"Los sueños son algo que muchas personas tienen, pero muy pocas pueden alcanzarlos haciéndolos realidad.
Son algo lejano que la mayoría de las veces son hirientes y duelen por el simple hecho de ser eso: sueños".
C.G.V.
CAPITULO IV
-¿Niñas ya están listas?, porque ya las están esperando—dijo la Sra. Kanzaki entrando en la habitación de sus hijas.
-Estamos listas madre—dijo Henrrietta
-Bien, entonces bajemos, no hay que darse tanto a desear—
-Y se van a quedar mucho tiempo en Asturia?—le decía el Sr. Kanzaki a sus invitados
-Pues no tenemos nada concreto aún, pero esperamos que nos valla bien, ¿no es así Lord Allen?—dijo Van con malicia, y antes de que Allen pudiera decir algo fue interrumpido por la voz de su anfitrión.
-Oh! Ya bajan mi esposa e hijas—
Todos los presentes subieron la mirada hacia las escaleras, donde las tres damas ya bajaban.
A la cabeza estaba Emelia con un vestido hecho de gruesa seda color verde manzana y con un favorecedor adorno en el talle en forma de uve.
Tanto Hitomi como Henrrietta se quedaron de piedra al ver a los dos caballeros que estaban abajo con su padre pues los reconocieron inmediatamente.
Henrrieta tenía un aspecto fresco y elegante, ataviada con un vestido azul y blanco adornado con un lazo en el cuello y una fila de botones de perlas que descendían por la pechera del corpiño.
Hitomi Llevaba puesto un vestido de seda color azul claro, con escote en la espalda y drapeados de gasa que cruzaban el corpiño formando un aspa. Las largas mangas estaban confeccionadas en una gasa más transparente y llevaba guantes blancos en las manos. La imagen de los brazos desnudos bajo la tenue seda azul le confería un aire sofisticado y atrevido. Las tres mujeres lucían un peinado sencillo agarrado por detrás con horquillas igual de sencillas pero elegantes.
Cuando ya por fin las damas estuvieron al pie de la escalera fueron presentadas por su padre a los caballeros, fingiendo (tanto ellos como ellas) no conocerse. Pero a las hermanas Kanzaki las traicionaba su mirada de perplejidad y angustia.
Pero la mirada de ellos era diferente, no reflejaba angustia o temor alguno, ni sorpresa por verlas ahí, era una mirada de asombro, de pasión y de deseo (sobre todo la de Allen), eran las miradas de unos hombres que pareciera que habían estado solos en una isla desierta y de repente se hubieran encontrado con aquellas extrañas bellezas. Las mujeres en consecuencia se pusieron rojas como la grana y su respiración amenazaba con acelerarse al punto de no dejarlas respirar, se sentían desfallecer por culpa de la virilidad N/A no se si esta bien ocupar esta palabra, pero me pareció la única correcta para describir esta escena que emanaba de esos hombres tan guapos y tan imponentes que había al final de la escalera, sintiendo el deseo de desmayarse por el simple placer de yacer en sus brazos.
A pesar de todo, las dos mujeres consiguieron guardar la compostura y la calma y actuar como lo marcaba la etiqueta, con recato y respeto hacía los recién presentados.
-Señores les presento a mis dos hijas, las señoritas Henrrietta y Hitomi Kanzaki—al oír sus nombres ambas mujeres hicieron una reverencia—Lord Van Eslanzar Fanel y Lord Allen Schezar—termino diciendo Nikolái, mientras los aludidos hacían una reverencia a las damas apenas presentadas.
-La cena ya esta lista, querido—le dijo Emelia a su esposo
-Bien pues entonces pasemos a la mesa—
-Si me permite—dijo Van de un modo repentino a Hitomi ofreciéndole su brazo
-Con gusto—contesto Hitomi con un ligero rubor en las mejillas y muy asombrada por su acto de galantería. Van miro ha Allen con una mirada inquisitiva informándole que tenia que hacer lo mismo con Henrrietta.
