Como prometí... I'm back!
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A la mañana siguiente de su primer encuentro amoroso, la pareja fue a desayunar al Mystic Grill, donde conversaron por largo tiempo.
-Siento curiosidad -dijo el chico con una sonrisa en sus labios-, ¿por qué una mariposa? Y no me digas que porque vuela, porque los pájaros también lo hacen, así que...
-¿Sabías que hay mariposas que solo viven un día? Es una locura. Pero hay una cosa de ellas que me fascina. En lugar de desistir, de vivir ese único día y volar tranquilamente, ellas se dedican a poner sus huevos para que la especie continúe. Luchan por un objetivo, piensan en el futuro y actúan en consecuencia -explicó ella muy ilusionada-. Además, son bonitas.
-Vaya, después de esa explicación, me empieza a parecer muy tonto el motivo de mi tatuaje...
-Es un poco contradictorio. Tu tatuaje habla de vivir el presente pero vives anclado en el pasado, mientras que el mío habla del futuro y no soy capaz de mirar más allá del presente.
-¿Y qué se supone que debemos hacer?
-En teoría deberíamos recordar el pasado, vivir el presente y pensar en el futuro, ¿pero cómo logramos eso? No tengo ni idea.
-Vale -dijo Damon retomando la anterior conversación-, otra pregunta sobre tu tatuaje.
-Te ha gustado, ¿eh? -rió ella.
-Mucho -afirmó él antes de formular su pregunta-. Pero, ¿por qué en el lumbar?
-No paraban de decirme que me acabaría arrepintiendo de hacérmelo y que me cansaría de verlo, pero yo estaba empeñada, así que me lo hice ahí. No puedes cansarte de algo que no ves.
-Una decisión muy sabia -la felicitó el chico.
-Hay otra cosa sobre mi tatuaje que te va a encantar -dijo ella con sonrisa pícara.
-¿Cual?
-Me lo hice después de cortar con mi novio, lo que significa que eres el único chico que lo ha visto.
-Genial -sonrió él ampliamente-. Ahora me gusta mucho más.
-Lo sabía -le correspondió la chica la sonrisa.
Después de eso, la pareja volvió a prestar atención a su desayuno hasta que Damon volvió a hablar.
-¿Qué tal te va en el instituto? Seguro que debes ser una alumna de dieces.
-Bueno, no tanto -dijo ella con modestia.
-¿Tienes pensado qué te gustaría hacer?
-Siempre había creído que escritora. Ahora no lo veo tan claro.
-¿Y eso?
-Era algo que compartía con mi madre -explicó Elena, sin poder evitar el tono de pena en su voz-. Con la muerte de mis padres todo dejó de tener sentido para mí.
-Por eso vives atrapada en el presente -comprendió él.
-Tuve suerte de que mi hermana Jenna tuviese edad para hacerse con mi custodia. Es muy alocada, pero sabe actuar con madurez cuando es necesario.
El chico no supo qué decir ante eso, aunque mejor hubiese sido decir algo antes que tener que responder a la pregunta que ella formuló después...
-¿Y qué hay de ti? ¿Tienes hermanos?
Y ahí estaba la pregunta sobre la familia, el motivo por el cuál Damon había tratado de rehuir el tema, no preguntando siquiera por cómo murieron los padres de la chica para que esta no le preguntase a él. Sabía que esa conversación caería tarde o temprano, pero no quería que fuese tan pronto.
-Soy hijo único.
-¿Y tus padres? -continuó ella.
-Muertos.
-¿Qué pasó?
-No me apetece hablar de eso ahora –rehuyó la pregunta el chico con voz apagada.
-Claro, lo siento.
-Los demonios de mi pasado me atormentan. Es absurdo, ¿cómo se puede vivir temiendo al pasado?
-El pasado es algo que no podemos cambiar, por eso le tememos más que a cualquier otra cosa. Los errores cometidos y los malos recuerdos siempre quedarán ahí. Es normal temer enfrentarse al pasado, a mí también me pasa.
"Cierto" pensó él, "Su pasado tampoco es que sea de color de rosas. Debió ser duro para ella afrontar la pérdida de sus padres".
-¿Algún momento terminará? -preguntó el chico.
-Supongo que el día que aceptemos el pasado y decidamos vivir el presente.
-Esa posibilidad la veo muy remota.
-Bueno, no tanto. Ahora acabas de pensar en un tiempo futuro –bromeó ella para intentar animar la conversación-. Solo hay que aprender a valorar las cosas que hacen que merezcan la pena seguir adelante y dejar de mirar atrás.
