Uy! Valga aclarar que los personajes pertenecen a la fantabulosa Stephenie Meyer y su saga Twilight.

Gracias por todos sus reviews, los aprecio mucho, pensé que nadie tendría voluntad para leer la historia desde el principio otra vez, pero ya ven, me equivoque, a las que sean nuevas lectoras bienvenidas y a las que no bienvenidas otra vez. Un gran abrazo.

Bella.

Bueno " pensé" algo positivo debía salir de todo esto.

El doctor no volvió a hablar de mi dolor de cabeza pero por Ángela me enteré de que estaba en Saint George firmando todos los papeles de nuestra adopción, ella estaba feliz, se notaba cada vez que hablábamos.

A diferencia de mí.

Yo estaba pasmada, no solo porque, así tan repentinamente había encontrado una familia, sino porque no podía dejar de pensar en el hijo de el doctor. Como una tonta quinceañera, empezaba a verlo en mi imaginación que antes no había sido tan vivida, en sus brazos, y no podía controlar las imágenes que mi cerebro reproducía, lo peor de todo era que eran tan verdaderas que me daban miedo, y a la vez intriga, por que al ser tan vivida parecía que ya la hubiera presenciado antes, mi corazón ya no estaba bradicardico y sorprendentemente desde el día de la visión, mi cabeza no había vuelto al doler, eso hacia una semana.

En ese momento Ángela me estaba ayudando a lavarme el pelo, tenía una toalla alrededor de mi cuerpo, Ángela me terminó de cepillar y me dijo que iba a tomarse un café, ella desde hacía tres días había abandonado el orfanato y estaba viviendo en el hospital conmigo, me soltó el cabello y se marcho, yo seguí cepillándomelo, todas las ideas me daban vueltas, tal lentamente como el cepillo se deslizaba por mi cabello.

Cerré los ojos y aspire el olor encerrado con el vapor, de mi shampoo en el baño, el vapor...casi podía sentir que tocaba mi piel, por un instante me permití suspirar, todo era...extraño, tendría una nueva familia en dos días...dos días...y luego pensé en el…en sus ojos poderosos…

Vino a mi mente casi tan pronto como di un respiro. Una imagen demasiado vivida de algo que nunca había hecho en mi vida…el me estaba besando.

Yo nunca había besado a nadie pero en mi placentera visión lo besaba a él con la pasión de alguien que lo sabe hacer muy bien, las manos de él repartían caricias por mi espalda y ¿caderas?, vaya..., me dio calor solo imaginarlo, yo nunca había estado tan cerca de alguien en mi vida, esto era casi acercarse a la felicidad, sin poder contenerme un gemido suave brotó de mis labios, de alguien que esta... bueno podía suponerlo. El calor me recorrió cuando las manos de él que me apretaron contra su pecho. Era musculoso, casi podía sentir el tacto en mis vacios dedos, gemí nuevamente y fue cuando sentí que alguien estaba respirando cerca de mi oído, y escuche la voz que decía suavemente…

- Lamento interrumpir...- su voz penetró por mi conciencia y solté un grito ahogado y me puse pie, sujeté la toalla a mi alrededor porque sabía que cualquier movimiento podía hacerla deslizarse por mi cuerpo, " no puede ser" pensé. Era él, tenía la mirada oscurecida por algún extraño motivo y se había envarado lo cual delataba que había tenido que inclinarse para llegar hasta mi posición…lo cual seguramente implicaba que llevaba allí bastante tiempo.

- Yo...- me quedé sin palabras y tragué en seco, casi me atoro pero conseguí humedecer mis labios, avergonzada de que él hubiera presenciado este momento de... ¿debilidad? y precisamente con él - Lo siento mucho, no sentí que llegaras...-

- Y yo siento interrumpirte en tu...descanso- sonrió de lado y un estremecimiento, que no tenía nada que ver con mi nerviosismo, recorrió mi cuerpo.

Di un paso y me tropecé con el lavamanos, su sonrisa desapareció y cuando lo miré pude ver que en las manos tenía un certificado, eran los papeles de mi adopción, según pude leer en el encabezado.

Tragué más fuerte y por unos instantes él se quedo mirando mi cuello, o eso me pareció, luego me di cuenta de que tenia la vista fija en mi boca, la cerré de inmediato ya que me había quedado mirando la intensidad de sus ojos.

