Bueno antes que nada quiero agradecer a los que se tomaron el tiempo de dejar un comentario y a los que leen está historia debo decir a contestación del comentario de Rucky el siguiente capítulo contiene escenas fuertes ya que no es una historia de color de Rosa, esta bien sabido por todos que para ser feliz o conocer un poco lo que eso significa primero a hay que sufrir y me disculpo de antemano por el trauma que esto les pueda generar

Arte mahidelin

Noticiero Cadena Nacional

Ya falta menos para la celebración del 30° aniversario, pero el índice de violencia en nuestro país va en aumento; hace unas cuantas horas explotó otro auto a las afueras de un hospital en la división este, con un saldo total de 56 muertos.

Tu Noticiero Exprés

La noticia principal de esta noche: hay un brote de un virus desconocido, al parecer no es mortal, pero ya los médicos se encuentran trabajando en el antídoto.

En otras noticias en la división norte se ha corrido el rumor de que hay un asesino serial.

Canal 10 Noticias

Ya es oficial, fue lo que dijo el Rey el día de ayer cuando mostró la propuesta de la nueva gubernatura a su consejo el cual la evaluará, para así aconsejarle, sobre ponerlo en marcha o hacerle modificaciones. Claro está que si se consolida esta propuesta estará haciéndose efectiva en unos cuantos años, esperemos que esto sea el inicio de un buen cambio.

DOBLE FILO

CAPÍTULO III: CONFUSIONES

SH

¿Coincidencia?

Esa era la pregunta que rondaba por su cabeza una y otra vez. Llevaba pensando en ello cerca de dos días; llegaba esa castaña como caída del cielo, le salvaba la vida y le daba la gran revelación de una conspiración. Le parecía raro, pero ya fuera porque era una especie de trampa o porque realmente fuera cierto todo lo que esa chica decía, lo mejor era estar cerca y sacar lo mayor posible de ella, pero tenía claro que debía ser con mucha precaución.

Llenó sus pulmones de aire y como dicen por ahí "al mal paso darle prisa", se levantó del sofá en el que ya llevaba cerca de una hora luego de llegar del trabajo y tomó una pequeña caja que había dejado en la mesa. Volvió a tomar aire y salió de su apartamento; toco la puerta de enfrente y sin poder evitarlo sonrió abiertamente cuando la castaña abrió la puerta, con un pijama de cuadritos puesta, pantuflas de conejo, el cabello todo revuelto y frotándose los ojos perezosamente.

-¿Jefe? - cuestionó adormilada la chica- ¿Qué pasa, Jefe? -pregunto un poco más espabilada, asombrada por la radiante sonrisa del hombre frente a ella.

- Es que nunca te di la bienvenida -explicó sonriendo Shaoran y extendiendo el pequeño paquete- Es una tarta.

- Oh, gracias -dijo la castaña recibiendo la caja, la que miró pensativamente antes de hablar- ¿Quiere que la comamos juntos? - preguntó sonriendo con un pequeño sonrojo en sus mejillas, algo que a Shaoran le pareció adorable.

El castaño aturdido con su último pensamiento, sacudió un poco la cabeza ¿Qué no se suponía que le tenía cierta desconfianza?, pero sin pensarlo demasiado asintió, después de todo lo que él quería era una ventana de oportunidad para investigar, de dónde era esa chica y si era destino o premeditación lo que la puso en su camino.

- Espero no ser inoportuno -hablo Shaoran apenado entrando en el pequeño departamento- Creo que ya estabas dormida –acotó mirando a la castaña, la cual, desde luego, no se había percatado de la facha que traía.

- ¡Oh, lo siento! -dijo la castaña cerrando la puerta y entrando al baño rápidamente dejando a un Shaoran un poco divertido en lo que se suponía sería la sala.

Miró con atención el lugar, claramente era el hogar de una persona que apenas se independisaba: con pocos muebles y con mala decoración. Buscó con la mirada alguna foto, pero no encontró ninguna, lo que le causó curiosidad, pues si ella era una chica que recién comenzaba, ¿cómo es que no tenía una foto de su familia?

