—Ese era el plan —dijo Lexa, y se sentó encima de la cama —. Indra, gracias. Puedes marcharte si quieres —declaró a aquella mujer que seguía posada en la puerta, a lo que ella ordenó sin decir ninguna palabra más.

No entendía qué estaba ocurriendo, así que no me anduve con rodeos y se lo pregunté:

—Lexa, ¿qué plan es ese? ¿A qué te refieres?

Ella se sorprendió ligeramente al escuchar su nombre saliendo de mi boca, pero volvió a recobrar su gesto serio, y observó cómo la preocupación y la incertidumbre se apoderaba de mí paulatinamente.

—Si Pike no conseguía sonsacar ninguna información relevante a tu amigo o sospechaba que él podría estar mintiéndole, entonces le dejaría huir.

Vale, definitivamente no comprendía absolutamente nada de aquel plan, pero no resultó necesario hacérselo saber a Lexa, puesto que ella prosiguió con su explicación.

—Haríamos creer a tu amigo que había conseguido escapar de aquí, no sin antes habernos asegurado que él conocía perfectamente la ciudad, pero eso ya lo averiguamos cuando fuimos detrás de él el día en que lo detuvimos. Me informaron de que estaba conduciendo una pequeña horda de caníbales en ese momento —paró de hablar y me miró por si quería añadir nuevos datos a su testimonio.

Caníbales, así es como llaman ellos a los caminantes. Entonces mi cabeza empezó a pensar. No podía ser, todo lo que había intentado evitar desde que llegué aquí… no, no y no.

—Le habéis dejado escapar para saber dónde estamos instalados mi gente y yo —bajé la cabeza con frustración cuando ella asintió con la cabeza.

—Sólo espero que tu amigo no sea tan estúpido de volver a por ti ahora, pero dudo mucho que haga tal cosa debido al estado físico en el que se encuentra. Pike se ha asegurado de ello. Ah, y reza para que ningún caníbal acabe con él mientras intenta atravesar la ciudad.

La rabia empezó a recorrer mi cuerpo, provocando una tensión constante en cada uno de mis músculos. No podía estar pasando ésto, no podían dejar que descubrieran a Octavia, Bellamy, Wells y… hasta en el fondo me preocupaba por el imbécil de Murphy. Eran mi familia, lo único que me quedaba en este jodido mundo, y tenía que protegerlos por encima de todo.

— ¿Qué pasará cuando Finn llegue hasta nuestro refugio? —pregunté sin miramientos.

—Teniendo en cuenta que Pike habrá enviado sólo a uno de sus hombres para seguir a tu amigo, cuando le conduzca hasta donde estáis instalados, le matará antes de que pueda entrar y alertar a las posibles personas que se encuentren en vuestro refugio. Luego volverá aquí e informará a Pike de vuestra localización. Y sí, creo que no hace falta que te diga lo que hará después.

La cabeza me daba vueltas, no sabía que podía hacer para parar esa futura matanza, así que, sin más, me derrumbé ahí mismo, delante de ella.

—Si necesitáis armas, comida, o cualquier otra cosa, os lo daremos todo aunque no tengamos mucho, de verdad, y no volveremos a pisar esta ciudad, nos iremos lejos de aquí, pero por favor, no matéis a mis amigos —no pude contener las lágrimas al decir aquello —. No hemos hecho nada, te lo suplico Lexa, no los mates.

Ella se quedó meditando durante unos minutos, observándome con aquella mirada suya, tan fría y calculadora. Por fin rompió el silencio:

— ¿Qué tal le va a Diana Sydney en Arkadia?

— ¿Qui… quién? —en ese momento, mi cara debía de ser un poema, porque no había entendido ni una sola palabra de lo que me había preguntado. Lexa seguía escrutándome con la mirada, esperando una señal por mi parte, algún signo que la revelara si la estaba mintiendo.

Al cabo de un rato, ella desistió y me dijo:

—Muy bien, avisaré a uno de mis mejores camaradas, Lincoln, para que pueda detener el asesinato de tu amigo Finn cuando éste llegue a su destino. Pero, Clarke —me recorrió un escalofrío por la espalda cuando cambió el tono de voz al decir mi nombre —, tendrás que decirme en qué lugar os ubicáis para que Lincoln pueda llegar cuanto antes.

No me gustaban este tipo de decisiones. ¿Podía confiar en ella? ¿Todo lo que me había dicho hasta el momento sería verdad o una trampa para que revelara la localización de mis amigos? Si lo que me había contado era cierto, entonces todavía quedaba esperanza para salvar a mi gente. Por el contrario, si todo aquello era una farsa, un plan para que confesara el lugar donde nos asentábamos, entonces yo sería la responsable de la muerte de todos mis compañeros.

De repente, me vino una pregunta a la mente:

—No comprendo por qué me sigues teniendo aquí, con vida.

—Ya te lo dije, eres mía.

Lo dijo tan sutilmente, casi como un susurro, que incluso no me importaba ser suya totalmente durante un par de hor… ¿Pero qué narices me pasaba? No sé por qué a veces me costaba pensar con claridad cuando hablaba con aquella entonación tan suave y delicada.

Ella prosiguió, aunque no sabía con exactitud si se había dado cuenta de mi reacción.

—Yo me hago cargo de ti, y Pike se hace cargo de tu amigo Finn. Ya te expliqué que Pike y yo tenemos métodos diferentes, pero ambos habíamos llegado a un acuerdo y al final quedamos en que él no llevaría a cabo el plan hasta que yo no hubiera terminado de interrogarte. Pero el muy imbécil hace lo que le da la gana y no esperó a que yo terminara contigo… o sea, ya me entiendes…

Me miró de reojo al decir aquello último, pero esta vez no me mantuvo la mirada, incluso parecía haberse avergonzado un poco… Serían imaginaciones mías; aquella chica era una gárgola en cuanto a expresiones faciales se trataba. Pero sus ojos, sus ojos transmitían mucho más que las palabras que pronunciaba…

Entontes se me ocurrió otra alternativa para no revelar la localización de mis amigos en ese momento y para que sólo lo pudiera saber una sola persona, Lincoln.

—Lexa, yo podría ir con Lincoln y conducirle hasta donde se encuentra mi gente, así cuando podamos detener al emisario de Pike, podré hablar con Finn y los demás. Así les explicaré la situación en la que nos encontramos y nos iremos de allí —un brillo apareció en mis ojos, esperando a que aquella chica estricta, aunque parecía que tenía un atisbo de compasión, aceptara mi petición.

Pero antes de que contestara, ya sabía sus pensamientos, se lo veía en su mirada ya que volvió a observarme con aquellos ojos gélidos e inexpugnables.

—No puedo hacerlo, Clarke.

—¿Por qué? —repliqué con un tono acusador.

—Porque si descubro que me has engañado o algo sale mal, tu pagarás por ello.