Disclaimer: Saint Seiya NO me pertenece a mí sino a ese ser superior que es Kurumada.
Advertencias: ...
Pareja/Personajes: DM de Cáncer x Aioria de Leo – Shura de Capricornio x Aioros de Sagitario – Afrodita de Piscis x ¡¿?!
Acotaciones:
Las especificaciones están en la primera página :D
Él lo sabía
CUARTO ACTO: La parranda.
Shura nunca supo qué palabra exacta del discurso que el cangrejo le dio fue la que lo motivó a darle más vueltas de las merecidas a ese asunto en particular. Al menos, más de las necesarias o las consideradas normales, tomando en cuenta que él de por si era un hombre muy pensativo y ese mes no había hecho más que pensar y pensar. Sin embargo, fue desde esa conversación para con el dichoso crustáceo de pacotilla que no había podido conciliar el sueño, ni siquiera con una botella de alcohol.
E increíblemente, tampoco sirvió la segunda, ni la tercera, pero para la cuarta, cuando comenzó a experimentar los efectos pocos deseables del vicio, es que decidió parar. ¡Él era un respetable santo de la orgullosa orden de Athena! Estos problemas de adolescentes, desde su perspectiva, tenían que terminarse, pero de una vez, y personalmente no estaba dispuesto a pasar ni un día más tirado en el piso de su templo, a merced y paciencia de cualquier colega o doncella que pasara por la décima casa zodiacal y lo encontrara en esas patéticas condiciones. No iba a prestar su pulcra y estirada persona para esa clase de cotilleos. Estaba seguro que sí se lo proponía, era capaz de solucionar las cosas en un parpadeo, de paso el resto de su vida y, con ello, su vicio juguetón con el alcohol sólo estaría presente en sus más recónditos pensamientos y pasaría a ser un recuerdo del pasado del que se jactaría con sorna cuando fuese un anciano senil con el ceño más fruncido, de ser eso viable, que en la actualidad.
Entonces, decidido a que lo haría, es que se puso de pie sin siquiera preocuparse de estirar las mantas, salió de sus aposentos con la violencia de un tren descarrilado, la vehemencia de una tormenta y dio unos sonoros pasos que hicieron retumbar la tierra. Pero, cuando estaba a punto de poner un pie en el escalón y así dar, metafóricamente, el primer paso que lo llevaría a la liberación y paz mental, se detuvo en seco, se dio media vuelta y se volvió a meter en su templo.
¡Demonios! ¿Pero qué clase de estúpido era? No es como que pudiese ir a declararle a su asesinado todos los sentimientos que tenía dentro, por el contrario, tenía que pensarse las cosas con calma primero y averiguar qué tan cierto era ese chisme mal intencionado con el que Death había plantado la duda y despertado el peligro. Pero… Pero… Literalmente, ¿con qué cara podía siquiera pasársele por la cabeza ir a pedirle un segundo miserable de atención al siempre angelical Aioros?
Miró su semblante ojeroso en el espejo y en un solo, simple y sencillo vistazo se dio cuenta, una a una, de cada imperfección que se perfilaba en su rostro por el cansancio, se percató de sus ojos hundidos por culpa de los días en que no concilió el sueño y de paso a causa de los días en que lo hizo en exceso, reparó en su palidez demencial y en su rostro demacrado por la preocupación.
De hecho, le pareció que de pronto notaba un sinnúmero de peculiaridades más que no vale la pena mencionar en esta narración, pero que necesitaban ser corregidas a la brevedad si lo que pretendía era presentarse esa misma tarde en el noveno templo, por lo que las enumeró una a una mentalmente y cada vez acercándose más y más al espejo.
El problema es que de todas, pero todas las cosas que el caballero de capricornio notó en esa espontanea revisión a su persona, reparó en una que NECESITABA, con mayúsculas, corregir en ese preciso momento, ni un minuto menos y ni un minuto más. Fue por ello que con esa determinación rara, terca, terrible y temible con la que sólo cuentan las cabras, es que acercó inhumanamente el rostro al espejo que colgaba en la pared del tocador, irguió un par de dedos punzantes y sin pensárselo demasiado los llevó hacia esa curvatura que reposaba de manera eterna, constante y a tiempo completo en su entrecejo en la forma de un ceño.
