Disclaimer: Los personajes pertenecen a SM, la historia es de LyricalKris, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)
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Capítulo 3
—No volveré a Seattle hoy.
Al otro lado del teléfono, Edward prácticamente podía ver parpadear a su madre. Le había rogado que la dejara ir con él, pero él se había negado.
—Edward, tan solo esta mañana no podías soportar el pensar estar ahí.
—Fue terrible. —Su garganta se cerró ante el recuerdo. Nunca sería capaz de explicar cómo caminar por los pasillos de Forks High se sintió como si estuviera caminando por un río de sangre—. No tengo idea de cómo soportaré la ceremonia.
—Sabes que no tienes que hacerlo. —La voz de su madre era tan calmante y comprensiva como siempre—. ¿Acaso es… estás teniendo algún tipo de reacción, cariño? ¿Es por eso que no puedes conducir de vuelta?
Edward tuvo que sonreír. Una reacción. Como si hubiera tomado una nueva medicina y ésta le hubiera provocado urticaria. Pero era una descripción tan adecuada como cualquiera. Su madre había estado presente en muchos de sus flashbacks más severos y en sus peores momentos. Había estado aterrada de esa posibilidad, que él tuviera un paralizante ataque de pánico al poner un pie en la escuela y que no hubiera nadie para ayudarlo.
—No es eso, mamá. Um. —Cerró los ojos, debatiendo si quería meter a su madre en esto—. ¿Recuerdas a Bella Swan?
—¿Pequeña Bitty? —Fue Emmett quien habló entonces. Su madre debió de haberlo puesto en altavoz—. La recuerdo.
—Sí. ¿Oye, Em? Solías salir en citas con chicas aquí en Forks. ¿Qué demonios hacías aquí?
Hubo una pausa al otro lado de la línea, y Edward pudo haberse pateado a sí mismo. Podía decir que su hermano estaba conteniendo la risa cuando habló.
—¿Quieres repetirme eso? ¿Tendrás una cita con una chica? No, espera. ¿Saldrás con Bitty? ¿Cómo en una cita?
Sí, definitivamente eso había sido un error.
—No es una cita. No en realidad. Solamente pregunté si podía vera de nuevo esta noche, eso es todo.
Hubo silencio al otro lado de la línea a excepción de una suave risa que Edward identificó como su padre. Genial, así que todos estaban ahí. Él bufó.
—Ustedes son maravillosos. Llamaré después.
—No. Cariño, espera. —Esme sonaba demasiado divertida como para calmar la irritación de Edward—. Lo siento. Es solo que no esperábamos esto cuando fuiste ahí solo. ¿Por qué no retrocedes y nos dices qué pasó?
Así que Edward contó la historia. Omitió las partes en las que prefería no pensar. Su tiempo en la escuela antes de que Bella llegara era una horrible mezcla de emociones que aún no había descifrado. Sus recuerdos, buenos y malos, se mezclaron con una abrumante sensación de injusticia. La preparatoria. En su momento, se había sentido tan grande. Ahora, como un adulto, sabía qué pequeña había sido la experiencia de la preparatoria. Había todo un mundo allá fuera que sus amigos ni siquiera podrían haberlo imaginado.
Habló de Bella asustándolo, cuando las sillas se cayeron, el fuerte sonido le había dado pánico. Algo estaba pasando de nuevo en ese lugar. Algo devastador. Había visto su cuerpo en el suelo y por tres horribles segundos mientras corría hacia ella, pensó que todo estaba pasando de nuevo.
Pero luego había visto que la chica —mujer— estaba bien, solo aturdida. No había sangre. Los gritos estaban en su cabeza. Había profundidad en sus lindos ojos marrones. No como los ojos de Mike, que habían estado vacíos y sin vida en la muerte.
Sus padres, especialmente, estaban preocupados por Bella. Hablaban de ella seguido poco después de que había pasado, preguntándose qué había pasado con ella. Siempre había sido amable con ellos. Una buena chica, y la alegría de su padre. Charlie, dijeron sus padres, se preguntaba si estaba haciendo lo correcto con su, frecuentemente callada, niña pequeña. Edward fue evasivo cuando habló de lo que había estado haciendo en estos últimos diez años. Ella había sido honesta con él, pero eso no significaba que quisiera que él gritara sus problemas a quien sea que los escuchara.
