Notas—Tuve problemas con el internet desde del capitulo anterior y nunca me dejo trepar esto hasta hoy Lunes -.- pufff, lo siento de verdad. Gracias infinitas a quienes comentan, leen y agregar a favoritos y alertas. !Se agradecen infinitamente!

Aclaraciones— Consumo de sustancias felices un poquito de proyección. Lo siento~

Respuesta a comentarios Anons:

Klan: !Gracias por leer! y me alegró muchisimo de que te haya gustado, las cosas no se me dan tan simples con ellos, siento que Lukas es muy forzado por eso siempre termina haciendo comentarios tajantes. En fin, Gracias por comentar!


Random: Magic trio

Come what (ever) may – Stone Sour


Todo lo que hiciste, está matando a todos

Una pequeña sonrisa a un bastardo homicida

Quieres ser un hombre, debes de tener un plan

Otro fracaso es un desastre garantizado

La primera vez que Arthur conoció a Alfred, fue uno de esos días que no tienes nada que hacer más que sufrir porque eres un misántropo –sin motivo aparente, porque todo se trataba de encontrarle sentido a las acciones que el mundo hacia- y lo mejor que pudiste hacer fue dejar de tomar el medicamente que te alejaba de toda clase de ideas estúpidas.

Estúpidas como aferrar tus dedos desnudos a la cornisa de concreto. No había vértigo, no había emoción en su estómago ni en su cabeza. Solo un inmenso agujero.

Había pensado en las miles de opciones que posiblemente tenía. Pero ninguna de ellas parecía encajar con sus exigentes pretensiones. Lo medito por meses, incluso por años. Cansarse de la vida era una cosa, pero encontrar manera para poder seguir adelante era otra. Para Arthur la vida no era más que un majo de experiencias, entre malas y buenas, por desgracia, él era demasiado perfeccionista y toda aquella pequeña obsesión lo había llevado hasta ese punto. Se vio a sí mismo arriba de edificio en dónde vivía; unos departamentos en medio de la ciudad hermosamente pintados de color salmón con detalles minimalistas que hacían que la gente envidiara a quienes Vivian allí. Sin embargo esa envida no era el suficiente motivante para que Arthur Kirkland decidiera seguir respirado el mismo aire que sus amables vecinos y aunque sonara de lo más despreciable es que aquellos no eran malos vecinos, pero él sí. Saludaba por mera cortesía. Eso era ser hipócrita. Todas aquellas lecciones instruidas por su madre ya no tenía sentido.

En realidad nada tenía sentido.

Recordó como quien no quiere la cosa, una de esas veces en dónde se perdía en las tiendas de discos, tratando de encontrar algo que llamara su atención. Algo, por más pequeño que fuera. Recorrió con su memoria los rostros de sus compañeros de clase y ninguno parecía tenerle satisfecho incluso sus dos mejores amigos habían terminado por aburrirle. No era que Lukas no fuera alguien especial o que Vlad no alcanzará su estándar de exigencia. No había nada en este mundo que le llamara la atención.

Era complicado. Estúpido en realidad.

Echó un furtivo vistazo hacia abajo, los carros, las personas pasando más allá de la valla que divida el condominio de la calle principal. ¡Joder! Si le lanzaba a su muerte segura posiblemente haría todo un espectáculo. Su cuerpo destrozado estaría en el pavimento y con mala suerte mancharía las hermosas rosas que el jardinero había cultivado con total devoción.

No, había mejores y más propias formas de morir.

Aspiró con fuerza contenido el aire pesado en la atmosfera y con pesar enfocó sus ojos en el cielo grisáceo que amenazaba con soltar su ira sobre de él. Pensándolo bien, el agua se llevaría mucha de la evidencia.

—Pase lo que tenga que pasar— se dijo Arthur con un exasperado tono de voz. Revolvió su cabello rubio y luego frotó su rostro— Vlad y Lukas se van a molestar mucho.

La primera gota cayó y ya no había vuelta atrás. Se dejó llevar por el vaivén del viento de tormenta y soltó su cuerpo para poder caer del último piso de esa bonita residencia.

—¡Estás demente!

Algo – o alguien- lo habían jalado tan fuerte que su esperada caída fue contra el piso de losa negra. Soltó un gruñido y alzó los ojos para encarar a quien fuera que lo había alejado de su único amago de valentía.

