Disclaimer: Si los personajes de Harry Potter me pertenecieran, el protagonista no sería Harry Potter. Además habría sexo, drogas, rock 'n roll y Slytherins desnudos.
"Cinco puntos menos para Weasley"
2 de diciembre de 1995, sábado.
Hay personas extrañas que disfrutan viendo cómo otras son felices. Personas altruistas, que se esfuerzan por sacar sonrisas ajenas que no les reportan nada; que regalan por el placer de hacerlo, sin obtener nada a cambio. Draco Malfoy no es una de ellas.
Las hay de otro tipo, que buscan su propio beneficio sin interesarse en lo más mínimo en cómo rote el mundo aunque, está clarísimo, éste gira en torno suyo. La gente denomina a este fenómeno egocentrismo, pero el rubio, que siempre va un paso por delante, prefiere referirse a él como Dracocentrismo. Es obvio que hasta los egocéntricos están pendientes de lo que él haga.
Y luego está la culminación de esto último, el éxtasis de una personalidad aplastante: el tercer tipo. Cuando, no contento con el hecho de que te importe una mierda lo que sufra y padezca el resto, lo disfrutas. Draco Malfoy sí que pertenece a éstos.
Por eso ahora, cuando ha terminado el entrenamiento —en el que por supuesto no ha hecho nada más que quererse a sí mismo—, sonríe de oreja a oreja de camino a los vestuarios. La Horchata Caducada no ha vuelto a molestarlo pero, aún así, sigue conservando su galeón en el bolsillo; se da unas palmaditas, para verificarlo. Además, se ha enterado de que Gryffindor ha tenido que sustituir al niño peleado con el peine y a los dos clones naranjas, lo que supone que van a perder de manera aplastante el próximo partido. Aún no sabe quiénes serán los desafortunados que ocupen las escobas de esos idiotas pero, qué más da: no tendrán nada que hacer.
Y, por si todo eso fuera poco, hoy es el día. Oh, sí, hoy finalmente mojará. Que lo suyo le ha costado, no os creáis, tuvo que mentir una y otra vez, haciendo cosas como asegurarle a Pansy que era la chica más guapa que había visto. Bueno, en realidad no tuvo que llegar a tanto, se limitó a convencerla con sus amplias dotes de manipulación de que la que quería perder la virginidad era ella, no él. Draco se daría un aplauso si no estuviera abriendo la puerta del vestuario.
Mientras se desabotona los pantalones se regodea pensando en lo que va a humillar a los demás en unas horas. Piensa acercarse a Nott y pitorrearse de su falta de experiencia sexual. Además, va a decirle a Zabini que él lo ha hecho por primera vez en una ducha en vez de en un armario cochambroso. También planea inventar un poco, ya sabéis: elevar al cuadrado los minutos que aguante, multiplicar por cinco los atributos femeninos de la chica, poner frases en boca de Pansy que jamás dirá, poner cosas en boca de Pansy que jamás estuvieron… Lo típico.
Dobla su ropa con mimo y la sitúa sobre la zona del banquillo que hay frente a su taquilla —es un maniático— mientras recuerda lo sucedido dos noches atrás. Estaba con la Slytherin en la habitación de los chicos, con su camisa desabrochada y el cierre del sujetador de ella casi derrotado, cuando, voilá! Cayó rendida a sus pies. En realidad se separó de él, muy agitada. Pero lo importante es que lo miró a los ojos para sugerirle esperar hasta ese día. Ella opina que las duchas del vestuario de quidditch son un lugar mucho más idílico. Él opina que es una gilipollez pero, en fin, así son las mujeres. En realidad le importa bien poco el dónde, lo importante es el cuándo. Y el cuándo ha de ser de una puta vez.
—Cuando hayan salido todos, cuelga esto en la puerta—dijo Pansy mientras le tendía una de sus pulseras—. Ve duchándote, que yo no tardaré.
Draco, sentado en el banquillo tras haberse sacado los calcetines, se quita el abalorio de la muñeca y lo examina con una sonrisa de victoria que casi no le cabe en la cara. Marcus Flint lo observa con el entrecejo fruncido y una mueca de desagrado.
—Pareces una nena mirando eso. ¿Te la ha dado tu novio?
El rubio, sin mirarlo y sin cambiar la expresión, murmura:
—No, tu madre. Me la regaló después de chupármela.
Mientras Marcus rebuzna algo sobre abrirlo en canal y comerse sus entrañas, Draco, en calzoncillos, abre el grifo de una de las duchas. Deja que corra el agua, despreocupado, mientras silba una tonadilla y se vuelve a sentar en el banco a la espera de que los demás se marchen. ¿Que hay gente que muere de sed en el mundo? Y a él qué. Si no ahorra dinero no va a ponerse a pensar en líquidos de los que él dispone sin mayor problema. Es más, si fuera higiénico se bañaría en galeones.