- Esto es lo que tienes que firmar para que en cuanto termines acá te lleven a la casa de mi padre -

Así que era cierto, yo miré los papeles, y al ver tanta solemnidad me dije que todo era muy serio, era realidad que me iba a vivir con los Cullen, como una más de sus hijas…

- ¿Podrías esperar a que me...vista...?- él me miró de arriba a abajo, y casi me desmayo cuando lo hizo, después dijo, descartándome tan fácilmente como había dejado de mirarme;

- Claro...- se dio la vuelta y salió, y pude respirar, me dieron ganas de coger de patadas todo lo que tenía frente a mí por mi estupidez.

Mi estupidez…

Había hecho el más grande ridículo de mi vida, dejando trasmitir mis emociones mas primarias delante del chico que las producía, solté un bufido nada propio de una chica y comencé a vestirme.

Cuando salió estaba de pie ante la ventana y miraba algo aparentemente concentrado, tosí para que notara mi presencia y se dio la vuelta, la intensidad de su mirada había disminuido ahora solo me miro con indiferencia como si lo anterior no hubiera pasado.

- ¿Qué has decidido?- me preguntó

Era difícil y a la vez fácil responderle, "si por favor por favor llévame contigo, tómame en tus brazos..." "¡Cállate!" le grite a mi conciencia, era algo que debía pensar, si lo iba a tener tanto tiempo tan cerca de mi tendría que aprender a controlarme, no vaya y fuera que por casualidades me le echara encima, miré a mi futuro que siempre me había sorprendido y para mal.

Respiré hondo sentí que él estaba algo ansioso por mi respuesta.

- Si...- dije sencillamente, la sonrisa volvió a su cara, él se acercó la mesa donde habitualmente me servían la comida y me tendió un bolígrafo demasiado elegante, yo no había sostenido uno así nunca.

Me senté y él se me acercó, estaba justo tras de mí y sentí su presencia por triplicado, acercó una mano y comenzó a señalarme los sitios donde debía firmar, me incliné un poco y sorpresivamente lo hizo conmigo, como si yo no me sintiera con el corazón acelerado, mis sentidos se pusieron alerta cosa que no hacían nunca y pude sentir como inspiraba sobre mi cabello. Quise darme la vuelta y mirarlo, pero preferí no hacer nada y más bien seguir firmando el papel, con mi mamarracho de firma. Terminé y se lo di, en el momento en que lo devolví a su mano nuestras pieles se rozaron y el contacto me electrizó, él estaba frio, y el contraste con mi piel, que estaba ardiendo era excepcional, suspiré y me alejé un paso.

- Nos vemos, Bella- me dijo sencillamente, se marchó como siempre dejándome llena de preguntas.

Edward Cullen era para mí un misterio que resolver, no era de las que me proponía resolver misterios hasta conseguirlo, pero él bien valía el esfuerzo…

Se cruzó con Ángela a la salida de la habitación, ella me miró encantada.

- Acabo de hablar con el Dr. Cullen, - vi que tenia las mejillas con lágrimas y me pregunté por qué, llegue a asustarme, si ellos se arrepentían de aceptar a Ángela, pensaba romperle lo que acababa de firmar a Edward en su cara - Me dice que está orgulloso de que haya aceptado ser una más de sus hijas, que estaba seguro de que Rosalíe y Alice, nuestras...hermanas...también estarán contentas de que la familia crezca, no puedo esperar para conocerlas, ya siento que las quiero...- se secó las lagrimas que brotaban de sus ojos y sonrió- gracias Bella, a tu modo, ese extraño modo, ahora tenemos una nueva familia, un sitio donde empezar de nuevo- su mirada se hizo aun mas soñadora, como si pudiera saborear el futuro incierto que se abría ante nosotras.

Yo la miré en silencio y aliviada, si no la aceptaban me hubiera entristecido por dejar pasar la oportunidad de tener una verdadera familia, pero Ángela lo merecía, ella era lo más cercano que había tenido a una hermana, súbitamente la abracé y ella me devolvió el abrazo, así estábamos cuando alguien irrumpió en la estancia, era un chico debía tener más o menos la edad de nosotros.

Al entrar miro a Ángela solamente, parecía como iluminado bajo una luz nueva cuando se quedo contemplándola sin poder decir nada.

