Como siempre, la historia es mía y los personajes de Meyer.

Las adoro, espero disfruten de leerlo como yo de escribirlo.

Besos...

Capítulo 3.

Ingenua.

Las orejas de Bella aun estaban rojas. No quería cerrar los ojos porque las imágenes volvían a su cabeza. Jamás había visto eso. Las imágenes mostraban a una chica. Por supuesto desnuda. Pasando el rato con cuatro hombres.

Sacudió la cabeza. No era como si "estaban hablando" la chica estaba siendo penetrada por delante, detrás y por la boca, mientras el cuarto hombre se tocaba a sí mismo como esperando a que un agujero se desocupara.

Se estremeció. ¿Cómo alguien querría hacer eso? ¿Era siquiera cómodo tener tantas cosas adentro? La chica en cuestión no parecía estar pasándola mal. ¿O solo aparentaba para la foto?

—Un dólar por tus pensamientos. —Literalmente pegó un grito asustando terriblemente a su visitante.

—Diablos, muñeca. No me des esos sustos. —Bella colocó una mano contra su pecho.

—Lo siento, Jake. No quise asustarte. —El moreno maniobró las muletas sentándose a su lado, se encogió de hombros restándole importancia.

—No importa. Estabas demasiado concentrada viendo a la nada y me pareció divertido molestarte.

Bella respiró más profundo y quitó la mano de su pecho. — Estaba distraída.

Jake rió, — de eso me di cuenta. ¿Aun piensas en el idiota de tu ex? —Bella frunció el ceño. — ¿El médico? —Jacob la vio divertido.

— ¡Ah, Claro! No, no pensaba en él. —El jugador frunció el ceño.

— ¿Entonces por que estabas tan distraída?

Respiró profundo mientras fruncía el ceño. Si hubiera estado prestando atención habría dicho que sí pensaba en Mike. No en la chica multi penetrada.

— ¿Muñeca? —Volvió a dar un saltito de susto.

—Solo estoy distraída. Mike dijo muchas cosas.

— ¿Cómo qué tipo de cosas?

Era una terrible mentirosa. Mordió su labio y observó al moreno que le devolvió la mirada con una risa.

— ¿Qué?

—Nada. Prefiero no hablar de eso.

—Bella, estás comportándote un poco loco. —Rió sacudiendo la cabeza. Claro que se comportaba así. No tenía la confianza suficiente para hablar de la chica multi penetrada. Sacudió la cabeza. De verdad debía dejar de decir multi penetrada.

— ¿Ves? Estás riéndote sola con tus pensamientos ahora. Pasas de la extrema seriedad a sonreírte.

—Lo siento —se mordió el labio. Jacob sacudió la cabeza.

—No lo hagas, eres jodidamente divertida.

—Pues me alegra entretenerte. —La expresión del moreno cayó un poco.

—Me hace falta, muñeca. Me hace mucha falta. —Bella se preocupó de inmediato por él olvidando el la imagen de la chica MP.

— ¿Qué es lo que sucede contigo?

— ¿De qué hablas exactamente, muñeca?

—De ti —lo señaló y el jugador alzó sus cejas subjetivamente, Bella rodó los ojos. — Deja de evadirme. Sabes de qué voy a hablarte, ¿verdad? —Tuvo la decencia de no distraerla sino que suspiró recostándose en el espaldar del sofá.

—Dispara, muñeca. Puedes preguntar lo que quieras ahora que Carlisle toma su siesta y Edward sigue durmiendo la mona de ayer.

Frunció el ceño. Ella había visto a Edward la noche anterior y evidentemente no estaba bebido. Sacudió la cabeza sin querer distraerse, por fin Jacob iba a hablar de lo que le pasaba.

—Dime que te dijo el médico.

— ¿Vas directo al grano, no?

—No empieces a evadirme con más preguntas.

Rió sacudiendo la cabeza— está bien, está bien. —Pareció pensar sus palabras un poco más. — Me dijo que no había mejoría. Que no puedo caminar aun. Me molesté y le dije que podía dejar que se lo cogiera un burro. —Bella abrió sus ojos sorprendida, pero Jacob no se detuvo por su comentario soez— pero luego se me ocurrió la brillante idea de intentar dar un par de pasos sin muletas y prácticamente me caí de culo. —Bella seguía viéndolo fijamente. Sus cejas cada vez más cerca del nacimiento del cabello. — Me duele peor que antes. —Cerró los ojos. —No le dije nada porque… que se joda… pero malditamente me duele y no sé que voy a hacer.

Esperó unos minutos para pensar bien cómo podía ayudarlo.

—Tiene que haber algo que podamos hacer.

—A estas alturas no lo sé. ¿Puedo decirte algo? —La chica asintió de inmediato. — Estoy aterrado. Quiero jugar. Siempre he querido hacerlo. Lo extraño como loco. Pero… ¿Cómo voy a hacer? —Bella se acercó abrazándolo. Sorpresivamente el moreno la rodeó con sus brazos. Se quedó allí recostada de su pecho.