Algunos minutos habían pasado cuando la castaña salió del baño, con un pantalón cómodo, una camiseta, sandalias y el cabello más arreglado. Shaoran sonrió.

- No tenías que cambiarte, después de todo ya es tarde y yo solo vine a despertarte.

- No se preocupe -dijo la castaña sonriente y bastante más despierta que al principio- Hoy estuve de descanso y como han sido días pesados, dormí bastante.

- Bien, entonces aprovechando que te cambiaste, creo que será mejor ir a mi casa -miró en los ojos de la castaña cierta curiosidad- Es que veo que apenas te instalas –comento como lo obvio.

- No se preocupe -dijo sonriente la castaña- Ya me instale -el chico la miró apenado- Y creo que sí podemos tomar té.

- Bien -fue lo único que contestó Shaoran, sintiéndose avergonzado.

Cuando la vio camino a la cocina decidió esperarla sentado en el pequeño sofá que estaba en la sala y esperó pacientemente a que ella apareciera con las tazas de té, mirando de reojo los movimientos de la muchacha al desenvolverse en la cocina.

SA

Sonreía ampliamente mientras servía el agua caliente en las tazas, recordando la cara del castaño al ver su apartamento. Para ella no hubiera sido un problema vivir rodeada de lujos, ya que, a pesar de no tener buena relación con su padre, el dinero nunca le sería negado, no obstante, en parte por la misión y en parte porque ella decidió, lo mejor era estar así: con lo básico.

Servidos los tés, los colocó en una bandeja, junto al azúcar y un par de platos para llevarlos donde esperaba su jefe. Acomodó las cosas en una pequeña mesa que tenía en el centro y se sentó junto a él en el único sofá que tenía. Sirvió un poco de tarta y la conversación empezó, primero de cosas sin sentido, como gusto en música, películas, libros, hasta llegar a la familia, fue en ese punto el que ella ya esperaba, pero nunca imaginó la habilidad de su jefe para hacer que ella se contradijera, lo bueno de todo esto es que al final de cuentas en cuanto a la relación con su padre y hermano e incluso la muerte de su madre no le mentía así que, a su parecer, no se había contradicho en nada, lo que lamentaba era tener que cambiar el lugar de donde era y detalles así, pero no quedaba de otra, la misión implicaba que todo fuera así.

- De lo que sí estoy seguro es que eres una verdadera fanática de la lectura -le dijo el castaño sonriendo mientras observaba el librero desbordado que tenía la chica.

- Siempre me ha gustado leer -confesó la castaña aliviada de que el interrogatorio hubiese terminado y al parecer de buen modo, no podía culparlo por desconfiar, tal vez si las cosas no se hubieran dado tan rápido él no estaría tan cauteloso- Creo que ese siempre ha sido un modo de escape para mí -le dijo sonriendo tristemente.

Se quedaron mirando unos cuantos minutos, luego su jefe le sonrió de manera peculiar y Sakura sintió un pequeño dolor en la boca del estómago, la conciencia la comía desde adentro.

- Bueno, creo que ya te quite demasiado tiempo -hablo Shaoran mirando el reloj- Nos veremos luego -dijo extendiendo la mano a lo que Sakura la recibió con una pequeña sonrisa, pero lo que pasó después ella no se lo esperaba, la jalo y le dio un pequeño beso en la mejilla a modo de despedida.

Cuando Shaoran salió de su pequeño apartamento, Sakura no cerró tan rápido como hubiese querido y se quedó mirando la espalda de su vecino solo un par de segundos, pero cerró antes que él se diera vuelta a mirarla. Al cerrar cargo su espalda en la puerta, se sintió desfallecer. Sintió un torbellino de emociones, pasando por la culpa, ansiedad, soledad y otra que no le gustó nada.

Intentando controlar su acelerado corazón se alejó de la puerta y agradecería más tarde haberlo hecho cuando ésta fue abierta y cerrada rápidamente, pero tan pronto reconoció al hombre que había entrado esos sentimientos y su mente se apagaron, pues había sido tomada entre los brazos del recién llegado y besada apasionadamente.

