NOTA:

Clasificación: T por futura violencia.

Disclaimer: Los personajes de pertenecen a Masashi Kishimoto. La historia esta basada en The song of ice and fie, especificamente en la vida de Daenarys, adaptada a los personajes de Naruto.

AVISO: Se solicita Beta que ayude con la editación de gramática y ortografía en este proyecto.


Cuando las sombras asechan.

IV .


La princesa había sido arropada con un vestido de seda color amatista finamente bordado con hilos de plata que decoraban su estrecha cintura y su gargantilla, encima, una túnica de piel con capucha que le protegía del frío y con sus delicados pies envueltos por botas de cuero. Las mejillas de la chica estaban teñidas de rosa por el clima helado y la vergüenza, pues esa era su primera vez en público sin velo. Lord Uchiha en cambio iba vestido como si fuese a la guerra, sobre sus hombros llevaba hombreras de cuero negro con extraños símbolos en blanco, una pechera del mismo material sin ningún ornamento, sus manos ocultas por guantes, pantalones holgados y botas de cuero también negro, su camisa sin mangas de cuello ancho tenía el símbolo Uchiha a sus espaldas. Y en el cinturón que sujetaba sus pantalones llevaba una larga espada con una empuñadura de plata revestida con hilo negro.

Hinata estaba completamente anonadada. Su boda con el Lord del Norte había sido algo tan espectacular como sencillo. Cuando llego al santuario de ceremonias pudo contemplar dos enormes hogueras en cada extremo, Lady Tsunade la había apresurado a ponerse en una mientras su prometido estaba en la otra, las mujeres del clan Uchiha habían cantado en la extraña lengua del Norte y cuando acabaron se reunió con su ahora marido en el centro del lugar.

El santuario estaba situado a unos metros del campamento del clan, a un costado de una ladera peligrosamente empinada, la superficie era completamente rocosa y en el único lugar donde se alzaba la hierba se había levantado una tribuna, ahí mismo se encontraba ahora Hinata sentada justo al lado de Lord Uchiha sobre hermosos jergones de telas finas, dominando el festejo que se hacía después de la ceremonia.

La joven jamás había visto en su vida tanta gente junta, ni personas tan extrañas y aterradoras. La matriarca de los Senju le había explicado que por ser su prometido un Lord y líder oficial de los clanes del Norte, todo norteño debía asistir a su unión, lo cual ocasiono que el espacio estuviera atiborrado de gente con diferentes ropajes y extravagantes marcas en su cuerpo.

El festejo era diferente a cualquier otro al que hubiese asistido la Hyuga, las personas hablaban una lengua que le era desconocida, sonando áspero y diferente para ella. Los hombres y mujeres gritaban y bebían de forma indecorosa, los aromas de incienso, comida y vino llenaban el lugar, sin faltar las sonoras carcajadas que le hacían estremecer de temor.

Los claros ojos de la chica se deslizaron con cautela a su marido. El joven Uchiha a su lado estaba sentado de forma que una de sus piernas quedaba estirada y la otra flexionada recargando ahí uno de sus brazos, en la mano libre sostenía una copa de vino que de vez en vez llevaba a sus labios, sin pronunciar una sola palabra. Después de ver eso, viro levemente su rostro hacía el otro lado para ver a sus familiares sentados a unos metros de ella en una posición más baja, Neji estaba lo más cerca que podía de la tribuna y a su lado se encontraba Lady Tsunade, ninguno de los perdía detalle de lo que pasaba a su alrededor pero aun así sus ojos vigilaban constante mente a la nueva Lady.

Cuando los tambores sonaron, a Hinata se le entrego una copa de vino, la primera vez en su vida que se le daba una bebida con alcohol, el temor de la joven hizo que no intentara darle ni un solo sorbo a aquella bebida. Los bailes comenzaron después de eso, las mujeres jóvenes se apiñaban frente a la tribuna y movían sus caderas al ritmo de las flautas de pan, en una danza seductora que iba dirigida completamente al Lord del Norte.

Sasuke, con su mirada clavada en las mujeres abrió un cofre a su lado y saco unas cuantas monedas de oro que arrojo a los pies desnudos de las bailarinas, estas no tardaron en irse sobre el dinero, peleando por el como si estuvieran en una verdadera guerra, hecho que hizo que la Hyuga entornara sus ojos ante la consternación.

Las horas pasaron entre danzas y bebidas, donde los hombres que se acercaban a bailar con las damas en la pista las bañaban con copas de vino o tarros de cerveza, las risas llenaban el ambiente junto con los tambores mientras los bailes se hacían cada vez más sugerentes, donde los hombres llegaron a acariciar la unión de las piernas de las damas al igual que ahuecaban en sus manos los pechos de estas, estrujando los montículos.

Cuando la luna estuvo casi en su cúspide, Lord Uchiha dio unas palmadas; los tambores, los festines y los gritos se interrumpieron al instante. Su dominio ante las personas se hizo notar regiamente. Sasuke se levantó elegante mente y dándole un vistazo por el rabillo del ojo a la Hyuga, logro que esta también se pusiese de pie. Era hora de recibir los regalos de boda.

Tres jóvenes que decían ser Lores, se pararon frente a ellos y les entregaron telas de seda fina, traídas desde el sur expresamente para su boda. Unos viejos hombres también líderes de clan les dieron pieles de animales, joyas de oro incrustadas con piedras preciosas, finos ropajes, perfumes, plumas y cuero. Después, paso un niño que sorprendió enormemente a los habitantes de las tierras bajas como a la nueva Lady.

El Lord Yagura, no más que un infante, le ofreció una pila de pieles de oso pardo y la carne del propio animal, con una sonrisa casi conciliadora mientras hacía burla de lo recién hecho. Después llego Sir Cobaru, el hombre llevaba tras de sí dos hermosas doncella. Ambas de ellas tenían una belleza extravagante, una con largo cabello rubio que parecía plateado y la otra con una piel canela que brillaba bajo la luz de las hogueras.