—No creo que la vida la haya tratado demasiado bien —dijo en su lugar—. No es una cita. No en realidad. Ninguno de los dos es fanático de ese tipo de cosas. Solamente quería pasar más tiempo con ella. No podía dejar que el almuerzo fuera el final.
—Creo que eso es comprensible —dijo Esme.
—Oye, ¿aún luce como un chico? —preguntó Emmett. Alguien, probablemente su esposa, golpeó su brazo—. Ow. Oye, ¿qué? Lo hacía. Era tan flacucha y desgarbada, incluso como adolescente.
—Ella tenía trece —dijo Edward, vagamente enojado por alguna razón—. Ella es…
No era como si no se hubiera dado cuenta de que Bella había crecido para convertirse en una mujer impresionante. Tenía ojos, y era un hombre heterosexual caliente. Le gustaba la forma de su trasero. Le gustaban las curvas de su cuerpo. Le gustaba la forma de sus labios y el desafío en sus ojos. Pero nada de eso era el punto.
—Ella ha crecido, eso es todo —finalizó.
—Uh huh. Bueno, no sé qué decirte, hombre. Forks nunca fue un lugar caliente para las citas. Es por eso que muchos chicos consumían drogas.
—Emmett —dijo su madre, escandalizada—. ¿Consumiste drogas?
—Ah, no abras una caja con la que no puedas lidiar, mamá. Y no creas que tu hijo dorado era completamente inocente —pausó—. No me mires así. Los dos terminamos bien.
—Bien, así que podemos borrar las drogas de la lista con seguridad —dijo Edward secamente. Internamente, se preguntó acerca de Bella y las drogas. No soy adicta, había dicho, pero eso no significaba que no estuviera envuelta en eso—. ¿Qué otra cosa hacías con tus novias?
—¿Qué es lo que tú hacías con tu novia?
El corazón de Edward dolió, y miró sus manos. La ola de culpa que sentía probablemente era estúpida. Si Angela hubiera vivido, probablemente no hubiera sobrevivido a una relación a distancia. Aun así, especialmente estando de vuelta en Forks con recuerdos de su dulce sonrisa en cada giro, se sentía mal estar hablando acerca de ver a otra mujer.
—Lo siento —dijo Emmett, dándose cuenta.
—Está bien. Y solo tuve una novia. Realmente no salimos como tal. Solo pasábamos el tiempo juntos. —Y besándose. Hablando sobre cómo sería el futuro lejos de Forks con las narices rozándose y los labios tocándose de vez en cuando. Nada que realmente pudiera hacer con Bella.
Emmett bufó.
—¿Crees que hice algo diferente? Solamente pasábamos el rato cuando los padres y hermanos pequeños no estaban alrededor. ¿Sabes a lo que me refiero?
—¿Estás tratando de causarle un infarto a tu madre? La ignorancia es felicidad, hijo —dijo Carlisle al teléfono, sonando divertido.
—Es el pasado, mamá. Salí de mi adolescencia sin ninguna sobredosis o envenenamiento por alcohol o un bebé sorpresa. Está bien —se rio—. En serio, Edward. Si fuera verano, quizá tendría otras sugerencias para ti. Pero al menos que vayas a un bar, tu opción es alguno de los restaurantes y en ese caso tendrías una hora límite.
Edward golpeó el volante con sus dedos, considerándolo. Definitivamente no llevaría a Bella a un bar sin saber de qué vicios ella quería alejarse.
—Supongo que tendré que ponerme creativo. Como sea. Los llamo mañana.
—¡Buena suerte, hermano! —dijo Emmett antes de que Edward terminara la llamada.
Era extraño estacionarse en la casa de los Swan. Incluso en la oscuridad, la casa era familiar. Cuando miró al asiento del pasajero, él casi se sorprendió de no ver a Leah ahí, quedándose unos minutos más mientras terminaban de reírse a carcajadas de lo que fuera que estuvieran hablando. Antes de que tuviera auto, eso les molestaba a sus padres. Se estacionaban para dejar a Leah, y él y Leah se quedaban en el asiento trasero, las cabezas juntas, riéndose de algo o del otro.
