Disclaimer: Digimon no me pertenece, escribo sin fines de lucro. Blah, blah, blah.

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No me hagas llorar.

—No puedo creer que estés dispuesta a quedarte sola —su compañera de trabajo, Mimi Tachikawa, ya había tomado su abrigo. La oficina estaba absolutamente vacía, todos iban a pasar fiestas con sus respectivas familias. Menos ella.

—Está bien, quiero decir, pagan el doble —la pelirroja se encogió de hombros—. Además mis padres no están.

—¿Siguen en su viaje alrededor del mundo?

—Así es —asintió—. Están en Brasil ahora —revisó el calendario para verificar—, y está bien. Siempre ha sido su sueño viajar por el mundo y antes no podían.

—Aun así es triste que pases las fiestas sola.

—Me parece que no seré la única en quedarse en la oficina… —Sora comenzó a arreglar los ya arreglados papeles en su escritorio. No quería hablar del tema con Mimi pues sabía cuál sería su reacción, pero parecía no tener escapatoria.

—¿A qué te refieres? —la castaña arqueó una ceja, incrédula.

—Yamato Ishida también se quedará, según me dijeron. —Susurró, de manera casi inaudible.

—¡Qué! —Mimi habló más fuerte de lo que se permitía dentro de la oficina; no importaba mucho debido a que no había nadie más que ellas dos en esa sección. A pesar de eso, Sora se sonrojó—. Pero él es malo, sabes lo que dicen los rumores —palideció—. En realidad no me sorprende que no pase la Navidad con su familia, seguro a ellos también los hace llorar.

—Mimi, creo que exageras —Sora se sirvió una taza de té, comenzando a sentirse nerviosa—. Son solo rumores, a mí no me consta nada de lo que dicen.

—No sonríe, y sus ojos son fríos como el hielo. ¡Oh no, Sora! ¿Y si te hace llorar a ti también?

Eran tan solo las tres de la tarde, el 24 de Diciembre. En la oficina les habían permitido trabajar medio día, por la fecha. Sora, sin embargo, había decidido quedarse para adelantar unos diseños que tenía pendiente. Era encargada del área de mercadotecnia de una gran compañía y había preferido quedarse y trabajar a pasar la noche sola en su casa.

Desconocía los motivos de Yamato Ishida para quedarse. Lo había visto unas cuantas veces, él era encargado del área financiera de la empresa y, cómo había mencionado Mimi, parecía ser muy frío. Decían que a todos sus ayudantes los había hecho llorar en más de una ocasión, pero Sora sabía que podían ser muy exagerados en la empresa. Las veces que lo había visto en juntas le pareció serio, pero jamás malo.

—Te aseguro que no me hará llorar nadie —sonrió—. Ahora creo que deberías irte o tu madre no te perdonará si llegas tarde para ayudarle.

—Claro —asintió—. ¿Segura no quieres pasar la noche en mi casa? Tendremos comida de sobra.

A Takenouchi se le revolvió el estómago al pensar en la comida de la madre de Mimi. La única vez que había ido a comer le dieron arroz frito con crema batida y fresas y estuvo a punto de vomitar. Le parecía muy amable la invitación por parte de Satoe, pero en verdad prefería quedarse a adelantar los proyectos que tenía estancados.

—No, Mimi. Sabes que ya le había prometido al Señor Gennai que me quedaría. —Abrazó a su amiga, quien le devolvió el afecto—. Me saludas a tus padres.

—Claro —rompió el abrazo y la miró, seria—. Si te hace llorar, no dudes en llamar —Sora rodó los ojos y asintió—. ¡Feliz Navidad!

—Feliz Navidad.

Mimi partió y Sora se sentó en su escritorio. Era verdad que tenía trabajo estancado, pero no tanto como para pasar el resto del día sola. Se estiró y contesto correos electrónicos de clientes y directivos, sabiendo que nadie le contestaría. Comenzó a trabajar en una nueva estrategia de marketing y de pronto se dio cuenta que pasaban de las 6 de la tarde, por el rugir de su estómago.

Caminó lentamente hacia el comedor, le parecía extraño ver todo el edificio vacío. Tomó su recipiente del refrigerador y lo metió al microondas, cuando escuchó un ruido tras de sí. Saltó del susto y se tranquilizó al ver a la alta figura masculina entrando al comedor. Casi había olvidado que Yamato Ishida también se encontraba en el edificio.

Le sonrió, él no le contestó la sonrisa pero hizo una pequeña reverencia con su cabeza. A Sora le pareció suficiente, y definitivamente no estaba ni cerca de llorar. Tomó asiento en una de las mesas y comenzó a comer su arroz al curry. Era el platillo favorito de su padre y recordó que seguramente ellos comerían algún platillo exótico en el Amazonas.

