Advertencia: Montaña rusa de emociones.


El tiempo

I.

Loki era un hombre terriblemente ocupado. Fue lo segundo que descubrió después de unos días viéndolo de cerca. Lo primero, fue lo mucho que disfrutaba de su compañía el soberano, tanto que había decidido que como gesto de gratitud por su hospitalidad, Thor haría de acompañante por el tiempo que tardaran en reparar la nave y de paso que Quill hiciera el atisbo de regresar, cosa que Thor estaba temiendo no suceder jamás.

Pero regresando al asunto, el rubio realmente temía por la salud de su no-hermano, no había segundo en que le dejaran descansar, iban de un lado a otro por palacio y el universo, acuerdos, tratados y reuniones de todo tipo, en las que Thor sentía hundirse en su asiento y luchar por que sus párpados no se cerraran. Ya iba por el tercer día desde el accidente en el bosque y juraría no haberlo visto dormir en todo ese tiempo. ¡Ni para el baño le dejaban tranquilo! Pensaba horrorizado cuando su séquito de asesores le seguían como si fuera lo más cotidiano del mundo y comenzaban a hablarle desde el pasillo.

—No— gruñó al cuarto día, sintiendo la ira calentarse en su estómago durante el almuerzo en la terraza privada de la habitación del rey. Había creído inocentemente que por fin tendrían una comida en paz y que Loki podría dirigirle siquiera una palabra sin que el trabajo o los asesores le interrumpieran, pero ¡sorpresa, sorpresa! Allí estaban sentados, esperándoles con lo que parecía una pila inmensa de documentos, relegando su comida a un punto apartado de la mesa.

—¿No?— preguntó Loki con asombro.

—No— repitió el rubio, adelantándose a él, dando tumbos hasta la adorable mesita redonda y tomando los documentos —Se van ahora.

—¿Cómo dices?— masculló uno de ellos, el más viejo y que Thor recordaba como una pulga en los huevos.

—Loki, su rey necesita comer— advirtió —Permítanle al menos una hora de descanso.

—¿Cómo osas…?— masculló el viejo apuntándole con el dedo —Hay muchos problemas de gran importancia que deben ser tratados de manera apremiante.

—Sí, sí— masculló empujándolos en dirección a la puerta ante la pasmada expresión del monarca —Y estarán allí cuando vuelva por ellos en una hora, pero por mientras adiós.

—¡Majestad! ¿permitirá que tal extranjero nos amedrente así?

Antes de que Loki pudiera salir de su estupor Thor levantó su puño en una amenaza clara.

—¡Fuera!

Les echó de un portazo escuchando los chillidos de indignación desde el otro lado.

Loki seguía tan petrificado como lo dejó en medio del salón, mientras él regresaba hasta la mesa, reordenando su comida y sirviendo porciones a rebosar para ambos. Estaba babeando, desde que sus amigos lo tenían a dieta, no había podido disfrutar de un buen festín ya casi por un año.

—¿No vas a comer?— le preguntó invitándolo a la mesa. Loki dibujó una sonrisa mientras parpadeaba lleno de confusión.

—Tú acabas…— farfullaba mirando de él a la puerta—Ellos no dejaran pasar esta humillación.

—¿Y qué? Creí que uno de los beneficios de ser rey es que puedes hacer tus propias reglas ¿no?

Loki había negado, con una expresión enternecida en el rostro.

II.

Durante la tarde, había sido liberado de la terrible reunión que el rey mantendría con sus insoportables asesores y que parecían dispuestos a cortarle la cabeza de poner un pie allí. Thor les había sonreído de vuelta, antes de verlos desaparecer en el interior de la amplia sala de reuniones que Odín solía usar para reprenderlos por sus tonterías. Cuántas veces se había dormido o rogado porque lo sacaran de allí, no podía sentirse más orgulloso por ese pequeñísimo acto de rebeldía que lo había librado de otras mil horas de infernales reuniones.

Avanzó sin prisa al encuentro de sus amigos, aunque tal parecía todos ya habían hallado su lugar dentro del gran palacio Asgardiano. Drax continuaba luchando, absorbiendo de Sif todas las estrategias y técnicas que la lucha de la mujer podía brindarle, Rocket que después de muchos ruegos e insistencia comandaba la reparación y mejoramiento de la nave manteniéndolo casi tan ocupado como Loki. Y Mantis que había adquirido cierta popularidad por el incidente en la cena, propiciaba ayuda en el área de sanación, tratando el alivio de los pacientes y aprendiendo de la cultura de su hogar.

