Cap 04: Fiera enjaulada


Exasperado.

Irritado.

Crispado.

Eran muchas las palabras que podían definir el estado alterado de Sasuke, y aunque su mal carácter era algo habitual en él, nunca antes había llegado hasta tales puntos de exaltación. Tanto que creyó que si no salía de aquel sitio de inmediato, el tic de su ojo izquierdo se quedaría de forma permanente instalado en su cara.

Recurriendo a la escasa paciencia que le quedaba, inspiró hondamente, cerró los ojos y cruzó los brazos a la altura de su pecho, volviendo a maldecir entre dientes por enésima vez.

-Esto es una perdida de tiempo.

Y un completo error. Tanto el estar allí sentado en aquel despacho como haber dejado que Sakura lo convenciera para acudir a la cita. Demonios, él era un hombre de negocios, una persona importante, el heredero de una prestigiosa empresa. No necesitaba que nadie le dijera como llevar su vida, y mucho menos la amorosa.

Con gesto impaciente consultó de nuevo su reloj de pulsera.

Dos horas de retraso. Llevaba esperando dos malditas horas a que apareciera el supuesto consultor sentimental de aquella redundante terapia matrimonial a la que le había arrastrado Sakura sin su consentimiento, y el desgraciado seguía sin dar señales de vida.

Los parpados de Sasuke se entornaron con irritación, arrugando el ceño a más no poder, jurando en su fuero interno vengarse de él cuando todo esto hubiera terminado.

-No pongas esa cara –le reprendió su novia sentada a su lado en el sillón de dos plazas del consultorio-. Este es el mejor especialista de la ciudad.

-Te dije que esto no era necesario –espetó seco, frotándose encarecidamente el puente de la nariz intentando relajar la tensión que comenzaba a acumular en su entrecejo-. Tengo cosas mejores que hacer antes que perder el tiempo con problemas inexistentes.

Como extorsionar, ultrajar y exterminar a cierto rubio que había sugerido a su novia aquellas malditas terapias.

-¿Cosas mejores antes que salvar nuestra relación? –cuestionó mordaz Sakura alzando la vista hacia su prometido con una expresión triste en sus ojos.

-A nuestra relación no le ocurre nada –siseó desabridamente.

Por supuesto, dejando a un lado los servicios que pagaba a los chicos de vida alegre.

No es que no respetara a Sakura como pareja, de hecho, si continuaba con ella y había aceptado dar un paso hacia el matrimonio era por la tranquilidad y estabilidad emocional que le proporcionaba la joven. Sakura nunca se involucraba en sus asuntos, le daba el suficiente espacio personal para ir o hacer cualquier tipo de cosa sin tener que dar explicaciones y eso era un punto importante que Sasuke valoraba considerablemente en una pareja.

Otro asunto eran sus necesidades como hombre.

Tampoco podía decir que Sakura no le satisficiera sexualmente, ni que fuera una puritana. Casi siempre era ella la que había insinuado y dado pie a esas situaciones. Y él las había disfrutado. Pero con el paso de los años la monotonía y esa única postura de misionero conocida en el diccionario personal de Sakura, había llegado a aburrirlo.

Para ser sincero, estaba cansado de que fuera tan remilgada en algunos aspectos.

Lo que le llevó a buscar satisfacción y placer en otras personas no tan quisquillosas.

Bueno, quizás sí que tenían un problema en su relación. Aunque definitivamente la mejor solución no era acudir a un consultorio.

-Aunque niegues lo evidente está claro que sí tenemos un problema –prosiguió la joven con decisión-. Cada vez te noto más distante, más alejado de mí. Y no logro comprender por qué –alargó una mano, dejándola posada sobre la del moreno-. Si me dijeras lo que te ocurre, si hablaras más conmigo sobre lo que piensas entre los dos podríamos ayudarnos. Sabes que puedes confiar en mi, ¿verdad?