Eriol la besó con anhelo y desesperación, mientras sus manos no decidían dónde quedarse. Cuando hubo un momento se alejó solo unos centímetros de los labios de la castaña para mirarla a los ojos y buscar la aprobación que en ellos necesitaba, pero tanto él como ella sabían que no tenía que buscarla, desde hace mucho tiempo ella le profesaba un amor incondicional y era él el que se había frenado en las ocasiones que todo se había salido de control, sin embargo, Sakura notó en la mirada zafiro que si ella no lo detenía, él esta vez tampoco lo haría. Y la castaña no tenía intención alguna de detener las intenciones del hombre.

Eriol, con la aprobación en los ojos esmeralda, volvió a su inicial tarea: devorarle los labios. La danza de sus lenguas era armoniosa. Sakura había aprendido a besar con Eriol y no sabía besar de otra manera que no fuera como la que a él le gustaba. Le devolvió los besos igual de deseosa. Cuando sintió en su trasero la encimera de la cocina, se ayudó de la misma para entrelazar sus piernas a las caderas de Eriol, consiguiendo un ahogado y ronco gemido del peliazul.

Con dificultad, pero ni una pizca menos de decisión, llegaron a la habitación en esa posición. Eriol la dejó caer delicadamente en la cama, pero no se separó de ella, era como si quisiera que todo pasase lo más rápido posible. Como si lo que iban a hacer estuviera mal o tuvieran muy poco tiempo para hacerlo. Fue así que Sakura se supo desnuda bajo el hombre que amaba, el que estaba a punto de robarle algo que jamás recuperaría.

En el preciso momento en que Eriol puso su masculinidad en la entrada húmeda, pero no dilatada de Sakura, fue que la miró a los ojos y ella vio en los zafiros que amaba algo que describió como culpa, pero ¿culpa de qué? Se preguntaba internamente, ¿de robar su virginidad? El corazón de la castaña se aceleró, ese hombre no debía sentir culpa por quitarle algo que ella tarde o temprano le entregaría por amarlo como lo amaba.

Sin saber qué hacer o cómo hacerlo, solo atino a tomarlo de la nuca y acercar su boca a la de él. Eriol no necesitó otra cosa, la penetró de una estocada.

El grito desgarrador que quiso salir de la boca de la castaña quedó en su garganta. Cerró los ojos con fuerza al sentir el desgarro punzante. Se aferró al cuello y los hombros de Eriol, para que no mirara su cara de disgusto, pues él seguía moviéndose. Apretó sus dientes cuando minutos después su cuerpo no lograba acostumbrarse al intruso que insistentemente se movía. Quiso decirle que parara. Quiso decirle que no le estaba gustando. Quiso decirle tantas cosas, que nada salió. Presa del temor, del desconocimiento, de la angustia, del dolor, solo se limitó a apretar sus labios y a cerrar sus ojos, rogando porque todo aquello terminara pronto. No esperó, en ninguna de sus fantasías de cómo sería, sentirse así. Dolía.

Los minutos se hicieron algo eternos, pero asumió que todo terminaría luego cuando el hombre que la había hecho mujer aceleró sus embestidas y se agitaba su respiración. Con una última estocada que llegó hasta lo más hondo de su ser, soltó el aire que había estado conteniendo. Eriol se recostó sobre ella, escondiendo la cara entre su cuello y la almohada. Sakura lo agradeció, no sabía cuál era su expresión, pero no estaba preparada para enfrentarlo.

Lo sintió moverse y salirse de ella. Lo vio darle la espalda e ir al baño. Ella solo acercó sus rodillas a su pecho y se quedó unos segundos valiosos en posición fetal, sintiéndose protegida de esa forma. Suspiró y por inercia se puso de pie y buscó su ropa. No hizo amago de mirar si en su cama estaba la tan característica mancha de haber perdido su virginidad. Ya tendría tiempo para eso.

Cuando Eriol salió del baño ella estaba vestida y con un gesto que pretendió ser una sonrisa tranquila, entró ella. Una vez dentro, se miró en el espejo y, aunque no supiera nada del tema, sabía que una mujer que se había entregado al hombre que amaba no debía verse así. Se lavó y refresco. Cuando creyó estar medianamente en estado para salir, lo hizo. Eriol estaba en el pequeño sillón que minutos antes ella había compartido con su Jefe.

