec, Magnus y los demás estaban esperando a que diera inicio el espectáculo de fuegos pirotécnicos. Alec no había hablado con sus padres desde que el muchacho besara al brujo en frente de todo mundo en el Salón de los Acuerdos, antes de la batalla en la Llanura de Brocelind y ahora el chico estaba más que nervioso por la perspectiva de hablar con ellos. Alec no podía evitar sentirse asustado por lo que sus padres pudieran pensar de la persona que era tan importante para él.
Alec miró a Magnus, el brujo estaba ahí al lado suyo, con ese aire confiado y seguro que Alec adoraba y envidiaba también, el aire de quien ha tenido miedo muy pocas veces en su vida. Alec sonrió al comprobar que el brujo estaba sobriamente vestido para la ocasión. Dándole un poco de crédito a Magnus, se podía decir que el brujo había "domesticado" un poco a su alocado guardarropa desde la batalla en un intento por no darles a los padres de Alec una excusa para apartarlo de él.
Alec no tenía ni idea de cuánto duraría aquella transformación, pero agradecía que Magnus estuviera ahí, como siempre, sin dejarlo solo ante aquel que sin duda era un momento que lo asustaba más que todos los demonios a los que se había enfrentado en su vida como Cazador de sombras. Alec no estaba seguro de cómo empezaría aquella conversación o qué era lo que Magnus iba a decirles a sus padres pero al menos estaban a punto de dejar ciertas cosas claras en aquel momento.
-Hola, Alexander- dijo su padre con voz profunda, mirándolos a los dos de pies a cabeza- ¿Te importaría presentarnos a tu amigo?
-Mmmm… claro…- dijo Alec tratando de imprimirle seguridad a su voz- Mamá, papá, él es Magnus Bane, Gran Brujo de Brooklyn.
-¿Magnus Bane? – dijo Maryse tomada por asalto, su mano, que había estado cubriendo su gesto de sorpresa, se deslizó con gracia desde su cara hacia su costado una vez que se recuperó- lo siento, me costó trabajo reconocerte.
Las palabras de Maryse sonaban extrañas puesto que ella y Magnus habían coincidido en varias ocasiones. El Gran Brujo de Brooklyn era llamado de vez en cuando para abrir portales y hacer otros trabajos para la Clave. El último portal en el que había trabajado Magnus, era nada más y nada menos el que los había llevado a Alicante en los días anteriores.
Magnus tenía el presentimiento de que ya que los Lightwood habían estado alguna vez en el bando de Valentine, no eran grandes admiradores de los subterráneos, por lo que podía deducir que jamás le habían dedicado una mirada de atención real que les permitiera reconocerlo después. Pero los padres de Alec no podían evitar reconocer su nombre y su título y el brujo estuvo a punto de señalarlo, sin embargo, Magnus alejó esos pensamientos de él por el bien de Alec.
Así que sin más duda, Magnus ofreció su mano a Robert quien la tomó y sacudió por cortesía, aunque en aquel movimiento había cierta agresividad. Magnus sonrió ante lo que aquel saludo podía significar sin preocuparse demasiado: el brujo era varios siglos más viejo que Robert, la verdad es que podía con el reto. Después de soltar la mano del hombre, Magnus miró después a Maryse que parecía incapaz de quitarle los ojos de encima.
-Alexander…- dijo ella todavía con aire sorprendido, tomando la mano de Magnus y sacudiéndola con menos agresividad que Robert- ¿El gran brujo de Brooklyn?
-Así es, señora…- dijo Magnus educadamente.
-Estoy realmente impresionada de ti, Alexander- dijo Maryse haciendo que Alec se sonrojara de forma intensa, cosa que su madre pareció no notar- así que díganme, ¿cómo se conocieron el uno al otro?
-Nos conocimos hace varios meses en…- empezó a decir Magnus, pero Alec contuvo sus palabras con una mirada de advertencia.
El joven Lightwood estaba seguro de que a sus padres no les iba a gustar mucho la idea de escuchar que él, Jace e Izzy habían asistido a una fiesta en el departamento del Gran Brujo de Brooklyn.
-Nos conocimos en Central Park- continuó Alec diciendo el primer lugar que había llegado a su mente- Jace y yo estábamos lidiando con un montón de Nixies que estaban jugándole bromas a los niños pequeños y Magnus se acercó a ayudarnos.
Maryse levantó una ceja en señal de duda al escuchar las palabras de Alec, pero no dijo nada para contradecirlo. Magnus estaba seguro de que la madre de Alec no se había creído ni una sola palabra de aquella historia tan ridícula pero tampoco parecía dispuesta a decir algo que demostrara sus dudas.
