Nota de autor: Durante los eventos del juicio escolar Debate Continuo, Confrontación Refutatoria y Duelo de Fuego Cruzado, las alegaciones que en los juegos de la saga Danganronpa aparecen habitualmente en color amarillo (es decir, posibles contradicciones) serán representadas en negrita, mientras que las azules (aquellas con las que es posible mostrarse de acuerdo) serán escritas en cursiva.


- Capítulo 1 -

En ocasiones veo muertos

Juicio escolar

Era como si la Corte Monokuma diese vueltas en la mente de Tsuuya. Era el momento de la verdad, de revelar qué había ocurrido realmente y encontrar al culpable de la muerte de Kenmei. O de lo contrario, correrían todos la misma suerte.

—Comencemos con una pequeña explicación del juicio escolar —empezó Monokuma—. Durante el desarrollo del juicio, debatiréis acerca de quién creéis que es el asesino, y terminaréis votando al culpable. Señalad al verdadero malhechor y sólo él será castigado. Pero, si elegís a la persona equivocada… ¡Os castigaré a todos salvo al malhechor, que obtendrá el derecho a marcharse de aquí!

—Sólo para estar seguros… —intervino Saeki—. ¿Seguro que el asesino es uno de nosotros?

—Seguro al cien por cien —respondió el oso—. El culpable es uno de vosotros sin lugar a dudas. Ah, y no os preocupéis. Los juicios serán justos e imparciales. Como docente, detesto profundamente tanto favoritismos como manías.

—Bueno, ahora que ya está claro —dijo un presuroso Yukimaru—, ¿sobre qué deberíamos hablar primero?

—Sinceramente —intervino Ojika—, yo creo que la pista más importante que tenemos acerca del asesino es el testimonio de Nathel, que para algo se lo encontró.

—¿Cómo dijiste que te atacó? —preguntó Takato.

—Pues seguramente con un cuchillo… —dijo una pensativa Nathel—. Me cubrí como pude con los brazos y cerré los ojos, pero trató de apuñalarme varias veces hasta que me libré de él. Me dejo serias marcas, vaya.

—¿Cómo no acudiste a mí? Tengo desinfectante en mi laboratorio —preguntó Kohaku.

—No eran tan profundas —respondió la chica—. No paraba de moverme por el pánico, así que me hizo un montón de cortes por todas partes y en todas direcciones, pero ninguno llegó a ser realmente profundo. Aunque sangrar, sangré bastante.

—Siendo franco —intervino Ugoki, poco convencido—, no me termino de creer tu historia. ¿Te atacan y no pides ayuda? ¿Qué clase de tontería es esa?

—¡Estaba en pánico! —exclamó ella—. ¿Y si salgo y me encuentro al tipo que me atacó?

—Podrías haber gritado desde tu habitación… —respondió Ami—. Yo no habría parado de gritar y llorar en tu situación, vaya.

—¡Lo hice! Pero nadie vino…

—Upupupupupupu —rio Monokuma—. Eso tiene una explicación: vuestros cuartos están totalmente insonorizados —tras decir eso, se puso rojo—. Sois adolescentes en la flor de la vida, y como soy un educador moderno, no me opongo a que deis rienda suelta a vuestra pasión si así lo deseáis —después volvió a ponerse serio—. Pero respetar el descanso de los demás también es muy importante, por lo que insonorizamos las habitaciones para que el ruido que hagáis no impida dormir al resto. También tenéis profilácticos de todos los tipos en los cajones de vuestras encimeras, que se reponen cada día.

—Información innecesaria… —comentó Kiba.

—Pues a mí me ha parecido súper práctica —respondió Saeki.

—¡¿Podemos volver al juicio, por favor?! —exclamó Ikisame con la voz temblorosa.

"Ahora que lo pienso, Ikisame y Kenmei eran muy cercanos… No puedo ni imaginarme cómo se estará sintiendo", pensó Tsuuya.

—A mí me sigue pareciendo poco convincente —intervino Ugoki —. Megumi, tú eres buena en estas cosas, ¿qué opinas?

La Cuidadora Definitiva permaneció en silencio.

—¿Megumi? ¿Todo bien?

—No lo sé… —dijo ella más para sí misma que para las demás—. Su sentimiento de pánico cuando cuenta la historia es muy real, pero hay algo que se me escapa…

—¿Veis? Sospechoso. ¡Yo creo que ella es la culpable!

En cuanto Ugoki declaró su hipótesis, todo el mundo empezó a hablar a la vez en una especie de debate sin fin. Tsuuya observó la munición en su agenda electrónica. Seguro que había algo que podía usar para detener ese caos… De repente, la inscripción "Debate Continuo" apareció en la parte superior de la pantalla, indicando que tenía que hacer algo antes de que todos tomasen una decisión incorrecta.


DEBATE CONTINUO

UGOKI: ¡Yo creo que Nathel es la asesina!

OJIKA: ¡¿Pero cómo va a ser ella?! ¿No ves que fue atacada?

IKAMI: Podría estar mintiendo…

SAEKI: Claro, y se hizo las heridas ella misma. ¡Por favor, nadie está tan loco!

YUKIMARU: También pensábamos que nadie estaba tan loco para asesinar a alguien, y mira.

AMI: También es posible que ni siquiera se hiciese las heridas, y las esté simulando con algún truco…

Tsuuya se dio cuenta del hueco en el argumento de Ami en un momento. Quizá no ayudase a avanzar demasiado en el caso, pero al menos podría detener esa discordia. Tan ágilmente como pudo, seleccionó la bala con la inscripción "Toalla de Nathel" de su recámara, y la arrastró hacia delante con el dedo para refutar la alegación de su compañera.

TSUUYA: ¡Te equivocas!

REFUTACIÓN


—Ami, hay evidencias de que las heridas de Nathel son reales —explicó Tsuuya—. Me refiero a la toalla que utilizó para secarse las heridas, que tiene manchas de sangre.

En cuanto la Bala de la Verdad se disparó, una imagen de la toalla apareció en las pantallas de todas las agendas electrónicas.

—Entiendo que los cortes son reales —dijo Saeki—, pero sigue pudiendo haberlas hecho ella, ¿no?

—Siendo sincera —respondió Megumi—, me parece demasiado brutal hacerse cortes en los brazos sólo para simular que le atacaron. No sé, debe doler un montón…

Nathel permaneció en silencio, con cara de consternación.

—Bueno, entonces descartemos la teoría de que Nathel se hirió a sí misma —dijo finalmente Ugoki—. La persona que atacó a Nathel tuvo que ser la misma que mató a Kenmei. Tan sólo hay que descubrir quién es.

—Lo dices como si fuese fácil… —comentó Ojika.