Shaoran.

Su corazón se apretó y se acercó a su novio, sentándose junto a él, evitando por todos los medios verlo de frente. Él la miró, pero no dijo nada, solo acerco una de sus manos a la mejilla de ella, colocando un beso donde minutos antes lo hubiera hecho el castaño.

- ¿Te hice daño, pequeña?

Sakura negó con la cabeza.

- ¿Segura? –insistió Eriol.

Sakura, armándose de valor, pero sin mirarlo directamente, contestó.

- Me ha dolido…un poco.

- Es normal –dijo como si nada.

Sakura no supo qué sentir ante tan escueta respuesta, acaso ¿eso era todo? ¿Así realmente debía sentirse? Una lágrima traicionera rodó por su mejilla.

- ¿Estás llorando?

Se limpió rápidamente la lágrima y negó exageradamente con su cabeza.

- No…es solo…. –pero su voz la traicionó. Inhalo y exhalo antes de continuar- Quizás dolió más de lo que creía.

La reacción del peliazul Sakura no se la esperaba, él soltó una pequeña carcajada.

- ¿Tanto así? –pregunto con lo que la castaña sintió era burla.

- Eriol, estoy hablando en serio. Me dolió.

- ¿Cómo para llorar? –continuó en ese tono casi imperceptiblemente burlón.

Sakura frunció el ceño ¿qué demonios había pasado con el considerado hombre que ella amaba? ¿El qué velaría por ella? ¿El qué la cuidaría de todo peligro?

- ¿Te estás burlando?

- No…-negó de inmediato- Es solo…¿realmente no te gusto?

Sakura miró el fondo de los ojos azules que amaba tanto y algo en su interior le impidió seguir hablando con la verdad y cuál actriz puso una sonrisa que llegó hasta sus ojos.

- No, estuvo bien… -y se acercó para depositar un casto besos en los labios del peliazul.

Él la quiso retener un poco más en esa caricia, pero había venido a algo más que acostarse con ella.

- Vi salir a tu jefe…-ella asintió- ¿Te ha costado mantenerlo a raya?

Sakura volvió a fruncir el ceño, realmente lo único que quería en ese momento era que Eriol se fuera, aun cuando lo amaba más que a todo y a todos en el mundo.

- Descuida, sé cómo tratar con él.

- Venía a dejarte este sobre –recién entonces Sakura notó que él tenía algo en las manos, lo miro curiosa dejando que continuara- Te tienes que asegurar que Shaoran se entere que hay alguien desde muy arriba implicado en un complot, haciéndole llegar este sobre.

Y el corazón de Sakura terminó por romperse en mil pedazos. Nadie nunca debería haber perdido su virginidad de esa forma. Estaba segura que las novelas románticas que había leído no decían ni la advertían para lo que sentía en ese momento. Ninguno de sus galanes de literatura, ni el más idiota de los idiotas había hecho sentir así a la protagonista, lo podría apostar. Pero fue eso lo que la hizo darse cuenta: su vida no era una parte de un libro. Su vida era eso: la realidad.

Tomó el sobre en sus manos y asintió. Luego miró el reloj.

- Quizás ya deberías irte… -comentó casualmente. Eriol asintió- Ten cuidado que no te vea –dijo la castaña refiriéndose a Shaoran.

- Siempre lo tengo.

Tomó entre sus manos la cabeza de ella y la beso. Lo que quiso ser un beso que demostraba amor y pasión, terminó siendo una caricia eventual. Pero ni eso, que incomodó a ambos, logró que se volvieran a mirar directo a los ojos.

Cuando vio la puerta cerrada y se supo sola, fue que dejo salir sus emociones y millones de lágrimas que habían estado ansiosas por salir, salieron silenciosas, opacando las brillantes esmeraldas.

SH

Miraba el techo con insistencia, después de la conversación que había tenido con la chica estaba casi seguro de que podía confiar en ella, aunque para él era extraño, su mente le decía que confiara, pero seguía teniendo un sensación extraña respecto a ella, pero ahora no sabía si era bien por la desconfianza o bien por otra cosa.

