Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo me atribuyo la trama.

Capítulo 4

"Visitas"

Bella POV

Hoy era domingo o también conocido como fomingo, la verdad yo me quedo con el segundo término, mis domingos son lo más aburrido que hay.

— Bella— la voz de mi madre sonaba muy expectante y emocionada. Le presté atención a ella, despegando la vista del libro entre mis manos. — Hoy tendremos visitas— alzó las cejas feliz.

— Vaya… ¿quién? — Dije interesada en el nuevo tema de conversación.

— La verdad, es quiénes— alcé las cejas ahora— es una amiga mía, de la universidad, vendrá con su hijo y su esposo— entrelazó las manos sonriente y exultante.

— Uh, ¿y a qué hora vendrán? — Le eché una mirada al reloj de la pared, eran a penas las tres de la tarde y hacía mucho calor.

— A las siete estarán por aquí— la verdad, era un problema. No soy sociable y si no lo soy con las personas de mi edad, menos con alguien mayor. Al parecer vio la reacción de mi pensamiento, pues agregó— Bella, solo estarán un ratito. Se mudaron hace poco aquí y debe ser raro, digo venían del Sur, por favor ¿me ayudarías? — Puso una cara muy tierna a la que no se le podía decir no.

— Ash… está bien, pero no le pidas peras al olmo, no soy sociable y lo sabes— la señalé con un dedo.

Sonrió satisfecha

— De acuerdo, no te pediré peras— me guiñó un ojo y rodé los míos.

Dejé el libro en la habitación y la ordené, aunque claro, no es que nadie fuera a subir. En fin en cuanto terminé, bajé a ayudarle a mamá.

Preparamos algunos canapés, pollo asado, papas y cosas así. De postre hicimos unas tortas y algunos pasteles. Cocinar no me gustaba mucho, pero sabía hacerlo. Lo que si hacía con mucho gusto eran los dulces.

— Uf, terminamos la cena. — Dijo cuando sacamos las últimas cosas del horno y nos quitábamos los delantales y guantes. Era muy divertido cocinar con mamá, era tan intrépida e impredecible.

Me lanzó harina, así de la nada. Le correspondí con lo mismo y así se desencadenó la tercera guerra mundial de harina.

— Ya, ya mamá, ¿eres un adulto? Por Dios mira como me dejaste y ¡el piso!, antes de ayer lo limpié— rezongué mientras me quitaba la harina del pelo y ropa.

— Te preocupas demasiado. Fue divertido, ahora ¡a limpiar! — Pff ¿seguro no era mamá de Alice? Es que… tiene tantas energías. Solo asentí, mientras sonreía.

Entre dos, era mucho más rápido, dejamos todo ordenado en un santiamén.

— Mira, puedo ver mi reflejo— insisto ¿es Renée un adulto? Solo me reí.

— Ay mamá, ¿cuántos años dices tener? — Sonreí y ella también. Con ese moño alto, su rostro se veía muy aniñado, además las pecas fortalecían esa conclusión.

— Ash Bella, siempre tan madura, sé lo que te hace falta— me indicó con un dedo, mientras caminaba a dejar los trapeadores.

— ¿Qué? — Mi tono de voz era desinteresado, nada más era cortesía

— Un novio. El amor te hará ser niña, ya verás— sentenció y no me lo podía creer

— ¡¿Qué?! — Me obligué a calmarme— mamita, dices tantas incoherencias— le acaricié el cabello— mejor voy a ver que usaré— subí apresuradamente las escaleras.

Cerré la puerta y respiré profundo unas cinco veces antes de caminar hacia el baño. Luego de que me duché fui al armario

Hm, tenía ropa, pero no tanta como Alice o como Rose, ellas que tenían mucha. Opté por un vestido strapless de color negro, me llegaba a la mitad del muslo. Bajo el busto tenía una cinta de color rojo en satén y lo demás era suelto. La prenda era sencilla pero elegante o eso decía Alice. Lo usé con unos zapatos bajos del mismo color, parecía de luto, pero lo cierto era que no tenía ánimos de vestirme de nuevo ni buscar nada más.

