Reto a la carta.
#13 Reconciliación
Notas de autor: Es la continuación del capítulo pasado "pelea". Completamente ligado.
Claim: Mimi T. / Yamato I.
Disclairmer: Lo de siempre; Digimon no es tuyo, ni mío, ni de mi perra y tampoco de mi mamá. I'm sad.
RECONCILIACIÓN
En cambio Matt golpeó la pared. Lastimándose más aún su mano derecha.
El golpe que le había dado a la pared, le lesionó aún más, pero eso no le importó en absoluto. Cerró con fuerza sus ojos y de inmediato sus mejillas se tiñeron de color rojo. Porque confesó que en todo ese tiempo él había estado celoso.
―Maldición ―masculló.
Se llevó sus manos a su cabello, para deslizar sus dedos entre las finas hebras doradas que conformaban su cabellera. Ya no sabía que sentir. ¿Rabia?, ¿Arrepentimiento?
Primeramente, ¿Por qué lo había confesado?
Mejor hubiese sido reprimir su sentimiento. Sin duda ser amigo de Tai, le estaba cobrando factura.
―¿Sabes cuántas veces en estos días me moría de celos?, y los callé por ti.
Soy un idiota.
Había quedado cómo eso; un idiota o el karma le estaba cobrando absolutamente todas las malas jugadas que hizo en una semana. Ahora su estatus era bastante crítico: discutió con su novia, estaba golpeado, seguía con ganas de matar a su némesis y…
Sacudió su cabeza de un lado a otro con rapidez, para así evitar que su cabeza completara la frase.
Habían dejado a Michael y ellos decidieron dar una vuelta por el centro comercial y aprovechó el momento en que Mimi se probaba ropa.
―Necesito tu ayuda ―dijo al oír la voz de su mejor amigo atreves del celular.
―Sabía que me buscarías ―Tai comprendió inmediatamente.
―Te veo hoy en la noche ―le dijo ―te tengo que dejar, Mimi ya viene.
El moreno aceptó gustoso. Nadie se metía con su mejor amigo, así que fastidiaría el tiempo que fuera necesario a Michael, para que aprendiera su lección.
Miró la fecha en el calendario. Y soltó un prolongado suspiro.
Definitivamente; era catorce de febrero. Cosa que lamentaba en ese momento. Siempre contaba los días para esta fecha, pero hoy era todo distinto. Había pedido a los cielos, a los ángeles y a todos los Santos que se detuviera el tiempo y que siguiera siendo trece, pero no se pudo. Ya era otro día.
Ahora tenía que resignarse, a pasarla amargada. Se sentía fatal, había reñido con Matt por la noche. Pero no pudo evitarlo, el rubio se había pasado de la raya y todo por celos, celos que le tenía a su mejor amigo Michael, el tan bueno que había sido, definitivamente él no se merecía el trato que le dio su novio.
Se cruzó de brazos y miró por la ventana. Pero, por más molesta que pudiera estar con Yamato, no podía dejar de quererlo. Desvió su mirada hacia el otro extremo de su habitación y se dijo, que tenía que ser él, el que debe arreglar las cosas. Que tiene que aprender de sus errores y sobretodo ofrecerle una disculpa a su amigo.
Pero con lo orgulloso que es.
En seguida se tiró en la cama. La espera sería larga… demasiado.
―Ahh ―gritó―, no quiero pasar mi San Valentín así.
El sonido de su teléfono celular la sacó de sus lamentos. Inmediatamente lo tomó; creía que era Matt. Pero estaba equivocada.
―¿Hola Mimi? ―se oyó una voz masculina.
No, no era él. Qué tonta fue al pensar que Matt le hablaría del celular de Michael.
―Sí ―tragó saliva ―¿Qué pasa?
―Sé que debes de estar algo deprimida por lo de anoche ―contó el norteamericano ―y también sé que te gusta mucho esta fecha. Así que se me ocurrió invitarte un café, para que te despejes. ¿Qué dices?, como en los viejos tiempos.