—Además, puede que ni siquiera sea la misma persona —mencionó Kiba.

—No, estoy convencido de que sí es la misma… Y juraría que tengo pruebas de ello.

—Pues adelante, ilústranos —dijo Saeki.

La pantalla de su agenda pasó a mostrar todas sus Balas de la Verdad en forma de lista. Tsuuya repasó todas una a una, hasta que la vio.

—¡Lo tengo! —exclamó el chico, seleccionando la pista "Dos tipos de sangre"—. Kohaku dijo que el arma homicida estaba impregnada con dos tipos de sangre. Si una de ellas es la de Kenmei, la otra debe ser de Nathel. Porque nadie más fue atacado esa noche, ¿no?

Todos guardaron silencio. Todos salvo uno.

—Oye, Kohaku… —intervino Takato—. ¿Cómo lo supiste exactamente?

La chica se puso roja de repente.

—Bu… Bueno… Lo supe por el sabor.

—…

—…

—¿Qué? ¿Por el sabor?

—Sí… Puedo diferenciar los tipos de sangre por su sabor.

—Eso suena… Demasiado surrealista como para ser verdad —dijo Ugoki.

—Conveniente es, desde luego —concordó Saeki.

—¿Qué? Esperad. ¡Yo no soy la asesina! —se puso nerviosa de repente—. ¿De verdad estáis sospechando de mí? O sea, ya sé que es un talento raro, pero…

La pequeña muchacha parecía a punto de romper a llorar. Tsuuya no pudo evitar intervenir.

—¡Esperad! No creo que Kohaku sea la asesina…

—¿Ehm? ¿En qué te basas para decir eso? —le interrogó Saeki.

Tsuuya comenzó a barajar sus opciones. Estaba seguro de que Kohaku no había podido ser quien asesinase a Kenmei; tenía esa corazonada. No, era más que una corazonada, lo tenía claro como el agua.

"Y estoy seguro de poder probarlo, pero… ¿Cómo?".

Siguió dándole vueltas, repasó la historia de Nathel. A ella le habían atacado algo más tarde de la una. Kenmei había sido asesinado entre las cuatro y las cinco de la mañana. El asesino tuvo tiempo de sobra para preparar una trampa, o alguna manera de enfrentarse a Kenmei. Sin embargo, de ser Kohaku…

—¡Lo tengo! —exclamó. De la lista en su agenda, seleccionó la pista "Soporte para pesas"—. Kohaku no pudo ser la asesina de Kenmei, pues no hay forma de que llevase el soporte para pesas hasta su habitación.

—Cállate un poco, anda —le interrumpió Saeki—. Siento ser tan borde, pero es que me estás sacando de quicio. ¡No me parece prueba suficiente!

—¿Qué…?

En la pantalla de ambos chicos apareció la inscripción "Confrontación Refutatoria". Las pistas, en lugar de tomar forma de balas, se transformaron en espadas, con la inscripción escrita en ellas. Parece que era un duelo entre Saeki y él, cara a cara.


CONFRONTACIÓN REFUTATORIA

SAEKI: ¡Vamos a ver! ¡Dices que Kohaku no tiene fuerza para levantar el soporte para pesas, pero es que prácticamente nadie la tiene! ¡Si consideras eso una prueba coherente, entonces estás diciendo que los únicos culpables posibles son Takato y el propio Kenmei! ¡¿Estás diciendo que Takato es el culpable entonces sólo por sus brazos biónicos?! ¡¿O que Kenmei se ha suicidado dándose en la nuca con una mancuerna!? ¡Por favor!

Tsuuya iba mirando a través de sus argumentos, cortándolos con su espada imaginaria a fin de encontrar un punto que le permitiese tener algo de ventaja.

TSUUYA: ¡Hay mucha más gente capaz de levantar el soporte en viajes pequeños! ¡Entre que Nathel fue atacada y atacaron a Kenmei pudieron pasar prácticamente tres horas! ¡El asesino tuvo tiempo de sobra para descansar mientras lo llevaba entre el laboratorio de Kenmei y su habitación! ¡Kohaku es la única lo suficientemente débil como para no poder transportarlo!

Con eso se había conseguido adelantar un poco al Filólogo, pero el peliazul no se iba a rendir tan fácilmente.

SAEKI: ¡Ese es un argumento basado en un prejuicio! ¡¿Estás diciendo que por medir menos de metro y medio y estar más flacucha que Momo no puede levantar un soporte de acero con ocho mancuernas?! ¡Eso no lo sabes! ¡Además, estás presuponiendo que el soporte para mancuernas fue llevado allí por el asesino, cuando pudo haber estado allí desde el principio!

Como por inspiración divina, Tsuuya captó el error de Saeki al vuelo. Seleccionó la espada correcta, la que tenía inscrito "Marca del suelo", y rebanó definitivamente la alegación de su adversario.

TSUUYA: Siento cortarte, pero…

REFUTACIÓN


—Lo siento Saeki, pero no creo que el soporte hubiese estado allí de primeras. En el laboratorio de investigación de Kenmei hay una marca en el suelo justo entre los demás soportes para mancuernas.

—Es cierto —concordó Kiba—, aunque más que una marca, la cosa es que el suelo está mucho más limpio en ese punto que en el resto.

—Si el soporte no hubiese sido extraído esta misma noche, la marca habría desaparecido o, al menos, sería mucho más difícil de ver. Así que, o Kenmei se llevó unas mancuernas esta misma noche para entrenar en su habitación, o es cosa del culpable. Sinceramente, la primera me parecería demasiada coincidencia. ¿No estás de acuerdo?

—Mmmmmm… Parece que tienes razón. Sin embargo, hay cosas que aún no termino de entender —dijo el Filólogo.

—Creo que sé a qué te refieres —intervino Ugoki—. ¿Cómo hizo exactamente el asesino para coger el soporte para mancuernas?

—¿No dijimos ya que tuvo tiempo de sobra para llevarlo en viajes cortos? —preguntó Ryūko.

—No se refieren a eso —respondió Yukimaru—. Ugoki habla de cómo hizo exactamente para entrar en el laboratorio de Kenmei a por las pesas.

—Ah, claro… —murmuró Momo—. Sólo se puede entrar con la llave, ¿no?

—No, hay otra forma… —respondió Kiba—. Pero ya tienes la respuesta, ¿no, Tsuuya?

"¿Qué?", pensó el chico. "¿Qué ya tengo la respuesta?".

Tsuuya se detuvo a reflexionar un rato. Mientras tanto, los demás comenzaron a debatir.


