Bel e brillante cielo.
----- Objetivo 4 ------
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Tres muchachos fueron rodeados por los cientos de ilusiones, ninguno se atrevía a atacar, pero tampoco podían quedarse con los brazos cruzados. Aquellas sombras que tenían la apariencia de sus conocidos comenzaron a mostrar armas filosas, sin excepción alguna, esto preocupo aún más a los jóvenes.
- ¡¡Por que Kyoko tiene un cuchillo!! – Lloró el guardián del Sol – ¡¡mi dulce y pequeña hermana!! ¡¡Ella no haría algo como eso!! -
- cállate cabeza de césped – dijo molesto el peliblanco, sintió un breve tirón venir de su lado, Yamamoto había tomado una de sus muñecas para moverlo en el justo instante que un "Gokudera" trataba de lastimarlo.
- no desvíen la vista –
- cállate – dijo casi en un susurro, molesto de haber sido ayudado. El chico del Beisbol ya había pasado por situaciones donde las ilusiones eran las protagonistas y había algo que no terminaba de calzarle, fijó su vista en su amigo peliblanco, o Gokudera había solucionado su problema de dolor de estomago cuando veía a su hermana o aquellas ilusiones no estaban bien del todo. Tenía que arriesgarse, sus vidas estaban en serio peligro y no podían perder más tiempo.
- Shigure Souen Ryu… - su espada tomó la forma de pelea, tanto Ryohei como Gokudera lo vieron alarmados.
- Pero que rayos vas a… - iba a alegar el peliblanco.
- ¡Eso no está extremamente bien! – el pelinegro no les tomó importancia, fijo su vista en uno de sus dobles.
- Shajiku no Ame – el corte que hizo fue leve y fue dirigido a su costado izquierdo, la ilusión desapareció, sin embargo un fuerte dolor le invadió por lo que tuvo que arrodillarse, fijo su vista en uno de sus costados, la sangre no dejaba de emanar.
- ¿¡Acaso estás loco!? – Gokudera se acercó para ayudarlo, pero la sonrisa de Yamamoto le detuvo, tenía la vista adolorida, su mano izquierda sobre su costado derecho, mientras que con la otra mano se apoyaba en el piso para no caer, su espada estaba a su lado.
- podemos atacarles – dijo algo cansado.
- no vez que te has lastimado al cortarle – dijo exasperado Ryohei – es imposible que lo hagamos, lastimaríamos a los demás –
- JAJAJAJAJA Que ingenuo guardián de la lluvia, como piensas hacerlo… ¿acaso quieres matar a tus amigos? – la voz había regresado, sin embargo Yamamoto rio divertido.
- jajajaja… me he enfrentado a Ilusionistas más capaces que ustedes – se apoyó en su espada para ponerse de pie – el ilusionista no puede seguir peleando cuando sus ilusiones son descubiertas –
- el temor te hace delirar –
- creo que eso te haría feliz – exclamó divertido – Gokudera –
- ¿Qué? –
- ¿En qué lado corte a mi doble? - Hayato no había puesto tanta atención, pero trato de hacer memoria sin entender porque lo hacía, pero sentía que Yamamoto había descubierto algo.
- el lado izquierdo – respondió al fin.
- ¿y donde tengo mi herida? – Gokudera miró asombrado aquello, el chico no era para nada listo en clases, pero sí que le había sorprendido ahora.
- ¡¡En el lado derecho!! – gritó a todo pulmón Ryohei.
- además de eso sentí el corte de atrás hacia adelante y no como yo lo había hecho; de adelante hacia atrás –
- eso significa… - comenzó Gokudera.
- que ellos se encargan de herirnos tal como nosotros herimos a nuestros otros yo, para hacernos creer que si los atacábamos terminaríamos lastimando a los originales – respondió Yamamoto.
- Eso es un truco muy sucio – alegó el guardián del Sol – los haré pagar al extremo por esa mentira – ambos jóvenes vieron como el chico comenzó a concentrar su energía en su puño – ¡¡Maxima Cannon!! – dirigió su golpe al suelo, lo cual causo que la calle se agrietara, muchos de las copias desaparecieron.
- ¡¡Rocket Bomb!! – gritó Gokudera, Yamamoto encendió las llamas de su anillo para depositarlo en la caja de su golondrina.
- Shigure Souen Ryu… Scontro Di Rondine – todos las ilusiones desaparecieron, después de la confusión y el humo pasaran, pudieron ver dos cuerpos tirados en el piso, la ilusión comenzó a disolverse así que todos guardaron sus armas con rapidez. La lluvia nuevamente les comenzó a empapar, la calle seguía como si nada, parecía como si hubieran sido transportados a otro lugar, ya que no había ningún daño en los alrededores, y los cuerpos de aquello sujetos ya no estaban.
