(Card Captor Sakura y sus personajes son propiedad de CLAMP)
Mentir por Amor
Capítulo 3
Congeniando en espacios reducidos
(Shaoran)
Noche, luces, colores, velocidad y un reloj que marca las tres de la madrugada. Figuras distorsionadas se mueven conmigo metro a metro, segundo tras segundo, abrazando la oscuridad. La moto se desliza velozmente entre los pocos vehículos que circulan a esas horas en las que solo se pueden encontrar trabajadores que empiezan su jornada, juerguistas que terminan su fiesta y ladrones que preparan un nuevo plan. Nada bueno, nada inocente, nada bonito ni sencillo. Es la diferencia entre mis días y mis noches, aunque ambas cosas presentan ese matiz oscuro y desagradable que yo me esfuerzo en evitar.
Poco a poco me alejo del tráfico, del ruido, de las tiendas iluminadas, de los bares abiertos y de las bibliotecas cerradas. Me adentro en una callejuela poco transitada mientras el viento sigue acariciando mi rostro y revolviendo mi pelo. Qué extraño, en esos momentos tengo la sensación de que no necesito nada más, sólo mi cazadora de cuero, mi Kawasaki, la música sonando desde los auriculares de mi iPod y el viento siempre soplando, mostrándome el camino cuando yo no sé hacia dónde debo ir.
Acelero la moto, conduciendo deprisa por las calles vacías y sintiéndome volar.
Como no frenes el ritmo, sí que vas a salir volando, pero sin alas y hacia un batacazo asegurado…
¿Y por qué no? Si me matase ahora mismo ya no tendría que soportar más el castigo que me ha encomendado mi propio y maldito destino. Sigo aumentando la velocidad…
Uno, dos tres, ¡cuarenta!
¡Por Dios, menudo pensamiento! Lo siento, pero no. Amo demasiado esta vida como para abandonarla así como así. Si tengo que cumplir lo que un día prometí lo haré. Y después ya veremos qué sucede.
Le doy un pequeño respiro al motor y conduzco tranquilo hasta que vislumbro el bloque de apartamentos en donde vivo; un lugar tranquilo, con vecinos demasiado atareados en sus vidas como para prestar atención a la mía. Mejor así.
Algunas habitaciones reflejan la luz proveniente de alguna lámpara colgada de a saber qué habitación, luces tenues, ambiente idóneo para juegos nocturnos de madrugada.
Aparco la moto en la plaza del recinto cerrado que me corresponde por vivir allí. El portero de turno me saluda con la mano desde la caseta en donde se encuentra sentado, controlando y vigilando quién entra y quién sale del edificio, si se trata de una cara desconocida o todo lo contrario. Es un buen tipo, a decir verdad, el único que nunca está lo suficientemente ocupado para darte los buenos días o preguntar qué tal ha ido la jornada estudiantil en mi caso.
Le devuelvo el saludo con una débil sonrisa mientras me quito el casco y avanzo en silencio hacia el portal. Apartamento 216, un salón, dos dormitorios, un cuarto de baño, una cocina, un pequeño balcón, 97 metros cuadrados tan sólo para mí, algo grande cuando ni siquiera se puede calificar de piso a mi hogar, pero mi familia quería que, cuando viniese a vivir a Japón, lo hiciera bien. A ellos no les importa el dinero que gaste con tal de que cumpla con mi misión. Esa estúpida misión para la que he nacido y a la que yo me niego a realizar.
Cierro la puerta con cerrojo una vez estoy dentro, y deposito las llaves en un cuenco metálico situado sobre una repisa que sobresale de la pared. Miro el reloj de cuco que cuelga en una esquina del salón; las tres y media de la mañana y yo sin pizca de sueño, pero cansado, muy cansado. Hacer escapaditas a casa de Eriol tan sumamente tarde para organizar los preparativos para la fiesta del sábado no es bueno. Y ni siquiera se han presentado Yamazaki o Ryuo, todo porque Eriol no les ha comentado nada. O quería dejarlos tranquilos para que rindieran mañana o quería molestarme a mí para que no durmiera en toda la noche.
Que si esto va aquí, lo otro allí… Ahora que hemos terminado vámonos de copas… No, es mejor que no, que mañana hay clase y tengo que madrugar… Venga, que eso no importa, no seas aburrido, así hablamos de esto y de lo de más allá…
La misma historia de siempre con idénticos resultados; yo que accedo a irme de copas con Eriol a cualquier bar cercano durante algunos minutos que se convierten en pesadas horas, él que se pide cubata tras cubata mientras yo me dedico a mirar el panorama detrás de la barra, yo que comienzo a aburrirme, él que ya no sabe ni quién es por culpa del último trago, yo que acabo acompañándolo a su casa porque él no se acuerda ni de dónde vive y nuevamente yo, que me largo con la moto a toda pastilla antes de que pueda retenerme con cualquier excusa barata y poco preparada.
Y aquí estoy, en medio del salón con mi soledad a cuestas, mirando a la nada. Me dejo caer sobre el sofá y permanezco unos minutos observando la pantalla negra de la televisión apagada. Estoy tan agotado que ni siquiera tengo ganas de mover el brazo para alcanzar el mando a distancia y ponerme a hacer zapping, intentando así matar el tiempo que sigue pasando.
De pronto, una lucecita parpadeante proveniente del teléfono llama mi atención. Ah, es el contestador automático: ha llamado al número de la Residencia Li. Lo siento, en estos momentos no podemos atenderle, aunque si lo desea, puede dejar su mensaje después de la señal y llamaremos en cuanto podamos.
Cierro los ojos y suspiro. ¡Vaya sarta de mentiras! ¿Residencia Li? Aquí sólo vivo yo, nunca viene nadie, sólo yo, yo, yo… ¿Llamaremos en cuanto podamos? Menuda patraña… Hace tiempo que ya no respondo a ningún mensaje, quizás porque todos provienen del mismo número, ése que yo tanto odio, y que con el paso del tiempo se han ido acumulando en el contestador sin ser ni tan siquiera escuchados.
Me incorporo muy despacio y paso junto al teléfono sin hacer caso de la luz roja que sigue parpadeando insistentemente. ¿Para qué? No te esfuerces, no pienso escuchar ninguno de tus mensajes. Aún con todo eso, no puedo evitar deslizar la mirada hacia la pantalla del contestador y ver el último número que ha llamado sin obtener respuesta alguna. Lo sabía, otra vez la misma historia…
¡Se acabó! Me largo a dormir, ya no puedo más.
Y es entonces cuando ese último pensamiento también se ve frustrado. En mi habitación, sobre la cama, descansa indiferente un paquete alargado, atado con varias cuerdas y situado junto a un sobre de papel blanco. ¿Cómo ha llegado eso hasta mi dormitorio? El portero no tiene las llaves de mi apartamento y las puertas y ventanas están firmemente cerradas.
Con desconfianza, empiezo a caminar y me siento en el borde de la cama. Ahora tengo entre mis manos ese sobre blanco. Lo giro, le doy mil y una vueltas, pero no hay nada, ni remitente, ni dirección, ni nombres ni tampoco apellidos. Nada. Finalmente decido abrirlo y en cuanto lo hago me arrepiento. Esa caligrafía inconfundible se extiende a lo largo de un folio que brilla por su pulcritud. Un detalle más de la persona que me escribe. No puedo aguantar más la curiosidad y comienzo a leer.