DEBATE CONTINUO

IKISAME: Pudo haber tirado la puerta, ¿no? Quizá alguien tenga algo en su laboratorio de investigación que le permita derribarla. Como un ariete, o algo por el estilo.

UGOKI: Imposible. Cuando Saeki y yo revisamos la puerta, estaba en perfecto estado. No había fracturas ni daños. Es imposible que la forzaran.

YUKIMARU: ¿Y atravesando la pared? Seguro que en almacén hay herramientas para hacer agujeros

RYŪKO: Si hubiese habido un agujero en la pared, seguro que lo sabríamos…

NATHEL: ¿Y si el culpable pudiese entrar en fase? Entonces podría atravesar la pared.

YUKIMARU: Eso ni siquiera es posible.

MEGUMI: Pero entonces, si no es con la llave, no hay forma de entrar.

IKAMI: A menos que alguien fuerce la cerradura

En cuanto Ikami empezó a hablar, a Tsuuya se le encendió la bombilla. Seleccionó la Bala de la Verdad "Testimonio de Nathel", y la disparó.

TSUUYA: ¡Eso es!

ACUERDO


—¡Claro! ¡Ikami tiene razón!

—¿La tengo…?

—¿La tiene? —preguntó Ojika.

—¡Claro! ¡La clave está en el testimonio de Nathel! —declaró, para luego dirigirse a ella—. Dijiste que mientras estabas en la cama escuchaste el sonido de la puerta abrirse, ¿no?

—Eh… Sí, eso dije.

—¿Tardó mucho en abrirse desde que empezó el ruido?

—Un poco…

—Entonces, ¿alguien estaba forzando la cerradura? —preguntó Ojika.

—Y por la descripción, cualquiera diría que era con ganzúa —dijo Kiba, sonriente—. Hacedme caso, ¡soy experto en el tema!

—Si alguien pudo forzar la puerta del cuarto de Nathel con ganzúa, podría haberlo hecho con la del laboratorio, e incluso con la de la habitación de Kenmei.

—¡Entonces esa es la clave! ¡El asesino tiene que ser capaz de forzar una cerradura! —exclamó Ryūko, feliz de que estuvieran a punto de resolverlo.

"Pero espera, si eso es cierto, la única posibilidad es…"

Tsuuya observó a sus compañeros uno por uno, iba pasando su mirada, observando sus expresiones. Algunos estaban felices; otros, serios. Sin embargo, él, por algún motivo estaba sorprendentemente tranquilo, con su típica sonrisa torcida.

—La única persona aquí capaz de forzar una cerradura —se aventuró a decir el rubio— es el Ladrón Definitivo. Kiba, no me digas que… ¿Fuiste tú quien mató a Kenmei?

Toda la corte guardó silencio, como si se hubiesen puesto de acuerdo para contener la respiración. Las trece miradas de sus compañeros se clavaron en Kiba, que no perdía la compostura ni el relajo.

—Ahora que lo mencionas, es verdad. Tengo bastantes papeletas, ¿no? —rio el muchacho.

—Más que tener papeletas, es como si fuese la única opción posible… —murmuró Megumi.

—Te hemos pillado, Souzou. Confiesa ya y acabemos con esto —intervino Saeki.

—Yo confieso todo lo que queráis… Salvo porque no soy el culpable.

Nadie pareció sorprenderse por esa declaración.

—¿En serio? —comentó Ojika—. Pavo, no sabes en qué situación estás, ¿verdad? ¡Que ya te hemos pillado! Admítelo y votemos.

—Podemos empezar a votar si queréis —respondió Kiba—, pero moriríamos todos si salgo elegido. No soy el culpable, Tsuuya puede probarlo.

"¿Qué? ¿Yo?", pensó el rubio, exaltado.

La afirmación del Ladrón Definitivo causó un revuelo considerable, y no pasó apenas tiempo antes de que todos los presentes comenzasen a hablar unos tras otros.


DEBATE CONTINUO

OJIKA:Kiba es el único que puede ser el culpable, después de todo es el único capaz de forzar cerraduras.

KOHAKU: Pero él dice que no fue él…

MEGUMI: La verdad, parece bastante convencido.

SAEKI: Ya, pero todas las pruebas que tenemos apuntan a él.

YUKIMARU: Bueno, eso de "todas" es exagerar un poco, la verdad.

IKAMI: Yo tampoco estoy segura...

UGOKI: Vamos a ver, es tan fácil como repasar las pruebas que le inculpan. Lo primero de todo es que no hay nadie más que haya podido colarse en las habitaciones o en el laboratorio.

NATHEL: ¿Seguro que es el único?

KIBA: ¡Sí! Totalmente seguros.

MOMO: Pero deja de inculparte a ti mismo.

KIBA: Lo siento, es que estoy bastante orgulloso de mi habilidad con la ganzúa.

OJIKA: Este tío no tiene remedio.

IKISAME: Oye chicos, ¿qué os parece si continuamos?

SAEKI: Cierto. Hay otra cosa que apunta a él. Y es que es la única persona lo bastante sigilosa como poder atacar a Kenmei desprevenido.

Casi se le escapa, pero afortunadamente, Tsuuya pudo ver la contradicción en la alegación de Saeki. Miró de reojo a Kiba, sólo para descubrir que él también le estaba mirando a él con una sonrisa tranquila en su rostro. Se decidió, seleccionó la Bala de la Verdad con la inscripción "Alergia al Polvo", y la disparó.

TSUUYA: ¡Te equivocas!

REFUTACIÓN


—Lo siento, Saeki, pero creo que te equivocas en algo.

—¡¿Otra vez tú?! ¿Qué pasa ahora?

—Bueno, hay un motivo por el que creo que no pudo ser Kiba… Nathel, cuando el culpable entró en tu cuarto, ¿oíste algún ruido además de la puerta?

—No —respondió ella—, ni siquiera los pasos. Quien quiera que fuese, es bueno en eso.

—¡Por eso tiene que ser Kiba! Quiero decir, es un ladrón, se supone que es sigiloso —dijo Ojika.

—De hecho, actualmente Kiba es la persona menos sigilosa en esta sala.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Ryūko, confusa.

—Hablo de su alergia al polvo —explicó finalmente Tsuuya—. Debido a que no tiene disponibles los medicamentos para su tratamiento, vive con una congestión constante. Si guardáis silencio, se oye hasta un pitido cuando respira.

—¡Correcto! —exclamó el pelinegro—. Has dado en el clavo, ni yo habría podido explicarlo mejor. ¡Muy bien, Tsuuya, sabía que podía confiar en ti!

—¿Por qué no lo explicaste tú mismo?

—Si lo hubiera dicho yo, habría sonado a excusa barata, ¡así que gracias por probar mi inocencia!

