Los personajes de Shingeki no Kyojin le pertenecen a la malvada llama asesina, digo a Hajime Isayama. A mi sólo me gusta jugar con ellos xD.
La imagen de la portada pertenece a shira-aot(punto)tumblr(puntocom), visiten su página, tiene excelentes fan-arts.
Las palabras usadas fueron elegidas en la dinámica express del grupo de facebook "La hermandad Rivamika". Si les gusta la pareja, es invitó a unirse, a cada rato hacemos eventos temáticos.
La palabra de esta semana es Destinados, espero que les guste.
Rivamika. Rated; T
Esto es una verdadera navidad para Mikasa Ackerman. -lo siento, todavía sigo resentida con mi regalo fallido del intercambio. Quería hacer esto para ustedes y para calmar mis ansías de sangre por un verdadero fic con tématica navideña-.
AU con Mikasa gótica y Levi conserje.
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Destinados
"Hay caminos que se acercan tanto sin llegar a tocarse; también hay donde la aproximación es culminada en un encuentro accidental para después separarse sin tener oportunidad de volver a encontrarse y luego están los…"
—Para ya de hablar, Armin. Te escucho y recuerdo las insufribles clases de filosofía. —El rubio cedió ante la petición de su amigo—. ¿Y qué harás en Navidad, Mikasa? —La aludida levantó la mirada del libro que leía. Había escuchado el discurso de Armin y cada palabra se había grabado en su mente, causándole una sensación de que sabía que no solo se refería a caminos.
—Mis padres quieren viajar a su pueblo natal. Escuché que el abuelo de mi padre enfermó y quiere volverme a ver. —Ambos chicos asintieron, comprendiendo que probablemente no verían a su amiga durante las vacaciones de invierno—. ¿Qué hay de ti, Eren? —El aludido soltó un bufido.
—Papá quiere que lo acompañe a visitar a Zeke en Mare —contó con un aire pensativo—. Mamá no ha dicho nada al respecto, pero sé que no se siente del todo cómoda. Y la opción de que venga él me pone los pelos de punta.
—¿Sigues intercambiando correos con él? —cuestionó Armin interesado.
—De vez en cuando le respondo. Es insistente. —Armin y Mikasa intercambiaron miradas, divertidos—. Corten el rollo; no importa que tanto diga papá que es mi hermano mayor, sigue siendo un desconocido.
—Si dejaras de ser tan un obstinado, podrías tener un aliado. —Un cojín cruzó la habitación hasta estrellarse contra el rostro del chico de lentes.
Y la pregunta que se hace media comunidad escolar al ver a los tres chicos juntos durante los recesos, resonó en sus cabezas.
¿Por qué eran amigos?
Mientras Armin Arlet era un estudiante prodigio, que adoraba el estudio y encontraba especialmente interesante la historia del mundo y la biología marina; Mikasa Ackerman era un polo apuesto, vistiendo prendas de colores fríos y denominadas góticas, muchos apostaban que realizaba rituales durante las lunas llenas y más, cuando se dio a conocer que su principal afición eran las clases de literatura. Y después estaba Eren Jeager; un estudiante promedio que no solía destacar; como advirtió Armin su actitud, era terco, obstinado y, aunque en muchas cosas era malo, lo intentaba hasta lograrlo.
La respuesta saltó a sus ojos cuando recordaron que estuvieron encerrados en la misma maldita casa de los sustos cuando eran apenas unos niños y la atracción de la feria se quedó sin luces. Con la perspicacia de Armin, el estoicismo de Mikasa para mantener la calma y la obstinación de Eren de querer salir de aquel lugar es que pudieron salir antes. Provocando el inicio de una peculiar amistad.
—¿Y tú, Armin? —preguntó Eren queriendo desviar la atención.
—Mi abuelo vendrá a visitarnos. —Los ojos de Armin brillaron por la emoción.
—Saludas de mi parte al abuelo —pidió Mikasa, sonriendo sutilmente ante el recuerdo del agradable hombre que durante su infancia, era el Santa Claus que alimentaba sus fantasías infantiles.
Y así, los -ya no tan- pequeños de Shiganshina hicieron sus propios planes.
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El ambiente dentro de la casa de la diminuta familia Ackerman era presuroso.
—¡Llegue! —avisó Mikasa después de su último día de clases. Vio a su madre cruzar con rapidez de un lado a otro en la sala—. ¿Mamá?
—Ah, cariño, bienvenida —saludó Yuu, deteniéndose un segundo—. Deja tus cosas arriba y ven para que nos ayudes.
—¿Qué pasa? —cuestionó al ver los brazos de su progenitora abarrotados de adornos navideños.