No se sorprendió demasiado cuando ninguno pudo hacerle compañía, ocupados en sus propios proyectos personales.

Tomando nuevo rumbo, caminó en dirección a la ciudad, que por aquellas horas rebosaba de vida y entusiasmo. Los soldados regresaban desde el bifrost y otros de palacio y ya la mayoría de las tabernas y hostales se preparaban para recibirlos con una buena porción de Rakfisk y barriles de Hidromiel.

Todo mundo lucía feliz, pleno en la tarea encomendada, desde aquellos que limpiaban afuera de sus casas hasta quienes pulían las espadas para los soldados. Había en el ambiente la calma de quien está seguro de su libertad y su vida. Algo de lo que su gente en la tierra carecía, olvidado muy en el fondo de su consciencia.

Observó en la lejanía a niños jugando, correteando de lado a lado por entre las hileras de casas, lanzándose manzanas de Iðunn como si no fueran el don más preciado con el que contaba su gente. Ellos no sabían por supuesto, eran ignorantes de lo que la pérdida significa. Este pueblo jamás vio morir a su ejercito o la mitad de su población, no tuvo que aguantar el hambre o el frío mientras reconstruían en una tierra lejana y cruda incapaz de darles la bienvenida. No conocían el insoportable miedo de perderlo todo.

Estas personas eran libres gracias a Loki y ni siquiera eran conscientes de lo afortunados que eran.

Aún no sabía por cuál de todas sus emociones decantar.

Por costumbre, se dirigió hasta su taberna favorita, una que de vez en cuando Heimdall solía visitar, aunque por el ajetreo dudaba encontrar ahora mismo, tomó posición en el mismo lugar de siempre y pidió una jarra de Hidromiel, que llegó casi al instante frente a sus ojos.

Al tomarla entre sus manos los malos recuerdos en Noruega regresaron a él como una bofetada en la cara. Había sido tan estúpido y de tantas distintas maneras.

Deseaba borrar de su memoria todo lo relacionado con Thanos, o con la muerte… o consigo mismo.

Tragó todo de un golpe, sintiendo el estómago hueco y los recuerdos cada vez más vividos y exasperantes.

"Ya has pasado por esto" murmuró Loki en su oído, tomando lugar frente suyo como un ánima, tan pálido y triste como recordaba de su hermano.

—¿Qué sabes tú?— escupió alzando la mano para pedir otra ronda.

"Sé que te duele y que si sigues no vas a parar" contestó en un sonido profundo lleno de verdad. Thor creía odiar las mentiras de Loki, pero mucho más odiaba cuando hablaba con la verdad, era como si le apuñalara directo en el corazón "Y también sé que bebiendo el dolor no se irá".

—Déjame solo— gruñó acercando su mano hasta la nueva jarra. Para su sorpresa, los dedos fantasmagóricos de Loki cubrieron los suyos, no había tacto sobre su piel, pero Thor juraría que le quemaba.

"Por favor" rogó el fantasma mientras una delgada y cristalina lágrima descendía por su mejilla.

—Tú no eres así.

"¿Y qué?"

Thor no bebió esa jarra, sólo salió sintiéndose mucho más triste y más solo que nunca.

III.

Caminó siguiendo sus propios pies, hasta que la ciudad fue dejada atrás convertida en parajes de tonos brillantes y caminos pedregosos. Caminó hasta que se descubrió jadeando, cansado, como si intentara huir del hombre que dejó en la guerra. Ya no sabía ni quien era ahora mismo.

Sólo sabía que ya no le quedaban lágrimas por liberar, ni esperanzas por tener. Estaba perdido en un universo indiferente a él, peor que eso, un universo que no le necesitaba en lo más mínimo, que funcionaba mucho mejor sin él presente.

Cerró los ojos con fuerza, llevando ambas palmas a la cara, restregándola en un gesto lleno de nerviosismo y soledad.

¿Qué fin tenía si no era necesario? Thor había aprendido en esos cinco años de inmensa amargura la impotencia de no poder dar consuelo a aquellos que sufren, no importaba que tan fuerte fuera, ni que tan grande y poderosa fuera su nueva arma, había sido incapaz de consolar a una pequeña niña cuando sus padres habían desaparecido dejándola tan sola y perdida como él. Era inútil, insignificante y tan estúpido.

