Y aquí estamos con el capítulo cuatro. Pido perdón por algunas de mis faltas de ortografía y doy gracias a «pandastica» por haberme dado mi primer review \\\\\\.
CAPÍTULO 4
Sus manos se hallaban entrelazadas ahora mismo. Sin darse cuenta, sin haberse inmutado. Ambas se encontraban seguras, sentían un sentimiento de bienestar y comodidad de esta manera.
Fueron a recoger la maleta de Hitsugi y luego se dirigieron hacia Kouko, que había mirado expectante pero sin ni si quiera cambiar su gesto facial o corporal todo lo que había ocurrido hasta el momento.
Cogida de la mano de la pequeña, Chitaru le preguntó con amabilidad y una sonrisa a Kouko:
-Bueno, Kaminaga, ¿podrías decirle a...-
En ese momento se dio cuenta de que ni si quiera sabía su nombre, y una ráfaga interna de vergüenza recorrió todo su cuerpo.
-Me llamo Kirigaya Hitsugi, ¿tú como te llamas?- dijo alegremente y con una leve risa la peliazul.
-Namatame Chitaru- contestó la pelirroja con una amplia sonrisa.
Las dos miraron a Kouko esperando a que revisase su libreta.
-Kirigaya...Ah, sí, aquí está. Compartes la habitación número 4, tu compañera es...Namatame-san, según pone aquí.-
Chitaru tuvo que hacer un enorme esfuerzo para no parecer lo eufórica que en realidad estaba. Ahogó un grito de felicidad y sus ganas de dar brincos, y se limitó a sonreír, una sonrisa de las de verdad, de las que te contagian la alegría.
Hitsugi no se quedó corta tampoco, la pequeña abrió la boca mostrando su pequeños dientes y sus mejillas se pusieron de color rojo esmeralda, como el pelo de la mayor, más o menos. No sabía como actuar, si ponerse a saltar o darle un abrazo a Chitaru, cosa que le apetecía más que nada. Tenía antojo de volver a sentir a la chica tan cerca, quería tener la oportunidad de oler su aroma, de sentir su aura de paz y tranquilidad... Optó por mirarla con los ojos brillantes, algo más apropiado teniendo en cuenta que se acababan de conocer.
-¡Chitaru-san! ¡Eso es fantástico!- dijo sin quitar su enorme sonrisa.
-Sí, es genial- contestó la mayor con la misma alegría aunque no la aparentaba.
Kouko comenzó a andar hacia el edificio, seguida de Chitaru y Hitsugi, las cuales iban cogidas de la mano. Subieron por las escaleras tres pisos, hasta que llegaron a la planta en la que se encontraba su cuarto. Caminaron por el pasillo hasta pararse frente a una puerta que poseía una placa dorada con el número 4 grabado. La chica de la mirada fría cogió un montón de llaves que llevaba guardado y les ofreció la que tenía grabado el mismo número que la puerta.
-A partir de hoy este será vuestro cuarto. Aseguraros de mantenerlo limpio y cuidado. El toque de queda para saber que todas estáis en vuestra habitación será a las 23:00. La cena es a las 21:00. Disfrutad de vuestro curso escolar.- informó Kouko con su tono de voz serio y calculador.
Tras decir eso, la chica se marchó, tenía llaves que entregar y habitaciones que enseñar. Al fin y al cabo era su trabajo como representante.
Chitaru metió la llave en la cerradura y la giró. Abrió la puerta y con una gentil actitud dejó pasar primero a Hitsugi, a la cual se le pusieron rojas las mejillas.
Seguida de ella, entró la mayor, y cerró la puerta. Al girarse para ver su nueva estancia se quedó impresionada. Aquel cuarto esa comparable al de un hotel de cuatro estrellas en París. Era enorme, tenía un sofá y una televisión de plasma. También una mesa con un par de sillas. El baño poseía una ducha enorme, y las camas que tenían eran muy grandes. Había tanto espacio en aquel cuarto que podrían vivir allí por lo menos cinco personas.
Hitsugi parecía muy impresionada también. Ver a una chica tan pequeña en una habitación tan grande te hacía entender como se debía de encontrar ella ahora. Miró a la pelirroja y sonrió. Luego, fue a la sala donde se encontraban sus camas y empezó a deshacer su maleta. Colocó su ropa por los estantes que había al lado de la cama que se acababa de elegir, la más lejana a la ventana. Chitaru la siguió e hizo lo mismo que ella. Dejaron sus objetos personales en sus mesitas de noche y sus cepillos de dientes y demás cosas por el estilo en el baño. Cuando acabaron, Hitsugi se acercó a Chitaru y le tendió su oso de una manera increíblemente dulce e inocente:
-Chitaru-san...me dijiste que lo ibas a dejar bonito...¿lo harás?- rogó con destellos en su mirada.
A la pelirroja se le derretía el corazón por momentos, cada vez que observaba o escuchaba a la pequeña.
-Por supuesto- le contestó dulcemente -voy a coger aguja e hilo, y te lo arreglaré.-
Buscó una caja de costura que había en un pequeño mueble al lado de la mesa. La cogió y eligió el hilo del mismo color rosado que el oso de peluche. Se sentó en el sofá, y la pequeña Hitsugi la siguió.
La peliazul, aliviada por que su oso volvería a estar en perfectas condiciones, la miraba con ojos dulces como la miel. No solo tendría su oso arreglado, si no que estaría arreglado por aquella chica tan gentil, amable, elegante...y muchos buenos adjetivos más que se le venían a la cabeza cuando la miraba.