Ella y yo nos separamos.

- Siento interrumpir, pero me manda el Dr. Carlisle, quiere saber si las pertenencias de ustedes pueden ser llevadas de una vez a la casa...- yo miré a mi alrededor y vi dos maletas de las que no había estado consiente antes.

- Me tome la libertad de traer tus cosas, Bella, el Dr. dijo que quería tenerte en casa cuanto antes para estudiar a fondo tu caso- yo solo asentí ella se había sonrojado mucho, no lo captaba…

- Está bien- dije. Él se acerco y Ángela retrocedió un paso, él solo tomó las maletas y le dio una rápida mirada antes de irse.

- Dejé las cosas que podíamos necesitar en el baño, solo nos quedaremos dos noches más -

- ¿Cómo se llama?- supe que Ángela sabia quien era ese encantador muchacho, porque sus ojos se iluminaron cuando lo pregunte.

- Se llama Ben, vive con los Cullen, es el conductor -

Lo dejé así, y noté como se sonrojaba mas, sentí deseos de reír, a Ángela le gustaba este chico, casi lo presentí, por la manera en que le miraba y por la manera en que la miraba él a ella, me senté y después me recosté, casi como por costumbre mi cabeza comenzó a darme vueltas, me dio sueño y no supe mas de mi.

Me bañé a primera hora de la mañana y media hora después que lo hice el Dr. Cullen vino a mi habitación y me dio el alta personalmente, una enfermera llegó y empacó lo restante que nos quedaba en mi habitación en un gran neceser, la enfermera trajo una silla de ruedas para llevarme, no la agradecí hasta que sentí un tremendo mareo pero el Dr. Cullen me dijo que eso era normal, respiré el aire de fuera cuando salimos y sentí la brisa en mi cara, cerré los ojos pero los abrí bruscamente cuando antes de cerrar los registre el auto donde me iban a llevar, era el auto de Edward. Lo busqué a él con la mirada y vi que estaba al volante con la vista hacia el frente, no me había visto, o no quería mirarme y esto me molestó curiosamente, el Dr. me dijo:

- Edward las llevará a casa. Hoy no tiene estudio, yo no puedo acompañarles ya que mi turno no termina, pero Esme estará encantada de recibirlas -

Esme era la esposa del médico, no podía imaginarla sino como la mujer más bella, amorosa, solo una mujer así podría haber capturado el corazón de un hombre como el Dr. Cullen, sentí miedo de que no nos quisiera pero debía superarlo porque, de ahora en adelante, viviríamos juntas.

En cuanto subí al auto Edward pisó el fondo del acelerador, y arrancamos a toda velocidad, claro que en su Volvo, el roce de la calle era casi imperceptible parecía ir volando. Miré la ventana y todo paso tan aprisa que me mareé enseguida, Ángela sacó una bolsa con agua fría del neceser que había traído y me la puso sobre la frente. Cerré los ojos y vi que Edward me estaba mirando, y no a la conducción, me horroricé y el mareo se hizo más fuerte, traté de hablar pero no me salía la voz. Ángela se dio cuenta pero al contrario de mi reacción histérica ella le dijo suevamente:

- Edward sería mejor que fijaras tu vista en la calle, no querernos que Bella entre en paro- me removí un poco cuando dijo eso, no era para tanto pero sentía miedo de que pudiéramos estrellarnos, él entendió su indirecta y separó sus ojos de mi. Mi miedo nacía del accidente que había tenido mi madre y mi cabeza no parecía tener la fuerza necesaria para resistir una oleada de dolorosos recuerdos.

Vi todo pasando rápidamente y me dormí, para no marearme más de la cuenta, solo vi muchos colores en mi pesadilla, solo me desperté cuando escuché el sonido de una puerta de auto que se cerraba, abrí los ojos lentamente y sentí mi cuerpo laxo e inmóvil con la cabeza apoyada en el hombro de Ángela, esta se aparto de mi aun sosteniéndome y me empujó suavemente hacia Edward que estaba con la puerta del pasajero abierta y dispuesto a tomarme en sus brazos, traté de sacudirme para que no lo hiciera, quería caminar, no toleraría un acercamiento mas sin hacer nada más que mirar, el brazo musculoso se deslizó en mis piernas y el otro recibió mi espalda ayudado por Ángela, cuando me aseguró, y me recostó contra su pecho, yo no pude quedarme quieta puse mis brazos al rededor de su cuello y me prendí de él como una lapa. No pareció objetar, solo me sostuvo y caminó rápidamente conmigo como si se tratara de una pequeña bolsa, yo me avergoncé de mi peso, el no debía estar cargándome pero aun así me sentía agradablemente protegida en sus brazos. Ángela nos siguió con las cosas y solo pude entrever antes de quedarme dormida otra vez, que la expresión de su rostro, era sorprendida por algo que veía en la fachada de la casa que no alcancé a conocer...todavía.

