Disclaimer: Antes que nada decir, por supuesto, que todos los personajes que use, lugares que los personajes visiten, etc, son de JKRowling. Además todas las ideas que se me puedan ocurrir, son inspiradas por la maravillosa saga que esta creó. Sobra nombrarla: Harry Potter ^^
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- Dile a Potter que se vaya – le ordenó bruscamente
- Pero… nos vamos juntos prof… - se paró. ¿Cómo iba a llamar ahora a Snape?
Hermione comprobó como se le marcaba una vena en la frente al profesor de la rabia.
- No sabes cómo me frustra tener que repetir las cosas Granger – siseó – Parece mentira que te diese clase seis – ambos quedaron perplejos con la cantidad. Seis años odiándose mutuamente solo por Harry – años…
La joven dudó si hacerle caso o no. No le apetecía irse sola pero parecía no tener otro remedio. Se dio la vuelta, salió y se lo comunicó a Harry.
- De verdad lo siento… - se disculpó – No se que puede querer de mi… - dijo con miedo
-No te voy a dejar sola Hermione – dijo Harry seguro – Dile que me he ido pero me quedo – propuso
- Se dará cuenta… - dijo segura de sus palabras - ¿Cómo si no sabía que estaba fuera?
- ¡No iba a venir solo!
- Podías venir con Ron…
Harry la miró con evidencia. No podía venir con Ron a darle las gracias a Snape.
- Sabía que me habrías contado tu visita y que, por tanto, vendrías conmigo…
- Aun asi Harry… - el joven suspiró
- ¿Estás segura? – le preguntó
- No lo se… - rió – Snape está muy raro…
- Te esperaré en al sala de espera – dijo girandose - ¿Vale? – la exprecion negativa de la cara de su amiga terminó por convencerla – Bueno, de acuerdo… Te esperaré en la sala común y, si tardas mucho, vendré a buscarte – le dijo, esta vez, sin vuelta de hoja
Era suficiente y, de hecho, gratificante que se preocupara por ella. No pudo más que sonreír y despedirse con un abrazo. Realmente adoraba abrazar a Harry. Era el hermano que siempre había deseado tener.
Cuando se hubo ido entró en la habitación. Pasaron unos minutos de silencio antes de que alguien hablase.
- Necesito que me traiga algo – la informó sin mirarla. No podía creer lo que estaba haciendo. Pedirle ayuda a la entrometida de Granger. Pero, verdaderamente la necesitaba y, a Potter, no se la iba a pedir
- Lo que sea – aceptó Hermione tan confusa como intrigada mientras se sentaba de nuevo en el taburete
- No te acomodes Granger, te irás ahora mismo – le ordenó pero la chica no se movió. ¿Por qué había tenido que decirle a Harry que se fuera si se iba a ir ella tambien enseguida?
Unos segundos de silencio siguieron a la fría contestación del hombre. En realidad no sabía cómo iba a decirle lo que tenía que decirle sin darle información al respecto.
- Dentro de mi dormitorio Granger, por lo que tendrás que pasar antes por el despacho, – comenzó – de mis antiguos aposentos en Hogwarts, hay un armario. No muy grande, de madera, a la derecha entrando, al lado de la puerta del baño. Dentro de él, unas pociones negras en unos frascos cerrados hexagonales. No hay perdida Granger – suspiró – es la única de ese color.
- Necesita que se la traiga – adivinó la joven
- Es evidente, Granger, que no le hago una descripción detallada de mis aposentos por gusto – le dijo muy borde volviendo mirándola con esos ojos negros y profundos
Hermione le mantuvo la mirada, aunque, la suya no era borde, y pudo comprobar que el profesor se turbaba con su determinación aunque no expresó ningún gesto facial.
- De acuerdo, se la traeré – asintió – Tendrá que darme la contraseña.
- Contraseña… - chascó el hombre mientras se acomodaba – No hay contraseña Granger – se rió de ella – Las contraseñas son un estúpido invento Gryffindor.
