Intermedio 1. Donde se presentan a los Entrevistadores.
Bell suspira, sentada frente a la computadora que usa en su servicio social, luego de renegar con la conexión del lugar un rato. Pero al segundo siguiente, sonríe de oreja a oreja. ¡Ha terminado de publicar ET3P en Paraíso FF! Respira profundo, se queda reflexiva un instante y luego de minimizar la página de Paraíso FF y guardar el documento de Word donde hizo los Agradecimientos para la entrega, se va al otro documento, donde tiene el inicio de su tarea de Impuestos sobre la Ley del IVA… Pero en eso, le gana la tentación y se pone a publicar lo más deprisa que puede PGMM en Paraíso FF, y se da prisa cuando nota que falta poco para la una de la tarde, su hora de salida. Al fin, luego de los contratiempos de rigor en la susodicha página de fanfic's (que Bell se pregunta si los demás autores no se fastidiarán como ella), puede ver orgullosamente el título de la tercera entrega. Sonriente, se dispone a apagar la computadora, recoger sus cosas (entre las que destaca la fastidiosa Fisco–Agenda 2007) y marcharse, cuando se acuerda que le hicieron un encargo sobre… Leyes (para variar).
—Ya lo haré mañana, sin falta —se promete Bell en voz baja, quitándose la bufanda blanca que ya empieza a calarle —Hasta mañana —se despide en cuanto sale de su cubículo.
Gaby, la secretaria, le contesta, y Bell no se inmuta de que las otras tres mujeres del área ni siquiera respondan: tienen mucho trabajo. La joven sale del edificio 1–B, ve un montón de gente afuera, como esperando algo, y luego de silbar de asombro por lo bajo, se encoge de hombros y camina en dirección a una de las puertas de la universidad, para irse a casa.
—Espero que haya de comer —murmura con cierto reproche.
Y es que cuando su madre se va a sus mandados sin dejar la comida hecha, Bell tiene que prepararse algo. Con el tiempo tan medido que tiene entre ir y venir del servicio a su casa y de ésta, de vuelta a la uni para las clases…
Cruzando la avenida frente a la uni, de pronto le llega una idea para un escrito nuevo: el Omake 4 de Telaraña. Se pone a musitar cómo quiere que quede el escrito, pero cuando está pensando en peculiaridades de Fumihi Hoshi, una voz masculina muy fría se queja.
—Oye, ¿insinúas que le hice algo a la mocosa?
Bell suspira con cansancio, mira hacia la avenida, convencida de que no delira porque ningún auto la atropelló, y asiente.
—En ese caso, tú sabrás a qué atenerte —la voz, fría pero ligeramente enfadada, proviene de un hombre muy guapo, con el cabello rubio dorado y los ojos de un tono azul celeste claro, que cruzado de brazos, hace una mueca —Por cierto, explícame eso que dijiste en el Omake 1, de que MI nombre viene del nombre de una MUJER.
El tono amenazante del hombre no logra amedrentar a Bell, quien desvía sus pensamientos de lo que quiere que sea su Omake 4 para sonreír con malicia.
—Tera–kun, ya que apareciste por aquí, quiero que hagas un trabajito —le dije sin más.
El hombre hace una mueca peor que la de antes.
—¿Quién te dijo que puedes llamarme así? —se ofende, entrecerrando los ojos.
Bell, conociendo el carácter del sujeto, se encoge de hombros.
—Hace poco se me ocurrió, y suena bien —responde sin pizca de temor —Pero ya en serio, quisiera que hicieras un trabajito para mí.
El hombre negó con la cabeza, agitando sus dorados cabellos en el proceso.
—Sólo porque eres mi creadora… —masculla, sin asomo de agrado en la voz —Bien, dime, ¿qué quieres que haga?
Bell sonríe de oreja a oreja, pero es una sonrisa maliciosa, casi maquiavélica.
—Ah, pues nada del otro mundo. Quiero que seas uno de mis Entrevistadores.