¡Hola, Shaoran! ¿Qué tal te va todo por Japón?
Aquí la vida sigue siendo igual de aburrida. ¿Sabes? Creo que tengo la sensación de que pasa el tiempo por el simple hecho de que me miro al espejo cada día y poco a poco voy notando todos los cambios.
A pesar de esta monotonía insoportable, por aquí todo va bien… Mi única queja es que tú no estás aquí con nosotros. ¿Crees que podrás regresar a casa por Navidad? Son fechas para pasarlas en familia, y no para compartirlas en soledad con tus muebles. Así que, por favor, ven. Todos se alegrarán mucho de verte, estoy segura de ello.
¿Y qué? ¿Ya te has echado novia? ¡Me muero de ganas por que llegue el día en que nos comuniques que por fin has encontrado a alguien a quien amar! Tus hermanas opinan que ese día nunca llegará, pero yo confío en ello. Después de todo, no eres inhumano, ¿verdad? ¿O es que tu destino te ha despojado de todos tus sentimientos? ¡No te hagas la víctima, que nos conocemos!
Hace dos semanas yo terminé con mi última relación. A decir verdad he estado saliendo con quien me daba la gana por no sentirme sola. Antes te tenía a ti, pero tú te marchaste y yo no podía seguir esperándote. Aunque, sé que nunca me quisiste, que la promesa que hicimos de pequeños nunca se cumplirá, ¿recuerdas? Yo no lo he olvidado. Sin embargo, a partir de ahora voy a estar con quien yo quiera, voy a buscar a la persona adecuada y estaré con esa persona únicamente si tengo la certeza de que es la correcta. ¡Se acabaron los rollos esporádicos! Felicítame, ¿eh? Que yo diga eso es todo un milagro, no digas que no.
Shaoran, para qué negarlo. Te echo de menos… Las cosas no son lo mismo desde que te has ido… Y ni siquiera puedo hablar contigo, porque has decido no responder a mis llamadas telefónicas. En el fondo lo comprendo, debes pensar que soy una pesada que solo quiere molestar, pero no es así. Me gustaría que de vez en cuando hablásemos. Quiero escuchar tu voz, saber cómo te encuentras o si necesitas algo.
Tu padre, Lyang, está preocupado, pasan los años y no obtienes ninguna respuesta. No hay rastro de esa chica que porta sin saberlo nuestra magia. Sabes que si descubre el poder que guarda en su interior podría destruirnos sin miramientos. La Familia Li está a la cabeza del mundo mágico desde hace casi un milenio. No podemos permitir que una simple muchacha cree otra familia de magos y nos subordinen a ellos superando nuestra magia.
Últimamente Lyang está muy nervioso con todo este asunto. Ve que se pasan los días y que no hay ninguna novedad. Además, cree que estás intentando escaquearte, por ello te envía este paquete junto con mi carta. Supongo que es para recordarte quién eres de verdad, para que lo tengas en cuenta y nunca lo olvides.
Sin embargo, independientemente del peso que cargues a tus hombros, independientemente de tu nombre y apellido, independientemente de todo lo que opine el resto de la gente, quiero que sepas que aún si no fueras todo eso, tú seguirías siendo el mismo para mí, alguien especial, valiente, importante en mi vida. Por ello, ¡cógeme el teléfono cuando te llame!
No, en serio, sólo bromeaba con eso.
Cambiando de tema, Lyang me ha comentado que no te diga nada, pero considero que debes saber esto, creo que es importante, al fin y al cabo...
Ielan ha caído enferma. No es nada de lo que debas preocuparte, vamos a comenzar el invierno y es normal que haya pillado una gripe común. Según los médicos, se pondrá bien enseguida. ¡Es tu madre! Todos conocemos ya su fortaleza. Pero aunque no sea nada grave te lo digo porque tal vez así llames a casa, seguro que ella también quiere hablar contigo. Recuerda que siempre ha estado dando la cara por ti, aunque tú no te dieras cuenta.
¿Qué más tengo que contarte? Supongo que ya te lo he dicho todo.
¿Quieres un consejo? No te agobies con lo que tú ya sabes. Hazlo lo mejor que puedas y olvídate de todo lo demás. ¡Y si no eres capaz de pensar esto por ti mismo, iré personalmente a Japón y te lo repetiré una y mil veces hasta que te entre en esa cabezota que tienes, ya lo sabes!
Espero que todo te esté yendo muy bien, que seas feliz a pesar de todo y que no te traumatice el paquete que te envía tu padre . No te olvides de darle recuerdos de parte de toda la familia a Eriol en cuanto le veas (seguro que él no da palo al agua en todo este asunto, ¿me equivoco?). ¡Os echamos de menos!
Un abrazo muy, muy, muy fuerte, Shaoran.
Tu prima,
Meiling Li.
PD: ¡¡Llámame (pero con la ll, ¿eh?) de vez en cuando, no te hagas de rogar!!
Meiling, mi prima, la que ha estado llamando a casa continuamente sin ser respondida, la que prometió estar por siempre a mi lado, la que ahora había escrito esa carta… Y a la que siempre he ignorado con toda mi alma, pues ella siempre quiso de mí lo que yo nunca podía darle.
De un modo u otro había logrado sus objetivos. Yo no había contestado a sus llamadas telefónicas durante todo aquel tiempo, pero había acabado leyendo esas líneas tan cercanas, incluso agradables. Bravo, Meiling, sería estúpido no decirlo.
Y qué decir de mi padre… Lyang, viejo zorro, astuto como él solo, ¿qué me envías en ese paquete tan bien cerrado? Me da miedo averiguarlo pero, nuevamente, la curiosidad puede más que mi voluntad.
Abandono la carta a su suerte en mi mesita de noche y coloco el presente sobre mis rodillas. Lo levanto algunos centímetros. Diablos, pesa mucho… y es demasiado largo. ¿De qué se trata? ¿Y qué es ese papelito situado en el extremo? Parece una nota… y efectivamente lo es. Únicamente hay dos palabras escritas en tinta negra, con una caligrafía firme y decidida, fácilmente reconocible, sobre un pergamino firmado con el sello de la Familia Li:
Úsalo bien.
Con un ligero temblor en mis dedos, voy desatando las cuerdas que mantienen cerrado el envoltorio del paquete. Esas palabras pertenecen a mi padre, no hay lugar a dudas. Él nunca se extiende, es un hombre de pocas palabras y discursos escasamente elaborados. Una vuelta aquí y otra vuelta allá. Finalmente el envoltorio marrón cae ligeramente al suelo desentrañando el misterio de aquel extraño correo.
Puedo ver mis ojos reflejando la sorpresa en la hoja afilada. No lo puedo creer.
Una espada… De estilo occidental pero con detalles orientales en la empuñadura. Larga y plateada, peligrosa, mortal, forjada para cumplir un objetivo, el mismo que el mío; impedir la destrucción de la Familia Li… ¡Por culpa de una chica normal y corriente! Suena incluso ridículo y sin embargo es lo que hay. ¡Maldita sea!