Hermione bajo la cabeza avergonzada. ¿Qué iba a saber ella de las medidas de seguridad Slytherin? Recordaba que, en segundo, Harry y Ron habían entrado en la sala común de Slytherin con una contraseña, ¿por qué ahora el profesor las negaba?
- Solo entrarán en mis aposentos aquellas personas que YO – puntualizó – desee…
- Entonces solo debo ir y…
- Entrar
La joven asintió.
- Sabes donde se encuentra mi despacho
- Si, lo sé – afirmó la joven. En el fondo la gustaba sentirse útil. Últimamente no era asi.
- No era una pregunta – la cortó y comenzó a desprenderse de la blanca sábana del hospital.
Hermione no pudo evitar asustarse al ver los delgados pies del profesor salir de debajo de las sábanas. La bata le llegaba un poco por encima de las rodillas. Su piel era mucho más pálida de lo que pudiera ser en el rostro o las manos, los cuales eran las únicas partes de su cuerpo que acostumbraba dejar a la vista. No le extrañó. Era imposible coger color si iba siempre tapado. Pudo percibir que ese detalle le hacía parecer aun más enfermo.
Dobló las rodillas y se sentó en la camilla de frente a su ex alumna. Cogió aire y se puso recto, como era su costumbre antes de enfermo.
- No debes – dijo con firmeza – tocar – pausó – nada – lo decía lento como si su alumna no fuera a entenderlo. Su mirada era realmente severa, lo que surgió efecto. La joven quedó convencida de no hacer nada.
Hermione asintió con la cabeza sintiéndose, una vez más, sumisa ante el profesor.
- No debes decírselo a Potter – continuó – y, mucho menos, al estúpido de Weasley
Se sitió tentada a responder que Ron no era ningún estúpido pero se contuvo. Podía imaginar su reacción: "No me lleves la contraria Granger" escuchó en su mente.
- No lo haré profesor – asintió
- No me llames… profesor – dijo nuevamente frustrado
- Es que, si no, no se cómo llamarle – dijo nerviosa mirando de nuevo al suelo. "Señor" le parecía tan… feo. No quería mostrar más sumisión de la que ya mostraba y llamarlo "señor" le hacía parecer tan viejo. Si tenía la edad de los padres de Harry, aquel hombre sentado en la camilla no podía ser muy mayor.
Snape no respondió. La respuesta era más que evidente. ¿Por qué la sabelotodo no podía saberla? Se le daba muy bien responder… preguntas. Recordó la infinidad de veces que su mano danzaba solitaria por sus clases de pociones, pidiendo ser atendida, sin obtener más respuesta que su profundo desprecio.
- Siempre será usted… profesor… para mi… - dijo Hermione sonrojándose al darse cuenta que no hacía mucho usaba una frase similar para alagar a la profesora McGonagall. Ni remotamente, en esta ocasión, sus sentimientos hacia el maestro eran los mismos que la vez anterior. Orgullo y miedo no significaban lo mismo.
El hombre herido abandonó el tema con cara de asqueada aceptación mientras se subía uno de los hombros del camisón. No sabía realmente cómo había pensado que enseñando lo desgarbado de su cuerpo ganaría alguna autoridad sobre la muchacha. Vale que desde arriba, erguido, fuera mejor. Era más alto, con diferencia, pero enseñando las huesudas piernas y hombros no conseguía nada.
- Quiero Granger que… - pensó si decirlo o no - …cuentes – lo necesitaba – los frascos negros – la joven asintió
- Y se lo diré - continuó
- Me decepcionas. – estúpida Gryffindor, no hacía más que cortarle - No sabía de tu afición a decir evidencias Granger. Debes estar muy nerviosa… – su mirada era de disfrute, había encontrado un punto donde apoyar su exprecion dominante – …para cometer semejantes errores, señorita Sabelotodo – pausó – No te pido que los cuentes para aumentar tus conocimientos, evidentemente quiero saber el número – escupió
Hermione asintió.