-Así que…- dijo Robert aclarando su garganta incómodamente- supongo que los dos han estado saliendo desde entonces…
Alec evitó la mirada de su padre y simplemente asintió respondiendo así a la pregunta.
-Bueno, parece que los dos se gustan de verdad- dijo Maryse en tono severo, pero no ofensivo.
Alec miró a su madre de forma rápida y su sonrojo se profundizó un poco más.
-Sí, nos gustamos mucho- confirmó él.
-Bueno…- dijo Maryse, colocando su brazo alrededor de los hombros de Alec, dándole un pequeño apretón- no vamos a quitarles más tiempo, solo queríamos saludarlos. Nos vemos después, querido…
Maryse besó a Alec en la mejilla, y tomando a Robert de la mano se alejaron de ellos descendiendo un poco más por el camino. Alec dejó que un profundo suspiro escapara de sus labios cuando vio que sus padres se perdían entre la multitud.
-Ok, eso fue...- dijo Magnus con los ojos brillantes.
-¿Incomodo? ¿Torpe?- dijo Alec tratando de encontrar un adjetivo adecuado, sin poder evitar reírse.
-Iba a decir interesante- dijo Magnus mirándolo fijamente- pero tus palabras funcionan también.
Magnus tomó la mano de Alec entre la suya y con una señal de su cabeza, lo guio hacia un pequeño bosque al borde del camino que estaba iluminado mágicamente.
Alec lo siguió con verdaderas ganas de alejarse de todo mundo. Tan pronto como los dos quedaron escondidos por los árboles altos y densos que los rodeaban, Magnus acercó a Alec a su cuerpo y sin esperar ni un segundo más lo besó de lleno en los labios como si aquella fuera la primera vez que sus bocas se encontraban.
-Así que…- dijo Magnus sin soltarlo, conteniendo una sonrisa, mirando en sus ojos azules una felicidad tranquila que no había visto antes- por fin lo dijiste, es decir, les dijiste a todos acerca de nosotros.
-Te dije que lo haría- dijo Alec con una fingida muestra de altivez- pero jamás me creíste ¿verdad?
-Claro que te creía…- dijo Magnus sin poder contener más la sonrisa- y debo decir, Alexander, que escogiste la manera más asombrosa de decirlo.
Alec sonrió y se encogió de hombros. La verdad era que la palabra "asombrosa" se quedaba corta a la hora de describir lo que había hecho. El chico no pudo evitar sentir de nuevo el alocado latido de su corazón y la emoción salvaje que sintió al besar a Magnus Bane en frente de todo mundo, de todas las personas a las que había conocido a lo largo de su vida.
-¿Qué fue lo que te motivo a hacer eso?- dijo Magnus, su voz era una mezcla de curiosidad, ternura e incredulidad- has sido tan cuidadoso de esconderles a los demás nuestra relación… ¿qué hizo que quisieras besarme en frente de todos del modo en el que lo hiciste?
Alec le sonrió de forma deslumbrante antes de volver a hablar.
-Estúpido brujo…- dijo Alec, parodiando el tono exacto en el que Magnus solía decirle "estúpido Nephilim".- Hice lo que hice porque estoy enamorado de ti ¿Por qué otra razón estaría aquí contigo? ¿Por qué otra razón te habría besado en frente de todos mis conocidos? ¿Por qué más me expondría a cantidades indecentes de brillantina? ¿Por qué otra razón te dejaría elegir ropa para mí?
La cara de Magnus se iluminó a medida que las palabras salían de la boca del joven Lightwood, sus ojos de gato brillaban con intensidad mientras sus labios se abrían en una mueca de total sorpresa.
-Tú…- logró pronunciar Magnus, y sin añadir más besó a Alec tratando de que el joven Lightwood sintiera que aquel sentimiento era mutuo, que él también estaba enamorado.
El brujo sostuvo a Alec en un abrazo apretado, acariciando su espalda y desordenando su cabello. Después de un rato, Magnus se apartó unos cuantos centímetros y miró directamente los ojos de Alec.
-¿Tú me amas?- preguntó Magnus sin poder evitarlo porque aquello le parecía demasiado hermoso para ser verdad.
-Te amo, Magnus Bane- confirmó Alec y segundos después de haber pronunciado aquellas palabras el brujo estaba besándolo de nuevo.
Mientras los labios de Magnus lo acariciaban de aquel modo pausado que le robaba el aliento, Alec oyó que las primeras explosiones de los fuegos artificiales se dejaban escuchar. Cuando los dos se separaron buscando un poco de aire, el cazador de sombras pudo ver un montón de explosiones brillantes y coloridas que se reflejaban en los ojos de Magnus, reflejos de color azul, verde y rojo en las pupilas de gato del brujo. Alec recordó que aquellos colores solían estar presentes en la piel de Magnus por obra de la brillantina y sonrió con cariño.