Respiró profundamente y se obligó a sí mismo a creer, creer en que esa chica era alguien en quien confiar y en que ella era la clave para descubrir por qué le habían dejado esa marca en el cuerpo.

Miró fijamente a la ventana por unos minutos y se dio cuenta de que estaba amaneciendo. Suspiro cansado, llevaba tantas noches de mal sueño que ya ni siquiera llevaba la cuenta.

Se alistó para salir al trabajo, pensando una y otra vez en lo que iba a hacer y por más que pensaba se sentía como si solo diera vueltas en círculos, tiró de su cabello por enésima vez.

Ese día, frustrado y cansado, condujo hacia su trabajo. Al entrar al edificio lo primero que vio fue una cabellera castaña revoloteando apresuradamente hacia el elevador. Sonrió traviesamente, la alcanzo y sin poder evitarlo la sujeto fuertemente con sus manos hablándole fuerte al oído.

- ¡Te encontré! -le dijo, sobresaltando a la castaña y haciendo que ella tirara los documentos que traía en brazos.

- ¡Perfecto! -soltó la castaña molesta al ver los papeles tirados en el suelo, pero al reconocer quién había hecho eso, trato de sonreír en cuanto vio a su Jefe parado detrás de ella.

- Lo siento -dijo Shaoran con un leve sonrojo y tirando de su cabello como era costumbre y ayudando de inmediato a la castaña.

- No pasa nada -dijo entre un suspiro la chica y Shaoran se le quedó mirando un segundo, se veía triste y algo rara.

- Creo que estás mal -dijo Shaoran con el ceño fruncido, a lo que la castaña se le quedó mirando con esos profundos ojos esmeraldas, pero había algo raro- Cuando alguien te molesta es para eso, para que te molestes y si no estás de humor con mayor razón tienes que expresar tu molestia -la castaña lo miraba claramente sorprendida, si bien era cierto que algo le pasaba no creía que alguien siquiera pudiera notarlo, no tenía ni un mes en esa ciudad y por supuesto no conocía a nadie. Suspiro.

- De verdad no es nada -dijo sonriendo tristemente, intentando convencerlos a ambos.

- ¿Te paso algo? -pregunto el castaño una vez recogieron los documentos del suelo, la chica lo miró con sorpresa, pero solo sonrió.

- Estoy bien, gracias -contestó con simpleza.

Sakura sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo cuando él la miró, pero se quedó quieta y Shaoran no hizo más que apretar los labios.

- Cuando entregues esos papeles subes a mi oficina -soltó serio y sin dejar margen a la duda, pues eso era una orden.

Dejo a la castaña seguir su camino, pero él sentía que algo no andaba bien, apenas hace unas horas habían hablado y pese a que se le veía desconcertada, no vio nada en ella que le preocupara, pero se veía diferente, como si le hubiera pasado algo grave. Suspiro, no era bueno que se interesara tanto en ella, a final de cuentas aún tenía la duda de si ella era un espía o algo por el estilo y el estar interesado solo le nublaba el juicio.

Apenas llegó a su oficina, no sin antes gritarle a un par de oficiales en el camino, se dejó caer en la silla que tenía frente al escritorio. Desde que terminó de hablar con la castaña horas antes le rondaba una idea por la cabeza, como bien dice el dicho, al enemigo es mejor tenerlo cerca, si Sakura era una espía no había mejor manera de saberlo que teniéndola directamente a su cargo y si mal no recordaba se había quedado sin asistente, ya que lo había traicionado. Ese último pensamiento, le recordaba que tenía que ir a ver a Naoko por si le sacaba algo, pero presentía que ella no hablaría.

- Deberías dejar de pensar tanto o un día de estos se te quemara el cerebro -hablo Yamasaki sentado frente a él, lo que no le sorprendió en lo absoluto, usualmente Yamasaki era de las pocas personas en las que confiaba al cien y, por lo tanto, con él siempre andaba con la guardia baja.

- Creo que el asunto es más grande de lo que pensábamos -confesó Shaoran serio, haciendo que Yamazaki prestara completa atención- Te veo luego -dijo de pronto el castaño, pero no necesitaba decirle más, para que él entendiera que las sospechas que tenía eran grandes y entre ellas la posibilidad de ser espiados y que hubiera uno que otro micrófono.