—Cambio de planes —avisó su padre, tomándola por sorpresa al aparecer con el pino que fue guardado en la cochera—. Tu tía Kuchel ha llamado, vendrán a pasar las fiestas aquí. —Los ojos de Mikasa reflejaron sorpresa.
—El abuelo se cansó de que lo compadeciéramos y de que prefirieras quedarte en casa, así que dijo que vendría para volver a verte. ¡La familia estará reunida aquí! —La joven muchacha sintió la emoción de su madre como propia, devolviéndole la sonrisa. No era especialmente cercana a la familia de su padre por el historial especial que tenían.
—¿Dónde se quedaran? —preguntó al notar que, aunque su casa era espaciosa no era apta para alojar a tantas personas.
—Nimiedades —alegó su padre evadiendo el tema—. Por ahora, ayuda a tu madre de limpiar para terminar de decorar.
Dos días después, los Ackerman se dejaron caer en los sofás de la sala, admirando su trabajo improvisado y felicitándose internamente.
—Papá. —Mikasa atrajo la atención del aludido—. ¿Cuándo vendrán?
—Iremos por ellos al aeropuerto en pronto. —Aunque la explicación se vio interrumpida por el imprevisto sonido de un teléfono que pertenecía al patriarca de la casa—. Razo Ackerman al habla —respondió con profesionalidad. Sus facciones comenzaron a distorsionarse, viéndose obligado a dejar el calor familiar e ir a su oficina.
—Ni siquiera en vacaciones —murmuró Mikasa al ver como su padre se perdía entre las puertas color caoba. Yuu se acercó a su hija y la abrazó con fuerza.
—Sabes que tu padre hace ciertos sacrificios para que en los siguientes días tener el celular completamente apagado y sin interrupciones. Además apenas estamos a veintitrés, hay tiempo para pasarlo juntos.
—¿Quiénes vendrán, mamá? Solo los escuchó hablar del tío Kenny, de la tía Kuchel y del abuelo.
—Y Levi —agregó su madre—. No te olvides de tu primo Levi. —Mikasa frunció el ceño, extrañada por las palabras de su progenitora.
—¿Quién?
—Ya lo conocerás. Es el hijo de tu tía Kuchel.
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—¡Mikasa! —La voz de Eren informó a las casas aledañas que buscaba a su mejor amiga. Armin quiso esconderse debajo del gorro rojo que usaba para evitar el bochorno—. ¡Mikasa, sé que estás dentro!
—¡Eren! —Armin lo veía suplicante, rogándole de forma silenciosa que tocaran el timbre como personas normales.
—Hola, chicos. —Una sonriente Yuu les dio la bienvenida—. Pese a tus creencias, Eren, Mikasa salió con su padre a unas compras de último momento, pero si desean, pueden esperarla dentro —ofreció haciéndose a un lado. Las mejillas de Eren se colorearon por la vergüenza.
—Lo sentimos por incomodar, señora Ackerman —se disculpó Armin por los dos ante el mutismo de su amigo—. Vendremos más tarde, ¿está bien?
—Le diré que vinieron —prometió regalándoles otra sonrisa. Ambos jóvenes volvieron sobre sus pasos.
—Es por eso que debes de tocar el timbre —se burló Armin de las todavía rojas orejas de Eren.
—¡Oh, cállate, cerebrito! —respondió provocando las carcajadas del otro. Después del final de clase, acordaron verse antes de navidad aprovechando que todos se quedarían en casa, sin embargo, Mikasa había faltado a tal promesa debido a las visitas familiares que absorbía todo su día.
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El constante sonido del respaldo golpear contra la pared alertaba a más de un huésped sobre lo que sucedía en la habitación 104. En ocasiones se reducía el ritmo un par de segundo para regresar con mayor intensidad, después el sonido paraba, y el golpe de la cama era sustituido por el de las puertas del baño, minutos después aparecían en el lobby una sonriente adolescente seguida de su pareja, un hombre un par de años mayor.
—Espero que disfrutaran de su estancia. —El arqueamiento de cejas por parte del hombre hizo que el pobre recepcionista se guardara sus palabras cuando le entregaron las llaves.
—Vamos, Misa —ordenó el hombre de forma autoritaria. La chica de largo cabello negro y vestimenta oscura lo siguió sin chistear—. ¿Te gustó tu regalo? —cuestionó jocosamente.
—Para ser el conserje de la escuela pagas muy buenos hoteles, Rivaille —respondió la chica, siguiéndole el paso.
Y es que las apariencias engañan más de lo que uno desearía.