—Mi señora, estas son doncellas expresamente seleccionadas para usted.—Cobaru les hizo un gesto con la mano para que una de ellas diera un paso al frente—Esta es Tenten, una experta en armería que le ayudara a aprender la lengua del Norte.—la castaña hizo una reverencia antes de dar un paso atrás y que la rubia tomase su lugar—Ella es Ino, le instruirá en las artes femeninas del amor y le enseñara a montar a caballo al estilo del Norte.

Tras eso, le siguieron regalos que para la chica fueron realmente desconcertante. Los guerreros más próximos al Lord le presentaron las tres armas tradicionales. Uzumaki Karin, le ofreció un arco largo de hueso que era aún más alto que la Hyuga, Hozuki Suigetsu una alabarda con la hoja de plata y una inscripción tallada en la larga asta de oro macizo, Uchiha Obito, le regalo dos espadas gemelas, con una empuñadura fina de plata y una hoja de acero templado con filo de ambos lados.

Hinata miro dudosa tales presentes, sin embargo a su mente vinieron los recuerdos de las clases de Tsunade y con una sonrisa cordial en los labios, puso en práctica las enseñanzas que recibió.

—Son re-regalos dignos para un gr-gran guerrero,—La vergüenza hizo que se trabara un poco, sin embargo, recordar el hecho de ese tipo de comportamiento la haría quedar como tonta ante los Uchiha le hizo tomar un poco de valor—yo, no me creo capaz de usarlos. Que los reciba en mi lugar m-mi señor, Lord Uchiha.

La Hyuga había mantenido sus manos empuñadas mientras decía tales palabras, con sus nudillos blancos y sus uñas penetrando su palma, el escozor del daño que se propinaba a si misma fue suficiente para que su atención se desviara y la pena no la embargara.

De ese modo fue que el líder de los Uchiha recibió regalos de "novia", hecho que hizo fruncir un poco el ceño a él joven.

Sasuke se acercó más a su esposa cuando las armas fueron puestas junto con el montón de regalos dados. Un susurro expectante se inició cuando el Uchiha estuvo a centímetros de la joven. El Lord del Norte era considerablemente más alto que su mujer, cosa que impresiono a los presentes al notar que por poco la coronilla de la chica alcanzaba apenas el pecho del Lord.

Hinata alzo su rostro al tener a su marido enfrente, el temor la envolvió al verlo tan cerca y queriendo huir de él intento dar un paso atrás, empero, el Lord fue más veloz que ella, tomando su delicada mano entre la suya mientras depositaba un frio beso en la muñeca. Tal gesto solo consiguió hacer sonrojar a la Hyuga.

Un sonido se hizo en la multitud, el que la joven supuso fue por la acción del líder, pero cambio de idea cuando este la empezó a guiar fuera de la tribuna, dando pasos torpes por los escalones. La ex-princesa desvió sus claros ojos de su marido para llevarlos frente a ella; ahí, a unos metros de ellos estaba situado un caballo al lado de Karin, quien lo sujetaba por las riendas. Una yegua joven para ser específica, briosa y esplendida. Hinata sabía lo suficiente de caballos para saber cuan extraño era el animal, pues era gris como el color del cielo en días de tormenta, con crines que parecían humo plateado.

Sasuke hizo un ademan con sus manos unidas en clara muestra de que se acercara. Hinata así lo hizo, alejando su mano de la del Uchiha con la cual preciso para acariciar temerosamente las crines.

Lord Uchiha dijo algo en su idioma natal, hecho que hizo hacer que el clan completo respondiera igualmente en la lengua.

Tsunade se acercó a Hinata para traducirle.

—Dice el Lord que es plata para la plata de tus ojos. Es tradición de boda por parte del novio dar un presente, y su pueblo ha respondido de forma agradecida por el regalo dado a su Lady.

Los labios de Hinata se separaron levemente por la sorpresa, por lo amenazante que fueron esa misma mañana en su recibimiento creyó que no sería aceptada como la señora del Uchiha, por lo tanto, seria repudiada para ser la Lady del Norte. Una suave sonrisa se hizo en sus labios segundos después.

—Esto es el orgullo del clan.—Le dijo Tsunade al ver la expresión en el rostro de la Hyuga—Manda la tradición que la Lady cabalgue a lomos de una montura digna del lugar que ocupa al lado del Lord.

Antes de que la rubia terminara, Sasuke se acercó a Hinata y tomándola con las manos por la cintura la levanto para sentarla sobre la silla de cuero, más pequeña y fina de la que estaba acostumbrada. Titubeo al ver la expresión de seriedad marcada en el rostro del Uchiha; ella no sabía que esperaba que hiciera.

—Tomad las riendas y cabalga.—Se apresuró Neji a decir al ver la confusión brillar en los ojos de su prima—No es necesario que te alejes mucho.

Hinata, nerviosa, se hizo con las riendas y metió los pies en los estribos. Como jinete la princesa no era muy buena, a su edad eran pocas las veces que había ido a lomos de un caballo, era más común que viajara en palanquín o que se quedara en la seguridad del piso. Rezo para no caer y quedar en ridículo, así que con extremo cuido dio un ligero golpe a la yegua con sus rodillas.

Y por primera vez en horas, olvido el miedo.

El caballo gris como la plata tenía un trote suave como la seda, pero sin esperar a seguir a ese paso, Hinata tomo con fuerza las riendas y dio una sacudida, la yegua apresuro el paso, logrando que la fría brisa del anochecer acariciara el rostro de la chica, tirando la capucha hacía atrás y dejando que la túnica se abriera un poco, colándose el viendo entre su ropa. Fue la primera vez en su vida que sintió tanta libertad, ahí, sintiéndose una amazona entre la multitud que se abría paso mientras ella cabalgaba.

Sasuke miro como la larga melena media noche de su mujer volar con el viento, meciéndose sin ninguna delicadeza. La Hyuga se veía realmente contenta montando en lomos de la mejor yegua que tenía entre sus caballos, un leve tirón en la comisura de sus labios se hizo presente. Era un orgullo para los norteños que sus mujeres supiesen cabalgar, que se supieran defender, por eso había sentido una gran ira contra su recién esposa cuando negó su derecho a las armas.