Edward tenía varios amigos ahora, pero ninguno como Leah. En realidad, ninguno como alguna de las personas que perdió una década atrás.
Quitándose eso de encima lo mejor que pudo, Edward salió del auto. Se estremeció. El frío era del tipo que se metía en cada centímetro de su piel y bajo su chaqueta. Se acomodó los guantes mientras comenzaba a caminar.
—Hola —dijo Bella a modo de saludo. Abrió la puerta y volvió a meterse—. Entra —llamó por encima de su hombro—. Lo siento. Me distraje. Dame un segundo, ¿sí?
Edward cerró la puerta, mirando alrededor. Un escalofrío lo recorrió. La casa estaba casi exactamente como la recordaba. Los mismos muebles. Lo más grande que el jefe había pescado aún estaba en la pared, junto con algunas piezas de arte Quileute.
Bella había quitado todas las fotografías de la familia. Recientemente, también. Sus sombras aún podían verse en la pared al subir las escaleras. Tan triste como lo ponía eso, Edward también estaba aliviado. Había manejado hasta esta casa sin ningún tipo de inquietud. Ya podía oír las voces en su cabeza. Realmente no quería ver a Leah y Seth en las paredes como habían sido en la escuela. No quería ver al jefe orgulloso y de pie junto a su familia. No quería ver a Sue sonriendo y feliz. No quería ver a la pequeña Bella, tímida y fuera de lugar, pero aún parte de esta familia.
La casa era la misma, y aun así era diferente. Como la escuela, muy callada.
—Tenías razón —dijo Edward en voz baja mientras entraba a la sala de estar, donde Bella había desaparecido.
No miró hacia arriba de inmediato. Estaba sentada de piernas cruzadas frente a la mesa de café. Había piezas a su alrededor, y tenía una página de internet abierta en su teléfono.
—¿Sobre qué tenía razón?
—Hay fantasmas aquí.
Alzó los ojos para que se encontraran con los de él, y sonrió con una sonrisa triste.
—¿Demasiado aterrador para ti?
—No —dijo Edward, no diciendo del todo la verdad. Se sentó en la silla del jefe. Los ojos de ella lo siguieron mientras lo hacía, pero no lo detuvo—. Pero lo sería, creo, si tuviera que estar aquí solo. ¿Cómo lo haces?
Ella bufó suavemente, regresando sus ojos a su trabajo.
—Puedes hacer muchas cosas si no tienes otra opción. —Se encogió de hombros—. Quiero decir, supongo que sí tengo una opción, ¿cierto? ¿En esa forma de que las personas siempre tienen una opción? Técnicamente, tengo más ahora de lo que he tenido desde que cumplí dieciocho y heredé una buena parte del seguro de mi papá. Sue firmó para que esta casa fuera mía. Ella era la dueña y ahora lo soy yo. Podría venderla, y usar el dinero para estar en otro lado, ¿pero luego qué?
»Una casa en Forks no vale lo que las casas en otros lugares lo hacen. Y aún no tengo un trabajo. No tengo habilidades comprobadas. No tengo un plan —sonrió, su tono se estaba volviendo irónico—. Hice eso por mucho tiempo. Solo seguir en movimiento. Seguir en movimiento hasta que encuentres algún lugar que se siente como el hogar. —Sacudió la cabeza—. No funcionó para mí, así que estoy tratando de quedarme quieta por un minuto.
Suspirando, miró alrededor y se estremeció.
»Algunas veces pienso que debería ser lo suficientemente fuerte como para seguir moviéndome. Ser una de esas historias, ¿sabes? Escoger una gran ciudad y descubrir cómo quedarme ahí.
—Sí —dijo Edward con una risa—. Sé de ese problema. Viví en Nueva York por un tiempo. Fui a la escuela ahí, y tuve un departamento de una sola habitación que compartí con seis personas.
Las cejas de Bella se arquearon en sorpresa.
—¿Seis?
—Sí. Uno de esos en donde mis compañeros de departamento dormían en una cama inflable en la cocina. Teníamos que pasar sobre él y su novia o novio de turno para conseguir café.
Ambos se rieron. Ella tenía una linda risa.
