N/A: Paso muy rápido para decir que durante los próximos 2 meses me quedo sin ordenador y, si antes ya me costaba actualizar esto, ahora me va a costar algo más; pero igualmente lo intentaré.
Gracias de nuevo a la gente que se molesta en dejar un review~:
.platano : Me alegra que te haya gustado. Y, sí, algo gore sí que era el capítulo. :P
-Rosa Phelps Weasley: Intento actualizar cuando tengo un rato libre o me acuerdo. Lo siento mucho por la tardanza.
Disclaimer:Los personajes no me pertenecen a mí, sino a Sir Arthur Conan Doyle, y la adaptación a la serie a Moffat y Gatiss; al igual que la idea del fic tampoco, es una traducción del de Deathbyacidp. Aquí está el link del original (quitar espacios): deathbyacid. livejournal. com
Capítulo 4
-Entonces, ¿te acuerdas? –Pregunta Sebastian, sin creérselo del todo.
-Sí, Seb, me acuerdo. ¿De verdad tengo que explicártelo detalladamente? –Jim le lanza una mirada poco agradable y camina hacia el otro lado de la habitación para abrir la puerta del piso de la víctima.
Sebastian le coge del hombro. –Espera, ¿eso es todo lo que vas a decir?
-¿Qué quieres que te diga? No hay nada que decir, simplemente pasó. El resto es yo experimentando cómo reaccionarías a mi alrededor tras una situación como esa. –Jim se encoge de hombros y trata de zafarse del agarre. –Suéltame, anda.
Antes de que pueda reaccionar, Sebastian lo estampa contra la pared justo al lado de la puerta, su cabeza choca contra el hormigón por el impacto, casi se desmaya por el dolor.
-Experimentos, ¿¡eso es todo para ti! ¡Joder, cabrón! –Los pies de Jim están a centímetros sobre el suelo, Sebastian sujetándolo por el cuello de la chaqueta del traje únicamente. La cabeza le daba vueltas, su mente confusa no ayudaba, todo estaba pasando demasiado rápido.
Un rodillazo en el estómago. Jim se habría caído de no ser porque Sebastian le estaba sujetando. –¿No soy un perro que puedas arrastrar detrás de ti tirando de la correa, que vaya a ir detrás de ti cada vez que lo llames, jugando con él cuando estés aburrido y después dejarlo a un lado cuando tengas mejores cosas que hacer! –Otro golpe y Jim comienza a toser, la necesidad de vomitar por el mareo se hace cada vez más presente.
-¡Y no soy tu saco de boxeo para golpearme cada vez que te de la gana! ¿Cómo te sientes, eh? Al ser golpeado en el estómago una y otra vez. Que te den, Jim, ¿cómo has podido- ¿por qué lo- Pensé que… -Sebastian para, le suelta por completo y se desploma en el suelo, respirando de forma agitada.
-Mierda. –Oye decir a Sebastian en voz baja, y se gira para poder ver al otro de frente. –Estás tan adorable cuando te enfadas, Seb.
Una patada, esta vez en su hombro, Sebastian no estaba apuntando, Jim se da cuenta, está demasiado enfadado para pensar con claridad. Pero Jim no entiende por qué está tan cabreado.
-Que te den. –Escupe Sebastian y se marcha por la puerta. Jim se siente raro, abandonado por primera vez en mucho tiempo, está confuso.
MMMMMMMMMMM
Sebastian no sabe a dónde va. Simplemente necesitaba salir de allí, lejos de Jim. El área está llena de gente, incluso aunque ya pasa de medianoche. Por primera vez en su vida odia la vida nocturna. A pesar de lo que los otros puedan pensar, es mucho más fácil matar a alguien en una multitud. Hay demasiada gente, demasiadas cosas pasando a la vez, un pequeño movimiento pasaría desapercibido antes de que fuese demasiado tarde. Le hace sentir seguro, le alivia el que nadie se fijaría en él, nadie sospecharía nada.
Pero ahora, lo único que puede sentir es sofoco por ello, demasiada gente, demasiado ruido, luces, movimiento. Se sube el cuello de la chaqueta, no es como si eso hiciera mucho, ciertamente no le da la comodidad que está buscando.
Pasa por una pizzería: está cerrada, pero los recuerdos de cuando está abierta se filtran en él. El día después de que encontrase a Jim en una piscina de su propia sangre, cuando Jim se ofreció a ir a por una pizza, como si fuera una cosa totalmente normal, como si fueran los dos mejores amigos, yendo a comer algo.