Pero con todo y eso, es un arma perfecta, grácil y hasta hermosa. Me pongo en pie y doy unos cuantos pases por la habitación. Izquierda, derecha, ahora manejando el revés. Parece que esa espada ha sido diseñada para mí, es como una extremidad más de mi cuerpo… Entonces, un ligero despiste y pierdo toda mi atención. Como consecuencia, un marco de cristal con una foto de mis amigos en su interior, se cae del escritorio y alcanza el suelo rompiéndose en mil pedazos.
Nervioso por el estrépito, el temblor aumenta en mis manos. Me pongo en cuclillas y recojo como puedo los pedazos del marco y la fotografía, ahora algo arrugada. Al hacerlo, me hago un pequeño corte en el dedo con la esquina de algún cristal y entonces tengo la certeza de dos cosas innegables.
La primera es que esa noche definitivamente no podré pegar ojo.
Y la segunda es que nunca debo perder el control cuando empuñe esa espada.
(Sakura)
Yukito vive en una casa de estilo tradicional, con su jardincito y su estanque vacío, sus cuidadas flores adornando cada extraño recoveco e incluso su pequeño templo en honor a sus ancestros. Lo único que le falta a la casa de Yukito es el arco de entrada, con su tejadito y su puerta de madera. Supongo que lo tenía, pero con el paso del tiempo tal vez pensó que ese detalle ya no tenía cabida en el siglo XXI. Siempre que me paso por aquel lugar tengo la sensación de haber retrocedido en el tiempo y eso es algo maravilloso…
La puerta de entrada que conduce al jardín siempre está abierta. Yukito es demasiado confiado… Demasiado… Pero ahora no hay nadie más que yo allí y está claro que no voy a robar nada, al menos nada material.
Miro el reloj. Es pronto, todavía no se habrá marchado a la Facultad. Perfecto. Avanzo por el caminito de tierra recordando todos y cada uno de los momentos que he compartido junto a Yukito en aquel jardín, como aquella noche de luna llena en que las estrellas brillaban sin parar. Recuerdo que mi hermano se presentó con un enorme telescopio desde el cual pudimos observar todo el cielo nocturno. Una estrella fugaz cruzó el firmamento mientras Yukito me abrazaba y me instaba a pedir un deseo. ¿Qué podía yo desear? Sí, eso… que él y yo fuésemos felices para siempre, lo típico, ¿no? Pero era tan necesario, tan vital… tanto que no me di cuenta de que la estrella ya había desaparecido de mi vista antes de que yo pudiera formular mi deseo. No sé si se habría cumplido o si todo se hubiera quedado en un simple cuento para niños, pero no me dio tiempo a pedirlo…
Aprieto la bolsita que contiene los llaveros contra mi pecho y entro en el interior de la casa. Nada más hacerlo puedo escuchar la voz de Yukito procedente del salón:
—¿Ya estás de vuelta? ¡Qué rapidez!
Y corre hacia el hall de entrada con una sonrisa que no cabe en su rostro, sonrisa que desaparece al ver mi figura junto a la puerta.
—¡Sorpresa! — grito extendiendo los brazos en el aire y lanzándome a su cuello. Intento besarle, pero él no se deja y me aparta delicadamente mientras clava su mirada de caramelo en la mía.
—Sakura… ¿Qué estás haciendo tú aquí? — pregunta extrañado.
—Tenía tiempo antes de volver a casa, así que por eso decidí pasar a saludarte. — súbitamente recuerdo el comentario que he escuchado al entrar — ¿Qué pasa? ¿Estás esperando a alguien?
Yukito se encoge de hombros y niega con la cabeza.
—No, qué va. Pasa, ¿quieres tomar algo? — dice mientras me invita a acompañarle a la cocina con un gesto de la mano – Pero tiene que ser rápido. La fiesta de la Facultad va a comenzar pronto y tengo que arreglarme… Por cierto, ¿qué tal hoy en el instituto?
Lo miro de arriba abajo. Tiene puesta una camisa blanca que sobresale por unos vaqueros grisáceos. Simple, pero para mí perfecto. Luego pienso en su última pregunta y es inevitable el recuerdo de esos labios sobre los míos.
—Supongo que podría haber sido mejor —digo encogiéndome de hombros— Un idiota me ha besado… —silencio. Espero la reacción de Yukito creyendo que empezará a dar gritos muy indignado porque alguien más haya besado a su novia. Pero no sucede nada parecido, en lugar de eso, se echa a reír como si cualquier cosa.
—¿Y qué tal? ¿Te gustó?
—¿Cómo? —pregunto de lo más extrañada arrugando el entrecejo— ¿No te importa que otro me haya besado?
—Claro que me importa, Sakura, pero ¿qué quieres que haga? Esas cosas pasan entre los adolescentes. Te entra uno y a veces no puedes hacer nada por evitar algo como un beso. Además, yo confío en ti y sé que no significó nada, ¿cierto? —Yukito vuelve a sonreír— ¿Qué te apetece tomar? ¿Un refresco? – sugiere escudriñando el interior de la nevera. Luego mira el reloj— Bueno, sírvete tú misma, yo voy a cambiarme para ir a la Facultad, ¿eh?
Ignoro ese comentario referido al refresco. Se me ha quitado la sed. No esperaba que montara una escenita de celos, pero al menos imaginaba que se enfadaría. En fin, prefiero no darle demasiadas vueltas al asunto.
—Bah, no te hace falta que te cambies… Así estás bien.
—¿Bromeas…?
Y antes de que pueda decir nada más, le agarro por el cuello de la camisa y le conduzco hasta el salón entre besos y caricias que él ni siquiera corresponde, un pequeño detalle que hace saltar todas mis alarmas. Lo intento una y otra vez, pero él sigue a lo suyo, intentando zafarse de mi abrazo y de todo lo demás. Al final, acabamos sosteniéndonos la mirada. Una mirada fría y distante, extraña. Algo no funciona… ¿Pero qué? Sin que me dé tiempo a pensar demasiado en esa pregunta, decido cambiar de estrategia y nos sentamos el uno junto al otro en uno de los sofás azules que ocupan la estancia.
—Mira, cuando venía hacia aquí he visto esto y no he podido evitar comprarlo — explico sonriendo mientras Yukito mira hacia todos los lados menos hacia donde tiene que mirar, es decir, hacia el paquetito que yo sostengo entre mis manos. Parece algo nervioso — Es una tontería, pero espero que te guste…
Yukito acepta el regalo y lo desenvuelve con manos temblorosas. Finalmente ahí está el llavero con forma de caramelo de media luna. Separa una de las partes y me tiende la otra en silencio mientras yo espero su respuesta. ¿Qué diablos le sucede?
—Vaya, es muy… —comienza intentando sonreír — bonito.
Sé que algo le ocurre, pero yo no pienso darme por vencida sin plantar batalla. Ya está decidido, estoy cansada de tanta inútil espera. ¡Un año! Ya es suficiente.
—¿Verdad que sí? Lo he comprado porque cuando lo he visto me ha recordado al caramelo que me das todas las mañanas y he pesando que cada uno podríamos tener en nuestras llaves la parte que nos ha tocado, ¿qué te parece? Eso sí que sería bonito… Además, en la tienda me dijeron que podemos grabar nuestros nombres en el reverso del llavero. — hago una pausa esperando su reacción o algún comentario, pero no dice nada. Se queda mirando al vacío, por lo que tengo que actuar de nuevo— ¿Quieres que lo hagamos?