"Espera… ¿Sabía que íbamos a sospechar de él, y me guio a propósito hasta esta situación? Eso explicaría el por qué prácticamente se acusó a si mismo."

Ese ladrón era un zorro astuto como pocos, pero al menos de momento sabía que no era un asesino.

—¡Esperad un momento! —intervino Ugoki —. ¿Soy el único al que le parece una coartada un poco pobre? O sea, no es que pueda refutarla ni nada, pero no me siento convencido en absoluto…

—La verdad es que yo también tengo mis dudas… —confesó Takato.

—Pero no es como si no tuviese sentido —dijo Kohaku—. Una alergia fuerte puede derivar en sinusitis y rinitis crónicas, lo cual es bastante problemático…

—Partes médicos a parte, sí es cierto que parece un argumento algo débil. Para empezar, no hay pruebas de que realmente estuviese sin medicinas… —dijo Ikisame.

—Lleva toda la semana constipado, ¿de verdad nadie se dio cuenta? —dijo Megumi.

—Upupupupupu… —rio Monokuma—. Parece que no termináis de poneros de acuerdo. ¡Es el momento de sacar a relucir mi arma secreta de la diversión! ¡Corte Dividida, vamos allá!


CORTE DIVIDIDA

Monokuma sacó una llave dorada de quién-sabe-dónde. Una especie de atril cilíndrico emergió del suelo frente a él, que introdujo la llave en la cerradura que había en éste. De repente los estrados sobre los que estaban los chicos comenzaron a flotar, girando alrededor de un mismo eje al tiempo que ascendían, hasta colocarse en dos filas unos frente a otros.

A un lado estaban Ikisame, Saeki, Ugoki, Ojika, Nathel, Momo, Takato y Ami. Al otro, Megumi, Kohaku, Yukimaru, Ikami, Ryūko, Kiba y el propio Tsuuya.

KIBA: Parece una especie de debate por equipos. Bueno, Tsuuya, como lo has estado haciendo bastante bien hasta ahora, ¿te importaría guiarnos?

El chico asintió con la cabeza, no muy convencido. Supuso que al menos podría intentarlo. Sin más dilación, el otro equipo comenzó.

OJIKA: ¡Kiba es el culpable! ¡Por mucho que digáis, es el único capaz de colarse en cualquier sitio!

TSUUYA: ¡ Ryūko!

RYŪKO: ¡Hasta Nathel ha dicho que no escuchó nada! Se le habría escuchado respirar o sorberse los mocos… Creo.

NATHEL: Bueno, es cierto que dije eso, ¡pero pude simplemente no haberlo oído!

TSUUYA: ¡Ikami!

IKAMI: Si estabas en silencio deberías haberle oído con claridad…

IKISAME: ¡Pero nada nos asegura que no se tomase los medicamentos justo para cometer el delito, y que pase el resto de la semana sin ellos para cubrirse!

TSUUYA: ¡Yukimaru!

YUKIMARU: Eso es físicamente imposible, si es un tratamiento diario, el efecto le habría durado veinticuatro horas. Además, ya dijimos que no los tiene.

MOMO: ¿Y si están en el laboratorio de Kohaku, o algo así?

TSUUYA: ¡Kohaku!

KOHAKU: ¡En mi laboratorio no hay medicinas! ¡Que soy cirujano, no farmacéutica!

AMI: ¿Y si todo lo de la enfermedad es mera fachada, y en realidad está perfectamente?

TSUUYA: ¡Megumi!

MEGUMI: Si estuviese fingiendo la enfermedad, ten por seguro que Kohaku y yo lo sabríamos. Su congestión es cien por cien real.

UGOKI: Vale, y si no fue él, ¿quién fue? Nadie más pudo haber entrado en esos sitios.

TSUUYA: ¡Kiba!

KIBA: Sois conscientes de que hay más maneras de entrar en sitios que forzando la cerradura, ¿verdad?

SAEKI: ¡Pero ninguno de nosotros puede usar ninguno de ellos menos tú!

TSUUYA: ¡Ikami!

IKAMI: Eso no lo sabemos, ni creo que el culpable nos lo descubra por voluntad propia.

TAKATO: ¡Entonces estaríamos en un punto muerto! ¡Kiba seguiría siendo el único sospechoso!

TSUUYA: ¡Lo refutaré yo mismo! ¡Aún nos quedan muchas evidencias, es muy pronto para tomar esa decisión!

EQUIPO RIVAL: ¡El culpable es Kiba!

EQUIPO DE TSUUYA: ¡Kiba es inocente!

Lo único que restaba era un choque de voluntades. El Estudiante Afortunado Definitivo vio como en la pantalla frente a él aparecían dos balas de la verdad azules. La que apuntaba en su dirección tenía inscrito "Kiba culpable" mientras que en la otra ponía "Kiba inocente". Ambas balas colisionaron, y tras varios segundos de "forcejeo" entre ambas, la de su equipo derribó a la otra y se disparó.

EQUIPO DE TSUUYA: ¡Esta es nuestra verdad!

REFUTACIÓN


—Es demasiado pronto para declarar a Kiba culpable. Hay muchos otros factores que pueden influir nuestra decisión final y muchas otras evidencias y teorías que aún no hemos revisado. Lo más probable es que Kiba sea inocente, así que continuemos viendo todo lo que nos queda, ¿vale?

—Supongo que tienes razón —admitió Ugoki—, yo también tengo alguna cosa que comentar, así que sigamos.

—Upupupupu… Vamos a hacer una pequeña pausa publicitaria, y luego continuamos. ¡Esperadlo con ansia!

JUICIO ESCOLAR: ¡SE LEVANTA LA SESIÓN!


TEATRO MONOKUMA

(Se abre el telón, y aparece Monokuma con traje, hablando con un Monomad disfrazado de demonio.)

MONOKUMA: (Con tono grandilocuente y triste) Yo, imagen de la desesperanza, que me imaginaba ya muy cerca del espejo de la Desesperación Definitiva, que gozaba del brillo y la claridad del cielo, y había despojado al hijo de la esperanza. Yo, más que un querubín, con fuerza ya libre para fluir por las venas de la naturaleza, y extendiendo la desesperación aspiraba a gozar de la vida de los dioses, temerario lleno de presentimiento, ¡cómo debo purgarlo!

MONOMAD: ¡Kahahahahahahaha! ¿Purgar? ¡Tranquilo, jefe, que los subnormales esos ya se purgan ellos solos! ¡Kahahahahahahaha!

MONOKUMA: En el fondo disfrutas de arruinarme los monólogos, ¿verdad? ¡¿Verdad?!

(Y, mientras Monokuma ignoraba el guion y sermoneaba a Monomad, el telón se cerró vergonzosamente.)