Después fueron a casa de Jim, el edificio de tres plantas que a Sebastian tanto le gusta, abrazándose para dormir aquella noche, había notado ese cálido sentimiento en su pecho, no sabe cómo lo llamaría Jim, nunca le había puesto una etiqueta, pero eso era algo más que ser simplemente dos mejores amigos.
Entonces de nuevo, tal vez Jim simplemente estaba mareándole esas dos veces también – experimentación, lo había llamado – y Sebastian le da una patada a un cubo de basura en la calle.
Cada vez que piensa que ya está cerca de entender al hombre, todo vuelve a ir mal y se le escapa. Tan cerca y a la vez tan lejos. Jim está justo ahí, a su lado, y aun así, siempre le ha parecido distante de alguna manera.
No lo suficientemente cerca, una parte de su cerebro le susurra, y él frunce el ceño porque en realidad, ¿cómo de cerca es suficiente? Ese pensamiento le asusta más que nada, se dice a sí mismo que no tiene por qué estar cerca de Jim en primer lugar. Simplemente le ha contratado para que le ayude, se supone que no tiene que ser así.
Jim está loco, se recuerda a sí mismo. No se puede sacar nada bueno de esto, tenía que haber corrido cuando tuvo la oportunidad de hacer, tenía que haber dicho que no cuando se le ofreció el trabajo. Pero no, accedió estúpidamente porque había algo en Jim que lo arrastraba a hacerlo.
Jim puede resolver ecuaciones que nunca ha visto antes en su vista, porque, de verdad, quién entendería que es P(G_{ab}+2\pi \alfa' F_{ab}) de todos modos. Jim ayuda a otras personas disponiendo de un objetivo como persona, por un precio por supuesto. Y en lo más reciente que Jim ha estado trabajando es en el plan de ver al mundo en ruinas para siempre, desmoronándose, cayendo, y él se quedaría mientras de pie entre las cenizas, sonriendo de oreja a oreja.
Y no hay motivo para negarlo, el hombre es absolutamente brillante, incluso la palabra no lo describe bien del todo. Y Sebastian está contento de que Jim le haya escogido de entre toda la gente; de entre todos los francotiradores que ha contratado, Sebastian es el que es más cercano. Pero a la vez lo odia, odia ser el único atormentado de esa manera, siendo usado y apartado cuando Jim se cabrea.
Lo peor de todo es que cuando Jim está en la línea de fuego, no piensa en nada salvo protegerlo porque no quiere vivir en un mundo donde esa fascinante mente no exista. Jim lo tiene atado por una correa después de todo; frunce el ceño, encendiendo un cigarrillo, es todo demasiado complicado: a Jim siempre le han gustado las cosas complicadas.
MMMMMMMMMMM
Jim se impulsa para levantarse del suelo, su cuerpo entero le duele. Esto no era parte del plan, esto no se suponía que tenía que acabar así. Piensa que tal vez a Sebastian no le ha gustado su regalo, es una lástima, el hombre ese sentado sujetando su propia cabeza era una muy mórbida y bonita imagen.
Camina en el callejón oscuro, suelta insultos desde sus pulmones porque, maldita sea, Sebastian es quien los había llevado en coche hasta allí. Está muy seguro de que no puede conseguir un taxi mientras siga cubierto en sangre, la chaqueta del traje y los pantalones no manchan, y si se abotona todo puede que sea capaz de montar en uno. Puede, y qué bajas son las posibilidades de que ocurra.
La camisa blanca se le pega a la piel, y él estira de ella, parecía buena idea al principio, y eufórico tras el asesinato que no pudo resistirse en chapotear en el líquido rojo. Entonces, lo había hecho más por Sebastian que por él mismo, y sabe que a Sebastian le había gustado esa imagen: su mirada se quedó fija bastante tiempo, su respiración se aceleró y sus pulsaciones se doblaron.
¿Así que por qué estaba solo, yendo por callejones porque no quería que nadie le viese de esa forma en lugar de sentado en el coche de Sebastian? "Experimentos", había dicho, ¿por qué Sebastian encuentra esa palabra tan insultante?