—Ya se nos ocurrirá algo, Jake. Voy a ayudarte. —Jacob besó su cabello.

—Prometo no decirte que te puede coger un burro. —Y eso rompió el drama. Llevándolos a ambos a una histeria de risas.

—Veo que las cosas han mejorado en mi ausencia. —Edward venía del pasillo de las habitaciones, repitiendo el atuendo de la mañana cuando había despachado a Mike. —Creí que te demorabas mas, Jake —se estiró haciendo que el botón sin amarrar de los pantalones forzara su distancia.

—Seh —Jacob se vio incómodo— el médico tuvo una emergencia y terminé regresándome a casa. —Bella se estremeció un poco al escuchar la mentira pero Jacob mantuvo su mano en la espalda de la chica, impidiéndole incorporarse. Edward terminó de estirarse y lo vio con el ceño fruncido.

— ¿No viste al doctor? —El moreno le evitó la mirada distrayéndose con el control del televisor. Bella prefirió no apartarse del pecho del jugador. Evidentemente estaba mintiendo y ella era muy mala haciéndolo, por lo que se mantuvo escondida del escrutinio de Edward a medio vestir.

—No, no lo vi, hombre. Tenía una emergencia o una mierda así. La secretaria me dijo que me llamaría para ponerme una nueva cita.

—Pero tu caso es importante también. ¿No podías quedarte y esperarlo?

—Nah. Tampoco es para tanto.

—Jacob. —Aun no lo veía al rostro.

El jugador suspiró y mantuvo una mano en la espalda de la chica como manteniéndola ahí apoyada, — ¿Sí? —Edward alzó las cejas fijándose en la posición de ambos, Jacob se rió sin decir nada mas, el gigoló sacudió la cabeza y se marchó a la cocina. Jacob respiró profundo y se separó de inmediato de la chica que se enderezó también.

—Lo siento por eso —convino en voz baja. — No era mi intención dejarte recostada sobre mí tanto tiempo. —Bella sacudió la cabeza. Ambos sabían que era mejor para ocultar la mentira que había dicho.

Vas a tener que decirle en algún momento. —El susurro de ella fue realmente exagerado. Como mas bien solo mover los labios sin siquiera respirar. Jacob no pudo evitar reír al verla.

—No tengo que decirle nada. Él tiene suficiente en su vida como para preocuparse por la mía. —Bella no pudo evitar la mirada irónica en su rostro.

— ¿Suficiente? Tener sexo todas las noches no debe ser tan estresante. —Jacob rió. Duro.

— ¿Así que este prostituto de mierda ya te dijo a que se dedica?

—Y al parecer mi profesión es de escarnio público. —Bella dio un grito fortísimo cubriéndose la boca con ambas manos. Se acabó de dar cuenta de que ya no estaban susurrando y que evidentemente Edward era capaz de oírlos.

— ¿Profesión? —Jacob soltó una risa— profesión mi culo —Edward lo vio encima del borde de la tasa de café que sostenía. Dio un trago antes de cabecear hacia la chica. Jacob rió y palmeó la pierna de Bella sobresaltándola.

—Respira, muñeca. Como creo que te dije antes. Él no tiene problemas con lo que hace. Eso que llama "trabajo" hasta Carlisle lo sabe.

Bella abrió los ojos desmesuradamente. — ¿Lo sabe? ¿Carlisle? ¿Y está bien con ello?

Jacob se encogió de hombros, — el viejo siempre fue liberal. Creo que si no estuviera en esa silla y tuviera los años que tiene, sería peor que Ed.

— ¿En serio?

—Claro. Debiste haberlo conocido mientras crecimos. La verdad no sé como mamá Esme lo soportó. —Bella recordó el sentimiento que Carlisle había demostrado cuando nombró a su difunta esposa.

—Quizás solo se enamoró. Cuando las personas se enamoran tienden a cambiar. —Hizo una pausa— o se acostumbran a las excentricidades del otro.

El moreno volvió a reír. — Pero este puto jamás cambiará. Debió haber nacido árabe. Así se hubiera podido casar con cuatro mujeres a la vez.

—No creo que eso le guste.

— ¿Y por qué es eso, muñeca?

—Por que existiría el compromiso. Así estuviera atado a cuatro diferentes esposas, él debería protegerlas, proveerlas y respetarlas por igual. Un hombre que se prostituye no cree en compromisos. Con una o varias.

Jacob levantó la mirada. Edward ya había terminado el café y tenía uno de sus pulgares colgando de uno de los bolsillos de su pantalón.