Cuando desperté supe que era de noche por la oscuridad de la habitación, abrí los ojos en un intento de hacer un reconocimiento del lugar donde estaba, era una habitación espaciosa.

Era dos veces el tamaño de la habitación que tenía en casa de René, me senté un poco y vi que la cama donde estaba acostada tenía cortinas, como si se tratara de una cama de princesa. Estaban recogidas, sobre la mesa de noche había una lámpara antigua y había una jarra con agua, me senté en la cama y mis pies tocaron el alfombrado del piso, era mullido, la habitación tenía un olor muy dulce que no logre identificar, yo tenía puesto un camisón que no recordé haberme puesto y la bata de este camisón, que tampoco parecía pertenecerme, estaba a los pies de la colcha, la cogí y me la puse. No hacia frio y la ventana que había mirando hacia el este era monumental, coronada también por sendas cortinas, me acerqué a ella y vi aparcados frente a la casa, el Volvo plateado de Edward, había un convertible rojo y un todoterreno, eran autos muy finos. Alguien tocó la puerta pero no respondí así que asumí que quien tocó iba a entrar. Corrí por la alfombra y me acosté de prisa para que no me encontraran despierta, aun no estaba dispuesta a lidiar con todo esto. Me tapé hasta la cara y tal como lo supuse la persona entró, eran pasos suaves así que supuse que era una mujer.

- Ya sé que estas despierta Bella - su voz... era una mujer. Me aparté el edredón y la miré y su belleza me deslumbró, debía tener unos 25 años, el cabello era dorado casi rojo, tenía la piel blanca y los ojos dorados, casi como los de Edward, ella debía ser Esme.

- Lo siento...- murmuré con torpeza, la miré, llevaba en sus manos una bandeja con la cena que se apresuró a poner en la mesa de noche.

- No tienes nada de qué preocuparte, me llamo Esme- ya lo sabía y supe que el Dr. Cullen se había enamorado de su belleza y debía tener más valores, tenía la mirada compasiva y dulce, tal como la de mi madre cuando me cuidaba, cuando estaba enferma - Espero que nos llevemos bien Bella, si no quieres verme como tu madre, puedo ser tu amiga - Dios, pensé, ella era buena, demasiado buena, todo lo que dejaba translucir era sincero, ella me hizo desear haber acompañado a mi madre, nunca haberme separado de ella.

- Lo siento otra vez señora Cullen, siento haber sido grosera... -

- No te preocupes, alguna vez a mí también me costó levantarme- sonrió y se hoyuelaron sus mejillas, vaya si era hermosa, la envidia de la buena me corroía, ella podía conseguir cualquier hombre que se le atravesara,- espero que te mejores pronto, no te preocupes, Carlisle es el mejor medico que hay, él sabrá ayudarte- se levantó y se dio media vuelta.

- ¿Señora Cullen?- la llamé. Ella se dio la vuelta aun sonriendo y me miro-

- Puedes llamarme Esme -

- Esme...- corregí sintiendo como mis propias mejillas se abotagaban de la vergüenza. - Gracias... -

Ella me dirigió una mirada compasiva y salió de mi cuarto, aun necesitaba conocer al resto de la familia y saber si todos eran tan adorables como Esme.

En la noche no dormí nada, eran casi las tres de la mañana cuando no lo pude soportar y me salió de la cama en dirección a la puerta, caminé sigilosamente para evitar encontrarme con algo y no despertar a nadie con mi noctambulismo, la casa era sencillamente maravillosa, cuando bajé la escalera esta era de caracol, era blanca y la sala salto a mis ojos, los muebles eran de lo mejor, la ventana de la sala era amplia y ocupaba la mayor parte de lo que debía ser la pared, aun en madrugada se adivinaba lo que era un gran jardín. Era maravilloso.

