Capítulo 4
Vístela de rosa
Un mes completo había transcurrido.
Hermione se encontraba recostada en su cama. Sus compañeras de cuarto se habían ido hacía más de treinta minutos al gran comedor para la despedida de fin de curso. Pero ella simplemente quería estar un poco más entre las sabanas. Se sentía extremadamente intranquila, pero ya era tarde para dar marcha atrás y ahora con las mantas cubriéndola hasta la cabeza, en lo único que tendría que concentrarse era en no vomitar por los nervios.
La semana anterior les había comunicado a sus padres que pasaría las vacaciones en la casa de Draco.
Con sus amigos se le había complicado un poco más, hasta que habló con Harry en privado y le hizo entender que era una excelente oportunidad para pasar tiempo a solas con el pelirrojo.
Ginny, se lo había puesto tan difícil como Ron, preguntándole unas mil quinientas veces, porque no podía pasar la mitad de las vacaciones con Draco y su madre y la otra mitad con ellos. Para su suerte, Harry había intervenido a su favor diciendo a los gritos ya harto de tanto acoso: Por favor, chicos, tampoco es que se va a ir tres años ¿No? y después de eso, nadie había dicho más nada sobre el tema, excepto Ron, que soltó un par de improperios dirigidos al rubio. Pero lo terminó aceptando después de que Harry le prometiera "Sí dejaba el tema de una vez" las últimas entradas para ir a ver a Viktor Krum, que jugaría el segundo domingo del mes entrante.
La castaña miró los dorsales de su cama y exhaló largamente. Tomando coraje decidió levantarse, arreglar su equipaje, ducharse y bajar al encuentro de sus amigos.
¡Eso sí!, ni loca comía algo, porque lo más probable fuera que lo devolviera al instante.
El gran comedor estaba abarrotado de estudiantes frenéticos. A lo lejos divisó a Draco que la llamaba agitando su mano levantada.
— ¡Buenos días! ¿Cómo te encuentras?—le preguntó, esquivando por poco a un grupo de niños de primer año que corrían a toda velocidad rumbo a la salida.
—Terriblemente mal del estómago—confesó acariciándoselo.
—Es comprensible que estés nerviosa—tomó su bolso de mano para restarle peso y emprender la marcha—. ¿Nos vamos?
—Sí, pero antes me despediré de los chicos, se marcharán directo a la madriguera por la red Flu de la dirección.
—Bien. ¡No te tardes!—el rubio se adelantó para conseguir un buen vagón. El expreso saldría en quince minutos y maldeciría todo el viaje sí no encontraba uno vacío.
Después de besos, abrazos, promesas de cartas semanales y alguna que otra súplica de último momento por parte de Ginny, se apresuró para llegar al tren.
El viaje se había hecho más corto de lo que hubiera querido.
Hermione reconoció a Narcissa a la distancia que los esperaba con una sonrisa de oreja a oreja en la plataforma 9 ¾.
Media hora después todos se encontraban parados en la puerta del hogar Black, con sus maletas en mano.
—Bueno, jóvenes no se queden ahí ¡Pasen!—invitó la mujer, quitándose su abrigo—. ¡Draco! Calienta agua para un té, querido—ordenó.
—Pero mamá…—protestó. Odiaba los quehaceres, por mínimos que fueran. Hasta el año pasado nunca había tenido la necesidad de levantar ni una mísera servilleta de la mesa, pero ahora con su nueva vida su madre le pedía que ayudara con frecuencia, argumentando que no podía depender de los elfos domésticos toda la vida.
—Pero nada, Draco… ¡Ve y calienta el agua!—le regañó con falsa dureza—Ustedes, acompáñenme al living, por favor—Hermione, Blaise y Luna, la siguieron a la sala contigua, riendo por lo bajo por los berrinches de su amigo.
—Muy bien, muchachos, comencemos—depositó su taza en la mesita frente a ella y miró al moreno, sentado en el sillón junto a su novia—. Joven Blaise, después del almuerzo tendrá que dirigirse al callejón Knockturn. Pude averiguar que mi hermana irá sola a Borgin y Burkes. Allí la esperará y formulará el hechizo de traslación. Procure no ser visto ¿Alguna pregunta?
Hermione se estrujaba las manos, jamás pensó que apenas llegar secuestrarían a Bella, pero ya era tarde para levantarse e irse diciendo que era una pésima idea.