-Me permite?—le dijo Allen a Henrrietta extendiéndole el brazo para escoltarla a la mesa.
Para no quedarse atrás Nikolái tomo la mano de su mujer y la puso sobre su brazo; así las tres mujeres llegaron a la mesa, escoltadas por tan gallardos y elegantes caballeros.
Ya estando todos sentados a la mesa y con la cena a medio terminar, el Sr. Kanzaki habló, desasiendo así el incomodo silencio que se había formado entre todos ellos.
-¿Por qué todo el mundo esta callado el día de hoy?—
-Padre, perdone mi pregunta pero, ¿no íbamos a tener hoy el placer de conocer a Lord Dilandou?—dijo Hitomi sin poderse contener
-Espero que nuestra presencia en lugar de la del caballero no la moleste, señorita Hitomi—se apresuro a decir Van
-Por supuesto que no—dijo Hitomi apresuradamente—es sólo que nosotras…—dijo viendo de reojo a su hermana—creíamos que Lord Dilandou vendría esta noche para…—no pudo seguir hablando pues le avergonzaba siquiera pensar en lo que Dilandou y sus padres les querían hacer a ella y a su hermana.
-Lord Dilandou a tenido un pequeño contratiempo y no podrá venir el día de hoy, pero no te preocupes hija, lo más probable es que hagamos otra cita para que las vea—dijo el Sr. Kanzaki con ojos soñadores.
--Si me permitid el preguntar…—dijo Van— ¿Porqué es tan importante el caballero?—
-Bueno, es que Lord Dilandou nos honrara tomando por esposa a una de mis hijas—
-Creo que estuvo mejor que el Señor Dilandou no asistiera a esta cena—dijo Emelia exteriorizando (sin querer) su aversión por tal caballero, lo que provoco que todos la voltearan a ver con mirada interrogativa; sólo su marido que sabía que su esposa no estaba de acuerdo en casar así a sus hijas, y mucho menos con un hombre que les llevaba como mínimo 15 años de diferencia; le mando una mirada de advertencia.
-Me doy cuenta que Lord Dilandou no es de vuestro agrado—dijo Allen con una sonrisa de satisfacción que sólo fue visible para Van que lo conocía muy bien.
-No es eso os lo aseguro, mi esposa no quiere perder a las niñas todavía, no es así querida?—la Sra. Kanzaki asintió
-Entonces…—dijo Van mirando a las jóvenes damas—si me permiten preguntar, ¿quién de ustedes es la afortunada para casarse?—
-Bueno—dijo tímidamente Henrrietta—la verdad es que todavía no sabemos eso—
-Verá, lo que pasa es que la visita del Conde de Westcliff N/A este es el titulo mobiliario de Dilandou era precisamente para hacer las presentaciones adecuadas y eligiera a una de mis hijas—
-Entonces… ¿por ahora no hay compromiso alguno con el caballero ni con ningún otro hombre?—
-Pues no, ¿a que debo tanta curiosidad por su parte Lord Van?, si me permite preguntar claro—dijo muy intrigado y satisfecho Nikolái. Van estaba seguro de que el Sr. Kanzaki se había dado cuenta de sus intenciones con respecto a sus hijas.
-Es que teniendo unas hijas tan bonitas, no comprendo que no tengan ya algún pretendiente o algún otro compromiso—
-Pues he de decirle que pretendientes no faltan, pero ellas parecen no estar interesadas—
-Lo que pasa es que una no se puede enamorar de un día para otro y mucho menos casarse así como así—fue la respuesta repentina de Hitomi.
-Entonces, usted cree ciegamente en el amor?—dijo Allen un poco extrañado
-Tal ves no ciegamente, pero sí creo en el amor y hasta me atrevo a decir que sólo me casare cuando este enamorada del que será mi marido—
-Y si el Conde se decide por vos?, dígame que es lo que tiene que hacer un hombre para enamorarla?—Van pregunto con un interés tan peculiar que hasta a él le sorprendió.
