Y aquí está el siguiente capitulo, y, en si, el último (Aunque conmigo nunca se sabe, que me puede salir otro de la oreja XDXD)

Siento mucho la tardanza (otra vez) pero aquí está. No quería tardar tanto con esto, pero me alegro de que os siga gustando y de que más gente se haya animado a leerlo. Nada más, os dejo leer tranquilos ;)


Advertencía: Slash, BxB, GxB, etc...


Arthur se había levantado ya de mal humor. No solo su padre le acababa de llamar para arreglar una cena con él y con la que se convertiría en su futura madre Catrina si no que además esa cena iba a interrumpir una de las reuniones más importantes que tenia esta semana. Ahora le tocaba ir corriendo a su despacho y hablar con Leon para ver si podían reorganizar las fechas y rezar para que los clientes no se enfadaran, lo cual podía salir bien, o podía hacer que todo se fuera a la basura. Todo el esfuerzo de meses iba a culminar en esa reunion y ahora por culpa de los caprichos de su padre...

Suspirando Arthur empezó a arreglarse la corbata mientras se miraba al espejo, sus ojos azules deteniéndose en cada detalle de su cara, desde los rojos ojos cansados hasta las bolsas debajo de los mismos. Tendría que pasarse a por un café en el camino si quería aparentar estar más despierto de lo que se sentía al momento.

Cogiendo su teléfono móvil le mandó un mensaje a Leon el cual parecía encantado de recomendarle un pequeño café que por suerte estaba justo de camino a la empresa. Suspirando una vez más guardo el móvil, cogió su maletín y se puso de camino.

Aunque normalmente habría cogido el coche para llegar esta vez se encontraba decidido a tomar algo de aire y disfrutar del café. Si era posible hacerlo sin que más malas noticias le llegaran al móvil. Mientras controlaba los varios emails que le habían ido llegando por la noche y terminando algunas conversaciones tanto con clientes como con sus trabajadores, Arthur fue recorriendo la distancia que le separaba del café que Leon le había recomendado.

Justo cuando estaba ya a las puertas del café su móvil comenzó a vibrar y al cogerlo le contesto la voz de su padre. Irritado entró en la tienda dando un portazo tras de si y se acerco a la barra con gesto malhumorado.

-Un café americano, a nombre de Arthur -al otro lado de la línea su padre pareció confuso hasta el punto de preguntar si era para él. Arthur se llevó una mano a la frente. Desde la pelea con Morgana su padre no había sido el mismo, pero a veces las tonterías que se le ocurrían eran... -No padre, no. Estoy en una cafetería pidiendo un café -otra vez su padre volvió a expresar su confusión, pues Uther cuando había ocupado un puesto de verdad en la empresa, y no lo que estaba haciendo ahora, se había acostumbrado a que la secretaría de turno le llevara su orden por la mañana -Lo sé padre, pero me pilla de camino... -el tono que su padre usó para preguntar si estaba "andando" parecía casi como si le estuviera insultando por hacer algo que no correspondía a su nivel monetario -si padre, por las mañanas suelo coger el coche, pero, Leon me a recomendado este sitio -De repente una mano pálida dejó en la barra su café con escrito Arthur en una buena caligrafía, escuchando al camarero con una sola oreja pudo discernir el precio y con prisas sacó las monedas del bolsillo de su pantalón en donde siempre llevaba algo de suelto. Después de dejarlo junto al café, lo agarro y se marcho aun hablando con su padre y saliendo por la puerta cerrándola otra vez de un golpe.


Al día siguiente volvió pero justo antes de entrar volvió a recibir otra llamada, esta vez del cliente al que había tenido que rechazar para la cena con su padre. El hombre estaba comprensiblemente enfadado pero Arthur no estaba de humor.

Entrar en el café gritando sobre que ya se había acordado una nueva fecha para la reunion y que no, que el no era irresponsable, y que Uther no lo habría echo mejor se sintió como una derrota. No quería que la gente lo recordara como un loco malhumorado, pero al parecer no tenia elección. Esperando su orden otra vez se quedó allí junto a la barra peleándose con el cliente de una forma semi-cortes, pues no quería que todos los esfuerzos se fueran al desastre. Una vez recibió el café volvió a dejar el dinero y le dio un sorbo, gruñendo en desagrado. Odiaba el café, como odiaba el café, pero necesitaba lo que era la carga de la cafeína para aguantar todo el día.

Sin echarle una mirada al camarero salió de la cafetería. Si llegaba a tiempo a su oficina tal vez podría tener todos los papeles impresos para el irritado cliente antes de las dos, y entonces podría tener una charla más amigable para reorganizar una última vez la reunion.


