A/N: Más trauma para Kagura y más deleite para Soyo xD.
El primer drabble en cursiva tiene una referencia a la serie animada francesa-japonesa-coreana Miraculous Ladybug, creada por Thomas Astruc.
Capítulo 4: Paraiso e infierno son conceptos relativos para una princesa fangirl y una reina Yato.
—¿Por qué estamos aquí?
—Para distraernos un poco.
—Para aburrirnos, querrás decir.
—Por favor, Kagura. Te prometo que no vamos a perder el tiempo.
Kagura la mira con cara de fastidio, dudándolo.
—¿Frente a una computadora? ¿Qué no hay internet en tu casa o en tu móvil? ¿Y el karaoke?
Soyo suspira, explicando que su móvil está sin batería y está lejos de palacio (y del monitoreo de las conexiones allí). Ambas están en un cyber-café, sentadas en cojines —Soyo arrodillada y Kagura con las piernas cruzadas— en una cabina cerrada por una tarifa bastante razonable; la manicurada mano de Soyo sin cohibirse agarraba el caliente mouse, dirigiendo el cursor al ícono de un rápido y popular navegador.
Kagura bosteza mirando el teclado QWERTY (con sus equivalentes en hiragana), el lápiz olvidado por alguien sobre el soporte del monitor y al buscador abriendo a tal velocidad que la dirección IP ni puede verse. Después del fiasco de los destornilladores, ella ha entrado contadas veces a este tipo de sitio con Gintoki y Shinpachi, sobre todo por trabajo. Ni soñar con crearse alguna red social, por lo menos a ella no le era de interés y Gintoki es un inepto con la tecnología, con lo que le costó medio aprender a lidiar con un celular... Shinpachi como fiel fan de seguro sigue a Otsuu en las redes.
Cabe destacar que no es su actividad favorita, esto es posible gracias al monedero de Soyo.
—Aquí está —Soyo tiene el cuaderno abierto en su regazo, tecleando en el buscador. Agradece las clases de informática recibidas en el castillo.
—¿Nos arrastraste hasta aquí por fanfics? —Kagura no se lo puede creer.
—Por los fanfics de Sadinejo Hardcore Fan —Soyo sonrie, contenta—. ¿Me vas a decir que no tienes ni un poco de curiosidad?
—Lo que tengo son ganas de destrozar ese cuaderno de mierda —resopla Kagura—. A mí me basta y sobra con la basura escrita allí, ¿para qué buscar más?
—Porque los trozos me dejaron con más ganas de seguir leyendo —se justifica Soyo, sin hacer caso al lenguaje de Kagura.
La Ship Note contiene varias historias (desde dulces hasta graciosas), pero son más como esbozos incompletos, ideas improvisadas o teasers. La princesa quiere saber más de las historias del usuario poseedor de tan curioso seudónimo, por sus datos se ha enterado de que tiene cuenta en diversas webs. No es justo quedar tan a la expectativa y ya le es urgente leer más. Lamenta no haber puesto a cargar su celular, ¿por qué perdió la noción del tiempo jugando con gordos pájaros furiosos?
Quien es dueño del cuaderno o vive en el Distrito Kabuki, o lo frecuenta muy seguido. ¿A cuenta de qué se encuentra Kagura un cuaderno con contenido semejante?
—El karaoke es más entretenido —Kagura hace un puchero en reproche.
—Iremos otro día. Mira esto —la persuade Soyo con otra pestaña ya abierta para intentar apaciguar su evidente mal humor.
No lo consigue del todo.
Para espanto de Kagura al ver esa página web, los fanfics de Okita y ella son unos de los que más abundan en el fandom de Gintama. Por su parte, Soyo está encantada en su burbuja.
Kagura tiene los ojos clavados en el monitor leyendo los resúmenes y las distintas «parejas»: A la Jefa la juntan con el gorila y a Kyuubei se le cumple el deseo en contados fics. Shinpachi no tiene suerte con las chicas ni en los fanfics. Sakamoto y Mutsu. Zura con la mujer del puesto de ramen. Personajes del show emparejados con personajes originales. Toushi emparejado con una chica apellidada igual que el Sádico. También escriben historias de Gin con Tsukki, la Jefa y la masoquista.
