Capítulo 4: Algo más
En el dormitorio, Bulma no paraba de darles vueltas a la cabeza. "¿Por qué habrá venido ahora Yamcha?" Era una de las cosas que se preguntaba. "Justo ahora, que lo estaba olvidando. Pero tengo que mantenerme firme, no volveré con él por mucho que me insista, no voy a dejar que me haga daño. Pero tampoco puedo negar que todavía siento algo por él…" Junto con todo esto, que muchas veces antes se había dicho a sí misma, apareció en su mente un nuevo interrogante: "¿Y por qué Vegeta le ha insinuado que yo estaba con él? Seguro que ha sido sólo por molestar, le divierte ver sufrir a la gente. Sí, seguro que debe ser por eso". Pero una pequeña parte de ella le decía que había algún motivo más que no sabía.
Durante los días siguientes, Bulma intentó evitar tanto a Yamcha, que seguía insistiendo en que volvieran a salir juntos, como a Vegeta, aunque éste era más fácil de esquivar, pues se pasaba todo el día entrenando en su cámara de gravedad. Su cita del viernes con el zapatero fue un completo fiasco: no tenían nada en común (aparte de los zapatos) y la conversación se centraba en todo lo relacionado con el trabajo del sujeto. Bulma casi se quedó dormida durante el postre. Tuvo varias citas más, para disgusto de Yamcha, y todas con el mismo resultado, con lo que Bulma también se disgustaba. Llegó a casa temprano, la última cita había sido el colmo y estaba bastante desanimada.
-¿Tan difícil es encontrar a una persona con un mínimo de interés? –dijo Bulma en voz alta al salir del coche.
-A lo mejor es que no buscas bien –dijo Vegeta de repente, con lo que Bulma, para variar, dio un respingo.
-Hola Vegeta –saludó sin ningún ánimo, con resignación.
-Vaya¿es que no vas a gritar como siempre?
-No me apetece –contestó ella mientras entraba dentro de la casa, seguida por Vegeta-. Hoy no tengo ganas de nada.
-Eres muy rara. Tan pronto empiezas a gritar por cualquier estupidez como pasas de todo.
-No voy a entrar en tu juego, Vegeta, no quiero discutir. Buenas noches –dijo ella y se metió en su habitación.
-Pero no se acostó. A pesar de que estaba cansada, decidió abrir la ventana para tomar un poco de aire fresco. Se quedó un rato observando las luces de la ciudad. "¿Cómo puede ser posible que en una ciudad tan grande no haya nadie hecho para mí?" Mientras se preguntaba esto, unas lágrimas empezaron a caer por sus mejillas. "No creo que pida demasiado, sólo alguien que quiera estar conmigo por quién soy, no por que soy la futura presidenta de la Corporación, o porque soy bonita… Antes no me importaba, pero ahora es diferente, necesito algo más…" Alguien interrumpió sus pensamientos.
-¿Por qué lloras ahora?
Bulma miró en la dirección de la que venía la voz. Vegeta estaba suspendido en el aire frente a ella.
-¿Qué haces ahí? –preguntó.
-Nada, no eres la única que no puede dormir.
-¿Y a ti qué te pasa?
-Yo he preguntado primero.
-Pero no quiero responder.
-Y a ti no te importa lo que me pase a mí. No es algo que te incumba –Vegeta estaba empezando a enfadarse.
-Sólo intentaba ser amable, cosa que a ti ni se te pasa por la cabeza –Bulma también estaba algo irritada.
-Por si no te has dado cuenta, sí que lo he intentado, pero estás tan preocupada por ti misma que no puedes ver lo que pasa a tu alrededor.
-Mira quién fue a hablar, el Señor del Universo, el que no sabe que existen palabras como "gracias" o "por favor". Si el señor pide algo, hay que dárselo al instante o si no se enfada.
-Yo no soy el que va por ahí lamentándose.
-¿A no¿No eres tú el que su único objetivo en la vida es derrotar a Goku?
-Eso es diferente.
-A mi me parece que es lo mismo. Mira, déjalo. No quiero que me hundas más de lo que estoy ya.
-Si estás hundida es por tu culpa, te rindes fácilmente –Vegeta se fue acercando poco a poco a Bulma.
-¿Y a ti qué te importa lo que me pase a mí, o al resto del mundo? Estas cosas no son dignas de una personalidad tan importante como un príncipe.
-Estás loca de remate.
-Hombre, muchas gracias –Bulma parecía a punto de llorar otra vez.
-¿Lo ves? Te insulto y me lo agradeces.
-¡Eres un imbécil y un patán, desgraciado, miserable…!
Bulma no siguió con su colección de insultos, pues Vegeta se había acercado tanto a la ventana y a Bulma que acabó besándola. Se quedaron así unos segundos, luego Bulma reaccionó y le propinó a Vegeta la bofetada más grande que jamás hubiera dado a alguien. Vegeta, por supuesto, ni se inmutó. La que rompió el silencio fue Bulma, viendo que Vegeta sonreía.
-¿Pero qué haces? Y encima te ríes…
-Algo que quería hacer desde hace tiempo. Ahora me dirás que estás indignada.
-¡Por supuesto¿Cómo se te ocurre¿Te crees que puedes hacer todo lo que te de la gana?
-Yo siempre consigo lo que quiero, pero no te indignes, porque tú me has correspondido, aunque fuera un poquito.
Ante esta respuesta, Bulma no encontraba réplica. Por primera vez en la vida se había quedado sin palabras. Y lo que más la horrorizaba es que era cierto, había besado a Vegeta. No fue mucho tiempo, pero no reaccionó al instante, lo que quería decir que algo dentro de ella deseaba seguir el beso.
-¿Ahora no tienes nada que decir? –Vegeta interrumpió los pensamientos de Bulma-. Vaya, deberíamos celebrar este día.
-No hay nada que celebrar. Si no digo nada es porque no quiero decir nada, pero se me han pasado bastantes cosas desagradables por la cabeza –mintió ella.
-Pues venga, dilas, no te quedes con las ganas –insistió Vegeta, desafiándola.
-¿Por qué lo has hecho¿No se supone que no puedes tener sentimientos, que te hacen débil?
-Yo nunca he dicho que hubiera algún sentimiento… -ante esta respuesta, Bulma de nuevo se quedó sin palabras, pero esta vez reaccionó antes de que Vegeta lo notara.
-Pues no puedes hacer las cosas así por que te da la gana y cuando te da la gana. ¿Es que no tienes ningún respeto por nadie? Los demás sí que tenemos sentimientos. Pero claro, a ti eso no te importa. Déjame sola, quiero dormir, que mañana tengo que madrugar.
-Vegeta se separó de la ventana despacio y sonriendo, viendo cómo Bulma cerraba la ventana y corría las cortinas.
Bulma se tiró encima de la cama, indignada por lo que había hecho Vegeta e indignada consigo misma. Era completamente cierto que había deseado, aunque fuera por una milésima de segundo, continuar besándolo. Pero "¿Cómo me puede estar pasando esto? Es una persona fría y cruel. No tiene ninguna clase de sentimientos, no puede ser. Algo tan bonito como un beso no se da sin sentimientos. ¿Acaso sí que los tiene pero es tan orgulloso que no es capaz de demostrarlo? La verdad es que mi madre si tiene algo de razón. Es bastante atractivo. Y está solo. Es normal que siendo yo tan bonita y él encerrado sin salir de mi casa, acabe por atraerle… ¿Pero qué cosas pienso? No, no puede ser y punto. Bulma, sólo te va a hacer sufrir".
Pero ya era demasiado tarde… dentro de su corazoncito había ya "algo más".