La mano de Sasuke se cerró en un puño que apretó enérgicamente.

¿Y tener que pasar por el mal trago de explicarle que a él le gustaba hacer otro tipo de cosas que implicaran soltura con la lengua? Definitivamente no. Antes prefería continuar frecuentando los callejones oscuros que ver la cara desencajada que ponía su prometida ante la propuesta de hacerle una felación.

-Así me gusta, que habléis entre vosotros.

Ambos jóvenes giraron el rostro por encima de sus hombros hacia la puerta de entrada, donde un hombre de estatura media y complexión ligera entraba con pasividad hasta sentarse en un sillón frente a ellos.

Sus cabellos eran completamente plateados y ligeramente inclinados hacia la izquierda, lo que le daba un equivoco aspecto mayor. Tenía una cicatriz cruzando su ojo izquierdo, el que permanecía cerrado con aparente nulidad, y de su rostro poco más se podía decir. Un libro abierto de par en par en el que se podía leer en una de las tapas Icha Icha Tactics ocultaba el resto de su cara.

-¿Es usted Kakashi? –cuestionó Sakura alzando una ceja dubitativa. El hombre asintió indiferente y una gruesa vena se hinchó en la amplia frente de la joven-. Pues llegas tarde. Llevamos esperándole más de dos horas.

-Es parte de la terapia –se excusó soltando una risa disimulada sin levantar en ningún momento la vista del libro que examinaba-. Tengo una teoría. Si la pareja consigue aguantar una hora sin gritarse, pegarse o intentar matar al contrario, son aptos para mi tratamiento.

Sasuke juró en su fuero interno vengarse de él dos veces cuando todo esto hubiera terminado.

-Bueno, Sakura me ha comentado por teléfono más o menos vuestro problema y antes de comenzar con la sesión sería conveniente haceros unas preguntas.

-De acuerdo -Sakura asintió efusiva y Sasuke bufó desdeñoso. Con suerte las preguntas serían rápidas y podrían terminar pronto.

-Bien. La primera es bastante obvia pero aún así debo preguntarla –indicó Kakashi indiferente-. ¿Os queréis?

Sasuke frunció el entrecejo, manteniéndose al margen de la conversación sin intención de intervenir. La sesión no marchaba como él había previsto y no le gustaba en absoluto por donde estaba discurriendo la terapia. Giró el rostro hacia su prometida, ofreciéndole la palabra.

-Po… por supuesto que s…

-No, Sakura –le interrumpió el consultor pasando página en el libro sin alzar la vista-. Se lo estoy preguntando a Sasuke.

El moreno abrió los ojos con estupor, sin poder evitar que un leve temblor recorriera su espina dorsal. Algo en su interior, quizás un mal presentimiento le avisó de que estaba a punto de pagar las consecuencias de su respuesta.

Sasuke juró en su fuero interno vengarse de él tres veces cuando todo esto hubiera terminado.

-Nos respetamos –respondió con cierto desconcierto aunque seguro de si mismo.

Llevaba junto a ella más de cinco años y su relación siempre había discurrido por una línea estable, segura, sin ningún tipo de complicación o recelo. Sakura era una buena mujer, cariñosa y amable. Nunca se olvidaba de su cumpleaños ni de su aniversario. La respetaba y sentía un profundo cariño hacia ella, el que se merecía su relación.

-Esa no es la respuesta correcta –aseveró Kakashi con cierto matiz de burla en la voz-. Inténtalo otra vez, Sasuke. ¿La quieres?

Vio por el rabillo del ojo como Sakura giraba el rostro hacia él, esperando su respuesta, e instintivamente le correspondió el gesto. Vio dibujado en su rostro una expresión anhelante y esperanzadora, también intranquilidad y nerviosismo. Sus ojos verdes lo taladraban expectantes, atravesándole de parte a parte. Y durante un instante, que resultó eterno, notó la presión, la tensión y como esos ojos lo arrinconaban, aplastándolo contra el sofá con cierta incomodidad.