Ginny le mete prisa a Luna con una mano mientras bordea con cara de maníaca el campo de quidditch. Camina encorvada y pegada de espaldas a las gradas, como si por aparentar medir un palmo menos se volviera indetectable. Está muy pero que muy nerviosa y, cuando eso pasa, tiende a hablar muy deprisa con un tono de voz irritantemente agudo en opinión del resto de sus hermanos.
—¡Vamos, Luna, que nos van a ver! —grita. Da un respingo cuando ve que la puerta de los vestuarios de Slytherin se abre, dejando salir a todos los miembros del equipo. Se esconde, tirando de la manga de su amiga, tras el armario de las escobas que hay a pocos metros—. Mierda, hemos llegado demasiado tarde.
La rubia se asoma distraídamente.
—Draco Malfoy no ha salido, quizá aún esté dentro practicando algún tipo de ritual. ¡Oh, mira! Acaba de aparecer medio desnudo para colgar algo en la puerta.
—¡¿Qué? —Ginny mira con disimulo y comprueba que, por extraño que parezca, efectivamente es cierto. Draco está en calzoncillos enganchando algo al pomo, lo mira con aire satisfecho y vuelve a meterse dentro.
—Quizá quiera atraer a Ranas Lunares, aunque eso no tiene sentido: están en la Luna. Hay que viajar en escoba hasta allí para cazarlas, como hizo un mago que…
—No hay tiempo para eso —corta la pelirroja, histérica, apartándose una uña mordisqueada de la boca—. Tenemos que poner en marcha el plan. —Se gira hacia su amiga, pensando en que tal vez no haya sido buena idea. Pero, qué leches, situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas. Es arriesgado, sí, pero ella es una leona y está en Gryffindor por su valentía, no por el color de su pelo—. Repasemos: tú te quedarás en la puerta, haciendo como que buscas algo en el suelo…
—Blibblers.
—Sí, eso. Vale, si se acerca alguien, tienes que distraerlo para que no entre y hacerme algún tipo de señal para que pueda esconderme, ¿de acuerdo?
Luna asiente con una sonrisa que no presagia nada lógico y camina con despreocupación hacia el vestuario. Ginny, más reticente y con un nudo en la boca del estómago que ni un marinero podría deshacer, la sigue. Cuando llegan a la puerta verde, la chica escucha a través de ella el agua correr y se alegra de que Malfoy, además de imbécil, sea raro. ¿Por qué demonios se duchará cuando todos se han ido? Aunque eso facilita enormemente su plan que, ahora que cae, tenía miles de huecos: podría haberla pillado cualquiera si hubiera aparecido en mitad de una estancia repleta de deportistas sudorosos, paseándose como sus madres los trajeron al mundo. ¡A callar, cerebro!
Una molesta vena en la sien le palpita mientras agarra el pomo con la mano temblorosa. Calma, Ginny, tienes que hacerlo. Es esto o Hermione despotricando durante horas sobre la expulsión. Intenta infructuosamente tragar saliva y abre un resquicio. El corazón le retumba en los oídos cuando se asoma un poquito. Perfecto, no hay serpientes a la vista.
Draco escucha el leve chirrido de los goznes mientras se aclara el pelo. Justo a tiempo. Decide fingir que no sabe que Pansy está allí: si ella lo ha hecho esperar, ella será la que dé el primer paso.
Ginny, una vez dentro, se queda bloqueada: está completamente en blanco lanzando miradas rápidas a su alrededor. Los vestuarios son tal y como los de Gryffindor: a izquierda y derecha hay taquillas con carteles que rezan el nombre de sus propietarios; frente a éstas hay bancos alargados de madera y en uno de ellos ve ropa pulcramente doblada. Ése tiene que ser el uniforme de Malfoy, piensa. Y ella tiene que avanzar, joder, que parece haber sido clavada al suelo. Frente a la puerta de entrada, al fondo, están las duchas, motivo por el cual se está quedando medio bizca tratando de caminar sin chocarse y no mirar fijamente a la sombra que se adivina tras la tercera cabina a la izquierda. Se aproxima a su objetivo con una mano a modo de visera que le impida tener pesadillas por el resto de su vida; va de puntillas y con la espalda encorvada hacia delante, aunque no sabe muy bien por qué cree que es lo que procede en una situación como esa. Dos metros más…
El chico empieza a arrugarse con tanto agua. Frunce el ceño, ¿cuánto más va a hacerlo esperar? Carraspea, impaciente.
¡Mierda! Ginny se lanza en plancha al suelo y mira sin poder evitarlo hacia las duchas. No quería hacerlo, por Godric que no quería. La silueta de Draco se difumina tras un cristal bastante opaco, gracias a Merlín: lo último que desea es dar la impresión de ser una pervertida. No obstante, autodenominarse ladrona no mejora mucho su situación. ¡El galeón, céntrate en el galeón, Ginevra! Agita la cabeza con efusividad hasta flagelarse la cara con el pelo y se acerca a gatas hasta la ropa del chico. Sus manos, que parecen haberlo predicho mediante temblores, vaticinan lo que vendrá a continuación.