El humor de Kagura mejora con dos cosas:
La primera es que Gintoki —posiblemente— se dedique a destrozar esa computadora al saber que lo juntan más con el elenco masculino (como ejemplos: el mayora, Zura y el enano tuerto psicótico del Kihetai —en ese orden de fanfics—) que con el femenino... lo que más ha de cabrearlo son los prácticamente nulos fics de él y la chica del clima... A este punto la lengua de Kagura tiene ganas de decirle que no tiene ninguna esperanza con la presentadora de guarro nombre cuando a algunas fangirls les gusta imaginarlo con agujeros de hombres; y tampoco puede evitar que luego de leer esos resúmenes, la lista de sospechosos sobre a quién se está cogiendo Gintoki, crezca.
La segunda es que su némesis acaba con el cyber si lee que lo juntan con el tipo al que vive martirizándole la existencia.
Pensarlo hizo a Kagura carcajearse a sus anchas. Soyo reía con ella, prometiéndose curiosear la zona Boys Love del fandom... sólo que no va a correr antes de aprender a caminar. Para eso hay oportunidades.
Soyo mira de reojo como Kagura hace una mueca al ver que existen fics de ella con los adultos, el par de lentes que lleva al humano y... con alguien llamado Kamui —traga grueso, apenas oyendo a Kagura farfullar frente a un avatar-fanart: «Estúpido hermano»—. Incluso Soyo no se salva porque escriben de Kamui y ella. Soyo palidece y su temperatura corporal baja unos cuantos grados, inevitablemente recordando los cuerpos en el suelo, sangre, órganos y a ese aterrador hombre de sonrisa cándida que casi la mata de no ser por Okita. No recuerda mucho después, sólo se entera más tarde que es el hermano mayor de su amiga. Por su salud mental, ambas nunca tocaron el tema.
Kagura despega sus ojos del avatar. Aparte de con su mejor amiga, a Kamui lo emparejan con la chica de las rosquillas —de la que hay varios fanfics con Kagura— o el tuerto que quiere destruir todo. Hasta crack pairings que jamás se le han de ocurrir.
El mundo de los fanfics abarca muchas cosas, sin duda.
—¿Soyo...? —pregunta, notando la palidez de la princesa. Está a punto de sacarla de la cabina cuando ella recupera la compostura y cierra la pestaña.
Sólo deja la página de su interés abierta. Sadinejo Hardcore Fan no dice gran cosa en su perfil, solo enlaces a una popular red de microblogging y a sitios web de fanarts que recomienda aparte de escribir que: «Ama a morir imaginar que un perro del gobierno y una hermosa chica Yato terminen juntos». Su lista de fics publicados es... respetable (y Kagura lo piensa por la cantidad, no por la única ship de la que escribe) y parecen ser muy visitados.
Horror.
—¿OkiKagu? ¡¿Por qué tiene que ir la inicial de ese engendro primero?! —cuestiona Kagura— ¡No es justo! ¿Qué hay de mis derechos? ¿KaguOki que tiene de malo?
Soyo se cubre la boca para no reír, ya encontrando algo que le hizo encerrar bajo llave al chico de la trenza en la parte más recóndita de su cabeza. Con ese puchero, más que enojada, Kagura luce como una niña petulante haciendo una rabieta al no obtener lo que quiere. Por eso tienta a su suerte e indaga, enarcando una depilada ceja con duda:
—¿Eso es lo que te molesta?
—¡Me molesta que me junten con él! ¡Con el Coronel comeré pollo frito por el resto de mi vida, si! ¡Ese miserable me mataría de iniciación!
—Se dice inanición —Soyo aún no comprende cómo Kagura sigue confundiendo las palabras. ¡Ella la ha escuchado hablar sin acento antes!
—Como sea, tu entendiste —claro; si Kagura no gana, empata.