-Sí –rugió a modo de defensa, más por disipar la tirantez que por contestar a la pregunta-. Estamos prometidos. Es obvio que…

-¿La amas? –interrumpió de nuevo Kakashi con el mismo tono lánguido que había mantenido durante toda la conversación-. ¿Estás tan enamorado de ella como el primer día?

Y el silencio volvió a cubrir el ambiente durante eternos segundos.

La quería, a eso podía contestar, ¿pero enamorado?

Había tenido una estricta educación en su infancia que se prolongó hasta su pubertad. Todo por convertirse en la persona que su padre quería que fuese. Un hombre digno de ser el sucesor de la empresa familiar. Nunca había despertado atracción por el sexo opuesto, quizás porque sus tutores no le habían dado la oportunidad ni tiempo entre tanta ocupación, y a pesar de ello, siempre había sido muy popular, deseado y agasajado por muchas mujeres, demasiadas, la mayoría tan solo buscando una alta posición en la sociedad.

Cuando cumplió los dieciocho, su padre le obligó a elegir una compañera sentimental para asegurar descendencia en su familia. Y entonces eligió a Sakura, su amiga de la infancia, la única persona que estaba seguro de que lo quería por quien era él, y no por su apellido.

El cariño y el respeto nacieron con los años.

-Estas son preguntas absurdas –espetó con aspereza entrecerrando los ojos amenazador. No estaba dispuesto a continuar con aquella conversación ni con aquellos pensamientos-. Si no la quisiera no estaría dispuesto a casarme con ella.

-Pero ya no eres el mismo de antes, Sasuke-kun –intervino la joven agitando la cabeza en modo de negación-. Desde que hicimos oficinal nuestro compromiso te noto cambiado. Apenas hablas conmigo, me evitas constantemente, vivimos bajo el mismo techo y a penas te veo ¿Es por la presión de la boda? ¿Por el trabajo?

Sasuke se dejó caer hacia atrás sobre el sofá y con visible agotamiento comenzó a frotarse las sienes con los dedos. Comenzaba a perder la paciencia con tanta pregunta.

-Vamos a hacer una cosa –propuso Kakashi pasando de nuevo página al libro-. Por lo que veo entre vosotros no hay ese vínculo que une a las parejas enamoradas –y dudaba si alguna vez lo habían tenido-. Por lo tanto, lo que tenéis que hacer es crear una unión prematrimonial. Comenzareis pasando más tiempo juntos, tanto como sea posible. Compartir momentos, crear recuerdos, unir vuestros lazos afectivos con tiernas caricias. Aunque también podría sacar los bates acolchados y dejar que os golpeéis mientras os gritáis a la cara los trapos sucios de vuestra relación.

-Eso suena genial, ¿Nee, Sasuke-kun? –su prometida parecía realmente ilusionada con la propuesta, y durante unos instantes, rezó porque se refiriera a la segunda-. Podemos ir al cine, de compras, o quizás podríamos hacer algún viaje los dos solos. ¡Ahh! Pero eso ya lo vamos a hacer en la luna de miel –susurró tímidamente inclinando la mirada con cierto embarazo-. Entonces podríamos preparar los detalles de la boda entre los dos. ¿Qué te parece?

El tic del ojo izquierdo de Sasuke comenzó a parpadear.

-Eso es –afirmó Kakashi-. Cualquier cosa que os mantenga juntos, interactuando. No os olvidéis de las caricias, cuanto más íntimas mejor.

El tic del ojo derecho se le unió a ese parpadeo frenético.

-Me parece perfecto, doctor. No se preocupe por nada –interrumpió la joven alzándose con premura-. Me aseguraré de que Sasuke-kun y yo estamos juntos todo el tiempo posible. Me alegro de haber venido a esta terapia.

Sasuke no contestó, ya bastante tenía intentando calmar los tics nerviosos del rostro ante la idea de que su tiempo personal fuera a ser invadido.