- ¿Cuándo? – preguntó
- Cuanto antes… - obtuvo como respuesta del tembloroso Snape – Supongo que tendrás obligaciones pero… cuanto antes y, como maximo, mañana a esta hora. No más… - la informó - ¿Podrás?
Podía obligarla pero, tampoco manejar su vida y tiempo a antojo.
- Claro profesor – asintió con una sonrisa. En el fondo y, a pesar de la actitud del maestro, se sentía bien de poder ayudarlo. No sabía en qué beneficiaría la poción pero, el profesor la necesitaba y ella iba a ayudarlo.
Snape no pudo evitar una muestra de desagrado al oírla de nuevo decir "profesor"
- ¿Hay algún momento… - intervino Hermione - …en especial… del día en el que no deba molestarle?
- Por las mañanas tengo competición de hípica – no sabía como se le había ocurrido semejante ocio – y, obviamente estoy ocupado, pero, de resto, estoy libre. – su ironía culminó redonda
Granger no vio necesaria esa respuesta y expresó su enfado sin pudor alguno frunciendo el rostro. Podía haber motivos por los que no quisiera ser molestado. La próxima vez, si es que había, no tendría en cuenta sus preferencias.
- Puedes irte, Granger – la echó
Hermione se levantó y se dispuso a irse.
- Profesor… - le llamó desde la puerta antes de irse – Se dónde está su despacho pero… no donde está la puerta de su dormitorio.
El profesor sonrió. No era una sonrisa cálida ni graciosa. Era fría y distante pero, era la evidencia de que esperaba esa pregunta.
- Veo que a pesar de tus errores sigues mostrando inteligencia – paró - Me alegro.
Hermione no esperaba eso de él. Era un "Me alegro" sincero. Quizás valorase su esfuerzo.
- No le pediría eso a cualquiera – puntualizó – y ya me estaba arrepintiendo. Quizás la guerra te había dejado tonta – su cara volvía a ser desagradable.
Hermione sonrió levemente.
- No es ningún cumplido Granger. – le respondió borde, hizo una pausa y continuó – Al fondo del despacho, a la derecha, detrás del armario grande con libros, hay una esquina. Debe colocar su mano en el muro y, la puerta se abrirá…
La joven aceptó.
- Venga de noche Granger, si es posible – añadió severo – Hay menos movimiento – finalizó
La castaña volvió a asentir y se fue por el blanco pasillo del hospital. Tenía mucho que hacer y pensar.
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Debía ayudar a Snape. No por habérselo prometido, su conciencia le hacía sentir esa necesidad. Había pensado pasar por la sala común e inventarse alguna historia pero, sinceramente, no se le ocurría nada. De todos modos, muy a su pesar, no le quedaba otra. Si no volvía pronto Harry iría a buscarla.
Al cruzar el cuadro de Aberforth Dumbledore recordó que, antes del comienzo del nuevo curso, ese pasadizo sería cerrado. Era una verdadera pena pues era un pasadizo realmente bueno. No sabía cómo saldría del castillo cuando no estuviera. Quizás tendría que usar polvos flu.
Harry jugaba con Ron al ajedrez mágico cuando Hermione llegó a la vacía sala común.
- ¡Hermione! – se alegró Harry de verla - ¿Qué tal? ¿Qué ha pasado?
- Hmm… bueno… nada importante Harry – dijo deseando que no preguntara más
- ¿Nada importante? Snape pidió hablar contigo a solas Hermione, solo eso, ya es muy importante – puntualizó, como era costumbre, Ron
- Pues es asi chicos – aseguró sentandose en una silla – Se limitó a decirme lo innecesaria que había sido la charla que tuvimos cuando le fui a dar las gracias…
- Qué sorpresa, no me esperaba algo tan positivo de Snape – ironizó Ron
- Pero a mi no me dio esa impresión… Además… ¿se molestó solo para eso? – preguntó Harry confuso
- Si. Recordad que me fui sin dejarlo terminar de hablar – al menos que Snape creyera pues había estado en la estancia unos minutos más
- Ya… - el joven moreno pareció convencerse – En fin… Snape…
Los tres rieron ante lo mucho que decía el apellido. Snape, era suficiente para describir al profesor.