—¿Por qué?— masculló tomando una enorme roca cerca suyo lanzándola hasta el lago en que se había detenido. La fuerza de la caída había provocado un oleaje que le mojó de pies a cabeza. El agua estaba fría, pero era incapaz de sentirla —¿Era este mi camino? ¡Dime padre! ¡Dime!—El silencio fue lo único que recibió a cambio —Por supuesto que sí, eso creí— Sonrió, cayendo sobre sus rodillas en el lodo —Sólo… estoy muy cansado, tan cansado.

"Thor…" susurró su fantasma, era un sonido compasivo, amable. Un tono que sólo había usado cuando eran jóvenes y Thor era libre de demostrar su pena.

—Vete, por favor.

"No puedo"

—¿Por qué no?

"Porque tú no me dejas ir" Thor lo buscó con la mirada, pero ya no quedaba más que el vacío y su corazón roto.

Pudo mantenerse en tal posición lo que le parecieron segundos, aunque tal vez pudieron ser minutos, horas, tal vez días, sólo supo que había desaparecido por demasiado tiempo por el frenético tono de voz con el que le sacó de su ensoñación.

Thor intentó enfocar, pero su vista se sentía borrosa y sus oídos tapados, resonando un murmullo rabioso de fondo.

—¿…Tenías que esconderte justo en el punto ciego de mi reino?— logró escuchar —¡He tenido que buscarte con Heimdall! ¡Durante horas! ¡Hemos peinado Asgard buscándote! ¿Sabes cómo enloqueció ese mapache?— chillaba Loki, había en sus gritos verdadera desesperación, como si fuera la primera vez que algo salía fuera de su control y no supiera como actuar —¿Siquiera me estás escuchando?— Thor lo sintió aferrarle por los hombros —¡Eres un idiota desconsiderado! ¿Y qué demonios hacías bebiendo? ¡Tus compañeros me han advertido de tu alcoholismo! ¡no me digas…! ¡Estás ebrio!

Thor sonrió, sintiendo como una inmensa capa de alivio lo atravesaba.

"¿Quién dice que no eres necesario?" Murmuró Loki en su cabeza, podía sentir el calor del cariño llenándolo por completo.

Thor lo observó por unos segundos, su cabello siempre pulcro resultaba un desastre de mechones sobresaliendo de una corona que descansaba muy abajo por el cuello, además había enterrado sus preciosos pantalones de seda con bordados de oro en el pantano que Thor descansaba, Loki lucía realmente aterrorizado y furioso.

Con extrema lentitud, éste se giró, apoyando las manos en el fango para enfrentarlo con todo lo que tenía. Loki negó apretando el ceño, segundos antes de abrazarlo con fuerza.

—Eres de lo peor— mascullaba apoyando su rostro sobre su hombro, olía justo como recordaba, un poco a menta fresca y rocío de invierno —No puedes simplemente desaparecer sin decirle a nadie. No es así como funciona este mundo, no aquí.

—Lo siento— le susurró bajito al oído — Es que odio las reuniones burocráticas, las odio a muerte.

Loki rio contra su cuerpo.

—Lo tendré en cuenta la próxima vez.

Thor suspiró lleno de alivio.

IV.

Para su sorpresa, el rey no lo dejó libre una vez en palacio y tras la larga reprimenda que Rocket se encargó de darle, vino una nueva tanda de la boca de Loki, lo que de por si resultaba todo un espectáculo para él y todos los presentes, pues este le reñía alternando entre la lengua de todos y la exclusiva para los reyes, donde los insultos hasta sonaban refinados. Su boca se movía a una velocidad impresionante y su cara estaba roja de tanto gruñirle.

—El jamás se había enojado así— le escuchó decir a Fandral en dirección a Sif —… Incluso tuvo más diplomacia con Thanos que con éste tipo.

La mujer simplemente se encogió de hombros.

Luego de unas disculpas a medias y la promesa de no comportarse como un "mocoso inmaduro" según las propias palabras de Loki, éste lo arrastró consigo hasta su baño personal que consistía en un salón enorme, provisto de un espacio para desvestirse, lugares para descansar, y tres tipos diferentes de estanques con aroma a hierbas medicinales y esencias muy propias de Loki.