— La reviso toda cuando este inconsciente, antes de trasladarla, ¿no?—interrogó serio, pensando en su misión—. Porque podría llevar otra varita entre sus botas o alguna otra arma.
—Sí, sería lo más conveniente. Podrías cambiarle la ropa formulando un simple "Mutare pignus" y así estaremos seguros que no llevará nada consigo.
— ¡Oh!… ¡qué bien! podrías ponerle algo de color, como una remera rosa o naranja, se vería preciosa ¿No les parece?—sugirió Luna, mirando a su novio con una sonrisa.
— ¡NO! imagínate a mi tía con una remera rosa…—Draco, no aguantó la tentación.
— ¡No! ¡Por Merlín!, Blaise, vístela toda de negro, ya bastante histérica va a estar para que se vea con alguna prenda que no le guste—suplicó Hermione.
— ¡Perfecto! Entonces…, todo arreglado—dijo Narcissa, desapareciendo rumbo a la cocina para preparar el almuerzo.
El nerviosismo era prácticamente palpable. Blaise, se había ido hacía más de media hora y todavía no tenían noticias.
Hermione caminaba de un lado al otro, mirando cada dos segundos la puerta de entrada mientras que Draco optó por ir en busca de una botella de whiskey de fuego para calmar la ansiedad. Su madre pocas veces lo dejaba beber, pero hoy la situación lo autorizaba.
Luna y Narcissa, esperaban más pacientes sentadas en el sillón de dos cuerpos, bebiendo una nueva infusión de menta.
Las agujas del reloj antiguo retumbaba por toda la sala haciendo más insoportable la espera.
La puerta se abrió de golpe dejando ver a un fatigado moreno.
— ¿Y?—chilló la castaña, apenas le vio asomar la cabeza.
—Salió… ¡Perfecto!—informó, sacándose la túnica con capucha que había llevado para su camuflaje.
—No lo puedo creer… ¿De verdad lo haremos?—inquirió realmente asustada, ignorando la emoción que le recorría el cuerpo por el encuentro con su amada lunática.
—Amiga… ¡ya está hecho!—Draco tomó de un sorbo su whiskey y se acercó a ella para abrazarla.
—Sí, claro, soy una tonta—se reprendió—. Es que…me parece mentira—el sólo pensar que Bellatrix ya sé encontraba en esa casa le hacía recorrer una electricidad por todo el cuerpo, generándole una sensación de euforia inexplicable.
— ¡Hermione!—la llamó Narcissa, tomándola de los hombros—. Tienes que confiar en ti por completo ¿Me entiendes? No puedes mostrarte débil frente a ella ¿Te querrá matar? ¡Por supuesto que sí! ¿Te dirá cada insulto que se le cruce por su demente cabeza? ¡También!
¡Pero si lo soportas!, luego se frustrará y en ese momento es donde tú tendrás que mostrarte entera, porque sí todo sale como pienso se desmoronará, y sólo te tendrá a ti para que la ayudes a sanar sus heridas.
La castaña absorbió cada palabra dicha por la hermana del amor de su vida. Sería fuerte por la dueña de esos bucles azabaches que la traían loca. Y si era necesario plantarle cara, estaba dispuesta hacerlo.
Asintió despacio mientas Draco le colocaba el anillo. Los demás imitaron la acción y se pusieron los propios.
— ¡Ya es hora!—el rubio la abrazó con fuerza—. Esperamos no verte hasta dentro de tres meses—la animó con sus cejas levantadas.
Hermione se despidió de cada uno, dejando para el final a la madre de su amigo.
— ¡Gracias! Nunca me hubiera imaginado que usted me ayudaría—le agradeció abrazándola cariñosamente.
—No tienes porque agradecerme—respondió correspondiendo el gesto—. Y te recuerdo… ¡Confío en ti!—le sonrío sincera.
—Haré lo posible—y con un asentimiento se despidió.
Todo giró a su alrededor y al instante sintió un fuerte tirón. Y en una milésima de segundo se encontró de pie en medio de una pequeña sala de estar bien iluminada, con dos sillones de terciopelo, color verde olivo y una mesita ratona, con un mantel bordado haciendo juego.
El corazón le latía con tal fuerza que le retumbaban los oídos. Giró lentamente su vista y ahí parada, con un pantalón y buzo de hilo negro…
"La vió"