Al tercer día que iba a la cafetería de camino recibió una llamada de que habían perdido parte de los archivos del contrato con el cliente. Desquiciado empezó a gritar como un energúmeno a su secretario por ser tan torpe. Con aun más mal humor que los dos días anteriores pidió su café y cuando lo tuvo delante, al no tener la paciencia para contar las moneditas dejó en la barra un billete sin ni si quiera mirar de cuanto era para agarrar el dichoso café y largarse deprisa. Si no encontraban los papeles perdidos para las cuatro y media Bayard les iba a mandar a la mierda y cambiarse a la empresa de Valiant. Dios como odiaba a Valiant.


A la mañana siguiente Arthur se dijo a si mismo que sí, que hoy iba a entrar a la cafetería como persona normal, iba a mirar al amable camarero que le servía el café y se iba a disculpar por montar el numero de maleducado todas las mañanas...pero por supuesto a un par de calles de la cafetería llamó Bayard diciendole que Valiant le había echo una mejor oferta y que no podía más que pensar que en la empresa Pendragon le estaban subiendo el precio injustamente. Por supuesto que a Bayard no le grito ni nada parecido pero antes de entrar a la cafetería le colgó al otro empresario para llamar a la junta y gritarles de que dejaran de meterse las cabezas en el culo y se arriesgaran a darle un descuento a Bayard que si no Valiant se les iba a comer como una serpiente se comía a un ratón.

Otra vez sin poder ni siquiera mirar hacia el camarero dejó las monedas en la barra y se llevó su café sin pensar que podría haber algo extraño en él hasta que unas cuantas horas más tarde...

Athur acababa de salir de una reunión con la junta de directivos además de con su padre para hablar de que tipo de descuento podían ofrecerle a Bayard para que, incluso sin el precio de Valiant, el hombre decidiera quedarse con una empresa en la cual confiaba y llevaba ya años de contratación. Había sido una reunión algo estresante pero Arthur estaba orgulloso de haber tomado la decisión de arriesgarse porque al pasar por la mesa de su secretario este le dijo que los comerciales tenían buenas noticias de que Bayard parecía intrigado y convencido. Se habían librado de al serpiente de Valiant, eso ya estaba mejor. Y entonces, abrió la puerta de su despacho.

Allí, sentado en su silla había un peluche. No un peluche pequeño, no, esa cosa debía medir al menos 110 cm y era un gato amarillo con una enorme corona encima, en el pecho del gato había algo colgado y cuando Arthur se acercó a leerlo encontró esto escrito:

Soy Arfur, rey de los britanmiau

Temerme

Firmado: Morgana

-MORGANA!

La bruja de su hermana entró por la puerta balanceando su cadera de un lado a otro como si estuviera intentando embrujar a toda la planta ya fueran hombres o mujeres y distraerlos del trabajo, como siempre, pero además en su cara había una sonrisa inocente, la cual no engañaba a nadie, y en sus ojos había un brillo oscuro que hablaba de la maldad de su alma.

-¿Sí~ querido hermanito?

-Morgana ¿qué es esto?

-Oh ¿Arfur? Es un regalo de mi parte, ya sabes, por el café

-¿El café? -Morgana frunció el ceño antes de llevarse una mano a la frente y poner los ojos en blanco. Arthur mientras tanto la seguia mirando con el ceño fruncido y una vena palpitante en la frente.

-No has leído el café. Como también presupongo que no le diste las gracias al barista -Arthur siguió mirando mal a su hermana hasta que esta suspiró y dejó caer las manos a su cintura -Hermano, por las mañanas debes ser la cosa más horrible del mundo además de un ciego -Sin pensarselo dos veces Morgana se acercó a la basura al lado del escritorio y sacó la copa de café de esa mañana para enseñarle de que lo que había ecrito no era Arthur, si no "Arfur" y de allí la broma que Morgana le había preparado -Has tenido que cabrear mucho al camarero porque León no para de decirme lo encantador que es el encargado de las mañanas y esto -dijo mientras agitaba el café -no parece propio de una persona alegre

-Voy a denunciarlo, es que no sabe quien soy, como se atreve...

-Arthur, Arthur ¡ARTHUR! por amor de dios. El pobre chico tiene que aguantar tu mal humor por las mañanas y tu ahora te sientes insultado por una broma?

-Cuando te da algo que usar contra mi si, ya estoy hasta arriba de trabajo como para que ahora un simple camarero me tome el pelo -Morgana destapo con cuidado la tapa del café antes de lanzarle los restos del liquido encima a su hermano.

-A~dios hermanito

-...MORGANA!


Al día siguiente Arthur se levantó y en su mente aun dormida ni se acordó de que ahora odiaba al camarero de aquella cafetería y sin pensárselo dos veces entró para pedir su café. Cuando llegó a la empresa pudo escuchar las risas de algunos de sus compañeros pero no fue hasta esa tarde cuando se dio cuenta de lo que estaba pasando.

Encima de su mesa había un pisapapeles de una espada clavada en una roca. Sin permitirse el darle el gusto a su hermana de volver a llamarla fue a la basura para sacar al copa de café con Excalibur escrito.

