Buenaaaaaaaaaaaas ~
No voy a mentir. Yo estoy tan sorprendida como ustedes de poder subir un nuevo capítulo tan pronto. Tenía decidido esperar una semana para cada capítulo, en un principio, pues no cuento con mucho tiempo libre. Sin embargo, ¡estoy logrando escribir con frecuencia! Destino todo mi tiempo libre a ello, ya que me emociona tener a personitas nuevas por acá, comentando y todo. Los adoro, en serio. Ustedes me motivan a hacerlo, ayudan a que el hiatus se esfume, son un encanto ~ (Solo no se me malacostumbren :'v )
Y, dejando las cursilerías de lado (?) Voy a proceder a responderles!
Xiaochypatia: ¡Hola! Me alegra mucho tener a una nueva personita por aquí, así como me honra tu comentario y que estés siguiendo la historia. Usualmente respondo a todos los reviews por este medio para atender dudas y que las preguntas no se repitan, pero me gusta también darles la bienvenida. ¡Disfruta la historia!
DULCECITO311: Usted que no pierde la oportunidad para dejar su review, ¡me halagas! Y, mira qué casualidad. Prepárate, pues algo de razón hay en esas palabras, y eso se explica en éste capítulo ~
Huxday: Siempre es un placer recibir a personitas nuevas, acompañadas por sus críticas y retroalimentaciones. Me satisface mucho darme cuenta de que provoco que analicen la historia, aunque me esfuerzo horrores por evitar que sea predecible hahahaha Espero poder sorprenderte!
BadBoomDemon: Tengo un fic abandonado desde los años de la inquisición :c Aunque eso es por cuestiones de fuerza mayor (ya estaba escrito, me robaron la compu que lo tenía, con la memoria usb que lo tenía, y el único equipo que POSIBLEMENTE lo tenga está out of service -cries in spanish-). Lo importante aquí es que es usted bienvenida cuando desee pasar a saludar, hacer su crítica, quejarse, arremeter, mentarme la madre (pero con amor, por favor), etcétera.
Dicho eso, ¡disfrútenlo!
Sakura está siempre llorando por ti…
Su cuerpo se levantó tan temprano a causa de su pesadilla, que se mareó apenas abrió los ojos, viéndose obligado a apoyar la palma de su mano derecha sobre la cama. Le tomó un par de minutos recuperar el aliento, y aun así le dolió un poco el pecho. Tenía la visión borrosa, jadeaba, su mano derecha había terminado apretando su camisa sobre el sitio del corazón, con los párpados entrecerrados y una mueca surcando su rostro. Estaba inclinado hacia el frente y, poco a poco, consiguió que el oxígeno entrara en sus pulmones. Respiraba sobre las sábanas, cerrando sus ojos, soltándose la ropa, deslizando esa mano hasta su ojo izquierdo. Era probable que él nunca hubiese sentido una sensación como esa, en la que le parecía que las habilidades que había heredado no eran más que una maldición tras otra. Había hecho algo abusando de ese poder, algo por lo que—le parecía— tendría que pagar un gran precio. Al principio, pensaba que podría manejar la situación. Él había acomodado las cosas para que estas circunstancias se dieran, de forma indirecta. Por lo tanto, debería tener influencia sobre lo que iba a pasar en este mundo y, viéndolo muy fácil, apostó por su victoria a la vuelta de la esquina, más fácil que la vez anterior. Sin embargo, él nunca se imaginó que sus actos tendrían consecuencias graves, como forzar a que Sakura sintiera un dolor como el que alguna vez él sufrió. Por otro lado, estaba la pena de no acompañarla durante todo ese tiempo. ¿Y si—de alguna forma— el alma de Sakura le culpaba de todo? Eso justificaría perfectamente el rechazo que le tenía, la decisión de estar con un hombre que no fuera él, el no enamorarse inmediatamente, ¿no? ¡Era la pieza que hacía falta! Pero no era suficiente para que él se sintiera mejor, odiando por completo los límites que superó gracias a sus conocimientos, su herencia, sus capacidades. No tuvo respeto por la vida, ni por la muerte. Por lo tanto, el destino decidió quitarle lo único que él presumía tener: control.