Hinata se sorprendió yendo más deprisa de lo que había pretendido, pero era mucho más emocionante que aterradora. La más leve presión de sus piernas, el menor toque de las riendas y la yegua respondía. La puso a galope y los habitantes del norte comenzaron a aclamarla, a reír y a gritar mientras se apresuraba en su trayectoria. Al dar media vuelta para su regreso, se encontró con que las hogueras estaban unidas por un camino de fuego y a cada lado estaban los norteños, evitando que se desviara de ese camino, tan poco había mucho espacio para detenerse.

La osadía apresa a la ex-princesa, siendo siempre tan sobreprotegida, fue esa la primera vez que se sintió capaz de hacer algo por ella misma. La yegua salto las llamas como si tuviese alas, logrando que un cosquilleo se abriera paso en su vientre.

En cuanto las patas del enorme animal tocaron el suelo, este solo dio un par de pasos antes de detenerse frente a la tribuna, a un par de metros de su marido y los habitantes de las tierras bajas.

—Por favor, Lady Tsunade, dígale a Lord Uchiha que me ha dado al viento.—Le comunico con voz suave a la rubia.

Tsunade abrió un poco los ojos al escuchar a la chica hablarle por primera vez sin titubear en sus palabras, pero eso no hizo perder a la joven su tono sumiso y abnegado.

Sasuke había entendido perfectamente las palabras de la joven, él había aprendido desde hace años el lenguaje común de las tierras bajas y de las dunas del sur, sin embargo, dejo que la rubia de dijera en su idioma natal tales palabras. Él solo asintió al escuchar nuevamente tal alago.

Karin, situada detrás de su líder, miro por primera vez detenidamente a la nueva Lady. Fuera de todo lo que imagino, la Hyuga tenía un rostro bonito, ovalado y con gestos finos, mejillas redondas salpicadas de un tinte rojizo, unos enormes ojos claros con espesas pestañas que los enmarcaban, un largo cabello que se deslizaba por sus hombros de un color parecido al fondo del cielo nocturno. Una mueca de desagrado se hizo en sus labios por eso, admitir que la mujer del Lord era bonita no era algo con lo que estuviese muy a gusto.

—Karin.—Llamo Sasuke de repente, logrando que la Uzumaki fijara su vista en él—Tráeme a mi caballo.—demando.

La pelirroja levanto una ceja confundida, le extrañaba enormemente que su líder usase la lengua natal cerca de los extranjeros cuando ya había hablado la lengua común de los de las tierras bajas. Suspiro ante eso antes de asentir e irse hacía donde estaban todos los caballos.

La parte elegida para situar a los enormes animales estaba repleta, había largas filas de caballos hacía toda dirección que mirase por todos aquellos visitantes del norte que habían acompañado al Lord en la ceremonia. Según sabía, todos los invitados eran solamente la cabecilla principal de cada clan, que debían de presentar sus respetos a su nueva Señora.

A Karin no le fue nada difícil encontrar el caballo de su líder, siendo el único potro de largas crines y con una capa diferente en la cola, que en vez de ser negra como un pozo profundo, era idílicamente plateada.

Cuando estuvo lo suficiente cerca noto la cabellera rosada que caía como cascada sobre el hombro de la dueña. Haruno se encontraba cepillando la melena del animal, acariciando con su mano libre el hocico, logrando que este se inclinara un poco para poder estar sus labios lo suficientemente cerca del oído, con lo que la Uzumaki supo que la diminuta chica estaba susurrándole palabras en una lengua que aún le era desconocida como solía hacerlo.

Por ello, el ceño de la chica se frunció significativamente mientras una mueca de disgusto se apoderaba de sus labios.

—¿Qué haces, Haruno?—Pregunto rudamente.

Sakura detuvo sus movimientos a la vez que se enderezaba con elegancia, viro levemente el rostro en dirección hacia la recién llegada, sus ojos color musgo relucían a la luz de la luna de una forma espectacular, sus largas pestañas de color rosado le dieron un aire mágico a su mirada que casi dejo sin respiración a la pelirroja.

"Debo reconocer que es bonita" pensó con poco entusiasmo la Uzumaki.

La chica reconocida por todos como diminuta no tenía ningún gesto en su rostro, dándole una expresión sobria de la que raras veces se le veía.

—Solo pasaba el tiempo con Tximista.—Pronuncio con voz aterciopelada, dándole un aire de madurez del que la pelirroja dudaba que tuviese.

Los labios de Karin se torcieron en gesto molesto, enviándole una mirada casi asesina a la dueña de tales vocablos.

—Ya te he dicho que dejes de llamar a Susano de esa forma, el potro no puede tener tantos nombres, se confundirá.—Refuto mientras se acercaba para tomar las riendas del animal.

Los parpados de la chica de cabellos rosados cayeron levemente, dejando una fina ranura para que mirase, entre tanto, la pelirroja por fin lograba desatar al caballo del poste en el que estaba antes de dar un pequeño jalón a las riendas para llevárselo. Eso hizo que la diminuta chica diese un paso atrás antes de levantar levemente su mano en un ademan que no entendió exactamente la otra joven.

—¿Adónde llevas al semental?-Pregunto casi apresurada.

Karin continúo caminando, pero aun así viro levemente su rostro para mirar sobre su hombro a la chica.

—A con el líder.—Le respondió, antes de sonreír con sorna—Ya es hora de que se consume el matrimonio.

La delicada mano de Sakura tembló un poco antes de caer inerte a su lado mientras sus ojos se abrían un poco más de lo normal al mismo tiempo que sus labios formaban una fina línea, sus cejas finamente delineadas se oblicuaron hacía bajo, dándole a sus facciones un gesto de impotencia contenida.