- maldita sea, se escaparon – dijo enojado Gokudera.
- ¡en realidad pareciera como si se hubieran esfumado! – gritó enojado Ryohei.
- creo que me excedí – dijo casi en un susurro Yamamoto al tiempo que sujetaba uno de sus costados y colocaba una rodilla en el piso.
- eso te pasa por idiota – Gokudera se arrodilló a su lado para tratar de examinar la herida, las calles estaban casi desiertas por la lluvia.
- ¿Cómo esta? – preguntó preocupado Ryohei.
- debemos curarle pronto, estas sangrando mucho –
- jejeje… lamento las molestias – dijo, sabía que tenían prisa.
- no podemos dejarte así… el decimo no lo querría, además ese tonto de Hibari podrá defenderlo mientras te curamos – ambos peliblancos ayudaron a caminar al chico a uno de los edificios y así poder resguardarse de la lluvia – adelántate cabeza de césped, llamaré a uno de los hombres de Dino para que nos venga a ayudar –
- ¿estarán bien? –
- sí, no te preocupes – dijo con una sonrisa tranquila el moreno. Sin esperar más el guardián del sol salió corriendo del lugar.
Un molesto pelinegro salía de un oscuro callejón, sus ropas estaban rasgadas y con manchas de sangre, en su frente también había rastros del liquido carmesí, tenía su mano izquierda sobre su costado derecho y cojeaba al caminar debido a la primera lesión que había recibido cuando entró a esa extraña área negra. Los sujetos habían sido muy fáciles de derrotar, pero el haber estado en ese lugar había dificultado un poco las cosas. Enfadado dirigió su vista hacía su departamento, al menos le tranquilizaba que aquellos sujetos no habían alcanzado entrar a su casa.
- genial, tendré que cambiarme de lugar – dijo molesto, no le hacía ninguna gracia que sujetos que no conocía supieran llegar a su casa.
- ¡Hibari-san! – dirigió su vista hacia donde le llamaban, rodo los ojos molesto, no le extrañaba que uno de los hombres de ese sujeto estuvieran por los alrededores, sin prestarle atención comenzó a caminar a su estancia.
- cállate y piérdete – dijo cuando el sujeto llegó a su altura.
- Pero Hibari-san debemos curarle esas heridas – la mirada furiosa del pelinegro le hizo desistir con su dialogo.
- encárgate de esas basuras – el subordinado de Dino suspiró, sin duda nunca entendería a ese joven. Sin mirar atrás Hibari ingresó a su departamento. Se apoyó con cansancio en la puerta, lo mejor era dirigirse al baño para curar sus heridas.
- ¿Hibari-san? – una voz le sorprendió, dirigió su vista a la entrada de su habitación, ahí el castaño le miraba de forma preocupada - ¿Qué fue lo que paso? – en sus brazos llevaba a su compañero.
- nada, ve a dormir – sin mirarlo retomó su ida al baño.
- pero estas herido – insistió.
- no insistas, ahora ve a dormir – dijo enojado. Tsuna se asusto y retrocedió un paso, pero realmente le preocupaba el estado del Guardián de la Nube.
- de todas formas sabré que sucedió – se atrevió a decir.
- lo sé – respiró hondo, su paciencia estaba al límite y por primera vez no deseaba desquitarse con el primero que encontrara, que en este caso era el castaño.
- al menos, déjame que te ayude a curar esas heridas – el pelinegro le miró un momento, para luego suspirar derrotado, Sawada Tsunayoshi era un criatura extraña.
- tomaré un baño, después haz lo que quieras – ahora si se dirigió al baño para después cerrar la puerta. Tsuna sin perder tiempo dejó al puerco espín en el suelo y se dirigió a la concina a buscar el botiquín; el cual esperaba que estuviera ahí.
