Titulo: Betrayed (Traicionado)
Autora: Akasha (es decir, yop P)
Resumen: Harry es acusado de asesinato y condenado a Azakaban. Y aunque muera en ese agujero, piensa vengarse de todos los que le volvieron la espalda. Como un espectro, lo que queda de su espíritu abandona Azkaban cada noche para atormentar a quienes le traicionaron.
Disclaimer: por desgracia, los personajes, escenarios, etc. que aparecen en este fic no me pertenecen...sino sería multimillonaria ¬¬
NOTA:
Siento haber tardado tanto en actualizar...internet me ha estado dando problemas últimamente ¬¬
Espero que os guste!
Ron golpeó con fuerza el saco de arena, tratando de descargar con ese puñetazo toda su rabia y su odio. Ese malnacido...todo era culpa suya, siempre metiéndose donde no le llamaban, acaparando toda la atención...
Ignoró las miradas curiosas de sus compañeros, que veían desconcertados como el joven auror machacaba el saco, sus ojos brillando con una furia homicida que pocos habían visto en él.
Ése Potter...
Había estado en la sala de entrenamiento durante horas, tratando de sacarse a ese maldito de Potter de la cabeza. Tal vez así conseguiría dejar de tener esos...sueños.
Cenó solo, como de costumbre. Tenía veintitrés años y seguía soltero...por culpa de ese insufrible de Potter, estaba seguro. Tan sólo un mes después de que lo encarcelaran Hermione había roto con él, y desde entonces no había vuelto a salir con nadie.
Al terminar la cena lanzó el plato contra el fregadero con ira mal contenida, haciendo que éste estallara en pedazos.
Cuando esa noche se metió a la cama, seguía pensando en Potter.
El-crío-que-vivió-y-no-podía-callarse-al-respecto. Siempre llamando la atención, aunque no era nadie, no era poderoso, ni inteligente, siempre metiendo a los demás en problemas, poniendo a todos en peligro...Y después de aprovecharse de Hermione y de Ron durante años, de repente había dejado de hablarles, sin querer tener nada que ver con ellos, ignorándoles...Siempre había sido un engreído, pero esa había sido la gota que había colmado el vaso. ¡Y había tenido la osadía de volverse un mago oscuro! ¡Después de todo lo que habían hecho por él!
Y siempre presumiendo de su dinero, comprándose las cosas más caras, incluso le había dado el premio del Torneo de los Tres Magos a los gemelos, pero no podía gastar ni un galeón en su mejor amigo, no, ni un mísero knut...Qué importaba si Ron no podía llevar a Hermione a una cita decente, y que él no necesitase el dinero para nada, no es como si Ron hubiese sido su mejor amigo durante años, no...
Él era siempre tan perfecto, el que acaparaba todas las miradas, el que recibía la gloria sin merecerlo, la mascota de Dumbledore, el ídolo predilecto del mundo mágico...
Mientras Ron despotricaba contra el que una vez fuera su amigo, sus párpados se fueron cerrando y él cayó en un profundo sueño...
Lo primero que Ron notó al despertar, antes incluso de abrir los ojos, fue que hacía frío. Mucho frío. Su cuerpo se estremecía involuntariamente, el aire helado cortando su garganta al respirar...
Una rata pasó corriendo junto a su cara y él se incorporó de golpe, mirando con incredulidad a su alrededor. Estaba tirado en un sucio callejón, cubierto de mugre y vestido en harapos. Se llevó la mano a la boca y comprobó con horror que no era sino una sombra de su antiguo yo, consumido y esquelético.
-Patético.-la voz le sobresaltó. Estaba teñida de desprecio, repugnancia y resentimiento.- Eres absolutamente patético, Ron. Siempre has sido un segundón, un don nadie, pero mírate ahora...no eres más que basura de la calle, un perro sarnoso. No eres nadie.
Ron buscó con la mirada a aquel que hablaba, y lo que vio le estremeció. Harry Potter estaba en el callejón en toda su gloria, sedoso cabello negro cayendo en ondas en torno a su rostro, contraído en una mueca de asco, su cuerpo cubierto con las más finas túnicas, todo su ser emanando poder, tan intenso que casi podía verlo.
-Tú...tú no eres real, estás en la cárcel, yo te vi...-murmuró Ron suplicante, su voz ronca por el desuso.
El intimidante joven rió.
-¿En la cárcel? ¿Moi? Por favor, Ron, no me hagas reír...Todos me adoran, jamás pensarían en enviarme a Azkaban, a mí, al Salvador, al Elegido...como si fuese un don nadie más. A mí no se me aplican las leyes normales, ¿recuerdas? Yo soy el Niño-que-vivió. Unas estrella.
Ron negó con desesperación.
-No, tú no estás aquí...Tu estás en Azkaban, yo soy la estrella, yo soy el mejor auror, yo soy el que aparece ahora en las portadas...
Harry rió, y el cruel sonido hizo estremecer al pelirrojo.