Pasaron la tarde en la sala común haciendo tiempo y descansando. El día anterior había sido realmente agotador con tantas reuniones para los tres chicos por lo que no había la más mínima intención de moverse durante el resto del día.
Al rato llegó Neville que había ido a enviar una lechuza a su abuela riéndose de un mal chiste que Nick Casi Decapitado.
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Ya bastante oscuro la joven castaña salió de la sala común. Sus amigos dormían en el sofá después de una intensa sesión de carcajadas. Era el momento de ir a cumplir su promesa.
De camino a las mazmorras se encontró con Filch pero, al no estar en fechas escolares, se ignoraron mutuamente, algo que hizo bastante gracia a Hermione. La cara del conserje deseaba castigarla, no había la menor duda.
Una vez allí abrió tímidamente la puerta del despacho del profesor. Las escaleras hacía abajo ya presagiaban oscuridad y frío. El despacho estaba iluminado con unas pocas velas. Totalmente lleno de libros y botes con miles de ingredientes extraños que no se paró a mirar. No era un lugar que se pudiera calificar de confortable ni agradable ni nada positivo. Era urgente la necesidad de una ventana, aunque fuera mágica, ahí dentro. ¿Cómo podía trabajar ahí?
Siguió hacia delante pasando la mesa llena de papeles y encontró la esquina que su profesor le había descrito. Posó su mano abierta en ella y notó cómo, la magia, entraba en su cuerpo para reconocerla. Segundos después el muro dejó de ser sólido y vislumbró la estancia del profesor.
Lo primero que captó fue el olor, para nada parecido al de la habitación anterior. Pasó de la mezcla de olores desagradables que todos los frascos emitían, a captar, simplemente, el olor de su profesor, intensificado. Siempre lo habia hecho, no podía evitarlo, adoraba oler y, muy a su pesar, tuvo que admitir que su profesor olía bien, muy bien.
La sorprendió muchísimo que, en esta habitación, si había ventanas. Y bastante grandes. Exactamente dos. La estancia era rectangular y la puerta se abría por uno de sus costados más largos.
A la izquierda una de las ventanas, la más pequeña, iluminaba levemente una mesa redonda donde, supuso, comería. La otra ventana de encontraba en la pared transversal a esta. Era muy grande, casi ocupaba la mitad del muro y estaba precedida por una enorme alfombra con colores Slytherin.
Justo enfrente la mesita de noche con la cama a la derecha y un mueble lleno de libros a la izquierda. La cama era grande y estaba correctamente hecha. Hermione dudó que fuera el profesor el que se tomara la molestia, seguro que habían sido los elfos domésticos.
Y a la derecha, tras una chimenea levemente encendida, como el profesor había dicho, la puerta del baño y el pequeño mueble de madera. Se acercó a él. No le llegaba más que a la cintura por lo que tuvo que agacharse para abrirlo. Dentro de él había infinidad de pociones y, para sorpresa de la jovencita, las estanterías se movían hacía los lados como si de una cinta de comida japonesa se tratase. Le recordó, inevitablemente, al monedero de Harry, que no tenía fondo.
La poción negra o, mejor dicho, las pociones negras, destacaban pues se encontraban descaradamente separadas de las demás. No había sino cuatro. Tendió la mano y cogió una. No pudo evitar la tentación, siguió mirando las pociones que pasaban delante de ella. Había todo tipo de pociones: de magia oscura como la poción para revivir, comunes como el veritaserum, curiosas como amortentia o felix felicis. Agudizadora del ingenio, para encoger, para envejecer, multijugos, por supuesto. Tambien había matalobos y un centenar de antídotos a venenos diversos. El profesor Snape estaba preparado para todo. Las tenía clasificadas por tipo y nombre.