—Sí terminaron su análisis. —Bella abrió sus ojos desmesuradamente, había olvidado por completo que se encontraba ahí. — O de simplemente hablar de mí como si no estuviera presente. —Escondió el rostro en sus palmas no sin antes ver la risa de Jacob. — Voy a entrenar un poco. Mantener felices a las mujeres que este cuerpo prostituto atiende. Requiere de pesas y bastante cardio. —Las orejas de Isabella en verdad iban a explotar.

—Ah y ¿Bella? —Se estremeció pero levantó la mirada y se giró lo suficiente para verlo. — Si no me gusta la palabra gigoló. —la vio directamente a los ojos y la chica pensó que iba a morir de vergüenza— como el demonio no me agrada prostituto.

—Lo siento. —Su voz se escuchó infantil. Edward levantó la mirada a la expresión socarrona de su mejor amigo. Le levantó el dedo medio y salió a su gimnasio en casa.

—Oh Dios, oh dios, oh dios. —Jacob rió aun más duro al verlo a él alejarse y a ella convulsionar de pena, otra carcajada salió cuando Bella le golpeó con más fuerza la pierna.

—Te odio. ¿Por qué no me dijiste que estaba ahí?

Jacob no podía parar de reír. — Muñeca, tú sabías que estaba ahí. No fue como que estaba escondido.

Enterró el rostro otra vez en sus manos. — Me va a despedir.

El moreno se obligó a contralar la risa. — Créeme. Si hubiera querido hacerlo ya estarías afuera. Pero básicamente esto fue mi culpa. Quería molestarlo y fuiste el perfecto chivo expiatorio. Lo lamento. Hablaré con él y asumiré la culpa.

— ¿Chivo expiatorio? —Se encogió de hombros.

—Me gusta molestarlo. Hay muy pocas cosas que lo hacen. Cuando consigo alguna —se encogió de nuevo. Bella frunció el ceño.

— ¿Soy una cosa que lo molesta? —Jacob entendió el sentido en el que dijo las palabras y empezó a negar, pero Bella frunció el ceño siendo golpeada por otra pregunta. — ¿Por qué te gusta molestarlo?

Sacudió la cabeza y respiró profundo —porque somos hombres y eso es lo que hacemos. —Lo vio como por diez segundos seguidos intentando entenderlo, cuando desistió resopló levantándose del sofá, Jacob intentó agarrarla pero se escabulló. — ¡Muñeca! ¿Para dónde vas? No te marches, en verdad no va a despedirte. Lo siento, ¿está bien? No debí usarte. No volveré hacerlo.

Suspiró audiblemente, — voy a prepararle un poco de comida a Edward. Antes de que salga a trabajar. —Sonó extraño hasta para ella misma pero resoplando ligeramente dejó al jugador solo.

Edward acababa de terminar cuarenta y cinco minutos en la trotadora de su gimnasio cuando su mejor amigo entró a la sala.

— ¿Qué tal, Ed? —Se quitó los audífonos y se bajó de la trotadora contestándole a Jake con un asentimiento. Se secó el sudor con una toalla y tomó un sorbo de agua antes de hablar.

—Todo bien, ¿sucede algo? —El moreno negó y maniobrando las muletas se sentó en una de las máquinas. Edward tomó un par de mancuernas y empezó a levantarlas.

—Lamento lo de Bella. —Frunció el ceño.

— ¿Qué pasa con Bella?

—Ya sabes, la escena de antes. Quedó muy apenada y le dije que asumiría la culpa. —Edward resopló cambiando de mano la mancuerna.

—Sé que fue tu culpa. Te encanta manipular a la gente. —Rió y Jacob no pudo evitar hacer lo mismo.

—Es inclusive más fácil con ella. Es demasiado ingenua.

—No importa, Jake. Pero de verdad te agradecería que no la pongas en ese tipo de situaciones. Papá la adora y se lleva bien con todos nosotros. No me gustaría que se fuera.

—Ya le dije que no vas a despedirla. ¿No lo vas a hacer, verdad? Porque lo que hicimos allá afuera fue para burlarnos. Ella se deja llevar cuando estamos hablando y de verdad está realmente impresionada con lo que haces. Fue divertido estimular esa curiosidad. No le hagas esa maldad y la botes. No sería justo.

Edward sonrió sacudiendo la cabeza— ¿Desde cuando te preocupas tanto por alguien?

—Auch. —Se quejó el moreno aun riendo— tampoco soy de mal corazón.

—Sabes a que me refiero, Jake.

—No, no lo sé. Dímelo. —Edward se detuvo y lo observó con curiosidad.

—No digo nada que sea mentira. No eres de preocuparte por los demás.

—Me preocupo por Carlisle. Por ti.

—Pero somos como familia. Yo me preocupo por ustedes por igual, pero Bella…—se encogió de hombros— es nadie, quiero decir. No son amigos. ¿Lo son?

—Lo somos, en verdad me agrada mucho. Me hace reír. Eso me gusta.

— ¿Te gusta Bella?

—No así.

— ¿Así cómo? Los vi abrazados en el sofá. ¿Tienes algo con ella?