El hombre, abriendo desmesuradamente los ojos, casi se queda con la boca abierta.
—¿Y quién te dijo que quiero hacer eso? —pudo preguntar finalmente.
—Mira, en realidad, es para ponerle sabor al asunto —responde Bell sin inmutarse con las miradas asesinas que le dedica el rubio —Eres perfecto: tienes pose autoritaria, una seria personalidad y cuando quieres, le sacas lo que sea a cualquiera. Y con los personajes que me cargo…
—Entre los que por desgracia, estoy incluido —musita el hombre con desgano.
—Pues ahora que lo mencionas, sí —recuerda Bell, sonriendo todavía más —Y mira, antes que te niegues, te diré que no lo harás solo. Ve por favor a donde está casi todo el elenco de El último emblema y mándame a… —le susurra algo al oído.
Al oír de quién se trata, el rubio arquea las cejas.
—¿Segura que quieres que ÉSE venga? —inquiere el hombre, entre desdeñoso y asustado.
Bell se limita a asentir con la cabeza.
—Si vas y lo llamas, soy capaz de llamarte Terasu–sama, como todo el Zodiaco —promete.
Esbozando una zalamera sonrisa, Terasu Hoshi asiente y se retira.
—Ya sabía yo que Tera–kun era un ángel —musita Bell, enternecida.
—¡Te escuché! —reniega Terasu a lo lejos.
Bell se encoge de hombros, pasando en ese momento por una farmacia, para acto seguido ver que pronto dará vuelta en una calle por la que si mal no recuerda, hay una heladería, unas tres tiendas, un kínder, una tienda de frapucchinos cerrada por la temporada y hasta una papelería. Camina con algo de prisa, para llegar más o menos a la una y media a casa y comer tranquilamente, cuando una fría voz que parece la de una máquina, la llama.
—¿Qué quieres, Bell?
La joven, notando el fastidio del personaje, hace una mueca.
—No se te ocurra hablarme así, BlackKingmon.
Un ser de piel negra como la tinta, cabellos grises y una corona en la cabeza también negra, le mostraba… Bueno, el sitio donde se suponía que debía tener el rostro.
—Pues no es para menos, hace mucho que no escribes sobre mi historia y ahora me mandas llamar con ese tipejo —hace un gesto despectivo hacia atrás, como si allí se encontrara Terasu —¿Qué quieres, eh? No tengo todo el día.
—De hecho sí, porque aún no tengo otro capi de El último emblema —se burla Bell, para luego aclararse la garganta, dar vuelta a una calle donde hay algunos lotes baldíos y seguir —¿Te comentó algo Terasu de lo que le ofrecí a él?
El maligno digimon niega con la cabeza.
—Ah, bueno, pues es simple: quiero que seas uno de mis Entrevistadores.
BlackKingmon, al segundo siguiente, niega enfáticamente.
—¡Ah, no! —se queja —Si no tienes inspiración para El último emblema, no me importa, pero no vas a incluirme en tus locuras.
—Pues te aguantas, porque ahora que lo mencionas, El último emblema es UNA de mis locuras —Bell entrecierra los ojos con su típica expresión amenazante —Y si te niegas, puedo hacer que tu derrota en el fic sea lenta, humillante y dolorosa.
El digimon, claramente intimidado, traga saliva. Ahora ya sabe de dónde sacó su maldad.
—Lo que me recuerda… —Bell se queda sumamente pensativa —¿Tú qué opinas de que publique El último emblema en Paraíso FF?
El ser negro ladea la cabeza hacia un lado, claramente reflexionando una respuesta.
—Pues necesitas nuevo público —se decide a decir finalmente —Tal vez eso te inspire a seguir el maldito fic —reniega, sacudiendo la cabeza.
Bell, sonriendo con ironía, asiente.
—Bien, me encargaré de eso mañana —promete, justo cuando llega ante la puerta de su casa —Y ya que estamos en ésas, mañana mándame a… —y le susurra algo a la negra oreja.
