Título original: Kiss and Tell.
Autora Original: SunshineDaisiesWindmills.
Fecha original: 17 de marzo de 2010.
Idioma original: inglés.
Disclaimer: no me pertenece absolutamente nada de lo que sigue.
KISS AND TELL
4. SEXTO AÑO, PRIMERA PARTE
(Kiss and Tell - 4. Sixth Year, Part One SunshineDaisiesWindmills)
Llovía. Caía sobre la plataforma y duchaba todo el tren y, para cuando llegaron a Hogwarts, diluviaba. A Lily le encantaba. Se sentó en su compartimento, mirando por la ventana, totalmente ajena a la conversación de sus amigas. Cuando James se unió a ellas en la cena, apenas le prestó atención y, durante la selección, sus ojos miraban al techo. A la chica siempre le había encantado el Gran Comedor cuando llovía.
Después de la cena, Lily se apartó del grupo de estudiantes que se dirigían a sus dormitorios. Salió por la puerta y se preparó para protegerse del frío. La tormenta era violenta, y ella la recibió con gusto, disfrutando del silbido del viento y de los estallidos ocasionales de los rayos. Se sentó en la hierba empapada, doblando las piernas y apretándolas contra su pecho. Echó la cabeza hacia atrás y dejó que las gotas le mojasen la cara.
No pasó mucho tiempo antes de sentir una presencia a su lado. Ni siquiera tuvo que mirar para saber quién era.
— ¡Vas a matarte si sigues aquí! — gritó por encima de la tormenta. Otro trueno retumbó. Ella lo ignoró, cerró los ojos y apartó la mirada. James se sentó a su lado y bajó un poco el tono de voz. — ¿Qué haces aquí?
— Pensando — respondió, como si fuera la cosa más obvia del mundo. Un rayo pasó por encima de sus cabezas.
Lo oyó reírse y preguntar:
— ¿En qué?
— En nada — explicó simplemente, y se giró para sonreírle. Cayó otro trueno.
— ¿Pensabas en nada? — le sonrió. No estaba segura de si podría verla: sus gafas estaban empapadas. — Por qué será que no me lo creo…
— Es la verdad.
Un relámpago le iluminó el rostro. Estaba calado hasta los huesos. Su pelo enmarañado estaba, por una vez, liso, aplastado por el agua; sus gafas estaban empañadas y tenía la ropa pegada al cuerpo. Una gota se deslizó por su barbilla, bajó por su cuello y se perdió bajo la camisa. Otra le cayó en la frente, corrió por la nariz y llegó a sus labios.
— Bésame.
— Pueden vernos — le advirtió, burlándose.
— ¿Quién? — un trueno la sobresaltó y se acercó a él.
— Nadie — sus rostros estaban cada vez más cerca.
— ¿Quién está mirando? — cuchicheó. Tenían que esforzarse para oírse por encima del ruido de la lluvia torrencial. Sus narices se rozaban.
— Nadie — sus labios se encontraron por fin y se besaron lentamente. Succionaban el agua de los labios del otro, sus lenguas bailaban dentro de sus bocas ya familiares. Las gotas seguían cayendo sobre ellos. Una de las manos de James la acercaba a él, la otra se enredaba en sus mechones húmedos. Las manos de ella le acariciaban la cara.
Relámpagos. Un trueno retumbó.
— ¡Eso es! ¡Lo has pillado! — Lily le sonrió con orgullo al chico de tercero al que había estado ayudando.
— ¡Gracias, Lily! — el niño envolvió los abrazos alrededor de la prefecta y le dio un fuerte abrazo.
Ella volteó los ojos al oír un gruñido enfadado tras ellos. Obviamente, James estaba celoso de un niño de trece años. ¿Por qué él y Remus había elegido justo sentarse detrás de ella? Los pelos erizados de su cuello no mentían. Él no estaba estudiando.
Optó por ignorar a James y liberó al niño.
— No hay de qué, Garrett. ¿Necesitas algo más?
— No, eso es todo.
Lily le ayudó a recoger sus cosas y Garrett le dio otro abrazo antes de irse.
Disfrutó de su satisfacción personal por un momento y luego empezó a recoger. Nunca dejaba de sorprenderla la habilidad que tenía para expandir sus cosas. No importaba si eran pocas: acabarían repartidas por todo el espacio disponible. Se preguntó cómo era posible que una pluma que acababa de usar terminase bajo la mesa. Se agachó a recogerla cuando los otros dos merodeadores entraron en la biblioteca.