Debería habérselo tomado como un halago: Jim rara vez hace experimentos con la gente porque de normal ya sabe todo lo que hay que saber sobre ellos, Sebastian debería estar contento de no ser un cualquiera. Jim le entiende hasta cierto punto, pero hay veces, como ésta, que es especialmente desconcertante.
Sebastian es el tipo de tío que hace las cosas sin hacer preguntas. Puede que haya sido un rasgo desarrollado cuando estuvo en el ejército, pero Jim piensa que siempre ha estado ahí desde el principio. Admira eso en un hombre, uno que puede seguir las órdenes, exactas y precisas.
Y es ése tipo de personas las que son fáciles de descifrar, porque son rectas como una regla, sin líneas curvas, sin otras opciones; sólo eso, como un libro abierto, las cosas están ahí. Pero Sebastian es otra cosa por completo. Él es preciso y sensato sólo cuando la situación lo requiere. El resto del tiempo, Jim lo ve como ese revoltijo de masa incaracterizable.
Claro que podría decir dichos signos de diferentes rasgos mirando la chaqueta de cuero sin lavar que Sebastian siempre lleva, o el corte de pelo que elige, incluso por la manera en la que lleva su rifle. Pero eso no es suficiente, no iba más allá, no explicaba por qué Sebastian aparecía en su piso para asegurarse de que estaba bien, no explicaba por qué Sebastian le hacía dormir y comer constantemente, y claramente no explicaba su propia reacción ante todo aquello.
Él está por encima de eso, de todo, las posesiones son algo que te debilitan, te retienen de alcanzar tu meta. Él no necesita eso, todo lo que está con él deber ser desechable, cuando el tiempo lo requiera, debe ser capaz de dejarlo todo de lado.
Y aun así, ahí está, devanándose los sesos cuando Jim se da cuenta de que Sebastian había avanzado de alguna manera dentro de su vida, poco a poco, invadiendo lentamente, consumiendo. Coger el coche por ejemplo, él ya se había convertido en algo tan dependiente, ¿cómo había dejado que fuera tan lejos? Es culpa de Sebastian, todo es culpa de Sebastian.
Planea matar a Sebastian justo entonces, para cortar de raíz el problema antes de que empeore. No sentiría remordimientos, se dice, no tendría por qué.
MMMMMMMMMMM
Jim se las apaña para ir al piso de Sebastian, está en la cuarta planta, la arquitectura es simplemente espléndida, tiene un antiguo estilo Victoriano, desde los intrincados detalles en los pilares y el marco de la puerta hasta los ventanales. De algún modo le pega; a Sebastian nunca le fue la historia, pero el estilo va bien con él.
La gente en la calle le mira de manera extraña cuando abre la puerta principal hacia las escaleras. Simplemente lo ignora, tiene cosas mucho más importantes que hacer. Llega al cuarto piso y abre la puerta con la llave que Sebastian estúpidamente le había dado. Confianza fuera de lugar, piensa, y algo da una vuelta de tuerca en su interior, esto no va bien.
Cierra la puerta, sabe que Sebastian aún no ha llegado a casa por el estado del felpudo enfrente de la puerta, así que se sienta en un sillón. Se quita la chaqueta, se afloja la corbata y se estira la chaqueta a ver si así para de pegarse a su piel, el blanco totalmente bañado en rojo ahora.
Saca la pistola que está escondida a su lado, pasea los dedos por el cañón. Es la pistola de Sebastian –una Beretta 92S- la que siempre había llevado con él antes de que Jim le diese el rifle de francotirador.
-¿Qu- ¿Por qué me ibas a comprar un rifle?
-Bueno, puesto que ahora trabajas para mí, quería ofrecerte un extra. ¿No te gusta, Seb?
-Claro que me gusta.
-Úsalo, siempre.
-Gracias, es raramente agradable de tu parte. Toma, mi pistola, quiero que te la quedes. Llámalo un intercambio.
-¿Una pistola a cambio de un rifle de francotirador? Eso es más bien un cambio injusto, ¿no crees?
-Hey, la he llevado a todas partes conmigo, es mi niña, y estoy dejando que te la quedes.
-Bueno, entonces gracias, cielo.
El sonido de unas llaves devuelve a Jim a la realidad, el agarre en la pistola se hace más firme conforme la puerta cruje al abrirse. Tiene que hacerlo, no hay otra opción, es el final del camino, necesita serlo.