Después de un rato, se percató de que se estaba cubriendo el ojo donde debería encontrarse el rinnegan. Le dolía la vista, pero le sorprendió el descubrirse haciendo eso precisamente, así que apartó su mano, tan solo para descubrir que estaba usando la derecha. Pensó, entonces, que lo natural era usar la mano izquierda, pero desde que despertó no la había movido en lo absoluto. En ese preciso instante, con un poco de temor, llevó su mirada a la extremidad en cuestión, para descubrir que se encontraba ahí, intacta. De cualquier forma, se vio en la necesidad de mover sus dedos acalambrados, pues no podía dejar de dudar. Al final, concluyó que se trataba de un efecto secundario de su pesadilla: el recuerdo de la pelea en la que Sakura quedó incapacitada. Aún era una kunoichi de élite en ese momento, podía pelear a la perfección, poseía agilidad. Sin embargo, un ninja salió de la nada y selló con sus dedos su chakra. La técnica le recordó, en su momento, a aquella de los Hyuga. Sin embargo, ni siquiera ellos fueron capaces de destruir la técnica y, cuando descubrieron qué era en realidad—un sello minúsculo en puntos de presión—, no tuvieron tiempo para descifrar la forma de deshacerlo. Sakura lo habría solucionado en un santiamén, pensaba. En cualquier caso, su pesadilla poco tuvo que ver con la hospitalización de Sakura, y el fracaso de su tratamiento. Aquella noche, Sasuke soñó con los golpes que acribillaron el cuerpo de su mujer, robándole el aliento y dejándola sin consciencia, cayendo sola al vacío, donde nadie pudo atraparla.
Capítulo Cuatro: Locus de Control
Una semana pasó desde aquella pesadilla, y el domingo había vuelto a presentarse. Septiembre terminó en ese tiempo, y ahora estaban a principios de octubre. Los últimos siete días habían sido, para Sasuke, una tortura. No hubo un solo día en el que él no se reprochara los últimos veinte años, y lo que había hecho antes de eso. Tampoco hubo testigos de su castigo personal, excepto por un rubio y una pelirroja, que resultaban ser primos lejanos. Como era su mala costumbre, se aseguró de mantener ese sufrimiento en su persona, aislado de los demás, pero no era posible que engañara a las dos personas que mejor le conocían—fuera del círculo familiar—. Karin no se llamaba a sí misma su mejor amiga, pero estaba tan presente en su día a día que conocía cada comportamiento del pelinegro. Naruto, por otro lado, le conocía desde la escuela elemental, así que no había forma de que le engañara. La frialdad de ese moreno se mantenía a la altura, pero había algo a su alrededor que les hacía observarlo detenidamente.
Ese domingo, siendo de mediodía, Naruto y Karin habían acordado pasar el día en casa de los chicos, con el propósito de no permitir que el Uchiha se calentara la cabeza al pensar las cosas demasiado, como parecía. Por otra parte, ambos Uzumaki se habían tomado el tiempo para discutir qué podría tener a ese endemoniado muchacho tan preocupado, así que llegaron a la misma conclusión: una mujer. En ese momento, la chica escupió toda la verdad sobre lo sucedido en la facultad de medicina una semana antes, dejando completamente atónito al rubio. Enterarse de que el asunto del enamoramiento del restaurante—en el cumple años de Ino— no era una simple broma, pareció descolocarlo bastante, además de que Karin tuvo una lucha intensa con la incredulidad de ese cabeza dura. De alguna forma logró convencerlo de que Sasuke realmente estaba flechado por Sakura, aunque éste daba explicaciones ridículas dignas de un romántico empedernido, algo que Sasuke nunca había sido. En conclusión: tenían a un Uchiha completamente convertido del lado oscuro a la luz, que de alguna forma se las había arreglado para caer a una fosa sin fondo después de haber visto el sol, pues estaba tan deprimido que era imposible mirarlo durante mucho tiempo y que sus corazones débiles no se estrujaran… o eso dijo Naruto.