Yukito se sobresalta ante la pregunta. Luego deposita el llavero sobre la mesa situada frente al sofá y me mira con desconcierto.
—¿El… qué?
Se ruboriza ligeramente mientras formula esa pregunta, como si temiera mi respuesta. Pero, ¿de veras tengo que responder? No sé por qué empiezo a creer que hoy tampoco conseguiré nada. Sí, sí, de hoy no pasa… ya…
—Poner nuestros nombres en los llaveros, tonto — explico mientras Yukito parece relajarse de nuevo. ¿En serio que estaba pensando en eso?
—Bueno, como tú quieras…
—Aunque, si te apetece, también podemos…
Y casi empiezo a trepar por su pecho desabotonando su camisa blanca hasta llegar a su boca. Me detengo y lo miro a los ojos. Esos movimientos alertan a Yukito, que rápidamente coloca sus manos sobre mis hombros, impidiendo que avance más.
—Sakura… ¿Qué estás?
Lo beso, suave, lento, sin perder el ritmo mientras mis manos van deshaciéndose de los botones que me incordian. Yukito siempre ha respetado mis decisiones respecto al tema del sexo. Pero estoy convencida de que ya ha llegado el momento de demostrarle que verdaderamente él es importante en mi vida. Tanto, que estoy dispuesta a entregarme a él como a ninguna otra persona. Sin embargo, parece que Yukito no tiene las mismas ideas ni las mismas intenciones en mente que yo. Ni ahora… y este paso, ni nunca.
—Déjalo, Sakura… Mejor así…
Me aparta de su lado mientras se recoloca la ropa y abandona el sofá, dejándome con las ganas flotando en el aire y los ojos a punto de desbordar en lágrimas ante ese claro rechazo que siembra mi cuerpo de terribles dudas. Dudas sobre nosotros, sobre nuestra historia, dudas y más dudas que nacen con cada lágrima que no resbala por mis mejillas debido a que quiero ser fuerte y no llorar, o acaso ser cobarde y no demostrar mi debilidad, no lo sé, no quiero ni pretendo derrumbarme ahora. ¿Pero a quién le importa esa fuerza?
Antes de que desaparezca del salón, me levanto corriendo y le tomo de la mano. Yukito se queda así, quieto, sin hacer otra cosa más que respirar.
—Oye, Yukito — digo rompiendo el silencio que nos envuelve. No sé cómo preguntarle lo que tengo en mente. Ni lo sé ni quiero saberlo, pero algo en mi pecho se muere por conocer la verdad. Y ese algo es más fuerte que yo, más valiente y más decidido.
—Dime, Sakura.
Cierro los ojos y comienzo a llorar en silencio. Nuevamente en silencio… Odio no escuchar nada más que mis pensamientos o los inútiles latidos de mi corazón que empieza a quebrarse.
—¿Tú me quieres?
Yukito se gira lentamente y me abraza con fuerza, pero esta vez soy yo la que lo rechaza. Toma mi rostro entre mis manos y me observa intentando mostrarse seguro, intentando sonreír sin éxito.
—Claro que sí, pequeña… Y no quiero que dudes de eso. Tú eres…
—¿Me amas? — interrumpo mostrándole mis lágrimas — Querer no es lo mismo que amar…
Yukito no dice absolutamente nada y es entonces cuando yo comprendo todo lo demás, que no pinto nada allí, que nunca lo he pintado porque él jamás me ha amado. Por eso nuestra relación era como la que pueden llevar dos amigos con ciertos privilegios. Me jodía especialmente recordarlo y más aún, darle la razón a Shaoran Li, pero sencillamente la tenía…
¿Qué es un beso entre amigos?
No había pasión, no había chispa, no había luz, no había electricidad ni fuerza. No había nada, igual que la boca sellada de Tsukishiro ante mi pregunta. Simplemente no había amor. ¿Por qué no he sido capaz de darme cuenta antes?
—¿Me amas, Yukito? — repito entre más lágrimas tratando de despertar de esa pesadilla, buscando una señal que elimine todos esos fantasmas de mi cabeza. — Contesta, por favor…
Yukito agacha la cabeza y suspira con resignación. Entonces, no me hacen falta sus banas palabras, yo ya sé la respuesta.
—Lo sabía…
Y corriendo cargo con todas mis cosas y me dirijo hacia el hall. Yukito ni siquiera intenta detenerme. Es más, no es capaz ni de mirarme a la cara. No hace absolutamente nada, más que clavar sus ojos en el suelo, que parece haberse convertido en la cosa más interesante del mundo.
Tengo mi mano apoyada sobre el picaporte, un giro más y habré terminado con toda aquella maldita historia, aunque aún hay algo que necesito saber. A pesar de lo mucho que pueda dolerme, necesito saber esa respuesta.
—¿Por qué, Yukito? — pregunto devolviendo la mirada que él no se atreve a lanzarme - ¿Por qué quieres acabar con todo lo nuestro tan de repente? ¡Yo puedo esperar el tiempo que haga falta! ¡Incluso puedo cambiar mi forma de ser si es eso lo que no te gusta! — Y más lágrimas, llanto incontenible acompañado de gritos que no tienen sentido — Dame un motivo, por favor… Necesito saber qué es lo que he hecho mal, en qué me he equivocado o si la culpa de todo esto es mía… Por favor… Yukito…
—Sakura… No te has equivocado… La culpa es tan sólo mía… Me he dado cuenta de que esto no funciona porque, verás…
—¿Hay otra chica? Alguien de tu edad, tal vez…
Y de pronto, la puerta se abre y yo caigo al suelo con gran estrépito. ¡Maldita sea! ¿Por qué siempre tengo que acabar en el suelo, joder?
—Yuki, ya estoy de vuelta. ¡No veas la cola que había en la farmacia! Aunque ahora podemos empezar, la próxima vez tenemos que asegurarnos de que tenemos provisiones antes de empezar a faenar…
Hubiera podido imaginar de todo, cualquier cosa, hasta la más absurda. Pero jamás se me habría pasado por la cabeza que fuera mi propio hermano, Touya, el que apareciera tras la puerta derribándome con un golpe seco que no sólo provocó mi caída al suelo… ¿Y qué llevaba en la mano? ¡Un paquete de preservativos! ¿Es una broma o qué? Ahí está, mirándome de hito en hito, sin saber dónde esconderse ni qué decir…
Mi nombre es lo primero que pronuncian sus labios. Después intercambia miradas con Yukito y ambos me ayudan a levantarme del suelo, pero yo rechazo esas manos que me sostienen y con una velocidad que ni yo misma creo poseer le arrebato el paquete de preservativos a Touya.
—¿Qué significa esto? — pregunto moviendo de un lado para otro el paquete. Ya lo sé, no entiendo para qué lo pregunto. Yukito, mi hermano y unos preservativos de por medio para empezar a faenar. ¡Qué hijos de puta! — ¿Touya? ¿Qué significa, dime?
La casa ha quedado sumida en un mutismo absoluto, que nadie se atreve a romper. Mis lágrimas han detenido su recorrido, quizás porque han olvidado el motivo por el cual caían sin descanso o porque esa razón ha sido reemplazada por otra muy distinta; rabia…
Y seguimos en silencio…
—No es lo que tú…
—¿Que no es lo que yo estoy pensando? No hay ninguna fiesta en la Facultad, ¿verdad? — digo con la voz quebrada — Me habéis engañado… ¡Me habéis tomado el pelo! ¡¿Cómo habéis sido capaces de hacerme esto?! Y… ¡¿Por qué?!
