4. Preparando el Fútbol Frontier

Jude, David y Joe miraron sorprendidos a Nuria, ¿por qué parecía importarle tanto que Elsie River estuviese en el Raymond?

–Si, Elsie River, la ex-delantera estrella del Instituto Brain – explicó Jude - ¿Por qué preguntas?

–¿Yo? Yo, por nada... Es que me sorprendió que se hubiese unido tan pronto a otro equipo de fútbol. Porfa, creéroslo, por favor... – pensaba la chica.

–A mí no me sorprende, nunca me cayó demasiado bien esa birria de jugadora... – comentó David como si Elsie sólo fuese un estorbo.

–¿Perdona? Elsie River fue la mejor jugadora del Instituto Brain y no sólo eso, sino que además fue la única capaz de plantarle cara al comandante – replicó mosqueada la chica.

–Eii Nuria, cálmate... Ni que te hubiese insultado a ti, jajaja – río el portero.

Pero Nuria no se calmó, al contrario, se fue murmurando una excusa a su habitación.
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Elsie estaba yendo hacia su casa después del entrenamiento. La verdad es que estaba derrotada, los entrenamientos eran muy fuertes, pero pese a ello, todos estaban muy ilusionados con la idea de jugar el Fútbol Frontier. A Elsie le encantaba ver a sus amigos así, pero a veces, sólo a veces, le gustaría que Mark pensase un poco menos en el fútbol.

–¡Elsie espera! – le gritó una voz a sus espaldas.

Elsie se giró para ver quien era, era Axel. Desde que se había unido al equipo, había cambiado por completo su forma de ser. Era más agradable, más simpático, más... parecía otra persona completamente diferente.

–¡Hola Axel! ¿Pero tú no te ibas a casa? – le preguntó Elsie.

–Si pero es que el otro día Mark me enseñó un atajo para ir hasta mi casa –explicó el rubio.

–Eso significa que tendrás que aguantarme por el camino, jajaja.

–Buuff... Esto planteándome seriamente ir por el camino de siempre – se burló el rubio.

–¡Oyee! – le dijo Elsie al tiempo que le pegaba un puñetazo en el brazo.

–¡Eii! Creo que deberías aprender a controlar tu fuerza.

–¿Quieres ver cuál es mi verdadera fuerza? – le contestó la chica amenazándole, aunque, por supuesto, no iba en serio.

Esos momentos le encantaban a la chica, le hacía acordarse de los momentos vividos junto a Neil, Neil Turner, su mejor amigo. Aún veía claramente la cara de su mejor amigo cuando anunció que no pensaba jugar en el Instituto Brain si Ray Dark estaba al frente, aunque prefería no acordarse, le hacía demasiado daño.
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Poco a poco los días pasaron. Las duras horas de entrenamiento quedaron atrás, dejando paso a las largas y aburridas horas de estudio, y acercándose a la fecha en la que el Fútbol Frontier empezaría.

Elsie se acostumbró a ir hasta su casa con Axel, cada día se llevaba mejor con él. Como todos los días, la chica se despidió de Axel a la puerta de su casa, y entró en ella, dejando la chaqueta a la entrada y tirando la mochila a un lado.

–¡Mamá! ¡Ya estoy en casa! – gritó.

–¡Elsie, qué bien que ya has llegado! – dijo su madre saliendo del salón – Ve al salón, hay alguien que quiere verte.

Elsie fue hacia el salón algo confundida: ¿quién sería? No esperaba visitas ni ese día, ni el siguiente, ni el siguiente... Pero el mejor modo de saberlo era yendo al salón.

–Hola Elsie – la saludó una voz muy conocida y querida por ella cuando entró en el salón.

–¡Nuria! – prácticamente gritó Elsie corriendo a los brazos de su prima.

–Me alegro de verte primita – le contestó la morena dándole un abrazo - ¿Qué tal estás? Aparte de bastante sudada...

–¿Qué quieres? Acabo de llegar del entrenamiento, jeje – río la peliazul – Pues muy bien, supongo... ¿Y tú? ¿No deberías estar en la Royal?

–Yo bien... Debería, pero digamos que me he escapado jajaja.

–Nuria, si vienes a hablarme de la decisión de haber dejado el Brain, venir aquí y demás, puedes ahorrártelo ¿vale? – le dijo la peliazul algo molesta.

–Creí que habíamos dicho que ese tema estaba vetado para nosotras... – respondió la morena sin hacer caso al mosqueo de su prima – Mira, Elsie, si he venido ha sido para ver que tal estabas, no para echarte la bronca. Es tu vida y la respeto.

–Lo siento Nuria... – se disculpó Elsie.

–No pasa nada – sonrío la morena – Por cierto... Me alegro que vayáis a jugar el Fútbol Frontier.

–Gracias – respondió Elsie sonriendo – Por cierto, ¿qué te parece si me cambio y vamos a comer algo? Me estoy muriendo de hambre.

Mientras preguntaba esto, Elsie ya se había puesto en pie y estaba preparada para salir por la puerta. Cuando su prima empezaba a balbucear una respuesta, la peliazul salió corriendo, dejándola con la palabra en la boca.
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Axel había ido al sitio donde solía entrenar Mark. En verdad, era un sitio precioso, relajante y tranquilo. Allí podía pensar sin problemas. Tenía mucho en que pensar, las cosas le estaban sucediendo tan deprisa... Había conocido a nuevos amigos geniales y había vuelto a jugar al fútbol, aunque había una cosa que sobresalía entre las demás, ella.

Desde que la conocía, su mundo se había dado la vuelta. Era tan sencilla, tan amable y simpática, tan graciosa, y sin embargo, al mismo tiempo era fría cuando se trataba de hablar sobre ella o sobre su familia, tenaz y calculadora dentro del campo de juego... Un ruido a su espalda le hizo parar de pensar.

–¿Quién anda ahí? – preguntó Axel en tono defensivo.

–Perdona Axel, no quería molestarte – se disculpó una figura saliendo de detrás de un árbol.

–Ahh, hola Mark. No pasa nada, tranquilo, sólo estaba pensando... – respondió Axel.

–¿En qué pensabas?

–En el Fútbol Frontier – mintió el rubio, aunque su parte de verdad tenía – Vamos a tener que enfrentarnos a equipos muy fuertes...

–¡No te preocupes, seguro que venceremos!

La actitud de Mark le hizo sonreír, él siempre era así, siempre tenía unas palabras de apoyo para su equipo y nunca dudaba ni por un instante de que iban a ganar.
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Nuria y Elsie estaban entrando en el restaurante de fideos de la ciudad. Elsie había cambiado su chándal del entrenamiento por unos pantalones vaqueros pitillo y una camiseta de manga corta blanca, la camiseta era larga por lo que la llevaba con un cinturón marrón ancho. Nuria llevaba la camiseta de tirantes negra, los pantalones pitillo también negros y las botas altas que llevaba en casa de su prima, sólo que ahora llevaba una cadena plateada, regalo de su prima, a modo de cinturón.

Las chicas se sentaron y empezaron a charlar mientras esperaban la comida. Hacía meses que no podían hablar así, tranquilamente, sin el fútbol de por medio. Pero lo que ellas no sabían es que no estaban solas, una figura escondida entre la oscuridad de la noche las observaba...

CONTINUARÁ...