Disclaimer: Los personajes son la maravillosa Stephenie Meyer, solo yo juego con ellos junto a mi imaginación. La historia si me pertenece.

Summary: El sentimiento de pérdida está latente en la vida de Bella Swan, quien lucha día a día para darle lo mejor a su pequeño hijo siendo la secretaria del solitario y ermitaño Edward Cullen, quien no quiere ni confía en nadie, ¿Será que se necesitarán mutuamente para ser los que eran antes y dejar de lado sus dolorosos pasados?

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Solo necesito a alguien como tu

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Capítulo 3

POV EDWARD

—Ya te dije que odio que trates a las personas así, Edward —me regañó Sue una vez que llegamos a la mansión.

—¿Qué querías que hiciera? Estaba ahí parada sin hacer nada —dije justificándome, poniendo el pote de helado que habíamos comprado arriba de la mesa.

—La pobre vendedora estaba sola, no podía hacer todo junto. Ya no se qué hacer contigo —dijo acercándose a mí y sirviendo el postre—. Hoy vi al niño más lindo desde que tú naciste —agregó.

—¿Y? —pregunté de mala gana.

—Estaba con su madre, era precioso. Se llama Thomas —habló sin hacer caso a lo que le había dicho.

Iba a seguir hablando pero el timbre sonó en toda la casa, rápidamente Sue fue a atender.

En esta gran mansión solo vivíamos los dos. Antes, cuando mis padres aún estaban aquí teníamos muchos empleados, pero cuando sucedió el accidente despedí a todos y solo nos quedamos Sue y yo.

—¡Primito! —saludó Alice dándome un abrazo, pero rápidamente me aparté.

—Sabes que no me gustan los abrazos, Alice —reproché serio.

—Con esa cara de amargado pareces de cincuenta—dijo sacándome la lengua.

—Basta de discutir ustedes dos —nos regañó Sue entrando a la cocina con mis tíos detrás de ella.

—Hola Edward —me saludó tanto Esme como Carlisle.

—Hola —les dije, haciendo un asentimiento de cabeza saludando a ambos.

—Vamos a la sala, hay helado —avisó Sue cortando el incómodo silencio que se había instalado entre nosotros.

Carlisle y Esme Cullen eran mis tíos y Alice era su única hija, en consecuencia mi prima.

Ellos eran la única familia viva que me quedaba. Carlisle era el único hermano de mi padre. Cuando era pequeño, Alice y yo nos llevamos muy bien, le tenía un cariño muy profundo en ese momento, pero luego todo se terminó. Mi tío Carlisle trataba de acercarse a mí, tanto como mi tía, pero yo simplemente no quería la lástima de ellos. Sabía que ellos también habían sufrido mucho por la pérdida de mis padres. Pero nadie estaba en mi lugar y no sabían cómo me sentía yo, solo Sue.

—¿Cómo va la empresa Edward? —me preguntó Esme.

—Muy bien, estamos por construir más hoteles —contesté con voz cansada.

—Me alegro que todo vaya bien —agregó y otro silencio se hizo presente en la sala.

Estuvimos así varios minutos, solo se escuchaba el ruido de las cucharas chocando con el recipiente en donde teníamos el helado. Mi prima Alice hablaba de moda con Sue, mi tío y mi tía charlaban de algo y yo estaba ahí sentado mirando a un punto fijo sin prestar atención a lo de mi alrededor. Sonó mi móvil y largué un cansado suspiro al ver quien me llamaba; dejé el helado encima de la mesa y me retire hasta mi estudio.

—¿Qué quieres Tanya? —pregunté con voz inexpresiva.

Hola Eddie, te extraño — dijo tratando que su voz sonara sensual.

—Yo no —corté tajante—. Dime para qué llamas y deja de molestar de una vez

Yo sé que si me extrañas, cariño. Estoy en casa aburrida, completamente desnuda esperando por ti, quiero volver a sentirte Ed —dijo y la verdad me dio repugnancia. ¿Cómo había caído tan bajo para terminar acostándome con ella?

—Puedes esperar todo el tiempo del mundo, nunca más se va a repetir eso. —Hice un gesto de asco—. Deja de molestarme, no quiero saber más de ti —agregué y colgué.