JUICIO ESCOLAR: ¡REANUDAMOS!

—Bueno, tras este breve descanso —dijo Monokuma— vamos a continuar con nuestro juicio escolar.

—Tenías algo que compartir, ¿no, Ugoki? ¿Qué tal si empezamos por ahí? —sugirió Takato.

El Ingeniero Definitivo asintió.

—Como ya he dicho un par de veces, Saeki y yo estuvimos revisando la cerradura del laboratorio de Kenmei. No encontramos rastros ni de que fuese forzada de forma violenta, ni de que nadie haya intentado romperla.

—Por eso creímos que tuvo que ser el trabajo impecable de un verdadero profesional, y en cuanto se planteó la posibilidad de que Kiba fuese el culpable, todo encajó en mi mente —continuó Saeki—. Sin embargo, si él no es el culpable, entonces se nos abre una segunda posibilidad…

—¿Otra posibilidad? —dudó Ryūko.

—¿De qué se trata? —preguntó Ami.

—Es posible que el laboratorio de investigación de Kenmei no esté directamente relacionado con el caso —dijo finalmente el rizoso.

Pasaron varios segundos antes de que alguien reaccionase.

—Espera, ¿qué? —preguntó un anonadado Ikisame —. ¿Y toda la investigación que se hizo allí? Había evidencias, ¿no?

—Bueno, lo único realmente relevante que encontramos fue la marca del suelo… —murmuró el ladrón.

—¿Y si realmente es una coincidencia, y resulta que Kenmei sí llevó las pesas a su habitación justamente esa noche?

—No lo creo —respondió Tsuuya—, estoy casi seguro de que esa marca es importante para el caso, de hecho.

—O quizá eso es lo que el culpable quiere que creas —dijo Ikami.

—¿Eh? —se extrañó Nathel.

Ojika se cruzó de brazos en gesto reflexivo.

—Ahora que lo dices, es muy típico de las pelis de misterio —concordó—. Ya sabéis, pistas falsas, y todo ese rollo. ¡Eh, Ikami! ¿Ves como puedes hacerlo genial cuando hablas?

"¿Una pista falsa…?", pensó el rubio. "Si es ese el caso, entonces el verdadero lugar de la muerte es…".


EPIFANÍA ANAGRÁMICA

Lo tenía en la punta de la lengua, estaba seguro. Sólo tenía que concentrarse. Sentía cómo las palabras se iban formando poco a poco en su mente. Por cada letra, por cada sílaba que conseguía recordar, sentía una pequeña explosión cerebral que le animaba a seguir intentándolo. Así con la ce, con la e, con la ene, con la te, con la erre y con la o. Estaba seguro de que había una de también, y varias aes, una ese e incluso varias íes.

Todo iba encajando, se iba formando, hasta que por fin dio con la respuesta.

TSUUYA: ¡Lo tengo!

CENTRO DE TALASOTERAPIA


—¡Claro! ¡Ahora todo encaja! —exclamó el chico—. Kenmei no murió en su laboratorio ni su habitación, sino que lo hizo en el centro de talasoterapia.

—¡Por eso el culpable no tuvo que forzar ninguna cerradura! —exclamó Ikisame—. Nunca hubo una, para empezar.

—¡Claro, después sólo tuvo que utilizar las llaves de Kenmei para entrar al gimnasio y a su habitación, y dejarlas allí! —dedujo Takato—. Tiene sentido, después de todo.

—Yo no estaría tan seguro… —murmuró Yukimaru—. Para empezar, ¿cómo hizo el culpable para mover el cuerpo de Kenmei y el soporte para mancuernas hasta su habitación? La única persona con fuerza para hacer eso es Takato con sus brazos biónicos, pero no sé…

—Eh, no me mires, yo no he sido —replicó el revolucionario.

—Tienes razón, probablemente no… —musitó Ami.

—¡¿Cómo puede convencerte tan fácil?! —exclamó Ojika.

—Dejando los brazos biónicos de Takato de lado —intervino Kohaku—. Yukimaru tiene un punto. ¿Cómo lo hizo?

"Estoy bastante seguro de tener la respuesta a eso", pensó Tsuuya.

El muchacho repasó su Munición, dio un par de vueltas, hasta que por fin lo encontró.

—¡Lo tengo! —dijo finalmente, al tiempo que enviaba la solución a la incógnita—. Lo hizo con un carrito de carga. Cuando investigamos el gimnasio del centro de talasoterapia, vimos que había un carrito de los que en teoría deberían estar en el almacén del edificio administrativo para transportar el cuerpo y la pesa.

—Es bastante difícil de creer… —mencionó Ikisame—. Quiero decir, vale que esté asegurado y tal, ¿pero llevar un cadáver y un montón de mancuernas cinco pisos de escaleras abajo? Ningún carrito aguantaría eso.

—¡Eh! —Monokuma parecía ofendido—. ¡¿Estás dudando de la calidad de nuestros carritos?! ¡Que sepas que si atas algo correctamente, la probabilidad de que se caiga al suelo es del cero porciento.

—Subir el carrito tuvo que ser una tarea dura, pero para bajarlo, basta con ir dejándolo caer escaleras abajo los cinco pisos. Al menos, si su calidad es tanta como dice Monokuma…

—¡Lo es! ¡Os aseguro que lo es!

Los chicos ignoraron el cabreo del oso y continuaron debatiendo.

—Entonces, usando el carrito, literalmente cualquiera pudo transportarlo, básicamente —concluyó Ugoki.

—Cada vez estamos más lejos de encontrar al culpable… —murmuró Ojika.

—Eh… Me acabo de dar cuenta de algo —dijo Momo.

—¿De qué?

—¿Kenmei no murió entre las cuatro y las cinco de la mañana?

—Ajá —concordó Saeki.

—¿Entonces cómo pudo morir en el centro? ¿Y cómo cogió el culpable el carrito? Se supone que tanto el centro de talasoterapia como el edificio administrativo están cerrados por la noche.

—Es verdad… Espera, ¡¿qué?! ¡Eso desmonta lo poco que tenemos! —gritó Ami, dando paso a un enorme revuelo.


DEBATE CONTINUO

AMI: ¡Si el centro de talasoterapia estaba cerrado, Kenmei no pudo morir allí!

NATHEL: Es posible que no muriese por la noche…

UGOKI: ¡El Archivo Monokuma dice claramente que murió entre las cuatro y las cinco de la mañana!

AMI: ¡Entonces lo tuvieron que matar en otro sitio!

YUKIMARU: ¿En el laboratorio…?

TAKATO: ¿En su habitación, quizá?