—Sakura, nosotros… Los preservativos me los pidió Yuki, sí, pero era para darte una sorpresa mañana y lo de "empezar a faenar" era preparar el ambiente para…
—Touya, déjalo… Tu hermana no se merece esto…
Yukito me toma por los hombros, pero yo lo aparto bruscamente de un manotazo y salgo a la calle arrojándole la caja de preservativos a mi hermano.
—Sakura, de verdad que…
—¡No! ¿Cómo habéis podido? —repito— No puedo creerlo. Hacer algo así es cruel… Y encima con mentiras de por medio…
Touya se acerca de nuevo a mí e intenta abrazarme, pero eso no soluciona las cosas. El daño provocado es demasiado fuerte, tanto que incluso me impide respirar.
Me aparto de su lado con un brusco empujón. Ese contacto, sus manos estrechándome contra su pecho, ya no tiene vigencia en mí. ¿Qué quiere? ¿Consolarme de la misma forma en que lo hacía cuando papá o mamá se enfadaban conmigo y me reñían por hacer algo indebido? Aquello es más grave que todas esas historias pasadas. Porque entonces yo me echaba a llorar y mi hermano siempre había estado ahí para apoyarme, para defenderme hasta la muerte a pesar de sus molestas bromas, para abrazarme como ahora y susurrarme al oído que todo estaba bajo control, que él me protegería y que no tenía motivos para preocuparme. Y unos años después, Touya se olvida absolutamente de todos esos recuerdos, siendo capaz incluso de… ¿Acostarse con mi novio? ¡Traidor, mentiroso!
Me siento engañada, manipulada… ¿Cómo habría de sentirme? ¡Es la maldita verdad!
—¡No me toquéis! Dejadme en paz… — entrecierro los ojos como si ellos dos fueran a desaparecer por el simple hecho de no estar viéndolos — Dejadme…
Y correr y correr… Y perderme en las calles laberínticas de Tomoeda, sin volver la vista atrás, sin saber hacia dónde dirigirme ni a quién acudir. Sin conocer absolutamente nada, sin encontrar a la persona que secase mis lágrimas, pues estaba sola, sola con mi pena, sola…
La letra de esa canción parece que ha sido compuesta única y exclusivamente para mí en estos momentos… ¿En dónde la he escuchado? ¡Bah, qué importancia tiene eso ahora! Esa canción no presentaba ninguna solución. La historia que contaba era triste y la chica entraba en un pozo del cual ya no podía escapar…
Pero qué podía decir o pensar… no me hubiera importado con quién se hubiera liado Tsukisiro. Con otra chica, con mi hermano… ¡Qué más da! Lo único verdaderamente importante es que me había hecho daño con sus mentiras. ¿Desde hace cuánto, Yukito? ¿Desde hace cuánto tiempo fingías que me amabas? Y Touya, siempre protegiéndome, siempre dando la cara por mí… En realidad también era cómplice de aquella mentira, de aquella farsa, jugando con un títere que había resultado ser yo. Y lo peor de todo es que lo sabía… Yo lo sabía todo desde un principio, que algo no funcionaba, quiero decir. ¡Vamos! Ni aunque me hubiera paseado desnuda delante de las narices de Yukito podría haber aumentado su ritmo cardíaco ni un poquito. Nada… Pero yo creía fervientemente como que el Sol sale todas las mañanas que Yukito no pretendía nada de eso porque me respetaba… Y en realidad era mi propio hermano el que le calentaba la cama por las noches. Suena ridículo, pero es lo toca vivir, es mi historia. Esa que quiero olvidar, dejar de vivir…
Touya y Yukito…
¿Tan predecible era?
Seguro que sí, predecible para todos excepto para mí. ¿Cómo se iba a dar cuenta de toda la farsa la dulce e inocente Sakura Kinomoto? Sí, ¿cómo? Es imposible que sepa nada…
Odio mi inocencia, esa parte de mi ser que me obliga a creer que todo el mundo tiene buenas intenciones a pesar de las muchas máscaras que puedan utilizar para cubrir la caridad. Esa parte que me incita a pensar que no todos son malos.
Como pasó con Li… ¿Quién sabe? Igual el chico tenía buenas intenciones y de veras estaba preocupado porque yo cogiera una pulmonía o algo parecido, pero no. Lo único que pretendía era un acercamiento rápido, para sellar mis labios con un beso que aún ahora, me seguía quemando. ¡Y yo preocupada porque había besado a otro que no era Yukito Tsukishiro!
Yukito…
Había llegado a pensar que me veía demasiado niña, demasiado infantil, que se había buscado a otra que compartiera sus veinticinco años porque yo le aburría. Otra que fuera más mujer, que le diera todo lo que yo no podía darle. ¿Pero qué diferencia había entre otra y yo? Sencillamente que a Yukito no le gustaba el sexo femenino. Touya, Touya, Touya… ¡Siempre Touya!
Y venga lágrimas de nuevo… Lágrimas frente a una cabina de teléfono que de pronto se convierte en mi salvación.
Compruebo que todavía me queda dinero para una última llamada. Junto con la cartera descansa también mi parte del llavero compartido con Yukito. Lo sostengo entre mis dedos durante algunos segundos inacabables y después lo lanzo con todas mis fuerzas hacia ninguna parte, con los ojos bien cerrados para no ver en qué remoto lugar cae y tener la tentación de salir a buscarlo. Luego marco el número correspondiente en el interior de la cabina telefónica. Es el único lugar al que ahora puedo ir.
—¿Diga? Aquí Tomoyo Daidouji.
—Tomoyo… —susurro débilmente contra el auricular.
—¡Sakura! ¿Eres tú? ¿Qué sucede? Te noto algo rara…
—Tomoyo, por favor, ¿puedo ir a tu casa?
—Claro, por supuesto que…
—Y otra cosa… ¿A qué hora es la fiesta de mañana?
(Shaoran)
Mi cabeza… Parece que me va a estallar… Maldito Eriol… Es la última vez que le acompaño de copas. Incluso parece que soy yo el que está de resaca cuando ni siquiera probé una gota de alcohol.
Me desperezo y aparto las sábanas de mi cama con el molesto tintineo de mi despertador y entonces ocurre, me dejo llevar. Con el dedo índice señalo el reloj que se agita dando el aviso de que ya es hora de levantarme y en ese momento estalla en mil pedazos. Un fuerte fogonazo y las manecillas salen volando en todas direcciones, al igual que los cristales y todo el mecanismo que hacía a ese despertador funcionar.
Mierda, a veces olvido por completo la fuerza de mi magia. Además, ése me gustaba…
Suspiro con resignación mientras abro el armario para sacar el uniforme del instituto, pensando que ya no puedo destrozar ningún despertador más, pues el que acabo de romper es ya el decimoquinto que me cargo. Qué le voy a hacer… Se ve que me molesta madrugar.
Un par de tostadas y un vaso de leche es lo que constituye mi desayuno. Después de eso y de asearme en el baño, comienza mi sábado, 16 de noviembre.