—¡Hola, Pansy Parkinson! —se escucha que Luna vocifera desde el exterior—. ¡Veo que te diriges al vestuario del equipo de Slytherin! ¡¿Será que quieres participar en el ritual de las Ranas Lunares?
¡Por todas las pecas de los Weasley, está jodida! Se levanta de un golpe y da un par de vueltas sobre sí misma, sin saber qué hacer. Mierda, mierda, mierda, ¡mierda!
Draco, cuyo oído es casi tan bueno como el resto de él, se extraña por varios motivos: Lunática Lovegood parece haber caído rendida a sus encantos, ya que está esperándolo fuera; está hablando con Pansy, que debería estar ya dentro del vestuario; una sombra negra y menuda se mueve como una posesa por la habitación intentando meterse en una taquilla, cosa bastante imposible dado que tienen baldas y la altura entre éstas no supera el medio metro. ¿Qué demonios…?
Abre la mampara con lentitud y su ceja se va alzando a medida que la Weasley va palideciendo. Tiene la mandíbula cómicamente desencajada y el pie dentro de su taquilla. Draco se anota cinco puntos para Slytherin por lograr que esa cría infantil boquee como un pez desubicado: si hay algo mejor que el exhibicionismo —del que se enorgullece siempre que tiene oportunidad— es lograr con él, además, incomodar a niñas inocentemente ridículas. Se muerde el interior de las mejillas para no estallar en carcajadas mientras se cruza de brazos y recuesta un hombro sobre el marco de la ducha.
Los ojos de Ginny, a punto de salírsele de las cuencas, se esfuerzan mucho por quedarse ciegos. La pelirroja envía una y otra vez señales desde su cerebro para que le hagan caso pero nada, parece que sus globos oculares están recibiendo otro tipo de ondas de nadie sabe dónde que los instan a quedarse clavados en esa figura blanca y prepotentemente impúdica. ¿Cómo puede estar tan tranquilamente desvestido? No es que jamás haya visto a un chico desnudo, ya sabéis que convive con seis hermanos y los encuentros indeseados en el cuarto de baño en una casa pequeña son algo habitual. Casi tanto como las ganas de molestar de George, hace años, cuando iba a su habitación a enseñarle el culo para hacerla llorar. Sin embargo, eso no quiere decir que el ver a alguien ajeno a su familia evite el ponerle los nervios de punta, más sin contamos que ese alguien odia a su mencionada familia y cree que su extinción contribuiría a la sociedad.
Empiezan a sudarle las palmas de las manos, ya se las imagina repletas de gotas que se deslizan, como las que tiene Malfoy bajándole por la barriga rumbo a… Se pone aún más roja que su pelo y se concentra en clavar la vista en el techo mientras aprieta los puños y se palmea con ellos los costados. Esto es ridículo, se dice cuando escucha la risita por lo bajini del rubio. Porque a él no le ha pasado inadvertido el recorrido que han hecho sus ojos. Juraría que han estado a punto de salírsele fuera de la impresión; pobre niña, tener una lección visual de anatomía con él no es algo que cualquiera podría soportar, mucho menos alguien que posiblemente lo máximo que haya hecho con un chico sea intercambiar cartitas de amor. Sonríe con socarronería cuando asocia eso a Potter: ¿qué diría ese enano cuatro-ojos si viera cómo la hermanita menor de la Comadreja se las había ingeniado para espiarlo mientras se duchaba? Ah, sería divertidísimo decírselo. Es más, se está planteando muy seriamente el hacerlo hasta que algo lo distrae de sus maléficos planes:
—¡Oh, Pansy Parkinson! ¡¿Por qué intentas apartarme de la puerta? —se escucha la voz de Luna entrecortada, como si estuviera haciendo mucha fuerza.
Draco articula con los labios un joder, cuidándose de no emitir sonido. Lo último que quiere es que su casi relación sexual se vaya a la mierda por culpa de una acosadora encandilada por su impresionante planta. Mira a ambos lados tratando de encontrar una solución a su problema: si conoce a Pansy tanto como cree (cosa que desde luego hace) está convencido de que entrará por sus narices allí, haya o deje de haber una Ravenclaw loca cortándole el paso. Entonces se lo encontrará desnudo siendo violado por la mirada de una Calabaza y todos sus esfuerzos habrían sido en vano. Suspira, hastiado, mientras se aproxima al retaco voyeur, jamás le perdonará el haber provocado mantenerlo virgen un día más.