—Si no mal recuerdo, me platicaste del capitán Okita ofreciéndote un techo y tres comidas al día —para Soyo eso suena como una propuesta indirecta, nadie se lo saca de la cabeza.
—En una cárcel —típico de Kagura no pillar nada, su mente pendiente de la comida—. Según Gin, lo único que vale la pena de la comida de prisión es el pudín y no sólo de pudín vive una chica. Así que gracias, pero no gracias.
Soyo no quiere ahondar ahora en la ecléctica dinámica de la Yorozuya. Carraspea, justificando:
—Compréndelo. En el fondo es muy tímido.
—Un taladro no sería suficiente para encontrar timidez dentro de ese pulgoso.
Soyo sonríe, inmune a la lengua mordaz de Kagura.
—Leamos un poco —le pide.
—Lee tú, esa porquería me mandó al baño cagando de chorros anoche.
—¿No fue la leche caducada?
—Fue ese cuaderno —dice Kagura, tajante.
Soyo se encoge de hombros. Mejor no porfiar cuando Kagura se pone en esa actitud.
—No tienes nada que perder, ya estás bien del estómago. Pero si te intimidan unos párrafos ficticios, está bien. Lo entiendo...
El reto está implícito. Tres años de amistad le han enseñado a Soyo como presionar los botones correctos y con deleite ha descubierto que con Kagura, un poco de psicología inversa es infalible cuando es necesario.
Y a la testaruda de Kagura no le gusta echarse atrás, menos con una provocación tan evidente.
—Tu salud es primero, no insistiré...
—Necesitaré una ración de la comida de la Jefa para olvidarme de esto —cede Kagura a su pesar.
¡Tanto tiempo evadiendo la falta de habilidades culinarias de Tae sólo para necesitarlas con urgencia! Ella ha sido testigo de los efectos secundarios del huevo carbonizado.
-oOo-
Esta vez sí.
Tanto esfuerzo no puede ser en vano. Ha reducido su compra de sukonbu para obtener material destinado a hacer chocolate casero y ha buscado en internet la receta; ni de broma piensa utilizar la pequeña cocina para hacerlo, por eso acude a casa de Tae.
Muchos intentos, ropas y paredes manchadas y un trasnocho más tarde, Kagura lo consigue sin dejar que Otae se acerque a sus experimentos (aunque sí la ha ayudado a envolverlo en papel rosa brillante y un lazo rojo) y está muy orgullosa de su esfuerzo.
Sólo le falta entregar su presente de San Valentín.
Agarra con ambas manos el chocolate en forma de corazón, respirando hondo en un intento por serenarse. Le falta ese último paso para cumplir su misión, es fácil.
Sí, claro.
No es fácil.
En especial cuando la persona a quien está destinada su presente, es Sougo Okita.
Sus anteriores pretensiones de darle el chocolate han sido un fracaso. Justo cuando está a un tris de dárselo, se acojona volviéndose un manojo de nervios... Un poco más y le da por cantar canciones de anime como hace Gintoki para disfrazar el miedo.
Su último intento ha sido especialmente penoso: Logra estar frente al Sádico, pero le da por tartamudear sin articular una frase coherente como Marinette cuando está frente a Adrien... y al final se ha dado media vuelta, huyendo a las carreras con un rastro de polvo tras ella.
Algo inusual para ella, quien no se corta para devolverle los insultos o ataques físicos.
Ha localizado a Okita. Ve su silueta sentada en un banco, los brazos a ambos lados apoyados en el espaldar. Kagura no lo está viendo de frente, pero se imagina que tiene una cara de aburrimiento total y en cualquier momento va a dormirse.
Se aclara la voz y se sonroja con las piernas temblándole camina hasta el banco donde está sentado. A pocos pasos se detiene detrás de él y la familiar sensación de náusea se atora en su garganta, impidiéndole tragar saliva.
¿Por qué tiene que gustarle tanto ese idiota?
—¡Feliz San Valentín, Sádico! —su voz se siente como lija y alzarla se le dificulta.
Los nervios ganan y el corazón de chocolate termina estampado en la cabeza de Okita, haciéndolo sangrar.
