Capítulo 4

Los Andrew

-Discúlpame hijo, en un momento nos saludaremos, estoy emocionado, al verte ir con ella y ver cómo te abrazó, no pude evitar recordar a tu madre, ella era así conmigo, por eso no puedo dejar de pensar en mi querida Pauna y en mi hija al verla, perdóname hijo, Albert se le salieron las lagrimas serio, abrazo a su padre, dijo

-Anthony le dijo que era tan hermosa como su madre

-Lo ves, hasta mi nieto sabe que ella es muy parecida a nuestras mujeres, Albert agregó,

-La madre de Candy era prima de mi madre Lady Katherine Mc Lead. Sir William sonrió, dijo

-Bendito Destino, Katherine salvó a tu madre de ahogarse en el río, ese día la conocí, no sabía que Candy era su hija, ahora estoy más feliz de que sea tú prometida hijo mío.

-Candy fue a la primera persona que vi cuando escape de Alsthom, la seguí cuando montaba y llegue hasta su mansión, no pude dejar de verla desde que la conocí

-Santo Dios hijo mío, estás enamorado de Candy Brandan, tu prometida, acaso esto es una maravillosa sorpresa, lo note cuando cabalgaban el día que los comprometimos, pero nunca me imagine que te enamorarías de ella de esa manera.

-Deja que la conozcas padre, si ya te hizo recordar a mi hermana y a mi madre, espera a que la veas de cerca, todo lo que hace, es maravillosa. Sonreía, ahora mostraba un fuerte deseo por ver a su nuera.

Candy despertó muy rápido abrió la ventana, vio a Puppet, esta la acarició, en eso entraba su doncella y gritaba, haciendo que Albert viniera de inmediato, se reía, Anthony entró a la recamara, dijo

- ¿Que es tía? ¿Tú mascota? Albert dijo

- No, es mía, se llama Puppet, ven acá Puppet, que esta dama te tiene miedo, no podrá atender a Candy, salían, Candy reía.

-Vamos Lucy, no te asustes, es muy buena y delicada, no te hará daño, esta educada, se sonreía, traía los atuendos para la comida de la dama, le ayudaba a bañarse y arreglarse

Bajo Albert y Anthony conocían a Puppet, todos se sorprendían al ver que Albert dominaba a la pequeña, le obedecía en todo, su padre no dejaba de ver con los ojos muy abiertos, dijo

-Hijo la educaste

-Si Padre, ella es una buena arma, no lo cree

- ¡Arma!

- Padre, que no le conté como escape

-Si hijo, pero esos eran caballos, lobos, no mofetas

-Bueno padre, los animales tienen un sentido muy amplio del peligro, esta pequeña no permite que le hagan daño a mi prometida, y a mí.

- A tu prometida la protege también

- Lo ves padre, ella también sabe, que Candy es mi prometida, se sonreían, Richard y Terry se reían de verlo con un zorrillo en las manos.

Albert llevo a Puppet a su habitación se baño, se arreglo para la comida, le dio la orden de no salir a su pequeña amiga que de inmediato entendió, fue por Candy quien salió muy arreglada y hermosa haciendo sentir a su prometido muy orgulloso.

Bajaban y Sir William la admiraba con una sonrisa de enamorado, fue, saludo, le dijo

-Hija esta es tu casa, yo, soy tu padre, la abrazó, ella sonreía muy feliz por el abrazo del padre de Albert, que la apreciaba como una hija. Rose se enternecía y Eleonor también. Sir William agregó, mira esos retratos y te darás cuenta que aquí es a donde perteneces, todos se acercaron a ver el gran salón donde estaban las pinturas de su esposa, su hija mayor, Albert y Rosemary de forma individual, otra donde estaban Rose y Antonio, Sir William y su esposa Pauna, después dijo

-Esta que ves aquí, es a la que le deben la vida toda mi familia, es tu madre Candy, la prima Katherine quien salvó la vida de mi esposa, ese día la conocí, Candy no sabía y ahora se sentía muy halagada por todo, hasta un retrato de su madre en ese lugar tan familiar. Los Grandchester admiraban la belleza de la hija mayor, ahora comprendían que había enloquecido a Alsthom. De todas las damas en los retratos Pauna Andrew hija era la más hermosa. Anthony se acercó, dijo

-Tía ella es mi Tía Pauna, es un ángel del cielo, Candy sonrió, dijo

-Estoy segura que en la tierra también fue un ángel Anthony, Sir William la abrazó al escucharla, la vida le había devuelto a su pequeño Albert en Anthony y a su hija Pauna en Candy.

