Capitulo 4:
- Podrías hablar un poco más claro, Dumbledore.- dijo Sirius levantándose. Definitivamente el merodeador comenzaba a perder la paciencia.
- Tranquilo Canuto – se adelantó Lupin, obligando a su amigo a sentarse. Dumbledore carraspeó atrayendo nuevamente la atención.
- Los Symbëls son una raza que ya ha comenzado a extinguirse. – dijo con paciencia.- No son muggles, pero tampoco tienen magia en su sangre. Podríamos decir que provienen de una mezcla de razas en el comienzo de los tiempos, pero de eso, ya nadie está seguro.- se detuvo un momento para tomar aire, los asistentes lo miraban con expectación. Al continuar su voz se volvió más pesada, cómo si encerrara una gran verdad.
"Los Symbëls, eran los guardianes del poder más grande del universo. Un poder con el que lograban hacer brillar su raza, y volverse respetados Señores en la Tierra. Obviamente esto se les subió a la cabeza y… - Dumbledore hizo una pausa de nuevo, esta vez, quizás, para reflexionar- bueno… por alguna razón que se desconoce, no de un momento a otro, sino de manera paulatina, esta civilización comenzó, de cierta forma, a desangrarse por dentro.
- ¿Murieron?- preguntó Alice perpleja
- Por supuesto que no. No estaríamos hablando de ellos…- dijo Sirius con impaciencia. Alice le devolvió una mirada mordaz.
- En realidad no murieron- Dumbledore, al parecer, pasó por alto el comentario de Sirius. – Ellos, simplemente dejaron de nacer.
- ¿Cómo puede ser posible? – preguntó esta vez Remus frotándose el mentón.
- Nadie lo sabe. No tienen ninguna explicación. Solo sabemos que el no ha nacido un Symbël de raza pura desde hace… 50 años, tal vez. Se han borrado completamente del mapa, y de nuestras memorias.
- Hay una cosa que no me queda claro- dijo Lupin después de unos minutos de silencio. - ¿Qué tiene que ver Voldemort en todo esto?
- ¡Buena pregunta!- lo apoyó Sirius.
- Voldemort se ha enterado que existe una raza llamada Symbël que posee el poder más grande del universo.- dijo sencillamente el director.
- ¿No sabe que ni siquiera ellos saben cómo usarlo?- preguntó entre irónico e incrédulo Frank.
- Es por eso que aún tenemos el tiempo suficiente. – sonrió Dumbledore.
oOoOo
- Pues bien, ya que todo está decidido… ¿Les parece si comemos juntos?- dijo Sirius a sus amigos mientras salían del bar.
- Genial- se animaron Remus, Alice y Frank.
- Yo no voy.- aclaró secamente James.- Lo siento… creo que dejé algo adentro…- se disculpo después ante la extraña mirada de los chicos, y sin más volvió a entrar en el bar.
- Genial- murmuro tristemente Sirius. Los demás solo pudieron suspirar con resignación. Después de todo, ya conocían a James.
OoOoO
Dentro del pequeño cuarto donde se había realizado la reunión, Lily acomodaba un par de cosas en su cartera. Los demás asistentes ya se habían marchado y la habitación parecía que se cerraría en cualquier momento impidiéndole salir. "Dónde rayos deje el maldito espejo", se preguntaba mientras revolvía atropelladamente sus cosas.
En realidad, no necesitaba el espejo para verse reflejada en el, ella nunca había sido ese tipo de chicas que pasan su vidas entre maquillajes y revistas, lo que necesitaba urgentemente era comunicarse con alguien a través del espejo. Ajá!- se dijo con un alarde de victoria cuando al fin lo encontró.
- ¿Wrëhl? – se dirigió al espejo. Inmediatamente su propio reflejo se tornó en un pequeño remolino color plata y cambió por el de un pálido hombre.
- Lilian¿ya concluyó?- dijo el hombre.
- Si, todo marcha según las ordenes de Dumbledore.
- Bien, espero tu reporte sobre todo.
- Por supuesto¿Te he fallado alguna vez? – Lily le dirigió una pequeña sonrisa traviesa al espejo
- No. Espero que esta no sea la primera. – respondió el hombre cortantemente. Algo en su mirada anunciaba "esa sonrisa no logrará nada conmigo".- Mantén siempre el contacto. – dijo casi con desprecio.
- Adiós- susurró ella al momento que se cortaba la comunicación. Iba a suspirar de manera triste, pero un ruido la distrajo. El chico de las gafas redondas estaba parado en la entrada observándola.
- Ehh…- comenzó Lily con un repentino nerviosismo.
- Lo siento, no quise interrumpir.- dijo con su característica mirada.- Creí olvidar algo.
- No te preocupes.- respondió ella con una sonrisa.- ¿Puedo hacerte una pregunta?
- Estoy a sus órdenes, Srta. Evans.
- Sabías lo que Dumbledore planeaba¿cierto?
- En realidad…- comenzó él y soltó un suspiro.
- No tienes que decírmelo, si no quieres – se apresuró a decir ella, al ver que el chico se demoraba en contestar.
- La verdad es que si lo sabía. – dijo simplemente él. – pero eso solo ha aumentado mis dudas…
- Todos tenemos dudas, te lo aseguro.
- Supongo que si… bueno, ya tengo que irme… creo que esta vez soy yo quien no debería estar aquí.- dijo James con una aparente sonrisa que Lily interpretó como de simpatía.
El chico salió del bar, pensando en sus alternativas… "sería estúpido no hacerlo…", susurro una voz en su cabeza; "sería más estúpido arriesgarse a algo así", susurro otra voz. En un momento de confusión ambas voces hablaron a la vez, pero por primera vez en mucho tiempo, James Potter decidió no hacerles caso.
- ¿Volviste a perder algo?- rió Lily al verlo entrar nuevamente al bar.
- En realidad… - comenzó el chico echando fuera definitivamente todo pensamiento.- ¿Puedo invitarte un café?