Dio un suspiro de suspenso, contuvo la respiración y con fuerza, firmeza y severidad dirigió sus dedos hacia arriba y hasta deshacer la frunción de sus cejas por completo.
Fue así que, sintiéndose finalmente satisfecho con su reflejo, se dio una ducha, se vistió, perfumó y se plantó en sagitario con una determinación que asemejaba a la de los desastres naturales cuando se empecinan en aparecer de improviso y sin invitación.
Encendió su cosmos y carraspeó, el resto únicamente consistiría en esperar.
…
No supo exactamente cuánto tiempo estuvo en ascuas en el noveno templo, con las piernas rectas, el perfil recio y la espalda tan, pero tan rígida que cualquiera que pasara y lo viese en esa posición creería que el pobre, pobre hombre seguramente tenía un palo metido en el trasero y hasta la saciedad.
Aunque no es cómo que importara, Shura estaba dispuesto a esperar una eternidad de ser necesario, pasara lo que pasara, sin dudarlo, ni discusión o pero que valga. Sin importar que de cuando en cuando se le cerraran los ojos y estuviese a punto de quedarse dormido por el estrés, el sueño acumulado y estarse demasiado quieto por tanto tiempo.
No. No. No. ¡No iba a moverse de allí! Estaba decidido y no iba a cambiar de parecer, ni siquiera porque se desatara la próxima guerra santa o porque la diosa en persona se lo pidiera. Espera. Espera. Tal vez por la segunda… ¡NO! Basta con esa mentalidad o de lo contrario nunca, pero nunca y jamás iba a solucionar las cosas con el sagitario.
El que, por cierto, iba a aparecer en cualquier momento. Estaba completamente seguro de ello. Sí. En cosa de segundos. Sí. Estaba ciento por ciento seguro de eso. Claro.
¡¿A quién quería engañar?!
Aioros no iba a asomarse ni para saludar, seguramente porque no tenía ni la más mínima intención de encontrarse con él y porque con su sola presencia en sus aposentos lo estaba incomodando e inquietando y prácticamente siendo la molestia que siempre-siempre era para con el castaño.
Ojala del cielo le hubiese caído un rayo que no dejara rastros de su presencia en la novena casa y de paso lo salvara de la vergüenza de nuevamente ser un estúpido de esos que no se pueden arreglar.
Shura miró furtivamente a su alrededor, como para asegurarse que ningún compañero de armas se encontrara observando el espectáculo, y cuando estaba a punto de dar la vuelta, volver desde dónde venía y pretender que eso no había pasado y nunca había estado de pie allí para empezar, es que se le ocurrió pensar que en una de esas, existía la remota posibilidad, la remota probabilidad, el remoto grado de esperanza que el griego no supiese de su presencia porque la gente que es así de benevolente y bondadosa resulta ser igualmente distraída y despistada.
Fue por ello que con el cosmos ya encendido decidió elevarlo un tantito más y carraspear con más determinación.
Al principio en voz baja, pero conforme pasaban los segundos es que se puso a carraspear con más intensidad e inspiración.
De hecho, cualquiera que lo hubiese visto en ese momento hubiera presenciado que el santo de capricornio estaba a punto de sufrir uno de los más colosales e impactantes ataques de tos de la historia. El problema es que de todas, pero todas las personas que se le ocurrieron pasar precisamente por ese templo, el que pasara tenía que ser precisamente: DeathMask.
-Vete. No estoy de ánimo-respondió el español a una pregunta que aún no le habían hecho, con la garganta rasposa por culpa de tanta carraspera.
Death se detuvo al instante, lo miró de arriba hacia abajo y sin importarle la defensiva con la que lo recibió el capricornio es que rodó los ojos y se encogió de hombros.