Tanya Denali era la hija de un importante empresario con quien teníamos un contrato millonario entre las empresas, Eleazar Denali.

Esta mujer era atractiva, pero no hermosa. Nos habíamos visto en varias ocasiones, hasta que en una cena logró convencerme e irnos juntos a pasar la noche. De todas las mujeres con las que estuve, ésta era la más pesada. Al menos las otras entendían que solo era una noche, pero Tanya insistía en querer algo que nunca lo iba a tener.

—¿Puedo pasar? —preguntó Alice entrando a mi escritorio.

—Por más que te diga que no, ya lo has hecho. Tu pregunta sobra —respondí mirándola fijamente.

—Edward, ¡por dios mírate! Eres un desconocido para mí. ¿Dónde dejaste a mi primo dulce, cariñoso y compresivo? —preguntó lagrimeando, sabía que la había lastimado con mis palabras.

—Alice, ese Edward murió hace seis años junto a mis padres —contesté con voz dura y cortante.

—No sirve de nada ser así Edward, solo vas a lograr quedarte solo

—Es lo que quiero. ¿Me puedes dejar solo? —le pedí con la voz más amable que encontré.

—No eres el único que sufre. —Tragó fuertemente—. Sé que tú tienes la peor parte porque eras su hijo, pero yo también me crié junto a ellos. —Agregó elevando su tono de voz.

—No sabes nada, así que cállate —respiré profundamente—. Tú tienes el amor de tus padres junto a ti. Ellos te dicen lo que haces bien o mal, te aconsejan. ¿Y yo? —Negué con la cabeza—. Yo no los tengo junto a mí, tengo que conformarle con llevarles flores en sus lápidas. ¿Entiendes eso? ¡No, lo entiendes! —Exclamé furioso, dándole un golpe seco al escritorio y me marché hacia mi habitación.

Cuando pase por la sala, mis tíos y Sue me miraban serios; creí haber visto lágrimas en los ojos de Esme, pero ni me preocupé por sacarme esa duda. Llegué hasta mi cuarto y cerré con seguro la puerta, me acosté en mi cama y pensé en los momentos felices que pase junto a mis padres.

Odiaba que mis empleados estén en otro lugar que no sea el suyo, es por eso que se lo hice saber a Stanley.

Estaba hace más de una hora en mi oficina sin hacer algo en especial, y no era porque no tenía trabajo que hacer, sino porque solo mi mente no lograba concentrarse. La discusión que tuve ayer con Alice me daba vueltas en la cabeza, quizás había sido injusto con ella, pero no me salía ser de otra forma. También reconocía que ella era muy importante en mi vida, desde que éramos pequeños la consideraba como la hermana que nunca tuve. Pero desde que decidí cambiar, los rastros del Edward que fui desaparecieron.

Unos gritos hicieron que alejara los pensamientos de mi cabeza y fijé mi mirada hacia donde provenía el barullo. Me paré y fui directo hacia la puerta para ver que sucedía, pero la voz de mi secretaria hizo que me quedara con el picaporte en la mano sin abrir la puerta.

¿Quién te crees que eres? Soy Tanya Denali y nadie me prohíbe nada —dijo elevando el tono de voz con su molesto tono chillón. Rodé los ojos, sabía que no se iba a quedar de brazos cruzados.

Por mi puede ser hasta el mismo presidente, pero yo cumplo órdenes de mi jefe y él no puede ni quiere recibir a nadie —contestó mi secretaria con voz profesional.

Que mal educada, esto Eddie lo va a saber —volvió a decir chillando. Apreté los labios, odiaba ese maldito apodo.

Se escuchó un ruido muy fuerte y giré el picaporte dispuesto a salir y terminar con este escándalo.

¿Pero qué hace? —Preguntó Isabella—. Ahora lo va a juntar usted —agregó enojada y me la imaginé con el ceño fruncido.

Es usted la empleaducha y algún día voy a ser la ama y señora de este lugar. Que no te quepan dudas simplona que lo primero que haré será despedirte —contestó Tanya con aires de suficiencia.

¡JÁ, claro!

Eso fue lo que colmó mi paciencia, ella no era quien para venir a rebajar a mis empleados y mucho menos a Isabella y para colmo creerse la próxima dueña de todo, antes muerto.