— ¡Por supuesto que no! —Edward sacudió la cabeza y reanudó sus ejercicios. — Enserio. —Continuó el moreno, Edward asintió distraído en sus movimientos. — Es enserio —repitió el jugador— no tengo ni quiero tener nada con Bella. Como ya dije, solo no quiero que la despidas.

—No voy a despedirla porque se enamoren, Jake. ¿Qué clase de idiota sería si hiciera eso?

— ¡No estoy enamorado de Isabella! ¿Has perdido la cabeza? —Edward dejó de levantar la pesa y lo vio con el ceño fruncido.

—Está bien. Pero no tienes porque lucir enfadado. La chica ciertamente es hermosa. —Jacob parpadeó y bajó la mirada a su pie lesionado pasó varias veces sus dedos por el borde de sus labios.

—Sí, es bonita. —Edward sacudió la cabeza.

—Esa respuesta lo dice todo. No piensas en ella como una mujer.

— ¿De qué carajos hablas?

—Jake. Bella está buenísima. Tiene todo el paquete. Tetas no muy grandes —levantó una de sus manos apretando un pecho invisible— cabello largo. Piel pálida. Ojos inocentes. Manos pequeñas y un trasero digno de retratos.

Jacob parpadeó asombrado. ¿Bella tenía todo eso? No se había dado cuenta.

—Pero es virgen. —Edward se encogió de hombros y continuó con el levantamiento de pesas.

— ¿Cómo sabes que lo es? Estuvo comprometida con ese chico. El médico.

Edward pasó por alto el hecho de que Jacob conociera al médico.

—La pregunta sería ¿Cómo tú no te diste cuenta? Es increíblemente inocente.

—Ha hablado de sexo abiertamente con nosotros.

—Eso no importa. A la hora de la verdad, le da miedo y se retira. Es virgen. Además, ella me lo confirmó.

— ¿Le preguntaste si lo era? —El moreno no podía ocultar su sorpresa.

—No fue que le pregunté. Solo salió en la conversación.

—Solo tú eres capaz de meter eso en una conversación.

Edward rió. — Tengo cualidades, hermano. No tienes idea.

—Seh —suspiró perdiéndose en sus pensamientos— la verdad no tengo idea.

Edward soltó la pesa y volvió a secarse el sudor y a tomar agua. —Voy a ver que me como antes de ducharme, la cliente de hoy me espera temprano.

—Bella te estaba preparando algo.

—No tenía que hacer eso. —El moreno solo se encogió de hombros sin verlo a la cara.

— ¿Estás bien, Jake? —Eso lo hizo parpadear y verlo de inmediato.

—Claro, ¿Por qué no lo estaría?

—Te ves extraño. ¿Tiene que ver con el médico?

—No. —Respondió demasiado rápido y ambos se dieron cuenta de que la respuesta no era genuina. Jacob respiró profundo viéndose avergonzado. — Solo pensaba en lo que me dijiste de Bella. —Eso funcionó, distrajo a Edward que se rió señalándolo con un dedo.

—Te lo dije. Ustedes dos andan en algo. Solo por favor. Cuando terminen, hazlo luego de que papá regrese a su hogar. No quiero tener que buscar más enfermeras para el viejo.

—Claro —contestó en voz baja, observó cómo se marchaba del gimnasio—Eres un idiota, Jake. —suspiró al encontrarse solo.

Edward se marchó ese día temprano como había informado. Dejó a su papá, Bella y Jacob viendo televisión. Le frunció el ceño a Jake cuando vio que deliberadamente se sentaba lo más alejado de Bella. No entendió. Supuso que ahora sería más efusivo con la chica.

Sin embargo no comentó nada y se marchó a verse con la chica.

Alice Brandon había sido una completa complicación en su trabajo. La primera noche que se conocieron se había emborrachado con apenas cuatro tragos de whisky y terminó llevándola a su casa en vez de a la habitación de hotel que habían alquilado.

La chica lo contactó de nuevo mediante su tía, Carmen Denali y habían concretado otra cita. Solo que esa había sido igual de desastrosa que la primera, porque aunque esta vez sí llegaron al hotel la chica se acobardó en lo que Edward se aflojó la corbata. Como de igual manera recibía el pago, decidió que iba a sentarse con la chica y explicarle a que era a lo que se dedicaba. Porque tenía la sospecha de que Alice no lo sabía de un todo.

Esta vez se encontrarían en el hotel. No iba a cometer el mismo error de la primera vez e ir a un restaurante. Agradeció haber comido antes de salir para así no estar hambriento y no caer en la excusa de "pedir servicio al cuarto" ya le había indicado a Carmen lo que iba a necesitar en la habitación.

Su gran sorpresa cuando abrió la puerta fue encontrar a las dos mujeres en cuestión.

Alzó las cejas y desabotonó su chaqueta, — hasta donde sé no fui contratado para un trío.