Magnus le devolvió la sonrisa y los dos volvieron el rostro al cielo para poder contemplar los estallidos de los fuegos pirotécnicos, la cabeza de Alec descansaba en el hombro de Magnus quien lo arropó con su brazo derecho, mientras su mano libre se entrelazaba con los dedos de Alec. Los dos sabían que en aquel momento estaban sintiéndose más felices de lo que hubieran sido antes.
-¿Cuándo te diste cuenta de que me amabas?- dijo Magnus, susurrando las palabras en el oído de Alec como si estuviera asustado de que su voz pudiera romper aquel encanto que parecía más propio de un sueño.
-¿Y cuándo te diste cuenta tú?- dijo Alec posando sus ojos en el rostro aún iluminado del brujo.
-Yo te pregunté primero- dijo Magnus haciendo reír al cazador de sombras.
-En realidad me di cuenta de que te amaba cuando Jace me pidió que lo besara- dijo Alec, disfrutando la mirada asombrada que Magnus estaba dedicándole.
-¿Jace hizo qué?- dijo Magnus realmente sorprendido- ¿por qué hizo eso?
-No lo sé… - dijo Alec de forma seria, haciendo que la boca de Magnus se abriera sin poder evitarlo- supongo que está loco por mí, por fin se dio cuenta de que me ama, ya sabes…
La mirada asustada de Magnus era tan cómica al escuchar sus palabras que Alec no pudo seguir con su comportamiento serio y rompió a reír dejando a Magnus todavía más confuso.
-Sólo estoy bromeando- dijo el chico de los ojos azules- él me pidió que lo besara en un esfuerzo de ayudarme a darme cuenta de que en realidad mis sentimientos por él no eran sentimientos de verdad.
-¿Lo besaste?- preguntó Magnus todavía en shock.
-No, no pude hacerlo.- dijo Alec de forma honesta.- Era demasiado raro ¿sabes? Había soñado con ese momento mil veces, pero una vez que tuve la oportunidad de hacerlo simplemente no me pareció correcto. Jace tenía razón, yo no sentía nada por él. Sólo estaba aferrándome a él porque con él todo era seguro. Es decir, Jace es mi parabatai lo que significa que no puede haber una relación entre los dos, eso va en contra de nuestras leyes. Sin mencionar claro, que yo no soy Clary. Como sea, lo que quiero decir es que estaba aferrándome a él porque de ese modo no tenía que arriesgarme a tener una relación ni a que mis padres se dieran cuenta de que soy gay…
-¿No crees que tus padres se hubieran dado cuenta de todos modos?- dijo Magnus con más calma después de escuchar la explicación de Alec.- Es decir, creo que hubieran notado algo raro cuando cumplieras 40 y no les hubieras presentado una novia real?
-Tengo 18 años, Magnus- dijo Alec encogiéndose de hombros- jamás pienso en el futuro lejano.
-Adolescentes…- dijo Magnus atrayéndolo cerca de él una vez más, depositando un beso suave en los rizos oscuros que cubrían la frente del muchacho.
-Después de que Jace se fuera, me di cuenta de que la razón por la que no lo había besado es porque quería besarte a ti.- dijo Alec abrazándose al cuerpo del brujo, su aliento rozando el cuello de Magnus quien tembló al sentir la calidez de aquella respiración.- Siempre has sido tú Magnus, desde que te conocí, todos siempre ha sido acerca de ti. Perdóname por haber sido tan tonto, por haberme tardado tanto en verlo.
Los fuegos artificiales se extinguieron en un maravilloso final como las palabras de Alec. Magnus sentía que en su pecho las luces de colores estallaban salvajemente. Alec lo amaba y él amaba a Alexander Lightwood con cada pequeña célula de su cuerpo inmortal.
-Vámonos de aquí.- dijo el brujo besando su mejilla, perdido en esos ojos azules que ahora parecían ser negros en medio de la tenue oscuridad del bosquecillo.
-¿A dónde quieres ir?- dijo Alec pensando que no era mala idea desaparecer con Magnus Bane a dónde éste quisiera ir.
-París…- dijo Magnus porque aquella había sido la primera ciudad que había venido a su mente, porque la verdad no le importaba el lugar, sólo quería estar a solas con Alec por uno o dos siglos.- vamos a un lugar en el que seamos sólo tú y yo. Sin cazadores de sombras. Sin clientes molestos pidiendo algo de mí. Sin guerras, solos tú y yo ¿Qué dices?
Los ojos de gato buscaron su respuesta en los ojos de Alec.
-Digo que sí- respondió Alec con una sonrisa y después, se perdió otra eternidad más sobre los labios de Magnus.