Lo encontró bajo la lacena, lo tomo para dirigirse a la sala de estar, lo abrió para revisar las cosas que contenía, para su sorpresa estaba bien surtido, cosa que le asusto un poco ¿tan frecuente era que el moreno se lastimara? Sacó el suero, algodón, gasa, algunas vendas, tiras que servían para emular puntos; por si tenía una herida muy profunda, y unas cremas para los golpes. Por alguna razón sabía que Hibari-san había peleado con gente que le buscaba, cosa que le hizo sentir mal, si le hubiera despertado hubiera ido el mismo a enfrentarlos. Se llevó una mano a la cara, eso era mentira, si por él fuera, evitaría cualquier tipo de combate, especialmente ahora, pero odiaba aún más que la gente se lastimara por su culpa. La puerta del baño abriéndose le hizo salir de sus pensamientos, giró su vista inconscientemente, Hibari salió con sólo una toalla enredada a su cintura, Tsuna regreso su vista al suelo mientras sus mejillas se calentaban, Hibari le dirigió una mirada disimulada al tiempo que entraba a su cuarto.
- ¿por qué me sonrojo? – pensó desconcertado el castaño, respiró profundamente, tenía que calmarse, no es como si nunca hubiera visto a alguien a medio vestir, pero por algún extraño motivo se había puesto muy nervioso cuando vio a Hibari-san con sólo una toalla en su cintura. La puerta de la habitación del moreno se abrió, cosa que le puso tenso, no despegó su vista del suelo hasta que sintió como el moreno se sentaba a su lado.
- por lo general solo ocupo la gasa y la venda – comentó al ver todas las cosas que había sacado Tsuna.
- e-es importante limpiar la herida –
- lo que sea – dijo cansado, apoyó su cabeza en el respaldo del sillón al tiempo que cerraba los ojos. Hibari se había puesto una simple polera blanca y unos pantalones cortos que le llegaban a la rodilla de color negro. Tsuna tomo el suero y vertió una generosa cantidad en un algodón, se giró un poco para mirar al guardián de la nube, preocupado vio como las heridas del moreno habían comenzado a sangrar una vez más. Posó el algodón sobre la lesión de la frente, el contacto con el liquido frio sorprendió un poco al otro chico, Tsuna quito el algodón alarmado – apúrate con eso –
- S-si – limpió la herida con cuidado, luego colocó las tiras que servían como puntos, ya que el corte era algo profundo. La siguiente herida era una que tenia sobre el hombro, con cuidado movió la polera, el moreno había cubierto las heridas que estaban bajo su ropa con los resto de la prenda que llevaba antes, para no manchar las nuevas, limpio la herida y luego la cubrió con una gasa. Respiro profundamente – de forma disimulada – para calmarse, levantó un poco la polera del chico para curar una de las heridas que tenía en su costado, una vez que termino de limpiarla la cubrió con gasa, pero para evitar que se saliera necesitaba vendar la herida.
- Hibari-san, necesito vendar la herida – algo cansado el moreno se sentó derecho, se sentía muy incomodo, el hecho de que alguien se preocupara de curar sus heridas le era raro, pero no desagradable. Tsuna comenzó a vendar el torso del moreno, no sin cierta dificultad, ya que tenía que acercase mucho a él para poder rodear el torso de Hibari, sus mejillas estaban algo encendidas y tenía un poco de vergüenza. Aseguró la venda para que no se saliera, ahora solo quedaba una más. Cuando descubrió la herida se llevó una gran sorpresa, era bastante profunda y fea - ¿Qué te paso? – no pudo evitar preguntar.
- un cuchillo – respondió con simpleza.
- pero… -
- cuando peleas, las heridas son algo común – tomó de las manos de Tsuna el algodón que estaba listo para limpiar esa herida; la cual era la que más le dolía, la limpio con rapidez, obvio la gasa y tomó una venda la cual se colocó de forma ajustada.
- creo que deberías ir al hospital – el moreno le lanzo una mirada de: ¿bromeas verdad?
- y cómo piensas que se las explicaré –
- a bueno… ¿te caíste? –
- eres bastante torpe, ¿lo sabías? – Tsuna bajó su cabeza derrotado. Hibari no pudo evitar formar una sonrisa, sin embargo el cuadro fue roto por unos fuertes y constantes golpes.
- yo voy – se apresuró a ponerse de pie para dirigirse a la puerta, cuando giró la perillas esta se abrió de forma estrepitosa.
- ¡¡Donde están los villanos!! – un grito a todo pulmón descolocó a los ocupantes del lugar.
- si vuelves a gritar de moleré a golpes – dijo enojado Hibari.
- ¿Onii-san? – preguntó extrañado Tsuna.
- ¡¡Sawada!! ¡¡Estas bien!! – volvió a gritar, para molestia de Hibari – ¡¡Hibari!! ¿¡¡Y los malos!!? –
- Hibari ya soluciono todo Ryohei – la voz de Reborn se oyó tras el peliblanco.
- ¡Reborn! – Dino se ganó aún lado del boxeador, en su hombre estaba el Arcobaleno.