-¿Tú?¿Un auror? Ron, Ron, Ron –Harry negó con la cabeza, divertido- Tú no eres nadie, Ron. Tu hermano Bill es un genio en su campo, Charlie es el dueño de la mayor Reserva de Dragones del continente, Percy está muy alto dentro del ministerio y puede que le elijan como el próximo ministro, Fred y George están en la lista de los magos más ricos de Gran Bretaña, tercero y cuarto puesto, creo, después del éxito de Sortilegios Weasley, y lo que cobraron por las patentes, y Ginny es jugadora de quidditch profesional...y bastante buena, por lo que he oído. Yo soy famoso, rico, todos me adoran. Hermione se ha establecido como una de las investigadoras privadas más cotizadas del país. Pero tú, Ron...tú no eres nadie. Todos te han olvidado. ¿Quién quiere los desperdicios cuando puede escoger entre nosotros? Tú no eres bueno en nada, no eres importante. Te han dejado tirado, y te has quedado atrás...Nadie te recuerda. A nadie le importas, Ron. ¿De verdad creías que alguien se fijaría en ti de no ser porque éramos amigos?
Ron se encogió, abrazando sus rodillas con los escuálidos brazos, meciéndose y murmurando por lo bajo mientras miraba la pared del callejón con gesto desquiciado.
De pronto, la sensación de frío se intensificó, y al mirar a su alrededor se encontró en una celda. En Azkaban.
-¡Tú- exclamó, viendo que no estaba solo en la celda.- ¡Sabía que estabas en Azkaban! ¡No eres más que un prisionero más!
Harry estaba en la celda, tan poderoso como antes. Lo único que había cambiado era su túnica, sustituida por uno de los uniformes de la prisión de los magos.
-Tienes un minuto para correr, Ron. Y después…iré a por ti.- amenazó Harry con voz burlona, sus labios curvados en una sonrisa animal.
Ron dudó un instante, no queriendo reconocer la necesidad de huir del joven mago. El poder que emanaba de él se tiñó de sombras, cubriendo su rostro de oscuridad hasta que tan sólo sus ojos, brillantes y amenazadores podían distinguirse en la oscuridad.
-Cuarenta y uno, cuarenta y dos, …
Ron echó a correr. Los pasillos de Azkaban, sumidos en penumbras, parecían todos iguales. Ron estaba perdido dentro de aquel laberinto, pero siguió corriendo. No sabía si estaba acercándose a la salida o si se estaba internando cada vez más en la fría cárcel, pero no podía dejar de correr o Harry le alcanzaría...
Miró hacia atrás mientras corría, tratando de ver a su perseguidor, pero la oscuridad, densa e impenetrable, no le permitía distinguir más que la forma oscura del pasadizo angosto por el que corría. Tropezó y cayó al suelo, temblando. El frío de Azkaban no sólo debilitaba su cuerpo sino que penetraba en su alma y poco a poco la hacía pedazos.
Oyó una risa inhumana en la oscuridad, y de pronto sintió una respiración helada en la nuca. Al volverse, aterrorizado, sus ojos no encontraron otra cosa que esa negrura que parecía envolverlo todo, como una marea oscura que poco a poco fuese devorando el mundo.
El sonido de otra respiración, y esta vez, al girarse, sí que halló una figura.
El cabello castaño caía en brillantes rizos sobre la espalda, y en sus ojos, habitualmente cálidos, no podía leerse otra cosa que indiferencia.
-Hermione, ayúdame, Harry está aquí, me está buscando...-suplicó, extendiendo una mano hacia ella. Hermione estaba allí, ella idearía un plan o conocería un hechizo para que todo volviese a ser como antes...
Ella bajó su vista hacia la forma postrada del pelirrojo con desprecio.
-Tú no eres nadie. No eres importante.-musitó la aplicada bruja, girándose y volviendo a sumirse en la oscuridad.
-¡Hermione! ¡Espera Hermione! ¡Tienes que ayudarme!
Ron trató de levantarse, pero sus piernas no parecían querer obedecerle.
-No va a volver, Ron. –la voz, cruel e inhumana, hizo que un escalofrío recorriese la espalda del auror. De entre las sombras surgió la oscura forma de su perseguidor.
-Creo que ha llegado el momento de ajustar cuentas, Ron. Crucio.
Su cuerpo estaba en llamas, atravesado por cientos de cuchillos candentes, y al mismo tiempo congelado por el frío aire de Azkaban. Se retorcía en el suelo, tratando de dominar el dolor que le consumía. Tratando de retener los últimos jirones de orgullo que le quedaban, se mordió los labios, intentando no gritar, mordiendo con tanta fuerza que su boca pronto se llenó de sangre.
Harry sonrió, sus labios curvados en una sonrisa feroz, depredadora, satisfecha.
Pronto los aullidos del que fuese su mejor amigo llenaron el aire, llenando de deleite al joven mago.
Ron se despertó sobresaltado, y apenas conteniendo los temblores se abalanzó sobre su mesilla, acariciando con desesperación y alivio la placa de auror que en ella reposaba. Agradecido, se la llevó a los labios, depositando en ella un leve beso.
Bañado en sudor, permaneció en la cama unos momentos, tratando de relajarse lo suficiente como para volver a dormir. Con desgana se levantó de la cama y se dirigió a la ducha, sabiendo que no volvería a conciliar el sueño...y que cuando lo hiciese, sería para volver a su pequeño infierno personal.
TATIS: me alegra que te guste. Como ves, ha sido más tarde que pronto, y probablemente el siguiente...también. Gracias por tu review .
Lily Luna Potter: sí, la verdad es que yo también le tenía ganas a Dumbledore...un poquillo manipulador si que era, si...
Luis: gracias por tu review, si la verdad es que el mundo desgraciadamente también es así, aunque por suerte también hay amigos de los de verdad...pretendo que salgan algunos más adelante en la historia. Un saludo
R&R?