—¿Qué haces aquí Tanya? Creí haberte dejado claro que no quería saber nada más de ti —le dije con cara seria y voz dura.

Eddie, tu secretaria me trato mal. ¡Despídela! —Tuvo el atrevimiento de decirme

—Escuché todo e Isabella nunca te falto el respeto, ella está cumpliendo las órdenes que le doy y tú no eres nadie para decirme que hacer —escupí furioso.

—¿Qué no soy nadie? No puedo creerlo. ¿Te pones a favor de una simplona como ella? —no iba a dejar que la trate así y se lo hice saber.

—No voy a permitir que le faltes el respeto. Ahora junta todo lo que tiraste —ordené entre dientes.

—No pienso juntarlo, me la vas a pagar Edward. Luego de la noche tan placentera que te di —dijo poniéndose de forma tal que su falso escote salte a mi vista.

Como si fuera que esa noche fue buena. ¡Lo único que quería era borrarla de mi memoria!

—De placentera no tuvo nada. —Contesté sin inmutarme.

Me pareció ver que Isabella se apretaba los labios para evitar reírse. Tanya largó un gruñido de frustración y se fue, no sin antes patear aún más los lápices que había tirado.

Esta escena de verdad que daba gracia. Solo rodé los ojos y sin darme cuenta sonreí un poco, Isabella me miraba fijamente a los ojos y le devolví la mirada, pero luego apartó sus ojos de los míos.

Vi como se levantó de su lugar y se arrodilló en el suelo para juntar lo que había tirado Tanya en éste. Me pareció injusto que ella tenga que limpiar los desórdenes que otro hizo y cuando me quise dar cuenta ya estaba arrodillado junto a ella pasándole los lápices que faltaban.

Isabella al percatarse de mi gesto se quedó atónita y con una mueca graciosa en su rostro, yo solo me encogí de hombros; como no agarró lo que le pasé, coloqué yo mismo los lápices en el lapicero.

—Lamento la escena —me disculpé sinceramente y me levanté del suelo sacudiendo mis rodillas.

Entré a mi despacho confundido, muy confundido.

Pasé mis manos por mi cabello varias veces. ¿Qué me paso allí afuera? Sabía que había actuado correctamente porque Isabella no tenía por qué ser maltratada por nadie, pero… ¿qué me llevó a hacer lo que hice? Yo jamás era amable con mis empleados y mucho menos me disculpaba.

Hubo algo que me incitó a que me comporte como humano al menos una vez, fuera de mi hogar.

Mi cabeza estaba hecha un lío y necesitaba despejarme. Tomé mi teléfono celular y marqué el número de uno de mis "amigos" si es que se lo podía llamar así.

—¿James? —pregunté.

Edward, amigo. ¿Cómo estás? —respondió.

—Bien, necesito que salgamos —fui al grano.

Claro, volvemos a las andadas amigo. ¿Hoy por la noche?

—Sí, cuanto antes mejor.

Muy bien nos vemos en el mismo lugar de siempre a la misma hora.

—Hasta entonces —respondí y colgué.

James era uno de las únicas personas con la que mantenía una relación cordial. No era mi amigo, ni tampoco quería que lo fuera, pero era mi compañero de salidas. Cuando sentía que mi cabeza estallaría lo llamaba y arreglábamos para salir.

Como hoy, por ejemplo.

—¿Necesita algo, señor Cullen? —preguntó mi secretaria una vez que entró a mi oficina.

—Cancela todas las reuniones de mañana a la mañana. No voy a venir hasta la tarde —le avisé mirándola, ella asintió.

—Muy bien —contestó y creí haber visto rubor en sus mejillas. ¿Sería que lo causé por mi mirada?

¿Hace cuanto no veía a una mujer ruborizarse?

—Si lo deseas puedes tomarte la mañana libre también, no voy a necesitarte —ofrecí. Una hermosa sonrisa apareció en su rostro.

Esperen un momento… ¿hermosa sonrisa?

—Gracias, señor Cullen —agradeció y me pareció que tenía ganas hasta de abrazarme por su felicidad.

Reí internamente. ¿Qué se sentiría un abrazo de ella? Se notaba que era una persona muy dulce y cariñosa. Me golpeé mentalmente, de verdad que mi cabeza necesitaba despejarse.

