Capítulo 4: Siempre hay una primera vez para todo.
Makoto aguardaba ansiosa en su silla a que Setsuna terminara de escribir el documento que acreditaba que podía jugar. No paraba de moverse en su asiento, sus piernas inquietas estaban fuera de control. Impaciente, mordía parte de su labio inferior y sus manos se aferraban firmemente en la silla. Era como si en cualquier momento fuera a estallar.
¡Esto era mucho para ella!
A su lado estaba Ami. La pobre chica era tan susceptible a los estados de ánimo de la otra gente que terminó igual de ansiosa que la castaña.
- ¿Podría escribir un poco más rápido, enfermera Meio? - Pedía la jugadora.
- Solo falta mi firma. – La enfermera terminó de escribir en ese instante y le entregó el papel a la joven. - ¡Corre! –
Makoto agradeció a la mujer y luego partió velozmente por la puerta de la enfermería con el documento en mano.
- ¡Qué estresante! – Nunca en su vida había escrito algo tan rápido. Sus pobres dedos quedaron entumecidos luego del esfuerzo. – Más le vale ganar el juego. –
- Una victoria ayudaría mucho a subirle el ánimo. – Ami esperaba que la otra chica se divirtiera muchísimo en su juego. En lo poco que llevaba conociéndola, había notado la pasión que Makoto sentía por el baloncesto.
Fue en eso que la joven notó en la silla a su lado, la misma que estuvo ocupando hace segundos la castaña, una chaqueta deportiva. Tenía el número cuatro y el apellido de la jugadora.
– Creo que Makoto olvidó su chaqueta. –
- Esta chica es todo un caso. – Setsuna no podía creer lo olvidadiza que era Makoto.
- Trataré de alcanzarla para devolvérsela. – La peliazul tomó la prenda y partió a toda velocidad fuera de la habitación.
- ¡Pero estábamos a punto de almorzar! ¡Hasta compré un delicioso pastel para compartir! -
Ami se devolvió todo lo que avanzó solo para responder a Setsuna.
- Puedes comerte mi almuerzo, no tengo apetito. – Tanta ansiedad le había quitado las ganas de comer.
- ¿Y qué hay del pastel? -
- Bueno… - El único afectado era su apetito relacionado a los almuerzos. Ami aún tenía ganas de comer pastel. - ¿Podrías guardar mi rebanada? –
- Está bien. –
- ¡Gracias! – Y partió definitivamente en busca de la jugadora.
Makoto llegó sin aliento frente al gimnasio de la preparatoria. Allí es donde se llevaría a cabo el juego entre Azabu y Tamachi por el pase a la semifinal del campeonato.
A último minuto fue incluida en la nómina del equipo. Luna se lo contó aquel día en la mañana, justo antes de entrar a su primera clase. Tanta emoción sintió cuando escuchó la noticia que casi termina llorando.
Estuvo toda la jornada esperando a que terminaran las clases para poder ir donde Setsuna a pedirle el documento que acreditaba su alta médica. Ahora que lo tenía en sus manos, no podía creerlo. Su presencia en este juego siempre estuvo en duda, pero ahora iba a poder ingresar. Iba a jugar contra Tamachi al lado de sus compañeras de equipo.
- ¡Makoto, por acá! –
La chica advirtió a Naru y Tomoko en la entrada del gimnasio. ¡Claro! Les había prometido un par de entradas para que pudieran ingresar a ver el juego.
- ¡Me alegra que hayan venido! – Siempre se necesitaban más personas para alentar al equipo. – Acá tienen sus… - Y la castaña caía en el hecho de que no traía puesta su chaqueta. - ¡Se me quedó en la enfermería! –
- ¿Qué cosa? – Preguntó Tomoko.
- La chaqueta donde tenía las entradas. – La había dejado colgada en la silla que usó. Con todo el asunto del documento que necesitaba, terminó olvidando que había llevado su chaqueta. - ¡Perdón! Juro que tenía las entradas para ustedes. –
- Ya no importa, Makoto. – Naru no estaba molesta. – Anda, te deben estar esperando adentro. –
- Sí, aún quedan otros juegos que podemos ver. – Aseguraba Tomoko. – Espero que te vaya muy bien hoy. –
- Gracias por la comprensión. – Dijo la castaña para luego partir dentro del gimnasio.