La Uzumaki le devolvió una sonrisa maliciosa antes de mirar nuevamente hacía el frente y apresurar el paso, sabiendo que se había retrasado más de lo debido con la pequeña charla que había tenido.

La mandíbula de Sakura se tensó, sus ojos destellaron levemente de rabia mientras que sus mejillas se ponían rojas de coraje. Sus manos se empuñaron, tomando entre sus dedos la tela de su blusa de manga larga. Los celos, la rabia y envidia bullían en su interior dolorosamente, sabiendo exactamente qué pasaría en unas horas con el hombre al que le profesaba su cariño.


Cuando una pelirroja le paso las riendas a Lord del Norte, Hinata no pudo más que tensarse sobre el lomo del animal. La joven había perdido la noción del tiempo, tan entusiasmada estuvo con su recién cabalgata por el lugar que presto poca atención cuando Lord Uchiha ordeno que le llevaran su caballo, un esbelto semental tan negro como la oscuridad, con una capa plateada en la cola que casi le hacía parecer etéreo entre las penumbras de la noche.

Mientras el Lord ensillaba al caballo, Neji se acercó cuidadosamente a su prima, tomando una mano entre las suyas, deposito un objeto duro en sus suaves manos a la vez que sus ojos claros se encontraban con los de su querida princesa.

—Cógelo con fuerza mientras que el Lord tome su placer. Sera ese mi regalo, princesa, mi fuerza en esta pequeña esfera.—Le susurro alentadoramente, causando una ternura infinita en el pecho de su prima.

—Gracias, primo Neji.

Cuando el joven de larga cabellera castaña soltó su mano, el miedo regreso. Era una joven que poco conocía de hombres más allá de sus familiares más cercanos, siempre en presencia de damas de compañía. Ella no se sentía preparada para lo que estaba a punto de suceder.

El Lord tomo con una de sus manos las riendas de la yegua, animando al animal a seguir su propio paso. Cabalgaron juntos mientras el astro lunar comenzaba a descender lentamente. El joven Uchiha no le dirigió la palabra, solo se limitó a montar su semental a paso ligero al filo de la ladera.

—Neji me ayudara en esto.—Susurraba Hinata tras él. Tratando de conservar el valor.—Neji me ayudara en esto, Neji me ayudara en esto.

Su querido primo Neji siempre estaba con ella cuando lo necesitaba.

Más adelante no había sabido decir cuánto tiempo pasó ni cuanta distancia recorrieron a caballo, pero cuando se detuvieron los rayos de la mañana ya comenzaba a acariciar la cima de las montañas. El lugar en el que pararon estaba cerca de un arroyo, rodeado de altos árboles que impedían la vista a cualquier lugar más allá de los filos de las montañas alrededor. Sasuke descabalgo y la bajo de la yegua en el lugar donde había más hierba. Hinata se sintió de cristal bajo sus manos y no estaba segura de confiar plenamente en sus piernas cuando fue depositada en el suelo. Se quedó ahí, desvalida y temblorosa mientras se encogía cuanto podía en su túnica, protegiéndose más de lo que estaba por venir que de la fría brisa mañanera.

Sasuke ataba los caballos a unos metros de donde había dejado a la joven, cuando termino y viro hacía ella, esta empezó a llorar, hecho que hizo al pelinegro chasquear la lengua, incomodo ante la situación.

—No.—Le dijo el Lord, que contemplaba el rostro de la joven con extraña inexpresividad.

La ex princesa levanto su rostro por aquel brusco monosílabo y recordó cómo la mañana pasada él había podido comunicarse con ellos.

—Hablas la lengua común.—Se maravilló, olvidando por un momento su timidez por la vaga esperanza de poder detener lo que ocurriría.

El Uchiha solo asintió ante aquellas palabras, aliviándole un poco poder detener los sollozos de la Hyuga.

Un silencio pesado cayo entre ellos dos, hecho que agradeció de sobremanera la ex princesa, con una esperanza más grande que antes al creer que su joven esposo no se le acercaría, pero contrario a sus creencias, el Lord avanzo hacía ella decididamente acercándose lo suficiente para poder acariciar su cabello con suavidad, acariciando con los dedos las hebras color media noche, haciendo temblar de pavor a la joven bajo su toque.

Después de que termino de acariciar un largo mechón, puso un dedo bajo su barbilla y le levanto el rostro para que lo mirase a los ojos. El Uchiha se alzaba muy por encima de ella, superando en estatura a cualquier hombre del que alguna vez estuvo cerca. Las mejillas de la joven se sonrojaron de vergüenza cuando noto la mirada de aquel hombre fija en su rostro.

—No te tomare.—Le aclaro.

La declaración fue firme y aun así, careció de toda pasión que supuso Hinata debía de tener, sin importarle eso, sus ojos brillaron con emoción al saberlo. Ella realmente no estaba preparada para pertenecer a un hombre del que poco conocía, mucho menos al saber que ella aún no le tenía consideración de ningún tipo.

Las palabras habían emergido del fondo de la garganta de Sasuke de la nada, poco supo él verdaderamente por que las dijo, aun así, estaba de acuerdo con ellas. Él no tomaría a una mujer temerosa de pertenecerle cuando había tenido a varias que habían rogado por sus favores. Antes de alejarse de ella, volvió a acariciar su cabello, recordando nítidamente aquel momento en que esa sedosa cabellera volaba sin gracia alguna cuando la Hyuga caía estrepitosamente al suelo. "Glorioso momento", pensó al encaminarse al arroyo.

Hinata en cambio se quedó ahí de pie, observando como el joven retiraba sin cuidado alguno los guantes de sus manos mientras se arrodillaba junto al cauce, llevando sus manos desnudas a la cristalina agua fría para después mojarse el rostro. En ese momento le pareció ver un halo de vapor salir de los labios de este cuando alejo sus manos de su cara. Un momento después supo que no se equivocaba pues cuando el azabache levanto el rostro de sus labios salió más vapor, ascendiendo cerca de sus rasgos.