Rivaille dejó vislumbrar una discreta sonrisa mientras sacaba una pequeña cajita de su saco; si bien era cierto que había acordado una relación meramente sexual con la adolescente a su lado, también era verdad que después de un año de compartir cama con ella sentía cierto instinto de posesividad y en especial cuando el muchacho con cara de caballo insistía en acercarse a ella.
—Feliz navidad, mocosa. —Acto seguido, le entregó la cajita. Misa la contempló un par de instante, sin saber cómo reaccionar—. Quita la cara de espanto, que no es un anillo, no soy estúpido —musitó quitándole la caja y abriéndola, dejando ver un exquisito collar de plata que en el centro tenía el dije de un copo de nieve.
—Es… es hermoso. —Y vaya que lo era; los detalles solo hacían más especial el regalo—. Pónmelo —pidió dándole la espalda y levantándose el cabello todavía húmedo. Sintió las manos del hombre acariciarle el cuello tortuosamente, seguido del tacto frío de la joyería.
—Podríamos regresar al hotel y ponerte de cada forma diferente que te vas a correr… —murmuró en su oído, erizándole la piel.
—Es una lástima que no podré verte hasta que termine el receso de invierno —se lamentó la muchacha, después de soltar su cabello.
—Tú llama y reservaré la habitación de siempre. —Misa soltó un suspiró de resignación, deseando que las cosas fueran tan sencillas. De haber sido como cualquier otra navidad habría pasado todas las vacaciones en los brazos de su amante, sin embargo, gracias a la brillante idea de su tía, ahora tendría que lidiar con la familia de su padre en su casa, imposibilitándola de escabullirse para encontrar con Rivaille a escondidas; porque todavía era un secreto a voces su relación en el conserje de la preparatoria donde estudiaba.
—Es más complicado —explicó con resignación—. Unos parientes van a quedarse en casa y mamá no permitirá que me escape como ahora.
—Comprendo. —Rivaille lo entendía demasiado bien; él estaba en una situación similar, aunque estaba dispuesto a dejar planta a su madre y primos con tal de tener entre sus sábanas a su joven amante.
Ambos se dieron un rápido, pero intenso beso de despedida, con la implícita promesa de que volverían a verse pronto.
Y la verdad, no tenía ni la menos idea de que tan pronto sería. Por primera vez, el anonimato de sus nombres rompería su burbuja… ¿o la expandiría?
Después de caminar por varios minutos, el móvil de la adolescente sonó, al ver el nombre de su madre en el identificador respondió sin dudar.
—Hola, mamá, ¿sucede algo?
—Siendo molestarte, cariño, pero necesito que traigas algunos ingredientes para la cena.
—No hay problema, mamá. ¿Qué sería? —Yuu le dio una pequeña lista de los ingredientes faltantes para rellenar el pavo y para la ensalada que harían en la cena. Mikasa repasaba todo de forma mental, asegurándose de recordar todo.
—Y Mika, no olvides comprar algún obsequito para tus tíos —mencionó su madre amablemente. Por inercia, Mikasa se llevó la mano libre al recién adquirido collar—. Puedes llamar a tu padre para preguntarle, aunque creo que él ya les compró algo.
—No te preocupes, mamá.
Tras más indicaciones, la chica cortó la llamada. Mikasa Ackerman tendría una inesperada sorpresa de navidad.
Un día antes de noche buena, arribaron a su casa la familia de su padre; el abuelo Damián, Kuchel y Kenny. Al preguntar por la presencia del tan mencionado primo Levi, Kuchel lo justificó diciendo que el trabajo lo absorbía demasiado y que sólo llegaría para la cena de navidad. Mikasa se ahorró sus opiniones al respecto, realmente no le interesaba demasiado conocer a su supuesto primo.
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—¡Estoy en casa! —La voz de la adolescente resonó por la estancia. Mikasa soltó un suspiró. Con el pie cerró la puerta y siguió su camino hasta la cocina para dejar lo necesario.
—Oh, Mikasa —Kuchel apareció de pronto, sorprendiendo a la muchacha—. ¡Eres toda una mujer! —Desde que llegaron, sus tíos repetían frecuentemente esa afirmación. Al principio creyó que podían ver a través de ella y conocer cada uno de sus secretos, como la turbia relación que mantenía con un hombre mayor, sin embargo descartó sus paranoias al darse cuenta que un largo tiempo había transcurrido desde la última vez que la vieron, cuando apenas era una infante—. Tu madre me pidió que empezáramos a preparar la cena.
—Está bien.
Esa tarde del veinticuatro de diciembre transcurrió de una forma diferente para Mikasa. Con la ayuda de Kuchel, cocinar se volvía ameno, incluso divertido. Descubrió que su tía tenía un amplio conocimiento en literatura contemporánea y que adoraba los clásicos; Homero, La Odisea, Hamlet.