-Creo que eso podrías ser tú.
-¿El qué?
-El ancla que me ate al presente.
-Es una gran labor –se sonrojó ella halagada-. No sé si voy a estar a la altura.
-Confío en ti. A cambio, te prometo hacerte pensar en el futuro.
-¿Tú vas a estar en él?
-No hay nada que desee más -dijo Damon muy sincero.
La pareja continuó hablando un rato más. La conversación trascendente había dado paso a otra relajada y más informal, sin nada de sentimientos profundos.
-Tengo que irme ya –anunció él poco después, mirando su reloj-. Ric me matará sino vuelvo pronto a casa.
-¿No eres muy mayorcito para tener horarios? –se burló ella divertida.
-Alaric cuida de mí desde que yo tenía quince años. Supongo que es la costumbre.
-Claro –sonrió la chica, para continuar hablando tras una pequeña pausa-. ¿Vas a darme tu número o voy a tener que pedírtelo?
-Sé que va a sonar raro, pero no tengo móvil.
-No tienes coche, no tienes móvil… ¿De qué planeta eres tú? –bromeó una Elena muy sorprendida.
-Algún día te confesaré el secreto –le siguió el juego él, guiñándole un ojo.
-Entonces, ¿cómo podré contactar contigo?
-Ya sabes dónde vivo, pásate cuando quieras –la invitó Damon mientras se levantaba del asiento-. Solo hay un instituto en el pueblo, ¿no?
-Sí, no hay muchos habitantes en Mystic Falls.
-Vale, ¿qué te parece si paso a recogerte mañana después de clase?
-Es una buena caminata desde tu casa –le advirtió la joven.
-No es problema, tranquila.
-En ese caso, te esperaré.
-Genial –sonrió él, para luego inclinarse hacia la chica y darle un corto beso de despedida-. Hasta mañana, preciosa.
-Adiós, extraterrestre –se burló ella, haciéndole reír.
Damon pagó la cuenta y se fue, despidiéndose de Elena desde la puerta con un guiño. La joven no podía creer que en tan solo una noche un chico le hubiese dado a su vida un giro completo. Tampoco podía creerse lo rápido que estaba metiéndose bajo su piel, conquistando su corazón. Después de la muerte de sus padres y de su desastrosa primera relación sentimental, la chica jamás pensó que sería tan fácil volver a entregarse en cuerpo y alma a alguien.
D&E
Al llegar a casa, Elena se encontró a su hermana sentada en el salón viendo la televisión, por lo que fue a sentarse con ella.
-¿Dónde estuviste anoche? -le preguntó Jenna curiosa.
-Te mandé un mensaje.
-Ya, "No me esperes despierta, Elena" –citó su hermana el mensaje-. Tampoco es que sea mucha información.
-No sabía que ahora tenía que dártela –se defendió la joven.
Desde que Jenna se había hecho cargo de su custodia, esta no había tratado nunca de controlarla. Solo tenía una norma: no mentir. Si Elena era sincera con ella, Jenna le proporcionaba la confianza suficiente para dejarle toda la libertad que quisiese. Hasta el momento nunca habían tenido problemas, es más, eso había hecho que las hermanas no se guardasen ningún tipo de secretos. Bueno, excepto a lo que la relación de Elena con Tyler se refería, puesto que la chica nunca se atrevió a confesarle a su hermana que tenía miedo de lo que podría hacer él si le dejase.
-Solo quiero saber qué pasa en tu vida -se explicó la rubia-. Hace mucho que no hablamos.
-Lo sé –dijo Elena algo cabizbaja.
Jenna había conseguido un nuevo empleo hacía unos meses, trabajo que la absorbía y a penas sí tenía tiempo para sí misma, lo cual implicaba también pasar menos tiempo con su hermana.
-Así que, dime: ¿Cómo se llama el chico? -preguntó la mujer con una sonrisa traviesa.
-¿Cómo sabes que estuve con un chico?
-Si te hubieses quedado en casa de una de tus amigas, la habrías mencionado en el mensaje y no estarías tan esquiva. Además, has mostrado una sonrisa radiante desde que has llegado. Ahora, responde.
-Se llama Damon -confesó la joven.
-¿Y desde cuando sales con ese tal Damon? –preguntó curiosa Jenna, deseosa de tener un momento para hablar con su hermana sobre chicos.
-Si te soy sincera, ni siquiera sé si estamos saliendo.
-Bueno, ¿cuánto tiempo lleváis viéndoos? -reformuló la rubia la pregunta.