—Muy bien hasta mañana por la tarde. —Dije saludándola, el reloj marcaba las cinco de la tarde y era el horario en que terminaba el día laboral.

Ahí estaba ese gesto atónito otra vez. ¿Ahora que había dicho?

Sacudió su cabeza a ambos lados y me dedicó una linda sonrisa y se fue, dejándome solo en mi oficina como era costumbre.

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POV BELLA

Repacemos: Primero, me ayuda a juntar las cosas que se cayeron al suelo. Segundo, se disculpa. Tercero, me da la mañana libre de mañana y cuarto, se despide con un "hasta luego".

No sé qué será lo que pase por su cabeza, pero si quiere empezar a cambiar me alegro por él.

Fui rápidamente hacia el maternal de Tommy para recogerlo. Al parecer llegue un poco más temprano porque no había nadie afuera. Me senté a esperar en un banquito que había en el lugar y me puse a pensar como había cambiado mi vida en estos últimos tres años.

Cuando me mudé a Chicago, los primeros días fueron un infierno. Cuando recibí una de las peores noticias de mi vida, decidí dejar todo atrás y mudarme junto a mi hermana. No tenía el valor suficiente para seguir viviendo en Forks, y mucho menos vivir con el recuerdo presente de las personas que mas amé y que ya no estaban conmigo.

Había puesto en riesgo tanto mi salud como la de Tommy. Estuve tan shockeada en ese momento, que no tomé consciencia en subirme a un avión con casi nueve meses de embarazo. Pudo haberme pasado cualquier cosa, pero gracias a alguien o algo no ocurrió nada y ambos estuvimos en perfecto estado; aunque el parto se adelantó y esa misma noche que me mudé a esta cuidad nació Thomas en un perfecto estado de salud.

Fue él mi única luz en la oscuridad que transitaba mi vida.

Sentí que las puertas del jardín se abrieron y salía mi muy sonriente hijo.

—¡Mamita! —Exclamó y vino junto a mí a abrazarme.

—Cielo —dije correspondiendo su abrazo.

—Hola Bella –—me saludó la vocecita de Joseph, el hijo de Jessica.

Tomé la mano de Thomas y miré al otro pequeño.

—Hola Joseph. ¿Cómo estás?

—Muy bien —dijo mirando cómplice a Thomas, estos dos iban a pedirme algo.

—Joseph aquí estas —Mike suspiró de alivio, él era padre de Joseph y marido de Jessica—. Hola Bella, hola Tommy —nos saludó a ambos y correspondimos a su saludo—. Vamos hijo, mamá nos espera en casa —tomó de la mano a su pequeño.

—Espera papi, tengo que pedirle algo a Bella — le dijo y me miró—. ¿Puede venir Tommy a dormir a mi casa?

Abrí los ojos sorprendida por la propuesta.

—¡Di que si mami! —exclamó mi hijo.

—Pero Thomas, eres muy chiquito para ir a otra casa a dormir —intenté explicarle y él hizo un adorable puchero—. No me mires con esa carita —advertí.

—Por favor, Bella —pidió ahora Joseph juntando sus dos palmas

—Bella, no te preocupes que lo cuidaremos como si fuera nuestro propio hijo —agregó Mike mirando la escena divertido.

—Pero mañana tienes que volver aquí, tienen clases—suspiré mirando a mi pequeño, tratando imposiblemente que cambie de idea.

—Yo mismo los traigo con el auto Bella, no te preocupes por ello. —Agregó Mike y una sonrisa aparecieron en las caras de los pequeños diablillos.

Solté un suspiro cansado y me di por vencida. No tenía nada de malo que quiera pasar tiempo con su amiguito.

—Está bien —dije finalmente y ambos se pusieron a saltar—. Pero… —agregué y sus caras borraron su sonrisa inmediatamente—. Te vienes conmigo, te cambias y preparamos tus cosas y te llevo para la casa de Jessica.

—¡Siiiiii! – exclamaron, negué con la cabeza divertida.