Pasaron al comedor, todo fue alegría, después, Albert tocaba el piano, Candy cantaba y tocaba junto a él. Salían a cabalgar, le mostraba lugares hermosos, Candy muy feliz lucía cómo una gacela al ganar a galope junto a Albert para llegar a una colina hermosa donde veían el atardecer, bajaba y amarraban los corceles, ella se sentó a su lado, el tomo sus manos, dijo

-Candy, este anillo fue de mi madre, es muestra de nuestro compromiso ahora, este broche es de mi familia, pues bien muestra que ahora eres mi familia.

-Albert, es hermoso, gracias, me encanta, lo cuidaré muy bien.

Albert le tomo su carita, le dio un beso en los labios, Candy al separarse se recargaba en el costado de Albert muy enternecida.

Por la noche, Albert paseaba con Candy en los jardines, le mostraba los alrededores, ella feliz, pues estaba acompañada de su prometido, caminaban si tomar el tiempo, la conversación entre ambos era muy instructiva para Candy, la verdad admiraba a Albert, pero oírlo hablar la tenía encantada, se hizo tarde, estaban muy lejos,

-Candy es hora de volver se me ha ido el tiempo y ya obscureció, no es correcto que te haya robado de todos

-Albert, cuando hemos sido correctos, pero tienes razón, regresemos. Albert feliz se detuvo de frente, le dio un beso a Candy, ella feliz le dijo

-Lo ves, nunca somos correctos Albert, ambos se reían. Este la abrazó, la elevaba en sus brazos emocionado por tenerla con él, gozar de toda la confianza de su prometida, regresaban y todos se habían dormido, su padre los esperaba, dijo

-Muchachos, me tenían preocupado, que bueno que llegan, los documentos de ustedes, los hace legalmente esposos, pero no abusen, si tu tía Elroy estuviera aquí, se habría desmayado por la impresión. Candy se acercó a él, le dijo

-Buenas noches padre, Albert es más que un caballero, es un Andrew, por tanto un hombre respetuoso Padre. Este feliz le daba el beso en su frente, ella levantó sus puntitas, le dio un beso en la mejilla, luego se retiró. Dejando a sus dos caballeros con ojos de ensoñación viéndola subir las escaleras, suspirando, Sir William dijo

-Es igual a tu madre, hijo, tan lista y hermosa.

-Gracias Papá, muchas gracias, soy muy feliz de contar con ella. El padre, conversó de los Legan, de la tía Elroy y de los Grandchester con Albert, después de Antonio y los problemas para organizar todo en América, -tenemos que ayudarlo hijo,

-Claro padre. Ya le di el anillo de compromiso a Candy y mi broche Padre

-Ese es mi hijo, sabía que la amas. Ahora entiendo porque llegaron tarde, ambos sonreían.

Después de un buen desayuno, los caballeros habían salido Candy se quedo al piano, Betty la acompañaba y la admiraba, tan joven y tan buena al piano, ella se acercaba, dejaba sola a Candy, se iba con su madre. En la conversación Rose, Eleonor comentaban, Betty se les acercó, dijo

-Es muy joven, canta como los ángeles, que bien, se ve que ama mucho a su prometido, madre, sabían que se amaban, si ella es muy joven mamá.

-Hija mía, ojala tu y Terry encuentren un amor así, tienes mucha razón es un ángel, pero no darle pena, abrazarlo como lo recibió, sin importar si la juzgarán, eso habla de una dama muy original y auténtica, hace tiempo tuve el honor de conocer a la madre de Rose, antes de que falleciera, ella es muy parecida en su forma de ser, lucía muy enamorada de Sir William, me contó que la madre de Candy, Lady Katherine se lanzó al río, con una valentía jamás vista solo por salvarle la vida, aun a costa de la propia, llegó Sir William y Katherine sacaba a Pauna con un golpe del río, Sir William le ayudo, la cargo, la cubrió, y la llevo a lugar seguro, fue ahí donde se enamoraron, desde entonces los Andrew tuvieron una prosperidad muy notoria, no solo en bienes sino en amor hija.