En el interior todo era una gran celebración. Los colores, los enormes lienzos de apoyo a los equipos, los cánticos y gritos de ánimo; todo era tan especial para Makoto.
A un lado de las graderías estaban las estudiantes de la preparatoria. Todas llevaban el característico gris y rojo del vestuario de las jugadoras. La imagen que más se repetía era la de un oso gris con ojos rojos. Se trataba del símbolo del equipo. Camisetas, banderines, bandas para la cabeza, gorras, todo lo que podías imaginar, tenía estampado el dibujo de un oso.
Hasta tenían una mascota que se lucía con unos asombrosos pasos de baile en medio de la cancha.
- Tamachi también trajo bastante apoyo. –
Los visitantes de Tamachi se ubicaban en el otro extremo. Eran una marea verde que se extendía desde un lado de las graderías al otro. Y su símbolo era un águila con las alas extendidas.
Era una lástima que no tuvieran mascota, Makoto habría estado encantada de ver una batalla entre el oso de su preparatoria y el águila de Tamachi.
La castaña llegó hasta el sector de las bancas y encontró allí a su entrenadora junto al equipo. Notó que las chicas ya se estaban preparando para el juego.
- ¡Finalmente llegas! – Luna estaba aguardando por la jugadora. - ¡Apresúrate y dame esa cosa! –
- Aquí tiene. -
- Aguarden acá, yo debo ir a dejar esto al mesón. – La entrenadora dejó a su grupo para poder ir a entregar el documento.
Haruka se acercó hasta el lado de su amiga y pasó uno de sus brazos por sobre los hombros de Makoto, atrayendo a la otra a su lado con la sola intención de despeinar su cabello.
- ¡Me tenías nerviosa! - Ya había comenzado a pensar que la castaña no había conseguido su alta médica. - Por suerte ya estás acá. Anda, alístate para el juego, nosotras aguardamos por ti. -
- ¡Deja mi cabello en paz! - Odiaba cuando la rubia desordenaba su peinado. ¿Acaso no sabía lo que costaba mantener ordenada una cabellera ondulada como la de ella? Era un trabajo arduo por las mañanas.
- ¿Dónde diantres dejaste tu chaqueta? - Yaten, quien había terminado de alistarse, llegó hasta el lado de las otras dos.
- Apuesto a que la tiene su novia. - Bromeó Unazuki, uniéndose a la conversación del grupo. - La 8 de Odaiba tiene que estar viéndola desde las graderías, sosteniendo la chaqueta de Makoto cerca de su corazón. -
Haruka no pudo aguantar la carcajada.
- ¡Esa estuvo muy buena! - Chocó los cinco con la pelirroja. - No, pero en serio, ¿dónde está tu chaqueta? -
- La olvidé en la enfermería. - Respondió Makoto algo apenada por las bromas. - ¿Me meteré en problemas por haberla olvidado? - Esperaba que no. Que totalmente no tuviera relevancia y que no la dejaran afuera solo por dejar su chaqueta en otro lado. No jugar sería nefasto, más a estas alturas y luego de todo lo que tuvo que hacer para poder estar presente hoy.
- No creo que haya problema alguno. - Akane no quería quedar fuera de la charla. - Lo importante es el uniforme para jugar y que no infrinjas las normativas sobre lo que puedes portar dentro de la cancha. -
Eso era un gran alivio para la castaña.
- Sigo pensando que la tiene su novia. - A Unazuki nadie le sacaría eso de su cabeza.
La conversación era tan agradable que prontamente el grupo olvidó que estaban a portas de enfrentar un juego crucial y que deberían estar concentradas.
- ¿Qué hacen charlando como señoritas que están tomando el té? - El grito de Luna hizo que la tranquilidad tomara todas sus cosas y se largara bien lejos. - ¡Deberían estar preparándose para el juego! ¡Ya vamos a comenzar! -
- Todavía no estoy lista. - Makoto tenía que cambiar su calzado y volver a ordenar su cabello. - Por favor, esperen un poco por mí. -
- ¿Cómo? ¿Esperar? - Había olvidado comentarle a la castaña cierto detalle sobre su presencia en el juego. - Makoto, tú estarás en la banca. Kaede entrará en tu lugar desde el inicio. -
Un unísono "¿Qué?" se dejó escuchar en todo el equipo.