La chica retrocede con un par de pasos trémulos hasta chocar con la taquilla cuando se percata de que él se pone en movimiento, ¡¿qué se supone que hace ese depravado acercándosele como su madre lo trajo al mundo? ¿Pretende abusar de ella con dos testigos tras una puerta? ¿Quizá cortarla en pedazos para que quepa mejor en su casillero? ¿O puede que…? Un momento, ¿por qué la coge de una mano y la lleva a rastras hacia la ducha? ¡No!
—¡Ma…! —comienza, forcejeando para tratar de liberarse del agarre del rubio. Él emite un gruñido y le tapa la boca de mala manera, haciéndole tragar la retahíla de insultos que pensaba dedicarle y aumentando la presión en su muñeca mucho más de lo necesario e infinitamente más de lo saludable: mañana tendrá un buen moratón.
—¡Quítate de en medio, Lunática! —exige la voz de Pansy.
Draco maldice su suerte mentalmente y anota el hacerle la vida un poco más imposible —si cabe— a esa niñata pelirroja. Cuando recibe una patada furiosa en la espinilla decide dos cosas: que matará a aquél que dijo que estaba feo pegar a una chica y coger a la Weasley como si fuera un saco de patatas para meterla junto a él en la ducha. La engancha sin miramientos por la cintura y se la carga a la espalda con relativa facilidad ahogando un quejido al recibir un par de puñetazos en el costado. Ginny, por su parte, tiene los ojos fuertemente cerrados a causa de que su cara está asquerosamente cerca del culo de Malfoy, ¿por qué leches tiene que pasarle eso a ella? Se revuelve todo lo que puede, sin lograr que el chico afloje su agarre, y entre tanto golpe a ciegas acaba dándole una cachetada en la nalga. Con la mano abierta.
En la nalga. A Draco Malfoy.
Nalga. Mano. Malfoy.
Quiere morirse.
Se queda congelada, con todos sus músculos agarrotados y la boca formando una perfecta "o". Que alguien me sacrifique, por piedad, se dice cuando él se descoloca durante un segundo y casi tropieza consigo mismo. Cree haberle oído murmurar algo que suena a fan, violación e inevitable.
Pese a las agresiones sexuales de esa desquiciada, Draco consigue llegar a tiempo al cubículo. Cierra la mampara con un pie mientras arroja con fuerza a la pelirroja contra la pared sin preocuparse porque el agua helada siga corriendo, le vuelve a tapar la boca deseando que se asfixie y empuja sus muslos con las rodillas para que los cierre y deje de darle patadas. Cuando la puerta del vestuario finalmente se abre se pega al cuerpo de la Mandarina para evitar que la sombra lo delate: con un poco de suerte desde la posición de Pansy no se vea más que su contorno de espaldas.
—¿Draco?
El rubio bufa con la frente apoyada en las baldosas y la barbilla sobre la cabeza de esa desgracia de bruja. El ronroneo de Pansy, vestigio de tantas promesas de virilidad, le martillea en los oídos casi al compás de los latidos desbocados del corazón de la Weasley. Tum, tum. Hoy podría haber follado, finalmente iba a pasar de los vulgares magreos bajo la blusa de la morena a la acción. Tum, tum. Se podrían haber acabado las pajas mal hechas y los guantazos en el brazo cuando trataba de bajarle la ropa interior. Tum, tum. El otro día había estado tan cerca… La tenía en la palma de la mano, jadeando sobre su cuello, ¿por todos los basiliscos de Salazar, por qué se había empeñado en esperar hasta ese momento? ¡Tum-tum! ¡MIERDA! Lo que le faltaba, emocionarse demasiado con su desnudez a la altura del ombligo de esa traidora a la sangre.
Ginny no se puede creer lo que está sucediendo. Ni en sus peores pesadillas habría imaginado estar empapada y helada en una ducha de dos metros cuadrados con un Slytherin empujándola contra los grifos —que le están destrozando la columna— y clavándole algo en su… ¡por Rowina, ¿qué es eso que nota en la tripa? ¡No será… no…! ¡JODER! Escucha los pasos de Parkinson acercándose y empieza a parecerle factible el que ella los vea en esa situación con tal de salir corriendo de ahí. Se revuelve contra el cuerpo del rubio, que ejerce aún más presión sobre ella emitiendo un ruido molesto con la garganta y poniéndole el otro antebrazo sobre el cuello, cortándole la respiración a modo de amenaza. No es que quiera matarla, por mucho que sea un daño menor o una labor social, es que empieza a salirse de sus casillas con esa absurda situación. Baja la cabeza hasta situar su boca cerca del oído de ella y murmurar muy bajito, para que Pansy no los escuche:
—Como hagas algún ruido o te muevas me aseguraré de que esto le llegue a Potter. Y a Snape. Si no quieres que te expulsen más te vale estar calladita.
Acto seguido vuelve a situar la barbilla sobre el pelo de ella y se decide a liberarla apoyando los brazos en la pared, aunque sigue sin separar su torso, aplastándola, por si se le ocurre hacer alguna estupidez.
