Bueno, aquí les traigo el capítulo final de este fanfic. Espero que lo disfruten. Sin más, a leer:
Capítulo 04: And now that?
"And now that? (¿Y ahora qué?) ¿Qué es lo que tengo que hacer ahora?" pensaba a más no poder, provocando incesantes dolores en mi cráneo. Del otro lado del vidrio, de la sala de interrogación en la que me encontraba, se encontraba Schmidt sentado con esposas en sus brazos y piernas, los cuales tenían la apariencia idéntica que mis anillos inhibidores, solo que más grandes. Estos parecían contener la forma serpentina en la que se transformaba a voluntad.
- Shadow, Are you sure? (¿Estás seguro?) – Escuché como Rouge me preguntó, colocando su mano sobre mi hombro para confortarme. Con un poco de indiferencia, quité su mano y me alejé de ella, entrando y cerrando de portazo la puerta de la sala de interrogatorio.
- Hola Shadow, ¿a qué se debe el honor de tenerte aquí? – Preguntó con una sonrisa falsa de hipocresía, lamiéndose los dientes.
- Lo sé todo. – Dije, fulminándolo con la mirada. Él me miró confundido, sin entender a qué me refería. – Se todo lo que le hiciste a María Robotnik. – Le aclaré, a lo que en el rostro de Schmidt se delineó una sonrisa morbosa.
- Ohhh, era eso. – Dijo con suma tranquilidad. – Te gusto lo que viste. Te gustó como destripaba día a día a tu novia, para luego divertirnos intimament…– Antes de darle la oportunidad de terminar esa frase, lo agarré del cuello, comenzando a estrangularlo.
- No podrás matarme con esto. Aun con estos anillos adsorbiendo mi poder, no podrás matarme. – Se jactaba, comenzando a reírse. Con ira, retrocedí unos pasos. Presionando unos comandos en mi comunicador procedí a anular los anillos que lo apresaban, que cayeron e hicieron un estruendo grande al chocar contra el piso. Al ver lo que pasaba, Schmidt se transformó a su forma serpentina, desgarrando las prendas de su cuerpo, dejando descubierta toda su piel escamosa. Del dorso de sus manos unas garras salieron y, viéndome de manera macabra, trató de acercarme a mí con rapidez. Dejé que me golpeara con todas sus fuerzas, las cuales no podía negar que me hacían daño. Con un último golpe, me lanzó a unas de las esquinas de la habitación.
- Pegas como una niña. – Le dije, provocando su enojo. Antes de permitirle que se acercara a mí nuevamente hice aparecer del estado en reposo el matraz (envase) donde se encontraba el químico que me debilito la primera vez, dejándome casi sin fuerzas, se lo lancé y este se quebró en su cara. Como predije, el químico se evaporó con rapidez, a lo que él comenzó a debilitarse. Primero, cayó de rodilla y, mientras se sostenía la garganta como si no pudiera respirar, su piel de escamas comenzaba a caerse, dejando solo su piel humana normal. Mientras se retorcía en el suelo, yo comencé a golpearlo sin piedad. Con cada golpe que le daba una imagen de las atrocidades que le hicieron a María pasaba por mi mente, enfureciéndome. Llegué a romperle sus costillas, su fémur y otros huesos más; pero, con todo esto, aun no me sentía satisfecho. Saqué mi pistola y le apunté a la cara.
- ¿Realmente piensas hacerlo esta vez, o tendrás piedad de mí pobre alma? – Preguntó escupiendo sangre de su boca. – No tienes las agallas. – Me desafió, mostrándome una sonrisa de victoria. Oí como la puerta de la sala de interrogatorio se abría detrás de mí, pero yo no me volteé.