- Creí que Koto entraría con nosotras desde el principio. - O por lo menos así lo había creído Haruka todo el tiempo.
- Pues no es así el caso. - Luna pensaba dejar jugar a Makoto cuando ella lo estimara necesario. - ¿Estás lista, Kaede? -
La otra jugadora asintió y se posicionó junto al grupo.
- Entonces está todo listo. - Era hora de la charla motivacional que siempre realizaba antes de cualquier juego. La entrenadora sacó su pequeña pizarra y marcador, lista para comenzar. - ¿Qué ocurre, Makoto? -
La castaña aún no tomaba asiento. Haruka aguardaba por el desastre.
- ¡Ustedes pueden hacerlo! - Después de dar una honda inhalación, Makoto estaba lista para dar todo su apoyo al equipo. - ¡Azabu siempre entra a ganar! -
Los gritos desde el interior del gimnasio se oían tan animados que daban ganas de entrar a apoyar junto a todos los otros estudiantes.
- Pero Makoto olvidó su chaqueta en la enfermería. – Qué mal día escogió la castaña para ser olvidadiza y descuidada. Ahora Naru tenía que quedarse con las ganas de presenciar el juego. – Y yo quería ver a Unazuki lanzando uno de sus famosos tiros de tres puntos. – Bueno, sería para otra ocasión.
- Quería alentar a Makoto con todo mi corazón. – Tomoko incluso había confeccionado unos pompones para apoyar de forma especial a su amiga. – Pero creo que no podré hoy. –
En eso, frente a ellas pasó corriendo Ami. El problema de la peliazul era que no estaba segura si este era el gimnasio donde se llevaría a cabo el juego, así que prefirió retroceder y pedir información a las chicas.
- Disculpen, ¿acá es donde juega nuestra preparatoria contra Tamachi? –
- ¿Uh? – Naru no reconocía a la chica que tenía en frente. Lo más probable era que se trataba de una estudiante de otra clase que ella no frecuentaba. – Sí, acá es el juego. –
- Pero para ingresar debes tener entradas. – Dijo Tomoko a la desconocida. – Nosotras nos quedamos afuera debido a que no teníamos unas. –
- No puede ser. – Ella solo había venido a regresar la chaqueta. ¿Necesitaba entrada para ingresar y devolverla? De haber sabido que necesitaba una, se la habría pedido a Makoto. - ¿Qué puedo hacer? – Ami ahora estaba en un dilema del cual no sabía cómo salir.
Pero había un detalle en toda esta situación, uno que Naru estaba analizando y tratando de comprender. Un detalle pequeño, que podría haber pasado desapercibido por cualquiera, pero no para ella. Y es que la chaqueta que cargaba la peliazul le era sumamente familiar.
- ¿No es esa la chaqueta de Makoto? –
- ¿Dónde? – Tomoko no se había dado cuenta del detalle. Naru tuvo que guiar su vista hacia la prenda que tenía Ami en su posesión. - ¡Sí, esa es su chaqueta! –
- ¿Conocen a Makoto? – Esta era una gran coincidencia.
- ¡A buscar en los bolsillos! – Ambas jóvenes saltaron a revisar la chaqueta que cargaba la peliazul. En alguno de los bolsillos tenían que estar sus entradas. El ingreso al juego estaba tan cerca que podían saborearlo. - ¡Acá están! –
Finalmente tenían las entradas en sus manos.
- ¿Entradas? – Todo este tiempo tuvo una a su alcance. Las ironías de la vida, pensó Ami. – De casualidad, ¿no habrá una de más? –
- Pues tienes mucha suerte. – Daba la casualidad de que sobraba una, así que Naru decidió dársela a Ami. – Es curioso, Makoto solo nos prometió entradas a nosotras. ¿Por qué habrá tenido tres? –
- Eso será para preguntárselo después. – Tomoko le recordó a su compañera que el juego posiblemente ya había comenzado y se lo estaban perdiendo. - ¡Debemos ir a conseguir un buen puesto en las graderías! –
- ¡Tienes razón! –
Ambas jóvenes partieron, pero se detuvieron al instante luego de notar que la peliazul no había partido con ellas. Estaba allí, sin hacer nada, solo observando la entrada en sus manos y sosteniendo la chaqueta.