El consuelo es que por fin ha conseguido entregárselo.
-oOo-
La expresión de Kagura dice fuerte y claro: «Mátenme». Soyo suelta un «auch», consternada.
—Descuida, Kagura. Te ayudaré a ensayar para el San Valentin del año que viene —le promete con una gran sonrisa.
—¡No soy yo! —exclama Kagura— ¿Corazón de chocolate? ¿Qué no tuvo imaginación para un título mejor?
—No creo que eso pueda necesitar un título mejor —dice Soyo.
—¡Son chorradas! —insiste Kagura— ¡Como si yo fuera a dejar de lado mi sukonbu para hacer chocolate!
Soyo admite que Kagura tiene razón. Si llega a ocurrírsele hacer chocolate; conociéndola, los ingredientes no duran porque los devora antes de tiempo.
—Chocolate a un tipo... si acaso (y si me queda plata para comprarlo porque no lo voy a hacer) a Gin y a Shinpachi, cada febrero hacen drama buscando recibir alguno, si —asiente Kagura, no queriendo pensar en las peripecias con las chicas sólo para dar presentes.
Por suerte, la incomodidad de ella se ha apaciguado, aunque no necesita dulces para demostrar cuanto significan para ella.
—¡Nunca me pondría nerviosa como colegiala! ¡Estoy fuera del personaje! —Kagura mira con odio el monitor.
—Creíble si fue como le diste el chocolate —acepta Soyo, negando con la cabeza.
—Esa es la Kagura del fic, no yo. No confundas que me hundes, Soyo.
—Bien, bien —dice Soyo, distraida haciendo clic en el drabble titulado «Impresionando a una China».
-oOo-
Se desplazan en un coche deportivo negro de una famosa marca occidental irradiando felicidad por los poros. Okita se siente el ser más afortunado del planeta por tenerla a su lado luciendo tan arrebatadora como siempre en ese vestido de gala rosa palo. Para cualquier mujer con ese color de cabello la combinación no destacaría, Kagura es una excepción. Hasta un saco de papas le queda bien.
Por fin ha conseguido un día libre y están teniendo una cita. Se detienen en un elegante restaurante donde Okita tiene mesa reservada; él baja del coche y da la vuelta para abrirle la puerta a Kagura, ayudándola a bajar.
Le rodea la cintura con un brazo en aire posesivo y ella le dedica una sonrisa tímida, halagada por el gesto.
Okita entrega las llaves del coche al valet parking (amenazándolo con ser su peor pesadilla si le hace un rasguño al auto) y entra con ella. No importa si Kagura le deja la tarjeta de crédito en números rojos al acabar con toda la comida del restaurante.
Él es feliz, si ella es feliz...
-oOo-
—¡¿Quién mierda es ese princeso?! ¿De qué culebrón se ha escapado?
El grito de Kagura saca a Soyo de la bruma de unicornios y corazones donde se ha residenciado temporalmente. No sabe si Kagura se ha vuelto a equivocar con el idioma o el término ha sido adrede, lo que sí sabe es que no ha terminado de leer el fanfic.
—Es un gesto muy romántico —reconoce Soyo, cautivada.
Kagura se muerde la lengua para no decirle a su amiga que le baje a las novelas. Menos mal está ella para destrozar ilusiones sin fundamento.
—Ése no es Sádico. ¡Él vive dejando tirado el trabajo! ¿De cuándo acá me lleva a un restaurante elegante?
—Oh. ¿Entonces te ha llevado a algún lado? —indaga Soyo mirándola con ojos sorprendidos— ¡No me lo has contado!
—¿Cuenta que me hayan secuestrado con él una vez? —escupe Kagura recordando el incidente con Kyrie, añadiendo—: Larga historia.
—Awww, sólo cuéntame cuando salgamos de aquí. Quiero saber —pide Soyo, curiosa.
—¿Y gastar de su bolsillo? ¡Cuando mucho le robaría la tarjeta a Toushi! —Kagura vuelve a enfocarse en el fragmento de drabble.
