Mientras comíamos, Applejack había comenzado a contarnos una anécdota: nos contó como su amiga Pinkie Pie trato con uno de esos ponis nuevos, solo que este "poni" en realidad era un mulo muy gruñón de nombre Cranky. Sin embargo terminó por aceptarla como su amiga a pesar de llevarlo casi a la locura después de todo lo que ella había hecho para ser su amigo.
— ¿Enserio destruyo su álbum de recuerdos? —mi sorpresa fue que aun así, terminaron siendo amigos.
—Sí, pero luego se calmaron las cosas cuando Pinkie encontró a una "vieja amiga" que pensó jamás volvería a ver —da una mordida a la rebanada de pastel de manzana que tenía—. Y asunto resuelto, nunca sabes cuándo Pinkie te va a sorprender.
Nota mental: JAMAS DEJAR QUE PINKIE ENTRE A MI CUARTO O PODRIA DESTRUIR MI DIARIO.
Después de comer y dar gracias, di las buenas noches a mi querida familia. Entretanto, me asegure que todos se fueran acostar a sus habitaciones. Fui el último en entrar a mi habitación, y por fortuna nadie ha notado mi comportamiento extraño.
Regreso a mi habitación, y me aseguro de que la puerta está cerrada, siento una brisa que proviene de la única ventana en mi habitación y veo que mi diario esta donde mismo lo guarde, era un libro de tapas roja; muy simple como yo. Austero, pero servía para su propósito y solo yo conocía lo que contenía. Lo saque de la almohada de mi cama, lo abrí y saque la pluma…
Continua donde se quedó relatando el rencuentro con Cheerilee:
…No me sorprendió volver a ver a Cheerilee. Después de todo nos hicimos amigos desde aquel incidente, y era la maestra de mi hermanita Apple Bloom después de todo.
No podía odiar a mi hermana ni a sus amigas por esto. Después de todo, solo querían lo mejor para nosotros, aunque eso las llevara a cometer una acción equivocada. Nos habíamos visto ayer en la escuela. No me acuerdo de que se trataba la junta a la que me citaron, pero observe que mi hermana y sus dos amigas aún seguían preocupadas por mí, temiendo que no las haya perdonado del todo por aquel incidente. Me preocupaba verlas así. Por eso, fui directo y les dije que todo estaba bien; que no se sintieran mal por solo querer que Cheerilee y yo fuéramos felices juntos. Aunque… siendo sincero conmigo mismo, no creo estar listo nunca para tomar ese pasó.
Comienza a escribir un Flash Back en tercera persona:
Sábado 16 de febrero
—Hola Big Mac—dijo Cheerilee sonriendo y agitando un casco en dirección a Big Mac—. Es un gusto volver a encontrarte.
—Eeyup, lo es igual para mí volver a verte en un lugar que no sea tu trabajo —responde al saludo—. ¿Qué te trae por el parque?
Empieza un intento de conversación.
—Tengo que llevar la compra hasta mi casa —suspiro cansada—. Y quería pasar por el parque, ya que es un lindo lugar que me trae lindos recuerdos.
Big Mac noto que la poni de tonos magentas y lindos ojos verde esmeralda, llevaba una bolsa azul claro en su lomo considerablemente grande, y por lo que alcanzaba a ver estaba llena con pan. Pensó si eso no era demasiado peso para una yegua.
— ¿Necesitas ayuda con eso?
— ¡Oh!, no quiero causarle ninguna molestia.
—Para nada, no es ninguna molestia y menos, si se trata de una amiga.
—Gracias —sonríe—. Pero no tengo con que pagarte.
—No es necesario darme nada a cambio —respondió con sinceridad.
—Y además mi casa no queda muy lejos de aquí.
Al poni rojo le pareció que ella estaba buscando una excusa. Lo cual lo hizo sentir un poco triste, pues él sabía que no era muy popular entre las yeguas, especialmente por su "simple vocabulario" y su GRAN tamaño que hacía de él alguien temido por algunos, sumándole eso al hecho de no sentirse atractivo. Pero descarto esa idea al recordar que Cheerilee nunca se asustó por lo grande que fuera, y en sus palabras existía la sinceridad. Al menos eso quería creer, pues algo que no podía saber, era lo que sucedía en la mente de Cheerilee, algo que un unicornio podría hacer... aun si fuera uno, no se atrevería a hurgar en los pensamientos de su amiga. No era correcto para él "nadar" en pensamientos ajenos.
—"Pensándolo mejor —pensó Big Mac—, tal vez no debería arriesgarme si no quiere recibir mi ayuda."
Estaba a punto de aceptar su respuesta. Cuando de repente, hubo un cambio inesperado.
— ¿En serio quieres acompañarme a mi casa? —parecía querer aceptar la ayuda.
—Eeyup —responde con gusto— pero solo si me dejas cargar esa bolsa, se ve que esta pesada. Una yegua como tú no debería esforzarse más de la cuenta, lo digo por experiencia.