- buen trabajo Hibari – el chico miró en otra dirección molesto.
- ¿Qué ha estado pasando? – preguntó Tsuna.
- nos cambiaremos de lugar, tal parece que ya conocen este sitio – habló el rubio.
- ahí explicaremos bien las cosas… Hibari, tendrás que venir con nosotros – habló Reborn.
- no me interesa – se puso de pie.
- lo más probable es que intente atacarte al saberte herido –
- será divertido ver que lo intenten – dijo con autosuficiencia.
- Hibari-san por favor acompáñanos – pidió el castaño, realmente no quería dejarle sólo, en especial después de ver sus heridas. El pelinegro respiro hondo.
- no – y se dirigió a su cuarto.
- Hibari-san… – trató de seguirlo, pero la mano de Dino sobre su hombro se lo impidió.
- este no es el único lugar que tiene Kyoya, estará bien –
- pero… - dijo preocupado.
- lo conoces bien Tsuna, sabe cuidarse –
- ¡pero esta herido! – dijo molesto, Dino sonrió.
- ¿Cuándo eso ha sido un impedimento para Kyoya? – Tsuna miró a los ojos al jefe de la familia Cavallone – confía en él, como siempre lo has hecho – el castaño dudo, quizás estaba exagerando, sabía muy bien que Hibari podía cuidarse muy bien, mejor que cualquiera, pero la imagen del accidente, de aquella persona muerta, venía con insistencia a su mente, cerró los ojos cansado, asintió a lo dicho por Dino, este le soltó.
- vamos – Ryohei fue el primero en salir, seguido del rubio, Reborn se había bajado del hombro de su ex alumno para mirar al castaño.
- Hibari, si no quieres tener a la mitad de los hombres de Dino tras de ti, manda a Hibird de vez en cuando para tener noticias tuyas – Tsuna giró su vista hacia su maestro.
- lo pensaré – la voz amortiguada por la puerta llegó a ellos.
- espero que con eso te quedes tranquilo Tsuna – el chico sonrió.
- Si – se acercó solo un poco a la puerta de la habitación de Hibari – cuídate mucho Hibari-san… nos vemos – sintió un vacio cuando tomó su bolso de la entrada y salía del lugar con una chaqueta que Dino le había dejado, ya que aun estaba con el pijama, realmente no deseaba irse – gracias por todo – dijo en un susurro. Por otro lado dentro de la habitación un moreno estaba acostado en su cama mientras tenía los ojos cerrados y las manos tras su cabeza.
- me estoy volviendo loco – pensó al sentir un vacio en su pecho cuando escucho la puerta cerrarse.
Sonrió contento cuando vio a Gokudera y a Yamamoto recibirlo en aquella gran casona que desde ahora hasta su viaje a Italia sería su residencia. Se había preocupado cuando se enteró de la herida de Yamamoto, pero Gokudera le había quitado importancia al catalogarlo como "una estupidez más de este idiota" a lo que Yamamoto simplemente sonrió. Ryohei con la ayuda de su caja había logrado que la herida cerrara casi en su totalidad, ahora el guardián de la lluvia sólo debía guardar reposo.
Tuvieron una pequeña reunión donde se decidió que, al igual que los viajes en el futuro, dejarían a todos resguardados en un mismo lugar, por lo que el traslado de Kyoko y Haru se haría a la brevedad, por otro lado nada se podía hacer con el grupo de Kokuyo, pero habían logrado entregarles el mensaje de que estuvieran atentos. Nana; la mamá de Tsuna, había sido trasladada por Iemitsu, la escusa había sido unas vacaciones a algún lugar de Japón. Lambo, I-Pin y Futa ya habían sido llevados a la base. Todo esto se hacía en post de prevenir cualquier cosa, era tan solo una medida cautelar, ya que aquellos muchachos ya habían demostrado ser muy fuertes.
- bien, vayamos a descansar, ha sido un largo día para algunos – dijo Dino con una sonrisa, él también iba a quedarse en la base por cualquier cosa.
- sí, mañana tiene escuela… - habló Reborn – no lo olviden, no deben dejar sólo a Tsuna –
- por su puesto – dijo seguro Gokudera.
- así lo aremos – sonrió Yamamoto.
- ¡Aprovecharemos de tener algunos encuentros extremos! – dijo entusiasmado Ryohei.
- no creo que sea necesario, estaré más atento ahora – dijo seguro de si el castaño.