Soyo quiere reír, pero no lo hace. Para alguien que dice odiarlo, Kagura parece conocer a Okita bastante bien.
—Quizá haya ahorrado —Soyo le da el beneficio de la duda al Okita del fic.
—Ese host del tres al cuarto no es así.
—Fue romántico.
—Por mí, quédatelo.
—No, no me hace falta. Vamos, te trató bien comparado como te trata.
—¡Me trató como un puto florero!
El rugido hace que las personas de las cabinas cercanas manden a callar a Kagura. Típico, Kagura los reta con un «¡Oblígame!» y Soyo decide seguir leyendo ante el cruce de palabras (el drabble es una típica cita, Soyo queda decepcionada esperando más trama y más fluff), casi inmediatamente abriendo otra historia.
-oOo-
Kagura finge su mejor sonrisa, aunque por dentro siente que un camión le ha pasado por encima.
Su mejor amiga y el Sádico han decidido fugarse para vivir felices. Una radiante Soyo acaba de informárselo y Kagura no tiene más remedio que apoyarla como la buena amiga que es.
Pero duele. Duele mucho el amor no correspondido.
Kagura quiere arrancarse esos sentimientos de un cuajo; sabe que está mal sentir lo que siente desde hace… ya ha perdido la noción del tiempo y es un secreto que se llevará a la tumba. No quería imaginar cómo ambos reaccionarían si lo supieran.
Mejor callar y ponerse una máscara.
Ella no es tan perra para delatarlos. Está consciente de que lo que los dos van a hacer al final va a tener terribles consecuencias tanto para ellos o quienes los rodean.
Tal vez sea hipócrita de su parte desearles felicidad. Pero ella ha sido la única testigo de cómo se desarrolló el romance de la princesa y su escolta ocasional, por eso es su deber moral callar.
Aunque callar ha sido su peor tortura…
-oOo-
—Soyo. Tus gustos en hombres son terribles, sí.
Soyo no sigue leyendo, ni ganas tiene. Mira a Kagura y ella no parece celosa, sólo aburrida.
—Kagura, yo no veo al Capitán Okita de ese modo. Nunca lo haría… ni que fuera una M —aclara Soyo, por si acaso evitando futuros malentendidos.
¿De dónde sale ese triángulo amoroso al estilo telenovela rosa? ¡Para Soyo la OTP es sagrada! Ella no quiere ser la villana a la que los lectores desean linchar, le va mejor como la shipper que quiere verlos juntos.
Al menos (hasta donde ha leído) la Kagura del fic no la ha llamado de todo.
—Si, vaya a saber que se ha fumado quien escribió eso —aceptó Kagura.
Soyo oprime la flecha de «atrás», indignada. ¡Vaya cosas que se ven en internet!
Lu89, Mitski, Mi-chan y Guest: ¡Muchas gracias por el apoyo y por comentar!
Jugem Jugem: XDDDD había que complacer a la captain ship, of course XD
I love Okikagu: Muchas gracias a ti por leerlo, el título fue un guiño a los fans de esta pareja.
Anonymous D: ¡Muchas graciaaaas! Aquí dejo la continuación.
Mi bolígrafo y mis dedos sufrieron por el dizque OkiSoyo, créanme. Pero tenía que hacerlo, people.
Lo de Soyo recordando a Kamui... ejem... marqué este fic como Semi AU (o un AU completo, según el punto de vista del lector) por las edades y porque se intuye que existe un final alternativo al arco del Asesinato del Shogun (Sho-chaaaaaaaaaaan ToT), fue la libertad que me tomé en el fic :)
Pues nada, puros clichés en este capítulo y desde ya advierto que viene un poco de Gender-bender y otros géneros para el próximo *smirk*, así que si les incomoda alguno de estos temas, por favor sáltenselos y seamos felices todas/os.
Sin más, muchas gracias por leer :)
EDIT: 15/07/2016. Correcciones de gramática/tiempos verbales (Aún en revisión). Kudos a Miss Pringles por sus observaciones :)