Los ojos claros de la joven se abrieron impresionados por el espectáculo, en sus pensamientos y por la descripción que le habían dado de los habitantes del norte solo pudo llegar a la conclusión de que todos eran de hielo, sin una pisca de calor en su interior, sus mejillas se sonrojaron avergonzadas por aquellos pensamientos tan ruines. Entre tanto, Sasuke miro por el rabillo del ojo hacía ella por curiosidad.

El Uchiha solo podía pensar cuan rara era la chica que hace tan solo unos minutos atrás estaba llorando desesperada y ahora solo se escogía mientras miraba la punta de sus botas, siendo toda bochorno. Un monosílabo salió de sus labios antes de levantarse con cuidado, sintiendo como las gotas de agua que se habían quedado atrapadas en su cabello comenzaban a descender por los costados de su rostro y cuello.

—Aún falta para regresar.—Comento ante el silencio, virando su cuerpo hacía la chica.—¿Tienes hambre?—Pregunto.

La amabilidad en él era poco menos que común, la frialdad impresa en sus palabras era desconcertante, aun así, Hinata asintió al recordar que desde el incidente en la merienda del día anterior no había probado bocado alguno y su cuerpo ya debilitado por todas las sensaciones de las que recién había sido presa ya la tenían famélica, aunque apenas en ese momento se percatara de ello.

Ante la afirmación de parte de ella, Sasuke desenvaino su espada, alzándola sobre su cabeza, sus ojos fríos estudiaron el arroyo antes de descender el arma con ímpetu sobre la cristalina agua, haciendo que esta salpicara ante su ataque. Hinata solo pudo jadear por el susto, poco acostumbrada a tales acciones violentas ver el simple movimiento del Lord le dejo escandalizada por más tiempo del que hubiese querido.

El joven hizo emerger su espada unos segundos después, donde ahora mismo se encontraban tres peces aun moviendo sus colas desesperadamente. Los ojos del joven fueron a dar con los de la princesa a la vez que le ordenaba traer una rama para poner a asar a los peces.


Abajo, en el patio, la hierba verde se extendía por todo el jardín.

Hanabi observaba el lugar sentada en el marco de su ventana. Le escocían los ojos. Quería estar allá fuera, correr por los senderos de hierba maltratados y reír a carcajada limpia mientras se zambullía entre la frescura del pasto. Enfadada consigo misma, la castaña se secó las lágrimas con los nudillos antes de que brotaran, saltando después para ir dentro de sus habitaciones.

Miro hacia dentro en busca de los almohadones finamente tejidos en el centro de la habitación principal, cuando los encontró se encamino hacia ellos con paso firme y ruidoso, haciendo resonar la madera bajo sus pies desnudos.

—Anciano mentiroso.—Dijo con amargura al recordar a su abuelo—Ella no volverá.

Pocas semanas atrás, antes de que su hermana se marchara, corrió entre los pasillos del complejo para despedirse, en el camino fue retenida por la presencia del Hyuga mayor del complejo; no el más viejo, pero si el más respetado. Era el padre de su padre, un hombre de cabellos platinados tan largos que rosaban sus caderas. Él había platicado con ella, asegurándole que los salvajes le devolverían a su hermana antes de lo que ella esperaba. Entre tanto la caravana partía, por él no pudo despedirse de su querida hermana.

—Todos los ancianos son unos mentirosos.—Confirmo su doncella personal que estaba sentada cerca de la chimenea encendida con su labor de costura en manos—Suelen mentir para hacernos sentir mejor.

Hanabi, llena de rencor, pensó en lo mucho que odiaba a su dama de compañía. Alta y de una cabellera corta de color azabache, con una sonrisa cordial en sus labios que parecía forzada. La mujer era mayor que ella por tres años, aun así, a veces parecía aún más vieja por su comportamiento rígido.

—A mí no me importan todos los ancianos.—Le contesto poco cortes la joven castaña—Pero odio a este.

Ella no quería saber de ancianos, ni quería a su dama de compañía. Quería a su hermana y a su primo. Quería ir a correr abajo en el patio con ellos. Quería tener una merienda divertida en su compañía. Quería que las cosas fueran como habían sido.

—Me sé un cuento de un anciano.—Dijo su dama de compañía con una sonrisa estúpida, mientras movía las agujas sin cesar. La castaño solo puso los ojos en blancos por eso.

Sabía que las cosas no volverían a ser como antes. El anciano la había engañado con la esperanza de que su hermana regresaría. Le había impedido robarle un último abrazo a Hinata y un hasta pronto a su primo. Ahora sabía que sus seres más queridos la habían abandonado; su padre ocupado con sus cosas de líder, su hermana siendo ahora la esposa de un Lord más allá del bosque de Konoha… hasta su primo, Neji, se había retirado con ella.

Koh, su último salvador entre las penumbras de la nula compañía, había cambiado. Ahora ya no podía pasar tiempo con ella como antes, a pesar de ser su guardián. Él joven hombre se la pasaba con la guardia, ejerciendo las funciones de las que Neji debería de ser responsable. Koh era el hijo del hermano de su madre, por lo tanto debía su protección al segundo hijo del líder que era en dado caso; Hanabi, sin embargo con los recientes cambios en el complejo y sin Neji rondando por ahí, su primo más próximo debía encargarse ahora de todo.

Hanabi hizo un mohín con sus labios por eso antes de tirarse sobre los almohadones, ignorando por completo a su dama de compañía, arropándose con enfado con una sábana de seda cercana a ella.

—No es como si pudiese hacer algo con su enfado, señorita.—Le dijo de repente la morena, sin levantar su vista de su labor a pesar de que los claros ojos de Hanabi se posaron sobre ella—No puede usted ir hasta el norte y traer de regreso a su hermana.—Se burló.

El ceño de la castaña se frunció por la mofa, poco acostumbrada estaba a ser ella costa de las bromas, viro hacía el otro lado para no mirar más a la mujer.

"¿Y por qué no?", pensó con enfado una vez más.