Gracias a la absurda y asquerosa y denigrante y patética y un sinfín más de adjetivos que Ginny ya no sabe lo que significan, las rodillas de la chica comienzan a temblar de manera descontrolada. Parece como si todos los huesos que ayudaran a sostenerla se hubieran vuelto de gelatina. Una gelatina extrañamente calentita que, aderezada con el frío del agua, logra ponerle la piel de gallina.
—Pansy, quédate dónde estás —ordena con voz ronca, cabreado, como si le reventara las entrañas formular esa frase.
—¿Cómo? Pero Draco, pensé que…
—Ahora no es un buen momento.
Ginny, con la nuez del rubio en primer plano subiendo y bajando, pagaría por ver la cara que se le ha quedado a la imbécil esa. Que no debe ser mucho mejor que la suya, todo sea dicho. Lo que más le revienta es que, pese a estar en esa situación, él sigue teniendo la sartén por el mango. ¿Qué excusa puede darle a Harry o a sus hermanos si se enteran de que ha ido al vestuario masculino de Slytherin mientras Malfoy se duchaba? Podría decirles la verdad, aunque eso solo lograría enfadarlos más. Seguro que acaban recriminándole que no les hubiera contado lo sucedido con el galeón de inmediato. ¿Y si se enteraba toda la escuela? Sería el hazmerreir, ya veía a los gemelos persiguiéndola hasta el fin de los tiempos con sus bromas pesadas: harían pantomimas mientras canturrearían "A Ginny le gusta Malfoy, a Ginny le gusta Malfoy". Que llegara a oídos de Snape supondría la expulsión o la pérdida de tantos puntos que la casa de Godric Gryffindor quedaría endeudada por los próximos diez años.
—¿Que no es un buen momento? —exclama la otra con una furia glacial que a Draco le sabe a abstinencia—. Más vale que te expliques. La pulsera estaba colgada en la puerta. —Taconeó en el suelo para dejar patente su impaciencia.
Piensa, Draco, piensa. Se repite incesantemente. De su respuesta depende la constatación de su hombría: ser demasiado críptico, un mes más siendo virgen, ser demasiado patético, dos semanas aguantando las burlas de Zabini. Sus hormonas tienen muy clara su elección.
—Me he… hecho daño en la pierna durante el entrenamiento y… —carraspea—, bueno, no puedo moverme bien.
El silencio que reina en el vestuario pesa tanto como una multitud de personas conteniendo la risa.
—Ah —balbucea Pansy, sin tener muy claro qué debe decir en un momento así—. Ya veo… será mejor que me vaya y…
—Sí, será lo mejor.
Una tos incómoda acompaña al sonido de los rápidos pasos de la morena al escabullirse de ahí. Tras el portazo que indica que ha salido de escena, Draco suelta un largo suspiro que casi parece el lamento de algún animal segundos antes de ser castrado. Maldita Zanahoria, asesina de la libido. Siente unas manos diminutas tratando de ejercer presión en su pecho, presumiblemente intentando apartarlo.
—¿Te importa…? —gruñe ella, con cara de esfuerzo.
Él se separa un poco, sin dejar de cercarla con los brazos, y baja la cabeza con la espalda encorvada hasta situarla a la altura de la del ridículamente bajito demonio pecoso. Clava sus ojos en ella con odio, deseando tener la capacidad de transformarse en un basilisco para asesinarla con la mirada, y piensa que deberían estudiarla en Defensa Contra las Artes Oscuras: las Imperdonables pueden esperar, es necesario estar prevenido sobre ella. Casi puede leer la descripción en el libro de texto: "Calabaza Weasley es un monstruo peligrosísimo que habita en los dormitorios ajenos, bajo las camas, esperando con su expresión diabólica a que una pareja intente practicar la cópula para joder el momento. Difícilmente destructible, este ser se reproduce con sorprendente facilidad y son habituales las camadas de más de diez crías. Se recomienda mantener la casa limpia para alejarlo, pues suelen habitar en lugares pútridos e infestados de basura". Sorprendido por su terriblemente cómica ocurrencia y presa del histerismo, comienza a reírse como un maníaco a un palmo de la cara atónita de la causante de su chiste privado.
Ginny no puede creer lo que está pasando, Draco se está carcajeando a mandíbula batiente a unos centímetros de ella mientras el agua sigue empapándolos. Desnudo. Si bajara la mirada podría comprobar cómo su virilidad se balancea por el vaivén de sus hombros al convulsionarse. Obviamente no baja la mirada, ¡por Merlín! Además, no es como si pudiera apartar la vista de su expresión desquiciada, quién sabe lo que podría hacerle en ese estado.
—Loco —murmura—. Como una cabra.