Y al día siguiente fue igual, y al de después, y al siguiente. Y aunque Arthur aun seguía intentando hacer pasar su sonrisa divertida por una mueca asesina al parecer no estaba engañando a nadie. Por alguna razón el que el joven camarero se atreviera a hacer algo así era algo que a Arthur le empezó a interesar, al fin y al cabo fuera de su circulo de amigos...y Morgana, nadie se atrevía a llevarle la contraría y menos a tomarle el pelo.

Pero aun así por las mañanas su mente medio-dormida y las cosas importantes de la empresa le seguían distrayendo lo suficiente como para no acordarse de que quería mirar al camarero valiente de por las mañanas, aunque, y que nadie se lo cuente a Morgana, había comenzado a coleccionar las tazas de café pintadas, ese joven tenia talento.

Finalmente hubo una mañana en la que Arthur se encontró a las puertas de la cafetería y su movil se encontraba en silencio. Nadie había llamado, no tenia prisa por llegar a la empresa, no había reuniones, Morgana estaba de viaje, su padre...le daba igual su padre, y Valiant había sido arrestado por demasiados crímenes como para hacer una lista ahora. Era libre, libre de por fin mirar al camarero a los ojos y...vale no sabía muy bien que le iba a decir pero un "lo siento" debería ser lo primero.

Armándose de valor Arthur entró en la cafetería, para descubrir que su móvil estaba vibrando en el bolsillo. Con este pegado ahora a la oreja y medio escuchando a uno de los comerciales hablar se acercó a la barra en la cual un joven y distraído camarero simplemente cumplió la orden y le pasó la copa de café sin mirarle. En el café solo ponía "Arthur" y por un momento al joven Pendragon le dolió el corazón. Había agotado finalmente al pobre camarero por su malhumor?

-¿Hoy no hay dibujo? -Preguntó algo decaido y el joven, el cual había estado mirando aburrido hacía la ventana parpadeó un par de veces antes de girarse hacía. Al otro lado del movil Arthur escuchó a su trabajador preguntar algo y rodó los ojos -no, no te lo decía a ti, estoy hablando con el barista...Si, el del rey Arturo, no...cierra la boca. Nos vemos luego en la oficina -y dicho eso Arthur, por primera vez desde que vino a la cafetería, apagó el móvil y miró hacía el barista sin estar enfadado, cansado ni nada. Ahora solo estaba concentrado en el...hermosamente ridiculo camarero -estaba esperando ver que ibas a dibujar hoy

-Ah...yo, b-bueno, y-y-yo no sé...aaaah -El joven tenia las mejillas al rojo vivo y parecía incapaz de calmar su boca la cual se movía incesantemente intentando articular algo coherente como respuesta. Y Arthur no pudo más que sonreir ante la visión adorable que tenia frente a sus ojos.

-Debo decir que al principio no sabía muy bien que estabas haciendo, pero al final estaba esperando ansioso a lo que se te ocurriera escribir

-Gritabas mucho por la mañana

-Lo siento, suelo pasar por aquí de camino a la oficina y siempre suele haber malas noticias. Papeles extraviados, mi inútil secretario, mi padre pidiéndome que vaya directo a su oficina nada más llegar. Todo muy estresante pero tus comentarios -No sabía muy bien si esto contaba como la disculpa que el joven de verdad se merecía, pero él esperaba que si -me alegraban bastante la mañana

-Ah...entonces, si no te importa -y dicho eso el camarero volvió a tomar la copa y el bolígrafo para añadir algo más además del nombre. Cuando terminó lo que Arthur pudo ver era "Que Arthur, rey de los gritones tenga un buen día en su reino de incompetentes" todo escrito muy junto pero con una buena letra.

Arthur sonrió un poco al leerlo y entonces volvió la cara hacía el camarero viendo que colgado de su uniforme había un cartelito con el nombre "Merlin" escrito. Intentando controlar la risa por la coincidencía continuó con un comportamiento amable. No quería cagarla ahora.

-Gracias Merlin -y dicho eso Arthur dejó en la mesa un billete de cinco y un papel con escrito un numero de teléfono. Después de guiñarle el ojo tomó su copa y le dio un sorbo haciendo una mueca -arg, amargo

-Creía que hacías esa cara porque no te gustaba -Arthur volvió a mirar hacía Merlin intentnado pensar en que decir. En realidad el odiaba el café, sobre todo el negro, pero si quería rendir bien en el trabajo necesitaba la cafeina, pero no quería decirle eso al barista que le había echo tantos cafés ya. Pero mentir tal vez no era una buena idea...ya se lo explicaría...después, por ahora mejor no decirle a la cara que su café era asqueroso.

-Hago está cara porque está amargo, y aunque me gusta, es muy amargo -Merlin le sonrió y los dos se despidieron sabiendo que se verían en más ocasiones.

Una vez en el trabajo Arthur se sintió como si de verdad fuera un rey y que acabara de reencontrarse con su reina. Pero tal vez eso de llamar reina a Merlin se lo quedaba para él solo. No quería enfadar a la dama.