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Beso IV: Palma.
—Ryuzaki.
Hipó, ahogando el llanto en la garganta. Apenas podía hablar del dolor, la impresión y la vergüenza junto al lloro. Las manos le temblaban por el dolor y mientras él se las sostenía, le escocían todavía más.
—Lo siento tanto, Ryoma-kun —se excusó cuando finalmente los nervios permitieron a sus cuerdas vocales destensarse—. Lo siento…
—No es culpa tuya —terció él encogiéndose de hombros y soplando sobre las heridas para quitar un poco de gravilla—. Vamos a curarte esto.
Se levantó como pudo, temblorosa, y caminó con él hacia la enfermería. Ryoma la sujetó con firmeza en el trayecto y cuando la enfermera se encargó de ella, se quedó a un lado, pero sin dejar de mirarla.
Al terminar, con las manos llenas de tiritas, se volvió hacia él.
—Lo siento —se disculpó de nuevo—. Hice que nuestra cita fuera un desastre.
Ryoma negó y alargó una mano. Tomando las de ellas con sumo cuidado, le besó las palmas. Sakuno enrojeció, con el corazón en la boca. Aquel gesto era lo más romántico e íntimo que hubieran compartido nunca. Ni siquiera una cita completa haría de rival a tal momento.
Feliz, mientras él la sostenía gentilmente de la mano, avanzaron de regreso.
Aquella noche, de su mente, era incapaz de sacar la escena de tal gesto galante por su parte.
¡Nos leemos!