Y entonces pensó de nuevo en su fuero interno, que vengarse cuatro veces de la misma persona ya eran demasiadas venganzas acumuladas, pero cada una de ellas completamente merecidas.

-Vuelvan dentro de una semana y veremos como se ha desarrollado esta primera etapa en su relación.

-Por supuesto.

Kakashi se levantó, y sin desviar en ningún momento la atención del libro, estrechó amistosamente la mano de Sakura, que sonreía pletórica de emoción. Cuando hizo lo mismo con Sasuke no pudo evitar soltar un reniego de dolor. Notaba un fuerte apretón con cierta violencia retenida, y aprovechando el gesto, el moreno se había acercado todo lo posible para poder susurrarle confidencialmente al oído en un peligroso todo irritado.

-¿Podríamos reconsiderar de nuevo lo de los bates acolchados?


2

Tarareando una animada cancioncilla que había escuchado la noche anterior en ese club nocturno, Naruto apagó el fuego, vertió el caldo con los fideos ramen en un cuenco y tras coger unos palillos, se sentó frente al televisor dispuesto a saborear con gusto su plato preferido.

En realidad no es que prestara demasiada atención a los programas, su mente discurría más bien por el emocionante caso que le había asignado su jefe días atrás.

No sabía si era cosa del destino o de su mala suerte, pero de nuevo se veía involucrado con un apellido; los Uchiha. La victima no era otra que Shisui Uchiha, al que se le había encontrado y fotografiado para pruebas de archivo en la orilla del lago de Konoha, boca abajo y hundido en gran parte de su cuerpo. El cadáver no presentaba pruebas de agresiones físicas ni contundentes que pudieran determinar un culpable. Pero todo aquel familiar al que había preguntado por el caso había coincidido en respuesta dando un nombre como presunto culpable, Uchiha Itachi.

Rebuscó con los palillos en el interior del cuenco hasta atrapar un trozo de carne que se llevó con premura a la boca.

Itachi era el hijo primogénito del cabeza de familia de los Uchiha y hermano mayor de Sasuke. Que cruel destino volvía a hacerle coincidir en el camino del bastardo. De carácter tranquilo, y habilidoso en deportes, estaba destinado a ser el sucesor de la industria de su padre, pero por causas desconocidas días antes del acto oficial, Itachi desapareció sin dar ningún tipo de explicación. Dejando su puesto a legar en su hermano pequeño.

El asunto no había tenido demasiada transcendencia si dos días antes de su marcha no hubieran encontrado el cuerpo de Shisui Uchiha ahogado en el río.

Eso podría haber transferido sospechas a la policía. Pero ante falta de pruebas ¿qué más se podía hacer?

Inclinó el bol sorbiendo ruidosamente el caldo de los fideos.

No había pruebas contra Itachi aunque muchos familiares lo acusaban a él del supuesto homicidio. Al parecer entre los dos existía una estrecha relación que había sido rota bruscamente, y el desencadenante de la repentina marcha. Pero nadie lo podía asegurar.

Tal vez si le preguntaba a Sasuke.

Pero lo que menos quería en aquel momento era volver a tratar con el bastardo infiel.

Unos intensos golpes sonaron repentinamente en la puerta de entrada, reclamando su atención. Dejó el bol de ramen sobre la mesita baja frente al sofá, se levantó y descalzo avanzó hasta la puerta. Su sorpresa fue mayor al abrir. De todas las personas que había en el mundo jamás se imaginó que aquella fuera capaz de visitarlo por decisión propia. Y justo cuando pensaba en él.

-Sasuke –murmuró con desconcierto-. ¿Qué haces aquí?

Llevaba la chaqueta del traje arrugada colgando de una mano, la corbata con el nudo deshecho, cabellos alborotados, y una expresión de furia dibujada en el rostro. Casi podía asegurar que estaba a punto de echar fuego por los ojos. Bueno, eso último era algo a lo que se había acostumbrado de ver habitualmente.