Dos doncellas se ofrecieron a desvestirlo, pero Thor totalmente abrumado por tener que hacerlo frente al pelinegro se negó, alejándose hasta la esquina más recóndita del lugar.

Antes del ragnarok, cuando su cuerpo era músculo esculpido y piel dorada por todos lados no habría tenido problemas en pasearse a sus anchas por allí, pavoneándose para causar la envidia de su hermano, sin embargo, en la actualidad otro cuento se contaba, había perdido la confianza en sí mismo y su cuerpo había cambiado tantas veces que ya no lo reconocía como suyo, era cierto que el último año había adelgazado increíblemente gracias al esfuerzo en conjunto de sus amigos y los encuentros contra Quill, pero de eso a aquel escultural Adonis de antaño aún faltaba bastante.

Además, ese Loki no era su hermano.

—¿Qué pasa?— preguntaba el regente, cubierto por apenas una túnica semitransparente. Había en él una belleza irreal, casi dolorosa de ver. Thor siempre notó en Loki la unión entre lo femenino y lo masculino, curvas y piel suave muy diferente a la suya, rostro simétrico y delicado, propio de su raza, pero también algo muy suyo como esos gestos seductores o el uso de esa voz profunda y cadenciosa. Demasiado para un hombre o una mujer y por supuesto, muy peligroso tras la brecha de la consanguinidad en que vivían.

Thor hasta el momento había evitado satisfactoriamente ver a su hermano desnudo desde que eran unos mocosos y tomaban baños juntos con su madre y nanas como testigos. Nada similar a lo que estaba presenciando, una advertencia en su mente le decía que no debía estar mirándolo, ni siquiera levantando la vista si podía, pero la curiosidad era fuerte y era muy posible que fuera la única oportunidad de ver a Loki por completo.

—Pueden retirarse— murmuró el rey a falta de respuesta, acercándose hasta donde él tan desesperadamente había tratado de huir. Vio con pavor como las doncellas se alejaban con sonrisitas cómplices en la cara. Jamás nadie había hecho esa expresión estando ellos dos solos —¿Vas a desvestirte o tendré que hacerlo yo?— dijo con cierto aire de diversión en la voz —tan sólo mírate, estas cubierto de mugre hasta las orejas ¿qué hiciste durante todas esas horas fuera? ¿revolcarte en el lodo acaso?

—Yo…— masculló percibiendo su voz ronca y hueca —Ve tu primero. Tardaré un poco en quitarme todo esto.

¿Por qué había dicho eso? ¿Por qué había sentido un nudo en el estómago al tenerlo cerca? Sólo era Loki y ya. Por fortuna, el más joven pareció satisfecho con la respuesta y girando sobre sus talones se deslizó en las agradables aguas medicinales hasta ser visible poco más de su cabeza.

—Dime algo— murmuró desde el estanque —¿tan incómodo te sientes conmigo que has intentado huir?

Thor se detuvo, dejando que la armadura en su pecho cayera en un sonido metálico contra el mármol, estaba boquiabierto.

—¿Por qué pensarías algo así? No, no fue por eso… Y no intentaba huir. Sólo necesitaba acomodar mis ideas, un poco de aire. Eso es todo.

—Desapareciste por dos días, Thor.

El rubio se encogió de hombros volviendo a su labor de desabotonar y desanudar prenda por prenda.

—Necesitaba mucho aire— se justificó, dejando su piel al desnudo y rogando porque los ojos de Loki estuvieran puestos en cualquier otro lugar que no fuera su gordo trasero.

Intentó esconderse en el agua lo más rápido que le dieron las piernas, aún así había sentido su perforante mirada siguiendo todo su recorrido hasta adentrarse al estanque. Incluso ahí Loki seguía analizándole, buscando quien sabe qué en su rostro y cuello.

—Tus compañeros estaban realmente preocupados por ti— murmuró una vez ya el corazón del rubio se hubiera asentado —Me contaron sobre Thanos y… cómo viviste esos cinco años en Midgard, la liebre me dijo que mientras intentaban encontrar alguna solución tú simplemente te rendiste y te sentaste a autocompadecerte.

Thor suspiró devolviéndole una larga mirada.

—No, no a autocompadecerme— sonrió —A olvidar.