Nos despedimos y fuimos para nuestro hogar. Cuando llegamos ni Rosalie ni Emmett habían vuelto a la casa. Bañe a Thomas y le prepare la mochila con sus pertenencias para llevarlo a la casa de mi amiga Jessica. Me iba a costar muchísimo no poder dormir hoy con mi bebé, pero si él era feliz yendo un día con su mejor amigo, no tenía nada de malo que lo dejara ir.

Nos fuimos caminando hacia la casa de Joseph —por suerte no vivían a mas de cinco cuadras—, esa era otro motivo por el cual lo dejaba quedarse allí, si sucedía algo iba a estar cerca mío.

Una vez que llegamos toqué el timbre y salió una sonriente Jessica junto a Joseph.

—¡Bella, Tommy! —nos saludó, correspondimos el saludo y yo me agaché a la altura de mi hijo.

—Pórtate bien, cualquier cosa me llamas y vengo por ti. A la hora que sea —le avisé y le di un beso en la frente—. Te quiero cielo.

—Y yo a ti mamita —contestó y me dio un abrazo.

Rápidamente fueron hacia adentro junto a Joseph.

—¡Vamos Bella! —Jessica me miraba divertida—. Se queda una noche, no una semana.

Rodé los ojos.

—Nos vemos en la oficina Jess, cualquier cosa avísame —dije despidiéndome con un beso en la mejilla.

Regrese rápidamente a mi casa. Cuando llegue ya mi hermana y su esposo habían llegado.

—¡Hola Bellita! —Me saludo Emmett—. ¿Y Tommy?

—Se quedó en la casa de Joseph —contesté cabizbaja.

—¿Cómo que mi sobrino se va a quedar en otra casa a dormir? —preguntó Rosalie, ingresando hacia donde nos encontrábamos su esposo y yo.

—Quería quedarse junto a él, Rose —me justifiqué.

Se quedó quieta unos momentos y la sonrisa del gato de Alicia en el país de las Maravillas apareció en su rostro. Juro que me asustaba en lo que sea que podría estar pensando.

—Salgamos esta noche —propuso y yo fruncí el ceño

—Gracias, pero paso —respondí a la velocidad de la luz.

—¡Vamos Bella! ¿Hace cuanto que no vamos a mover el cuerpecito?

—Hace mucho, pero sabes que no me gusta salir a esos lugares.

—Eres una aburrida —dijo cruzándose de brazos y pensé que había ganado… pero no fue así—. Tommy está en casa de Jessica y mañana no trabajas a la mañana —dijo con una sonrisita de suficiencia.

—¿Cómo sabes? —pregunté confundida.

—Yo me entero de todo hermana —respondió y me acordé que le había mandado un mensaje de texto. Maldita la hora en que le cuento todo lo que pasa. Me agarró del brazo y me metió a mi habitación—. Tú ve a bañarte —ordenó y le hice caso sin rechistar, ya había ganado.

Cuando salí de darme una relajante ducha. Vi toda mi ropa esparcida encima de mi cama.

—¿Es que no tienes nada decente para ponerte? —preguntó, yo solo me encogí de hombros.

Salió de mi habitación y tras unos minutos volvió a entrar con un vestido en sus manos.

—Ni pienses que me voy a poner eso —avisé cruzándome de brazos.

—Cállate —dijo y me metió el trapo en mi cuerpo, sin siquiera que me dé cuenta—. Si que tenías curvas, no entiendo por qué escondes este cuerpo hermoso que tienes. Más de uno va a babear por ti —Yo me quedé seria en mi lugar, cerrando mis ojos—. Lo siento —dijo abrazándome.

—No te preocupes —Traté de restarle importancia.

—Bella, tienes que continuar con tu vida. Tienes solo veintitrés años, eres muy joven y tienes derecho a divertirte —dijo mi hermana.

—Lo sé Rose, pero no puedo. No puedo olvidarlo —contesté quebrándome.

—No digo que tengas que olvidarlo. Solo rehacer tu vida. —Acarició mi mejilla—. Vuélvete a enamorar Bella, sé feliz con alguien más.

—Lo tengo a Tommy

—Sabes que eso no es suficiente. —Picó mi nariz—. Todos en algún momento necesitamos a alguien que nos ame y nos apoye. Nos tienes a tu familia, pero no es suficiente, hermana —concluyó abrazándome—. Anda vamos a terminar de prepararte.

