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N/A: Harry me está saliendo… no se muy autodidacta para un chico de 15 años, peeeeeero, hay que tener en cuenta la vida que ha llevado, se las tenía que apañar él solo, porque nadie le iba a ayudar, bueno, espero que os guste.
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Editado (por mí, así que aún pueden haber errores): al releer la historia para continuarla me he dado cuenta de algunos fallos y he decidió corregirlo (perdón por subir capítulos con falta y nombres incompletos, no me había dado cuenta)
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Normal: hablar…
Cursiva: pensar…
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Adiós
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- Harry! mi muchacho, nos has tenido muy preocupados a todos. _ dijo Dumbledore acercándose a él con una expresión mezcla de decepción y falsa preocupación. _ ¿Por qué no esperaste a que te recogiera? Vamos, será mejor que vayamos a la sede de la Orden del Fénix aquí no estás seguro.
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- No! _ gritó alzando la voz y retirándose del anciano. _ No se acerque a mí, no soy su muchacho, soy su alumno, un mero alumno director, aparte de eso no soy nada suyo. No tiene derecho a venir a mi habitación privada y exigirme que vaya con usted. Como no tiene derecho a desviar mi correo, más aún si este es oficial, si sigue por este camino le garantizo en nombre de mi familia, la antigua y noble casa Potter que le haré perder cualquier poder político que ostente. _ Con un impulso de su magia expulsó al anciano de su habitación. _ Nos vemos en la lectura del testamento. _ y con eso le cerró la puerta en la cara, dejando fuera a un muy sorprendido director de escuela.
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Había más gente de la que se esperaba, estaba incluso el viejo al que había echado de su habitación al medio día. Todos allí estaban esperando a recoger las migajas de la fortuna de su padrino. Estaban los Malfoy, lo cual era lógico ya que Narcisa era una Black; estaban Remus y Tonks (ambos cerca de Dumbledore) que le miraban con una expresión en el rostro que no sabía cómo interpretar; había un representante del Ministerio (lo sabía porque había sido anunciado); estaba él por supuesto; y un montón de gente a la que no conocía pero que intuía que estaban hay para cotillear o para probar suerte con la riqueza Black.
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Llevaban unos minutos esperando hasta que apareció un goblin. Cargaba unas carpetas que soltó en una mesa grande de piedra que había en la sala, se sentó y alzó la vista hacia los allí reunidos.
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- Remus Lupin, Draco y Narcisa Malfoy, Harry Potter y Nimphadora Tonks ¿Están presentes? _ Los nombrados asintieron con la cabeza. _ Bien entonces el resto puede abandonar la sala.
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Se creó un leve revuelo ante dichas palabras, todos allí se querían quedar, pero el goblin no había dado opciones, sino una orden. Así que cuando los guardias de Gringotts aparecieron todos empezaron a marcharse, menos el director por supuesto, que se acercó al goblin situado en la mesa con una sonrisa bonachona.
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- Disculpe, pero creo que ha habido un error, como seudo-tutor del señor Potter yo debo estar presente, dada la situación en la que se encuentra. _ comentó Dumbledore con los dedos entrelazados y balanceándose sobre sus pies. A lo que el goblin le contestó con una sonrisa maligna.
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- No hay ningún error, salga inmediatamente de esta sala, si no lo hace por su propio pie, nosotros nos encargaremos de sacarlo de forma, digamos, menos amable. _ Ante esto, el director empezó a impacientarse, y se volvió hacia Harry.
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- Mi muchacho, puedes acabar con esto y decirle al goblin que tengo que permanecer aquí, eres menor y como huérfano y sin padrinos debe haber una figura responsable de ti durante la lectura.
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- Verá director, soy cabeza de familia y tengo más de 15 años, no le necesito, a usted o a cualquier otra persona, ni le quiero aquí, como ya le dije esta mañana, y en el caso de que necesitara a alguien, para eso está el representante del Ministerio. _ Contestó dulcemente y con una sonrisa.
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El director no fue el único que se sorprendió ante estas palabras, de hecho todos los allí presentes (menos el goblin) estaban asombrados, nadie se esperaba que el chico de oro de Dumbledore le contestara de esa forma. Así que por una vez, el anciano hizo lo sensato ante esta situación, se dio la vuelta y con los puños apretados por el coraje, salió de la habitación.