- puede que sea así, pero no sabemos qué clases de trucos puede usar esta gente, ya han roto las reglas, fácilmente pueden hacerlo otra vez – dijo serio Reborn.
- puede ser – dijo cabizbajo Tsuna.
Por algún motivo aquella habitación la encontraba demasiado grande e incómoda, quizás hasta fría y austera. Su vista estaba puesta en el techo, hace ya unas horas que todos se habían ido a descansar, pero él no había podido conciliar el sueño de ningún modo, quizás porque ya había dormido algo en la tarde, o quizás porque el lugar donde se encontraba no lo motivaba a hacerlo, se giró quedando ahora de lado, por el gran ventanal que había en la pieza se podían ver unos rayos de luz, de seguro las nubes se habían dispersado, permitiendo de esa forma que la luna pudiera hacer aparición. Suspiró cansado, sacó cualquier pensamiento de su mente, lo mejor era descansar por si algo pasaba y esta vez sería él que pelearía, de una vez por todas tenía que dejar de huir de las cosas.
No sabría decir donde se encontraba, no reconocía aquella pradera, era amplia y hermosa, era un día cálido y soleado, con algunas nubes ocasionales. Respiró profundamente, era tan relajante ese lugar. En eso sintió como unos brazos le rodeaban y sintió paz con ellos, apoyó su espalda contra el cuerpo que le proporcionaba aquel apoyo, cerró los ojos relajado. Sintió como aquella persona besaba superficialmente su cuello, todo su cuerpo sufrió un escalofrío, pero no se aparto, con cada beso esa persona iba subiendo hasta llegar a su mejilla, ladeo levemente el rostro, lo único que vio fueron unos ojos negros, penetrantes y serios, para luego sentir como depositaba un beso en su mejilla.
Se despertó sobresaltado, ¿Qué había sido eso? Se pregunto consternado, en sus 16 años nunca había tenido esa clase de sueños, no pudo evitar sonrojarse, nunca esperó que su mente le mandara aquella clase de escenas, en especial porque no era el momento ni el lugar para tener un sueño así, no quería pensar en ello y buscar respuesta, porque preguntas habían muchas.
Se puso de pie rápidamente, sin duda lo mejor para estos casos era tomar una ducha. Entró al baño, era amplio y lujoso, parpadeo asombrado, no era de extrañar que Dino tuviera lugares como estos a su disposición. Se quitó el pijama que había estado trayendo desde ayer, ahora que lo pensaba, tendría que lavarlo para poder devolvérselo a Hibari-san. A sus mejillas un nuevo sonrojo acudió, por algún motivo no podía dejar de pensar que la persona que le había abrasado en su sueño había sido el moreno. Sacudió la cabeza, no podía ser eso, claro que no, abrió la llave del agua caliente, esperó a que se temperara lo suficiente, cuando estuvo lista dejó que su cuerpo se empapara con las gotas de agua caliente.
Por otro lado, un chico de cabellos algo largos de color blanco iba gruñendo. No, si al parecer no habían querido dejarlo dormir aquellos molestos mocosos, bueno quizás Futa sí, pero Lambo e I-Pin se habían tardado mucho en irse a dormir, tal parecía que Romario no había sido lo suficientemente estricto y esos mocosos habían conseguido sacarle algo de glucosa para su ya hiperactivo organismo. Él, por mala suerte del destino, había sido el primero en tener que cuidar a los niños. Tenía sueño y hambre, así que ahora iba a la concina, antes de que algo más pasara que arruinara su día.
- Hola Gokudera – quizás, sólo quizás, había hablado muy pronto.
- no estoy de humor – y paso de largo a Yamamoto quien no pudo evitar reírse, conocía muy bien el porqué de la actitud de su amigo.
- ¿tuviste problemas con los niños? –
- esos no son niños, son monstruos – entraron a la cocina, para su sorpresa pudieron ver que el desayuno estaba listo y servido, sin embargo no había nadie en el lugar.
- genial, muero de hambre – Yamamoto tomó unas tostadas a las cuales colocó queso y se sirvió un vaso de jugo. El peliblanco se limito a coger una manzana.
- ¿no comerás nada más? –
- no me apetece nada más – el chico parpadeo preocupado.
- con razón estas tan flaco – por su comentario recibió una mirada afilada de su compañero.
- no te importa –
- claro que lo hace – dijo con una sonrisa – eres mi amigo – el peliblanco se removió incomodo, no existía la necesidad de consumir su alimento cerca del otro individuo, por lo que planeaba irse del lugar, pero al parecer el otro muchacho había anticipado su retirada del lugar, porque le tomó de la muñeca para acercarlo a la mesa.