-Creo que tendría que hacer muchos meritos y esforzarse en ello, admito que soy un tanto romántica—
-Romántica?—pregunto Van sin saber por que demonios se estaba interesando tanto
-Sí, flores y poesía—dijo Hitomi muy divertida por la situación.
Van al haberla escuchado y analizando su comportamiento empezó a sentir cierto interés por la dama y se propuso observarla con más detenimiento.
Henrrietta que casi no había hablado durante toda la velada, pronto se dio cuenta que estaba siendo observada por Allen y eso hizo que se sintiera incomoda.
-Veo que es usted más reservada que su hermana, Srita. Henrrietta—dijo Allen dándose cuenta de su incomodidad provocada por él.
-Bueno… sí así es, como puede usted notar Hitomi tiene más facilidad de conversación—
La cena transcurrió tranquila y con la conversación de temas triviales, política, climáticos, de sociedad, etc. Terminada la cena pasaron a un pequeño pero acogedor salón para tomar el té. El Sr. Kanzaki que se había dado cuenta de las constantes miradas de Allen hacía la mayor de sus hijas, quiso hacerlo saber a su esposa así que con una cortes reverencia ambos salieron de la sala, quedando sus hijas a merced de los caballeros.
-Milord nosotras… bueno, quisiéramos agradecerles por no haber mencionado antes nuestro encuentro fuera de la iglesia—dijo Henrrietta con mucha vergüenza ha Allen, pues no podía ver los penetrantes y atrayentes ojos de Van.
-Nosotros no podíamos hacer tan grave falta para vosotras, nosotros sabemos lo que les hacen a las señoritas que se presentan solas—
-Que pensaran ustedes de nosotras, estamos verdaderamente apenadas—
-No debe preocuparse por eso, nosotros no lo vemos como algo malo…—
-Y desde luego que no tiene importancia, así que esperamos que nuestra presencia no las moleste de ninguna forma—dijo Van metiéndose en la conversación.
-De ninguna manera nos molestan, milord—respondió Henrrietta
-Entonces caballeros, ¿de donde decid vos que sois?—dijo Hitomi para cambiar la conversación y con una aparente curiosidad.
-No lo hemos mencionado, a ustedes claro—dijo Van vagamente—somos del reino vecino ha Asturia, Fanelia—dijo con un tono de orgulloso en su voz
-Dicen que es un reino rodeado por dragones de la tierra, ¿es eso cierto, milord?—pregunto tímidamente Henrrietta—además de ser muy hermoso y con unas vistas espectaculares.
-Así es—respondió Allen con el mismo tono de orgullo en la voz—y también e de decir que tiene una vegetación y clima muy agradable
-Veo que quiere mucho su país de procedencia, milord—dijo esta vez Hitomi—perdone mi impertinencia milord—dijo esta vez refiriéndose a Van—pero, ¿esta usted emparentado de alguna manera con la familia real de su reino?, lo pregunto porque su apellido es como el nombre de aquel reino
-Pues sí, estoy emparentado con la familia real—dijo Van con un poco de vacilación
-Oh!, y que lo trae ha Asturia, milord?, claro si se puede saber—Hitomi estaba rebasando los límites de la impertinencia, pero aún así Van respondió
-Venimos ha Asturia por un asunto con su majestad el rey Aston y…—
-De paso para conocer la ciudad—Allen termino la frase por Van
-Entonces debo comprender que usted y Lord Allen, jamás han estado aquí en Asturia?—
-Pues yo si había venido, pero Lord Van jamás había salido de Fanelia—dijo Allen con una sonrisa burlona, con lo que provoco un pequeño sonrojo por parte de Van
-De verdad?!—dijo Hitomi muy sorprendida viendo a Van con cara de asombro muy mal simulado, lo que provoco cierto grado de incomodidad en él
-Lo que pasa es que tengo muchas cosas que hacer en Fanelia y no pueden ser atendidos por otra persona—Van dijo con tono y cara de autosuficiencia
-Así que el que tiene que atender sus asuntos en el exterior soy yo—dijo Allen con una mentira de pesadumbre
-Usted debe ser una persona muy, muy importante—dijo Hitomi a Van aún estaba embelesada por él y no se había dado cuenta de lo que acababa de decir Allen
-Usted debe conocer muchos lugares y a mucha gente—dijo tímidamente Henrrietta a Allen, estando también muy sorprendida y la vez sintiendo algo de curiosidad por Allen
-Así es, unos lugares muy hermosos debo decir y gente muy agradable también, pero nada comparado con Asturia y sus hermosas playas y gente igual—dijo con una mirada picara hacia Henrrietta.