- Shadow, espera. – Me pidió Rouge, mientras sus pasos me avisaban que trataba de acercase a mí. Sin embargo, yo jalé el gatillo de la pistola pero la boquilla del arma no se encontraba en la frente de Schmidt. Lo único que hice fue notar como lo dejé sordo de su oído izquierdo, además del agüero en la pared donde impactó la bala. Así como hice, comencé a disparar sin darle a Schmidt hasta que el cargador del arma quedó vacío. Acercando mi rostro al rostro ensangrentado de él, lo miré directo a sus ojos amoratados por mis golpes.
- Matarte sería demasiado fácil. Aunque piense que tu cadáver frio y sin vida podría traerme un poco de paz… sé que eso no la traerá de vuelta. Absolutamente nada la traerá de vuelta. – Le dije con seriedad, borrando su sonrisa. – Pero, verte pudrir por las próximas décadas, hasta tu muerte… "eso si será un placer del cual no me cansaré de disfrutar". – Al terminar la frase, y por la pérdida de sangre, Schmidt se desmayó. Sin decirle ni una palabra a Rouge, cogí los anillos que lo apresaba y se los volví a poner y, retirándome lo más rápido posible, salí afuera de la base en la que me encontraba. "Ya no era asunto mío su vida… por ahora".
- Estoy orgullosa de ti. – Mencionó, posándose a mi lado.
- Realmente quiero matarlo. – Le comenté, viendo hacia el cielo e imaginándome que las nubes que veía tenían la apariencia de María.
- Tú mismo lo dijiste: "Sería demasiado fácil… además de que quedará un vacío en tu alma". – Expresó, poniéndose frente a mí. Su sonrisa me animaba un poco, además de hacerme sentir mejor. – Ah, otra cosa…– Al decir esto, con un rápido movimiento, me dio un fuerte rodillazo en mi estómago. Sentí como mis entrañas se retorcían, ya que no podía negarme que los golpes que daba Rouge con sus piernas eran capaces de destrozar paredes o de doblar un poco los metales.
- ¡¿Por qué hiciste eso?! – Le pregunté en gritos, mientras con una mano me oprimía mi barriga para evitar sentir dolor.
- Pensé que ni lo sentirías, ya que: "pego como un niña". – Comentó con un tono de molestia, mientras entraba nuevamente a la base.
- Si no fueras mi amiga, yo…– Quise decirle algún tipo de insulto, aunque ya no estuviera presente, pero no lo hice. De algún, al pronunciar la palabra "amiga" sentí una especie de sensación buena recorrerme. Ella era mi amiga y no podía negar que presencia en mi vida me ha hecho elegir el camino correcto.
Entré nuevamente a la base y, sentado al lado de una máquina expendedora, se encontraba Rouge tomándose una bebida gaseosa embotellada.
- ¿Tienes cambio? – Le pregunté, a lo que ella giró sus ojos y, sacando de su billetera, me entregó unos billetes. Después de escoger la bebida, me senté a su lado. Al pasar varios segundos de silencio absoluto, ella comenzó a reírse.
- Siento lo que te hice, pero escuchar ese comentario que dijiste me hizo sentir insultada. – Comentaba entre carcajadas, dejando de lado su refresco para no ahogarse con sus risas. Yo, al verla así, solo solté una leve carcajada que no fue notada por ella. Ante la llegada de un agente de tez negra, Rouge se calmó.
- Aquí le llegaron los papeles que pidió. – Informó, entregándome un sobre marrón. Asentí, a lo que este se retiró.
- ¿Qué es eso? – Preguntó Rouge confusa al no permitirle leer los papeles que se encontraban dentro del sobre.
- Es algo importante. – Fue lo único que le respondí, parándome del asiento y saliendo de allí.
- ¡Hey, espérame! – Expresó Rouge indignada al dejarla atrás y no avisarle nada.
- ¿Qué hacemos aquí? – Preguntó Rouge.
- Tengo algo importante que hacer. – Le respondí seriamente. Le pedí indicaciones a una de las enfermeras del hospital, quien me dio indicaciones cortésmente. Siguiendo sus explicaciones, me dirigí a la habitación correspondiente. Entrando, sin siquiera tocar, noté como dos bandicoot (o peramélidos) mujeres se asustaban. A una la reconocía y a la otra, por la edad que se le denotaba y su apariencia, supuse que se trataba de su madre.