De alguna forma, Naruto convenció a ambos—Karin y Sasuke— de ver películas de acción, con muchas explosiones y muertes, pero los primos parecían mucho más entusiasmados con lo que sucedía en la trama que el invitado especial. Gritaban y brincaban de emoción, mientras que la chica soltaba algún suspiro cuando un actor muy atractivo se presentaba—sin camisa—, pero el moreno no estaba interesado. Era tan seria la situación, que el mismísimo Naruto se tomó un momento para analizar que, de hecho, Sasuke había accedido a estar con ellos y no los había rechazado a la primera oportunidad. Lo pensó, le dio vueltos, y solo pudo concluir lo que era obvio ante sus criterios: ESO NO ERA NORMAL, UNA MIERDA. Y, para comprobarlo, ¿qué podía ser mejor que lanzarle algo? Así que lo hizo. Le llamó por su nombre y le apuntó al rostro con una revista, la cual debía seguir su curso para ser atrapada, como lo era siempre. Los reflejos de ese hombre estaban endemoniados—como él—, y aunque tenía la agilidad para esquivar la revista, pero no lo haría por proteger a Karin. Él la atraparía, como lo hacía siempre, para después vociferarle, ¿no es así? Claro que lo haría.
Excepto por el hecho de que no lo hizo…
—¡Naruto! —le riñó Karin, quien lo vio todo. En un momento la voz de Naruto la hizo volverse a ver, y al otro todo pareció suceder en cámara lenta, hasta que se escuchó el escándalo de las hojas chocando al impactar la portada contra el rostro de Sasuke, rebotando tan solo para caer sobre su regazo y dejar una marca roja en su cara.
—¡No la atrapaste! —exclamó Naruto, con objeto de queja, ante algo que fue muy obvio, así que le apuntó con su dedo índice, de actitud acusadora—. ¡¿Por qué carajos no la atrapaste, Sasuke?!
—¿Ah? —aquél ruido se pareció mucho a un gesto vándalo, mientras el aludido levantaba una ceja, en una situación bastante molesta. Luego de eso, los tres callaron por casi un minuto—. ¡¿PUES CÓMO CARAJOS SE SUPONE QUE ATRAPE ESO, MALDITO IMBÉCIL?! —explotó.
—¡TÚ SIEMPRE LO ATRAPAS! ¡TENÍAS QUE ATRAPARLO!
—¿DE QUÉ CARAJOS ESTÁS HABLANDO? —Sasuke se levantó del sofá en un movimiento—. ¿ES QUE QUIERES QUE TE MATE?
—¡QUIERO VERTE INTENTARLO! —saltó Naruto, poniéndose a la defensiva.
—¡Ya basta! —gritó entonces Karin, poniéndose también de pie. Los dos chicos se detuvieron en ese momento, volteando para mirarla—. ¿Qué coños son? ¿Niños? Compórtense… no tengo por qué gastar mi tiempo haciendo de referí. ¿Me entendieron?
—Pero… él no la atrapó —murmuró el rubio.
—¡Eso es imposible! ¿Qué te pasa? —gritó de vuelta su prima, en un desesperado esfuerzo por hacerle entrar en razón.
—Lo siento.
Esas dos últimas palabras serían, probablemente, lo más tenebroso que ellos hubiesen escuchado en su vida. No había sido Naruto quien se disculpó, sino que Sasuke. Había logrado que una sensación gélida llegara a la médula de sus huesos, obligándoles a estremecerse en un escalofrío antes de que sus ojos, abiertos como platos, le miraran con cuidado. Sasuke Uchiha había pedido disculpas, no solo por algo que no era su culpa, sino que tampoco tenía sentido y le era una acción antinatural. Para esos dos, que le conocían bien, era más grave que ver al demonio mismo en persona, a un fantasma, o a un monstruo nacido desde sus más terribles pesadillas. Se trataba de un hecho único en la vida, que demostraba que algo estaba verdaderamente mal, mucho más de lo que lo hacía la revista golpeando con su rostro al no ser atrapada. Fue así que las manos temblorosas de Naruto se acercaron, dudando de sus propios actos, hasta tomar al pelinegro por los hombros y sacudir todo su cuerpo en un arrebato de terror.
—¿Sasuke? ¿SASUKE? ¡¿ME ESCUCHAS?! ¡VUELVEEEEEEEEEEEEEEEEE!
—¡Deja de gritarme en la cara! —le respondió él, a modo de grito, antes de quitarse las manos de encima y emitir un chasquido—. Maldición. ¿Qué rayos te está pasando el día de hoy? Estás mucho más raro que de costumbre… deberías tranquilizarte.
—¿Cómo quieres que me tranquilice si te comportas como un lunático?