MOMO: Podría haberlo hecho hasta en mitad de la ciudad. Total, estábamos todos en nuestras habitaciones

¡Claro! Cómo no se le había ocurrido antes. Tsuuya estaba seguro de que le habían matado en el gimnasio del centro, no había otro sitio posible. La clave no era el donde, sino el cuando. Sabiendo esto, seleccionó la Bala de la Verdad "Resultados de la autopsia de Kohaku", y la disparó.

TSUUYA: ¡Eso es!

ACUERDO


—Tengo una teoría un poco loca… —dijo finalmente el rubio.

—Parece que ya lo pillaste —dijo Kiba.

—¿Hm? ¿Lo sabías todo este tiempo? ¡¿Por qué no dijiste nada?!

El chico se rascó la cabeza.

—Bueno… Yo también soy un criminal, después de todo. Lo básico en venenos lo tengo aprendido. Ya sabes, por si acaso. Respecto a por qué no lo dije… No tengo mucha credibilidad a fin y al cabo, ¿no?

—¿Podéis dejar de hablar entre vosotros y decirnos qué pasa, por favor? —intervino Takato.

—La cosa es… Que el momento en el que le mataron y el momento en que murió no tienen por qué ser el mismo, ¿no?

—¡Claro! —exclamó Kohaku—. Con la autopsia descubrí que murió envenenado, pero no cuánto tardó el veneno en matarlo. ¡Ahora todo cobra sentido!

—Claro, entonces el culpable le envenenó por la tarde, después de que Monokuma nos enseñase su aliciente, mientras estábamos todos en nuestros cuartos… —dedujo Ryūko.

—Pero… Suponiendo que le envenenasen justo antes del aviso del horario nocturno, o sea, antes de las diez de la noche… ¿De verdad el veneno tardó de cinco a seis horas en asesinarlo?

—Y, para empezar, ¿de verdad alguien tiene acceso a algo tan específico? Quiero decir, muchos de nosotros podemos trabajar con productos tóxicos, pero no creo que haya algo tan concreto… —reflexionó Ugoki.

—A menos que Ikami resulte ser la Envenenadora Definitiva, o algo así, es bastante improbable, sí… —concordó Kiba.

—O… Puede que que tardase tanto tiempo no fuese parte del plan del asesino —intervino Kohaku.

—¿Eh? ¿A qué te refieres? —preguntó Tsuuya.

—¿No os acordáis de la técnica de Kenmei? ¿La que le permite bombear más rápido su sangre? Al aumentar el volumen de sangre en sus venas, la cantidad de veneno sería proporcionalmente menor, por lo que tardaría más en hacer efecto.

—¿Estás diciendo que Kenmei se puso en su modo furioso cuando le envenenaron? —preguntó Ikisame.

—Básicamente. Eso explicaría también el volumen inhumano de sangre que había empapando la cama —respondió la pequeña pelirroja.

—Esa es otra —intervino Saeki—. ¿Para qué los cortes? Quiero decir, entiendo que el asesino quisiese hacer parecer que la causa de la muerte no fue el envenenamiento, pero… ¿Eran necesarios tanto los cortes como la pesa?

—Probablemente quería que pensásemos que se enfrentó a él —respondió Ikami—. Que pareciese que lo había noqueado con la pesa.

—Cuando habla, esta chica es sorprendentemente sagaz… —comentó Ojika.

—¿Y por qué iba a querer que pensásemos eso? —intervino Ugoki.

"Estoy seguro de que tengo la respuesta…", pensó el Estudiante Afortunado Definitivo. "Sólo tengo que darle un par de vueltas más…"


INMERSIÓN LÓGICA

Tsuuya sintió como si la gravedad fuese abandonando su cuerpo conforme se sumergía más y más en sus pensamientos. La primera pregunta que debía hacerse a sí mismo era sencilla:

"¿Cuál es la función de los cortes de Kenmei?"

Matarle.

Ocultar la verdadera causa de su muerte.

La respuesta era sin duda la segunda. Por tanto, podía entenderse que el golpe con la pesa también tenía una función similar.

"¿Cuál era la función de la pesa?"

Ocultar algo.

Noquear a Kenmei.

En este caso, su primera opción parecía la más correcta. Sabiendo eso duda más importante era...

"¿Qué quería ocultar el culpable?"

Su identidad.

Su sexo.

He ahí la pregunta engañosa. Si recordaba bien, Kenmei tenía una peculiaridad muy curiosa respecto a su brújula moral. Si el asesino quería hacer parecer a toda costa que se había enfrentado él…

TSUUYA: ¡Lo tengo!

—Lo que el asesino pretendía al golpearle con la pesa era simular que había habido una lucha, cuando no era así. ¡Todo para ocultar que Kenmei ni siquiera intentó luchar contra ella!

—¿Ella…? ¡Claro! —exclamó Megumi—. ¡Kenmei era incapaz de pegar a una chica!

—¿Eso significa que el asesino es una asesina, después de todo? —intervino Ugoki.

—Bueno, menos mal —dijo Kiba—. Eso reduce las posibilidades a ocho. ¡Vamos por buen camino, chicos!

—No, esperad. Eso no es lo único que hizo para despistarnos. Hubo algo más… —comentó Tsuuya.

—¿El qué? —preguntó Momo.

Tsuuya seleccionó la pista "Diferencia de tamaños", y la envió a todos.

—¡Lo tengo! ¡También puso las pesas del laboratorio de Kenmei en el centro de talasoterapia, para que confundiésemos el lugar de la muerte!

—¡Por eso el carrito estaba allí arriba! —exclamó Kiba.

—Eso es tomarse demasiadas molestias, ¿no? —intervino Saeki.

—Bueno, hay que reconocer que efectivo fue. Nos hizo el lío por completo —reconoció Takato.

—De todas formas, ese dato a estas alturas no es muy relevante, ¿no? —dijo Ikisame.

"No, de hecho sí lo es. Con esto, puedo descubrir quién es la culpable", pensó.

Miró a sus compañeros de clase uno a uno, pausadamente, mientras valoraba su hipótesis. Lo tenía bastante claro, aunque probarlo sería difícil.

—La respuesta… ¡Eres tú! —declaró finalmente, señalando a una sorprendida Nathel con el dedo—. Viendo la enorme cantidad de molestias que el culpable se tomó para ocultar su rastro… No me parecería sorprendente que también se autolesionase para parecer una víctima. ¿No es así… Nathel?

Toda la corte permaneció en silencio durante varios segundos, minutos incluso, hasta que la aludida reaccionó.

—¿Que qué? ¡Espera, espera, espera! ¡¿No habíamos acordado ya que yo no era la culpable?!