Allen y Henrrietta eran los únicos que siguieron hablando, y se habían entrado tanto en la plática, que Henrrietta tenía cada vez más soltura al hablar y de vez en cuando los dos se sonreían.
Tan preocupada estaba Hitomi con las atenciones que Allen dedicaba a su hermana, que ni siquiera sospecho que el amigo de aquél había empezado a estudiarla a ella con cierto interés.
-Querido no me parece correcto que dejemos a las niñas solas con dos caballeros que apenas hemos conocido—decía Emelia a su marido mientras era llevada fuera del salón de té.
-No te preocupes querida, confío en ellos. Pero no sigamos hablando de ello—dijo sin dar tiempo a su esposa de protestar—te e sacado del salón porque creo que Lord Allen ha quedado prendado de la belleza de nuestra hija Henrrietta—
-Sí yo también lo he notado, pero, no creo que sea para tanto—
- Oh querida! ¿No te das cuenta, acaso, de lo que eso significa?—Emelia lo miraba sin entender, por lo que Nikolas siguió—sería muy conveniente si ellos llegasen a algo—
-Oh! Señor Kanzaki!, es que sólo piensa usted en fortuna y dinero?, por no decir el titulo de Lord Allen que esta un peldaño más arriba sobre el de Lord Dilandou—
-Claro que no!!, yo sólo quiero lo mejor para las niñas y su bienestar. Usted bien sabe que les di la oportunidad de elegir con quien casarse, la oportunidad de la felicidad, pero ellas declinaron todas sus oportunidades rechazando a cuanto pretendiente se les puso enfrente, ahora lo único que importa es que estén bien casadas, y que mejor si lo hacen con caballeros de semejante posición y…—
-Y por eso las quiere vender al Conde Westcliff o a Lord Schezar? —dijo Emelia tajante
-Por Dios, mujer no las estoy vendiendo—
-Pues no lo parece, puesto que usted no hace más que hablar de la fortuna del conde y ahora que han aparecido dos caballeros de buena posición y fortuna usted les arroja a las niñas como mercancía ba…—
-¡Ya basta! No voy a permitir tal falta de respeto a mi persona, eres mi esposa y por lo tanto me debes respeto y sumisión, y lo que yo hago o digo es ley para ti, ¿esta claro?—dijo Nikolas muy enojado y autoritario, sacando todo lo machista que jamás había sido en toda su vida, y mucho menos en su matrimonio, pues aunque la mujer no tenia voz ni voto para cuestiones de cualquier índole, él siempre había tratado a su mujer y a sus hijas como si fueran su igual y hasta les había dado libertad dentro de lo tolerable. Aunque estaba arrepentido de haberle hablado de esa forma a su esposa, no pediría ningún tipo de disculpa, pues eso sería como doblegarse ante alguien supuestamente inferior a su sexo y condición se amo y señor de la casa.
-Si mi señor—dijo Emelia muy sumisa y demasiado perpleja y asustada por las palabras y el tono de voz de su marido.