Me sorprendía la vista y di un paso hacia tras, cuando choqué con alguien me asusté e iba a gritar cuando una mano fría me tapó la boca y me dio la vuelta para estamparme con brusquedad contra la pared. El olor lo delató, era Edward. Cerré los ojos y los abrí cuando lo sentí casi encima de mí. Me miro algo contrariado y me dijo:

- No vayas a gritar, no sería una buena forma de empezar tu estadía acá -

Yo negué con mi cabeza, me sentía imposibilitada de hacer algo más especialmente por su cercanía.

"Soy una tonta" pensé, era cierto, yo no lo conocía de nada y era increíble que todas esas sensaciones se apoderaran de mí, me hubiera gustado que él sintiera lo mismo que yo en esos momentos, pero nada paso, nada excepto que los grandes ventanales comenzaron a vibrar débilmente, él me soltó enseguida que sintió eso y se alejó de mi.

- Lo siento, no pretendía despertarte...es solo que...no tenia sueño- dije disculpándome por mi escapada nocturna.

- Por supuesto- él repuso- Era de esperarse, has estado durmiendo todo el día- había un ligero reproche en su voz lo cual me obligó a decir lo que dije.

- Lo siento...- él no hizo ningún gesto por lo que pensé que tal vez había sido mi imaginación.

- No es nada que se deba lamentar, en tu caso es normal -

Me dieron ganas de preguntarle cual era mi caso según él, pero aparté la mirada.

- Esta casa es...espectacular...- dije sin poder contenerme haciendo un gesto con mi mano alrededor de mí.

Él se encogió de hombros como si el asunto le valiera gorro, lo envidié, envidié su seguridad, aquella que tantas veces me había faltado. Él se dio cuenta de mi mirada y apartó la suya.

- Puedes seguir caminando si es tu deseo -

- Creo que debo irme a dormir- dije intentando zanjar la cuestión pero él se atravesó en mi camino cuando di dos pasos para caminar nuevamente hacia la escalera.

Yo quise decirle que lo que quería era quedarme con él toda la noche pero callé a la parte irracional de mi cabeza. Para él no era más que una de sus hermanas, y la menos deseable... su cercanía corrompía mi supuesta inocencia. Él era para mi...sensual...me sentía estúpida ya que no podía encontrar sensual a nadie en tan poco tiempo, pero con Edward si podía " por supuesto" pensé...era hora de desaparecer.

- Estaré bien...lo siento nuevamente Edward -

Me escabullí antes de que pudiera decirme algo mas y corrí hacia mi cuarto, ya tendría oportunidad de conocer el resto de la casa, cerré la puerto lo mas sigilosamente posible el mareo me hizo sucumbir y caí sobre la alfombra antes de poder llegar a la cama y en ese momento ocurrió algo extraño, quería moverme, pero mis extremidades no respondían. Lo veía todo pero sabía que tenía los ojos cerrados, me entró pánico pero no grité. Solo me quedé quieta sobre la mullida alfombra, esperando poder recuperar el control de mi cuerpo.

Escuché un chasquido de lengua tras de mí pero no vi quien era, su olor envolvió mi nariz, un par de fuertes manos me dio la vuelta, cerré mis ojos intentando que pensara que no estaba consciente, pero aun con los parpados sobre mí, pude verlo, le vi como el ángel caído que era. Me levantó del suelo con una facilidad asombrosa y me condujo a la cama, cuando me puso ahí, seguía viéndolo a través de mis ojos cerrados, una clase extraña de poder que nunca había creído poseer.

Su mirada parecía estar luchando contra un impulso asesino, quería que me besara que hiciera lo que quisiera conmigo, me arropó como si se tratara de su hija y luego me besó suavemente en los labios antes de apartarse, el contacto lo sentí como fuego en mi boca.

- Muy pronto estaremos juntos de nuevo, Amelia- envolvió ese nombre en una especie de encanto, su voz se suavizó a un punto casi erótico cuando lo pronunció.

Nunca supe si se trato de un sueño, pero algo allí no estaba bien, algún día lo sabría. Cuando me resigné dejé que el sueño me devolviera el control sobre mi cuerpo, y cuando empecé a sentir dolor por qué no me hubiera llamado por mi nombre sino por el de otra mujer.