El maligno ser, al escuchar el nombre, se limita a ladear la cabeza de nueva cuenta, pero esta vez notoriamente confundido.
—¿Segura? —quiere saber —¿Y si dice que no quiere venir?
—Pues le dices a Tera–kun que te ayude y ya —reniega Bell, entrando a su casa y dejando la mochila del servicio junto al portafolios de las clases, antes de encaminarse a toda prisa al baño. "¡Te estoy oyendo, Bell", reniega Terasu a lo lejos —Además, como si le conviniera hacerme enfadar.
Y viendo cómo Bell entrecierra los ojos de nuevo, BlackKingmon asiente y se retira, en tanto Bell saluda a su madre y a su hermana (que discuten sobre unas bufandas) antes de entrar al baño.
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Al día siguiente, Bell sigue enfrascada en el trabajo de Impuestos, y en terminar el encargo que le dejó Laura (una de las mujeres del servicio social) sobre modificaciones en unas leyes, y renegando, susurra por lo bajo que acabará odiando las leyes más de lo normal. Pone un disco en la compu, conecta los audífonos de diadema a las bocinas para no incomodar (con eso de que tienen un radio prendido con música que nada que ver con la suya, pues…) y mientras tararea "Break of Sword of Justice" (1), se pregunta si debería seguir escribiendo el capi 30 de Telaraña, o seguirle al capi 10 de PGMM o ya de plano, empezar con el Omake 4 que se le andaba ocurriendo el día anterior. Y hablando del día anterior…
—¿Qué rayos te pasa? Tengo cosas más importantes que andarte visitando.
La voz ronca del hombre, nada amistosa, resuena en la cabeza de Bell, casi como la canción que está escuchando en ese momento, "Todos me miran" (2).
—Miren nada más —dice Bell, sin intimidarse —Por fin el señor se dignó a aparecer.
El hombre, un rubio mal encarado, mira a Bell con unos ojos azules cargados de desprecio. El tipo sería condenadamente guapo si no fuera por dos cosas: su mueca perenne de odio y una cicatriz muy marcada que le cruza la mejilla derecha, que se le afea cada vez que se sulfura… Como ahora.
—No me vengas con cuentos, ¡oh, creadora todopoderosa! —fanfarronea el hombre, dejando a Bell sumamente preocupada por su salud mental, ¿realmente ese tipo era así o tanto dejarlo de lado en sus fic's lo tenía trastornado? —Lo segundo —musita el rubio de mal talante, respondiendo a la pregunta no exteriorizada por Bell.
—Ah, bueno, mejor, porque luego iba a pensar que perdías el toque y mejor no te ofrezco el empleo —suspira Bell de puro alivio, antes de echarse a reír en voz baja para no ser tachada de loca por las personas del servicio social (agradeciendo mentalmente que el Contralor, el mero jefe, no esté) —¿Te dijo algo BlackKingmon sobre el trabajo?
El rubio tuerce la boca, con lo que su cicatriz se marcó más.
—Él no, pero Hoshi sí —reniega, como si hablar con el jefe de la familia Hoshi fuera desagradable.
—Ah, ¿es que conoces a Tera–kun? —pregunta Bell de lo más inocente.
—¡Que no me llames así! —reniega el aludido, en algún punto perdido en la mente de Bell.
Bell, que de nuevo se concentra en oír las canciones de su disco, le pone sentimiento a su interpretación mental de "Ahora quién" (3), antes de contestarle al hombre.
—Mira, Terasu, haz el favor de no molestarte, ¡ni que sonara tan mal! ¿O tú qué opinas, Hagen?
El otro hombre, el de la cicatriz, sonríe con malicia, como si le entusiasmara ver sufrir a alguien que no es él (para variar).
—Sí, eso de Tera–kun suena bien —afirma.
Bell sonríe triunfante, al tiempo que escucha "Fireworks" (4) y se acuerda de la escena respectiva.