—Sí, creo que mi límite sería cuatro compañeros, pero de nuevo, nunca he tratado de vivir en algún lugar en donde la renta fuera tan alta como he escuchado que es en Nueva York. —Ella hizo una mueca con los labios.
—Ah. —Edward se encogió de hombros—. Realmente fue mi culpa. Pude haber vivido en los dormitorios, pero tenía diecinueve. Había aceptado un trabajo sin importancia, y supongo que estaba tratando de probar mi independencia. No duré demasiado. El siguiente semestre, me mudé de nuevo al campus.
Bella asintió.
—¿En qué es tu título?
—Negocios.
Bella asintió de nuevo, más lento esta vez.
—Uh huh. —Presionó sus labios juntos, concentrándose en lo que estaba haciendo por un minuto—. Un título en negocios en una escuela de Nueva York.
—Sí.
Lo miró.
—Eso es lo que Leah quería hacer.
Por la manera en la que lo miró, Edward tuvo la extraña sensación de que ella podía ver el fondo de su alma. Como si no estuviera engañándola, aunque no estaba tratando de engañar a nadie. Tragó el nudo que se había formado en su garganta.
—Sí.
Ella miró de nuevo a la mesa, concentrándose otra vez.
—Oye, es más de lo que yo pude lograr. Apenas y me gradué de la preparatoria el año pasado. —Le lanzó una mirada por debajo de sus largas pestañas.
Para este punto Edward ya no estaba sorprendido. Su corazón se retorció. Ella era lista; él sabía eso. El jefe Swan nunca dejaba de hablar de este premio u otro que ella solía recibir. Leah podía ser evasiva al respecto, pero también estaba muy orgullosa.
—Publicaron el ensayo de mi hermana pequeña en una revista —le había dicho una vez, sonriendo—. Es bastante cool, ¿no?
¿Qué tan bajo había caído esta chica para ni siquiera terminar la preparatoria a tiempo?
—¿En dónde aprendiste todo esto? —preguntó Edward, moviendo la barbilla hacia la laptop en la que estaba trabajando—. Tengo que admitir, cuando mi laptop no sirve, la llevo al Geek Squad.
—Me gradué de la escuela de YouTube en la Universidad de Google —sonrió—. Era una necesidad. Cuando las cosas se averiaban alrededor de la casa, me refiero a cuando viví con mi madre, a ella le tomaba años arreglar las cosas. Y algunas veces eso se debía al dinero o a los malditos arrendadores. Ya sabes, si no quería congelarme hasta la muerte antes de poder pagarle a una persona para que lo reparara o hasta que el arrendador dejara de ser un imbécil. Esa clase de cosas.
Señaló hacia las partes de la laptop que estaban alrededor de la mesita de café.
»Esto se trata de supervivencia pura y simple. Sin mi laptop, pierdo la conexión hacia el mundo exterior. —Era un chiste, pero al mismo tiempo no lo era. Su sonrisa era muy débil para que su comentario fuera completamente gracioso. Se encogió de hombros y comenzó a armar la laptop nuevamente—. Como sea. Creo que realmente comencé a desarmar máquinas porque pueden ser entendidas. ¿Humanos? Aún no entiendo a los humanos.
—Sí —dijo Edward, con la boca repentinamente seca—. Yo tampoco.
Había pasado mucho tiempo de la última década de su vida preguntándose por qué, buscando respuestas que nunca obtendría. Cuando la mayoría de su clase había decidido que Eric era el chico "raro". ¿Realmente había sido tan raro? ¿Siempre había sido un sociópata o todos tenían algo que ver en hacerlo en lo que se convirtió?
—Ugh. Lo siento. —Bella sacudió la cabeza—. Esto es un tema pesado. Lo ves, esta es otra razón por la que no salgo en citas. No tengo el concepto de una conversación socialmente aceptable.
Él bufó.
—Bella, te pedí salir en la misma habitación en la que mis amigos y tu familia fueron asesinados. No es exactamente el mejor lugar para conocerse y los temas ligeros.
Se mantuvo callada ante eso, y Edward se quedó asombrado. ¿Realmente había dicho eso en voz alta? Nunca hablaba del tiroteo así tan abiertamente. Siempre, él y su familia, trataban con cuidado el tema de lo que había pasado. Hablaban de las pérdidas, pero no de asesinato. No de la sangre. No de la masacre. No de la violencia.