- ¡¿Shadow?! ¡¿Qué haces aquí?! – Preguntó Coco sorprendida de verme en ese lugar.
- Solo… vine a ver el estado en que quedó mi compañera. – Le respondí con seriedad.
- Con que este es el erizo del que me hablabas. – Exclamó su madre, parándose de la silla y acercándose a mí. – Sin ti… mi hija estaría muerta. Gracias. – Expresó, dándome un abrazo cálido. Yo no dije nada, ya que no tenía nada que decir.
- Necesito que nos deje a nosotros solos unos minutos. Tengo que hablar cosas del trabajo. – Le dije, a lo que asintió.
- Buscaré tu bocadillo favorito, mi bebita. – Le comentó a Coco, quien se puso roja.
- ¡Mamá! – Gritó Coco completamente apenada, mientras su madre se retiraba soltando una que otra risa.
- Es muy adorable. – Dijo Rouge, esbozando una sonrisa. – ¿Por qué no estas siendo atendida en el hospital de G.U.N? Te curarías más rápido. – Le indagó, pero ella miró a otro lado y se veía una sonrisa en su rostro.
- Es que… es que quería que mi mamá estuviera a mi lado, y en G.U.N no permitían mucho tiempo las visitas. – Le respondió, lo que provocó un poco de nostalgia y tristeza en Rouge. Viéndola, y recordando su relato de como perdió a su madre a los 5 años, a veces me preguntaba que como sería su vida si ella no hubiera muerto.
- Shadow, termina con esto rápido. – Expresó Rouge, viéndome con un poco de molestia. Yo suspiré un poco y le entregué a Coco en sobre marrón que me entregaron en la base. Ella, con un poco de esfuerzo (ya que tenía un brazo enyesado), sacó los papeles del sobre y, al leerlo, me miró con confusión.
- ¿Qué… Qué es esto? – Preguntó, levantados de la cama. – ¿Cómo puedes mostrarme esto? – Me preguntó, notándose en su rostro que se sentía insultada.
- Es lo mejor. – Le respondí.
- ¿Mejor? ¿Crees que renunciar a G.U.N es lo mejor? – Me preguntó con seriedad, por lo que me acerqué más a ella.
- Coco... hace poco recibí el mensaje de alguien que ya está muerta hace tiempo. Viéndolo, me di cuenta de una cosa: Tú no estás hecha completamente para estar aquí. – Le comenté, notando como ponía atención a mis palabras. – Tú elegiste unirte porque no te mostraron otro camino.
- Pero, yo…– Trató de refutar mis palabras, pero yo le negué con la cabeza.
- Coco, ambos tenemos la obligación de salvar al mundo: tú creando cosas que mejoren la calidad del planeta para bien; y yo lo protegeré de aquellos que osen a traer maldad a otros por placer. – Terminé de explicarle, a lo que una sonrisa brotaba de ella.
- Okey, haré lo que dices. Gracias por el consejo. – Dijo, abrazándome. – Gracias. – Terminó de decirme, soltándome.
- Acércate, Rouge. – Le ordené a Rouge, quien hico caso a mis palabras. Al estar a mi lado, la agarré con mi mano derecha de su cintura y la acerqué a mi cuerpo; y con mi mano izquierda hice aparecer la Chaos Emerald roja que estaba en reposo. – ¡Chaos… Control! – Grité, mientras un aura azul y verde nos rodeó. En menos de un segundo nos trasportamos de la habitación donde tenían a Coco a otro lugar, completamente distinto. Al separarse de mí, Rouge se tambaleó un poco y se lo notaba un poquito mareada. Al reponerse, y observar a su alrededor, me miró con sorpresa.