Él se recompone con dificultad, con la respiración aún entrecortada por el ataque de risa. Lo hecho, hecho está, Pansy había desaparecido y con ella sus posibilidades de pasar un rato memorable. Ahora la Weasley tendría que pagar por ello. La mira, con su cara repleta de manchitas que parecen contraerse sobre el puente de su nariz respingona, asustadas. Podría seguir jodiendo, lamentablemente no del modo que querría pero su segunda acepción favorita de ese verbo tampoco está mal.
—¿Loco? ¿Y me lo dice la pervertida que ha venido a espiarme mientras me duchaba? —Esboza una media sonrisa cínica que le tensa la piel de la mejilla hasta formar un hoyuelo—. Mal, mal, pequeña Comadreja sexualmente necesitada, un Gryffindor debería saber que el acoso es inmoral. —Niega teatralmente con la cabeza mientras ella balbucea—. No trates de excusarte ahora, es comprensible que quieras verme desnudo pero llegar a estos extremos… ¿Qué pensaría Potter si supiera hasta donde alcanza tu obsesión? —A Ginny casi se le cae la mandíbula inferior al suelo por la salida, ¿es que pensaba delatarla?—. Oh, ¿será que con él haces lo mismo? ¿Te escondes para ver al cabeza rajada mientras se cambia de ropa?
Algo en el interior de Ginny hace clic, activando un mecanismo que saca del fondo de su mente los recuerdos difícilmente digeribles de su enamoramiento por Harry. Ahora estoy con Michael, se repite tal y como se ha repetido en incontables ocasiones hasta casi creerse a sí misma. Pero tu corazón no cabalga desbocado en tu pecho cuando él te mira, pincha una molesta vocecita en su interior que cree reconocer como la de la Realidad. La estúpida y asquerosamente sincera realidad.
—Harry es mi amigo —escupe con voz dura y Draco sabe que ha vuelto a encontrar la llaga—, por supuesto que no lo espío. No todos estamos tan necesitados como tú —enfatiza, refiriéndose al incidente de la erección sobre su ombligo—. ¿Te importa apartarte para que pueda salir de aquí y olvidar todo esto?
La sonrisa de psicópata que le dedica el rubio no presagia nada bueno.
—¿Olvidar? Querrás decir inmortalizar. Estoy seguro de que en cuanto llegues a tu habitación irás corriendo a escribir lo que ha pasado en tu… diario —se mofa, haciendo alusión al incidente de su primer curso con el cuaderno de Riddle—. Querido Diario —recita con voz aflautada y ñoña—, hoy he tenido el placer de ver el escultural cuerpo de Draco Malfoy cuando tomaba una ducha mientras yo lo observaba como una voyeur. Se me han caído las bragas de la impresión, no estoy acostumbrada a los hombres de verdad…
—Por eso he salido de allí llorando —interrumpe Ginny, imitándolo—. No he podido soportar el no encontrar ninguno de esos en el vestuario de Slytherin y he tenido que conformarme con un niñato larguirucho y pálido como un vampiro.
Bingo. Insulto directo al blanco: la masculinidad de Draco es algo con lo que no se juega. La sonrisa se le borra del rostro y en su lugar tensa la mandíbula imprimiendo la fuerza necesaria para darle a entender a la Weasley que entra en terreno peligroso. Acerca su cara un poco más a la de ella hasta ver la incomodidad brillando en sus pupilas vulgarmente castañas. No va a tolerar que la cría que le ha fastidiado la fiesta se burle de eso.
—¿Qué sabes tú sobre los hombres de verdad, niña? —sisea ladeando ligeramente la cara para perturbarla aún más—. Piensa que estás encerrada en una ducha al lado de un chico de quince años al que acabas de arruinarle las posibilidades de un polvo seguro —compone un gesto ladino, practicado habitualmente ante el espejo—. ¿Y si ahora quisiera cobrarme la ofensa? —Se muerde la cara interior de las mejillas para contener la risa cuando la pelirroja abre los ojos, horrorizada.
—¡Como me toques gritaré y después te mataré y después…! —vocifera como una histérica.
Él vuelve a apartar el rostro unos centímetros y suelta, despectivo:
—Tranquila, Mandarina, las niñas insultantemente poco desarrolladas no entran dentro de mi exquisito menú. —La mira de arriba abajo, indolente, quedándose clavado en una conflictiva parte de su tronco—. Deberías usar un sujetador con relleno.
Ginny entra en modo banshee y el odio empieza a hervir en su barriga, clamando por salir en forma de maldiciones mortales y dolorosas. Muy dolorosas. ¿Cómo puede salir ahora con eso el cretino degenerado? ¡Bastante había tenido que aguantar que le quitara puntos por ello después de magrearla cuando se le cayó encima, como para que ahora, después de haberse puesto cachondo —con su ombligo como traumatizado testigo, jamás volvería a ser el mismo—, volviera a la carga como si nada! ¿Es que no tiene dignidad? No, obviamente no la tiene, piensa cuando las comisuras de la boca de él se curvan burlonas.