-Meeeh. Yo que pensaba ir a verte porque te estaba extrañando tanto que no pude esperar que terminaras tus cosas pendientes con tus camioneros y tus camiones.
Shura le contestó con una mueca. De esas que uno no sabe si es de alguien con una psiquis agotada, carcomida por la preocupación, la culpa y el arrepentimiento eterno o si es la de alguien que está a punto de cometer un asesinato y arrojar el cadáver por la zanja más cercana. Para ser sinceros, parecía más la segunda. Death, para suerte de la cabra, era un experto conocedor precisamente de esas caras, por lo que sonrió de oreja a oreja y se apoyó contra uno de los pilares.
-Si estás esperando al arquero… Te recomiendo que te sientes a riesgo de que se te meta más la arena que tienes en el culo porque no está y tiene para rato.
-¿Tú cómo lo sabes?-inquirió el décimo dorado, seco y con el desconcierto y desconfianza de que nuevamente el italiano sabía cosas que él ignoraba por completo.
Le pareció eso sí que Death se pensó la respuesta a esa pregunta, porque no contestó de inmediato como era su costumbre y porque sus cejas inmediatamente se curvaron en una especie de ceño que únicamente estuvo allí por una fracción de segundos. Shura no le prestó demasiada cabeza a esa serie de detalles, ni le pareció lo suficiente relevante para preguntar o como para sumar dos más dos. Tal vez ese fue uno de los errores más estúpidos que cometió en esta seguidilla de errores sin sentido, por lo que lo dejó pasar como otra manía extraña en la personalidad estrambótica del caballero de cáncer de la que no se había percatado con anterioridad hasta ese preciso momento. Tal vez… Tal vez… Si no hubiese desechado esa duda con tanta facilidad, se hubiese dado por enterado de una cosa que ni siquiera el primer involucrado se había dado cuenta por si mismo. Pero eso aún no será importante en esta narración, por lo que sigamos sin más interrupciones…
-Baaah, cuento con mis medios-contestó finalmente el cangrejo, poniendo cara de desinteresado mientras que con el dedo meñique comenzaba a rascarse la oreja.
Shura miró el interior de la novena casa, impasible e imperturbable en sus expresiones, pero con la clara intención de ir corriendo para verificar la información valiosa que le estaba entregando su compañero, a pesar de que el hecho de que estuviese precisamente en ese sitio, esperando para solucionar el pasado y demases y que esa fuese la misma razón por la que no hablaba con el susodicho, le dificultaba un montón las cosas.
-Si no me crees, trata de encontrar su cosmos y vas a ver que su culo no está cerca de aquí ni a unos cien kilómetros a la redonda-agregó el crustáceo, arrojando un restito de cerilla al suelo y acomodándose con una sonrisa retadora.
Shura estuvo a punto de hacerlo, pero a una parte en su interior se le ocurrió pensar que era probable y era posible que eso fuese lo que el cáncer quisiese que hiciera, por lo que hacer lo que él quería que hiciese era seguirle el amén a sus estupideces y eso en su experiencia era sinónimo de un sinnúmero de problemas, por lo que resistió el monumental impulso y regresó su mirada al italiano.
-¿En dónde está?
-¿Eh?
-¿En dónde está?
Death primeramente pensó en decirle la verdad, porque mentirle no le sumaba a su situación así justamente cómo estaba en ese momento, pero al percatarse de la insistencia del español al preguntar, que rayaba un poco en la desesperación, un poco en la demencia y un poco más en ser la razón por la que el décimo dorado estuviese a punto de reventar, es que recordó el plan del pececito y se le ocurrió una maldad de improviso.
-No sé, supongo que salvando al mundo y reviviendo animalitos-dijo, tratando de contener el impulso de vomitar que la imagen le causaba. Shura no contestó, sus ojos se posaron en un punto imaginario e invisible en el piso, como si de pronto, uno a uno, cada uno de sus pensamientos le turbara enormemente.