- Shadow, ¿Por qué estamos en la casa de María? – Me preguntó. Me quedé en silencio por unos segundos, antes de contestarle una respuesta que no la satisfaría.
- No lo sé. – Dije, lo que provocó que me mirara con seriedad.
- Really? (¿En serio?) – Dijo con un tono sarcástico.
- Creo que… quiero buscar más repuestas. Quiero saber más sobre María. Algo que me dé una pizca de esperanza de que esté viva. – Le expresé con un poco de melancolía, sobándome mis manos por la cabeza
- ¿Has probado con una pala? – Preguntó en broma, lo que no me hizo ni una pizca de gracia. Al ver que no le seguía la corriente, también se puso seria. – Pero es verdad. Si exhumas su tumba sabrás si tu novia sigue viva o muerta. – Explicaba, pero le negué con la cabeza (aunque fuese una idea lógica).
- No dañaré ese lugar. Hacerlo significaría destrozar ese prado de flores, y ella amaba mucho ese lugar. – Expresé, a lo que ella me miró con una sonrisa. – What? (¿Qué?) – Le pregunté.
- Es que me es raro ver esa parte de ti. Esa parte tierna que estas desarrollando. – Comentó, a lo dejé de mirarla y me alejé.
- Si fueras una pista, ¿Dónde te esconderías? – Me pregunté, queriendo con rapidez encontrar alguna respuesta.
- Tal vez en el sótano. – Mencionó Rouge, siendo algo a lo que le di razón. Bajando las escaleras hacia el sótano, encendiendo las luces ante la oscuridad del lugar, noté las muchas cosas que había. La verdad, que yo recuerde, jamás bajé al sótano hasta este día.
- No parece gran cosa. – Expresé con inconformidad; sin embargo, vi como mi compañera murciélago negaba con la cabeza.
- Debes abrir bien los ojos. – Comentó, acercándose a las paredes y, con sus manos, le daba pequeños toques a los bloques que conformaban las paredes. – Si mis instintos no me fallan, hay una puerta…– Con suavidad oprimió un bloque de la pared, provocando que una puerta oculta en ella se abriera. –… aquí. – Dijo con un tono alegre de victoria.
Sin decirle alguna palabra por ese comentario, entré por la puerta que acababa de aparecer. Al hacerlo, las luces se encendieron, mostrándonos un pequeño laboratorio. No habían muchas cosas, pero ni yo sabía para que servían la mayoría. Acercándome a la única computadora del lugar, me senté en la silla, y la encendí. Al minuto, y viendo la imagen que tenía de fondo, sentí como mi corazón se estrujaba; era María the Hedgehog, con una edad d años, mostrando una sonrisa de oreja. Suspirando un poco, decidí ver que había en el disco duro.
- Será una larga noche. – Dije, reproduciendo el primer archivo de video creado.
La noche pasó y, cuando menos lo pensé, ya era de día. Rouge y yo vimos cada video que contenía el computador. Muchos de ellos solo era de ese erizo Gordon, donde explicabas algunas fórmulas de cosas que la vedad ni me importaba ni un comino. Al ver que no encontraba nada realmente que me sirviera, busqué un poco más hasta que encontré toda una carpeta concerniente a María. Allí, inspeccionando hasta el último archivo, sentí un poco más de dolor recorrerme en el alma. Gordon hablaba de como temía a que la droga que usó en ella para salvarla un día dejara de servirle, ya que su cuerpo podría volverse inmune a esta.
- Papi, ¿qué haces? – Preguntó una María de no más de 6 años, interrumpiendo su grabación.
- Nada, solo grabo unas pequeñas notas. Nada más. – Le respondía, agarrándola con sus manos y sentándola sobre su regazo. – María, sabes que papá está trabajando y no me gusta que vengas a esta parte de la casa. – Le recalcó, a lo que ella miró hacia abajo con vergüenza y tristeza.