Alice ahogó un quejido de asombro contra su palma y Carmen rodó los ojos vaciando una copa de champaña que tenía en las manos.

—Hola, Edward. Es un placer que pudieras acompañarnos.

—Carmen. Alice. —Les dedicó a ambas un asentimiento. — Es un placer verlas de nuevo. Aunque no sea por separado.

Carmen sacudió una de sus manos— no querido, no mal interpretes mi visita. No pienso quedarme. —Dejó la copa en la mesa y vio a su sobrina.

—Por favor avísame cuando puedan venir a buscarte. —La chica asintió y Edward vio que estaba un poco sonrojada, se sirvió una copa de champaña dándole un momento para tranquilizarse. Carmen caminó hasta la puerta.

—Un placer verte, Edward. Aunque sea por poco tiempo. —Él simplemente asintió he inclinó la copa hacia la mujer. El ligero clic los dejó finalmente solos, Edward vació la copa y no se sirvió otra. Mantendría una mente despejada esta noche.

—Es la primera vez que una cliente viene con chaperona. —No pudo evitar hacer el comentario, cuando se giró a verla, Alice tenía las manos contra el rostro, Edward sacudió la cabeza riendo y se quitó la chaqueta.

—Pero ¿Quién soy yo para juzgar a alguien? —Aflojó las mancuernas de su camisa dejó ambas cosas recostadas en la poltrona de la habitación. Alice que seguía con el rostro entre las manos escuchó como pateaba sus zapatos fuera de sus pies y de inmediato levantó la mirada parpadeando hacia Edward.

— ¿Qué estás haciendo?

— ¿Qué parece que estoy haciendo? —Se sacó los calcetines y desabotonó su correa, Alice abrió los ojos de más. —Estoy desnudándome.

— ¿Ya?

Edward rió, — ¿Qué quieres esperar? Cobro por hora. Tú decides si te demoras o no.

— ¿No podemos hablar primero?

—No —contestó sin rodeos— las últimas dos veces, hablamos primero. La primera terminaste borracha y en la segunda te congelaste de miedo.

—No fue así.

—No quiero hablar, Alice. ¿Vas a acostarte conmigo, o no? El dinero no es malo. Pero yo estoy en este negocio por el sexo, no el dinero.

— ¿Siempre quieres acostarte con las clientas? Nunca te sientes… No sé ¿utilizado? —Soltó una carcajada.

—No estás entrevistándome, niña. Quítate la ropa y tengamos algo de acción o me marcho. Me dejaste dos noches con bolas azules. No me dejaras así una tercera. Es temprano y puedo encontrar a alguien más. Así sea gratis. —Se bajó los pantalones, dejándolo en una ropa interior ajustada de color negro. Alice tragó grueso al ver el bulto debajo.

—Puedo ver que te gusta lo que ves.

—Lo hago. Solo que. —Botó el aire de golpe. — Encontré a mi prometido engañándome. Esto es algo así como un diente por diente. Solo que le pedí a mi tía que me ayudara porque no quería perder tiempo empezando una relación. Solamente quiero…

—No me interesa, Alice. No me importa cuál es tu vida y por qué quieres hacer esto. Por mí puedes ser casada y con tres hijos. Pero si solicitas mis servicios estaré encantado de darte unos maravillosos orgasmos y una excelente noche —se había colocado frente a ella. Le estiró ambas manos y Alice las tomó levantándose. Aunque tenía sus tacones puestos llegaba a mitad del pecho de Edward.

—Mis condiciones son realmente sencillas. —Pasó delicadamente sus dedos por los brazos de la chica. Levantando los poros por su camino, —jamás obligaría a ninguna mujer a esto. —Alice abrió la boca cuando sus dedos llegaron a su cuello.

—Tra…—Tragó grueso mientras él le masajeaba un poco más el cuello.

— ¿Hum? —Presionó él a que continuara.

—Traes tus propios condones. —Eso lo hizo reír. Se acercó un poco y depositó un beso en su hombro haciéndola temblar. Adoraba esa reacción.

—Es cierto —contestó cerca de su oído. — Siempre traigo mis condones. Y hay una más.

— ¿U… una más? —Alice se obligó a abrir los ojos.

—Si —depositó otro beso— jamás, de los jamases me acuesto con una virgen. ¿Eres virgen, Alice? —Se separó la distancia completa de sus brazos, dejando sus manos en los hombros de ella. Alice abrió y cerró la boca varias veces antes de que su voz pudiera salir.

—Te… te dije que… estaba… comprometida. —Él ladeo la cabeza.

—Eso no fue lo que te pregunté. No me interesa tu vida, Alice. Recuérdalo. Solo respóndeme. ¿Eres virgen? —La chica negó demasiado rápido y al fijarse en la ceja alzada de él tragó de nuevo recordando usar su voz.

—No, no lo soy.

— ¿Quieres hacer esto, o no?