—Mira quién habla… tuve suficiente —decidió al final, diciéndolo a modo de despedida, para irse directamente a su habitación. Naruto y Karin solo tuvieron que compartir una mirada antes de estar de acuerdo y, así, hicieron una llamada: necesitaban refuerzos.
[…]
El lunes por la tarde, Sasuke acordó con Naruto que se llevaría el auto, mientras que el rubio había dicho que él tenía otros asuntos que atender, de cualquier forma. El Uchiha estaba convencido de que esos "otros asuntos" tendrían relación directa con su novia y su familia, con la que había pasado los meses de su relación haciendo pequeños esfuerzos para convencerles de que era digno de estar al lado de la princesa de un imperio de negocios japoneses. Era normal que algo como eso sucediera cualquier día de la semana: un desayuno, comida, almuerzo o cena con los Hyuga desplazaba otros planes y acuerdos. Además, estaban a una semana del cumple años de Naruto, por lo que la familia de Hinata se terminaría enredando en aquello. Eran una familia de costumbres convencionales, y Naruto no era una persona muy convencional, ni culta o refinada, mucho menos inteligente. Ese era, posiblemente, el principal motivo por el que era tan popular: ¿cómo demonios hizo que Hinata Hyuga se enamorara de él? Un misterio.
Por fortuna para el pelinegro, ese día tenía algo importante que hacer: habían pasado diez días desde su primer encuentro con Sakura. Eso significaba, por supuesto, que habían pasado diez días desde la llamada que le hizo a su hermano, en la que éste le comentó el periodo que le restaba a su estancia vacacional con sus padres. Itachi era su hermano mayor y prodigio de la familia, quien difícilmente sería superado por cualquiera. Claro, existían grandes esperanzas puestas en Sasuke, pero eso había perdido importancia ahora que había despertado. Su hermano nunca había tenido interés en las ambiciones familiares, mientras que su carácter frío se había ablandado casi desde que Sasuke había entrado a la universidad. De alguna forma, el mayor de los hermanos Uchiha se había acercado más a su familia, lo que había favorecido a la relación de los cuatro y, ahora, inclusive Sasuke tenía una relación amena con ambos padres. Para su mala suerte, él no tenía la misma libertad que Itachi para ir de visita, pues su vida universitaria le exigía un poco más que lo que el negocio independiente de su hermano pudiera necesitar.
Como fuera el caso, ese día Sasuke subió a su auto y condujo hasta el aeropuerto, se detuvo en el estacionamiento y fue paciente hasta que su hermano mayor apareció. Itachi, al igual que él, era el tipo de hombre que llamaba la atención sin importar en dónde se presentara. Inclusive con el hecho de caminar tranquilamente con su equipaje para dos semanas, quedaba clara la diferencia entre un hombre de su altura y los comunes civiles. Las mujeres le veían con un gesto de sorpresa e interés recién nacido, mientras que los hombres fingían que no estaban interesados en su andar, o en su vestimenta que destacaba a pesar de ser casual, ni siquiera en el hecho de que era increíblemente atractivo y su cuerpo pareciera ejercitado. Era también muy independiente, así que llevaba su equipaje él mismo y no permitía que su hermano se bajara del auto, ni siquiera para ayudarle un poco a subir la carga al auto. En el pasado había considerado ese un gesto de orgullo, hasta que él le explicó que no era así. Era ese hombre tan humilde, que no podía aceptar que alguien más hiciera un trabajo que él podía hacer con su propia fuerza y, en lugar de eso, prefería ayudar a otros y evitarse problemas. Itachi era, de hecho, un abogado famoso por ser accesible y prestar créditos a largo plazo para clientes con dificultades económicas, algo que se podía permitir pues tenía una lista de clientes adinerados que equilibraban su bolsillo. Sasuke aspiraba a superar su habilidad como abogado defensor, pero no estaba interesado en la parte filántropa del mayor.
—Hola, Sasuke —dijo él, al subir al auto.
—Bienvenido, Itachi —contestó el menor, antes de avanzar en el auto, con destino al departamento de su hermano—. ¿Cómo estuvo el viaje?
—Breve, poco interesante. Leí una revista de mi vecina —contestó de manera distraída, mientras miraba el camino de la misma forma en la que lo haría el conductor—. No te imaginas lo que una revista de señoritas puede contener. Las mujeres son unas criaturas sumamente complicadas.