Sintió un cosquilleo. ¿Era normal sentir eso? Tal vez. ¿Se lo preguntaría a su hermana?
—Si te soy sincera, pensaba que me iba a caer antes de llegar a casa —hablo Cheerilee, aun sonriente.
Entonces, Cheerilee comenzó a quitarse la pesada bolsa azul claro, mientras Big Mac la tomo con la boca ajustando el cinturón para que no se cayera de su lomo. No era ningún problema para él porque estaba acostumbrado a las cargas pesadas. Se detuvo un momento a mirar a su amiga, y cuando creyó que estaba todo listo, hablo.
—Vamos —dijo el poni rojo.
Los dos ponis conversaban sobre que habían hecho durante la mañana. Caminaron hasta llegar a una pequeña casa que estaba a unos 100 metros del parque. Cheerilee abrió la puerta que conducía al interior y el poni rojo pudo notar los detalles del interior de la casa: estaban las paredes pintadas de un color magenta uniforme, con un estampado de girasoles, mientras entraban y se dirigían hacia la cocina, pasaron por la sala que no era muy amplia. Había un librero junto a una ventana que estaba en la pared oriente de la casa, en el poniente se encontraba un sillón marrón que tenía una lámpara a un lado, en el centro de la sala había una mesita y un sillón donde cabrían perfectamente dos ponis que miraba hacia donde habían entrado. Vio que en la pared del sur, justo frente al sillón y la mesita, había unos dibujos pegados en un pizarrón de corcho que colgaba de la pared, era grande… y había al menos 50 dibujos, todos parecían haber sido hechos por potrillos.
—Aquí es Big Mac —señala una mesa en la cocina—, puedes poner la bolsa ahí.
Big Mac cumple con la orden, y se vuelve a mirar a Cheerilee. De nuevo pensó que tenía unos lindos ojos... era la segunda vez que lo pensaba.
—Creo que mi trabajo está hecho —se da la vuelta rumbo a la salida.
— ¿Puedo invitarte algo?
— ¿Invitarme algo? —se detuvo en seco.
—Es lo menos que puedo hacer por ayudarme a cargar eso —señala la bolsa que estaba puesta sobre la mesa de madera blanca.
—No quiero importunarla.
—Para nada Big Mac —dijo Cheerilee con otra sonrisa—. Usted no es inoportuno, al contrario usted es muy oportuno.
Sintió ese cosquilleo de nuevo… ¿qué era ESO?
—Veras Mac, ¿puedo llamarte Mac?
—Eeyup —respondió extrañado.
Pasaron las horas, mientras tenían una conversación, que llegaba a su fin. Terminaron despidiéndose en buenos términos.
—Visítame un día de estos. Cuando quieras —dijo Cheerilee.
—Por supuesto que lo hare, el placer es todo mío.
—Adiós Mac.
Fue lo último que escucho de la yegua morada.
Y el poni rojo ahora sentía que por primera vez, no había aburrido a alguien con sus historias de la granja. Alguien le dijo alguna vez en el pasado que sus historias eran malas, pero comprobó que estaba equivocado. Así fue como pudo mantener una conversación con su amiga.
Cuando regreso a su granja, se preguntaron donde había estado todo ese tiempo, a lo que solo respondió.
—Ayude a una amiga que necesitaba ayuda.
A pesar que sus hermanas le atacaron con varias preguntas al mencionar la palabra "amiga". No dijo nada más, y se fue a su habitación, no sin antes decir esto:
—Solo les digo que es alguien que ustedes y yo conocemos bien.
Y así termino lo que podría haber sido una eterna disputa por la misteriosa yegua, que claro, pensó el poni rojo que sus hermanas no estaban satisfechas del todo con esa información tan vana. Pero se prometió decírselo la próxima vez que le haga una visita.
Termina de escribir el Flash Back
Escribe una pequeña nota sobre "el cosquilleo":
"¿Que será esa sensación que me invadió cuando me dijo esas palabras Cheerilee? ¿Y cuando la vi a los ojos?"
Escribe otra nota:
"Visitar a Cheerilee mañana para conocerla mejor. Siento que tal vez… ese toxico que bebí me sigue haciendo efecto, y me estoy sintiendo raro… tengo que hablar de esto con ella. Puede que ella se sienta igual"
Fin del capitulo
—Hasta aquí —dejo la pluma sobre el escritorio que tenía—. Por ahora, este fue el primero de mucho capítulos por venir —dije esto mientras cerraba con cariño mi diario, que era ahora mi tesoro.
— ¡Corrales! —pensaba mientras miraba el reloj que tenía al lado de mi cama— Son las diez.
Me fui a acostar a mi cama luego de guardar mi diario dentro de la almohada. De esa forma siempre estaría seguro, lejos del alcanza de ojos curiosos.
Mañana seria... un nuevo día.