—¿Por qué no luchaste?— preguntó Loki, Thor lo sintió como el reclamo que su hermano le habría dado de estar vivo —Tenías el deber de levantarte por tu pueblo, por los sobrevivientes. No comprendo.

—Loki— le sonrió —¿No te has dado cuenta ya? Mírame… Jamás conocí la pérdida, ni el dolor o el sufrimiento. Fui criado por reyes para ser rey, amado por los míos, por mi pueblo y el universo entero, admirado y odiado por mi hermano menor, incluso obtuve el arma legendaria que indicaba una supuesta gloria eterna. Era el supuesto elegido, el primogénito de Odín, el dios del trueno… pero de qué valió todo eso si al final todos acabaron muertos por mi culpa. Yo que jamás experimenté la pérdida no estaba preparado para ella, no supe como levantarme. Fui inútil, lo sigo siendo.

Thor esperó ver decepción en los ojos del rey, la pérdida del brillo que tanto parecía atraerlo hasta él, pero por el contrario Loki lucía aún más fascinado: su boca estaba entreabierta y su mirada se había convertido en una llena de emoción.

—Creí… creí que te parecías a padre, pero me equivoqué por completo. Tú eres un ser de emociones como madre— masculló acercándose sin importarle atravesar el cómodo espacio personal entre ellos —Padre jamás admitió un sólo error suyo, siempre fue tan impenetrable y cruel. Incluso hasta el final no aceptó la culpa de cargar con la locura de nuestra hermana. No te pareces ni un poco a él.

Para su sorpresa, Thor se sintió aliviado, no se había dado cuenta de que aquella era una de las razones de su mal dormir. Loki le sonrió lleno de ternura y por unos segundos se preguntó si él no sentía su misma confusión ¿Loki lo veía a él o al hermano que perdió?

—De todas formas— continuó posando su mano sobre su mejilla—Debo agradecerte Loki, tú no te derrumbaste, seguiste firme sin importar lo demás. Ellos jamás sabrán lo espectacular que fuiste, lo increíble que eres como rey y lo mucho que amas a Asgard y estas dispuesto a sacrificar por ellos. Ya sé que lo dije antes pero no comprendes lo importante que es para mí poder decírtelo: gracias por salvar a todos. Gracias por permitirme volver a verlos. Gracias, Loki.

Fue entonces cuando el moreno lo aferró por el cuello, amarrando sus brazos a él y posando sus labios sobre su boca en un beso profundo.

"No creo que te vea como su hermano" murmuró la vocecilla de su fantasma en un tono burlón. Thor si hubiera podido habría rodado los ojos.

V.

—Por esa cara me imagino que tu hermano te ha dado un castigo ejemplar— masculló Rocket ojeando un libro con dibujos.

Thor sentía que la verdad estaba escrita por toda su cara. Había salido huyendo mudo y pálido como un muerto.

—Me ha besado— se escuchó decir derrumbándose a su lado.

Rocket le dedicó una sola mirada antes de devolver su atención al libro.

—¿Y?

Thor parpadeó boquiabierto.

—¿Cómo qué y? ¡Es mi hermano!

—No, no lo es.

Antes de que pudiera contradecirle, Drax y Mantis aparecieron lanzando largas carcajadas seguidos de Groot. Cada uno traía un traje ceremonial asgardiano, donde el dorado y el rojo solían predominar en un diseño bastante ostentoso por no decir exagerado, sobre todo en su musculoso amigo que entre más se reía más se desgarraba la tela.

—No me lo van a creer amigos— decía éste —Hay un baile y quieren que usemos esto.

—¿Un baile?— repitió Thor como un tonto, pues ese tipo de eventos resultaba muy poco frecuente en la comunidad, acostumbrados a una celebración más informal, donde se llenaba el gran salón de comida y alcohol abundante, muy lejos de la etiqueta real. Debía ser cosa de Loki, no había otra forma.

—Es para conmemorar la restauración de las gemas y los nuevos acuerdos de paz— explicó Mantis girando sobre si misma con su nuevo vestido —Vendrán los lideres de todos los pueblos alrededor del mundo. Será un gran evento ¿no te lo ha dicho el rey, Thor?

No, había estado demasiado ocupado besuqueándolo y huyendo de él.

Rocket le sonrió burlonamente, bajando de su asiento para acercarse a Groot que traía una bonita capa borgoña con flores y hojas doradas.