— ¡Lunático! ¡Cornamenta! ¡Mirad lo que nos acabamos de encontrar! — chilló Peter Pettigrew mientras él y Sirius Black pasaban junto a ella e iban hacia sus amigos.
— ¡Baja la voz, Colagusano! — lo reprendió Black. Lily se rió para sí misma. Oyó como dejaban algo con cuidado encima de la mesa.
— Vaya, eso son…
— ¡Bragas! — chilló Petter.
Se congeló. Oh. Dios. Mío. No lo eran. No podían serlo. Ni siquiera se las había sacado. ¿Se las había sacado? No era capaz de acordarse.
— ¿Dónde las encontraste? — oyó que preguntaba James con curiosidad. Más le valía estar actuando.
— En un aula vacía.
Oh, mierda. No podía ser. Había sido hacía meses. Se arriesgó a mirar por encima del hombro. ¿Es que Filch no limpiaba?
— ¿Puedes creerlo?
Enrojeció. Recogió el resto de sus cosas con rapidez. Al menos no sabían que eran suyas.
— Quiero decir, ¿qué tipo de zorra se deja olvidadas las bragas en una clase?
Salió de la biblioteca lo más discretamente posible y echó a correr tan pronto como cruzó la puerta. Dejó que los pies la llevasen, su mente no era consciente de nada, a excepción de los merodeadores con sus bragas. Corrió hasta que sus piernas ya no la sostenían. Después, se dejó caer contra una pared, sin aliento. Durante unos minutos, simplemente se quedó allí, recuperando el aliento y tratando de olvidarlo. No pasó mucho tiempo antes de que se sentase junto a ella en el suelo.
— Por Merlín, Potter. ¿Ahora me estás acechando?
— En parte sí — ella rió brevemente. — ¿Qué haces?
— Intentar recomponerme para no morir de la vergüenza.
James se quedó en silencio durante un minuto, y después le dijo:
— Míralo por el lado bueno: al menos no se las encontró Filch — su mente se llenó de imágenes del conserje haciendo guarradas con sus bragas. Se le revolvió el estómago.
— Eso no ayuda — su mente pasó de pensar en Filch a imaginarse a Peter haciendo guarradas con su ropa interior. No estaba segura de qué le disgustaba más. — Ugg… ¿Peter todavía las tiene?
— ¿Estás de broma? Se las quité tan pronto como se despistó — se rió entre dientes. — Estaba terriblemente disgustado. ¿Quieres recuperarlas?
Ella frunció el ceño.
— La verdad es que no.
— ¡Perfecto! — su rostro se iluminó. — Me las quedo, entonces. — Ella se sonrojó y él rió. — Así pues, Evans… ¿Dónde está mi recompensa?
— Ya tienes mi ropa interior — le sonrió falsamente.
— Ya, pero no es eso lo que quiero… — protestó.
— No seas codicioso — bromeó.
— ¡Venga ya, Evans! ¡Solo quiero un beso!
Fingió pensárselo.
— No, no creo que pueda dártelo — se levantó y empezó a alejarse de él.
— ¿Por favooooor? — hizo un puchero y se levantó también.
Ella se volvió hacia él, riendo.
— Está bien — James sonrió hasta que ella le dio un recatado beso en los labios.
Se alejó de nuevo.
— ¡Oye! — gritó tras ella.
Se giró, tratando de ocultar una sonrisa.
— Lo siento, ¿no era lo que querías?
— No exactamente — dijo, poniéndose a su altura.
— Tal vez deberías enseñarme lo que querías, entonces — le susurró, mirándolo.
— De acuerdo, Evans — sonrió. — Empieza así… — Lily rió mientras la besaba, tirando por la ventana todo lo relativo a hombres tocándose con sus bragas.
— ¡POTTER! — echaba humo. Se acababa de cruzar con Garrett Smith, que iba hacia la enfermería. Sus brazos se habían vuelto minúsculos.
Él se volvió hacia ella:
— ¿Todo bien, Evans? — le sonrió.
Sus ojos se estrecharon.
— ¡¿Le has reducido los brazos?!
— No sé de qué me estás hablando — dijo con cara impasible.
— ¡Sabes perfectamente de qué te estoy hablando! ¡Tiene trece años! — dio un paso hacia él y lo pinchó en el pecho.
— ¡Le ponías cachondo!
— ¡Tiene trece años!
— ¡Eso no quiere decir que no le pongas!
— ¿¡Y qué si lo hago?!
— ¡Tiene que saber cuál es su lugar!