- Bien -se limitó a decir con la misma sonrisa su amigo- Pero sigo en lo mismo, si piensas demasiado llegará un día en que ese cerebro tuyo no servirá, aunque eso no sería una gran pérdida... Te veo en la sala de interrogatorios, esperemos que hoy si hable, porque será la última vez que tengamos oportunidad de sacarle algo a tu "novia" -Shaoran solo bufo antes de que su amigo saliera.

Pasaron largos minutos en los que él miró por la ventana como ya se le estaba haciendo costumbre. De pronto unos golpes en la puerta lo sacaron de su pensamientos.

- Pase -dijo en tono bajo, miró hacia la puerta y vio a la castaña enfundada en su uniforme como era debido, sonrió ligeramente- Ya no va a ser necesario que uses el uniforme a diario.

- No comprendo -dijo Sakura haciendo notar que estaba nerviosa.

- A partir de este momento serás mi asistente, creo que sabes que la que tenía ya no va a poder trabajar, por lo menos no aquí, seguro desde prisión encontrará algo qué hacer -Sakura lo miraba con escepticismo- No me mires así, estoy cuerdo y te estoy hablando en serio. La oficina que está antes de entrar a la mía es tuya, ahí hay un loker para que guardes tus cosas, ese uniforme tenlo ahí, el que vayas a ser mi asistente no quiere decir que te despediras de los operativos. Ahora ve a cambiarte que tenemos un interrogatorio pendiente.

Sakura no atino a nada más que asentir levemente y salir sin decir una palabra, dejando al castaño confundido y más curioso que antes, ¿qué le puede pasar a una persona en un lapso tan corto de tiempo como para cambiarle la personalidad tan drásticamente?

Y él no era un hombre que pudiera vivir en la incertidumbre.

SA

Estaba acomodando sus cosas en esa pequeña oficina.

Suspiró nuevamente y trató de sonreír, si bien era cierto que la vida real es más triste y cruda que la literatura, también era cierto que ella amaba a ese hombre y eso no hacía más que alimentar su confusión.

Escucho unos pequeños golpes en la puerta, inhaló profundamente y volvió a fingir la mejor de sus sonrisas.

- Pase -dijo la castaña.

Al abrirse la puerta vio entrar a una chica, a su parecer preciosa, no era más alta que ella, tenía el cabello negro largo y ondulado en las puntas, lo notó aún cuando ella llevaba una cola de caballo. Era de piel blanca y ojos grandes, muy observadores y amables de color amatista. De contextura delgada, pero en forma. Sintió calidez en su corazón y la sonrisa que segundos antes era fingida quedó en su rostro como sincera.

- Buenas tardes -dijo la chica con voz armoniosa- Mi nombre es Tomoyo Amamiya, soy secretaria del Jefe de esta división -sonrió amistosamente- El Jefe me dijo que te mostrara la oficina: la puerta de atrás es el baño y ésta -dijo señalando la continua a la entrada- es la entrada a la oficina del Jefe, yo solo manejo lo referente al edificio, personas que vienen a buscarlo, las llamadas telefónicas que sean de personas ajenas a esta división y cualquier asunto de seguridad y personal que tenga que ver con esta instalación -Sakura asintió levemente- Tú llevarás todo lo que tenga que ver con los operativos e interrogatorios, una registro de quién los hace y si hubo algún problema; también llevarás el papeleo de casos importantes -se tomó unos segundos observándola atentamente- En el escritorio están los casos abiertos que se encuentran en manos directas del jefe -se le acercó y le entregó unas llaves- Esas son las llaves tanto de la oficina, la del jefe y el cajón de los archivos, en los otros cajones están los seguimientos de otros elementos de esta división -le extendió la mano y Sakura la tomó- Espero que lleguemos a ser grandes amigas -terminó emocionada Tomoyo, a lo que Sakura solo le sonrió cortésmente- Ahora, si tienes alguna duda hazmela saber. Y, por último, el Jefe me pidió que te dijera que lo alcanzaras en el quinto piso en la tercera sala de interrogatorios.