—Y que lo digas…
—Ya estoy en casa —suspiró—. Ah, quiero contarte todo lo que nuestra madre hizo durante mi estadía allá. También te enviaron regalos, mamá y papá. ¿Te quedas a cenar? Pediré algo a domicilio.
—No tengo nada mejor por hacer.
Tras esa invitación, el camino pareció poco interesante. Itachi no quería contarle mucho de lo que había sucedido en su viaje, excepto por algunos detalles de cuando salió con sus conocidos de los tiempos en que era un mocoso. Le contó que su grupo más cercano había terminado como oficiales de policía en su pueblo de origen, mientras que el resto de las personas se habían convertido en algunos pueblerinos comunes y corrientes, con vidas monótonas y felices. Para Sasuke e Itachi, que siempre habían tenido relación con la ciudad gracias a sus abuelos, la vida en un pueblo no era la gran cosa, y jamás habían imaginado el tener que quedarse ahí por siempre. Tuvieron infancias y adolescencias que atesoraban, pero su futuro estaba en las grandes ciudades, y sus padres lo habían aceptado, quedándose en su hogar a recibirlos de visita. Al igual que Itachi, su padre era un abogado que tuvo mucho éxito en Tokyo, con la mayoría de su familia en ese pequeño sitio. Conoció a Mikoto en uno de sus viajes de visita, se enamoraron y tuvieron un noviazgo a larga distancia, hasta que ella decidió mudarse con Fugaku y, tiempo después, se casaron. Vivieron como citadinos por un par de años más, hasta que ella se embarazó de Itachi y, por algún motivo, los dos quisieron volver a ese pueblo, donde su madre creció y tuvo una vida feliz. Fugaku Uchiha tenía una pequeña fortuna personal, invertida en la ciudad para evitarle preocupaciones a largo plazo, además de su negocio como abogado en su nuevo hogar, donde también fue popular.
De alguna forma, ambos hijos estaban siguiendo el legado de su padre. Por otro lado, su madre había trabajado mucho con sus carreras administrativas de tipo técnico, aunque al final se preparó como contadora para poder encargarse de los trámites familiares y el negocio de su marido, algo que le fue muy útil desde antes de que la boda se llevara a cabo, prestando sus servicios a conocidos por un precio flexible. Sabían bien, los dos muchachos, que ella estaba empezando su entrenamiento en la policía, pero no logró graduarse pues Fugaku la invitó a vivir con él cuando estaba por terminar. Ese pequeño dato había generado muchas risas en cenas familiares, pues se decía que la habilidad de Mikoto debía ser tal como para dominar a su marido cuando nadie miraba, que tenía el entrenamiento para eso. Aunque no pasaba de un par de bromas que incomodaban al estoico padre de los hermanos Uchiha, tampoco estaba a discusión que su madre tenía un papel importante en la toma de decisiones del hogar pues, como todos sabemos, las madres/esposas son cosa de temer. Finalmente, para Sasuke e Itachi, esa mujer era el mejor pilar que su padre tenía en su vida, lo que demostraba—más que cualquier otra cosa— que él era un hombre inteligente, cuyas decisiones eran acertadas. Los dos conocían la historia de odio detrás de su matrimonio, cortesía de la familia de su madre. La desconfianza en la que nació su matrimonio y la unión de sus familias, pero les enorgullecía decir que su padre había superado ese obstáculo para ser un hombre de admirar por todos en el pueblo. Las dos familias mantenían una relación amena y, que ahora sus hijos estuvieran en la gran ciudad, era algo lógico y natural.
—Tuvimos "la plática" —comentó Itachi, una vez se sentaron en la sala con un par de cervezas, compradas en el camino a casa. Sasuke destapó la suya, con un leve ruido de vacío, para entonces lanzar la tapa al bote de basura, errando en el acto. Su hermano lo miró de soslayo, pero no dijo nada, y luego imitó sus acciones. Él sí acertó.
—¿Qué plática? —preguntó, para beber de la botella de cristal. La última vez que había escuchado sobre una plática llamada "la plática", el tema era el sexo. Ya estaban grandes para eso.
—Usa tu cerebro, Sasuke. ¿Qué podría ser?
—¿Yo qué sé, Itachi? —se encogió de hombros—. Eres media década mayor que yo, podría ser cualquier cosa.