―No sé Michael, no tengo ganas de salir ―respondió dubitativa.
―Vamos, te prometo que te sentirás mejor y te daré un regalo ―mentó ―¿Qué dices?
―Ni así quiero ―le dijo ―además tú estás lastimado.
―Mira, mejor voy para allá. No te preocupes, ya casi no me duelen.
―Está bien ―se resignó.
Se puso la almohada en el rostro, los rayos de sol que se lograban infiltrar por las persianas de la ventana empezaban a molestarle. No supo a qué hora se había quedado dormido. Había pasado una mala noche.
Se giró hacia la derecha, ahora le daba la espalda a la ventana. Sabía que no se iba a dormir, pero quería hacerse a la idea de que no había pasado nada la noche anterior.
―¿Qué tal si le damos una cucharada de su propio chocolate? ―le propuso el moreno luego de rechazar las un mil ideas de fastidiar al norteamericano.
―¿Es decir qué haga mal tercio con su novia? ―dijo irónico un rubio.
―No idiota ―meneó su cabeza de un lado a otro, en señal de negación ―¿Qué tal si le pedimos a una chica que lo acose a sol y sombra?
Matt analizó la propuesta.
―Me gusta ―sonrió ―me sorprende que a veces uses tu cabecita.
―Soy brillante, aunque te duela ―alardeó el moreno ―sería perfecto ¿No? Es decir; a tu fanática más leal le pedimos que se finja enamorada de Michael, y Mimi con lo doctora corazón que es, la hará de Cupido. Él no podrá negarse ante las peticiones de ella. Así no te molestará.
―Simplemente me sorprendes, Taichi, quién te viera. Ojalá fueras así para los estudios.
―Esto es importante ―bufó ―ahora, ¿Qué chica podría hacerlo?
―Tengo a la candidata perfecta.
(…)
―No sé Tai, necesito algo a cambio ―dijo una chica de cabellos ondulados color negro.
―A ver… ―suspiró con hastío ―¿Qué necesitas, estimada Naoko?
La chica se dio la vuelta. Mordió su dedo índice. Lo iba a pensar meticulosamente, es decir, ella iba a ayudar a Matt, pero tenía que cobrar por ello.
―Quiero entrar a sus conciertos gratis, primera fila ―se giró para cruzar la mirada con Taichi.
―¿Eso es todo? ―alzó las palmas de sus manos ―bueno eso no será problema. Ahora este es el plan.
Kamiya le explicó detalladamente los pasos a seguir a la chica, que solo hacía preguntas ocasionales y la mayoría de las veces asistía con la cabeza. Ella tenía que decirle a Mimi que la miró el otro día acompañada de un guapísimo chico y que si podía arreglarles una cita y que tenía que fingirse enamorada de él, además de lo más importante; estar el mayor tiempo posible a lado de Michael.
La chica no preguntó por qué tenía que hacer eso, Tai tampoco le dijo. Ella con ayudar a Matt y con su recompensa era feliz.
(…)
El rubio miraba sonriente la escena; Michael siendo apartado del resto por una chica que él conocía, la misma con la que había hecho el trato de hacerse pasar por la enamorada del norteamericano.
―¿No te parece que hacen muy bonita pareja? ―chilló Mimi ―es súper romántico que en un viaje y en vísperas de San Valentín encuentre el amor.
―Sí, se ven bien juntos.
Meems le había arreglado varias citas a su amigo, ya que Naoko se le mostraba más entusiasmada con el chico. Michael solo le había comentado que era una chica bastante agradable y hasta ahí. Al principio ella creyó eso, pero Matt y Tai le hicieron ver que no era así, que Michael también se sentía atraído por la pelinegra.
Cuando salía en grupo, ella le informaba a Naoko dónde estarían, para que estuviera con el rubio. A veces hasta la chica tenía la iniciativa y lo invitaba a salir. Pasaban casi todos los días juntos, y la castaña se sentía tan feliz por eso.