Después de estar sentada por más de dos horas por fin estaba lista. Tenía puesto un vestido muy corto para mi gusto de color azul y unos bonitos zapatos negros de taco no muy alto. Las prendas eran preciosas y me quedaban bien pero no estaba acostumbrada a ponerme este tipo de vestimenta.

Mi cabello estaba suelto y delicadamente lacio, mis ojos estaban delineados de negro y en los párpados tenia sombra azul acentuando mi mirada.

Una vez que estuvimos los tres listos nos fuimos hacia una discoteca de "categoría" como dijo Emmett.

—Hazme acordar que te mate por haberme traído aquí —regañé a mi hermana cuando bajamos para entrar al boliche.

—Yo sé que me quieres —respondió con una sonrisa, la fulminé con la mirada.

El boliche se encontraba en uno de los lugares más caros de la cuidad, Boody Mary's creí haber leído que se llamaba, aquí solo asistía gente de buena posición económica y bueno… nosotros. Había una fila interminable, quizás y con buena suerte estaríamos toda la noche para lograr entrar y se haría tarde y nos volveríamos enseguida para la casa.

Claro que hoy no era mi día de suerte ya que nos fuimos directamente hacia la puerta.

Un hombre grande y serio vio a Emmett y lo saludó con un cálido abrazo. Nos dejó pasar sin siquiera hacer fila.

—Esos son los favores cuando le das de comer gratis —murmuró mi cuñado bromista.

¡Maldita comida deliciosa de Emmett!

Ruido, ruido, ruido y más ruido, era todo lo que se escuchaba. El lugar estaba atestado de gente bailando y refregándose. ¿A quién se le ocurre venir un lunes a un boliche? Además de nosotros… claro.

Nos fuimos hacia la barra y comenzamos a pedir nuestros tragos. Yo solo tomaba gaseosa, por más que la mañana la tenía libre en el trabajo no quería abusar con la bebida.

Sentía una mirada fija en mi espalda, pero no lograba localizar de donde provenía.

Mi hermana estaba absolutamente loca. Cuando pusieron su canción favorita arrastró a Emmett —literalmente— hasta la pista y se pusieron a bailar enérgicamente. Yo, por mi parte me quedé sola sentada en la barra mirando como bailaban esos dos.

—¿Quieres un trago, preciosa? —dijo un hombre rubio y alto poniéndose en frente mío mirándome como algo comestible. ¡Puaj! me dio mucha repugnancia.

—No gracias, ya tengo la mía —respondí gritándole por encima de la música con voz cortante, esperaba poder espantarlo.

—¿Por qué estás sola? —siguió preguntando. Rodé los ojos, ¿no veía que no quería saber nada con él?

—Estoy esperando a mis acompañantes. —Contesté secamente.

—Soy James —se presentó extendiendo una mano

—Que bueno —contesté sin estrecharle la mano, no quería ser maleducada pero si no actuaba así no me dejaría en paz. Él se hizo el disimulado y subió su mano extendida hasta la barra.

—¿No me dices el tuyo? —me preguntó mirándome fijamente. Rodé los ojos y sentí esa mirada nuevamente.

Cuando me gire para ver de dónde venía esa mirada casi me caigo de espaldas.

En una esquina mirando fijamente hacia donde estaba yo, estaba el hombre que jamás imaginé encontrarme en este lugar. Si faltaba algo era que él estuviese aquí.

¡Por dios qué vergüenza!

Lentamente se fue acercando hasta nosotros, hasta quedarse entre el medio del rubio y yo.

—¿Isabella? —preguntó escaneándome con la mirada.

Tierra trágame… ¡ahora!

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¡Hola mis lectoras favoritas!

Les traigo el tercer capitulo de la historia, ¿Que les pareció? No sean malitas y déjenme su comentario para saber como les va pareciendo :)

¿Quien cree que sera el que se encontró en el boliche? xD

Si alguien desea un adelanto, no duden en pedírmelo :)

Gracias, gracias y gracias por la cantidad de visitas que tiene la historia, también por los reviews, favoritos y alertas. Me pone feliz saber que alguien lee mis locuras :)

Un abrazo gigante para todos, las quiero C=

Alie ~