En media hora ya estoy en el interior de mi clase, a punto de comenzar una de mis asignaturas favoritas; Matemáticas. No, lo digo en serio, no va con sarcasmo o ironía. Realmente me gustan las Matemáticas porque mientras me como la cabeza con algún problema aparentemente sin solución, no tengo que pensar en nada más.
Eriol llega unos minutos más tarde, con una sonrisa ladina en el rostro y la cartera colgando bajo el brazo. Está radiante, feliz y contento de que sea sábado y de que esta noche sin lugar a dudas podrá darse algún revolcón.
—¡Buenos días, amigo! — saluda alegremente depositando sus cosas en su pupitre.
—Serán para ti. ¿No estás con la resaca?
—¿Y tú sí? — pregunta e inmediatamente se echa a reír — ¡Vamos, Shaoran! ¡Tú no bebiste nada! Si estás así hoy, no quiero pensar qué será de ti mañana.
Me encojo de hombros y justo en ese momento aparece el profesor de Matemáticas; Fye D. Flourite. Alto, rubio, ojos azules, tez pálida y eterna sonrisa dibujada en sus labios… parece haber venido directamente de algún país nórdico, pero por supuesto, eso es algo que nadie sabe, pues nunca ha soltado prenda sobre ello. Las malas lenguas hablan demasiado sobre su orientación sexual, ya que siempre se le ve acompañado del profesor de Educación Física, Kurogane, mostrando actitudes extrañas y poco decorosas. Pero también se dice que podría tener una relación amorosa en secreto con una alumna del instituto Seijô, Chii, una chica de mi edad que estudia en la clase contigua a la mía. De cualquier manera, nadie es capaz de averiguar el misterio de los gustos de Fye. Quizás algún día, cuando nada me ate a este instituto y él no sea la persona que dicta mi nota, se lo pregunte.
—Venga, chicos, sentaos — dice situándose en el centro de la clase.
En ese momento se abre la puerta y aparecen Daidouji y Kinomoto. La primera sostiene a la segunda por la cintura y la ayuda a sentarse en su pupitre, justo delante del mío, depositando su mochila en el gancho que cuelga de la mesa. Ambas se quitan sus respectivos abrigos y tras colgarlos, ocupan sus asientos como si nada hubiese sucedido, como si no hubiesen llegado tarde y veintisiete pares de ojos se clavaran en sus figuras femeninas con curiosidad.
—¿Todo bien, chicas? — pregunta Fye sin moverse de su sitio al tiempo que Daidouji asiente con la cabeza y Kinomoto permanece callada — ¿Sakura?
—Sí, todo en orden…
Sin embargo, la manera en que lo dice delata que sus palabras no son ciertas, pero nadie dice nada y la clase continúa con normalidad.
—Bien, puesto que los exámenes de la semana pasada no salieron del todo bien, he decidido daros otra oportunidad para que podáis aprobar.
Rika Shasaki, una de las amigas de Kinomoto, levanta la mano.
—¿Y no nos vas a dar los resultados de los exámenes?
—Créeme, es mejor que no —el profesor Flourite acaba su frase con una sonrisa y después continúa con su discurso sin más interrupciones— ¿Os suena el enigma de Fermat?
Se escuchan una serie de débiles susurros entre compañero y compañero, pero nadie se atreve a decir en voz alta lo que piensa realmente. Finalmente, Eriol se hace el valiente y levanta la mano.
—Es una ecuación, ¿verdad, profesor?
—Correcto. Una ecuación que ha dado muchísimos quebraderos de cabeza a los matemáticos de todos los tiempos y de todos los países. No creáis que se trata de una ecuación que hace daño a la vista. Todo lo contrario… se trata de algo aparentemente sencillo. ¿Alguien sabe cuál es dicha ecuación?
Nadie responde, pero esta vez yo sí que conozco la respuesta.
—Sí, señor —digo desde mi posición.
—Muy bien, Li… ¿Puedes escribirla en la pizarra?
Me levanto de la silla y tomo entre mis manos la tiza que Fye me ofrece. Entonces lo escribo. ¿Cómo no voy a conocer esa ecuación? ¿Cómo no me van a gustar las Matemáticas? Mi padre me las enseñó muy bien a lo largo de mis años de entrenamiento para cumplir mi misión, igual que a Eriol, porque según él, todo ese asunto requería de lógica pura y eso es algo que sólo las Matemáticas pueden otorgar. No sé si me padre estaba en lo cierto o no. Para mí, la magia y las Matemáticas no tenían nada que ver la una con la otra.
Xn + Yn = Zn (NOTA: X, Y, Z están elevadas a n, pero FanFiction no tiene la opción de superíndice, así que parece un producto pero no lo es. Si no la ecuación resultaría demasiado sencilla. Obviamente no lo es).
—Excelente, Li. Puedes sentarte. – me felicita el profesor Flourite mientras le devuelvo la tiza y regreso a mi asiento — Aquí es a donde quería llegar. Por supuesto, no pretendo que resolváis esta ecuación, ni mucho menos. Quizás sólo los genios podrían tener acceso a la respuesta y, sin ánimo de ofender, aquí ninguno somos expertos en la materia. Lo que quiero que hagáis es un trabajo, sencillo y rápido. Quiero que investiguéis a cualquiera de los matemáticos que trataron de resolver el enigma de Fermat y nos contéis cómo les fue en su búsqueda por encontrar una respuesta satisfactoria. Podéis utilizar cualquier soporte y el trabajo será realizado por parejas. Tenéis diez segundos para elegir a vuestro compañero. —Fye observa su reloj de muñeca y después vuelve a alzar la vista hacia su clase— Y comienza la cuenta atrás, diez, nueve…
La clase se llena de gritos, de gente que se levanta de sus pupitres en busca de su amigo del alma y de palabras que no tienen nada que ver con Fermat y su enigma. Rápidamente intercambio una mirada con Yamazaki, que asiente con la cabeza mientras que Eriol se empareja con Ryuo y la cuenta atrás sigue cayendo…
—¡Tiempo!
Todos se detienen y ocupan de nuevo sus asientos. Fye vuelve a situarse en el centro del aula.
—¿Lo habéis decidido ya?
Todos cruzamos miradas sospechosas que le muestran a Fye que no hemos tenido tiempo de organizarnos.
—¿Nada? ¿No lo tenéis? — silencio absoluto— De acuerdo, las parejas serán nombradas por orden de lista y sin rechistar. La próxima vez tendréis que espabilar.
—¡Pero profesor, yo ya tenía pareja! — se queja Ryuo.
—He dicho que nada de rechistar — dice Fye mientras examina una lista — Veamos… Akizuki con Akane…
Reclino la espalda sobre el asiento de la silla mientras le lanzo una mirada de soslayo a Yamazaki, que se encoge de hombros como diciendo qué le vamos a hacer. Ryuo sigue quejándose por lo bajo, calificando al profesor Flourite de cualquier cosa menos de guapo, por decir algo. Y Eriol continúa impasible, como si no le afectara ese cambio. En realidad todos sabemos que no le afecta.
—Daidouji y Daisuke…
Suspiro mientras Fye sigue leyendo la lista al tiempo que yo comienzo a hacer mis cálculos, pensando en quién será mi compañero para el trabajo.
Dios mío…
¡No puede ser!