-Le conocí en el Grill hace dos semanas. No nos hemos vuelto a ver hasta anoche.
-Pues sí que tiene que gustarte mucho el chico como para meterte en su cama tan pronto…
-Es diferente al resto de chicos que conozco –se justificó Elena.
-¿Y qué edad tiene?
-Supongo que unos veintipocos.
-¿A qué se dedica?
-Ni idea.
-¿Hay algo que sepas de él además de cómo se mueve en la cama? -bromeó su hermana.
Jenna estaba sorprendida de que al fin la chica volviese a dejase llevar por sus emociones. Después de tanto tiempo de amargura, ya era hora de que la antigua Elena regresase.
-Sus padres también están muertos -le contó esta, haciendo que la conversación tomase un tono más serio.
-Oh, vaya... ¿Qué les pasó?
-No quiso hablar de ello. Hay mucho de su pasado de lo que no le gusta hablar.
-O sea, que ahora te van los chicos misteriosos y con un pasado oscuro -intentó bromear Jenna para animar el ambiente.
-Supongo que sí.
-Pues menuda chica se ha buscado, con lo que te gusta a ti cotillear...
-¡Eso es mentira! -rió Elena, tirándole a su hermana un cojín a la cara.
-Oh, mala idea -le dijo esta con una sonrisa divertida, lanzándole de vuelta el cojín y comenzando así una batalla campal de lanzamiento de cojines.
D&E
Al día siguiente por la tarde, Damon fue a recoger a la chica al instituto. No fue a la misma puerta del centro, sino que la esperó en el cruce por el cual tenía que pasar Elena para ir a su casa ya que su coche seguía en reparaciones. El motivo por el que la esperó allí fue que no quería que le presentase a sus amigos todavía, no le apetecía enfrentarse a los posibles interrogatorios de estos.
Elena se sintió decepcionada cuando, al salir del instituto, no vio al chico allí esperándola. Su sorpresa fue encontrarse con él en el cruce de la esquina. Damon estaba mirándola con una sonrisa radiante. Su cabello estaba tan desordenado como siempre, colaborando así a lograr ese toque informal que la volvía loco. Llevaba los pantalones y las botas negros y su cazadora también negra no podía faltar al conjunto de oscuros. En esta ocasión había optado por una camiseta de color burdeos oscuro que se ceñía a su cuerpo y le marcaba la musculatura. Parecía que había seleccionado una camiseta de cuello bajo a drede, puesto que ofrecía una buena vista del chupetón que ella le había hecho la mañana del día anterior, como si quisiese presumir de la marca. Elena rió ante la ocurrencia del chico y corrió hacia él.
-¡Damon! -dijo lanzándose a sus brazos y siendo correspondida de inmediato-. ¡Qué alegría que estés aquí!
-Teníamos una cita, ¿recuerdas?
La chica se retiró un poco para mirarle a la cara, contagiándose de la sonrisa de él.
-Gracias.
-¿Por qué? -preguntó Damon sin comprender.
-Por cumplir tu promesa, por venir a buscarme.
-Gracias a ti por la cálida bienvenida.
El comentario del chico hizo que Elena se sonrojase. Damon le recogió un mechón de cabello detrás de la oreja y esta se inclinó hacia él, juntando así sus frentes.
-¿Sabes? Aún no me has dado ni un solo beso desde que has llegado -se quejó ella haciendo pucheritos.
-Pensé que te tocaba a ti dármelo -dijo él, jugando con el cabello de la chica-. Yo te di el último.
-Ya, pero eso fue ayer -contraatacó la joven, tirando de la solapa de la cazadora de Damon para acercarle más a sí-. Eso no cuenta.
-No, ¿eh? -sonrió el chico, a lo que esta negó con la cabeza-. Tengo una propuesta. ¿Y si lo hacemos los dos a la vez?
-Hecho -accedió Elena, poniéndose de puntillas para unir sus labios en un tierno beso-. ¡Serás fullero! -le regañó al ver que él había dejado que fuese ella quien iniciase el beso, cosa que hizo reír al chico.
-Nunca se me ha dado bien eso de seguir las normas.
-Ya, eso ya lo veo... -murmuró ella fingiendo enfado.
-Hey -la llamó él, alzándole el mentón para mirarla a los ojos-, ¿me perdonas si yo te doy el siguiente?
-Más te vale que sea un beso épico.
-Haré lo que pueda.
Acto seguido, Damon se inclinó para unir sus labios en lo que fue un beso que daría envidia a toda película romántica que se apreciase.
-Mucho mejor así -sonrió ella complacida.