Dejé mi cabello suelto caer por mi espalda y me puse un poco de máscara de pestañas negra, para resaltar un poco mis ojos, aunque de por sí ya los notaban, ocupaban casi la mitad de mi rostro. Maquillé también las ojeras y sería, no me gustaba el maquillaje.

Cuando bajé, mamá estaba alistando los últimos detalles de la cena. La verdad no sentía curiosidad sobre los amigos de Renée, no porque no fuera importante, si no que no tenía precisamente las neuronas en su lugar… me encontraba divagando en ojos…

— Te ves linda hija— dijo una vez que toqué el piso, en el último escalón di un salto. Ella lucía un vestido morado, con mangas y escote en V. Resaltaba su figura y color de piel. Le llegaba casi a la rodilla, bajando con delicados vuelos y unos zapatos de tacón del mismo color además de un sencillo collar con una gema brillante terminaban su atuendo.

— Uh, gracias, supongo… tú también luces muy linda— le di una vuelta y sonrió.

— Ya, me vas a hacer sonrojar— soltó a modo de broma. Reí y la dejé en paz, claro, ella no se sonrojaba como yo, claro que no eso era pura herencia paterna.

Miré el reloj, eran las seis y algo…

— Mamá, estaré arriba— me miró frunciendo el ceño— no ataré sábanas para escapar por la ventana— sonreí y subí… la verdad no sonaba tan mal. ¿Puedes pensar de forma coherente? Ay, vale.

Me tiré a la cama a leer. Mientras lo hacía entrecruzaba los tobillos.

Tan sumida me encontraba en la lectura que no escuché el timbre. Solo me di cuenta de la llegada de los invitados cuando mamá tocó mi puerta.

— ¡Bella, ya están aquí! — Susurró muy entusiasta— vamos— me levantó de un brazo, para envolver el suyo en torno a éste— te van a caer muy bien, tienen un hijo encantador… — y no fui más consciente de mi mamá, solo de las personas que aguardaban abajo…

— Hola— saludó una mujer con un moño alto y rostro angelical, de ojos muy lindos y sonrisa cándida. Su cabello era color broncíneo… muy parecido al de ¿su hijo? No, esto no es posible, estoy teniendo una pesadilla, él no está aquí y yo tampoco.

Los nervios que atenazaban mi estómago me comprobaron lo contrario ¡Saluda! pff, verdad, me dijeron hola.

— Eh, h-hola, soy Bella un placer— le estreché la mano.

— El placer es mío, soy Esme, este — atrajo a un hombre de aspecto joven y maduro a la vez. Tenía un rostro de infarto, digno padre de ese chico. — Es mi esposo, Carlisle— el aludido me sonrió y casi me caigo. No, vale, estoy siendo exagerada.

— Hola, un gusto Bella— dijo el caballero de pelo rubio y de ojos penetrantes color azul.

— Y él, es Edward — efectivamente ahí estaba, la peor de mis pesadillas. Tan radiante como lo recordaba— nuestro hijo— disimula. Formé una sonrisa o algo parecido, y extendí la mano para estrechársela. Vestía un jeans azul oscuro, algo holgado, y una camiseta de cuello polo negra. Se veía muy bien.

— Edward, un gusto conocerte— dije naturalmente y me sorprendí. Él sonrió de lado, mientras apretaba ligeramente mi mano, la suya era grande y suave.

— Lo mismo digo, un verdadero placer Bella— Me soltó y extrañé la sensación. Sacudí la cabeza.