—¡Para tu información, hurón depravado, tengo catorce años y es perfectamente normal que aún no esté del todo desarrollada cosa que, por cierto, no es de tu incumbencia! —Baraja el morderle un brazo, pero se contiene. No vaya a ser venenoso.
Draco suspira pomposamente y le señala el pecho con una mano, manteniendo la otra aún apoyada en la pared.
—Lo decía porque se te transparenta la camisa y se te ven los pezones.
El Slytherin se agarra la barriga ante el nuevo ataque de risa producto del grito inhumano que ha emitido el objeto de su burla. Se ha puesto roja, azul y verde antes de cruzarse de brazos para tratar de cubrir sus diminutas y bochornosas protuberancias. Draco observa divertido cómo balbucea algo con una expresión de lo más extraña. Se lo está pasando estupendamente y desea que el incidente le ocasione traumas irreversibles a esa niña demoníaca, ya se la está imaginando en San Mungo, atada a una camilla y murmurando "relleno, sujetador con relleno" una y otra vez.
Ella, por otro lado, no puede más. Siente como toda la furia Weasley que ha intentado contener amenaza con desbordar. Y eso es peligroso, peligrosísimo. Nota cómo la cara se le tensa y las uñas se le clavan en las palmas de la fuerza con la que está cerrando los puños. Los brazos le tiemblan y le quedan aproximadamente dos segundos antes de ponerse en modo berserker y perder toda la coherencia que pudiera haber tenido entre los puñetazos y las patadas. Galeón, escucha en una parte de su mente que cada vez parece más y más lejana, recuperar el galeón.
Draco observa un poco desconcertado cómo la pelirroja asiente para sí misma con la mirada perdida. Ya está, se dice, triunfal, he logrado que se quede sin palabras. Soy un genio. Sin embargo, cuando ella empieza a gritar como una descosida lanzando golpes a diestra y siniestra, se asusta. Se tapa la cara con los brazos para evitar que esa fiera le saque los ojos y siente cómo el retaco lo empotra contra la mampara con una fuerza que es físicamente imposible que quepa en un cuerpo tan pequeño. Con un movimiento rápido, Ginny abre de un tirón la puerta de la ducha, provocando que él pierda su punto de apoyo y caiga de espaldas al suelo con un golpe sordo, momento que ella aprovecha para salir de un salto del cubículo y lanzarse al montón de ropa en el que se oculta el galeón.
El Slytherin tarda dos segundos en recuperarse del batacazo y se gira para observar cómo esa niña intenta recuperar lo que cree que le pertenece. ¡Mierda! Estira el brazo todo lo que puede y logra atrapar el tobillo pecoso justo antes de que la Gryffindor alcance sus pantalones, de un fuerte tirón hace que ella pierda el equilibrio y se caiga de bruces. Se levanta lo más rápido que puede y consigue llegar hasta su ropa entre resbalones —aún tiene los pies empapados—, agarra sus pantalones y, sin preocuparse por los calzoncillos, se los pone lo más deprisa que puede. Tarda un poco más de lo previsto a causa de estar todavía chorreando pero, obviamente, lo logra a tiempo. Zanahoria Demoníaca: 0, Draco Sexy Malfoy: 1.000.000. Perfecto.
Se acuclilla a su lado y observa con infinita satisfacción como ella golpea el suelo con los puños, frustrada.
—No te preocupes, Weasley, era de esperar el resultado —canturrea, contento, mientras se levanta y le da unos puntapiés en el costado tratando de cabrearla aún más—. Consuélate con haberme visto desnudo, es todo un honor. Honor que me veo en la obligación de comentar por doquier, claro. No querría que tus patéticos amigos no supieran lo afortunada que eres. —Pasa por encima de ella para coger de su taquilla una toalla pequeña con la que secarse el pelo—. Si juegas con el mejor, pierde como los demás.
Escucha un "hum" proveniente del suelo que le hace girarse hacia ella con una ceja alzada. Sigue tumbada aunque acaba de darse la vuelta con una cara que no le gusta nada. Sitúa con calma las manos tras su cabeza y mueve las piernas infantilmente en el suelo.
—¿De verdad crees que sería bueno para ti que la gente supiera lo que ha pasado? —comenta con fingido desinterés—. Me refiero a que, no sé, imagina cómo se pondría Parkinson si averiguara que la has rechazado por estar conmigo. Imagina lo que dirían tus amigos si supieran que me has citado en los vestuarios…
Él se descoloca por la actitud tan poco… ¿estúpida? ¿Lo está chantajeando una Gryffindor diminuta? Obviamente no pensaba decir nada, es un hecho que no favorecería en absoluto a su reputación (o a la pérdida de su virginidad) que pregonara lo sucedido, pero de ahí a perder la ventaja en el juego verbal de amenazas había un gran trecho. Más concretamente el escalón que separaba a los patéticos leones de las astutas serpientes.