Death lo observó por un instante y enseguida despegó su espalda perezosamente del pilar, para acercarse al español.
-Pero, ya que estás aquí y ya que yo estoy aquí… ¿Por qué no vamos al pueblo a tomar un poco de aire?
El cangrejo era un ser sumamente convincente, hablaba con ese tono de voz que servía para estafar, para envenenar y para meterse en problemas, porque no existía un punto medio y su timbre parecía contagiarlo a uno de esa sensación divertida, adrenalinica y adictiva que viene como un plus acompañando los pecados.
Pero Shura era un capricornio, y como cualquier cabra que se precie de ser una, era pesado, insoportable e intransigente como pocos signos en el santuario, por lo que sin demora es que contestó, sin cambiarle ni una expresión en la cara, con un seco y ultratumbesco "No".
El crustáceo frunció el ceño, porque después de tantos, pero tantos años seguía sin entender al español y porque estaba seguro que no lo iba a entender ni aunque se pasara intentándolo por los siglos de los siglos de la eternidad.
-¿Entonces…? No me digas que pretendes pasarte el resto de tu existencia esperando que regrese, porque podrías aprovechar de inscribirte en una academia de obediencia a ver si en una de esas alcanzas a que te enseñen a traer las pantuflas y el periódico para cuando vuelva.
Shura no contestó enseguida, sus ojos se desviaron desde ese punto desconocido a cualquier sitio en dónde no se encontrara con los del santo de cáncer, porque de repente se sentía patético, ingenuo, perdedor y sumamente miserable.
¿Por qué? Justamente cuando conseguía reunir, gramo a gramo y grano a grano, la valentía necesaria para ir a enfrentarse cara cara con el guardián de la novena casa, resultaba que no lo encontraba. ¿Por qué? ¿Es que los dioses se estaban confabulando en su contra para divertirse cruelmente a costa de su persona? ¿De todos, pero todos los días en que Aioros pudo no estar, tenía que, precisamente, no estar ese día en particular? DeathMask, por su parte, como que se compadeció y como que se le cruzó por la cabeza sacarle partido a la situación de la cabra, porque mal que mal, más difícil era arrastrar al pueblo por unas cervezas a un Shura enojado que a un Shura triste y patético.
-Si es que de casualidad resultara que en una de esas está con Saga… No sé, como que no va a servirte tratar de solucionar las cosas. Ni desvivirte y desgastarte esperándolo… Si es que supuestamente regresa. Si sabes a lo que me refiero.
Fue con ese argumento, preciso y conciso que lo convenció.
…
No estaban tan borrachos, pero aún así iban caminando abrazados, hombro con hombro, entonando una alegre canción de bar mientras salían de uno cercano. A pesar del tiempo que estuvieron allí encerrados, tampoco era precisamente tarde, por lo que su impetuosa salida del local y su animoso, pero tambaleante caminar provocó que un par de mamás preocupadas le cubrieran los ojos a sus retoños.
Shura era el que iba más pasado, por lo que más que ir abrazando al italiano iba arrastrando sus enormes patas de cabra mientras trataba, terca, testaruda y torpemente, de meterse un par de servilletas arrugadas y pintadas con lápiz labial en el bolsillo sin éxito. Death se preguntaba cómo era que el estúpido tenía tanta suerte con las mujeres, considerando que era cómo era y que parecía que no se preocupaba por la existencia de ningún ser vivo que no fuese su bondadoso, perfecto, angelical y asesinado Aioros en persona.
Como dijimos en el primer párrafo, no era tan tarde y era sábado, por lo que un montón de pendejos corrían sueltos por las calles sin ninguna supervisión y, para variar, como era fin de semana de franco en el santuario, divisaron un montón de caras que aprovechaban de su descanso de maneras curiosas y variadas. No saludaban a ninguno, porque ni capricornio ni cáncer eran precisamente seres sociables y porque en el santuario sólo se soportaban entre ellos mismos, por lo que fue una sorpresa más o menos grata el que DeathMask parara en seco en el momento en que le pareció reconocer entre la multitud su ceño fruncido favorito de todos los tiempos.