—Casi pareciera que es un baile en tu honor— el rubio negó sintiéndose sobrepasado por la confusión.

VI.

Para la cena fue imposible no enterarse del renombrado baile, cada hombre, mujer y niño hablaba del evento, pues para sorpresa de todos Loki había decidido adelantarlo casi por un mes con la excusa de poseer un mejor clima por esos días. Pese a que el consejo de viejos que le seguían como su sombra parecían haber intentado convencerlo de lo contrario no había mucho que hacer cuando al rey se le metía algo en la cabeza. Si Loki había insistido en que Thor se parecía a su madre, éste juraría que su hermano era idéntico a su padre, porque en lo cabezotas eran gemelos.

La alegría y la emoción era casi palpable, los mozos y doncellas corrían de acá para allá por palacio con las manos llenas de tela, especias y objetos de toda clase, los magos se encargaban de la decoración, el embellecimiento de la ciudad e incluso arreglar las cosechas que Thor había destrozado con su lluvia. Jamás dejaba de asombrarle la capacidad de su pueblo por el trabajo duro y su amor por su tierra.

Al menos eso le había dado la oportunidad perfecta para no tener que enfrentarse a su hermano y sus conflictivas emociones por los siguientes dos días.

Por la mañana había decidido refugiarse en el campo de entrenamiento donde muy pocos soldados estaban a la vista (la mayoría muy ocupada con el trabajo de alojamiento para sus futuros invitados), el campo desierto y caluroso traía una calma que sólo la nostalgia podía causar, había extrañado aquel aroma a tierra húmeda y sudor del trabajo de siglos.

Se acercó cauteloso sintiéndose como un forastero que pisa tierra sagrada y eligió la espada más pesada que encontró, aunque en comparación con la Stormbreaker se sentía como pluma. Frente suyo se había posicionado uno de los soldados, un chiquillo muy joven con ansias de aprender lo que el "autoproclamado asgardiano" podía hacer.

Thor observó con una sonrisa como sus demás compañeros le lanzaban ánimos y deseos de poner al extranjero en su lugar. Al menos, Loki había tenido la consideración de no revelar su origen, no habría soportado ser llamado majestad otra vez.

Cuando el enfrentamiento comenzó permitió que el chiquillo atacara primero, sus maniobras aún eran mecánicas y la posición de sus pies no era la correcta, pero con un poco de trabajo podría llegar a buen nivel en un par de semanas. Le gustaba la fuerza y la pasión con que el soldado luchaba contra él. Había en su espíritu una flama que Thor había perdido hacía mucho y que poder volver a verla traía una gran paz a su corazón.

—¡Dale con más fuerza!— Le animaban atrayendo la atención de otros soldados que se arremolinaban en el foro, comenzando apuestas y aproximando a doncellas con vino y comida. Thor intentó enfocar su atención en el muchacho, no quería ser desconsiderado con su adversario.

Sólo se dedicó a esquivar, no quería hacerle daño, después de todo un solo golpe suyo podía ser mortal (bien lo sabía el pobre Quill que había acabado desmayado con muy poco).

—¡Vamos! ¡Ya lo estás cansando!— decía otro, aunque lo cierto es que la situación era todo lo contrario. Thor por unos segundos consideró el acabar con el duelo con un único y ligerísimo golpe, pero luego del gran espectáculo que estaba generando le pareció una crueldad, no era justo quebrar el orgullo y el ánimo de su gente.

No deseaba volver a hacerlo. No otra vez.

Asique se dejó herir, fue una cortada limpia, libre de cualquier órgano y bastante fácil de curar. Los ojos del joven brillaron llenos de júbilo.

—¡Sí!— chilló a coro de sus amigos, mientras un árbitro que no estaba allí cuando empezaron lo dio por ganador. Thor sonrió dejando sus hombros caer, desde allí se dio cuenta que el foro completo se había llenado en apenas minutos y que sus amigos le miraban asintiendo, como si comprendieran perfectamente el porqué de su actuación.

No obstante, Sif parecía furiosa, empujando al muchacho lejos de la arena y plantándole cara al borde de lanzársele al cuello.