Pero, la que sostenía en la mano no la conocía. Llevaba pegada una etiqueta blanca pequeña donde ponía con la minúscula y apretada letra del profesor: Antimune.
Por el color y la textura, Hermione pensó, podía ser un inmunizador pero… ¿de qué?
El profesor podía estar preocupado por infecciones que pudiera coger pero de eso ya se encargaban en el hospital y, si algo tenía Hermione claro era que, lo que le había ordenado buscar, no se lo podían dar allí. Pero, ¿por qué no?
¿De que iba a necesitar inmunizarse? Se encontraba asi por el veneno de la serpiente.
La joven tensó los músculos sentada en el suelo del dormitorio de Snape al cruzarle la idea por el cerebro: ¡se estaba inmunizando de Nagini!
Pero no, no podía ser. Era absolutamente imposible inmunizarse de esa serpiente, además, si asi fuera ya no le habría hecho falta tomarla, debería estar inmunizado ya. Pero, esa resistencia al veneno de la serpiente era bastante sospechosa. No había buscado respuestas a dicha pero, la verdad, la intrigaba.
Intentó tranquilizarse. No podía ser asi, ni si quiera estaba segura de que fuera una poción inmunizadora.
Dejó el bote encima del mueble y se levantó.
Snape le había dicho que no debía tocar nada y no pensaba hacerlo pero por mirar no iba a pasar nada. Ni si quiera quería curiosear, simplemente ver la estancia.
No podía imaginarse a su profesor ahí dentro. En comparación con el despacho, el dormitorio era tremendamente acogedor. Verde y negro, por tanto, un poco apagado, pero, realmente acogedor. No hacía ese frío inhumano del despacho, la chimenea lo mitigaba, y la ventana, a pesar de ser de noche, ayudaba bastante a mejorar el ambiente.
Descubrió, más allá de la puerta del baño, otra puerta entreabierta. Dentro había un vestidor con poca ropa y prácticamente toda igual. Le pareció un detalle un poco soso pero no se esperaba más de Snape. El resto estaba lleno de trastos entre los que había desde libros hasta portarretratos antiguos.
Una zona destacaba por su increíble protección. Era una caja incrustada en la pared con un cristal ahumado por el cual, nada se podía ver. Le intrigó y, tentada por la curiosidad, levantó la mano para tocarla.
"No debes tocar nada" retumbó en su mente y la profunda y oscura mirada del profesor la atacó en su pensamiento. No debía. Apartó la mano y salió del vestidor.
Decidió que ya era hora de irse. Debía ser más de media noche y pensaba llevarle la poción en ese mismo momento.
Se detuvo para captar una última vez el agradable olor de la habitación y se marchó por la puerta. Le costaba aceptarlo pero, le gustaba el aroma. No era la primera vez que lo percibía. Actualmente su profesor estaba enfermo y en un hospital, lo que ya de por si tiene un olor característico pero… cuando se lo cruzaba por los pasillos del colegio o en el Grimmauld Place ya había captado su peculiar perfume. Nunca le había prestado la menor importancia. Snape era borde y desagradable con ella siempre. ¿Por qué iba a hacerlo? Pero ahora que sabía la verdad sobre este hombre no pudo evitar apreciar su olor. Quizás no fuera tan malo como se mostraba.
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No se había equivocado. El hospital estaba de lo más tranquilo en la noche. A pesar del considerable número de pacientes residentes la noche sentaba muy bien en comparación con el ajetreo de día.
En el fondo de su ser, Severus Snape, agradecía esto. No soportaba los constantes ruidos de objetos cayéndose ni a la loca de la 420 gritando. Deberían mandarla a otro lugar donde no molestara, era realmente irritante. Estar sentado en esa dichosa camilla todo el día ya era de por si muy agotador como para encima tener que aguantar las chifladuras de los vecinos de habitación.