- enfermaras si no comes bien, además que tienes ese pésimo habito – dijo serio – no te dejare marchar hasta que comas mejor –
- ¿Quién te crees que eres? – dijo enojado al tiempo que se soltaba – no eres nadie para obligarme a comer –
- para tu desconformidad – Gokudera se sorprendió de lo serio que se había puesto Yamamoto – soy más fuerte que tú, no dejaré que te muevas de aquí… - luego de ese breve lapso la sonrisa del pelinegro regreso – ahora, ¿Qué vas a comer? – el peliblanco parpadeo tratando de asimilar lo reciente, el chico frente a él parecía tener una doble personalidad, porque no entendía el cambio tan brusco que había sufrido.
- Gokudera-kun, Yamamoto… Buenos días – el alegre saludo de Tsuna disipo el pesado silencio del lugar.
- Buen día Tsuna – saludo alegre el guardián de la Lluvia.
- buenos días Décimo – dijo algo descolocado Gokudera quien no dejaba de mirar a Yamamoto.
- ¿Sucede algo Gokudera-kun? –
- no, nada, sólo que hay idiotas más idiotas cada día – regresó a su usual postura, no dejaría que ese sujeto le intimidara.
- ¿eh? – dijo sin entender el castaño.
- jajajajaja – Yamamoto simplemente rio ya que sabía que el castaño lo decía por él.
- ¡¡tengo hambre al Extremo!! – así la mañana continuo.
Su llegada a clases había sido normal, dentro de lo que cabe, si vas con un grupo de gente como en el que iba Tsuna, es difícil describir la palabra "normal". Habían llegado justo a la hora por lo que no había tenido la oportunidad de hablar con Kyoko y decirle lo que estaba sucediendo, lamentaba el tener que involucrar a las chicas una vez más. Pero sabía perfectamente que esto se repetiría cada vez que algo no estuviera bien en su nuevo mundo.
La hora pasó más rápido de lo que pensaba, tenía muchas ganas de ir a buscar a Hibari y saber cómo se encontraba, pero debía solucionar unos problemas antes que nada. Guio a Kyoko a la sotea del edificio, estuvo reticente a ir a ese lugar, pero era el más seguro para hablar.
- ¿Qué sucede Tsuna-kun? – preguntó una vez que estuvieron solos.
- … - el chico primeramente suspiro cansado, ese fue el indicativo para la chica de que las cosas no estaban bien –hay problemas Kyoko-chan – dijo culpable.
- ¿es sobre tu mundo? –
- Si – el chico procedió a contarle todo lo sucedido en los últimos días, la chica le escucho atenta, sus ojos mostraban absoluta compresión – lamento que tengan que pasar por esto una vez más… -
- no te preocupes Tsuna-kun – dijo con una sonrisa – es halagador que seamos personas importantes para ustedes… es inevitable, sólo espero que todos estén bien –
- lo estaremos… - dijo poco convencido.
- ¿Hay otra cosa que te moleste Tsuna-kun? – el chico parpadeo confundido, habían muchas cosas que le preocupaban, pero no tenía ánimos de hablar de eso.
- nada Kyoko-chan – dijo con una sonrisa, la chica le devolvió la sonrisa.
- cuando quieras hablar de eso estaré aquí para escucharte – algo cálido se formo en el pecho de Tsuna, y supo, sin duda alguna, que Kyoko sería su mayor apoyo y guía en su vida, como su mejor amiga.
- gracias Kyoko-chan –
El descanso pasó demasiado rápido, así que la siguiente clase dio comienzo. El profesor dictaba su materia sin importarle los problemas que los demás tenían, no le interesaba saber si Yamamoto estaba realmente poniéndole atención, o si Gokudera había realmente anotado lo que dictaban, tampoco le importaba si Sawada se quedaba atrás con el dictado. Nada de eso importaba, sólo quería irse a casa y descansar, relajarse con su dulce esposa y sus hijos que de seguro le estarían esperando como era costumbre.
- bien, dejaremos el tema hasta aquí – dijo sin ánimos el maestro, muchos sonrieron entusiasmados – pueden salir a tomar su descanso… mañana tendremos unos talleres, así que procuren repasar la materia – a muchos no les interesó lo dicho, simplemente salieron del lugar.
- Décimo ¿vamos a comer? – se acercó Gokudera al puesto de Tsuna, quien guardaba sus libros.
- ¿eh? Lo lamento Gokudera-kun, hay algo que tengo que hacer ahora – dijo un poco apurado.