— Esme no me dejaste las presentaciones a mí— mamá cruzó los brazos y alzó un poco la barbilla. Parecía una niña enfurruñada. Pero luego sonrió y le dio un efusivo abrazo a todos y cada uno de ellos. ¿Ven a lo que me refiero? No parece madre mía…

Traté de prestar atención y a la misma vez mantener fuera de aquí mi mente, pero sobre todo… lejos de ese chico de cabello cobrizo, me ponía nerviosa.

Le dirigí una mirada de soslayo… no quitaba la vista de mí. Decidí enfrentarlo, le miré mal y solo rió. Sí, era un verdadero idiota, rodé los ojos y tomé atención a la cena que se llevaba a cabo.

— ¿Por qué se vinieron del sur? — Preguntó mamá, cortando un trozo de pollo. Le di un leve codazo, esas preguntas no se hacen.

— Oh, pues mi madre enfermó, estuvo un tiempo muy grave y hasta hace poco… falleció— el silencio reinó en la habitación. Era bastante incómodo, no sabía como romperlo y la verdad, no podía exigirle mucho a mi cerebro… aún procesaba información.

— Lo siento, de veras— ¿yo dije eso? No puedo creerlo, jamás pronunció palabra, pero ahora salió sin pensar mientras jugaba con una papa.

— Te lo agradezco, a pesar de que han pasado algunos meses, se le extraña. Fue muy cercana a Edward— su madre, le miró y él me observó a mí. Controlé mis reacciones, claro, mi corazón se salió con la suya…

— Sí, de hecho, el otro día fui al cementerio a verla… pero me encontré con algunos problemas, no pude entrar— me dio un repentino ataque de tos.

— Bella, hija, respira por la nariz— dijo Renée mientras me daba golpecitos en la espalda, el chico se rió entre dientes. Okey, si quería jugar, jugaríamos…

— No nos habías comentado nada— apuntó Esme con el ceño fruncido, en señal de confusión. Me tragué los nervios

— Uhm, sí, es que fui, pero tuve un percance en la entrada. Me dediqué a dar vueltas por ahí— soltó la mentira como si nada y me miró desafiante.

Cínico, maldito, estúpido, imbécil… todos los insultos le quedaban cortos. Lo fulminé con la mirada.

— Ah, entiendo, ¿y tú, Bella? ¿Conoces los alrededores? — Carlisle me dirigió la palabra y me puse nerviosa, pues todos me miraban atentamente relájate, piensa en cualquier cosa… habla… sonará contradictorio, pero en ocasiones como estas, adoraba a la vocecita en mi mente…

— La verdad no mucho, no me gusta salir demasiado— traté de que saliera natural, tal parece que lo logré.

Me miraron sorprendidos, no le di siquiera un fugaz vistazo al chico de ojos verdes, pero podía sentir su intensa mirada ¿qué le sucedía? ¿Y qué me sucedía a mí? ¿Desde cuándo estoy tan pendiente de alguien? Ash, mi cabeza iba a explotar.

— ¿Por qué? — Preguntó con curiosidad la señora de rostro amable. Renée me miraba con una sonrisa y Carlisle con atención. Fallé en mi intento de no prestarle atención al chico, hacía un análisis facial de mi cara.

Mi mente volaba lejos, de esta manera me era más fácil conversar con la gente.

— Uhm, prefiero quedarme en casa, oyendo buena música y leyendo un libro— dije con simpleza. Parecieron analizar mis palabras un instante. Me sonrieron

— ¿Podemos decir que eres una nerd? — Indicó el odioso muchacho. Su madre le dirigió una mala mirada, pero él ni cuenta se dio. En serio, ¿Qué tenía en la cabeza? ¿Tiene o tuvo alguna vez cerebro o algo de materia gris?

— Sí, podría decirse— sonreí con amabilidad, amabilidad que no sentía para nada. Soltaron unas risitas los adultos presentes. — ¿Y qué hay de ti? ¿Eres un nerd o un playboy? — Otra vez las risas. Me miró con una ceja alzada un momento, para luego responder

— Ninguno, soy normal— contuve la risa, claro dejé que se notara, me miró con ojos entrecerrados.