Asintió rápidamente— quiero.

Las manos de Edward se trasladaron a su cuello encontrando la cremallera del vestido de coctel que cargaba la chica. Con una habilidad envidiable bajó despacio la cremallera. Lentamente deslizó el vestido por sus hombros dejándola solamente en panties, la chica tenía los ojos brillantes, Edward reconoció de inmediato la excitación en ellos.

— ¿Viste? —Dijo medio sonriendo. — Nuestros atuendos coinciden. —Eso sirvió para romper el hielo, la chica sonrió y él la tomó por el cuello.

—Solo quiero hacerle pagar a Jasper. Me engañó con mi mejor amiga. En mi cama. —Edward no le gustaba oír ese tipo de historias. No quería ataduras ni sentimientos con sus clientas. Pero Alice había sido tan renuente a terminar su trato que aceptó la historia. Se le acercó y mordió ligeramente su labio inferior robándole un quejido.

—Pues, hagamos a ese tal Jasper pagar con sangre. —Tomó sus pechos entre sus manos y volvieron a pegar sus labios. Cuando Alice se arqueó de inmediato hacia su tacto y él sonrió entre besos. Finalmente Eddy tendría un poco de acción.

.

Bella había esperado despierta. Esperaba conseguirse con Edward. No era por nada en especial pero quería saber cómo le había ido en su "reunión" aun se sentía muy curiosa y quería saber más detalles de la vida de su jefe.

Siempre le preguntaba a Emmett en lo que al sexo se refería. Su primo estaba más que dispuesto a darle detalles y demás, pero conocerlo de la fuente de un mismo gigoló, le parecía interesantísimo.

Pero llegaron las doce de la noche y Edward no había regresado aun a casa, le dio la pastilla recetada a Carlisle y lo ayudó a ir al baño a la media noche y él tampoco llegó. Llamó a un taxi y esperó a que la fueran a buscar y Edward tampoco llegó, salió del complejo de apartamentos y tampoco llegó.

Para cuando entró a su departamento, no tomó las previsiones pertinentes y entró sin problemas. Al ver a su primo acostado en el sofá con la cabeza recostada en el brazo de este y los ojos cerrados se quedó de piedra.

Un quejido salió de los labios de su primo y ella gritó del asombro, distrayendo por completo a Emmett. — Prima. ¿Qué carajos?

—Te… ¿Te estás masturbando? —Emmett levantó sus caderas y enderezó sus pantalones. Ella no podía ver nada gracias al espaldar del sofá.

—Estaba, primita. La forma correcta de decir eso es, "estaba" —cerró sus ojos apoyando la cabeza de nuevo en el sofá. —Tranquila, ya guardé a la anaconda. Puedes seguir. O hacer lo que te plazca.

Bella respiró profundo y escuchó más allá de las palabras de su primo. Emmett era siempre risueño. Había demasiada tristeza en su tono.

— ¿Qué sucedió? —Pensó por un momento recordando el nombre del último chico que le había presentado. — ¿Paul? —Emmett bufó aun con ojos cerrados.

—No fue tan buen polvo. Él no vale la pena ni mi sufrimiento o el hacerme una paja.

Bella se sentó en la poltrona frente a él. — ¿Entonces qué te pasa?

Él seguía sin verla, — ¿Qué? —dijo y emitió un sonido parecido al de una risa. — Un chico no puede simplemente pajearse en la sala de su casa sin ser sometido a la inquisición.

—Pues no. Dime que te sucede. —Emmett suspiró de nuevo— y por el amor de Dios. Mírame. —No solo la miró sino que se sentó rápidamente señalándola con el dedo.

—No vuelvas hablarme de ese señor. —Bella frunció el ceño.

— ¿Dios? —Emmett hizo un sonido de asco. — ¿Qué tiene que ver Dios en todo esto?

—Puaj. —Emmett se sacudió teatralmente de asco.

— ¡Emmett! Dime qué te pasa.

— ¡Que detesto a todo el mundo ahora mismo! —Eso la dejó asombrada, pero al parecer su primo no tenía intención de detenerse ahora. — Sí. Paul fue un idiota al dejarme porque soy Bi. Pero eso es estúpido. Paul es estúpido. Pero estoy acostumbrado a tratar con estúpidos. —La vio a los ojos y Bella se impresionó de verlos enrojecidos.

—Pero me odio a mi mismo cuando soy lo suficientemente estúpido para que me afecte lo que dice un estúpido mayor.

—Nada de lo que dices tiene sentido, primo. Me estás asustando.

—Sam me llamó hoy. —Bella abrió los ojos de más.

— ¿Sam? ¿Sam Uley?

— ¿Qué otro estúpido Sam puede joderme de esta manera? —Abrió sus brazos. Sacudió la cabeza, — ya debería haberlo superado. ¡Diablos! Me odio ahora mismo. —Apretó sus labios y cerró sus ojos obligándolos a no humedecerse.