Matt estaba tranquilo. Había pasado una semana dónde Michael estaba ausente casi todo el día, muchas fueron las veces dónde era casi arrastrado por su fanática, que era muy persistente. Se divirtió tanto al ver el rostro de su némesis cuando Mimi le informaba que había invitado a Naoko a salir con ellos. Yamato gozaba de tales escenas, pero disfrutaba más aún que Michael no podía hacer nada ante tal cosa… No le iba a negar nada a Mimi y sobre todo siempre se tenía que comportar como un caballero.
―¿Piensas quedarte encerrado en estas cuatro paredes todo el día?
―Sí ―le respondió tajante ―tú deberías ir a pasear con Sora.
―Ella comprende bien porque estoy aquí ―se sentó en la orilla de la cama ―ahora tú, no le dejes el camino libre a Michael.
―Al diablo ―cerró los ojos.
―Estuvo buena la golpiza ―se burló.
Solo recibió como respuesta la mirada de odio de Matt.
―¿Se enteró de todo cierto?
Matt suspiró.
―¡Ishida! ―escuchó a sus espaldas.
Se dio la vuelta, para ver quién le habla. Pero al instante recibió un puñetazo en el rostro.
Había decidido a dar un paseo con Mimi por la noche. De inmediato cayó al suelo, ante tal acto que no se esperaba.
―¡¿Qué te pasa? ―gritó histérica Mimi, acercándose a Yamato ―¿Te has vuelto loco?
El rubio notó que empezaba a sangrar del lado izquierdo de su labio. Pero Michael ignoró las preguntas de la castaña, ya que Ishida se había reincorporado rápidamente, y se abalanzó sobre él, recargándolo en una pared, sujetándolo del cuello.
―¡Matt! ―sollozó la castaña.
El rubio ignoró el llamado de su novia, tenía bastante rabia con el norteamericano y no se iba a dejar que lo golpeara. De inmediato levantó el puño y lo asestó en el rostro de su oponente con mucha fuerza. Antes de que Michael pudiese decir o hacer algo, el rubio lo pateó; cayendo al suelo, y encorvándose debido al dolor en el vientre.
Matt se agachó, y lo tomó del cuello de la chaqueta con brusquedad.
―Matt ―repitió Mimi, a quién jamás le habían gustado la peleas ―Matt ―ahora se interpuso en medio de ambos, para separarlos.
El rubio desvió la mirada con la castaña, y la miró con los ojos vidriosos. Maldijo en sus adentros que lo pudiera controlar de esa forma tan indirecta. Es que al verla tan mal, no podría seguir. Bajó la cabeza, para poder limpiarse la sangre que seguía brotando de su labio.
―Momento, ¡tú no te vas! ―gritó rabioso.
―Michael, por favor ―exclamó la castaña.
Pero él también tenía rabia, el cabrón de Ishida le había dado golpes bajos toda la semana. Y esto no se iba a quedar así. Cómo pudo le dio regresó el golpe en el vientre; ocasionándole la pérdida de aire. Tenía tanta rabia y quería sacarla.
―Mimi ―dijo una vez que la castaña se puso en medio ―Que él te cuente.
―¿Qué me tiene que decir?, si tú iniciaste.
―Te equivocas… Anda Ishida, sé hombrecito y dile.
El rubio lo miró fijamente, diciéndole claramente con la mirada que él abriría su boca. Y que merecido se lo tenía.
―¿Sabes que hizo tu noviecito? ―soltó ―él y su amiguito se encargaron de "convencer" a Naoko que se hiciera pasar por una enamorada de mí ―iba a cambiar la jugada a su conveniencia. Cuando yo ―empezó a hacerse el sensible ―me estaba haciendo ilusiones.
Yamato abrió los ojos por completo. Era un bastardo, un mustia. Ahora tomaba el papel de la víctima; en realidad lo era, pero no así.
―Eso es mentira ―resopló Yamato.