Alcé una ceja, me gustaba este juego. Todos estaban atentos a nuestra conversación

— Ajá— fue lo que dije, pero claro que en esas tres simples letras destilaba solo ironía.

— Ejem, ¿cómo te va en la escuela? — Preguntó el caballero rubio que parecía ser mucho más amable que su hijo. Renée solo sonreía al igual que Esme. No entendí sus expresiones

— Hm, bien aunque no soy muy estudiosa— seguí jugueteando con la papa, en un gesto ausente

— Qué raro, tienes el aspecto de ser lo más aburrida que hay— soltó el chico, de nuevo la concentración total fue en nuestro sector. Él frente a mí, sonreía con suficiencia.

— Ya ves, las apariencias engañan. De hecho, tú pareces alguien que no juzga a simple vista, pensé que eras diferente, Edward— le sonreí mientras ladeaba un poco la cabeza.

Risas.

Se le borró el gesto burlón y ensanché más aún más mi sonrisa.

— Voy por el postre— me levanté y dirigí a la cocina.

— Iré a ayudarle— escuché su voz y mi corazón se aceleró ¿por qué lo hacía?

— Puedo hacerlo sola, vuelve allá— dije mientras le daba la espalda. Sentí su presencia en cuanto se paró en el umbral. Adiviné su cercanía, pues su calor inundaba la estancia. Estaba tan próximo a mí, que mi corazón se desbocó y a mi piel la recorrió un cosquilleo.

Me quedé ahí, estática por las sensaciones un segundo, pero continué como si nada, cortando el pastel.

— Se nota que eres algo torpe, quiero evitar que vayas a caer y arruines la torta— se acercó aún más y me sentí entre incómoda y cohibida.

Me volteé con el cuchillo que sostenía entre las manos.

Al verlo, se alejó un poco y su rostro pasó de burlón a serio.

— ¿Te asusta un cuchillo, Edward? — Lo aseché y se apartó más tensándose notoriamente.

— Relájate, ¿sí? — Alzó ambas manos, con las palmas vueltas hacia mí. Llegó a chocar con la encimera y rompí a carcajadas cuando le vi tragar en seco.

— Vete— susurré y continué en mi tarea, alerta a cualquier movimiento.

Pero todo pasó demasiado de prisa. Se abalanzó contra mí intentando arrebatarme el cuchillo… y luego éste saltó volando lejos, y terminamos cayéndonos al piso.

Al final, la escena se veía muy comprometedora, yo debajo de él, con sus brazos a cada costado de mi cabeza. Su pelo un tanto largo, se iba hacia abajo, donde mi pecho subía y bajaba debido a mi respiración agitada. Tenía su rostro muy cerca, su respiración era igual que la mía y me miraba intensamente.

Sentí el rubor en mis mejillas… pero logré controlarlo. No sé si sería la situación o que mi cuerpo realmente se afianzaba conmigo, por primera vez. Pero lo agradecía

— Ya, quítate, vamos sal— le empujé el pecho y no pude evitar notar que estaba trabajado… el muy desgraciado no se movió siquiera un milímetro.

— Hm, déjame pensarlo— me asechó son su mirada. Ahora el cuchillo me parecía un juguete, en comparación a sus ojos.

— Qué pensarlo ni que nada ¡Sal! ¡Ahora! — Dije alzando un poco la cabeza, me desesperaba. Este chico sacaba lo peor de mí. Al yo haber elevado un poco el rostro, quedamos muy juntos y él acercó el suyo.

Instantáneamente retrocedí ¿qué le sucedía? ¿Se había vuelto loco?