—Asumimos tu inocencia basándonos en el hecho de que nadie sería capaz de llegar al punto de autolesionarse a fin de despistar a los demás. Sin embargo, viendo lo del arma homicida y el lugar de la muerte… Me creo que el asesino haya sido capaz de tomar una medida tan drástica.

—Pero, pero… —musitó ella—. ¡Eso es imposible! ¡Yo no soy la asesina! ¡Ya lo habíamos hablado! ¿¡Me estás acusando sin pruebas concluyentes sólo porque crees que soy la única capaz de llegar tan lejos!? ¡Cualquiera tomaría precauciones tan básicas de ser un asesino!

—Alguien hecho a ello quizá, ¿pero estudiantes de instituto como nosotros? Lo veo improbable —respondió Megumi.

—¡Que no, que no! ¡Os digo que no! No soy la asesina, yo…

Tras decir eso, Nathel comenzó a llorar a lágrima viva, como si sus ojos fuesen cascadas. El resto de los presentes, salvo contadas excepciones, parecían estar dudando respecto a qué hacer.

—Ha entrado en estado de pánico —dijo Ikami—. No va a atender a razones si no encontramos una contradicción oculta, o algo así.

—Parece que es cosa tuya, Tsuuya —dijo Kiba—. Eres tú el que la ha puesto así. ¡Buena suerte!

El chico tragó saliva. Tendría que dar lo máximo de sí mismo si quería encontrar algo.


DUELO DE FUEGO CRUZADO

NATHEL: ¡Yo no soy la culpable! ¡Ya estaba demostrado! Esconder pruebas y usar trucos, vale, ¿pero rajarme? ¿Sólo por eso? ¡Es absurdo! Y me… Me estás acusando sólo por eso… ¡Buaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah! ¡En serio, ¿qué te pasa?¡ ¡Buuuuuaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah! ¡Buaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah! ¡Para empezar, ni siquiera tienes pruebas de que he sido yo! ¡¿Por qué eres tan injusto?! ¡Buaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!

Entre llantos y gemidos, Tsuuya alcanzó a divisar un punto débil a través del cuál podría, por fin, ponerle fin a todo. Seleccionó la Bala de la Verdad "Manchas blancas", y la disparó.

TSUUYA: ¡Estás acabada!

REFUTACIÓN


—Estas manchas blancas que Yukimaru y Megumi encontraron en el centro de talasoterapia te inculpan directamente.

—¿Eh? ¿Y eso por qué? —le interrogó Ojika, enfurecida.

—Porque son el arma homicida —respondió Yukimaru—. Ahora entiendo que no pudiese identificarlo… Es disolvente para pintura, ¿verdad?

Nathel guardó silencio. Ya no lloraba, pero su cara denotaba una desolación enorme.

—Exacto —concordó Tsuuya—, su color era muy parecido al que me enseñaste justo antes del juicio… De hecho, apostaría a que es idéntico.

—No sé de qué me hablas —respondió la acusada.

—Entonces, ¿por qué no lo probamos? Comparemos el disolvente que llevas encima ahora mismo con las manchas, ¿qué te parece?

—Yo… Ehm… —balbuceó ella.

—Entonces ya está hecho —dijo Ugoki—. Sí había sido ella, al fin y al cabo.

—Sin embargo, parece que me falta algo para que el caso esté completo… —pensó en alto Tsuuya.

—Creo que sé a qué te refieres —intervino Saeki—. Yo fui el primero en llegar al comedor esta mañana. Nathel llegó apenas cinco minutos antes que tú. Eso le da veinticinco minutos entre el anuncio de la mañana y su encuentro conmigo…

A Saeki parecía dolerle dar esa información.

—Ya entiendo… —murmuró Ikami—. Con esto, deberíamos poder cerrar el caso.

—¿Haces los honores, Tsuuya? —preguntó Kiba.


CLÍMAX LÓGICO

Tsuuya ordenó todas las piezas en su mente. Ya no había duda de cómo había sido el caso:

TSUUYA: ¡Esta es la verdad!

Acto 1: Tras recibir el incentivo de Monokuma, por alguna razón que pudo o no ser el propio aliciente, el culpable se preparó para matar a Kenmei. Quizá le viera entrar al centro de talasoterapia a entrenar, o algo así. La cosa es que le siguió. Trató de matar a Kenmei, pero él, viendo llegar el peligro, se puso en su Modo Bestia… Por llamarlo de alguna forma. La cosa es que, siendo su atacante una mujer, no pudo hacerle daño, por lo que éste le pudo envenenar fácilmente con un líquido altamente tóxico que siempre lleva consigo: el disolvente para pintura.

Acto 2: Sin embargo, Kenmei no murió al momento. Aún así, lo más probable es que quedase inconsciente. El culpable tomó sus llaves y, tras ir al almacén del edificio administrado a por un carrito y robar su llavero, llevó a su víctima hasta su cuarto, y lo recostó en su cama. Al bajar las escaleras del centro, sin embargo, se le cayeron unas gotas del disolvente, error fatal, pues serían la pista definitiva que le revelaría como autor del crimen.

Acto 3: Tras dejar a Kenmei tumbado, el culpable utilizó sus llaves y el carrito para llevar el soporte para mancuernas del centro a la habitación de Kenmei, y el del laboratorio al centro, es ese orden. Con eso consiguió hacernos creer que el lugar donde había sido atacado era el laboratorio, y no el gimnasio público.

Acto 4: Sin embargo, llegó el horario nocturno, y con ello el cierre del centro de talasoterapia. Por tanto, tuvo que abandonar el carrito en el gimnasio y salir pitando del centro. Una vez en la noche, el culpable tomó una medida preventiva más: autolesionarse en los brazos para parecer una víctima, dejando pruebas aparentes de su inocencia, como el ataque recibido durante la noche, o la toalla ensangrentada. Esto lo hizo con un cuchillo de cocina, probablemente sacado de las cocinas de la residencia o del propio almacén. A las pocas horas, Kenmei murió envenenado a causa del disolvente.

Acto 5: A la mañana siguiente, en los veinticinco minutos que tuvo entre el anuncio matutino y el desayuno, el culpable se aseguró de coger el cuchillo que usó para lesionarse, y se dirigió al cuarto de Kenmei. Allí, le hizo numerosos cortes por todo el cuerpo, e incluso le propinó un golpe en la nuca con una de las mancuernas, todo para desviarnos de la verdad que ocultaba este caso. Debido a probables secuelas del "Modo Bestia" de Kenmei, sus heridas sangraron fluidamente a pesar de llevar varias horas muerto, llegando al punto de incluso calar todo su juego de cama. Tras terminar su tarea, se dirigió al comedor y le expuso a Saeki las heridas, fingiendo haber sido atacado por la noche, completando así su plan.