Rose que escuchaba, lloraba, su padre que entraba en ese momento la vio, sonreía al verla con ternura, Antonio se acercó a ellas, Terry estaba a espaldas de su madre quien había escuchado todo. Albert vio a Candy quien tocaba el piano una melodía Escocesa, muy antigua, muy difícil, pero era la historia de los Andrew, los primeros Patriarcas, la cantaba en latín, Albert orgulloso le hizo segunda voz, mientras el padre asombrado estaba muy sorprendido de su nuera, que una dama de origen Irlandés, sepa una canción de los Andrew, era algo muy bueno, se acercó al terminar.

-Hija mía, cómo es posible que sepas esa melodía, ella sonriente dijo

-Recuerde, usted dijo que pertenecía a este lugar, le dio un beso en su frente. Albert la invitaba a cabalgar por la tarde, todos se incluían, Candy sonreía, mientras Albert se quedaba serio, el solo quería estar con ella. Terry lo noto, dijo

-Nunca la invites frente a todos, ella como sea aceptará, que no ves como está tan feliz desde que te vio. Ambos sonreían.

Salían a Cabalgar, una serpiente se atravesó e hizo levantar los corceles de Candy y Terry, donde Terry caía, su corcel se iba haciendo que Albert se fuera tras de él, Candy dominó al corcel susurrando a su oído, ya tranquilo, bajo y movió con una vara la serpiente alejándola y se acercó a Terry

-Esta usted bien, joven Grandchester

-Si, que le dijo a su corcel que lo calmo tanto, esta sonreía, Terry la vio, noto que tenía pecas y era muy joven.

- Vamos Joven arriba, que espera que le de la mano para levantarle

-Pensé que lo haría, después de cómo me recibió tan cortes

-Esta bien, deme su mano, Albert estiró su mano llegando por la espalda de ella, lo jaló

-Estás bien Candy, te vi que dominaste al corcel como siempre. Terry se reía, dijo

-No me ha dicho que le dijo a su corcel mi lady

-Que no me dejará caer porque me vería como usted, se tranquilizó de inmediato

Los tres saltaron las risas, Albert la abrazó feliz por cómo le había contestado, ella dijo

-Vamos continuemos, hay que regresar, Albert dijo

-Terry, me tarde para traerte tu caballo, no tener que llevarte conmigo, ambos se reían.

-Ya note que son tal para cual ustedes dos, pero recuerda Albert no traigo un zorrillo que espante a las damas. Candy se reía mientras Albert le ayudaba a subir su corcel.

Llegaban y todos se cambiaban para la hora del té, Candy lucía todo su cabello suelto, con pequeñas florecillas de adorno en sus rizos, un vestido liso sencillo que la hacía lucir muy delgada y alta, Sir William al verla se acercó ganándole el lugar a su hijo, llevando a su nuera con él, Candy tomo el brazo de Albert sorprendiéndolo, ella custodiada ahora por el padre y el hijo los tres muy sonrientes.

Todos conversaban, Candy por petición de Sir William le pedía una nueva melodía al piano, Candy por sorprenderle le toco una melodía muy especial, la historia de los caballeros, dejando a todos impactados, esa historia por muchos años se consideró una leyenda, en la canción se asegura que no es así, que es real, es muy dificultosa de tocar y cantar por los apellidos de que se mencionaban, los caballeros la disfrutaban Sir Richard dijo

-Lady Candy esa historia es real, me lo aseguró mi padre

-Así es Duque de Grandchester, es tan real y viva que un corcel de ellos trajo a salvo mi corazón, sonreía, sorprendido Albert dijo

-El corcel blanco, Candy,

-Si Albert es un descendiente de esa historia, es un joven Brandan quien te rescató, Sir William agregó

- ¿Un hermano tuyo?

- ¡Oh! No, soy hija única, lo que sucede es que los corceles Brandan son conocidos por los jóvenes Brandan en Irlanda, ahora que pronto serán Andrew, en Irlanda la leyenda se ha avivado porque cuentan que ustedes los llevarán muy lejos. Hija cuéntanos esa leyenda, decía Sir William

- Claro Padre, verá usted, eran jóvenes Escoceses muchos ellos descendientes de los Andrew y de los Gordon, de otros clanes, fueron muchos los caballeros que desaparecieron ese tiempo eran conocidos como los valientes guerreros su característica general es que eran rubios y blancos, al desaparecer todos juntos llamaban mucho la atención, un día volvieron a Escocia su tierra natal, convertidos en corceles con nombres de estrellas y ángeles, las estrellas son los descendientes directos, los ángeles son las damas que más los amaron, pasaban de generación en generación, cambian su apellido en el nacimiento del hijo varón.