— ¿Su lugar? ¡¿Su lugar?! ¿Y dónde está su lugar, Potter? ¿Debajo de ti? ¿Alejado de cualquier cosa que quieras? ¡No tienes derecho a decidir eso! Sinceramente, madura — le dio dos golpecitos en el pecho matizando las dos últimas palabras. Después se dio la vuelta y alejó de él, mezclándose entre la multitud.
Sonrió para sí misma. Podía sentir cómo le bombeaba la sangre y lo enrojecida que tenía la cara, le palpitaba el corazón. El pelo le rebotaba alrededor de los hombros al ritmo de sus pasos. El aire viciado a su alrededor se enfriaba a su paso. Lily Evans nunca se sentía tan viva como cuando peleaba con James Potter. Nunca estaba tan en sintonía con su propia sangre. Nunca estaba tan consciente del ritmo de su corazón. Nunca sentía tantísimo. Unos pasos apresurados a su espalda la sacaron de sus pensamientos. La empujaron a un aula vacía.
Bueno, casi nunca.
Su relación, a falta de una definición mejor, siguió por los mismos cauces. Aunque ahora rara vez perdían el tiempo en besarse simplemente. Más bien se gritaban más, y más, y más hasta que Lily le apartaba las gafas de la cara e iniciaban una aventura más placentera. No obstante, desde el incidente de las bragas, Lily empezó a exigir una cama.
Con esto, añadieron una dinámica más complicada al juego que tanto les gustaba. Ahora, además de estar solos, necesitaban estar solos y en un dormitorio. Y puesto que James aún no había descubierto la manera de subir al dormitorio de las chicas, tenía que ser en el cuarto de los merodeadores. En cualquier otro caso, no habría sido especialmente difícil, si no fuera porque los merodeadores eran como hermanos. Era rara la vez que estaban separados.
James ya estaba más que saciado de enrollarse con ella. Puede que fuese imposible colarse en la habitación de la prefecta y alejar a sus amigos de la suya. Casi. No obstante, querer es poder, y Lily y James querían mucho. Así que hallaron las maneras. Se inventaron desvaríos, tejemanejes y, aunque James se sentía mal al respecto, también contaron mentiras.
— ¿Por qué no te vas al infierno y me dejas en paz?
— ¿Por qué no te pierdes?
La multitud de la sala común ya se había dispersado. Muchos buscaron refugio fuera de la torre. Algunos se habían marchado a sus dormitorios. Otros habían desviado a propósito su atención a sus propios asuntos. Nadie se dio cuenta de que Lily subió por la escalera de los chicos. Nadie se dio cuenta de que James solo fingía mal humor para tratar de tapar una sonrisa.
Lily lo esperaba justo detrás de la puerta del cuarto. Le sonrió cuando entró.
— Pensé que nunca ibas a llegar…
— ¿Y perderme esto? — la agarró por la cintura. — Nunca.
Sus labios se encontraron y no perdieron el tiempo. James le sacó el jersey y empezó a deshacerle la corbata. Él ya no traía ninguna de estas prendas, por lo que Lily se trasladó directamente a desabrocharle la camisa. El merodeador los guió hasta la cama y siguió con su trabajo de desvestirla. Ella le sacó la camisa y apartó rápidamente la camiseta interior que llevaba. Ansioso, el chico le abrió la camisa de un tirón.
Los dos cayeron en la cama besándose frenéticamente. Lily dejó vagar las manos por su pecho antes de bajarlas hasta su cinturón. Las manos de James estaban por todas partes, en continuo movimiento, dejándole hormigueos allí por donde pasaban. Lily le desabrochó el pantalón y peleó por apartárselos. James se separó de ella y se los quitó él mismo. Él se sentó a horcajadas sobre ella y Lily le quitó las gafas. James cerró las cortinas que los rodeaban.
Al cabo de un rato, ambos yacían en la cama, uno frente al otro de lado. Se cogieron de la mano y juguetearon con los dedos del otro. Lily lo miró a los ojos y él le devolvió la mirada, aunque la chica se preguntó si sería capaz de verla sin las gafas. Entonces empezó a besarle la cara y ella frunció el ceño y se rio. Se movió hasta su boca y la besó breve y plenamente. La miró durante unos segundos más.
— ¿Sabes qué, Lily Evans? — le metió un mechó detrás de la oreja. — Eres hermosa.
— ¿Puedes verme siquiera? — se rió.
— Apenas — se rió también y ella apartó la mirada. — Pero eso no quiere decir que no hablase en serio.