Un rubio escudriño con especial atención. Sus ojos azules se clavaron en su piel profundando los surcos de sus ojeras y sus cansados ojos verdes. Nunca antes había visto a ese chico en su vida. Y tampoco le gustaba la forma en que lo estaba mirando

—¿!Qué te pasa, imbécil!?

—¡Sí! Eso mismo debería preguntarte ¡¿Qué te pasa a ti?!

—Déjame en paz, has echado a perder mi muerte —acotó de golpe y se puso de pie. Trató de añadir algo más pero se sintió un completo cobarde. Hubiera sido mejor caer y no haberlo conocido.

Porque desde ese día Alfred F. Jones se había convertido en una especie de sombra que se materializaba en los momentos más inoportunos de su vida. Algo acerca de haberle salvado la vida y de que tenía una misión para con él. Joder, como si fuera un gato que acababa de salvar su un árbol.

—¡Tocan la puerta!— gritó Arthur desde la modesta cocina. Pero nadie iba a abrir. No, Scott no movería su pecoso trasero de la sala y los gemelos estaban más inmersos en esa pelea en el Soul Escalibur. Dejó la taza en el estante justo al lado de la puerta y sin echar una mirada a quien estaba afuera –quizá esta historia no sería posible si lo hubiera hecho- abrió la puerta de su casa.

Dicen que si invitas a pasar a un vampiro éste se pegará a ti como una sanguijuela y te dejara más seco que una pasa. O al menos eso era lo que le había escuchado decir a Vlad.

—¡Hola!, ¡Soy Alfred Jones!, ¡Tu nuevo vecino!

La suerte de Arthur no era buena.

Bloody hell…

O quizá había tenido un golpe de suerte ese día.

Arthur experimentó un vuelco en su estómago, pero más que ser una sensación encantadora de haber encontrado el amor de tu vida fue como las náuseas al comer algo echado a perder. El amor debía de ser algo bello. No algo que te produjera ganas de cortarte las venas.


—Por un momento pensé que Arthur sería la solterona del grupo— dijo Vlad con sus manos en las mejillas, pareciendo una colegiala a la cual le acababan de contar el mejor cotilleo del año.

—¡No somos nada, es solo un estúpido!

—No puedo creer que vaya en la escuela — respondió Vlad ignorando a Arthur—, esto es épico. Una clase de maldición que cayó sobre de ti al querer lanzarte sin avisar.

—¡Oh, disculpen por no invitarlos! A la próxima podríamos organizar un suicidio colectivo.

—Yo te aventaría —espetó Lukas sin levantar la vista a la cámara, estaba concentrado en una Tarea pendiente.

—Yo te filmaría —secundo Vlad agregando una sincera risa de diversión—, vamos Arthur, no es que no estemos preocupados por lo que trataste de hacer hoy— dijo con el rostro ligeramente contrariado y el tono de su voz era serio, lo que hizo que Lukas dejara de hacer sus deberes y prestara atención—, nos preocupas y sabes que si te sientes mal estaremos allí. No es por nada, amigo¸ pero estoy agradecido con el cerdo americano.

—No seas egoísta— dijo Lukas—, no soy de hielo.

—Te queremos aunque no lo demostremos a menudo—Vlad le dedicó una media sonrisa y luego señaló el posible lado dónde la pantalla del noruego se mostraba—, en especial Lukas.

Vlad "Lord of darkness" te ha enviado un sticker.

—Las sonrisas no van conmigo.

—¡Es más!, Hagamos noche de chicos, mañana en mi casa, películas y música. ¡Hablaremos mal de la gente! ¿Qué dices?— propuso Vlad meneando las manos. Miraba con insistencia las pantallas de sus amigos.

—Claro… —Lukas respondió— hablemos del cerdo americano y nos pintamos las uñas.

—Lo de las uñas suena fantástico— dijo Arthur sopesando la idea—. Lo hablo con mamá y les digo mañana.

Arthur pensó, que por sus amigos, todo valía la pena.


Notas— El nombre de la sustancia es "Clonazepam"; es una cosita que te hace la vida extremadamente más feliz y relajada, pero el precio a pagar es caro porque es adictiva. Demasiado y pasar por el proceso de desintoxicación no es sencillo. A diferencias de otro tipo de adicción esta se genera muy rápido, yo lo tomé por seis meses y se redujo la dosis a mínimo y mirenme haciendo este fic. Bueno!~ Algo bueno salió.