—Matrimonio, idiota —contestó, como si fuera la cosa más obvia del mundo. En cualquier caso, su respuesta hizo que el menor se riera alto y cómodo, un gesto poco común en cualquier miembro de su familia—. Bueno, no tanto así. Pero sí sacaron el tema.
—¿Quieren que te cases? —cuestionó con diversión—. Venga, nuestra madre se casó joven, pero nuestro padre le lleva cinco años, ¿qué es lo que esperan? Además, ni siquiera tienes una novia…
—Precisamente por eso sucedió "la plática" —suspiró, exasperado de tan solo recordarlo—. Me preguntaron si no tenía una novia, o algún interés romántico. Dijeron que estaba en edad de tener a una chica, que el tiempo apremia, y no sé qué tanto más.
—¡El tiempo apremia! —exclamó divertido, con una sonrisa enorme.
Sin embargo, ¿quién era él para cuestionarlo? Se percató en ese momento de que, incluso ellos, se habían casado muy jóvenes. A Sarada también la tuvieron muy poco tiempo después de su matrimonio, y él fue un mal padre la mitad de la vida en la que ambos existieron. No podía cuestionar a sus padres, si él mismo esperó con ansias al día en el que su hija se casara. En cambio, había respondido en un arranque, donde el Sasuke de veintiún años tenía el control, pues no podía negar que era cierto: él tenía esa edad. Eventualmente, su risa se desvaneció, al igual que la expresión alegre de su rostro, convirtiéndose en una expresión nostálgica. Deseaba volver a los tiempos en los que caminar por la aldea era una cita, aunque no se tomaran las manos, hasta que estaban completamente en privado. Cuando Sarada era una bebé que sonreía al más mínimo gesto, simpática. Sakura cocinando terriblemente los primeros meses de matrimonio. Él cocinando cuando el embarazo se hizo presente, para evitar intoxicaciones. Se le escapó otra sonrisa, que resultó ser efímera, volviendo a desaparecer. Su hermano, que podía verlo todo, fue prudente al respecto, pasándolo por alto en ésta segunda ocasión. Sabía que a Sasuke no le agradaría que le leyera la mente, aunque fuera tan habilidoso con ello.
—La cuestión es —empezó, una vez más, el mayor—, que no se lo he dicho a nadie, porque no he pensado que realmente sea importante —lo que dijo provocó que la atención de Sasuke volviera a activarse, mirando a su hermano.
—¿De qué hablas?
—Recordarás a la chica que estaba siempre con mi grupo de amigos —él habló sereno, sin un asomo de emoción en su ser—. Izumi.
—Sí. Era una boba enamorada de ti, ¿no? —se encogió de hombros—. Algo pesada.
—Se volvió policía —agregó, mientras miraba al menor, que había vuelto a perder el interés apenas escuchó un nombre que no le provocaba—. Vino a un congreso relacionado a leyes, porque está estudiando la carrera en línea.
—Bien por ella. Tiene mucho por aprender, y va a hacerle bien a su trabajo de policía.
—Quiere volverse detective y venir a Tokyo —explicó—. Me avisó que estaría en la ciudad por medio de un amigo en común, así que insistí en que usara la habitación de huéspedes. Estuvo aquí durante unos diez días, y luego volvió. Eso fue hace alrededor de seis meses.
—Recuerdo ese congreso —agregó Sasuke—. Nosotros no pudimos ir ya que no aceptaban estudiantes que no hubiesen superado el segundo año. Tú tuviste una ponencia.
—El asunto es que estuvimos hablando por correo electrónico los últimos seis meses —esa frase logró que, por primera vez, Sasuke entendiera lo que estaba intentando decirle—. No estoy seguro de cómo pasó, pero mientras ella estaba aquí y me acompañaba todos los días al congreso, terminamos haciéndonos muy unidos.
—¿Vas a casarte? —preguntó, con los ojos como platos.
—¿Acaso estás loco? Por supuesto que no —gruñó—. No me atrevería a dejar mi trabajo en esta ciudad. Vivo aquí, es mi hogar.
—Por un momento pensé que volverías a vivir con nuestros padres.
—Eso nunca —aseguró—. Sin embargo, ella vendrá dentro de un mes o dos, Sasuke. Quiero que vengas a cenar con nosotros, y la conozcas. Espero que entiendas que no deseo presentártela como Izumi, sino que como mi novia.