Lo miró de nuevo y lo besó.
Curiosamente, al estar en el colegio, Lily se empezó a sentir mejor. Sus compañeros, si bien no eran amigos cercanos, y a pesar de que a veces la irritasen, se preocupaban sinceramente por ella. La soledad que sentía por la pérdida de su mejor amigo había empezado a disiparse. A pesar de que seguía echándolo de menos a veces, el dolor ya no la consumía.
La proximidad con James también era un factor importante. Estaban juntos en casi toda la clase y sus comentarios a menudo la hacían reír a carcajadas. Sus discusiones eran ardientes. Su aventura la hacía sentirse más plena de lo que se había sentido nunca. Todo en él la hacía sentirse bien. Sacaba lo mejor de ella, ya fuera cuando estaban peleando, besándose, haciéndola reír o riéndose de ella. Todo la hacía ser mejor. Intencionadamente o no.
Estaban tendidos uno junto al otro, ambos jadeantes. James se acercó a ella y le pasó los dedos por el costado. Ella sonrió ante el gesto al tiempo que continuaban mirando al dosel, tratando de recuperar el aliento.
Después de unos momentos, James se giró para ponerse las gafas y encendió la radio. El final de una canción de rock los rodeó. Lily se acurrucó junto a James. Una nueva canción se entremezcló con los últimos acordes de la anterior. Se colocó en el hueco de su brazo, con la cabeza apoyada en su pecho. Comenzó a trazar contornos en su estómago. Círculos, flores, estrellas, sonrisas. La canción terminó y el locutor anunció otra típica canción de amor sobre una bruja llorona.
Lily se incorporó, sorprendiendo a James.
— ¡Me encanta esta canción!
Él se rió entre dientes.
— ¿En serio?
— ¡Claro!
La chica empezó a cantar, en voz alta y muy desafinada. Bailaba al ritmo de la música, cantando con un micrófono imaginario. Exageraba las palabras y de vez en cuando hacía movimientos a juego, agitando el dedo como diciendo "no" y llevándose la mano al corazón.
James no pudo contener una carcajada. Echó la cabeza hacia atrás cuando empezó a cantarle obviamente a él. Lo señaló al decir "¡TÚUUUUUUU!" y la canción terminó. Se dejó caer de nuevo sobre su pecho con un ataque de risa. Se apartó de él y se tomaron varios momentos para calmarse.
— ¿Así que… — jadeó él —… te gusta la canción?
— ¡SÍ! — contuvo otro ataque de risa. — Casi tanto como la odio... — James alzó las cejas. — Venga ya, ¡es jodidamente molesta! Pero aún así, es terriblemente pegadiza.
— ¿Y es tan mala que termina gustándote?
— Sí, después de haberla oído cincuenta veces.
— ¿Quién demonios escucharía esta canción cincuenta veces?
— Mis compañeras de cuarto.
Él asintió con la cabeza y ambos cayeron en un silencio cómodo. Después de unos minutos, James empezó a reír de nuevo,
— ¿Qué es tan gracioso, señor Potter? — preguntó Lily.
— "Mi corazón te perteneeeeeeeceeeeee" — cantó.
Lily estuvo a punto de caerse de la cama de la risa.
Lily estaba en la biblioteca, trabajando en un ensayo de Transformaciones especialmente difícil que les había mandado McGonagall. Estaba sola, como era habitual, y tenía sus cosas repartidas por toda la mesa. James la observaba de nuevo. Se había convertido en una costumbre que se sentase detrás suya mientras estaba en la biblioteca fingiendo hacer los deberes. Al principio le molestaba, pero cuando se hizo evidente que no iba a dejarlo, aprendió a ignorarlo, siempre y cuando no la molestase. De vez en cuando, trataba de sentarse con ella o entablar una conversación, pero nunca lo conseguía.
Así pues, cuando de repente sintió a alguien sentándose junto a ella, supuso que sería él.
— Mira, Pot… oh — se sorprendió al verlo de cerca después de tanto tiempo. — Sev… Snape, ¿qué quieres? — le preguntó fríamente.
— Lily — la miraba directamente a los ojos. Ella podía sentir la ira de James clavándose en su nuca. — Por favor, solo quiero hablar contigo.
— Ya tengo muy claras mis ideas a respeto de esto, Severus — empezó a guardar sus cosas. Casi podía sentir como James se agarraba con fuerza a la mesa.
— ¡Lily, por favor! — la agarró de la mano y ella se soltó al momento. — ¡Haré lo que sea necesario! — James gruñó a sus espaldas.