Cuando la amatista salió, Sakura sonrió tristemente, pues ella nunca había tenido una amiga. Se animo mentalmente, levantó su mirada decidida, alzó su mentón y dejó sus cosas en un mueble de esa habitación. Volvió a llenar de aire sus pulmones y dejando atrás sus cuestionamientos personales y sentimentales, salió con paso decidido hacia donde le había indicado Tomoyo.

La sala de interrogatorio no se parecía a lo que se había imaginado, ella esperaba algo parecido a un calabozo, pero como en muchas ocasiones su mente no le ayudaba. El lugar era una oficina con pocos muebles, pero si entraba la luz del sol.

De un lado del escritorio detrás de la cámara estaba su Jefe con porte atractivamente serio y un aura sombría, a su lado estaba otro Jefe de una de las divisiones, en los pasillos había escuchado que ellos eran grandes amigos, pero así como se veían a través del cristal, parecían muy profesionales, lejos de tener una amistad tan cercana como la que decían los rumores.

- Naoko Yanagisawa, se te acusa de violar las reglas de esta institución, también de participar en actos criminales y filtrar archivos confidenciales.

Sakura miró atentamente a la chica a la que interrogaban, se veía ligeramente afligida con su cabello corto y lacio, lo extraño es que pese a que la castaña sabía que no podían verla sentía como si la estuviera mirando directamente a ella. Continuo escuchando.

- Sabes mejor que nadie cuál sería la pena por tus cargos, así que lo mejor será que hables de una vez, si tú no te ayudas nadie podrá hacerlo -la voz de su Jefe era dura.

Al verlos ahí a poca distancia, Sakura recordó otro de los tantos rumores de pasillo que había escuchado, este era referente a que Shaoran Li y Naoko Yanagisawa tenían una relación cercana y no precisamente de amistad.

- Yo solo sé que quiero ir a casa -escucho la voz débil de la interrogada.

Sakura la miró extrañada ante esa última frase. Debía admitir que se sentía culpable de verla ahí, frágil y desprotegida. Sin embargo, guardó sus remordimientos y pensó en la última frase y en la mirada de Yanagisawa.

El interrogatorio continuó durante más de una hora, su jefe y su amigo trataron sin éxito de sacarle alguna información ya que la chica no volvió a decir una palabra.

- Naoko Yanagisawa, a partir de este momento usted queda bajo la custodia de la prisión de alta seguridad del centro en lo que espera su juicio y su reubicación.

Su Jefe salió de la habitación junto a su amigo, el cual solo se despidió de él con un gesto y se retiró. El castaño, por su parte, recargó la frente en el cristal, posicionándose justo a lado de Sakura.

- No puede ser posible que pasara más de una hora y solo dijera eso -suspiro frustrado- Tantos días perdidos.

- ¿Fueron a su casa? -preguntó la castaña intrigada.

- Si, no había nada -contestó Shaoran y volteo a verla con intriga.

- ¿Vivía sola? -pregunto esta vez Sakura, agarrándose el mentón y frunciendo la ceja.

- Si.

- ¿Y su familia?

- ¿A dónde va todo esto? -cuestionó el castaño.

- Solo digo... -dudo en seguir, pero tomó aire y se armó de valor, desde que había pisado ese país supo que ya no podía dar vuelta atrás- Ella dijo: "Solo sé que quiero ir a casa" -miró de reojo a su Jefe el cual le ponía completa atención- Eso puede significar dos cosas: una, es que alguien la amenaza con algun familiar y dos, que con alguno de ellos hay algo que nos ayude.

La mirada castaña inspeccionó el rostro de Sakura, por su parte, la castaña no pudo evitar que ante la penetrante mirada de su jefe su corazón se acelerara. Se quedó ahí rígida cuando Shaoran asintió y sonrió, saliendo de la habitación y dejándola sola. Llevó su mano a su pecho en un intento inútil de tranquilizar sus sentimientos, ella solo esperaba que si algún día él se enteraba de lo que había hecho la perdonara, ya que por su parte ella jamás podría hacerlo.

Y al percatarse de ello...se sintió en el mismo puesto de Naoko Yanagisawa.