-Dices que un corcel de ellos fue quien rescató a mi hijo

-Un día un corcel salió, lo busque por mucho tiempo, cuando por fin regresó traía con él a su hijo, por fin descanse la búsqueda de un joven Brandan.

-Porque lo buscabas tu Candy, dijo curioso Albert al ver las coincidencias

-No sé si sepan que los corceles son muy especiales, creen que solo los montan los descendientes reales, por tanto son muy rebeldes, no se dejan montar, mucho menos atrapar, mi Padre se cansó de buscarlo, me tocó buscarlo a mí, es lo malo de ser una dama, y no un caballero.

-Hija por Dios, es una bendición que seas una dama, si no con quien casaría a mi hijo, todos sonreían,

-Padre, lo que sucede es que tuve que recibir adiestramiento de un caballero, para poder ayudar a mi padre, al ser su única descendiente si no cumplo como debo, entonces seré una joven Brandan, eso dice la leyenda. Todos se quedaron serios, después sonreían era una linda leyenda, Albert se llevó a Candy al jardín.

-Candy, como debes de cumplir para no convertirte en un corcel según esa leyenda

-Casarme y tener un hijo o hija, pues si tengo una hija seguirán siendo Brandan, pero si tengo un descendiente barón ellos serán los jóvenes Andrew.

-Suena extraño, lo bueno es que es una leyenda

-Si desde que llegaste esa leyenda cobro vida, pues ellos saben que pronto regresarán con su patria y con su clan.

-Candy, falta menos tiempo, pronto nos casaremos

-Albert, no te preocupes, agradezco que seas tan comprensivo conmigo

-Sabes dejaste muy asombrados a los caballeros, eso que no han visto a los corceles tan hermosos que están contigo, se asustarían más si ven que no se dejan montar por cualquiera, me imagino a Terry tratando de montar a uno de ellos,

-Albert, los Grandchester son familia mía lejana, no se los digas

-De verdad Candy

-Si, creo que su abuela y uno de mis abuelos fueron hermanos o algo así, pero cuando viene por las damas se van perdiendo los apellidos. Albert dijo,

-En fin, fue muy instructivo conocer una leyenda de Escocia que vive en Irlanda en este momento

-Si, pero cuando menos lo creas, escucharás esa leyenda en toda Escocia de nuevo, siempre que ellos están cerca, la leyenda cobra vida.

Una mañana corrían todos, Candy solo veían como los sirvientes llevaban escobas y trinches, ella se acercó, vio a Puppet, dijo

-Permítanme, me hago cargo, el pobre animalito salto a sus brazos, Terry la vio y Betty se cubría la nariz, Rose se reía, Eleonor dijo

-Hija, no te vaya a apestar

-No lo hará, ella es una pequeña dama, verdad Puppet, tu eres muy buena, vamos al jardín, te encantará hay muchas flores hermosas, salían dejando a todos asombrados, en eso salió del despacho Albert, Antonio, Richard y William, al ver a los sirvientes preguntó

- ¿Qué pasó aquí? Rose contesto de inmediato

-Una mofeta tenía a los sirvientes asustados, pero Candy la llevo a pasear al jardín como si fuera una valiosa amiga, sonreía, Albert dijo

-Lo es, es mía, es muy buena, se salió al saber que Candy estaría sola, nadie se le acercaría iba con una sonrisa que no podía con ella, ya tenía la forma de que Candy y el estuvieran solos, se reía.

-Candy, donde esta Puppet

-Se fue caminando al bosque, no debes tenerla en casa, ella desea hacer amistad también, no debes estar celoso, no te cambiará por nadie

-Yo celoso, no lo estoy, no de Puppet, si celará a alguien solo sería a ti, Candy se sonrió apenada, lo miraba. – Candy vayamos a ver a donde se fue Puppet, es un buen pretexto para que no te estén vigilando tus doncellas, le tienen miedo a mi pequeña Puppet, eso es fantástico

- ¡Albert! Como que es fantástico que le teman

- Claro así estaremos solos, tomo su mano, se encamino con ella "a ver a Puppet" Albert adoraba ahora más a la pequeña, solo Candy y el eran accesibles a ella, eso lo hacía la mejor arma como el mismo lo dijo, se reía de pensarlo