Shura iba distraído con sus servilletas que, tratara cómo tratara, parecían no querer entrar ni quedarse en sus pantalones, por lo que ni se dio por enterado de lo que pasaba ni siquiera cuando el cangrejo lo soltó y de un empujón provocó que trastabillara un poco, pero no es como que importara, porque sea lo que sea que captó la atención del crustáceo estaba seguro no iba a ser de su interés, por lo que continuó entretenido con sus estupideces. Death, por el contrario, en cuanto consiguió deshacerse del peso muerto que el protuberante calce de cuarenta y cinco del español representaba, comenzó a abrirse paso entre niños, familias y demases para mirar de cerca y asegurarse que no era un espejismo ni una alucinación a causa del par escueto de cervezas que se sirvió.
Pero no, no lo era y la simple y sencilla realización de ello le sacó una sonrisa de oreja a oreja que estaba a punto de salírsele de la cara, por lo que impulsivamente dio un paso hacia el peligro y desbordando intenciones dudosas hasta por si acaso. De hecho, su sonrisa era de esas que el capricornio conocía de memoria, porque sabía que atraían problemas y eran sinónimo de pleitos y madrugadas en prisión, por lo que en cuanto al susodicho se le ocurrió mirar a su compañero y se percató de la presencia de esta en su rostro es que parpadeó y se disponía a detenerle, o al menos a preguntarle qué pasaba, cuando el italiano ya estaba metiendo sus cuatro pares de patas hasta el fondo del acelerador y los conducía a una curva hacia el final del camino.
-¡Hey, gato, con esa gloriosa vista que me estás enseñando de tu culo cualquiera se entusiasma!
A Shura le pareció que sucedió en cámara lenta, porque le costó un montón lograr que sus ojos se despegaran del cáncer y se dirigieran a sea lo que sea a lo que le estaba gritando con tanto entusiasmo. El problema es que cuando se dio cuenta de que, efectivamente, enfrente de ellos se encontraban el par de hermanos griegos, le pareció que la borrachera se le pasaba de golpe y, de hecho, sintió que las cervezas que se le habían subido a la cabeza se le bajaban de un porrazo e iban a metérsele directo y derechito en el culo, porque como un resorte es que se paró recto, con la espalda sin encorvar y en perfecta posición militar.
Un par de señoras al escuchar el griterío empezaron a susurrar que esos no eran espectáculos para niños pequeños y que ojala que estuviesen cerca o de patrulla los santos de oro de la orgullosa orden de Athena, porque esos sí sabían comportarse como caballeros y porque le serviría un certero y claro escarmiento a ese par de perdidos y escorias de la sociedad.
El comentario no pasó desapercibido para la persona a la que iba dirigido, porque no pasó demasiado tiempo para que, arrojado el anzuelo, el cuarto custodio tuviese a la presa a punto de írsele encima, avanzando a enormes zancadas en su dirección, tanto así que no sirvió el débil pedido del sagitario para que se detuviese. Hoy seguramente era su día de suerte, pensó DeathMask, porque en una de esas Aioria estaba de malas desde un principio.
-¿Qué dijiste?
-Tú sabes lo que dije, no me digas que aparte de gorda, también estás sorda, gata tonta.
-¿Qué-dijiste?
Al repetir la pregunta, el quinto custodio rechinó un poquitito los dientes, pero sin querer y a un paso de perder la paciencia.
-…Aioria...-comenzó Aioros, pero el menor lo detuvo, dirigiéndose a él sin mirarlo por completo.
-No. No. Es que de verdad me interesa que me diga qué es lo que dijo, pero en mi puta cara…
-Tú escuchaste qué es lo que dije, o me vas a decir que viniste hasta aquí sólo para que te lo repitiera o para verme más de cerca, hahaha.