-Tú sabes bien por qué estoy aquí –replicó enérgico. Vio como las rubias cejas de Naruto se alzaban confusas y no dudó en apartarlo con malas maneras de la puerta para poder entrar al interior con paso firme-. Ha sido idea tuya ¿verdad? ¿Cuándo vas a dejar de meterte en la vida de los demás?

El rubio dudó si cerrar la puerta y continuar con la conversación, o echarlo de su casa sin contemplaciones. Finalmente decidió cerrar la puerta y encararlo.

-¿De qué estas hablando?

-No te hagas el desentendido –alzó una mano que fue a agarrar la camiseta de tirantes negra del detective haciéndole retroceder hasta la pared más cercana-. Primero con las fotos, el gato y ahora con el maldito consejero matrimonial. He tenido que tragarme su charla, sus preguntas, sus consejos, y por si eso fuera poco, me he pasado los últimos tres días pegado a Sakura –lo arrinconó acercándose amenazador a su rostro-. He ido a de compras con ella, a comer perritos calientes cogidos de la mano por el parque, al cine ¡Y hasta he tenido que besarla públicamente!

En un primer momento a Naruto le costó asimilar la información que le estaba dando, pero finalmente comprendió su presencia allí. Le estaba echando las culpas de que su prometida le hubiese obligado a ir a un consejero matrimonial y la solución de esta.

-¡Teme, yo no tengo nada que ver en el asunto! Lo decidió ella sola –forcejeó hasta conseguir soltarse del agarre, empujarlo y aumentar la distancia de sus cuerpos-. Además, ¿No se supone que es agradable hacer cosas con tu pareja?

-Eso a ti no te importa.

-No, claro que no. Como tampoco me importa lo frustrado que estés con tu vida sentimental.

Era una perdida de tiempo seguir tratando con una persona tan insociable como Sasuke. Estiró el brazo hasta alcanzar el pomo de la puerta que abrió con un movimiento resuelto.

-Vete de mi casa –inquirió en tono contundente-. No te debo nada, así que no vuelvas a buscarme ni mucho menos acusarme de tus fallos. Desaparece de mi vida.

-Que casualidad –sonrió mordaz apretando fuertemente los puños-. Yo deseo lo mismo.

Sin añadir nada más, Sasuke se giró hacia la puerta y comenzó a caminar. Cuando llegó a la altura de Naruto se detuvo sin siquiera mirarle a la cara.

-Te lo advierto, como vuelvas a interferir en mi vida te juro que tu amiguito Gaara será el que pague las consecuencias –insinuó-. No quieras saber hasta qué punto soy capaz de llegar.

La mandíbula del rubio tembló de la presión que ejercía con los dientes. Como no, de nuevo volvía a recurrir a sus extorsiones. Inspiró hondo, y antes de que el moreno desapareciera, espetó mordaz.

-Dime una cosa, Sasuke ¿Por qué no hiciste nada cuando me descubriste en el callejón? ¿Acaso pensabas que era otro chapero al que poder beneficiarte? ¿Me llamaste porque querías que te la chupara?

Sabía que reaccionaría así, y sin embargo no supo actuar a tiempo. El moreno se movió tan rápido que cuando se quiso dar cuenta ya estaba encima de él propinándole un fuerte puñetazo en la boca que le hizo desestabilizarse y dar varios pasos hacia atrás.

-Bastardo -gruñó Naruto entre dientes. Se pasó el dorso de la mano por la boca eliminando los restos de sangre antes de clavar la mirada en él y abalanzarse con la misma brusquedad y las mismas ansias de pelea.

La batalla personal se había desatado.