Una azabache ceja se alzó al ver el pequeño pasillo tras la cortina que hacía de puerta en la carpa privada del Lord del Norte.

—¿Qué es esto?—Pregunto Obito a la vez que levantaba una mano en dirección al pasillo mientras viraba su rostro para poder ver al hombre tras él.

Suigetsu exhalo frustrado antes de negar con la cabeza y levantar los hombros en signo de incomprensión, por lo tanto en Uchiha llevo sus dedos al puente de su nariz, dejando caer sus parpados pesadamente.

—Karin.—Acudió el hombre a la otra persona tras él.

La aludía que estaba revisando junto con otro Uchiha unos papeles levanto la cabeza cuando escucho su nombre. Al ver como la mano de Obito apuntaba hacia dentro de la próxima carpa privada del líder se paró de puntillas y miro hacía dentro, comprendiendo de inmediato la cuestión.

La carpa principal, donde se solían hacer las reuniones y festejos estaba unida con la privada del líder de clan. La tradición lo marcaba así y ningún líder lo cuestionaba, otra tradición era que cuando el líder tenía un hijo este estaba unido a su madre y padre hasta los tres veranos de vida, después de eso se usaba una separación para empezar la independencia del infante, después, para que este supiese subsistir solo se enviaba a una carpa aparte, empezando a ser por fin parte del clan.

—El señor ha pedido que se haga esa separación para que la Hyuga tenga su privacidad.—Aclaro la Uzumaki antes de volver a su atención al Uchiha a su lado.

El ceño del Uchiha mayor se frunció por ello antes de virar sobre sus talones para ver a la chica. Los negros ojos del hombre taladraron a la joven pelirroja hasta obligarla a alzar nuevamente la mirada. Karin dio un paso atrás ante la mirada penetrante y aterradora del azabache, mientras que al Hozuki se le erizaron los vellos de la nuca, pocas, por no decir nulas, eran las veces que Uchiha Obito adquiría una actitud tan fiera con la típica fría personalidad Uchiha.

Obito conocida la tozudez de su sobrino. Como hermano menor de Uchiha Mikoto había estado lo suficiente cerca de los hijos de esta, después de todo solo le separaban unos cuantos veranos del mayor de los hijos de su hermana. Uchiha Itachi había sido un gran hombre; amable, cuidadoso y protector, todo un macho alfa con una veta melancólica. La debilidad de este era su hermano menor, lo había mimado hasta hartarse, provocando en Sasuke un afán por hacer lo que le diera la gana aún bajo esa fachada de chico rudo que portaba.

El Uchiha mayor supo desde que era niño que su hermana mayor y su sobrino habían hecho del pequeño Sasuke todo un desastre, siendo solo Fugaku quien controlara el comportamiento de su hijo menor, haciéndolo un guerrero perfecto pero aun así demasiado creedor de merecer todo lo que quería.

—Uzumaki, ¿No estás aquí para hacer a mi sobrino entender de política?—Pregunto con voz rasposa, poco controlada por el coraje.

La pelirroja frunció el ceño por la pregunta a la vez que en sus labios se hacía una mueca. Sus mejillas adquirieron un tono rojizo, avergonzada al saber que la atención de las pocas personas dentro de la carpa la estaban mirando. No es que fueran muchas, a diferencia de cuando se encontraba el Lord, la tienda permanecía sin guardianes, solo había dentro quienes acompañaron a revisar el recinto para el recibimiento de la nueva Lady, que era el líder de los Hozuki, la estratega, Karin y su ayudante, y el tío del mismo Lord.

—¡Venga, que he de saber yo!—Refuto molesta—Ahora solo va con esa chica diminuta para pedir sus consejos.

Suficiente explicación.

Obito trato de controlar el coraje. Conociendo como conocía a la sanadora del clan, supo de inmediato que esta poco permitiría que el líder estuviese de algún modo íntimo con su nueva Lady, lo que confundió un poco al Uchiha fue que este aceptara de tan buena gana su consejo con respecto a esto.

—Ya veo.—Dijo secamente antes de virar nuevamente para cerrar la cortina que separaba la carpa principal de la carpa privada—No dejen que Lady Tsunade, o cualquier habitante de las tierras bajas venga a visitar a la Lady. No será de su agrado ver esto.


Lord Uchiha monto ágilmente su caballo antes de tomar las riendas de la yegua.

El sol había ascendido un poco más en el cielo, dando un indicio de que apenas era media mañana. Aun así, ellos cabalgaban a paso ligero en los senderos escondidos entre los árboles. Hinata, tras el guerrero y sin hacer tarea alguna que requiriera de su atención, sintió por primera vez el cansancio apresando su cuerpo; los brazos le dolían y las manos le temblaban, sus parpados caían pesadamente de vez en vez por el cansancio y la parte interna de sus muslos ya estaba al rojo vivo por lo poco acostumbrada que estaba de ir en esa posición de ahorcadas sobre la montura.

A pesar de eso, la Hyuga se resistió a caer presa del cansancio, aun le quedaba buen tramo del camino y pedir un descanso a su esposo no le parecía buena idea cuando apenas habían emprendido su camino de nuevo al campamento.

Sasuke viro un poco su rostro para mirar sobre el hombro a la Hyuga, sus ojos se entre cerraron mientras analizaba la postura de la chica. El Uchiha entendía que la mujer estaba cansada, después de todo, cabalgaron toda la madrugada entre la montaña, almorzaron pescado cuando los rayos del sol acariciaban apenas las montañas y ahora se iban a emprender nuevamente el viaje de regreso montando. Eso era una cabalgata pesada para alguien acostumbrado a ir en palanquín.

Un monosílabo salió de sus labios logrando llamar la atención de la joven.

—Ayer, montaste esa yegua como al viento.—Le recordó con voz monótona.—Cuando deslumbremos campo abierto por la ladera, lo volverás a hacer.

Las mejillas de Hinata se colorearon por tal declaración. Ella recordaba claramente el momento en que había dicho que su esposo le había regalado l viento, pero que este aun lo recordase le hacía sentir pena de sus palabras, aun así asintió, segura de que no había otra forma para terminar con su sufrimiento en aquella montura.