- ¿A dónde irá? Recuerde que no podemos separarnos de usted – dijo preocupado.
- lo sé, pero es importante, no pasará nada, no saldré de la escuela –
- pero… -
- déjalo Gokudera… debemos confiar en él – decía Yamamoto al tiempo que se acercaba a ellos – así que… -y coloco uno de sus brazos sobre los hombros del peliblanco - ¿Por qué no vamos a comer? – y sin esperar respuesta comenzó a jalar al chico.
- Hey, sueltamente cabeza de grafito… ¡¡suéltame!! – ambos se fueron entre los gritos de Gokudera. Tsuna rio divertido, por algún motivo Yamamoto siempre conseguía lo que se proponía con respecto al peliblanco.
- bien… ahora, a buscar a Hibari-san – dijo decidido.
Recorrió los pasillos de la escuela, pero no había encontrado nada, se dirigió a la biblioteca, pero tampoco encontró ahí, la sotea estaba desierta y el comedor atestado de gente, por lo que dudaba que estuviera ahí. Sólo le quedaba un lugar, camino entre los pasillos. El día estaba despejado, con algunas nubes en el cielo, pero que no opacaban al sol que templaba el día.
Dobló a la izquierda en el siguiente pasillo, se sorprendió de ver a Kusakabe-san saliendo de la oficina del comité de disciplina, era su oportunidad para preguntar por Hibari-san.
- Kusakabe-san – lo llamó, el mencionado se giro extrañado, por lo general a los del comité casi nadie les hablaba por miedo y no era como si le molestara, más bien lo agradecía, pero, que de entre toda la gente haya sido el asustadizo de Sawada lo extraño aún más.
- ¿Qué quieres? – el tono utilizado era serio y hasta aterrador, Tsuna retrocedió un poco, pero después trato de reponerse.
- ¿Sabe dónde está Hibari-san? – el otro muchacho alzó una ceja extrañado, nadie, absolutamente nadie preguntaba por su líder. Dudó seriamente de responder, ¿búsqueda de una pelea? Lo dudaba, el chico era demasiado débil para ser un enemigo a temer, ¿una broma? Tampoco, ya que parecía que estaba ocupando todo el valor que había almacenado por años para hablarle, ¿una trampa? No encajaba con el perfil del castaño.
- no vino hoy – respondió con la verdad, después de todo si algo pasaba, Hibari era muy fuerte, y ellos de seguro le protegerían.
- ¿¡Por qué no vino!? ¿Se encuentra mal? – la genuina preocupación que se escucho en la voz de Sawada sorprendió al chico, parpadeo sorprendido, y sonrió de costado, así que este debía ser el chico al que Hibari le dejo un mensaje.
- así que eres tú – dijo divertido.
- ¿eh? –
- Hibari dijo que lo más probable era que algunos incordios vendrían a preguntar por él… me dijo que les dijera lo siguiente: "Si creen que soy tal débil merecen que les muestre mi fuerza, los morderé hasta la muerte si se atreven a venir a asegurarse que estoy bien" … eso es todo, típico de Kyo-san – tal parecía que ese castaño de alguna forma era importante para su jefe, el nunca se ha molestado en dejar un mensaje para alguien, por lo menos no uno que no sea sobre su muerte a manos de él. Sonrió contento, tal parecía que había alguien que se preocupaba genuinamente de su líder y que no era dentro del aquel grupo que le ha conocido toda su vida y que sabe perfectamente el porqué de su personalidad y forma de ser.
- entonces… ¿está bien? – dijo con una nota de alivio en su voz.
- hoy no vino porque se iba a cambiar de departamento… no nos dijo mucho sobre el asunto, solo que unas cucarachas le habían atacado pero que ya las había aplastado – Tsuna rio nervioso, la manera que tenia Hibari-san de expresar las situaciones eran un poco escalofriante.
- Muchas Gracias Kusakabe-san – el chico una pequeña reverencia.
- ¿Quieres dejarle un mensaje a Kyo-san? –
- ¡No!... así está bien… - el vicepresidente del comité de disciplina sonrió cuando el castaño se alejó del lugar.
Hibari había terminado de instalarse en otra de sus viviendas, odiaba de sobremanera tener que ir de un lugar a otro, no tenía la menor intención de que gente externa a él supiera donde quedaba su refugio, por lo que siempre hacia ese trabajo solo. Cogió la última caja, era casi puros libros. Se acercó a la repisa que estaba cerca de su cama, los colocó uno a uno y en orden alfabético, siempre le había gustado el orden.