Se moría de ganas por caminar pero le era imposible, su cuerpo no acababa de darle la fuerza necesaria. Sentarse en la cama cuando le había pedido buscar la poción a Granger ya le había costado bastante.
Aun asi los médicos le habían dicho que, en dos días, comenzarían a rehabilitarlo. A pesar de lo que previamente le dijeron, terminaron decidiendo darle una reducida cantidad de poción nutritiva diluida en agua para avanzar su recuperación. Si se la hubiesen dado antes se habría ahorrado una semana de inmovilidad absoluta.
Acabó durmiéndose entre semejantes pensamientos a la luz de la única vela que iluminaba la estancia.
Minutos más tarde aparecía Hermione Granger por la puerta de la habitación pero nadie la veía. Había cogido prestada la capa de Harry pues, un encantamiento de invisibilidad siempre era arriesgado además de no ser del todo efectivo. En cambio, la capa, era infalible y había quedado demostrado.
Dejó caer la capa mientras observaba al dormido maestro y se sentó en el taburete. Esperaba no tener que esperar mucho a que se despertara. Principalmente porque no era su intención pasar ahí toda la noche ya que, ni loca se le ocurriría despertarlo.
Quince minutos más tarde, a la vista de que no había cambios, colocó el taburete por el otro lado del la camilla para poder ver la puerta y si entraba alguien. Con un complejo hechizo transformador la convirtió en un humilde sofá y se sentó en él. Cogió la capa y se tapó. Formuló el encantamiento de protector una vez más y dejó que pasara el tiempo.
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No supo exactamente cuanto había pasado pero se había quedado dormida. Al abrir los ojos pudo ver como su profesor se encontraba sentado, una vez más, mirándola de frente, con la poción que previamente se encontraba en su mano, cogida.
Se sintió fugazmente avergonzada por haberse quedado dormida ahí, al lado de Snape, en el hospital. Este lo notó:
- No te preocupes – le dijo tranquilo mientras abría la poción
Hermione se quedó confusa, más de su tono que de su respuesta, pero en general de su modo de comportarse. Seguía siendo frío, distante pero… en ese momento, no era borde.
- Has hecho bien – la felicitó y cogió una pequeña cucharilla.
Con un sencillo encantamiento, para el cual no necesito si quiera la varita, la esterilizó y comenzó a dar vueltas a la poción. Hermione se preparaba para escuchar un: "Puedes irte ya Granger", cuando el profesor volvió a hablar.
- ¿Te encuentras bien?
La verdad era que no. Estaba palidísima. Tenía muchísimo frío y la posición del sofá le había provocado un terrible dolor de cuello. Pero, ¿era Snape quien le había preguntado eso?
Levantó su varita y pronunció un encantamiento de calor encima de la capa que la hizo sentirse mejor.
- Frío – asintió el profesor ante el hechizo de su alumna – ya…
Sacó la cuchara, cogió la poción con una mano y se la lanzó a la boca. Tenía que estar malísima pues la cara del profesor fue un cuadro después de tragarla. Se dio la vuelta y cogió un vaso de agua de la mesa de noche del otro lado. Este movimiento hizo que se le marcaran todos los huesos de la cadera en la fina bata que llevaba. Bebió todo el vaso y lo volvió a dejar en su sitio.
- No está, si le soy sincero, muy buena…- el profesor se encontraba evidentemente incómodo en esa situación sin saber muy bien que decir o hacer ante la mirada asustada de la joven
- ¿Puedo saber… - no sabía si preguntarle. Quizás no debiera jugar con fuego. Vale que no estaba siendo borde en ese momento pero, podía cambiar de actitud de golpe - …qué es?
Snape suspiró. No pensaba decírselo. Ella no debía saberlo. Simplemente negó con la cabeza tras aguantarse el comentario sarcástico que tenía preparado. La joven aceptó pero no se dio por vencida.
- Es necesario que la tome, ¿no?