—Kinomoto y Li…
Joder… Qué mala suerte, la misma chica a la que besé por la fuerza y la que por poco me mata con semejante hostia en la mejilla. Esto no me puede estar pasando a mí…
Apoyo las manos en la frente y me masajeo las sienes. Repentinamente el dolor de cabeza ha regresado con la noticia. Kinomoto se gira en su asiento y me sostiene la mirada mientras yo se la devuelvo de lo más extrañado. Sus ojos verdes se han teñido rojo. Es como… si hubiera estado llorando toda la noche y la culpa de ese enrojecimiento la tuvieran sus lágrimas.
—Oye, ¿te encuentras…?
De pronto se levanta de la silla y sale corriendo del aula sin dejarme terminar mi pregunta mientras el profesor Flourite continúa leyendo la lista y emparejando a los alumnos por orden alfabético. No obstante, acaba deteniéndose y alzando la vista en dirección a la puerta que Kinomoto ha dejado abierta al salir.
—¿Se puede saber qué le pasa esta mañana a Kinomoto? —pregunta y todos nos giramos hacia Tomoyo Daidouji, que se sonroja y se encoge de hombros.
—Li, ve y busca a Kinomoto. Tráela de vuelta.
¿Eh? ¿A qué viene eso? ¿No tengo suficiente ya con hacer el trabajo con ella?
—¿Qué? ¿Por qué tengo que ir yo? —discrepo olvidando por completo que Fye es mi profesor de Matemáticas, el que sentencia mi nota— Daidouji es su mejor amiga. Ella sabrá qué hacer. Todos sabemos que ella sabe lo que le sucede a Kinomoto aunque no diga nada…
Daidouji se da la vuelta y me contempla con el ceño fruncido, claramente enfadada por el comentario.
—Y ahora tú eres su compañero de trabajo, —continúa Fye— así que más vale que os empecéis a conocer desde ya si queréis aprobar esto. Me parece mentira que os conozcáis desde que tenéis memoria y no os hayáis dirigido la palabra en todos estos años. Y no sólo lo digo por ti. —escruta al resto de la clase antes de volver a perderse en su amada lista con los nombres de los alumnos.
En el fondo tiene razón, no nos hemos dirigido la palabra porque entre nosotros ya ha habido más que eso, aunque no dentro del contexto en que se puede interpretar.
—Yo ya he intentado preocuparme por ella —replico— Pero Kinomoto se ha largado pasando de mí… ¿Acaso ahora no va a hacer lo mismo?
—Mira Li —dice Tomoyo levantándose de su asiento— si tanto te molesta ofrecer tu ayuda a una compañera de clase puedo ir yo. A mí no me supone ningún trauma, que lo sepas. Ni que Sakura te fuera a morder.
Ryuo estalla en sonoras carcajadas, obviamente pensando en lo que no debe. Pero le ignoro por completo, al igual que a Daidouji, y abandono el aula a paso ligero.
¿Dónde puede estar Kinomoto? El profesor Flourite tiene razón, no nos conocemos. ¿Cómo voy a poder encontrarla si ni siquiera sé cuál es su color favorito? ¿El verde? Hace juego con sus ojos, bonitos, por cierto, muy expresivos, capaces de romperte el corazón si los ves inundados en lágrimas.
¿Pero en qué diantres estás pensando, imbécil? Además, el verde es tu color favorito, no el suyo… Sólo te falta insinuar que cualquier color le sienta bien.
Sacudo la cabeza de un lado para otro alejando todos esos pensamientos y empiezo a recorrer todo el instituto en busca de Sakura. Después de diez minutos sin dar con ella, decido volver a la clase de Matemáticas y explicar a todos que ha sido imposible traerla conmigo porque no aparece por ningún sitio.
Y cuando voy camino de clase, me viene a la cabeza el único lugar en donde no he mirado; el baño de las chicas. ¡Claro, tiene que estar ahí!
Resignado, doy media vuelta y me dirijo hacia los lavabos. La puerta está cerrada cuando llego y de ella sale un quejido muy lastimero. No hay duda, Kinomoto está ahí dentro. Ese tono es realmente inconfundible.
Un gran espejo ocupa el lateral izquierdo de la pared, debajo del cual reposan cuatro lavabos sobre los que se sitúan unas bandejitas con pastillas de jabón de color azul, sin olvidarse de las toallas, también azules, que cuelgan de unos ganchos de mental justo al lado de los lavabos. Al otro extremo de la estancia hay una ventana que comunica con el cuarto de baño de las profesoras y en el lateral derecho se encuentran seis cabinas con sus respectivos retretes en su interior. Todo es de color blanco allí, tanto que incluso llega a hacer daño a la vista.
Cuando entro, el débil llanto se detiene y el baño se queda sumido en un profundo silencio que decido romper.
—Kinomoto, sé que estás ahí. Venga, regresemos juntos a clase, todos nos están esperando.
Nadie contesta, nadie dice nada… Me siento un idiota, pero no desisto.
—Vamos, sal de ahí. No creas que voy a intentar besarte de nuevo ¿eh? —bromeo, aunque sigo sin obtener respuesta y empiezo a perder la paciencia— Si no sales de ahí, soy capaz de entrar contigo y sacarte y esta vez no me voy a dejar pegar, que conste.
Y por fin, un débil susurro.
—No quiero… No quiero salir de aquí... No quiero regresar… No quiero enfrentarme a todos…
Sakura Kinomoto vuelve a estallar en lágrimas y entonces puedo averiguar en qué cabina se encuentra metida; en la primera, la más alejada de todas, la que está junto a la ventana.
Me sitúo delante de la puerta y llamo un par de veces, pero Kinomoto sigue llorando y decide no contestar, por ello soy yo quien la abre, comprobando que ni tan siquiera ha echado el cerrojo, y me meto allí con ella cerrando la puerta tras de mí, en un espacio demasiado reducido como para que quepan dos personas.
Sakura deja de llorar ante aquella intrusión y me mira con el entrecejo fruncido. ¿Qué esperaba? Le dije que iba a ser capaz de encerrarme allí con ella…
Tal vez está algo nerviosa por lo que sucedió el día anterior. Estoy seguro de que estamos tan cerca el uno del otro que incluso puede sentir mi respiración en la cara, así como yo siento la suya. Pero esta vez no tengo las mismas intenciones en mente.
—No voy a hacerte nada, te lo prometo —aseguro levantando mis manos a la altura del pecho, con las palmas extendidas. Acto seguido, echo el cerrojo a la puerta. —Confía en mí, sólo quiero saber qué te sucede…
Permanece callada, con la espalda apoyada en la pared de la cabina y las manos entrecruzadas. Parece que una etiqueta de "Frágil" cuelga de su cuello blanco y en el fondo, así es…
Me asalta la duda… ¿Qué hago yo aquí, encerrado con ella en el baño de las chicas? No tiene sentido… Cualquiera menos yo podría ocupar ese lugar. Debí dejarlo todo en manos de Daidouji, pero nuevamente mi orgullo me jugó una mala pasada…
—Lo siento, Li —dice Sakura bajando la mirada— Ahora mismo no puedo confiar en nadie… No tienes ni idea de lo que ha pasado.
Las lágrimas vuelven a aflorar a sus ojos mientras yo siento que mis defensas bajan a todo correr. Es como si no estuviéramos allí, como si mi mundo sólo se redujera a Sakura que llora, que oculta el rostro tras sus manos para que yo no contemple su infinita pena y que me rompe el corazón con su llanto, sin saber ni siquiera por qué.