—¡¿Quién te crees que eres?!— gritó enmudeciendo a toda su audiencia —¿Crees que por dejarlo ganar nos has hecho un favor? ¡No te atrevas a dejar en vergüenza a mi ejército, pedazo de imbécil!— Thor no se encontraba las palabras, Sif siempre fue brutal pero jamás con él —¡Me importa una mierda si ahora eres el juguetito del rey aquí se respeta el combate armado! ¡No es un maldito juego donde ganan los que son alabados!— escupió exigiendo una espada que no tardó en llegar —Ni siquiera me sorprende que de dónde vienes todo Asgard haya acabado destruido, no si te tuvieron a ti para protegerlos.

Dolió, esa honestidad dura y visceral era lo que hacía de Sif una guerrera, pero Thor ya no lo era, y ciertamente no estaba en las mejores condiciones emocionalmente hablando como para ocultar su expresión llena de pena cuando lo dijo.

—No era mi intención ofenderlos— masculló sintiendo las palabras turbias, temblorosas.

—¿A no? ¿Y cuál era? ¿Demostrar hasta el final que no eres capaz de luchar?—gruñó en un tono lleno de rabia —Eres una desgracia para Asgard si es que tienes el descaro de llamarte asgardiano.

—¡Sif!— intervino Loki apareciendo de la nada, en su cara no había nada que demostrara su tensión, pero su voz había sido directa, estaba incluso más furioso que ella. La mujer pese a su ira demostró su sorpresa y se acercó a él en una postura sumisa pero llena de tensión.

Thor llevaba lamentando haber puesto un pie ahí desde que llegó.

—Majestad— comenzó la mujer mordiéndose los labios para no comenzar una nueva sarta de reclamos —Este hombre ha deshonrado nuestras tradiciones, sólo intento ponerlo en su lug-

—Basta— cortó el regente desviando sus ojos hasta él, Thor vio la disculpa instalada en ellos —Comprendo que te sientas ofendida por la falta de nuestro invitado, pero debes ser consciente de sus circunstancias. Si ha decidido no atacar debió ser por una buena razón, no espero que lo comprendas, pero sí que pienses como el general que ve por primera vez a un ex soldado traumatizado por la guerra y que tiene la oportunidad de luchar nuevamente con sus compañeros caídos ¿no tomarías tú una actitud similar?

Sif pareció comprender su razonamiento, incluso el propio Thor se sorprendió de lo fácil que Loki pudo leerle. Era desconcertante como en un par de días se pareciera cada vez más a su hermano y a la vez divergiera tanto.

—Lo lamento— se adelantó Thor antes de que Loki siguiera arremetiendo hasta que Sif perdiera toda su dignidad —Fue mi error, no debí venir aquí en un primer lugar— Y no se refería precisamente al campo de entrenamiento —No volverá a suceder. La general Sif tiene razón, he sido demasiado descuidado. Majestad, disculpe este desafortunado encuentro.

Loki abrió sus labios como si quisiera decir algo, pero se arrepintió cambiando por un asentimiento de cabeza y regresando a sus asuntos políticos, donde toda una comisión esperaba por él.

Sif seguía mirándole como si se tratara del peor de los insectos.

—Tranquilo— le dijo Rocket pasando del hombro de Drax al suyo —No falta mucho para acabar la reparación de la nave.

No estaba llorando, pero sentía las lágrimas borbotear en su interior.


Notas de la autora:

Para ser el capítulo más largo de este fic lo sentí corto. Ha sido muy difícil desarrollar este capítulo y espero haberlo logrado.

Creo que resultaba evidente este resultado, es imposible que Loki no se sintiera atraído por este Thor, siendo que es la primera persona que lo valora por ser él y no el rey. Siempre he creído que los mejores atributos de Thor no son su fuerza sino su bondad, su debilidad y sus propios errores, las cosas que lo hacen vulnerable y "humano" y eso es justo lo que intenté describir.

Por otro lado Sif es un muy buen personaje, me gusta casi todo de ella excepto ese enamoramiento casi infantil por Thor que la vuelve básicamente en el típico cliché de la amiga de la infancia enamorada y que siempre lo verá a la distancia. Por eso aquí borré eso de un paraguazo. Aqui Thor es un desconocido, uno grosero que debe poner en su lugar. Lo trata como a los demás y es justo eso lo que la vuelve diferente.

Y ya me alargué, como siempre amo sus comentarios que siempre me mantiene atenta y alegran un montón.