-Bien, ¿qué te apetece hacer hoy?
-Vayamos al parque, hay un lugar que te quiero enseñar.
Damon estaba convencido de que no habría nada en el parque que no hubiese visto ya, que nada le sorprendería, pero se dejó arrastrar por la chica a ese paseo por aquel lugar donde sus caminos se cruzaron por segunda vez.
Cogidos de la mano, pasearon por el parque. Elena llevó al chico a una colina que había en la zona más alejada y elevada del parque. Desde aquel tranquilo lugar se podía ver todo el pueblo. Eran unas vistas hermosas teniendo en cuenta lo simplón que era el pueblo, vistas que prometían mejorar en cuanto se hiciese de noche y las luces decorasen las calles.
-Suelo venir aquí cuando necesito pensar -le explicó ella sentándose en la hierba.
-Creí que a donde ibas en esos momentos era al lago -dijo él tomando asiento a su lado.
-Solo cuando estoy triste. No me gusta llenar de malos recuerdos este lugar.
-Está limpio de males -comprendió el chico.
-Así es.
-Pues creo que has cometido un error trayéndome aquí. Soy un imán para los males.
-Lo superaremos juntos, ¿recuerdas? -le sonrió tranquilizadoramente ella, tomándole de la mano.
-Por supuesto -respondió él, entrelazando sus manos.
Después de eso, la pareja se quedó contemplando el paisaje a veces en silencio, a veces conversando. El objetivo era pasar un buen momento juntos, dejar los problemas a un lado y disfrutar de los pequeños momentos. Así permanecieron hasta que anocheció.
-Vamos, te acompaño a casa -se ofreció él.
-No te preocupes, no tienes por qué hacerlo.
-Insisto. ¿Qué caballero sería si dejara que una señorita caminara sola y desprotegida en medio de la noche?
-¿Vas a protegerme de los peligros de la noche? -preguntó ella burlona, aunque muy halagada.
Damon era tan diferente a su ex... Tyler nunca se había preocupado de nada que no fuera él mismo.
-Claro que sí -afirmó el chico sin dudarlo.
-Te recuerdo que tú y yo nos conocimos de noche.
-¿Ves a lo que me refiero? -bromeó él-. Eso refuerza mi teoría.
-Creo que te menosprecias demasiado, Damon. Estoy muy agradecida de conocerte -aseguró ella-. Además, Mystic Falls es un pueblo muy tranquilo, aburrido incluso. No pasa mucho por aquí.
-¿Puedo al menos hacer de esto en una simple excusa para pasar algo más de tiempo contigo? -pidió el chico poniendo carita de niño bueno.
-Ese motivo me gusta más -aceptó Elena, regalándole una hermosa sonrisa-. Y, para que conste, no creo que me arrepienta nunca de traerte aquí.
-Esperemos que así sea -dijo él mientras se ponía en pie, ayudando después a la joven a levantarse.
D&E
Caminaron en silencio hacia la casa de Elena. El chico le había cedido su cazadora al ver que empezaba a hacer algo de frío, para después cubrirla con sus brazos para transmitirle un poco más de calor y, de paso, tener total acceso a la deliciosa fragancia que su piel desprendía. La joven, por su parte, acomodó la cabeza en el pecho de Damon y se dejó inundar en la grata sensación de seguridad que los brazos del chico le transmitían.
Al llegar al porche, Elena le devolvió la cazadora al chico, aunque le hubiese encantado conservarla para así poder seguir oliendo su embriagador aroma.
-¿Te veré mañana?
-¿No tienes nada que hacer? ¿Deberes o salir con tus amigas? -preguntó él, a lo que ella negó con la cabeza-. Pues, en ese caso... Te recogeré a la salida del instituto. A ver con qué nuevo rincón inhóspito de este pueblo me sorprendes.
-No creo que haya tantos. Aunque ya se me ocurrirá algo.
-Tú eres la guía.
Elena se puso de puntillas y le dio un tímido beso.
-Buenas noches, Damon.
-Dulces sueños, preciosa -se despidió él depositando un beso en su frente.
El chico no se fue hasta que ella entró en casa, despidiéndose con la mano al cerrar la puerta.
Aquella noche, al igual que ocurrió la noche anterior, Elena encontró un buen motivo para escribir. Su historia con Damon merecía la pena ser recordada en su diario. La joven estaba convencida de que jamás se arrepentiría de hacerlo, que su relación con Damon sería el único pasaje de su actual vida del cual su diario recogería buenos momentos.
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Muchas gracias por vuestro apoyo. Nos leemos pronto! :)