—Tienes un grave problema, amigo —sentencia Terasu, también sonriendo, pero con frialdad —Eso de no tener acción te frustra, ¿verdad, Huguito?
Hugo Hagen le dedica un mohín de disgusto.
—No le digas así, Terasu —regaña Bell, sacando la lengua —¡No le queda para nada!
—¡Pero si a mí me llamas Tera–kun! —se queja el aludido.
—Ah, ya cállense, humanos tontos —reniega finalmente BlackKingmon, apareciendo en escena con algo en la mano que a primera vista, no se alcanza a reconocer —Ahora, si no les importa, tengo unas cuantas cosas que preguntar —se vuelve hacia Bell mostrando lo que lleva en la mano: un negro sujetapapeles con un montón de hojas en él —Bell, ¿cuáles son los términos de nuestro contrato?
Bell arquea una ceja, extrañada, mientras Terasu y Hugo sonríen con malicia.
—Permítanme un minuto —pide Bell, para acto seguido reflexionar con "Sur le Fil" (5) de música de fondo. La canción se acaba, y Bell sigue en su nube —¡Rayos! No tengo la menor idea.
Ante eso, BlackKingmon asiente, revisa sus papeles y ladea la cabeza.
—Pues en ese caso, pido que NOSOTROS elijamos las preguntas.
Ahí sí que Bell mira a los tres sujetos (bueno, a los dos sujetos y al digi–sujeto) con cara de pocos amigos, cosa que los otros tres notan enseguida.
—Tal vez, pero YO decido a quién entrevistan —deja en claro la chica, agitando la cabeza de vez en cuando al oír los acordes de "Ser Humano" (6) que salen de sus audífonos y percatándose de que casi es su hora de salida del servicio —Y de una vez les aviso: no entrevistarán a la gente de sus historias.
Hay revuelo inmediato ante esa declaración.
—¿Porqué no? —se queja de inmediato Terasu.
—Ya me había ilusionado —murmura fastidiado Hugo.
—Pues a mí me da igual —afirma BlackKingmon.
Los otros (incluida Bell) miran al villano digimon con ojos desorbitados.
—¡Pero si tú empezaste! —reclama finalmente Hugo.
—Sí, pero a mí me da igual a quién pueda torturar —se defendió BlackKingmon, encogiéndose de hombros —Mientras sean humanos…
Eso les hace ver a Hugo y a Terasu nuevas posibilidades, las cuales les arrancan sonrisas de lo más sádicas. Bell, al notarlas, simplemente suspira. Ya se temía eso desde hace tiempo, y espera que después, no se arrepienta.
—¡Rayos! —exclama, sacando de sus pensamientos malévolos a los tres personajes que la acompañan en ese momento —¡Ya es la una! Diantres, iba a subir El último emblema a Paraíso FF.
Saca su disco de la computadora, apaga el aparato y se dispone a retirarse, recordándose que debe terminar su tarea de Impuestos en el fin de semana largo y que el encargo de Laura todavía está pendiente. Suspirando de cansancio y preguntándose cuándo se le quitará el dolor en el pie izquierdo, sale de la Contraloría, despidiéndose de Gaby y confirmando que el lunes no hay actividades. Ya caminando hacia la avenida, camina lento, por la molestia en el pie, y sigue pensando en las cláusulas del contrato de ese trío que al notar la expresión de Bell, se miran entre sí (al menos, eso parece, porque con BlackKingmon no se sabe), temiendo por sus vidas… Literalmente.
—¡Se me olvidaba! —exclama la chica por lo bajo, cruzando la avenida lo más rápido que puede —Mis chavos, necesitarán compañeras —las tres creaciones ladean la cabeza, como buscando en el semblante de Bell algún detalle que les indique qué tuerca se le afloja a la muchacha —Así que… Hugo…
El villano germano la mira, expectante.
—Ven, ven, que necesito que vayas con… —se acerca a susurrarle algo al hombre, que sea lo que sea, le pone una cara de pánico… —Y le hables del empleo.