Por largo tiempo Hinata lo siguió entre los rebuscados caminos, admirando con curiosidad el follaje a su alrededor. Los árboles, de gruesos troncos y bien derechos sostenían sobre sus ramas las hojas más verdes que los claros ojos de la Hyuga hubiese visto, sobre la corona de los mismos de esparcía una suave capa de nieve. Los arbustos y la hierba también tenían su buena porción de nieve, recubriendo solo en algunos partes.

Con el paso de los minutos y su admiración alrededor, fue una sorpresa encontrarse con el final del bosque, donde comenzaba un mar de hierba muy deferente a por el lado rocoso por el que habían entrado.

El Lord levanto el rostro cuando noto que estaba cayendo una ligera nevada más allá del inicio de los árboles. Soltando las riendas de la yegua de su esposa, comenzó a avanzar a un paso más veloz. Sasuke sentía en las mejillas los copos, que se deshacían en la más suave de las lluvias cuando le llegaban a la piel. Se reclino sobre el caballo, jalando las riendas para que este comenzara a galopear, sintiendo el viento y los copos acariciándole el rostro. Tras él, Hinata intentaba seguirle el paso, disfrutando de las mismas caricias de la brisa sobre su rostro, sintiendo el mismo placer de libertad que su marido mientras hacía correr a su caballo.

Por mucho que Hinata intento mantener la calma, el corazón le revoloteaba como una mariposa en el pecho, haciéndole cosquillas que le hacían seguir apretando las piernas a los costados del lomo del animal, cogiendo con fuerza las riendas para montar nuevamente al viento.

Sasuke miro por el rabillo del ojo cuando noto una sombra cernirse a su lado. La princesa cabalgaba con tanto orgullo como una salvaje, meciendo sus ropas y cabello con el viento mientras en su rostro destellaba la alegría de las amazonas. Le sorprendió lo fácil que le dio alcance, manejando las riendas como si hubiese nacido cogiéndolas.

—Ve alrededor del torreón.—Le dijo con fuerza, para que oyera atreves del viento—Tras el encontraras el campamento.—Le informo antes de dar un ligero apretón con sus piernas al caballo, haciendo que este fuese a un galope superior.

Hinata miro la espalda de su marido mientras se iba haciendo más pequeña con la distancia. Había aminorado el paso tras escuchar sus palabras, sorprendida de que le dejase sola en el exterior, lejos de la protección de muros o sirvientes. Tras recobrar el sentido, volvió a galopar, dispuesta a dar alcance al Lord, divisando rápidamente el alto torreón que se levantaba a unas cuantas millas sobre la hierba.

Hizo correr aun al animal, recibiendo de este una respuesta inmediata, tardando poco en conseguir nuevamente estar a la par con el de Lord Uchiha. Ambos rodearon juntos el torreón, donde se encontraba un vigía del clan Hozuki. La Hyuga imagino que a metros se encontraría el campamento, sin embargo, tuvieron que andar un tiempo más para poder ver a lo lejos las carpas, apenas visibles entre la nevada.

Entre más cerca se encontraban, más fácil fue poder ver a las personas reunidas frente a las carpan en su espera.

—Aminora el paso, mi señora, pronto estarás frente a tu gente.—Le aconsejo el Lord, mientras se erguía y jalaba levemente las riendas.

Hinata imagino que se refería a los habitantes de las tierras bajas, pero al ver a casi todo el clan reunido supo que se refería a los Uchiha. Su nueva gente.

Cuando llegaron, Neji le ayudo a bajar del caballo e Ino y Tenten la tomaron de los brazos cuando notaron lo difícil que le era sostenerse sobre sus piernas. Tal hecho hizo gritar a los Uchiha de gusto, creyendo que su estado se debía a que su Lord había montado a la joven.

La rubia y la castaña la encaminaron sin ningún problema a la tienda donde había tenido su bochornoso momento, llevándola después detrás de donde se sentaba el Lord, donde ahora estaba una segunda silla más pequeña.

Ino le explico con voz suave que la carpa había sido separada para su llegada, así tendría tiempo de acostumbrarse a su nueva vida, entre tanto, Tenten había pedido a un joven guerrero que encendiera la hoguera en medio de su parte de la tienda para poner agua a hervir y que llevase una bañera de cobre-Un regalo más de novia- , y que acarrease agua de la charca cercana. Cuando el baño estuvo a punto, Ino la ayudo a entrar y se metió al agua junto con ella.

Las mejillas de Hinata se colorearon mientras la rubia enjabonaba su cuerpo con un trapo, limpiando el sudor que había en su torso y hombros. Tenten en cambio se ocupaba de lavarle la cabellera y se la desenredaba suavemente. La rubia le froto la espalda y las piernas antes de comenzar a hablar.

—Parece usted, mi señora, un conejillo asustadizo.—Le comento, recibiendo una mirada de parte de la castaña.

—Ino.—Le dijo severa—No seas grosera y confianzuda. Es la Lady Uchiha.—Reprendió con más severidad.

La rubia frunció el ceño y se calló, no sin antes murmurar algo entre dientes que le pareció a Hinata un "Chica salvaje". Ella por otro lado bajo la mirada al agua, el simple hecho de ser llamada por aquel estatus le parecía lejano, como si no fuese ella. Ahí, en lo alto de las montañas del norte ni siquiera se sentía una princesa como en el complejo Hyuga, donde vestía seda y llevaba alhajas. En el campamento Uchiha ella había sido despojada de sus joyas, llevaba pieles pesadas y cuero duro en los pies. Sería difícil para ella acostumbrarse a ser una Lady.

—Mi señora, ¿Qué tal le fue en su consumación?—La rubia no aguanto mucho con la boca cerrada, y pregunto con curiosa mórbida tal asunto.