- Hibari – Hibird se posó sobre la cabeza del pelinegro quien no detuvo su tarea – Hibari… Tsu-Tsu – aleteo como tratando de llamar la atención del chico.
- ¿Tsu-Tsu? – dijo extrañado.
- Tsu – y se posó en la ventana.
- ¿Quieres salir? – se acercó a la ventana dispuesto a abrirla, pero detuvo su acción cuando por la calle que estaba frente a su casa, vio al castaño quien iba junto a sus dos amigos.
- Tsu – aleteó nuevamente.
- … – se enderezó sin dejar de contemplar la figura de Sawada. Hibird se posó en la cabeza del pelinegro mirando también la ventana. Sonrió cuando vio al castaño caer por haber tropezado con algo. Abrió la ventana permitiéndole al avecita salir. Vio como iba en dirección al castaño.
Tsuna se sobaba la cola debido a la caída, debería estar acostumbrado, pero aún no entendía el porqué era tan torpe, Gokudera le había ayudado a ponerse de pie apenas le vio caer y Yamamoto había reido divertido, por lo que ahora presenciaba la discusión que había comenzado el peliblanco. Parecían ideas suyas, pero sentía que los ánimos entre Yamamoto y Gokudera estaban más tensos que antes, el peliblanco trataba de alejarse del moreno o trataba de pelear con él.
- ¡Eres un irresponsable! – gritó el chico de las bombas.
- vamos, cálmate – reía el otro chico. Tsuna rio divertido.
- Tsu-Tsu – la fina voz de alguien llamó la atención de los tres. Tsuna giró su vista contento, conocía esa voz.
- Hibird – el ave se poso en la mano extendida del castaño.
- ¿el ave de Hibari? – dijo Gokudera – pensé que sólo a él le dejaba tocarla -
- es realmente pequeña – señalo Yamamoto. Tsuna rio ante los comentarios de ambos. Con su vista comenzó a recorrer los alrededores, buscando señales del moreno, pero no vio nada.
- ¿Dónde está tú amo? – preguntó.
- Tsu-Tsu – aleteo contento, pero no dio indicios de levantar el vuelo.
- lo imagine – rio divertido.
- ¿Décimo? –
- jajaja… supongo que Hibird nunca guiaría a alguien con Hibari… ya sabes, fue él quien la entreno – comenzó a caminar con el avecilla en sus manos, la cual comenzó a cantar el himno de la escuela, haciendo que la sonrisa del castaño se extendiera.
A lo lejos, en una de las ventanas del tercer piso de uno de los edificios cercanos, un moreno contemplo al trío irse, suspiro algo consternado, tendría que comenzar a pensar algunas cosas que habían comenzado a pasarle por la mente. Se sentó en su cama y cogió un libro de la caja, se acostó y elevo el escrito a sus ojos. Era un diccionario, era hora de resolver el pequeño acertijo que se había dejado así mismo.
- Croce… ¿Cruz? – la palabra en si no le decía mucho. Cogió un lápiz que estaba en el suelo y ralló una de las hojas del diccionario, dibujando una cruz. La miró unos segundos, pero nada venia a su mente, se sentó dejando el libro sobre la cama. Se puso de pie, mejor terminaría de ordenar su nueva vivienda, se inclinó a tomar el libro, pero se detuvo de golpe, al dejarlo en la cama este había quedado en una posición diferente. La cruz que antes había dibujado se había transformado en una equis.
"+"
"X"
- una X… un diez… - fijó su vista en la ventana - ¿Sawada Tsunayoshi? – susurró al tiempo que su vista se perdía en la ventana.
Continuará….
Holas, Holas... bueno, me costó un poco sacar este capítulo, en realidad ya lo había terminado hace unos días y comencé a escribir el siguiente, y en una de mis visitas por acá me fije que no lo había subido.... error mío :3
Pasando a otro tema, ¿qué les pareció este capítulo? Espero que les haya gustado, bueno, las cosas poco a poco ha comenzado a cambiar, ya pronto las cosas darán un buen giro.. o quien sabe :3...
Otra cosa, supongo que se habrán percatado de los nuevos personajes que han aparecido, a pesar de todo, no tengo mucho ánimo de incluirlos, lo aclaro altiro, ya que sólo han salido por unos capítulos y no conozco en casi nada su personalidad.
Cualquier sugerencia es bienvenida, a todo esto, ando un poco apurada, así que lamento no poder colocar los nombres de las personas que me dejaron review, pero créanme que les estoy muy agradecía, nos vemos en el próximo capitulo.
Bye bye