—De todas las personas —suspiró él, algo frustrado—. Al menos nuestra madre estará feliz…
—Sí, de enterarse de que no soy homosexual, como me acusó hace una semana —una ceja de Sasuke se levantó—. Dijo que estaba bien, en cualquier caso. Sin embargo, aunque salimos juntos estando allá, he decidido no presentársela de esa forma aún.
—¿Qué te detiene?
—Quiero que tú la conozcas primero —respondió, encogiéndose de hombros—. Probablemente seas la persona más importante para mí, Sasuke. Eres quien debe conocerla primero.
—Tú también —dijo el menor, totalmente honesto, en un gesto que sorprendió un poco a Itachi, aunque éste no dijo nada al respecto. Sasuke era tan estoico como él o su padre, aunque tenía más asomos de emociones que cualquiera de ellos. Agradecía que tuviera un poco de su madre, pues eso le volvía un poco más humano.
—Hay una cosa más.
—¿Algo además de que nuestra madre te considera homosexual y te agarraste una novia policía en secreto? Vaya, creo que voy a necesitar otra cerveza.
—Naruto me llamó —se levantó al decirlo, para dirigirse a la cocina y buscar otro par de cervezas dentro del refrigerador—. Me dijo algo acerca de que no estás siendo tú mismo y le asustaba que terminaras por lanzarte desde la ventana de tu habitación porque una chica te rechazó.
—Ese idiota…
—También tuve la oportunidad de que Karin me dijera que estabas completamente demente, algo de que estaban por internarte en un sanatorio —volvía mientras le contaba.
—Esa bocona…
—Sobra decir que hice lo posible por persuadirlos, diciéndoles que hoy llegaba sin falta, y que tendría una charla contigo al respecto, para tomar la decisión.
—No tienes nada de qué preocuparte. Era solo cuestión de tiempo para que una mujer me mandara al carajo, y sabes perfectamente bien cómo suelen exagerar esos dos —comenzó a justificarse, hablando sin parar—. Son cosas sin importancia, no tienes que…
—Sasuke —le interrumpió, exigiendo su atención. Así, cuando el menor volvió su interés a Itachi, recibió de forma casi instantánea un golpe en la frente, lo que le provocó un espasmo de sorpresa, descolocándole. No recordaba cómo era esa sensación y experimentarla, justo ahora, era más poderoso de lo que se hubiese imaginado. Se sentía como un niño—. No estás siendo tú mismo.
—De… ¿de qué hablas? —inclusive, tartamudeó.
—No eres el tipo de persona que no atina un tiro a un cesto de basura —empezó, destapando su nueva cerveza y dándole un trago casi superficial—. Además, pareces un poco deprimido.
—Yo no me deprimo.
—Tienes cara de que te partieron el corazón —aseguró, con un aire casi burlón, ocasionando con aquello que su hermanito frunciera el entrecejo—. Puedes contarme, ¿sabes?
—Hablo en serio: no es algo importante.
—Debe ser muy grave si en serio te rehúsas a hablar al respecto —si él hubiese estudiado psicología, habría sido excelente. Itachi podía leerlo con facilidad—. Venga, ¿qué puede ser tan importante, Sasuke? No me digas que una pelirrosa se te cruzó en la vida.
En aquél preciso momento, Sasuke estuvo seguro de que se trataba de algún tipo de alucinación, o parte del chisme de sus dos amigos, transmitido hasta su hermano. Sin embargo, que él lo dijera con la naturaleza de una costumbre le asustó de sobremanera, y una sensación helada le había despertado desde la cabeza hasta el pecho. ¿De qué forma se había enterado de un detalle tan importante como ese? De cualquier forma, para el mayor pareció tratarse un chiste, pues se daba el lujo de reír un poco ante la idea de que realmente hubiese sucedido. Al mismo tiempo, el menor de los hermanos se preguntó si no se había confundido al escucharle, pero, en cualquier caso, ¿a qué podría haberse referido? Decidió, así, que necesitaba una explicación y, antes de darse cuenta, miraba a su hermano con una expresión muy similar al temor, así como las palabras se le escurrían por cuenta propia. Justo como su hermano le había dicho, Sasuke no se estaba comportando como de costumbre. No se sentía así. Por eso, quizá, se mostró aterrado. Como nunca.
—¿Qué dijiste?