- I'm Sorry (Lo siento). Lo que pasa es que encontré esta foto y quería saber quién era ella. – Explicaba, sacando de sus bolsillos una foto. Él la miró, a lo que sus ojos se pusieron un poco llorosos.
- Ella es María…– Comenzó a decir, pero María se paró y por poco se cae de las piernas de su padre, quien la agarró a último momento.
- ¡¿Yo era humana?! ¡¿Cuándo fui humana?! ¡¿Yo era así de linda?! – Preguntaba asombrada la pequeña eriza rubia, mientras su padre se quedó sin palabras para responder. Al calmarse ella, Gordon comenzó a reírse.
- No, cariño. Ella era una chica muy buena que quise como mi hija. En su honor, te puse tu nombre. – Al escuchar esto, María se alegró muchísimo y lo abrazó.
- ¿Y dónde está ella? – Preguntó María con inocencia en su rostro, pero Gordon se entristeció.
- Ella... está en ese bello campo de flores. – Al decir esto la sonrisa de María se borró.
- Entiendo. – Dijo con algo de tristeza. – Papi, también vine porque hice el desayuno y ya está servido.
- ¿Ya es de día? Creo que no dormí nada. – Comentó, provocando un pequeño gesto de disgusto saliera de ella. – Sube, ya te alcanzo inmediatamente. – Le informó, a lo que ella asintió y salió de allí. – Ojalá supieras toda la verdad. – Dijo a sus adentros, antes de ver directamente la cámara. – Como nota aclaratoria: El campo de flores que mencioné es donde yo esparcí las cenizas de mis seres queridos, y de las pocas cenizas que traje del sector X-23. Curiosamente, el lugar donde esparcí las cenizas solo había césped. Al paso de los meses, bellas flores florecieron en ese lugar. Para mí, es que sus almas descansan al fin en paz. – Al terminar de decir esto, el archivo se termina.
- Shadow, creo que…– Trató de decir Rouge.
- Solo quiero ver de nuevo este archivo. – Le expuse, interrumpiéndola, tecleando el nombre del archivo y reproduciéndolo.
- Hola a todos. Como ya saben, soy María the Hedgehog. – Se presentó, teniendo la apariencia en que la conocí – Si encuentran esta sala, con todos estos archivos, significa que ya no hay nadie vivo en este lugar. Como lo predijo mi padre, lentamente la droga que me inyectaba para estabilizar mi cuerpo ha comenzado a fallar. – Bajándose un poco la manga de su blusa, dejando descubierto parte de su hombro derecho. Allí, moviendo un poco su pelaje, dejó a la vista una pequeña marca que tenía. No sé por qué, pero por algún motivo me recordó a la herida de bala que le dieron a María Robotnik en el sector X-23, cuando trató de huir. Dejé de pensar en esto para prestarle atención a las palabras que iba a decir (aunque ya las había visto y escuchado). – Por mucho que luche, yo ya he aceptado mi destino. Voy a morir y… me siento mal de las cosas que jamás podré hacer: enamorarme, casarme, tener hijo e hija, tener nietos y, por último, morir; pero parece que la vida solo quiere que cumpla el último objetivo. Descubrí parte de mi pasado, junto con el de mi padre, lo que me dejó un poco devastada. No niego que por varias semanas lo odie. Pensar en las cosas terribles que hizo para mantenerse él con vida. Luego, llegué a aceptar sus razones, además de que cada vez que mencionaba el tema en sus ojos detallaba a alguien de quien no se siente orgulloso y sufre por lo que hizo. Me dolió perderlo poco tiempo después de mi cumpleaños 14, por causa de un paro cardiaco. – Por un segundo se detuvo, soltando unas cuantas lágrimas que se secó. – Lo único que deseo es que cuando muera yo este de nuevo junto a mi familia. – Se detuvo de nuevo cayendo en llanto casi por un minuto completo. Al recomponerse, y limpiarse sus lágrimas, volvió a ver a la cámara. – Desearía poder expresarles toda la verdad sobre mí, pero… eso ya no importa. – A pesar que sus ojos mostraban un brillo de tristeza, su rostro esbozaba una sonrisa. – Viví una buena vida, y solo espero que ustedes aprovechen cada momento que la vida les dé el destino. Adiós. – Se despidió, lanzando un beso, deteniéndose la grabación.