—¿Y porqué debo ir yo precisamente con ELLA? —reclama Hugo.
—No sé de qué te quejas, si es muy linda —se extraña Bell.
—¡Pero está más loca que yo! —se espanta Hugo.
Bell sonríe maliciosamente.
—Precisamente, necesito a alguien que se mantenga calmado en las entrevistas —señala con toda la calma del mundo —Hazme caso: a ella tampoco le conviene pasarse de lista. Ve y después me dices cómo te fue, ¿sale? Total, si se pasa de la raya, te autorizo a hechizarla.
Hugo asiente, tragando en seco, mira de reojo a Terasu y se marcha.
—Tera–kun… —llama Bell con aire falsamente inocente.
Terasu, a regañadientes (aguantándose un furioso reclamo que de todas formas, no sirve de nada), se acerca a Bell.
—Mira, tú vas a ir por… —le susurra un par de segundos, luego de lo cual ve que el rubio pone mala cara —¿Qué? —quiere saber.
—No me da confianza —es todo lo que dice Terasu, haciendo una mueca.
—Pues te aguantas. La necesito. Así que guárdate tus comentarios y no me importa cómo le hagas, pero me la traes.
—¿Y qué hago si quiere… que la acompañe? —inquiere Terasu, luego de buscar la forma apropiada para hacer la cuestión.
Bell reflexiona apenas dos segundos en una respuesta.
—Usa tus encantos, querido. Te aseguro que no te será difícil.
Terasu suspira, harto, y se va.
—Y a ti, querido Blackie…
BlackKingmon mueve la cabeza de manera incrédula.
—¿Te gusta inventar apodos, cierto? —ironiza el digimon.
—La verdad, sí —declara Bell sin pizca de vergüenza —Ven, anda, que no tengo todo el día y este pie me está matando. Tú irás por… —y murmura a su oreja.
BlackKingmon, al oír de quién se trataba, hizo un movimiento extraño de cabeza. Seguramente, de haber tenido rostro, habría arqueado las cejas y abierto la boca con pasmo.
—¡Pero ella ni ha salido en escena! —el maligno digimon no exclama: prácticamente grita el reclamo —¿Para qué la quieres aquí?
—Ah, simple. A otra que tengo por ahí no quiero usarla, está demasiado chiflada, en cambio ésta mujer… —Bell sonríe pícaramente —Créeme, será divertido.
—De acuerdo, pero es bajo tu propio riesgo —advierte BlackKingmon, antes de esfumarse.
Mientras Bell ve que sus nuevos Entrevistadores al fin cumplirán su cometido, se da toda la prisa posible para llegar a casa, repasando mentalmente el elenco que tiene en mente.
—Además, necesito a alguien que me organice a esta banda de locos —recuerda, casi llegando a la puerta de su casa —¡Ah, claro! La mera, mera. La más genial de todas. Y también la más loca. Será mejor que la convenza yo misma —suspira —La que me espera…
Y pensando que su idea de las Entrevistas tal vez sea más arriesgada de lo que esperaba en un principio, saca las llaves de su casa para poder sentarse un momento. Ya se preocuparía por las Entrevistadoras y por su "productora ejecutiva" (sí, ése era el cargo ideal para esa diabólica) más tarde.
(1) "Break of Sword of Justice" es una melodía del anime (animación japonesa) de Tsubasa Reservoir Chronicles. Específicamente, de la escena en la que Kurogane pelea con su Kudan.
(2) "Todos me miran" es una canción de Gloria Trevi.
(3) "Ahora quién" es una canción de Marc Anthony.
(4) "Fireworks" es una melodía de la película "Harry Potter y la Orden del Fénix". En concreto, de la escena donde los gemelos Weasley lanzan sus fuegos artificiales en medio de los TIMO'S.
(5) "Sur le Fil" es una melodía de la película francesa "Ameliè".
(6) "Ser Humano" es una canción de "Natalia y la Forquetina" (antes "Natalia Lafourcade").