—Dije —ahora el distraído era él, que estaba respondiéndole como si fuera cualquier cosa—, que si se te cruzó una…
—Pelirrosa —completó Sasuke, interrumpiéndolo—. ¿Por qué dirías eso?
—¿De qué estás hablando, Sasuke? —su hermano alzó una ceja, confundido—. Es una frase que he dicho desde hace un par de años. ¿No te habías percatado? Al principio me corregías diciendo que la palabra correcta era…
—Peligrosa…
Como una luz brillante, todo se iluminó frente a sus ojos. Los últimos años había escuchado esa frase brotando de los labios de su hermano mayor cada vez que la oportunidad se le presentaba. Podría tratarse de algún gesto reflejo del estrés, un suspiro simple, una demostración de alegría o que se distrajera, inclusive si se quedaba respondiendo mensajes en un chat, Itachi siempre parecía encontrar el momento apropiado para decir aquella frase, que al principio encontró irritante y no dudó en cuestionar. "¿No querrás decir 'peligrosa', Itachi?". Pero estaba equivocado. La que contempló como una confusión de su hermano resultaba ser, nada más y nada menos, que un simple juego de palabras cruel que él había pasado por alto de forma absurda. Lo había ignorado por completo, no le había dado el valor adecuado, así que se había acostumbrado con el tiempo a rodar los ojos cada vez que escuchaba eso. La forma de Itachi de referirse a una novia era "pelirrosa", y él estaba como un idiota rechazando la idea. Una vez más, Sasuke descubría que era una decepción total en esta vida, pues Sakura había estado implícita al menos los dos últimos años, y él no se había percatado de aquello. ¿Cuán estúpido debía de ser?
—¿Pasa algo? —preguntó su hermano, ahora que le veía con esa expresión perdida.
—Tienes razón.
—¿Ah? —en el rostro de Itachi quedaba claro que Sasuke no estaba siendo lo suficientemente explícito como para que le entendiera, pero eso duró apenas uno o dos segundos—. Espera, ¿estás diciéndome que se atravesó una "pelirrosa" en tu camino?
—Así es. Conocí a una mujer de cabello rosado, es hermosa, y su cabello hace homenaje a su nombre…
—Sakura Haruno —Itachi le interrumpió, para colocar su cerveza en la mesa de sala, con cuidado.
—Sí —contestó, compartiendo la mirada con su hermano—. ¿Cómo lo sabes?
—Pues… sucede que yo la conozco, Sasuke. Soy el abogado de su padre. Bueno, más bien, soy también su abogado. Soy abogado de su familia.
—Bromeas —acusó, con incredulidad.
—No —aseguró él, antes de pasarse una mano por la cabellera—. La conocí hace dos años, cuando un imbécil terminó con la vida de su madre. Ella estaba en el hospital, con su padre. Tuve que quedarme un rato con ella, así que podría decirse que la conozco.
—Pues ahora sabes quién me está volviendo loco —una risa cínica brotó de sus labios, más llena de desconsuelo que de burla—. Tiene mi mundo de cabeza. Desde el momento en que la vi.
—Ella suele provocar eso —murmuró.
—Si me dices que te enamoraste de la mujer de mis sueños, me cuelgo —aseveró el muchacho, a lo que Itachi negó con la cabeza. Sasuke estaba tomando muy bien la noticia, en realidad.
—Ella es el motivo de que mi vida diera un giro de noventa grados —su mirada se agudizó, en un sentimiento de dolor—. Si no hubiese sido por lo que Sakura dijo en aquél entonces, yo no habría recordado lo importante que es la familia.
—Ya veo —murmuró—. Supongo que, entre el shock y la pérdida, lo habrás comprendido —no era una conclusión difícil. Parecía natural que las personas normales sintieran empatía.
—La cuestión aquí es, Sasuke —una pausa obligó que la mirada adolorida del aludido se posara en el hombre de cabellera larga. Sufría por sus pensamientos, por los recuerdos, por la ausencia de su mujer. Era por eso que Sasuke no tenía idea de lo que le golpearía—: te amaré por siempre.
—Itachi —esa frase era, sin lugar a dudas, una de las cosas más importantes que había escuchado, no importando la vida que ésta fuera—, es posible que tú… ¿recuerdes tu vida anterior?
Era definitivo. Si de algo carecía Sasuke, en este mundo, eso era control.