La castaña no sabía que pensar; confía en su novio al igual que en Michael.
El ojiazul se fue sobre Michael. Volvió a soltar un puñetazo, después otro y otro. Sus nudillos se estaban llenando de sangre. Eso tenía por mentiroso. Su mano ya estaba doliéndole de la fuerza que invertía.
―¡Ya basta!, Matt dime qué ocurre.
―Qué jodido. Dijo que se enamoró de Naoko, y que ella jugó con él por petición tuya ―frunció la boca ―¿Vendetta?
―No quiero más líos. Ya bastante me ha dejado ―respondió Matt.
Tai en ese momento supo que su rubio amigo no haría nada.
Suspiró resignado.
―No te ves nada bien ―dijo al abrir la puerta de su departamento.
―¿Gracias? ―respondió irónico.
―¿Te revisó un doctor? ―tomó asiendo a lado de Michael.
―Sí, es cuestión de días para que se desinflamen.
―Michael, lo siento ―chilló Mimi, bastante apenada ―no es justo que Yama, haya hecho eso por celos. No te merecías que jugaran así contigo.
―Mimi, no te preocupes ―puso su mano en el muslo de la chica ―tú no tienes la culpa de que él sea así.
―Es que es mi culpa.
Michael la miró con ternura. Mimi estaba cabizbaja, las primeras lágrimas brotaron por sus ojos y empezaron a escurrirse por sus mejillas. El rubio, frotó su pierna de manera sutil, para darle apoyo.
―No te culpes de nada ―se acercó a ella y le dio un beso en la comisura de los labios.
Mimi se apartó lo más rápido que pudo. Parpadeó varios minutos, para después mirar perpleja al chico que la acompañaba.
―¿Qué-e fu-e e-so? ―apenas formuló.
―No pude contenerlo más.
Agitó su cabeza. ¿Qué no estaba enamorado de Naoko?
¿Celos de Yamato? ¡JUSTIFICADOS!
―Michael…
―Mimi, te quiero y no cómo amiga ―confesó.
La castaña cerró los ojos con fuerza. Quería que esas palabras entraran por un oído y saliera por el otro. Pero, le azotaban la mente, una y otra y otra vez. Cada vez eran más fuerte "te quiero", "Te quiero".
―¿Es un bonito día no Sora? ―preguntó mientras se ponía sus gafas de sol.
―Demasiado diría yo ―respondió la amiga ―perfecto para que los chicos empiecen a jugar fútbol americano.
―Sí, parece que quieren que Michael se sienta como en EEUU.
Ambas chicas observaron a los demás jugar americano. Mimi no entendía nada de ese juego, pero Sora sí y sabía que los tacleadas tan bruscas y antideportivas contra Michael eran pura maldad. Pero no dijo nada, porque ella con solo observar supo lo que pasaba.
―¡Ánimo! ―alentó la castaña.
Sora la miró sonriente. Y miró por quinta vez en diez minutos cómo el rubio americano era derribado por un moreno de cabello alborotado. Los chicos se estaban turnando para lastimarlo.
―Me mentiste ―replicó la chica.
―Yo no te he mentido, ese fue Matt.
―Me dijiste que querías a Naoko y ahora resulta que es a mí. Fui una tonta.
―¿Cómo te atreviste a jugar con los sentimientos de la gente?
―¡Estás loco! ¿Cómo va a estar enamorado de mí?
Mimi miró a los ojos a Michael. Ya lo había entendido todo. Había sido una tonta con Matt y sobre todo fue muy injusta. No había ceguera peor, que no querer mirar. Las veces que Michael le llamó para invitarla a salir, y éste le pedía que fuera a solas. O cuando le cambiaba la expresión facial cuando miraba o escuchaba algo de Yamato.
Ella nada más le reclamó a Matt a ver sido un celoso hasta la médula.
―No te entiendo ―mintió.