—Lo siento —dijo.
Ella sacudió la cabeza y se impulsó para estar sentada en el sofá.
—No es una cita de todas formas, ¿no? Porque ninguno de los dos hace eso.
—Cierto. No hay reglas.
—Qué bien. Apesto con las reglas —sonrió—. Y, ¿qué es lo que tienes planeado?
Se rascó la nuca.
—Ah, bueno. Acerca de eso… verás, Forks es aburrido como el demonio.
Su sonrisa se ensanchó.
—Sí. Ni que lo digas.
—Me preguntaba si lo tomarías de mala manera si te invito a mi habitación de hotel. Podemos llevar comida de Sully y rentar una terrible película.
—Bueno, ya puedo decirte que será lo más divertido que haya hecho en Forks en todo el año.
Algunas horas después, estaban sentados en el piso, sus espaldas contra la cama de Edward. Sus hamburguesas ya habían sido comidas, las malteadas de moras tomadas, los créditos de Batman Vs. Superman estaban pasando y Bella se estaba riendo.
A él realmente le gustaba su risa.
—No, no, no. Es la peor Luisa Lane del mundo. De verdad. Realmente me molestó demasiado —dijo Bella.
—Guau, no quedó claro por la manera en la que le gritabas cada vez que ella era lanzada de un edificio.
—O caminaba en medio de una obvia trampa. O… sabes, no. Como sea. No es su culpa. Es un terrible guion.
—Además lo que le hicieron a la historia de Lex Luthor es criminal. —Edward sacudió la cabeza.
—No, realmente no podría importarme menos que hayan cambiado la historia de Lex Luthor. No me importa ni una mierda los cambios en la historia. Además, realmente me gusta ese chico Eisenberg por alguna razón —dijo Bella.
—No hay nada malo con el actor. Estaba bien. Es como dijiste. El guion.
—Me gustó su parte.
Edward arqueó una ceja.
—Apuesto que sí. ¿Cuál específicamente?
—Ja. —Bella le sonrió. Fue una sonrisa perezosa.
Cayeron en un silencio, prolongando sus miradas. Prácticamente estaban sentados hombro con hombro. Ella estaba tan cerca, que él juró que podía sentir el calor de su cuerpo. ¿O solamente era el calor de la habitación? Habían prendido la calefacción al máximo cuando entraron. Quizá estaba demasiado alta, pensó Edward. Ciertamente él se sentía muy caliente.
No solo caliente. Eléctrico.
Y su mirada seguía bajando hacia sus labios. Y ella miraba los suyos.
Sus labios se movieron.
—No me conociste hoy, sabes.
Edward parpadeó y volvió a mirar sus ojos.
—¿Qué?
—Antes dijiste que nos conocimos en la cafetería. No lo hicimos. —Se lamió los labios, desviando su atención hacia ahí nuevamente—. ¿Recuerdas cuando nos conocimos?
—Um. No. Creo, para mí, que siempre estuviste alrededor. Tu papá se casó con la mamá de Leah cuando tenías ¿qué? ¿Seis?
—Y no vine a vivir con ellos hasta que tuve siete. Pero te conocí antes de eso.
—¿Lo hiciste?
—Sí. Había una fotografía en uno de los álbumes de mi papá. Tenía casi uno, así que mi mamá aún no se había ido conmigo. Debió haber sido uno de los pocos días soleados que Forks tuvo ese verano. Nuestros padres organizaron una parrillada. Tenían un corralito para mí. —Sus labios se curvaron hacia arriba—. Y en la foto, tú, un-pequeño-raro-de-cinco-años, habías trepado hasta el corralito y te habías robado mi chupón. Así que yo estaba llorando y tú estabas sentado ahí con un chupón en tu boca pretendiendo que también eras un bebé —rio.
—Guau. No es sorprendente que estuvieras enamorada de mí.
—Sí, doce años después.
—Debí haber dejado una buena impresión.
Bella soltó una risita.
—¿Sabes qué apesta?
—¿Además de yo a los cinco años? Metiéndome en la boca un chupón sucio.
Ella sonrió.