- ¡Te quedarás sin asiento! – Gritó Naru a la otra chica.
Ami volteó a ver a las otras estudiantes. ¿Por qué se detuvieron? ¿Acaso estaban esperándola?
- ¡Ven a sentarte con nosotras! – La castaña de listón era tan amigable.
- Gracias. – La peliazul sonrió y siguió a las otras chicas hacia el gran gimnasio.
Como era de esperar, el primer cuarto ya había comenzado hace un buen rato. Ambos equipos estaban en la cancha dando lo mejor de sí. Cada uno tenía grandes aspiraciones, así que no se dejarían ganar fácilmente.
Naru, Tomoko y Ami pasaban con cuidado por delante de aquellos que habían llegado anticipadamente y trataban de disfrutar el encuentro. Tuvieron que entregar muchos "disculpe" mientras buscaban un buen lugar donde sentarse.
Les tomó algo de tiempo, pero finalmente encontraron un sector donde aún quedaban unos cuantos lugares. Era un alivio, no tendrían que ver el juego de pie.
- ¡Qué emoción! – Naru estaba tan contenta. - ¡La vista está muy buena! –
- Pero no veo a Makoto en cancha. – Dijo Tomoko algo preocupada. - ¿Le habrá ocurrido algo? –
- Está en la banca. – Ami apuntó hacia el sector donde aguardaban los suplentes. – Creo que al final no la dejaron jugar. –
- O quizás la harán jugar después. – Era la otra opción que se le ocurría a Naru. - ¡Bueno, eso no importa! ¡Debemos apoyar al equipo con todo nuestro espíritu! –
La peliazul se preguntaba cómo había llegado hasta este sitio. A fin de cuentas, ella había llegado hasta el gimnasio con la sola intensión de devolver la chaqueta de Makoto.
- Pero ahora estoy sentada viendo el juego. – Bueno, realmente no estaba prestando atención a los equipos. Sus ojos estaban clavados en la banca de suplentes, allí donde Makoto parecía impacientemente esperar su turno. – Debería estar allá abajo, entregando esta prenda… -
- ¡Ami, no puedo creer que seas tú! –
La peliazul de pronto se encontró siendo abrazada por alguien. En un principio, sin saber de quién se trataba, se sintió tan incómoda. Pero cuando notó el característico peinado y color de cabello de la persona, terminó relajándose y devolviendo el abrazo.
- Es agradable verte de nuevo, Usagi. –
- ¡Y también está Naru! – La joven no se detenía allí y se lanzaba a los brazos de la castaña, quien la recibió más que feliz.
- No puedo creer que Ami Mizuno esté presenciando un juego de baloncesto. -
Usagi no era la única rubia presente. Junto a ella venía Minako, quien estaba sorprendida de encontrar a la peliazul en un evento de este tipo. Ambas chicas son compañeras de salón de Ami.
- Creo que debo pedir un deseo por esta ocasión tan milagrosa. – Dijo la de listón rojo, quien se ganaba la sonrisa de su compañera. - ¿Nos podemos sentar acá? –
- Por supuesto, Mina. – La peliazul vio como la despampanante diva tomaba asiento junto a ella. Usagi corrió a sentarse al lado de Minako una vez finalizada su ronda de saludos y abrazos. – No esperaba encontrarme con chicas de mi salón. Supongo que estas instancias llaman mucho la atención de las alumnas. –
Se podía compartir y celebrar con los amigos y compañeros. El momento oportuno para relacionarse de manera sana y divertida, sin preocuparse de los deberes y exámenes. Una actividad que reunía a las estudiantes de forma especial.
- ¡Te dije que íbamos a llegar atrasadas! –
- ¡No exageres! Aún quedan tres cuartos de partido, Taiki. –
Por delante del grupo pasaron dos altas jóvenes. Iban con el uniforme optativo, el cual constaba de blusa blanca y pantalón recto azul marino. Una de ellas reconoció al instante a la peliazul, así que detuvo su avance y saludó cortésmente a quien sus ojos tenían el placer de ver.