Se enzarzaron en una rabiosa disputa donde toda clase de golpes eran validos mientras hirieran al contrario, y durante eternos minutos, combatieron con descontrol, atacando y defendiendo entre patadas y rabiosos puñetazos. La sangre comenzaba a cubrir sus rostros. Una parte de la mente consciente de Naruto le gritaba que parase, le decía que esto iba demasiado lejos, pero sus puños seguían moviéndose en dirección a su rival, y los de este a su posición.

Un movimiento desprevenido hizo caer a Sasuke al suelo, que aferrado de uñas a las ropas de Naruto, consiguió arrastrarlo consigo, quedando uno encima del otro. El rubio se incorporó con rapidez, sentándose en las caderas del moreno para inmovilizarlo mientras alzaba un puño cerrado que pretendía impactar contra el nacarado rostro.

Tomó impulso con el brazo y poco antes de lanzar su ataque se detuvo en seco.

Era extraño.

Se sentía extraño.

Con una dureza extraña.

Y una forma abultada igual de extraña que las anteriores razones.

Naruto parpadeó confuso antes de desviar la mirada hacia abajo, justo donde notaba esa anomalía rozando plenamente contra su trasero. Y cuando por fin pudo comprender a qué se debía, abrió los ojos estupefacto dejando caer la mandíbula de forma estúpida.

Sasuke estaba empalmado.

-¡Aparta, estúpido dobe!

Con un brusco empujón, Sasuke se quitó de encima al rubio y se incorporó, saliendo a toda prisa del apartamento.

Naruto no lo escuchó, ni siquiera vio como se marchaba. Sus ojos en orbita, miraban al vacío y sus oídos no escuchaban otra cosa que no fuera el enérgico palpito de su corazón. Esta ardiendo, notaba como la sangre de pronto había comenzado a bullir febrilmente en su interior, apartándolo de la realidad.

-¿Qué coño a pasado aquí? –cuestionó temeroso de saber la respuesta.

Su mano vagó con un rumbo no determinado de cordura hacia su entrepierna, que para su sorpresa, también estaba dura.


3

Durante el regreso a casa, Sasuke no había podido apartar de su mente lo sucedido en el domicilio del detective. Eliminar la sensación angustiosa de ver como su cuerpo reaccionaba irrefrenable ante el contacto con ese hombre era inútil. A penas lo había rozado y su entrepierna se había agitado impaciente. No podía permitirle ese grado de dominio. Era penoso, más que penoso, era enfermizo.

Pisó con el pie el acelerador del coche, sobrepasando la máxima velocidad permitida en la vía y saltándose varias señales de tráfico.

Aún podía sentir la adrenalina recorriendo sus venas, acelerándole el pulso con rapidez, obligándolo a luchar. No recordaba la última vez que se había encontrado en una situación igual. Era tan inusual sentir esa ardiente explosión en su interior, azotándolo, apremiándolo, dejando rienda suelta a sus límites.

Había disfrutado de cada golpe recibido, de cada golpe propinado, de la furia, el arrebato y la energía del combate. ¿Acaso se habría vuelto masoquista? ¿Había desarrollado alguna especie de afición a la tortura?

Tarde se dio cuenta de que a parte de la adrenalina algo más comprometido comenzaba a despertar a la par en su bajo vientre. Y lo peor de todo es que el dobe se había dado cuenta.

Irritado, golpeó el volante con el dorso de la mano.

Había sido instintivo, quiso penar, un impulso irracional del que lleva muchos días sin descargar la tensión sexual de su cuerpo.

Sí, definitivamente era eso. No había vuelto a acudir a los callejones desde la última vez en la que ese mismo dobe lo había descubierto, y en casa tampoco había sentido necesidad, por lo que era normal y justificativo que con cualquier estímulo externo su cuerpo reaccionara por reflejo.

¿Pero por qué con un hombre? ¿Por qué precisamente con él?