-Usted sabe que se les esta pasando el tiempo para contraer matrimonio, además del hacho de que no cuentan con una dote atrayente para los caballeros—dijo con su voz más calmada—…y por desgracia ni usted ni yo viviremos por siempre para seguir manteniéndolas, y sólo Dios sabe de que vivirían y como si se quedan solteras.
Con un poco de vacilación la Sra. Kanzaki dijo—y piensa que uno de nuestros invitados se casara con una de nuestras hijas?—
-He tenido el atrevimiento de observar cuidadosamente y con detenimiento a los caballeros, me he dado cuenta que su majestad es un poco indiferente con respecto a las niñas, pero, por el contrario, Lord Schezar no paraba de mirar a Henrrietta, esta al pendiente de cada gesto, palabra o ademan que ella hace, y lo mejor es que ella no parece disgustada por eso, al contrario creo que él también le agrada—
-Entiendo, pero, se le olvida algo—
-¿Él qué?—
-Que ese tipo de gente adinerada y con poder suelen buscar a jovencitas como nuestras hijas para… para…ponerlas bajo su protección—
-¿Se refiere a que puede ser que Lord Allen no quiera casarse con Henrrietta por que puede convertirla en su amante?—
Emelia asintió con la cabeza
-Aunque así fuera yo jamás lo permitiré, mis hijas no serán las queridas de nadie sólo porque no posen una cuantiosa fortuna o un titulo que las ampare—
-Usted sabe que si uno de ellos decide convertir a una de las niñas en su…compañera de cama, usted no podría hacer otra cosa que aceptar pues son hombres poderosos e influyentes—
-No, no mujer eso no será así, su mirada es la de alguien que se esta enamorando de ella, de alguien a quien admira, es como sin con la mirada la quisiera proteger—
-Juro que es usted muy observador, Sr. Kanzaki. Pero aunque así fuera, los caballeros partirán mañana y con sólo una tarde-noche el caballero le pedirá matrimonio—
-En eso creo que tiene razón, tal vez exageré con mis expectativas—dijo algo decepcionado.
-No se preocupe mi señor, Dios bendito protegerá y ayudara a sus hijas en la caza de una marido adecuado para ellas, usted confié—
-Usted siempre tan religiosa y tan sabia—y diciendo esto le dio un beso, suave y dulce, pero breve en los labios, demostrándole así cuanto la quería y la necesitaba, y de cierta forma era su manera de disculparse con ella por como le había hablado antes y eso ella lo sabía y las aceptaba respondiendo al beso.
-Hemos visto que su padre posee unos ejemplares magníficos de purasangre—decía Allen a las jóvenes Kanzaki aún en el salón de té
-Así es, en los últimos tiempos nuestro padre se a obsesionado con la cría de caballos—respondió Henrrietta un tanto insegura, pues una mujer no debía de hablar de los negocios de un caballero.
-¿Les gustaría conocer los alrededores?—dijo entonces Hitomi, viendo el conflicto interno de su hermana
-Por supuesto, sería un verdadero placer conocer este hermoso lugar en compañía de unas hermosas damas como vosotras—dijo Allen todo un donjuán
-Si nuestro padre no tiene inconveniente podemos dar un paseo mañana temprano—
En esos momentos los señores Kanzaki entraron en el salón.