— ¿Para qué te llamó? ¿Qué quería?

El enfermero levantó la mirada al techo. — Viene a una feria o no sé qué mierda que van a hacer aquí y ¡Su esposa! Le dijo que sería buena idea llamarme para encontrarnos en la ciudad. ¡Su! ¡Maldita! ¡Esposa!

— ¿Leah lo mandó a llamarte? ¿Por qué?

— ¡Para joderme la vida, no lo sé!

—Emmett, detente. Deja de gritar. Respira y dime ¿Por qué es tan problemático que se encuentren aquí en Seattle?

Enterró la cara entre sus palmas— porque me pidió si podía quedarse aquí mientras estaba en la ciudad y le dije que sí.

Bella parpadeó asombrada— Sam, Leah y su hijo van a quedarse aquí en casa. ¿Cuándo? No cabemos todos aquí.

—No, no toda la familia. Solo Sam. Sam. Maldito. Uley, va a venir a quedarse por cuatro días en mi departamento.

—Emmett.

—Lo sé. Lo sé. Soy un estúpido.

— ¿Por qué eres un estúpido? —Emmett la vio con cejas alzadas.

—Quizás la estúpida seas tú. —Bella alzó sus cejas con mirada desafiante.

—Sam es el amor de mi vida, prima. —Frunció el ceño.

—Eso no es cierto. Él simplemente fue un amor de colegio. El idiota que no pudo salir del closet. Pensé que lo habías superado.

—Nadie supera a Sam. Y no fue un simple amor de colegio. Fue mi primer amor de toda la vida. Fue el primer todo. —Bella alzó sus cejas— nunca pude superarlo.

—Pero en esa época estabas con Rose. Nunca tuviste nada serio con Sam.

—Hay cosas que no le conté a nadie. Ni siquiera a ti.

—No tenía idea que te sentías así por él.

—Sí, bueno…

— ¿Por qué le dijiste que podía quedarse aquí?

—Porque soy un estúpido. Ya te había dicho eso. —Pasó las manos por su rostro— me bloqueé por completo. Cuando me pidió quedarse le dije que sí de inmediato. No pude negarme. No pude contenerme. Tener… tener esperanzas.

— ¿De volver con él? —Bella no podía superar su asombro.

— ¡No lo sé! Solo sé que habló y yo como una jodida marioneta hice lo que quiso.

—Pero lo viste el día de mi boda. Hablaste con él.

—No hablé con él —la interrumpió— le saqué el dedo y fui a buscarte. No hablamos.

Se quedaron en silencio un tiempo. — ¿Y si te niegas? Si le dices que ya no puedes recibirlo.

—No puedo. Mis tíos hablaron con su familia. Todos están al tanto de que vendrá. No puedo echarme ahora para atrás.

— ¿Qué necesitas que haga? ¿Cómo puedo ayudarte? —Emmett rió sin humor.

—Que jamás me dejes solo con él aquí. ¿Puedes hacer eso?

— ¿Crees que intente algo contigo?

—No, pero no confío en mi mismo con ese moreno cerca. —Bella no pudo evitar reírse.

— ¿Es tan bueno así? —Emmett resopló una risa.

—El día que tires por primera vez, será un nuevo despertar. Dolerá como el infierno y te dirás a ti misma que no lo harás de nuevo. Pero créeme. Lo harás y te darás cuenta de que es lo mejor que puede haber. Y te estoy hablando del sexo "normal" porque cuando pruebes por detrás. —Cerró sus ojos en una mueca de éxtasis, Bella rodó los ojos.

—Deberías hacerte amigo de mi jefe.

— ¿El bueno buenote? —Bella asintió.

—Trabaja con sexo. Es un gigoló.

—No puedo creerte.

—Pues sí. Tiene una cartera de clientes y todo.

— ¿Juega para ambos equipos?

— ¿A qué te refieres? —Emmett rodó los ojos.

—Mi amor, tenemos que meterte un poco mas de malicia en ese cerebro tuyo. ¿Solo se acuesta con mujeres o también tiene clientes hombres? Pudiera comprarme un ticket en esa montaña rusa.

Volteó los ojos— no lo sé con exactitud. Pero creo que solo sale con mujeres.

—Es una pena. Está buenísimo. —Bella se mordió el labio. — Humm —continuó Emmett— como que Mr. Cullen es el protagonista de algunas fantasías por aquí.

—El que se estaba tocando a sí mismo eras tú. No me metas ahí.

—Sí, pero soy culpable de hacerlo en público. Pero ¿Qué haces tú primita cuándo trancas la puerta de tu cuarto, te quedas a oscuras y metes las manos bajo ese cubrecama esponjoso que tienes?

—No seas cochino, Emmett.

—No es cochino. Es rico. Oink Oink. —Bella rió levantándose.