El español contuvo el deseo de darse en la cara con una mano y, de paso, darle un puñetazo a ese vil cangrejo de las pelotas, cuya sonrisa únicamente podía pertenecer a una criatura salida del infierno, porque de lo contrario no se explicaba cómo una persona sana podía disfrutar tanto de esa manera de ir arruinándole el día a los demás como parecía que disfrutaba el crustáceo desgraciado de ello.
Aioria estuvo a punto de írsele encima al italiano con esa respuesta, porque no existía cosa que le irritara tanto en el universo entero que la risa del estúpido este que vivía a un templo abajo del propio, pero contuvo la respiración y entrecerrando los ojos tuvo, de hecho, la delicadeza de mirar a su alrededor y de asegurarse que no hubiese demasiados niños deambulando cerca de ellos.
-¿No lo repites? ¿Es porque no puedes o porque crees que te crecen más las pelotas por gritarlo a la distancia en vez de decírmelo a la cara?
Esta vez fue el turno del cáncer de fruncir el ceño, pero no dejó que esas palabras lo incordiaran y tratando de mostrarse impasible y desinteresado es que se acercó al otro dorado e invadió su espacio personal con una sonrisa renovada, de esas que parecen estar sinceramente hechas de maldad y de sacrificios humanos.
-¿Es en serio eso que quieres que te lo repita?
-Sí.
-¿En serio?
-Sí.
-¿En serio? ¿En serio? ¿En serio?
Aioria estaba muy cerca de perder la paciencia, muy, pero muy cerca, tanto que le parecía que se le crispaban los dedos de los pies, pero una parte de él estaba haciendo hasta lo impensable por intentar mantener la calma, porque mal que mal estaba en presencia de su hermano y no pretendía que durante las primeras semanas desde su regreso lo viese darse de puñetazos y patadas en el suelo con uno de sus compañeros y camaradas de armas.
-Te voy a meter mi puño por dónde no te llega la puta luz si no me lo dices en este puñetero momento.
Shura estaba en una especie de estado catatónico, principalmente porque justamente allí, a un par de pasos de su insignificante, indigna y miserable persona se encontraba… Él. Su Aioros. No. Errr. No. Aioros simplemente. Aioros a secas, solo Aioros. Aioros sencillamente. Aioros sin ningún pronombre posesivo en su nombre. Aioros. Aioros. Aioros. El que estaba tan, pero tan cerca de él, pero se sentía a tantos cientos de cientos de metros de distancia.
Está de más decir que Shura trataba de no mirarle, así que permanecía con la ojos pegados en ninguna parte en particular y no necesariamente en la pelea que estaba pasando enfrente de sus narices, claro que en determinado momento como que lo observó por el rabillo del ojo y como que se le ocurrió que Aioros más que estar pendiente de él, parecía preocupado por su hermano.
Shura se sintió mal, bien bien, concordemos que esa era una sensación común para el español, pero al mirar la expresión de pesadumbre en el rostro del arquero es que sintió una enorme sensación de desesperanza y desolación embargarle. Aioros solamente merecía felicidad. Si le diesen a escoger a una sola persona en el universo para encerrar en una caja en dónde fuese inútil dañarlo y en dónde fuese imperioso que sus deseos se cumplieran… Siempre. Siempre. Siempre, escogería a Aioros.
Tal vez fue motivado por ello que cuando vio al guardián de la cuarta casa sonreír, relamerse los labios y estar a punto, a punto de pronunciar muy lentamente el resto de sus palabras es que un sentimiento de responsabilidad y culpa lo remeció.
-Tú puedes comprobar el tamaño de mis pelotas cuando gustes, gatit…
-Déjalo en paz-sonó incómodo e inoportuno. Carraspeó y miró para otra parte. De hecho sintió que su intervención hubiese sido innecesaria en su totalidad de no ser porque el par sí dejó de pelear y porque se detuvieron, pero solamente para mirarle como sin creérselo.