-Padre, nos preguntábamos si usted tendría algún inconveniente en que nosotras les mostráramos los alrededores a los caballeros mañana por la mañana—
-Entonces piensan quedarse más tiempo?—pregunto el Sr. Kanzaki un poco perplejo
-No pensaban quedarse más de una noche?—dijo Hitomi antes que nadie
-Bueno querida—empezó Emelia—es una coincidencia que los caballeros estén aquí, si lo están es por el mal tiempo que hace afuera y porque cabalgaron mucho y sus caballos estaban demasiado cansados para seguir andando—
-Oh! En ese caso no deben preocuparse por la invitación...—
-No nada de eso—dijo Van un poco brusco—nosotros aceptamos su invitación gustosos—
-¿Esta usted seguro Lord Van?—esta vez hablo Henrrietta
-Claro que sí, pero os advertimos que tendrá que ser un viaje muy corto y algo rápido, pues su Majestad el Rey Aston se enojara mucho si nos retrasamos más de lo debido—
-Entonces tened que llegar al castillo a primera hora mañana—
-Así es, pero será un placer conocer este bonito lugar y...—
-Lord Allen, usted puede quedarse si así lo queréis—dijo Van un poco decepcionado pues quería presenciar los progresos de su amigo en las cuestiones amorosas
-Pero...—
-En verdad no se preocupe milord, ya habrá otra ocasión—Hitomi estaba realmente apenada por los hechos
-Que les parece si mejor nosotros las invitamos a pasar una temporada en Fanelia?—dijo Van tan repentinamente que ni él mismo se lo creyó, Allen no pudo evitar su emoción
-Bueno... nosotras no hemos salido de esta ciudad jamás—dijo Henrrietta dudando
-Si ustedes desean ir por mi parte no habrá ningún inconveniente, siempre y cuando lleven a la tía Eries como carabina—dijo el Sr. Kanzaki
-Esta usted seguro padre?—le pregunto Hitomi sin creérsela
-Claro que sí, amenos claro que ustedes sean las que no quieren asistir al viaje o que los caballeros se arrepientan de su ofrecimiento—
-Nuestra invitación sigue y seguirá en pie, os lo aseguro—dijo muy convencido Allen
-A nosotras nos gustaría mucho ir y conocer, pero no sé—dijo Hitomi entusiasmada y a la vez asustada
-La invitación también es para vos y su esposa—le dijo Van a Nikolas
-Me gustaría mucho aceptar, pero esta temporada tengo mucho trabajo que requiere de mi presencia, sin embargo, mi esposa puede asistir si así lo desea
-Yo... bueno... la verdad es que no quisiera dejar a mi esposo solo—se disculpo Emelia.
-Niñas en usted recae la decisión, yo confió en vosotras y sé que no harán nada que deshonré a la familia, además, como ya les dije, si deciden ir llevaran a su tía Eries como su carabina—dijo el Sr. Kanzaki muy divertido pues sabía que su hermana era la personificación del decoro, el recato, la decencia y la moral en modo exasperante, y que a sus hijas no les agradaba la idea de tener a alguien así para vigilarlas todo el tiempo.
-Si gustan pueden darnos su respuesta mañana temprano para que no se presionen ahora—dijo Van amablemente y por que además ya quería retirarse a descansar.
-Bien entonces será mejor irse a descansar—dijo el Sr. Kanzaki—sus aposentos ya están listos milord, mi esposa los guiará hasta ello—
Dicho esto se pusieron todos de pie (las mujeres, pues los hombres habían estado de pie durante toda la conversación N/A en aquellos tiempos se acostumbraba que las damas de buena cuna se sentaran con la espalda bien recta sin tocar el respaldo de la silla o los recarga-brazos, mientras que los hombres permanecían de pie aun lado de una silla de alguna dama) y empezaron a salir del pequeño salón, se despidieron con un "Buenas noches" y una pequeña reverencia de cabeza y cada uno se dirigió a su habitación a dormir y descansar.
¿Qué les ha parecido?¿les gusto? Espero que no los haya decepcionado, y que haya valido la pena la espera pues tuve que hacer muchas correcciones. Espero me perdonen por la tardanza y que les haya gustado. Por favor déjenme su comentario, es importante para mí. Tal vez tarde en actualizar porque estoy estudiando para mi examen de la uni, y porque tengo que entregar muchos trabajos en la escuela, pero prometo recompensarlos poniendo el siguiente capitulo más largo. Nos leemos en la próxima.