Era la primera vez que le ocurría algo así. Ni siquiera con los chaperos. Aunque eso tenía su propia justificación. Tan solo se limitaba a cerrar los ojos y disfrutar del contacto. Pero eso no lo convertía en gay, los hombres no le atraían. La razón de que eligiera antes a un hombre que a una mujer para su satisfacción personal era simple: los hombres no le pedían a cambio nada más que dinero. No se encariñaban con él, no le planteaban después de la felación ningún tipo de exigencia a parte del pago convenido.

El coche redujo la velocidad hasta detenerse frente a la puerta de su casa.

¿Pensabas que era otro chapero al que poder beneficiarte? ¿Querías que te la chupara? Le cuestionó en tono burlón el detective.

Sasuke salió del coche cerrando la puerta con un portazo.

-Maldito cabrón –susurró enardecido.

En su fuero interno no podía negar esas palabras tan ciertas como la voz susurrante y obstinada que en su mente se empeñaba en repetírselo. Sí, lo había pensado y su llamaba no había sido para otra cosa que para sustituir los labios del hombre postrado a sus pies por los del rubio. Verse descubierto no había echo más que enfurecerlo.

Por haber tenido esos pensamientos, por incitar a Naruto a que se acercara, por su deseo insatisfecho.

Entró en casa, como una fiera a la que acaban de soltar después de su cautiverio. Se despojó de la chaqueta a tirones en un vano intento por refrescar su ardiente cuerpo y comenzó a caminar sin rumbo por el salón intentando calmarse. Comenzaba a hiperventilar.

-Sasuke-kun, ¿Te ocurre algo?

El moreno giró el rostro por encima de su hombro, y de pie, observó en silencio a su prometida de arriba abajo. Acababa de salir de la ducha. Tenía los cabellos empapados de los que caían diminutas gotas formando un pequeño reguero de agua en el suelo y las manos sujetando el paño de ducha que cubría su menudo cuerpo.

Un gruñido gutural e indescifrable brotó de su garganta. Necesitaba descargar su frustración, aclarar de una vez por todas sus inclinaciones. ¡Demonios, a él no le gustaba los hombres!

Alargó los brazos y tomando entre sus dedos el rostro de Sakura la besó tan fogosamente que sus dientes chocaron con brusquedad. La joven a penas pudo reprimir un gemido de sorpresa. Era tan raro ver a Sasuke tomando la iniciativa en ese tipo de situaciones, que no trató de evitar el ardiente ataque, sino que entreabrió la boca y se dejó llevar por el furioso arrebato.

Sasuke le acarició la cara, que como era de esperar, resultaba lisa y sin cicatrices a los lados. No contento con eso le rodeó la cintura y la levantó con facilidad sin detener el contacto de sus bocas, le resultó curioso lo ligero que era su cuerpo, y no pudo evitar pensar si Naruto sería igual de liviano. La joven le rodeó los hombros y cruzó las piernas alrededor de su cintura mientras caminaba hacia el dormitorio. Durante unos instantes deseó que esos brazos que lo rodeaban fueran fuertes y musculosos. Al llegar junto a la cama la soltó derribándola sobre el colchón.

-Estás muy participativo hoy -insinuó coqueta la joven entre risas.

Como respuesta Sasuke se descalzó, se quitó la camisa y desabrochó la correa y el botón del pantalón. Alargó una mano y antes de recostarse sobre el cuerpo de su amante retiró firmemente la toalla húmeda, dejando expuesta totalmente su desnudez. Esencia femenina, pechos sinuosos, curvas de mujer. Por más que buscaba no encontraba en la joven ningún rasgo masculino. No hallaría la piel bronceada de un cuerpo fornido, ni el color dorado de unos cabellos revueltos. La figura que su traicionera mente no dejaba de dibujarle en su subconsciente una y otra vez.

Con un gruñido frustrado por no poder controlar ni siquiera sus pensamientos, se inclinó hacia la joven apresando entre sus dientes el cuello pálido que tan vulnerable le mostraba. Lo mordió y lo besó sin compasión, notando como el cuerpo frágil bajo él se convulsionaba con cada arrebato hambriento.