La única persona que pudo haber hecho esto es… ¡La Ilustradora Definitiva: Nathel Ducos!

RESOLUCIÓN


—Nathel… —murmuró Ojika.

—¿Algo que decir en tu defensa? —preguntó Takato, estoico.

La chica permaneció en silencio, al igual que todo el mundo. Silencio que fue interrumpido solamente por la risa de Monokuma.

—Upupupupupupupu… ¡Parece que es la hora de las votaciones! ¡Ahahahahhahahahahahaha!

Las pantallas de la tabletas volvieron a cambiar. Esta vez ofrecía una lista completa de todos los estudiantes. Sin mucho ánimo, Tsuuya seleccionó a Nathel y votó por ella.

—Parece que los votos ya están… ¡Vamos a ver!

En una pantalla gigante que apareció sobre los estrados, en el centro, aparecieron los resultados de las votaciones. Trece votos para Nathel, dos para Kiba.

—Upupupu… Parece que la mayoría de los votos fueron para nuestra artista… Veamos quién es el culpable.

La pantalla de los votos se apagó, y al encenderse apareció una especie de máquina tragaperras con dibujos que emulaban los rostros de todos. Como si de un triple siete de tratase, las tres ranuras mostraron el dibujito de la cara de Nathel.

—¡Parece que habéis acertado! —exclamó Monokuma—. ¡Felicidades, aprobasteis todos! Bueno, todos menos Nathel. ¡Ahahahahahahahahaha!

Y con la insoportable risa de Monokuma como música ambiente, el juicio escolar tocó su final.

JUICIO ESCOLAR TERMINADO: ¡SE LEVANTA LA SESIÓN!


La atmósfera de desolación que inundaba la Corte Monokuma era tan densa que casi podía palparse.

—¿Por qué…? —Ikisame temblaba de rabia—. ¡¿Por qué lo hiciste?! ¡¿Por qué lo mataste?!

—No es como si tuviera otra opción… —Nathel parecía extrañamente relajada.

—¿De qué hablas? Tu aliciente era tu abuela, ¿no? ¿Tanto necesitabas saber cómo estaba como para matar a alguien? —saltó Saeki—. Y además te hiciste todos esos cortes a ti… ¿Sólo para salvar el pellejo? Eres un monstruo…

—De hecho, aunque sí soy la culpable, os equivocasteis en algo.

—¿En qué? —preguntó Kiba con curiosidad.

—Estos cortes me los hice antes de matar a Kenmei… Tratando de suicidarme.

—…

—…

—¡¿Qué?! —exclamó Ryūko.

—Mi abuela… Es todo lo que tengo. O bueno, lo era. Ni mis padres ni los demás niños fueron nunca buenos conmigo, por lo que ella ha sido siempre la única persona en la que sentía que podía confiar. Era la única que me hacía sentir que no estaba sola… Pensé que ahora que ya no estaba, ya no valía la pena vivir, pero cuando intenté suicidarme contándome, el miedo al dolor se apoderó de mí por completo, por lo que hice mal cada corte. Luego vi a Kenmei fuera y pensé que sería más sencillo matar a alguien y ser descubierta, que volver a intentar cortarme. Sin embargo, a la hora de la verdad, también tuve pánico de ser descubierta y… Bueno, ya sabéis cómo acaba.

—Nathel...

—Lo siento… Sé que soy una cobarde, y que por ello he acabado arrastrando a alguien y matándolo. No era mi intención, pero… Realmente no siento que tenga una razón para vivir ahora mismo —de repente se puso seria—. Así que Monokuma, por favor, procede.

—Upupupupupupu… ¡Ahahahahahahahahahaha! ¡Como quieras! Aunque no creo que sea la muerte suave e indolora que te imaginas. Pero bueno, ¡comprobémoslo ahora!

—¿Qué?


De pronto, un botón rojo apareció frente a Monokuma, que lo golpeó con un mazo sacado de la nada. La pantallita bajo el botón mostro una animación en la que un Monokuma pixelado se llevaba a alguien que debía ser Nathel, bajo la inscripción "Game Over". El siguiente mensaje apareció a continuación: "Nathel Ducos ha sido encontrada culpable. Comenzando ejecución".

De repente, un brazo mecánico surgido de la nada agarró a Nathel de las piernas y la arrastró a un descampado, en medio del cuál había un lienzo en blanco de proporciones gigantescas.

Colorful Bloodstained Canvas

De repente, otro brazo metálico trajo lo que parecía ser una paleta de pintor, salvo porque no tenía color ninguno. El brazo que sostenía a la Ilustradora Definitiva la estampó contra la gran tabla de madera, haciéndola sangrar por la cabeza. Después de ello, el brazo comenzó a arrastrar a Nathel por el lienzo, pintando trazos aleatorios con la sangre que iba dejando. Cada vez pintaba más rápido, y más rápidos, y más rápido, al punto de que ya nadie era capaz de ver qué estaba ocurriendo con la chica en el proceso. Cuando por fin paró, pudo verse el cuerpo de Nathel tan cubierto de sangre que era imposible verificar cómo estaba… Aunque toda esperanza acerca de su supervivencia fue prontamente rota cuando el brazo mecánico controlado directamente por Monokuma la lanzó para estrellarla contra el lienzo, dejando una gran mancha fucsia que completaría esa obra de arte sangrienta.


—¿Qué… Ha sido eso? —musitó Ami pocos instantes de romper a llorar.

—Primero torturar a Takato y luego esto… Monokuma… Eres un monstruo —dijo Saeki.

—No me jodas, pavo… ¡No me jodas! —gritó Ojika a los cuatro vientos.

Tsuuya estaba furioso, no podía ocultarlo. Miró de reojo a Kiba, que apretaba sus puños con fuerza por pura ira y frustración. Nadie parecía estar mejor que ellos.

—Monokuma… —dijo Takato—. No importa quién está detrás de ti, ni cómo haces todo esto. Pero te juro que pagaréis por toda esta crueldad. ¡Aunque sea lo último que haga!

—Upupupupupupu… ¡Ahahahahahahahahahahahaha! ¡Te reto a que lo hagas! De hecho, ¡os reto a todos! ¡Venid a por mí si os atrevéis! Lo único que encontraréis será dolor, muerte y mucha, ¡mucha maravillosa desesperación! ¡Hahahahahahahahaha!

- Capítulo 1 -

En ocasiones veo muertos

Fin


¡Hoooooola, buenas! ¡Aquí tenéis el primer juicio escolar, nada menos! Espero que os haya gustado ^^

Desquiciados saludos de un humilde loco más