El profesor asintió sin poder evitar reconocer otra evidencia de parte de su ex alumna ¿Para que se la habría tomado si no la necesitase?
- Y… es como un tratamiento… ¿no?
- Preguntas demasiado Granger – le respondió rápidamente, cambiando su expresión, seco y, esta vez, borde
La jovencita bajo la mirada avergonzada. Se había tomado demasiadas confianzas. El profesor se volvió a acostar satisfecho con su contestación. Ella no debía saberlo. Nadie debía saberlo.
La habitación se quedó en silencio. Hermione aun esperaba que la echase pero, minutos después, en vista que no ocurría, se recostó en el sofá (hacia el lado contrario que la vez anterior, asi quizás se le quitase el dolor de cuello)
Pasaron varios minutos en los que su mirada buscaba modos de entretenerse en aquella habitación pero, lo único interesante ahí era Snape y, a él, no podía mirarlo.
Después de un buen rato el profesor volvió a hablar ofreciendo asi una excusa perfecta a Hermione para observarlo.
- Seguiré necesitando su ayuda Granger…
Hermione pensó.
- ¿Necesita las pociones que quedan? – le preguntó la joven
Él asintió.
- Una cada semana…
Hermione asintió. Le ayudaría.
- Le aseguro que no es de mi agrado tener que…- hizo una pausa – pedirle ayuda pero… no tengo otra opción.
- ¿Morirá? – lanzó Hermione valiente al aire
El profesor asintió. Sin ella, sin la poción, moriría pero, eso no era lo peor.
- Además… - pensó como decirlo – Necesito otro favor…
Hermione se enderezó interesada.
- Lo que usted necesite profesor – se prestó voluntariosa
- Puede que, en estos momentos, seas la más indicada para hacer lo que le voy a pedir – Hermione se sobresaltó. ¿Ella, la más indicada? - ¿Cuántos botes quedaban Granger?
- Tres, además de este – le informó segura
Si, era perfecta para ese trabajo. Una alumna brillante y eficiente. No podía confiar en nadie mejor. Iba a ser difícil. A él mismo le costaba pero…
- Voy a necesitar que hagas más Granger – le dijo firme
Los ojos de Hermione se abrieron como platos.
- Dígame cómo profesor – le sonrió – y lo haré.
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Ais! Si esq no puedo evitarlo! Lo he vuelto a hacer! He vuelto a perder un día entero creando y corrigiendo un capi ¡Debería estudiar! T.T ¡Que remordimiento ahora! Me siento tan ma como bien... ¡si es que adoro escribir este fic! :DDD
He estado pensando en hacer otro pero... aun no se de qué...
Tengo que reconocer que... ¡me faltan personajes! Podría jugar con Sirius, Lupín... con Dumbledere haría maravillas! Pero están muertos! Muy muertos... ¬¬ Me repatea esto... No quiero que los únicos personajes sean SS y HG. No esq HP y RW me molesten pero son personajes tan desarrollados ya que mis ideas se ven limitadas, además, tengo que reconocer que... los que yo quiero son a Lupín y Dumbledore!
Por eso me he estado pensando hacer otro fic de HP... pero no se de qué!
En fin... tiempo al tiempo. Quizás en Carnavales tenga para hacer algun OneShot o SongFic (me haría mucha ilusión. Pero tienen que ser perfecto. Si no es asi, de verdad, no me gusta, pues me parece muy cutre. Tengo que encontrar la situación y personajes adecuados) Hoy leí uno que... bueno, maravilloso es un adjetivo corto. Se llama Paris y es de Iremione, escritora que, por cierto, recomiendo! Es de SS/HG pero, en una situación y pasados unos hecho que ni me podría haber imaginado. Quizás eché un poco en falta la personalidad borde y despreciable de SS pero, si tenemos en cuenta que, la face "enamoramiento" ya había pasado, no hay motivos para que fuese borde con HG ^^
Eso digo yo!
PEACE&LOVE
anikoko