- Ami Mizuno, es un agrado encontrarte acá. – Alta, cabello castaño, ojos lilas hermosos, elegante y con clase, Taiki era quien decidió que detenerse frente a una gradería, entorpeciendo la visión de unos cuantos, era algo necesario cuando se trataba de la peliazul.
- Incluso Taiki viene a ver los juegos de baloncesto. – Bien, esto era intrigante. ¿Acaso ella era la única que venía por primera vez a un juego? Lo más probable es que fuera así, ya que ella no era una persona interesada por esta clase de deportes. – También es un agrado verte, Taiki. –
- ¡Vamos, muévete! – Detrás de la castaña, sin poder continuar hasta los asientos, se encontraba Seiya. Ella era alta, no tanto como Taiki, pero sí más que Yaten. Tenía el cabello negro, ojos azules y una personalidad que conquistaba a todas las chicas de la preparatoria. – Sé que deseas hablar con tu novia, pero me reclamaste todo el camino que veníamos atrasadas… -
- ¡Mizuno no es mi novia! – Esto era una vergüenza enorme. - ¡Y ya me muevo, gritona! –
- Mira quién habla… - Pero Seiya misma fue cautivada por cierta joven que se encontraba sentada tratando de disfrutar el juego. - ¡Odango! –
Usagi pensó que había pasado desapercibida, pero quizás se equivocó.
- No me digas así, Kou. – Cómo odiaba ese apodo, era uno de los peores que le había puesto. Y ya varios tenía gracias a su peinado. – Mira, Taiki ya partió a sentarse. No te pierdas de su lado. –
- ¡Como tú digas, Odango! – Y partió alegre a tomar asiento a unos cuantos pasos de Usagi.
Minako siguió detenidamente con la mirada cada movimiento de Seiya y Taiki. No podía creer la suerte que tenía: ¡Dos Kou a falta de una! De seguro este era un milagro causado por la presencia de Ami.
- Estoy pensando seriamente en cambiarme de asiento para estar junto a ellas. –
- Mina, ni pienses en dejarme sola. – Usagi nunca iba a perdonarla si la dejaba por esas dos. – Tú y yo siempre juntas, ¿recuerdas? –
Por otro lado, Tomoko y Taiki parecían conversar agradablemente sobre los últimos poemas que habían leído. Seiya no se quedaba atrás, ya que atrapó a Naru con su charla patentada titulada:"Cien razones por las cuales soy mejor que Haruka Tennou". Sí, eran cien razones concretas y diferentes.
- ¿Se conocen entre ellas? ¿Desde cuándo? – Este día no paraba de sorprender a Ami con la nueva información que iba adquiriendo. – Creo que estoy pasando mucho tiempo en la enfermería. – Tanto que nunca se percató de la compleja red de relaciones que se había formado entre la gente que conocía.
De pronto resonó por todos los rincones del gimnasio la señal que daba por finalizado el primer cuarto.
- ¿Ya acabó todo? – Preguntó Ami sin saber el significado de la señal.
- Solo acabó el primer cuarto. – Fue Usagi quien le aclaró todo. – En breve comienza el segundo cuarto. –
En eso, los gritos de Naru y Tomoko llamaron la atención de las presentes. Las dos estudiantes estaban apuntando hacia la banca de suplentes mientras celebraban con emoción.
- Makoto se ha puesto de pie. – La peliazul pudo verla claramente ajustando las agujetas de su calzado deportivo. - ¡Va a ingresar a jugar! –
La castaña revisó su vestuario, acomodó sus muñequeras rojas y se preocupó de que su cabello estuviera sujeto correctamente. Los mechones en el rostro eran una gran molestia.
- ¡Estoy lista! – Su momento había llegado.
Los colores, los lienzos, los cánticos y barras, la pasión que todos sentían, todo ahora tenía tanto sentido y resultaba interesante para Ami. Esta era la primera vez que vería un juego de baloncesto y pensaba disfrutarlo hasta el final.
- Confío que te lucirás en la cancha. – Pensó la peliazul mientras sostenía firmemente contra su pecho la chaqueta de Makoto.
Azabu contra Tamachi para el próximo capítulo. ¡Y gracias nuevamente por los reviews! :)
Gracias por leer. ¡Suerte!