Es como una niña perdida, viviendo en un mundo que no le pertenece, soñando con un cuento de hadas en donde la princesa muere, porque el príncipe nunca llega a salvarla.
Con los dedos la tomo por la barbilla y alzo su rostro, haciendo que vuelva a mirarme. Después retiro las lágrimas de sus ojos con mi dedo índice y paso mi mano por su mejilla humedecida, en una caricia que, aparentemente, no significa nada. O quizás lo signifique todo.
—Créeme, puedo hacerme una idea perfectamente —digo sonriendo acordándome de la espada que llegó ayer noche a mi casa— Yo tampoco puedo permitirme el lujo de confiar en la gente. Pero tú sí. Quizás ahora no, pero volverás a sonreír, seguro.
—Te equivocas, Li… Yo creía que había gente a mi alrededor que me valoraba, que me quería… Por ello volqué todo lo que yo soy en esas personas… Y sólo conseguí hacerme daño…
De nuevo vuelvo a acariciar su rostro. Está equivocada, está muy equivocada. ¿Cómo puede pensar así? Alguien le ha hecho daño, alguien le ha jodido la vida, lo sé… No quiere contarme nada (y es normal, sigo siendo "el gilipollas que le puso la mano encima"), pero yo tengo la plena certeza de que ella no sonríe por culpa de algún cabrón. Y Kinomoto, por muy fuerte que pegue y por ser experta en romper orgullos, especialmente el mío, no se merece esto. Nadie se merece que le hagan daño… Nunca.
—Eh, yo no pretendo nada con esto —explico y es verdad. Es imposible que se pueda hacer una idea equivocada de todos esos gestos que en mi vida había mostrado con nadie más. Sin embargo, es vital decírselo, es necesario que lo sepa— pero hay que ser muy gilipollas para no valorarte o no quererte.
Kinomoto abre mucho los ojos. Una tímida sonrisa asoma a sus labios, se sonroja y no sabe qué decir, pero su expresión ha cambiado. Ahora está mucho más bonita.
Me la juego, extiendo mis manos hacia ella. Sakura lo entiende, se acerca y me abraza, pasando sus brazos alrededor de mi cuello, mientras que yo deslizo los míos hasta su cintura.
Nos quedamos así por unos segundos.
Dios… Esto es lo más extraño que he hecho en mi vida.
El tacto de Sakura, su mejilla contra la mía, la manera en que sobrepaso su altura, los latidos de su corazón… Todo es distinto en ella.
Una de mis manos trepa por su espalda y se detiene en su pelo, acariciándolo. Es suave, delicado… Ya lo he dicho, diferente.
—Muchas gracias, Shaoran Li —susurra de pronto contra mi oído— Supongo que esto es lo que necesitaba, pero aún así no cambia nada entre nosotros dos. Todavía sigo muy enfadada contigo por aquello.
Se aparta de mi lado. Yo la contemplo divertido.
—¿Aquello? ¿Te refieres a aquel beso?
Sakura se sonroja ligeramente y asiente con la cabeza.
—No vuelvas a hacerlo… Empiezas a caerme bien, pero creo que tú y yo no tenemos química. No te lo tomes a mal, pero… entiéndeme…
Yo estallo en carcajadas antes de responder.
Tendrás que contenerte, Shaoran Li, ya lo has oído.
—Claro, no podía ser de otra manera. Venga, salgamos de aquí.
Y finalmente, Kinomoto también se ríe y cede a mi propuesta.
De esta forma, abandonamos el baño de las chicas, entre un montón de tonterías que hacen que Sakura se olvide de sus lágrimas y por un momento, de lo que sea que le haya sucedido. Me pregunto que será.
Sakura Kinomoto, una chica siempre alegre, decidida, inocente… Se había derrumbado por el peso del llanto y ahora sonreía, sonreía para mí.
Es una sensación maravillosa, sobre todo porque en ningún momento había mentido, tal vez porque en el fondo no puedo mentir. Sencillamente había sido completamente sincero, ella no se merece que no la valoren, ni que nadie la quiera.
Así, nos perdemos entre los pasillos del instituto, hablando y hablando sin parar, bromeando, sonriendo, como dos buenos amigos que se conocen de toda la vida. La diferencia es que nosotros ni siquiera somos amigos y tenemos claro que en cuanto ella ocupe su asiento frente al mío en clase, nuestra relación volverá a ser fría y distante, como siempre lo fue. Ella será para mí simplemente Kinomoto y yo seré para ella Li.
No obstante, de vez en cuando no está mal concederse un capricho y abrirse a nuevas experiencias.
Quizás por ello, pienso que Sakura Kinomoto tiene la sonrisa más bonita, dulce y perfecta del mundo. O tal vez sea porque es la única que me ha sonreído así en toda mi vida. No lo podría asegurar, pero lo que sí que es cierto es ese pensamiento que cruza a todo correr mi mente; que me gustaría que ella continuara sonriendo… para siempre.
Nota de la autora
¡Hola a todos de nuevo!
¡FELIZ AÑO 2010! ¿Qué tal vuestra Nochevieja? Espero que lo pasárais muy bien. Yo he estado fuera estos días, así que por ello no había podido subir el capítulo hasta ahora, pero ya véis que aquí está. ¿Os ha gustado? Espero que sí =) Eso sólo lo podré saber si me dejás reviews con vuestras opiniones.
Como siempre, quiero agradecer a todos aquellos que comentaron en los anteriores capítulos, puesto que te impulsa a seguir escribiendo más y más. Me alegra saber que la historia ha sido bien aceptada por el momento. Aún quedan muchísimas cosas que tienen que desvelarse y muchos momentos únicos que van a suceder. Por lo que espero que sigáis leyendo y comentando, por favor. En serio, muchas gracias por todo vuestro apoyo.
En cuanto a lo del enigma de Fermat, la ecuación consiste en X+Y=Z pero todas las incógnitas están elevadas a n. El año pasado tuve que leerme un libro pesadísimo para la clase de Matemáticas que trataba de cómo los matemáticos de todos los tiempos habían tratado de reolver sin éxito la maldita ecuación. Algunos llegaban a suicidarse al no encontrar la respuesta adecuada, como el japonés Yutaka Tanuyama, las mujeres se disfrazaban de hombres para estudiar Matemáticas y tratar de resolver el misterio, como Sophie Germain, y otros se mataban en duelos por dar con la solución. Este enigma ha sido descubierto hace relativamente poco por el inglés Andrew Wiles con explicaciones matemáticas que yo no podría entender en la vida. Quizás Shaoran sí xD ¿No le gustan tanto? En fin... Simplemente quería dar un poco de información para los que no supieran nada del tema.
Quizás a partir de ahora no pueda actualizar tan pronto. Puede que en vez de una semana tarde 2 en actualizar, debido a que el 11 de enero empiezan las clases y mi calendario está llenísimo de exámenes, por lo que tengo que priorizar los estudios. Pero eso sí, NO voy a tardarme meses y meses en subir los nuevos capítulos. Intentaré actualizar lo antes posible.
Un abrazo a todos y lo dicho, quiero leer muchos reviews del nuevo capítulo xD
Bye!
Ess-chan
.