Yamato Ishida tomó asiento en una mesa distinta a la suya, a pesar de ser los únicos en el piso. Sin embargo, se sentó frente a ella. Creyó que era un avance al nulo contacto que habían tenido en casi dos años que llevaba trabajando en esa empresa. Miró, sin querer, su platillo y se sonrojó al notar que era mucho más elaborado que arroz al curry. Pensó que quizá era buen cocinero.

—Creí que sería el único en pasar la tarde aquí —Yamato rompió el hielo. Sora no podía creer que lo hubiera hecho. No la miraba, se limitaba a revolver su pasta con mil ingredientes que se veía deliciosa.

—Igualmente creí que sería la única —ya había terminado su arroz al curry, sin embargo no se levantó de su asiento. De pronto se sintió mal de no llevar más, quizá le pudo haber compartido.

De nuevo se encontraron en silencio. Él seguía comiendo, pero Sora no hacía nada. Le parecía descortés dejarlo comiendo solo, de todas maneras.

—¿Hasta qué hora piensas quedarte? —de nuevo, fue el rubio quien rompió el hielo. Sora se percató que también había terminado de comer.

—En realidad, no lo sé… —admitió—. Ya he terminado todo lo que tenía pendiente y…

—Ya. —Interrumpió—. Yo tampoco tengo mucho que hacer, pero tengo que hacer tiempo hasta que llegue mi hermano del aeropuerto.

Sora se quedó muda, ¿en verdad le estaba compartiendo detalles personales a ella? Sintió que era una invitación, a platicar mientras los dos seguían sentados frente a frente, en mesas distintas.

—Yo no quiero regresar a casa aún —mordió el interior de su mejilla. Sintió la mirada de Yamato en ella, cálida y no helada como todos decían—. Mis padres están en un viaje alrededor del mundo y en mi casa solo me espera Netflix, mi sillón y probablemente una ración de galletas.

—¿Y tu novio? —Sora se quedó callada. Ella había tenido un novio, duró mucho tiempo con él. Muchos compañeros en la oficina sabían de él por las veces que la había ido a visitar y las flores que le mandaba. No tenía idea que entre las personas que sabían de la existencia de su ex estaba aquel rubio sentado frente a ella.

—Terminamos. —Miró su plato vacío con restos de curry. Aún sentía la mirada de Yamato sobre ella. Cuando miró nuevamente al frente se sorprendió de verlo sentado en su misma mesa.

—Mira, tal vez no nos conozcamos, pero me tengo que ir —los dos se miraban, rubí y zafiro fusionándose en el aire—. Y, honestamente, no me apetece que te quedes sola.

Sora se mareó, llevaba tiempo sin respirar. Quizá había hecho llorar a esas personas por el efecto que tenía en ese momento sobre ella. Pero ella no iba a llorar, no frente a él. Quizá más tarde, en el teléfono con Mimi para contarle la sensación magnética que sentía en esos instantes.

—Así que tienes dos opciones —Yamato se encontraba serio, pero sus ojos se habían ablandado bastante—. O me acompañas a recoger a mi hermano al aeropuerto y después a cenar —hizo una pausa, Sora tragó saliva—. O regresas a tu casa a comer galletas. Tú decides.

Las mejillas de Sora se sintieron enrojecer y su corazón latir con fuerza. Jamás imaginó que el decidir quedarse a trabajar en la tarde de Noche Buena le traería ese tipo de consecuencias. No le parecía justo, pero tampoco tenía ganas de estar sola en su apartamento. Y si se lo auto admitía, sentía mucha curiosidad de conocer más al encargado de finanzas.

—Necesito recoger mi abrigo —las palabras tropezaban en su garganta. Sentía una extraña adrenalina, y le gustaba.

Tomó su abrigo y se percató que había olvidado su molde en el comedor. Maldijo por lo bajo, antes de encontrarse en el marco de su puerta al rubio Ishida. Sonrió al notar que llevaba su molde bajo el brazo. Lentamente se acercó a él y se dio cuenta de lo pequeña que era a comparación de su altura. Le gustó esa sensación.

—Llegaremos tarde —dijo la pelirroja al momento que Yamato le regresaba su molde.

Por primera vez, sonrió.


Notas.

Este ha sido mi último capítulo de esta linda actividad Navideña. Me ha gustado muchísimo, disfruté cada uno de los capítulos.

Quiero agradecer nuevamente a mis queridos del topic Sorato en el foro Proyecto 1-8 por inspirarme día con día.

Sé que el título es horrible, pero no se me ocurría nada.

¡Por cierto! El prompt para este capítulo decía así: Character A and Character B are co-workers, but they barely know each other. But they both have to work through the holidays.

Espero lo hayan disfrutado tanto como yo lo hice y me lo hagan saber con un review.

Felices Fiestas, nos leemos :)