―Aunque debo agradecerte, que por ti me di cuenta de dos cosas; que ahora más que nunca sé que quiero a Yamato y que él me quiere a mí ―le restregó en la cara ―ahora si me disculpas, tengo que salir.
Tai se había ido ya. Porque notó que no quería compañía, y porque ya el mal humor había llegado a él. Y seguía con ganas de matar a alguien. Y por qué engañarse, los dos sabían a la perfección, que lo mejor para él, era estar solo. Mimi quería que se disculpara con Michael y él no lo iba a hacer.
¿Cómo arreglarse con ella?
Si Mimi fuera menos ingenua.
Tomó su guitarra para empezar a tocar algo, era lo único que podía relajarlo.
Él quería que ella se diera cuenta, rápidamente, porque necesitaba estar con ella, que el único objeto de visita de Michael era separarlos porque siempre estuvo enamorado de ella. Qué entendiera el odio que le tenía.
Deslizó sus dedos por los acordes de la guitarra. Cerró los ojos, le dolía aún la mano, pero no le importaba, quería hundirse en sus pensamientos.
Mimi oyó el suave sonido que emitía la guitarra. Y con eso supo el estado de ánimo de Yamato. Sonrió amargamente y se armó de valor para entrar a la recámara del rubio. Y lo miró ahí, con su pantalón de pijama color gris, con una camisa manga sacada blanca, perdido en los acordes de su instrumento, tan sumergido en sus pensamientos, que no sintió su presencia. Lentamente la chica se fue acercando a él. Y estando a un costado, le plantó un ligero beso en su mejilla izquierda. El rubio abrió los ojos, para toparse con una mirada color miel que lo miraba con ternura. Hubo un silencio.
―Perdóname ―le dijo con voz infantil, mientras pasaba sus dedos por el pecho del rubio.
Yamato dejó a un lado la guitarra, pero seguía anclado a los ojos de la castaña. Mimi lo abrazó con fuerza, mientras hundía su cabeza en e l pecho del chico.
―Perdóname ―repitió en un sollozo.
Ishida sintió con se humedecía su pecho a causa de las lágrimas que empezaba a derramar Mimi. Delicadamente con su mano alzó el rostro de la chica, para que lo mirara. Se acercó y unió sus labios con los de ella, la castaña correspondió al beso, Matt llevó una mano a su nuca (la de la castaña) y la acercó más a él profundizando el beso. Se separaron un poco la recobrar el aliento.
―Aún te falta ―el rubio sonrió socarronamente.
Se levantó de su asiento. La castaña sonrió y le tomó la mano lastimada. Provocando un gesto de dolor al rubio.
―Parece que está más dañada ―se preocupó más.
―Déjala así, ya se me pasará. En cuanto a ti señorita.
Mimi arqueó la ceja. La chica paseó sus dedos por la cabellera de Matt y se acercó completamente a él. Los brazos del Matt la abrazaron por la cintura e hicieron que ambos cayeran sobre la cama, ella encima de él.
—Feliz San Valentín —murmuró él contra sus labios para luego volver a besarlos y profundizar el beso. La castaña gimió al sentir como la lengua del chico acariciaba la suya y sus manos subían por sus piernas y cintura.
Helloooooo peopleeeee. Aquí estoy de nuevo, que forma de enredarme xD les prometo que los otros capítulos ya serán directos cómo bala. Les recuerdo que es de Ley que Matt odie a Michael. Espero que les guste. Críticas, comentarios y Matt son bien recibidos; también hay que enmarcar que las cursivas son flasback. Les decía, Matt es fácil de convencer u.u pero carajo, esta Mimi sí que nos estresa. A partir de hoy nada más le daré amor a Matt (6) ¿OOC? Maybe... Pero es que Matt *O* es Matt, digo tiene que defender lo suyo, yo creo que todos nos sentimos celosos en algún momento y más con nuestro némesis ahí ¬¬ ah coño. Y Michael tan amable, no cabe duda es un lobo con piel de oveja. Mimi, tan tontita :3
Gracias de antemano!