Aioria entrecerró los ojos, captando de inmediato para dónde era que iba esa interrupción, porque estaba sumamente seguro que de no ser por la presencia de su hermano en el paisaje es que este sujeto no se hubiese involucrado, pero ni por si acaso, por lo que sintiéndolo enormemente cínico y sintiéndose mucho, pero mucho más enojado es que lo mandó a freír espárragos casi de inmediato.
-Si te sigues metiendo en lo que no te incumbe es a ti al que voy a meterle mi puño por el trasero y puede que de paso te saque las tripas por el estómago.
-Pfff, hahaha-se escuchó la risa del cáncer como un ruidito molesto en el oído.
Shura estuvo a punto de abrir la boca para contestarle que le gustaría que lo intentara si era como cincuenta centímetros más bajo que él y ni siquiera podía mirarlo hacia adelante y TENÍA que mirarlo hacia arriba. Seguramente se ganaría un choque de puños con el cangrejo y unos cinco puntos.
Pero Aioros estaba mirándolo. De hecho, a Shura le pareció que finalmente captaba la atención del arquero en cuanto pronunciaba su escueta, peculiar y particular defensa-no-defensa a favor del menor de los dos hermanos, por lo que en vez de contestar, únicamente carraspeó y se volvió al griego de reojo para encontrarse con su resplandeciente y perfecta sonrisa, esa que era capaz de hacer el mundo girar y que los grillos cantaran hasta el mediodía.
Shura no supo cómo contestar al gesto, principalmente porque sonreír no lo era lo suyo y porque se sonrojó patéticamente. Sintió por ese par de segundos que volvía a tener nueve años, cosquillas en el estómago, escalofríos en el cuello y ganas de vomitar al ver al noveno guardián, pero aún así sintió que no importaba en ese sencillo y simple instante, ni siquiera era capaz de escuchar la risotada del estúpido crustáceo en el fondo de la escena que estaba pasando.
Justamente en ese momento, lo único y lo último era Aioros.
Escuchó un: Vete a la mierda, estúpido, que le pareció que era de Aioria y dirigido al italiano, pero decidido a ignorar el pleito estúpido y sin importancia en el que estaban sumidos ese par de casos perdidos es que comenzó a acercarse al arquero, con un pasito pequeño primero, sin que el aludido pudiese darse cuenta y como desapercibido. Entonces dio otro, y otro, y otro, y otro y cuando se percató se vio a si mismo de pie cerca de su asesinado preferido de todos los tiempos, en persona, vivo y resucitado.
-B-B-Buenas-dijo el español de repente, arrepintiéndose enseguida, carraspeando y deseando tirarse por un risco al darse cuenta de que tartamudeaba.
-Hola-contestó Aioros, con una sonrisa y moviéndose lo suficiente para hacerle espacio al otro hombre.
Automáticamente se callaron y observaron en complicidad a Aioria comenzar con los insultos ingeniosos para con el cangrejo.
-Eh… Uh… Eh… Errr, ¿cómo estás?
-Bien, gracias. ¿Tú?
Fue en ese momento, cuando Aioros se volvió para contestarle, con una enorme sonrisa de oreja a oreja, sincera y sin intenciones escondidas, es que sintió que el estómago se le irritaba y nuevamente le vino la imperiosa necesidad de vomitar.
-Como siempre, supongo. Creo, más o menos.
Shura como que se despeinó el flequillo sin darse cuenta, pero volvió a peinárselos de inmediato e inconscientemente consiguió unas risitas del castaño, por lo que con un rojo furioso en las mejillas se volvió a mirar un punto imaginario en la pared más cercana.
-Es… ¿Estaban dando un paseo de medianoche?
-Sí, más o menos, para aprovechar el fin de semana de franco-Aioros sonrió-Aioria no podía dormir, por lo que decidimos salir a tomar un poco de aire.
-Entiendo.
Hubo una pausa de parte de Shura, porque no pretendía mostrarse como un metiche e inmiscuirse en cosas que no eran de su incumbencia y porque Aioros volvía a mirar hacia enfrente al percatarse de que su hermano y DeathMask ya se encontraban en la etapa de las amenazas de todo tipo.