-Sasuke-kun -gimió enardecida. Pasó ambos brazos por los hombros del joven y arqueó la espalda, pegando sus cuerpos, buscando pleno contacto.

El que a penas duró unos escasos segundos.

Bruscamente, Sasuke se medio incorporó. Apresó el brazo de la joven y la instó a que se diera la vuelta, dejándola finalmente con el rostro descansando sobre el colchón. Justo como se lo había imaginado. Besó su nuca y su espalda mientras maniobraba con el pantalón y su ropa interior hasta conseguir retirárselo por completo.

El miembro rígido que durante tanto tiempo había cobijado resurgió palpitante, erguido y amenazador.

-¿Qué… qué piensas hacer? –cuestionó dudosa por el cambio de postura. Era la primera vez que su novio proponía algo así.

Sasuke continuó en su mutismo. Tan solo se limitó a agarrar fuertemente las caderas y elevarlas hasta que las nalgas quedaron a la altura deseada.

-¿Sasuke-kun? –volvió a preguntar cada vez más insegura.

Sakura notó la presión del erecto pene arremetiendo contra su trasero e instintivamente se tensó, abriendo los ojos estupefactos. O una de dos; o con la nueva postura Sasuke se había desorientado y presionaba sobre el orificio equivocado, o realmente pretendía introducirla en ese lugar.

La presión aumentó y entonces supo que realmente sí pretendía introducirla por el ano.

-¡¿Pero qué demonios te pasa?!

La joven se revolvió furiosa, levantó la mano y de un rápido movimientos golpeó la mejilla del mayor.

-¡¿Te has vuelto loco?! –rápidamente se cubrió el cuerpo con la sábana, apartándose hacia un lado-. ¿Qué pretendías hacer?

Fue devuelto a sus sentidos bruscamente con la bofetada, y solo entonces fue consciente de lo que había intentado hacer. Se había descontrolado, había perdido por un momento la razón y el juicio, no había sido consciente de que su amante era una mujer y no el hombre que acaparaba su mente. Su cuerpo había reaccionado tal y como le hubiese gustado hacerlo.

Como se lo habría hecho a Naruto.

Boquiabierto y con las pupilas dilatadas por la relevante información, se llevó una mano a la mejilla donde la carne aún ardía.

-Lo siento –apenas acertó a decir.

-¿Lo sientes? –bramó la joven ofendida-. ¿Eso es todo lo que puedes decir?

En ese momento lo único que Sasuke podía hacer era maldecir internamente el haberse encontrado alguna vez con el rubio de ojos azules. Hasta ahora había vivido una dichosa existencia: buen trabajo, cariñosa novia y lujuriosas aficiones. Pero ya nada volvería a ser igual, no cuando se acababa de dar cuenta de que efectivamente no le atraían los hombres.

Excepto él.


4

-Sakura por favor, habla más despacio. No entiendo nada de lo que me quieres explicar –le indicó Kakashi sin apartar los ojos del libro que habitualmente leía-. ¿No ha funcionado la terapia que os mandé?

La joven se removió inquieta en el sofá frente a él.

-Al principio sí –indicó perturbada-. Pero anoche… anoche Sasuke intento… -desvió la mirada inquisidora hacia la derecha, donde se encontraba taciturno el aludido-, intentó entrar en un sitio al que no recuerdo haberle dado el permiso de penetrar.

Kakashi alzó súbitamente la vista del libro por primera vez desde que habían comenzado las sesiones de terapia, clavando su ojo perezoso en Sasuke, que con expresión crispada y homicida, no hacía otra cosa que gruñir entre dientes, fruncir el entrecejo, e intentar calmar los diversos tics nerviosos de su rostro.

El consultor intentó disimular la mordaz sonrisa que pugnaba por surgir.

-Bueno, tal vez sí sea necesario sacar los bates acolchados.

Continuará…