Capítulo 4
Unos semanas los habitantes de Holstein y Kalador fueron invitados a una fiesta organizada por la reina Afrodita, la soberana de Herzel. Desgraciadamente, a pesar de que la vida en Holstein era muy placentera para sus habitantes, sobre ellos pesaba la constante amenaza de guerra entre ellos y sus eternos rivales, el reino de Kalador.
Aunque el territorio de la reina era un lugar considerado neutral, tanto el rey como los súbditos de Holstein invitados a la fiesta se fueron con el corazón en un puño. Antes de partir, Shaka ya había organizado a los centinelas tanto del castillo como los estacionados en los puestos fronterizos y los que se distribuirían a lo largo del camino hasta el palacio de Von Herzel y que les mantendrían informados de cualquier ataque enemigo y de sus movimientos.
Otros notables personajes eran Aldebarán Cesarini, un hombretón altísimo que era capitán de la guardia real de Holstein y cabalgaba entre la comitiva protegiendo la retaguardia y ubicando en varios puntos estratégicos a los hombres a su disposición; en un segundo carruaje venían Herr Aioros, la princesa Artemisa (hermana de Shion) y un príncipe escandinavo conocido como Afrodita, Duque de Rose Noire, que a veces actuaba como espía al servicio del rey. Por último, otros súbditos de Holstein venían a caballo y entre ellos estaba Mu.
La comitiva era liderada por el carruaje real y las soldados de caballería que actuaban como guardaespaldas
El rey vestía elegantemente con ropas de seda, terciopelo y otros ricos materiales pero su atuendo era de un estilo más austero que el del rey de Kalador y de colores oscuros.
Shaka fue el primero en presentarse ante Frau Athena, la consejera de la reina Afrodita y tan pronto como hubo mostrado las invitaciones y hecho constar quienes venían con él en el carruaje, se presentaron el príncipe Milo y el rey Shion. Los tres fueron guiados hacia el gran salón donde la reina los recibiría junto a los otros invitados.
Poco a poco fueron llegando los demás invitados provenientes de Holstein y de los otros reinos circundantes.
Shaka estaba hablando con su soberano y el heredero cuando llegó el capitán de la guardia, Herr Aldebarán, y ambos dieron la información pertinente a las medidas de seguridad tomadas. Shaka y Aldebarán se alejaron por unos momentos para asegurarse de que todo iba bien con los centinelas y discutir un posible plan de evacuación en caso de peligro, mientras Aioros, que acababa de llegar seguido casi inmediatamente por Mu, fue a saludar al rey y el príncipe.
Shion atrajo discretamente la atención de Shaka, que volvió al lado de Su Majestad para recibir nuevas instrucciones. Poco después, el rey se dirigió al joven de cabellos lilas, cuyo aspecto físico le había llamado la atención pues le recordaba a alguien a quien conoció mucho tiempo antes. Le hizo varias preguntas y demostró interés en las respuestas del muchacho. Shion se llevó una excelente impresión de aquel joven.
Mientras tanto Aioros no perdió el tiempo en increpar a Shaka acerca de su vida social y de nuevo hizo dotes de Celestina, llamó a Mu y le preguntó si sabía bailar. El muchacho se ruborizó un poco al responder negativamente, detalle que Aioros aprovechó para decir que Shaka debería demostrarle como hacerlo; el rubio se molestó un poco, no porque el muchacho no le cayera bien, sino porque le parecía que el consejero era un metomentodo.
—Está bien, Aioros —suspiró el rubio viendo que no le quedaría otro remedio, pero al mismo tiempo sonrió algo maliciosamente— pero primero... Mu, simplemente fíjate en como nos movemos y después me pondré contigo.
Aioros, para sorpresa de Shaka, accedió a bailar con él aunque le dijo que lo hacía muy mal. Comenzaron a dar unos pasos al ritmo de la música que sonaba mientras el joven de ojos verdes los observaba atentamente. No obstante, no habían hecho más que completar una pequeña secuencia cuando Aioros se las arregló para que Shaka quedara con un pie enredado en los suyos y fuera a darse contra el suelo cayéndose frente a Mu, a quien también estuvo a punto de derribar.
Shaka se disculpó y al levantarse notó una ligera sensación punzante en la pierna pero no le dio mucha importancia debido a lo enfadado que estaba con Herr Aioros.
—Mu, tal vez Herr Shaka quiera enseñarte como no bailar, ja, ja...
—No le hagas caso, lo que pasa es que Herr Aioros es un patoso que no sabe como mover los pies.
—Ya te avisé que no soy buen bailarín —le dijo el otro con sorna.
Shaka no quiso formar una escena y fue hacia Mu a quien primero mostró los pasos de bailes elementales y explicó las reglas básicas de etiqueta pertinentes a los bailes en grupo, como sacar a bailar a alguna dama o aceptar un baile por parte de algún pretendiente.
—Simplemente sígueme, cuando me mueva tú debes hacerlo al mismo ritmo y copiando el movimiento, sólo que por el lado contrario.
Ambos bailaron juntos durante la siguiente pieza, el rubio quedó sorprendido por la gracia innata del otro chico y ambos se miraron a los ojos por breves instantes y sintieron como nacía una atracción mutua. Los otros súbditos de Holstein los miraban con atención pues eran los únicos en la pista de baile, ya que nadie más se había animado a salir y los miembros de otros reinos presentes mantenían las distancias. De todas formas, el baile no había empezado oficialmente ya que faltaban numerosos invitados y la música que sonaba era simplemente de fondo, pero para los propósitos de los dos jóvenes, ya servía.
Desgraciadamente aquel disfrute les duró poco puesto que Shaka sintió un dolor aún más agudo en la misma pierna y tuvo que pedir a Mu que pararan. Se fueron hacia un lugar discreto pues notó que la parte baja de su pantalón que iba metida en la bota estaba húmeda.
Shaka puso su mano en aquel lugar y la retiró teñida de rojo. La daga que llevaba escondida al salirse de su vaina le había hecho un corte que aunque sangraba con profusión, no era demasiado profundo y Aldebarán le trajo una copa de vino discretamente para usarlo como desinfectante. Tanto Mu como Aioros se asombraron al ver que Shaka iba armado y ambos expresaron su preocupación por el posible incidente diplomático que podía causar si lo descubrían.
—Mira que eres tonto, Aioros. Tú mejor que nadie debería saber que todo aquel que se encarga de la seguridad del rey Shion tiene el privilegio de ir armado en su presencia. Además, las armas personales están permitidas.
—Sí, pero no estamos en Holstein.
—¿Y qué? Eso no es sólo un privilegio, querido. Es también mi obligación proteger a Su Majestad y sino cuando llegue la guardia real de Kalador fijate bien y verás que ellos también las portan para defender a su soberano.
Tras este incidente, que por suerte no fue grave para Shaka, se sucedieron varios otros hasta que al final llegó el momento en que la reina Afrodita hizo un anuncio oficial: el de su próximo matrimonio con el rey Odin del Kalador. Aquella fue la señal para que los súbditos de Holstein se retiraran del palacio con la mayor dignidad posible y regresaran a su reino.