—¿Qué quieres decir? Nadie pensaría que…
—¿En serio? —le interrumpe ella, frunciendo los labios con una parodia de sorpresa—. No sé, creo que a McGonagall no le haría gracia enterarse de que he sido acosada por un alumno mayor. Yo, una chica indefensa de su casa a merced de un Slytherin depravado. ¡Quizá incluso te expulsaran! Qué fatalidad, desde luego. Imagina lo que pensarían tus padres, tus compañeros, tu… tu lo que sea que signifique Parkinson en tu vida…
Draco se yergue en toda su estatura —o sea, mucho— y la mira con algo que no sabe si es desprecio aderezado con sorpresa o con repulsión superlativa. Quizá un combinado. Ginny, desde el suelo, lo observa con una sonrisa que pretende ser mojigata. Zorra diabólica en miniatura. Sabe que le tiene cogido por los huevos casi tanto como él la tiene cogida a ella. Hay un gran tablero de ajedrez en el que no quedan más que dos reyes, toca declarar tablas hasta que los refuerzos lleguen. El chico se mete las manos en los bolsillos del pantalón y dobla el tronco hasta quedar a dos palmos de la cara de esa arpía.
—Me encargaré de que desees no haber nacido, niña —susurra fríamente mientras las gotas de su flequillo húmedo caen sobre la mejilla pecosa de ella—. Por lo pronto, cinco puntos menos para Gryffindor por intentar seducir a un prefecto.
Ella, con la sonrisa de prepotencia de él tan cerca, no puede más que componer una expresión airada ante la ofensa.
—¡¿Que yo he intentado qué? ¡Has sido tú el que te has restregado contra mí completamente desnudo y con la… con la… en mi ombligo…! —se traba, furiosamente azorada ante el recuerdo de la escena, la cercanía del chico y toda la vanidad que parece emanar de él en forma de un oloroso champú de menta.
—¿Polla? Vamos, vamos, Weasley, no te lo creas tanto. Tu atractivo es directamente proporcional a tu paupérrima economía. Intentarlo no implica conseguirlo —se jacta, volviéndose a levantar.
—Yo no he intentado nada, no seas ridículo —gruñe. ¿En qué momento había conseguido volverle a dar la vuelta a la tortilla?
—¿Y qué me dices del sujetador de nubecitas que sigue transparentándose a través de tu camisa? —Suelta una carcajada mientras se echa al hombro la camisa y recoge su ropa interior y los zapatos con un brazo.
El portazo que da al salir le hace los coros al gruñido de frustración de la pelirroja.
*NOTA.
¡Viva el Draco/Ginny y la tensión sexual, fuck! Disculpad mi momento de fangirl, pero no puedo evitarlo, shippeo como una maníaca a estos dos. La prepotencia y malicia de Draco aderezada con la cabezonería y mala baba de Ginny. Porque no sé qué pensaréis vosotros de ella, pero yo la veo como una niña (bajita, no sé por qué) muy inteligente, aunque impulsiva, que ha vivido rodeada de hermanos mayores y ha salido airosa de dicha convivencia.
El caso. Sí, he vuelto a las andadas. Como ya he dicho al publicar Mortífago, la espera a la que os he sometido tan vilmente se ha debido al espanto de final de curso que he tenido en la universidad. Sin embargo el hada de la inspiración ha vuelto a darme por saco con este fic así que, lamentable o afortunadamente, tendréis que seguir aguantándome. No dejéis de leer el siguiente capítulo en el que Ginny volverá a intentar conseguir lo que le pertenece, esta vez mejor armada, y Draco se cobrará su venganza.
Antes de despedirme lamento muchísimo si he dejado reviews por responder. No estoy muy fina y como ha pasado tiempo no sé quiénes habéis recibido mis agradecimientos y quiénes no. Por ello os pido disculpas y os prometo que no volverá a pasar: a partir de ahora los contestaré cuando vaya a publicar de nuevo y así no habrá confusiones.
Por último, muchísimas gracias por los ánimos y el apoyo que estoy recibiendo. Sé que este fic no es la octava maravilla y que es una idea un poco tonta para tratar de haceros pasar un buen rato, además de para contribuir en el fandom con esta gran pareja. Sí, parece no ser santo de devoción de muchos pero, eh, que tiene su qué y espero saber mostrároslo de aquí en adelante. Gracias, por otro lado, a las personas que me han animado a seguir y que han aguantado mis cientos de dudas, Kaolla, Eme, Filbuster y, sobre todo, Källa, sin la cual esta historia jamás habría existido (no he sabido cambiar eso que no encajaba, nena, espero que puedas perdonármelo con la escena final con la pelirroja mode zorra ON).
Se os adora, queridos.
