4. Licor.

Era amargo, color borgoña, de olor dulce, de sabor excitante y sumamente venenoso. Pero ninguna de esas razones cambio su decisión para seguir, era un reto y él era de las personas que no dejaban ir ninguno.

Pero nueve copas fueron suficientes para dejar ir su equilibrio, y tres más su conciencia. Lo único que recordaba era el sonido de estruendosas risas, algo húmedo sobre sus labios y una prenda azul.

-Mierda.

Harry Potter se reincorporo, estaba acostado sobre el comedor, se acomodo las gafas redondas tratando de enfocar, pero desistió, toda la habitación le daba vueltas y eso acrecentaba su asco.

-¿Harry?

Harry abrió los ojos, rodo sobre la mesa hacía la derecha. Ginny estaba en el marco de la puerta, con los brazos cruzados, con su melena pelirroja sobre sus hombros, mordiéndose los labios, culpable.

-¿Por qué gritas Ginny?

-No estoy gritando.-le contesto.

-Oh.

Sus ojos giraron hacía el techo, donde había una gran mancha café. "Diablos, me va a matar". Su rostro perdió color al recordar que Ginny no debería estar ahí. De un salto se bajo de la mesa.

-¿Qué haces aquí?

-Adelantamos el regreso.

Harry estaba pensando en cómo rogarle que no lo mandara al sofá, pero su risa lo distrajo.

-¿Qué pasa?

-Te sienta el azul.

Ginny giro sobre sus talones sonriendo. Harry no entendió su risa, pero supuso que eso era favorable para él. En definitiva, era peligrosa la noche de hombres…Aún más con sus futuros cuñados. Suspiro y camino dispuesto a seguirla, pero algo lo incomodaba, bajo la vista.

-OS VOY A MATAR

Un sujetador azul cielo cayó al piso, junto a una botella de licor.