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- Bien, será mejor que comencemos. Para Draco y Narcisa Malfoy, familiares de sangre, el fallecido Sirius Orion Black lega el apartamento en el 12 de Gridmund Place y manor Black, en Londres y Aylesbury respectivamente, con todo su contenido. Para Remus Lupin, amigo de la infancia, deja la cámara 126. Para Nimphadora Tonks, sobrina por sangre, la cámara 127 y la propiedad y tierra Black de Salisbury. Por último, para Harry Potter deja el resto de sus cámaras y propiedades. En estas carpetas está el contenido de lo que acaban de heredar, pueden permanecer aquí para examinar el contenido de oro y posesiones total, así como visitar sus nuevas cámaras si lo desean. Cuando hayan terminado les aconsejo que se dirijan al Ministerio con las escrituras, que están en las carpetas, para que realicen los duplicados pertinentes y queden allí registrados. Que tengan una buena tarde.
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Con eso el goblin se marchó dejando a los recién herederos solos con sus pensamientos.
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Acababa de caer la noche y Harry llevaba ya un rato en el Departamento de Propiedades poniendo en orden sus documentos, antes había tenido que pasar por el Departamento de Voluntades, Herencias y Legados y ahora estaba muy cansado, solo deseaba que le entregaran su copia firmada y compulsada, y dormir en su cama, en su casa, ahora por fin tenía un lugar al que llamar suyo.
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- Listo Lord Potter, solo firme aquí y aquí y habremos terminado. _ le dijo la funcionaria, de la que no recordaba su nombre, con una sonrisa coqueta.
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Él solo firmó, tomó sus papeles y salió de aquel sitio apretado y atestado que pretendía ser un despacho del Ministerio de Magia. Los pasillos estaban vacíos y en penumbra, aunque no totalmente oscuros, se veía que aún había gente trabajando hasta tarde. Se pasó una mano por el pelo (costumbre que había adquirido y repetía cada vez que estaba frustrado, cansado o confundido) y con un hastiado suspiro se dirigió hacia el ascensor, estaba a punto de pulsar el botón que le llevaría al atrio y entrada del ministerio, pero con un segundo de duda y casi sin darse cuenta pulsó otro botón, las puertas se cerraron. Y allí estaba él, solo y algo nervioso por no haber salido aún. Pensaba irse, estaba cansado, pero no podía, tenía que despedirse, y había algo en esa sala...
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- Ding Departamento de Misterios. _ Dijo una voz artificial mientras se abrían las puertas.
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Con paso inseguro se dirigió hacia la ominosa puerta que le esperaba al final del pasillo y la abrió, le sorprendió que nadie apareciera para detenerle. _ Es increíble. _ pensó con incredulidad. _ Hace apenas dos meses que el Ministerio había sido invadido y asaltado, y la seguridad no había mejorado en absoluto, es absurdo.
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Ahora solo tenía que abrir una de las tantas puertas de aquella sala circular, sintió una especie de tirón de una en particular, así que agarrando la manija abrió la puerta de un tirón. Y allí estaba, un semicírculo en torno a un arco, como la última vez que estuvo frente a él se sintió como hipnotizado, pero solo al principio, ya había pasado por esto y sabía lo que era el arco con su Velo, no había venido aquí a ser imprudente (es cierto, por descabellado que parezca, no pretendía hacer nada irreflexivo, aunque se hubiera colado allí), solo quería despedirse adecuadamente.
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Bajó los escalones lentamente, mirando fijamente el Velo, y sus ojos se empezaron a cargar de lágrimas no derramadas. Se acercó hasta una distancia prudencial.
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- Adiós Sirius, me habría gustado que pasáramos más tiempo juntos, que nos conociéramos mejor. _ Dijo con voz temblorosa derramando únicamente dos lagrimas. _ Te echaré… te echo de menos.
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Se quedó unos momentos de pie con los ojos cerrados recordando a su padrino y arrepintiéndose de no haber podido agarrarle, pero estando así con los ojos cerrados, empezó a oír el sonido de las olas. _ Qué extraño. _ pensó frunciendo el entrecejo. Al abrir los ojos vio ondear el velo, y casi parecía como si corriera una agradable brisa marina. _ justo como en el sueño..._ estiró la mano para acariciar la tela, cuando se dio cuenta. _ ¡¿Cómo demonios he llegado hasta aquí?!_ Rápidamente retiró el brazo con violencia y se dio la vuelta, y estaba a punto de dar el primer paso para salir de allí cuando una ráfaga violenta de aire le azotó la espalda y le hizo caer al suelo de rodillas. Levantó la vista y no pudo más que agrandar los ojos, parecía que estaba en medio de un tifón, el viento silbaba con fuerza en sus oídos desde varias direcciones, se sentía como un muñeco de trapo, siendo zarandeado de esa forma, una fuerte ráfaga lo levantó del suelo, se tensó esperando estrellarse contra uno de los bancos de piedra, sin embargo lo que sintió fue como unos brazos los cogían y tiraban de él... hacía dentro del arco. Ni siquiera le dio tiempo a gritar cuando la oscuridad le envolvió...
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Continuará...
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