— Eso ya me ha quedado más que claro, desde luego — terminó de guardar sus cosas y pasó junto a él para irse.
— ¡Lily! — gritó. La agarró del brazo y ella se giró para verlo de rodillas. — Por favor, haré lo que quieras. Pero háblame, por favor.
— De acuerdo — lo miró y después levantó la vista hacia James. — Hagamos un trato — levantó un poco la voz para asegurarse del merodeador pudiera escucharla, aunque era innecesario porque estaba totalmente atento a todo lo que pasaba. — Si Slytherin le gana a Gryffindor en el partido de esta semana, hablaré contigo.
Se giró sobre sus talones y salió de la biblioteca antes de que pudiera decirle nada más.
En los días anteriores al partido de Quidditch, Lily apenas vio o habló con James. Lily asumió que la falta de encuentros se debían, bien a que estaba furioso con ella por hacer que una cosa tan importante como esa dependiese de un partido, o bien que dedicaba cada momento libre a practicar para asegurarse la victoria.
El día del partido amaneció soleado. Lily se levantó con sus compañeras y juntas salieron de la habitación vistiendo los colores de Gryffindor. Lily solía seguirles el juego a las chicas, aunque no acostumbraba a dejarse llevar demasiado por el partido. Sin embargo, en esta ocasión Lily mostraba con orgullo los colores de su casa: a excepción de sus vaqueros y su cara, el resto de su cuerpo estaba cubierto de rojo y dorado.
Juntas se dirigieron a desayunar. Mientras iban hacia allí, se cruzaron con los merodeadores. Le dirigió una intensa mirada a James que pasó desapercibida por todos a excepción por una persona que se encontraba al otro lado del pasillo. Lily sintió su mirada, pero lo ignoró.
Se sentó con sus amigos y comió el desayuno participando en una conversación distendida. Al cabo de un rato, fueron interrumpidos.
— ¡Oye, Evans! — se giró para enfrentarse a James, de pie en el pasillo entre las mesas de Gryffindor y Ravenclaw. El Gran Comedor se quedó en silencio. — ¿Qué me dices de un beso de buena suerte?
Las risas resonaron en toda la sala y Lily desvió los ojos levemente hacia la mesa. Cuando las carcajadas se calmaron, volvió a mirarlo y sonrió:
— ¿Con semejante ego, Potter? No necesitas suerte.
Hubo una nueva ola de carcajadas antes de que James respondiese:
— Eso es cierto, Evans — se sentó a su lado, con la espalda apoyada en la mesa. — Entonces, ¿qué tal un solo por nuestro público?
Fingió pensárselo por un momento.
— No.
— ¡Oh, venga, Evans! Solo un besito — apuntó a su mejilla — justo aquí. Y te prometo que de dedicaré uno de los tantos.
Lily se llevó una mano al pecho, fingiendo éxtasis.
— ¿Me lo dedicarás? ¿A mí? — él asintió con seriedad. — ¿Sabes qué? Creo que podré vivir sin eso.
James se levantó del banco.
— Tú te lo pierdes, Evans.
Pocos partidos habrían rivalizado con ese en intensidad. La quaffle se movía de un equipo al otro con tanta frecuencia que incluso el comentarista tenía problemas para hacer un buen seguimiento. Los cazadores de Gryffindor lograron hacerla pasar por el aro siete veces. De esas siete, James fue el responsable de cuatro. El objetivo era lograr que le colasen la menor cantidad de goles posible: Slytherin solo anotó cuatro.
Después de una hora y cuarto, los buscadores localizaron la snitch. Un millar de pares de ojos se dirigieron hacia la carrera que mantenían los dos jugadores. Lily mantuvo su mirada en James. Tenía la quaffle y estaba a punto de anotar otro punto. Entonces, la chica vio con horror como una bludger enviada por los Slytherins lo golpeaba en un brazo. James dejó caer la quaffle, pero consiguió mantenerse sobre la escoba. Inmediatamente descendió en picado en picado y atrapó la pelota con la otra mano. Disfrutando de su victoria personal, James dio una vuelta elevándose hasta casi los treinta metros de altura. Se quedó allí el tiempo suficiente para que otra bludger lo golpease. Lily sintió como sus ojos se agrandaban al verlo caer.
El ruido sordo que hizo su cuerpo al chocar contra el suelo estuvo amortiguado por los Slytherins que rugieron al ver cómo su buscador atrapaba la snitch.