Sin decir ni una palabra, salí de allí. Casi como si corriera, me dirigí al prado de flores. En esa parte, caí de rodillas. Sobando mi mano en el césped y las flores, sintiendo a través del tacto ese roce, creí que la tocaba. Tocaba a mi hermana y, sin mentir, ella me estaba tocando mi mano. "Luego de mucho tiempo… ambos volvíamos a encontrarnos".
- Shadow, creo que lo mejor es irnos ya. Ya todo lo que se podía encontrar sobre María the Hedgehog se encontró. – Comentó, poniendo su mano sobre mi hombro.
- Tienes razón. – Fue lo único que le dije, parándome. Con una respiración lenta, miré todo el lugar y, levemente por un segundo, sonreí. – Descansa en paz… María Robotnik. – Me despedí, tomando inmediatamente a Rouge de su cintura y, haciendo aparecer la Chaos Emerald que estaba bajo mi poder, utilicé el Chaos Control para llevarnos a otro lugar.
- Y eso es todo. – Dije, dando mi versión de los hechos de la misión en Australia. No quise dar explicaciones de porque abandoné a mis compañeros (aunque solo quedaran dos vivos), a lo que el Comandante me respaldó.
- Puede retirarse. Ya tenemos todo lo necesario para terminar. – Dijo el coronel encargado de la base, quien apagaba su videocámara del otro lado del mundo. Aun cuando no se me penalizaría por mi actitud y acciones, noté como del otro lado de la pantalla no me veían con los mejores ojos (aunque ni que me importara eso).
- Bueno Shadow, yo ya me retiraré a mi apartamento. Llámame cuando Omega vuelva de sus misiones en destruir bases de Eggman. "Él Team Dark debe volver a la acción". – Expresó con orgullo, comenzando a retirarse; pero, agarrándola de su brazo, la detuve y la dirigía a mi habitación. Ya dentro, ella me miraba con confusión.
- Rouge, estos día han sido muy… muy…– Traté de explicarme, pero las palabras no me salían.
- Shadow, lo entiendo. – Dijo ella con una sonrisa.
- Mi mente aun no puede digerir todo lo que descubrí y, sin mentirte, te necesito a mi lado. Quiero que duermas conmigo. – Le pedí, pero rápidamente me di cuenta que no supe expresarme correctamente al ver como su rostro se sonrojaba.
- Quien diría que te has enamorado del placer que produce mi cuerpo al estar junto al tuyo. – Expresó con un tono lujurioso y guiñándome el ojo, el cual me dejó sin palabras.
- Rouge, eso no es lo que…– Traté de explicarme, pero ella me detuvo. La manera en que lo hizo fue dándome un abrazo.
- Lo sé. Solo bromeaba. Sabes que puedes contar conmigo cuando lo necesites. Siempre estaré ahí. – Indicó, sin dejar de abrazarme. Al separarse, me miró con una sonrisa. Ambos, acostándonos en mi cama, cerramos nuestros parpados con la esperanza de descansar en nuestros sueños.
El brillo del sol iluminaba todo a mí alrededor, mientras yo caminaba con tranquilidad por el prado de flores. Allí, en el centro de este, se encontraban sentadas sobre una tela, que tenían también diversos aperitivos y otros bocadillos, aquellas dos bellas mujeres que iluminaron mi alma.
- Hola Shadow, ¿Quieres un poco de té o algún bocadillo? – Preguntó María Robotnik con su dulce sonrisa. Aunque yo la había visto ya con una edad de 17 años, su apariencia seguía siendo la de 12 años (edad en que para mí murió en el A.R.K).