Hinata levanto su rostro, con sus mejillas más rojas que antes y sus ojos abiertos sorprendidos, con la mandíbula mediamente aflojada por aquello, logrando un gesto se sorpresa gracioso.

—¡Ino!—Grito Tenten con la misma sorpresa que su señora, escandalizada por tal atrevimiento.

—Y-yo…—El rostro de la Lady comenzó a parecer un tomate.

—Mi señora, no tiene por qué responder eso.—Apuro de inmediato la castaña, logrando que las mejillas la rubia se inflaran.

La Hyuga desvió la mirada antes de volver a mirar hacía enfrente suyo, donde la chica seguía tallando sus delicados pies. Ino le pareció hermosa, con un rostro en forma de corazón, con ojos azules claros y unas cejas finamente delineadas de un rubio más oscuro que su cabello. Sus hombros y rostro estaban sonrojados por la humedad cálida del agua y su larga cabellera flotaba a su alrededor de ella haciéndole parecer oro puro. Parecía una chica alegre y de confianza. Tenten también se lo pareció, así que le costó solo un poco confesarse con ellas.

—Yo…El… el Lord Uchiha no…—Sus vagas palabras trajeron toda la atención de sus acompañantes, que dejaron de hacer sus tareas para mirarle atentas—El Lord Uchiha, n-no me to-toco.—Dijo en tono bajo por la vergüenza.

Ambas chicas intercambiaron miradas antes de ver con ternura a la Hyuga. Tenten sonto con suavidad su cabello para ir a un lado de la tina y ponerse de rodillas a su lado, recargando sus brazos en el borde de la bañera y sobre estos su barbilla. Ino se reclino un poco hacía el frente dejando los pies de la chica en paz, dejando que sus ojos trasmitieran confianza.

—Entonces mi señora, el Lord ha dejado que disponga de tiempo para desflorarla.—Le animo la rubia, sonriéndole cálidamente.

—Es usted muy delicada e inocente como para que Lord Uchiha la tome entre la hierba del bosque, seguro esperara a que se acostumbre a su presencia para reposar en su lecho.—Apoyo la castaña.

Hinata miro con vergüenza sobre sus pestañas a ambas chicas antes de sonreírles con pena, aun así, se sitio cómoda a su lado, más abierta con ellas.

—Su secreto está seguro, mi Lady.—Dijeron al unísono ambas esclavas antes de volver a su labor.


Un gruñido salió desde el fondo de la garganta de aquel alto y fornido hombre sentado entre los jergones de finas telas. Vestido con seda fina y un saco finamente tejido con hilo de plata que tenía hermosos dibujos. Sus pies descansos cernidos sobre la alfombra hicieron tintinear el oro en sus tobillos cuando se pusieron más firmes para que el hombre se levantara.

La mujer frente al hombre, con su hermoso cabello rojo trenzado lo miro con una ceja alzada. El líder de clan frente a ella parecía un majestoso dios, con su cuerpo bronceado por el sol y con todas aquellas alhajas en su cuello, en sus brazos desnudos, en sus muñecas, dedos y en el cinto que ataba sus pantalones. Hasta en su frente, donde varias cadenas pequeñas de oro incrustadas con piedras preciosas hacían de lo que parecía una corona.

Los ojos rojos como la sangre la miraron entre cerrados, con un expreso odio marcado en ellos.

—¿Cuándo te enteraste?—Pregunto con ira.

La mujer estaba dispuesta a contestar, pero el hombre a su lado, poseedor de una cabellera tan roja como el vino y con unos ojos de un verde tan claro como las lagunas más puras avanzo antes que ella. El hombre de gestos fríos miro sin temor alguno al furioso líder que le devolvió la mirada.

—La noticia llego un par de semanas después de que Lady Uzumaki llegase. Un mercader la a traído, nos dijo que un hombre de las tierras bajas le compro a una esclava para regalársela a la futura Lady del Lord Uchiha.—Le informo con voz monótona, como si la información no tuviese relevancia.

Otro gruñido nació en el hombre que llevo una de sus manos a su frente, descansando en la palma abierta su cabeza mientras sus parpados se apretaban tan fuerte como sus dientes, que eran visibles por la mueca de impotencia que hacía.

—Malditos.—Murmuro con odio mientras descendía para sentarse en el jergón.

La luz del sol atravesaba la tela de la tienda, bañando el lugar con luz, haciendo que el rojo de la alfombra luciese amenazante mientras que la tela amarilla parecía oro derretido por doquier. Cuáquese que entrase en esa tienda pensaría que su dueño tenia predilecto por todo aquello que brillase.

Primero fue un murmullo que sorprendió a aquellos dos pelirrojos, después, una risa suave que poco a poco se convirtió en una carcajada, haciendo caer de espaldas al líder mientras llevaba sus manos a su vientre, intentando calmar la gracia que le causaba todo aquello.

Los ojos color azules se encontraron con los turquesa de su acompañante, ambos levantando una ceja intrigados por aquella reacción de su líder.

—¿Ser Sabaku?—Pregunto dudosa la mujer.

El hombre solo elevo mediamente sus hombros en señal de no tener ni idea, entre tanto, el líder se enderezo, mirando con una sonrisa alegre a sus invitados.

—El cabron no me invito, ¿Qué más confirmación necesitamos para saber que fue su culpa?—Les pregunto con sarcasmo, a pesar de lo alegre que parecía.

—Pero tiene a una Uzumaki en entre sus hombres.—Aclaro la mujer, recibiendo una mirada escéptica de parte del hombre sentado.

—Creo que lo debemos de pensar mejor.—Sugirió el pelirrojo.

Pero el hombre negó con la cabeza antes de volver a alzarse con toda su majestuosidad, pareciendo casi etéreo entre todos los destellos que emanaban de sus alhajas y ropas.

—Madre, Ser Sabaku No Gaara.—Les llamo cuando pasaba a su lado, camino a la tela que hacía de puerta—Es hora de reunir un ejército.—Se detuvo al declarar eso, virando el rostro para mirarlos sobre su hombro—Atacaremos al Norte.