—Me alegra de que por lo menos haya mejorado tu humor. —El chico sacudió la cabeza pasándose una mano por su cabello corto.

—Gracias por eso —Bella se levantó y le dio un beso en la cabeza, él le acarició el brazo.

—Cuando quieras. Y prometo pegarme a ti como pegamento cuando venga el tonto Sam.

Emmett apretó su agarre un poco y asintió. — Gracias.

Bella se retiró a la cocina y tomó un poco de jugo. — ¿Sabías que Mike sabe lo que es un Gang Bang? —Eso funcionó para distraerlo por completo y para que se ahogara con su propia saliva. Bella rió mientras lo observaba levantarse y caminar hasta ella.

— ¿Qué Mike, qué? Empieza desde el principio, prima. ¿Cuándo viste a Mike?

Bella le hizo un resumen de la visita de su ex al apartamento de Edward. Y de cómo había reaccionado el médico con los Cullen y luego con Black.

—Me agrada ese Black. Te defendió mejor que el tonto de Cullen. Que dejó que bajaras a ver al idiota. Debió acompañarte.

—No tenía que hacer nada. —Bella sacudió la cabeza— pero ciertamente Jacob fue genial. Él fue el que mencionó lo del Gang Bang. Me dijo que por la reacción de Mike, él sabía de qué hablaba.

Emmett se recostó del mesón viéndola a los ojos. — Apartando todo eso, mi pregunta en este momento sería. ¿Sabes tú lo que es un Gang Bang? —Bella sintió sus mejillas sonrojarse.

—Lo busqué en internet. Pulsé imágenes. —Emmett soltó una enorme carcajada.

— ¡Oh Dios! Dime por favor que había alguien contigo mientras buscabas. Eso haría por completo mí día.

—Eres un idiota. —Lo golpeó cuando siguió riendo— pero no. Estaba sola.

—Ahh es una lástima. Y cuéntame ¿Qué te pareció?

Bella mordió su labio. — ¿Es siquiera cómodo tener tantas cosas, adentro? —Emmett rió de nuevo y esta vez añadió unos aplausos.

Siguió riendo hasta que sus ojos se aguaron y casi se ahoga tomando aire. — No te burles.

—Prima. Pídeme algo que no sea tan imposible. —Cuando la vio se compuso a sí mismo. No podía seguir burlándose tan así de su familia.

—Bueno —tomó aire de nuevo— no sé si es cómodo o no tener tantas cosas adentro. Tengo menos agujeros que ustedes y si te soy sincero jamás he tenido un trío. —Quería decir tantas cosas al oír esa oración pero se contuvo dejando a Emmett continuar.

—Pero. Dejando de lado tu búsqueda de información. Me sorprende ciertamente que Mike supiera de qué estaban hablando.

—Eso dijo Jacob. No sé si es verdad.

—Es lo más probable. Los chicos somos curiosos y la pornografía a veces se torna aburrida.

— ¿Ah?

—Es así, primis. La primera vez que ves un encuentro uno a uno puedes sentir que se te va a explotar el pene. Pero pierde el encanto después de un tiempo. Por lo que uno se vuelve curioso y en el mundo pornográfico hay mucha variedad. No me asombra que el médico se encontrara con alguna Gang Bang mientras golpeaba a su chico y que le haya gustado.

—Eres un enfermo, Emmett. De veras. —Emmet exhaló una risa.

—Solo te digo la verdad.

Bella sacudió su mano frente a él como borrando todo lo que había dicho, Emmett se volvió a apoyar en su codo.

—No creo que Mike supiera. El la iglesia no nos dejaban hacer ese tipo de cosas. Decían que era pecado. Teníamos una vida alejada por completo del sexo.

—Créeme, primis. Un muchacho no aguanta mucho antes de golpear a su chico por primera vez. Y una vez lo haga le agarra el gusto.

—Pero alguien podría enterarse. En verdad no creo…

—Existe la navegación privada, Bells. También el borrar el historial.

— ¿Qué?

—Internet, chica. Donde buscaste tus fotos calientes.

—Yo no busqué ninguna foto caliente.

—Claro que lo hiciste… ¿Borraste el historial, cierto?

— ¿Ah?

—Por favor no me digas que dejaste en google tu búsqueda de mujeres multi penetradas.

—Sabía que no era loca por llamarlas así. —Se distrajo la chica.

—Bella.

— ¿Qué? —Emmett alzó las cejas y ella sacudió la cabeza.

—No borré nada, solo cerré la laptop. Eso se borra de ahí. ¿Cierto? —La pregunta salió mucho más despacio. Puesto que Emmett estaba negando lentamente con su cabeza mientras la escuchaba. — ¿Quieres decir? —Él asintió.

—Quien sea que abra esa computadora, va a ver lo que buscaste. —Abrió sus ojos de más pensando ciertamente que era una estúpida.

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¿Se acuerdan del juego de la frase favorita? Díganme cual les gustó.

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Marjo