Eran cerca de las seis de la tarde cuando el pavo ingresó al horno. Una serie de bromas sobre la forma de rellenarlo y el abuso hacía el animal sorprendió a Mikasa por el humor negro que podía manejar la mujer mayor.
El timbre de la puerta despertó de su letargo a Mikasa, quién no tardó en lavarse las manos para ir a atender. Se sorprendió de encontrar a Eren y Armin; el castaño tenía la mala costumbre de gritar su nombre esperando a ser escuchado y recibido, sin embargo, esta vez había tocado el timbre. Al verlos con dos pequeñas cajas entendió porque estaban ahí; había preferido tener un revolcón rápido con Rivaille en lugar de visitar a sus amigos.
Ellos están a unos pasos de mí, se justificó a si misma por haberlos dejado plantados.
—Lo olvide, ¿cierto? —La sonrisa incomoda de Armin fue suficiente—. Pasen, iré por sus regalos. —Los chicos no tardaron en ingresar a la casa.
—Están cocinando, ¿pavo? —cuestionó Eren después de olfatear el lugar, ganándose un codazo por parte de Armin.
—Sé educado, Eren —pidió en voz baja cuando una figura femenina apareció en la puerta de la cocina.
—Tienes muy buen olfato, muchacho —afirmó Kuchel, apoyándose en el marco.
—Gr-gracias. —Un infrecuente rubor invadió las mejillas del castaño. Mikasa bajó presurosa las escaleras, encontrándose con la bizarra escena de su tía hablando con sus amigos. Y lo peor de todo, es que Eren se veía nervioso. Rodó los ojos cuando llegó al final de la escalera.
—Aquí tienen, chicos —habló atrayendo su atención y entregándoles sus respectivos obsequios—. Veo que ya conocen a mi tía, Kuchel Ackerman.
—Es un placer —saludaron al unisón.
—Tía, ellos son Armin Arlet y Eren Jeager.
—El gusto es mío, muchachos. —El breve apretón de manos que intercambiaron fue suficiente para crear una revolución en el cuerpo del castaño. Para ser una mujer mayor, Kuchel se conservaba, si de por si era hermosa, Mikasa supuso que en sus años mozos era bellísima.
Después de la intervención de sus amigos, la casa de los Ackerman comenzó a llenarse paulatinamente; los integrantes de la familia tomaban turno para ducharse y arreglarse para la ocasión. Mikasa había elegido un discreto vestido negro con toques en morado que le habían regalado un año atrás. El sol se había ocultado cuando todos los huéspedes de la residencia se alojaron en la sala para charlar mientras hacían tiempo para cenar.
—¿Vas a la mesa? —preguntó Razo, después de hablar por un largo rato con su familia sobre viejas anécdotas.
—Hay que esperar a Levi, prometió que vendría —pidió Kuchel, tomando su teléfono para mensajear a su hijo.
—¿Y él en que trabaja, Kuchel? —cuestionó Yuu, para romper el silencio.
—El enano es un lunático de la limpieza —se adelantó en responder Kenny, bebiendo del vaso whisky.
—Levi tiene una compañía de limpieza —explicó dándole una mirada acusadora a su hermano—. Aunque no entiendo porque tarda tanto —murmuró revisando el teléfono esperando una respuesta que llegó de forma inesperada. El timbre volvió a sonar y los ojos de Kuchel brillaron—. Debe ser él.
—En ese caso, pasemos al comedor mientras Mikasa lo recibe —pidió Yuu, mientras se levantaba. La aludida asintió, dirigiéndose a la puerta. Por fin entendería porque el alboroto.
—Siento la tardanza. —Fueron las primeras palabras que brotaron de los labios de Levi dirigidos a su madre, sin embargo, aquella mujer no era la que le dio la vida—. ¿Misa?
—¿Rivaille?
"…Y hay caminos destinados que se cruzan turbiamente y por más complicado que sea, mantienen esa unión toda la vida."
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¡Hola! Estaré subiendo un fic diario como mi regalo de Navidad para ustedes. Este capítulo es un regalo para mí también, luego de participar en un intercambio de fanfic's y ser vilmente decepcionada, necesitaba crear un fic con la misma base que mi regalo para saciar mi sed de venganza y no arremeter con furia contra la pobre escritora que me dio un regalo que pues...
Cambiando de tema, espero les haya gustado y me dejen sus impresiones. Lamento los posibles errores que encuentren, son las cuatro de la madrugada y quería darles este bonito obsequio. Más tarde, con calma estaré editando los fic's.
¡Hasta la próxima y feliz navidad!