Sebastian se sorprende cuando enciende la luz y ve a Jim sentado en su sillón. –Joder, me has asustado. ¿Qué cojones estás haciendo aquí? –Jim levanta el arma, apuntando a Sebastian. –Jim, ¿qué estás haciendo? –su voz firme, alarmante. –Baja el arma.
-Me temo que así son las cosas, Seb. –Quita el seguro, su dedo en el gatillo. –No quería que acabase así.
-Baja el arma, Jim. Esto no es divertido. –Sebastian cierra la puerta, se acerca unos pocos pasos pero Jim lo mira fijamente y para de moverse.
-¿Y quién ha dicho que lo sea? No me estoy riendo.
-Si esto es porque te he golpeado, no veo por qué tendrías que matarme por ello. –Sebastian está extrañamente tranquilo, Jim odia eso, quiere verlo romperse.
-¿Qué tal porque me has abandona, hmm? Y mi hombro todavía me duele, pro si te importa. –Su mano no se mueve, no tanto como tiembla.
-Dios, esto es ridículo. –Sebastian camina hacia el sillón, se pone de rodillas, ahora está al mismo nivel que el arma. Agarra el cañón y lo pone contra su frente. –Entonces dispalra.
Ahí estaba, el lógico no-me-importa Sebastian. Jim gruñe, -¿vas a darte por vencido así después de dejarme sin razón aparente antes?
-¿Sin razón? No lo pillas, ¿verdad? Es divertido, pensaba que se suponía que tú eras el listo. –Sebastian le mira fijamente a los ojos, retándole. Dispárame, Jim, ¿por qué no lo haces?
Los nudillos de Jim se vuelven blancos de la fuerza que está haciendo de sujetar el arma, su mano está temblando ligeramente ahora, pero no por miedo, sino por pura rabia. Entonces grita -: ¡Es todo tu culpa, Seb! ¿¡Por qué no puedes ser como todos los demás!
Sebastian sonríe con satisfacción, -Si fuera como todos los demás no te gustaría.
Jim permanece en silencio durante un largo rato, porque sabe que es la verdad. Mierda, eso era por lo que lo había contratado en primer lugar. Exhala finalmente, ni siquiera sabía que estaba reteniendo el aliento, -¿Por qué no estás asustado? Así no es como se actúa cuando hay alguien apuntándote con un arma a la cabeza.
-Bueno, he aprendido del mejor: tú.
-¡Que te den! –Jim grita, y justo después de eso un disparo cruza el aire. Sebastian no hace más que retroceder.
Sebastian mira la puerta detrás de él, ahora con un agujero de bala en el centro. –Algún día te quemaré, créeme, querido, un día lo haré. –Tira el arma al suelo y se levanta. Sebastian se levanta con él.
-Estoy seguro de que lo harás, y créeme cuando te digo que aun así te dejaría. –Jim oye las palabras no dichas: porque sé que tú no, pero no dice nada sobre ello.
-Necesito ropa nueva. –Dice con aire aburrido, pasándose una mano por el pelo. –Y, sólo para que quede claro, tómatelo como un cumplido.
Sebastian asiente y camina hacia su cuarto para coger algo de ropa para dejarle al otro. -¿Qué quieres decir como un cumplido?
-Cuando dije que estaba haciendo un experimento contigo. Nunca he necesitado hacerlo con otros, eres diferente. –Y Sebastian sonríe, porque eso es lo más parecido a una confesión que sabe que conseguirá. Y suena bastante romántico, de alguna jodida manera. Se siente estúpido por no haberlo entendido antes, la manera de hablar de Jim todavía es algo difícil de comprender.
Le pasa la ropa a Jim, quien se cambia justo en frente de él, deja caer la ropa al suelo. –Quema eso.
Sebastian asiente. –Lo siento. –Jim lo mira, y se explica más detalladamente. –Por golpearte, me refiero. –Jim no contesta, abre la puerta y se va, poniendo la pistola a un lado de sus vaqueros, Sebastian interiormente agradecido de que Jim todavía elija quedársela en lugar de devolvérsela.
La puerta se cierra a las espaldas de Jim, y Sebastian recoge la ropa manchada de sangre del suelo. La sujeta entre sus manos durante bastante tiempo, antes de decidir que en lugar de ello iba a quedársela. Jim no tiene por qué saberlo. Aprieta la camisa blanca manchada de sangre contra su pecho y huele el aroma a sangre, jabón y Jim. –Idiota.