—Sí, además de eso. —Bostezó y suspiró de nuevo—. Apestará regresar a una casa vacía.
Ese pensamiento lo puso triste.
Y su rostro estaba demasiado cerca.
Edward acunó su mejilla y pasó su pulgar sobre sus labios, siguiendo el movimiento por un momento antes de mirar sus ojos.
—Entonces no te vayas —murmuró.
Bella lo miró de vuelta, su rostro era una máscara, y Edward casi se separó. Sin embargo, antes de que pudiera, ella alzó la cabeza. Su cuerpo reaccionó casi sin permiso. La besó antes de que pudiera pensar en lo que estaba haciendo.
La dulzura de las malteadas aún estaba en sus labios. Pasó su brazo alrededor de sus hombros, acercándola más. Ella acunó su mano alrededor de su nuca, sus dedos jugando con su cabello.
Qué día tan surreal. Había comenzado con tanto horror. Había entrado en esa escuela solo, reviviendo el peor día de su vida, todo el dolor y culpa. Y aun así, había salido con esta mujer a su lado, y aquí estaba ella, en sus brazos. Era hermosa y real y viva y herida tanto como él, si no es que más. De lo que sea que se tratara esto —si se sentía como si ella reconociera una parte de él que nunca nadie había sido capaz de entender o si era solo que ambos estaban vivos a pesar de todo lo que habían perdido— se sentía correcto. Se sentía bien.
No quería pensar acerca de los porqués y si esto era o no una buena idea. Todo lo que sabía era que no estaba de ánimos para dejarla ir. No aún. De hecho, él solamente la quería más cerca.
Aparentemente en la misma página, Bella se movió para que estuviera montándolo. Comenzó a moverse de un lado a otro encima de él mientras sus besos iban de dulces a fervientes y profundos. Él gimió en su boca, y ella jadeó en respuesta, los sonidos vibrando entre ellos.
Ninguno de ellos buscaba saborearlo. Se pusieron de pie, y ella se sentó en la cama, él se quedó parado frente a ella, con la cabeza gacha porque no quería dejar de besarla aún. Se separaron lo suficiente para deslizar sus playeras por encima de sus cabezas. Ella se reclinó y él se puso sobre ella.
—Tomo la píldora —dijo ella cuando estuvieron frente a frente, ambos jadeando—. Y me he hecho exámenes. Tuve suerte, pero estoy limpia. Entenderé si no me crees.
Edward besó por encima de su clavícula.
—Te creo. Si dices que no necesitamos nada, confío en ti.
Eso fue todo lo que dijeron la mayor parte del tiempo. Era como si sus cuerpos tuvieran otras cosas que decirle al otro y sus bocas no podían encontrar las palabras. Él la besó gentilmente, dulcemente mientras ella lo tomaba en sus manos y lo guiaba hacia ella. Se movieron juntos, besándose. Las manos de ella fueron hacia su espalda, agarraron su trasero, y se deslizaron de vuelta a su cabello. Inclinó la cabeza hacia atrás, gritando sin palabras y él ahogó un gemido contra su cuello.
Cuando sus embestidas se volvieron más urgentes, ella enredó sus piernas alrededor de su espalda, moviendo sus caderas para que se encontraran con las suyas. Y cuando estuvieron satisfechos, él la atrajo hacia sus brazos, y pasó las sábanas por encima de ellos.
Ahí en esa cama de hotel, por esos minutos mientras se robaban suaves y somnolientos besos, Edward sintió una paz que no podía explicar; una paz que nunca esperó encontrar en este pueblo tan lleno de fantasmas.
Y... ¿qué les pareció el capítulo? ;)
Gracias a todas las que dejaron su review:
Cary, carolaap, OnlyRobPatti, ORP, Pera lt (por ahora las actualizaciones son lunes y viernes), Tata XOXO, freedom2604, kaja0507, Leah De Cal, Angeles MC, Noir Lark, caresgar26, tulgarita, krisr0405, Lady Grigori, eliana peluso 750 (Bella tenía 14 años cuando ocurrió el tiroteo), Sully YM, soledadcullen, patymdn, DIANA, Pili, Noelia, BereB, lizdayanna, Gabriela Cullen, Mary de cullen, Maria Swan de Cullen y el guest :)
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