-No te preocupes por ellos, siempre pelean, pero no en serio-Shura suspiró, mirando de reojo al sagitario pero volviéndose a mirar a cualquier sitio rápidamente cuando el susodicho se percató de ello-Al menos no para matarse.
El arquero asintió, con una espontánea sonrisa para confirmarle que le creía, por lo que no tenía por qué preocuparse, pero tanto y tanto que la conversación avanzaba, más o menos y poco a poco se iba acordando de las palabras del pececito. Estaba tratando de no pensar en eso desde hace un par de días, pero el hecho le causaba una tremenda y sincera curiosidad y porque le había costado trabajo sacarse de la cabeza la idea de que Shura albergara sentimientos por su hermano, pero… ¿Estos eran correspondidos? Aioria era un muchacho complicado, noble, benevolente y bondadoso sí, pero complejo y endurecido por las circunstancias y los años de ausencia, por lo que Aioros estaba consciente de que no iba a ser fácil sacarle esa clase de cosas a menos que fuese por la fuerza.
-A ti te preocupa Aioria, ¿verdad?-preguntó entonces el sagitario, sonando melancólico, pero comprensivo y cuidadoso a la vez, por lo que pilló de sorpresa al español que no supo enseguida qué o cómo contestar a eso.
-S… Sí. Supongo. Sí.
Shura sintió que las mejillas se le ponían calientes, porque que ganas de agregarle a esa respuesta que todo, pero todo lo que fuese importante para el griego por siempre y para siempre iba a ser igualmente relevante para él, pero terminó dejando la frase incompleta y la incógnita sin dilucidar.
-Entiendo-Aioros malinterpretó la respuesta, por lo que suspiró profundo y volvió a sonreírle, porque mal que mal, sin importar sus propios sentimientos, pensaba que de hecho no existía una persona más increíble en el santuario que el español para, justamente, enamorarse de su hermano.
Shura, por el contrario, sentía que el corazón se le salía del pecho, porque había estado esperando por tanto, pero tanto para volver a encontrarse con esa sonrisa y ni siquiera después de todo el tiempo que había pasado se sentía digno de que ese gesto tan, tan del griego fuese dirigido a él por un momento, porque era imposible e improbable que esa sonrisa fuese suya o fuese sólo para él.
Fue con ese sinnúmero de emociones desbordándole los sentidos que decidió que ese era el instante, el sitio y el segundo preciso; porque esto era el destino y porque los dioses se encargaron de permitir ese encuentro, sin importar que de fondo aún pudiese escuchar el griterío y el escándalo que tenían sus dos compañeros dorados.
-…Aioros…
-¿Sí, Shura?
-Es complicado para mí confesarte esto, pero creo que es preciso que lo sepas…
Aioros parpadeó, convenciéndose de que Shura estaba a punto de confesarle sus sentimientos por el castaño más pequeño, por lo que aguantó la respiración y aguardó en un repentino suspenso.
-Yo... Estoy… Es… Estoy…
-¿Estás?
-Estoy…
-¡Estúpido! ¡Espero que te den, bien duro para ver si así te enseñan a cerrar tu puta boca de las pelotas!
-Igualmente, minino.
Aioria pasó junto a ellos, pero con dirección al santuario, murmurando maldiciones y con un sinnúmero de claros jodete, jodete, jodete que seguramente iban dirigidos a su crustáceo preferido. Aioros miró al español preocupado y este pareció entender el mensaje porque asintió y alcanzó a agregar un: "No te preocupes".
-Gracias y disculpa, nos vemos después.
Entonces desapareció en la misma dirección que Leo.
-Sí, después.
Sí.
Después.
Sí.
Mierda.
DeathMask se acercó a él, mirando a su alrededor y con una estúpida y enorme sonrisa en la cara.
-¿De qué me perdí?
Mierda. Mierda. Mierda.
...Continuará…