- No gracias. – Le dije, a lo que ella comenzó a comerse un sándwich. Antes de que pudiera terminar, la abracé. Lágrimas de mí brotaron de mis ojos. – Siento todo lo que te hicieron. Todo fue mi culpa. Todo.
- No puedo perdonarte, ya que tú no tuviste la culpa. Nada de lo que me pasó fue tu culpa. Yo viví y, a pesar del dolor, no puedo culpar al mundo de mi destino. – Explicaba con tranquilidad, sobando las púas de mi cabeza con suavidad. – Solo deseo que sigas protegiendo este bello mundo. Se su héroe. – Me pidió, separándose y fijando sus ojos a los míos.
- Lo haré, te lo prometo. – Dije, sonriéndole. Dejándome en manos de María the Hedgehog, ella comenzó a alejarse más y más.
- Cuando me necesites… recuerda que yo siempre estoy a tu lado. "Sayonara… Shadow the Hedgehog". – Se despidió, a lo que un brillo la envolvió y, frente a mis ojos, desapareció.
- Por lo que veo, ahora solo somos tú y yo. – Dijo María sonriendo, acercando con rapidez sus labios a los míos. Al sentir sus labios, una dulce sensación me recorrió por mi cuerpo. Era sensacional volver a sentir como cada fibra de mi cuerpo se emocionaba al tenerla a ella nuevamente cerca de mí; pero, me separé de ella dejándola confundida.
- María… solo quiero que me afirmes una sola cosa. – Le dejaba en claro, notando como me miraba con temor. – Sé que estas viva. No sé por qué, ni como, pero cada célula de mi cuerpo niega tu muerte. Estuve aquí, en ente prado de flores, y no pude sentirte aquí. Así que, niégame que lo que acabo de decir es verdad. – Expresé con seriedad, pero a la vez me acerqué a ella para acariciar sus púas. Al ver como pequeñas lágrimas se resbalaban por su rostro, supe la respuesta que planeaba darme.
- Estoy viva. – Dijo con un tono suave. – Shadow, en el momento en que llegaste a mi vida fui feliz de saber que no moriría sola, pero luego me suplicabas con llanto y dolor que buscara una manera de salvarme. Yo te decía que no había manera posible…– Se detuvo un segundo, suspirando. – Pero la verdad es que, cuando usaba mis habilidades para inducirte que me encontraba a tu lado, yo buscaba en las notas de mi padre algún detalle de algo que tal vez había pasado por alto; sin mencionar que, al saber quién eras, tomé una muestra de tu sangre para ver si podría crear una cura más fuerte. – Explicaba con una sonrisa de alegría en su rostro.
- ¿Me estás diciendo que mi sangre te salvó? – Pregunté.
- No me salvó del todo. Ayudó a la droga que uso para estabilizarme mejor, pero no era una cura definitiva. Hubo… otra cosa que pudo salvarme. – Explicó.
- ¿Y que fue? – Le pregunté, pero se quedó en silencio mostrándome una sonrisa.
- Eso es algo que tú tienes que ver personalmente. De resto, estamos ansiosas de que ese día llegue en su debido momento. – Terminó de comentar, acariciando mi rostro.
- "¿Estamos?" ¿A quién más te refieres? – Pregunté, pero nuevamente solo me sonreía. Sin mediar palabras, se abalanzó sobre mí y caímos al suelo. A pesar de las dudas que yacían en mi mente, me dejé llevar por el momento. Besándola con pasión, comencé a despojarla una a una de sus prendas de vestir. Allí, encima de la tela que evitaba que rozáramos con el césped, la acaricié por todo su cuerpo. Pequeños jadeos salían de ella, y me gustaba escucharlos.
- Te amo. – Dijo ella, besándome.
- Yo también te amo. – Le afirmé al separar mis labios de los de ellas. Con una mano acariciaba sus senos con cuidado, mientras con la otra su intimidad. Al sentir que ya era el momento, me puse sobre ella. – No sabes lo mucho que he extrañado esto. – Le comenté, colocando mi miembro en su entrada.