— ¿Por qué tan salvaje, Bella? — Un escalofrío me recorrió al oír mi nombre en sus labios. ¡Concéntrate! Me ha insultado otra vez, hijo de… ¿su mano estaba en mi cara? Uh, se sentía tan… ¡no! Moví el rostro, con obstinación y brusquedad. Quería salir de la jaula en la cual se había convertido su cuerpo.

— Déjame, o te juro que grito— le amenacé y se rió. Eso produjo que me indignara por lo que me preparé para proferir un grito estridente…

— Lo haces, y te silencio de una forma que no te gustara— me estremecí. Estaba aún más cerca y mi corazón a punto de explotar. Abrí los ojos como platos y no pude evitar las imágenes que se agolparon en mi mente de mi sueño/pesadilla. Tampoco logré evitar el sonrojo.

Rió al ver mi mutismo.

Sentía la presión de su cuerpo sobre el mío. Dios, era el primer chico que me ponía en una situación tan comprometedora. Esperen, tengo brazos y piernas ¿qué demonios hago aún debajo de él? Junté las fuerzas y de un impulso, lo aparté.

Salí y me puse de pie, todo esto muy a prisa.

— Estúpido— mascullé. Agarré el cuchillo de nuevo— ¿Por qué no te vas a molestar a un muerto? ¡Desaparece! — Estaba nerviosa, muy. Por lo menos, controlé los movimientos trémulos de mis manos. Era algo.

— Yo…— se encontraba sorprendido y no lo comprendí.

— Como vuelvas a intentar algo así, no seré una buena persona, Cullen. Ahora lárgate— me acerqué con el cuchillo mientras le amenazaba y luego me alejé, claro, sin darle la espalda. Me miró contrariado y desapareció.

Me apoyé en la encimera y dejé escapar un sonoro suspiro. Eché mi cabeza hacia atrás, estaba tan confundida…

El postre ¿recuerdas? Uy, verdad. Corté los trozos a una velocidad olímpica, eso sin lastimarme en el proceso. Los llevé con precaución e inclusive así casi me caigo al salir de la cocina.

— Oh, Bella, apareciste creí que la torta te había tragado— dijo Renée y fui incapaz de sonreír o hacer cualquier mueca que no fuera de desagrado. Disimula cierto, cierto, debo hacerlo.

— No, creo que mi sabor no le gustó— puse cara de falso pesar y repartí los trozos. Cuando se lo di al chico, ni me miró. Me senté en mi lugar. Ya había perdido el apetito.

Me dediqué a mirar como conversaban, mientras jugaba con la comida en mi plato. Esme y Renée se conocieron en la básica. Desde ahí son amigas, de hecho ambas estudiaron secretariado y asistencia legal en la misma universidad. Me dejé llevar por ideas y fantasías de mi mente. Unas donde mataba a cierto personaje…

Hablando de él, le miré solo una vez. La charla de los adultos era de lo más animada, mientras nosotros mirábamos a cualquier lugar. Entretenida estaba en una reciente tela de araña que pendía del techo, observaba como se mecía a la suave brisa que corría en la habitación.

Me mantenía en una posición bastante inapropiada, con un brazo sujetando mi cabeza y desparramada en la silla compórtate no quiero, ya hago bastante con no asesinarlo con el tenedor…

— ¡Dios!— Exclamé y todos se fijaron en mí. Él me sonreía con suficiencia. ¡Me había echado agua en la pierna!

— ¿Qué te sucede hija? — Preguntó Renée mientras me miraba con atención. Sentí mi cara aumentar su temperatura al percatarme de que todos me observaban de la misma manera, incluido el idiota. Les contesté

— Nada, es solo que…— me acordé de la tela de araña— me di cuenta de…de que hay una araña— fui hacia el lugar y con un movimiento arrebaté mi objeto de entretención

— Ah, bueno…gracias— susurró con voz quedita mi madre. ¡Estúpido! Ahora parecía una enferma mental, lo fumigué con la mirada mientras se reía con disimulo.

Comenzó la guerra… guerra tendría.