- Igual yo. – Dijo, mientras con lentitud introducía mi miembro viril en la calidez de su interior. Mientras me movía escuchaba sus excitantes jadeos de placer, los cuales disfrutaba a más no poder. "Me sentía feliz". Con un rápido movimiento, que la tomó por sorpresa, cambié nuestra posición, quedando ella sentada sobre mí, de frente, poniendo ella sus manos a lado y lado de mi cabeza para tener apoyo para su cuerpo. Al paso de los minutos, mis movimientos se hicieron más rápidos y fuertes, a tal punto que ella se dejó caer sobre mi pecho. Abrazándola con un poco de fuerza, sentí como llegaba al éxtasis sexual, eyaculando mis fluidos dentro de ella. La respiración que soltaba frente a su pecho era agitada, notando que la había dejado sin fuerzas.
- Desearía que este bello sueño jamás terminara. – Comenté, acostándola a mi lado. Ella recostó la mitad de su cuerpo sobre el mío, a la vez que me veía con unos ojos tiernos.
- Yo estaré en todos tus sueños, para jamás dejar tu lado; y, si quieres, podemos divertirnos mucho. – Informó, a lo que la besé.
- Solo con tenerte a mi lado me es más que suficiente…– Comenté, pero sabía que esas palabras no representaban todo lo que quería. – Pero, mi mayor deseo es verte físicamente de nuevo. – Le Mencioné.
- Así como esa vez tuve que dejarte para el destino que debías cumplir, ahora no es el momento adecuado para encontrarnos. Cuando menos lo esperes, yo estaré frente a ti. – Con estas palabras solo me quedaba confiar en que lo que decía era cierto. Sin más, ambos continuamos con el placer de juntar nuestros cuerpos y hacer el amor.
"Sin importar el tiempo que tardes, yo esperaré por ti".
Fin POV Shadow
- "María" – Escuchó Rouge decir por parte de Shadow en un pequeño susurro, quien la abrazaba con suavidad inconscientemente.
- Ten dulces sueños. Te lo mereces. – Expresó Rouge, acurrucándose al lado del erizo negro de franjas rojas en sus brazos y piernas, y parte de la punta de sus púas. – Y así como sueñas con tu amor, yo soñaré con un tonto equidna rojo. – Se dijo para sí misma, sonriendo ante su comentario y cerrando sus párpados.
Ella sabía que al día siguiente Shadow seguiría con su misma personalidad de siempre, pero en esos momentos adoraba ver esa parte que muy pocos podrán ver, y comprender, de "The Ultimate Lifeform (La Forma de Vida Definitiva)".
Fin
Esta historia Continuará…
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En medio de una sala común y corriente, se encontraba un felino de pelaje castaño con cabello negro atado a una mesa mientras encima de él con lentitud bajaba una sierra eléctrica.
- Shadow, ¡ESTO ES EXAGERADO! – Expresó con temor y enojo al erizo negro, quien lo miraba con seriedad.
- ¿Exagerado? Oh, no. Esto es solo el comienzo. Te puedo aceptar que en un fanfic sufra, ¡pero dos no! – Expresó Shadow.
- Pero si el final no es tan triste. De hecho, disfrutaste. – Le recalcó el felino con hechos.
- No importa. – Refutó Shadow molesto. – Te liberaré si me juras que en tus próximos fanfics no sufrirá nadie. – Le recalcó, a lo que Malorum55 quedó en silencio.
- Baja esa sierra más rápido, y terminemos con esto. – Le pidió el felino. – Bueno, espero que les haya gustado la historia. No olviden dejar sus Reviews. Sin nada más que decir, hasta la próxima. – Se despidió el autor, mientras la sierra eléctrica lo cortaba horizontalmente por el abdomen.
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Hasta Luego :D :D :D
