N/A: Los personajes y el mundo de Los juegos del hambre pertenecen a Suzanne Collins. Este fanfiction es creado sólo por diversión.
Panem al Día
La limusina finalmente llegó a la mansión, cuando el conductor estacionó frente a la entrada principal, fue Peeta quien abrió la puerta y me ayudó a salir del vehículo. Él había llegado antes en un auto más discreto, habíamos tomado caminos por separado para desviar la atención del público y él vino directamente a su casa, mientras que a mí me llevaron hasta mi edificio y estuvimos algunos minutos en el estacionamiento, fingiendo que había regresado a mi departamento. Ya me imaginaba los comentarios que nuestra cena levantaría en el Capitolio.
De seguro Snow ya estaba enterado con todos los detalles, me comporté y seguí la línea de lo que él esperaba de mí. De lo que se supone que mantendrá a Prim a salvo. Entonces recién me pregunté, ¿qué diría mi hermana o mi madre cuando se enteren de esta cena? ¿Qué pensará Gale? No hablábamos mucho de los Vencedores, pero cada vez que Finnick o Cashmere venían al tema no era precisamente para elogiarlos. Pero tratándose de mí, Gale entendería, también lo hago por su familia, es su deber entenderme.
Sin darme cuenta, por estar perdida en mis pensamientos, habíamos llegado a la puerta de mi habitación. No habíamos cruzado palabra desde que nos despedimos en la puerta del restaurant, rodeados por los capitolinos que parecían no querer parpadear para no perderse de nada.
"Debes estar cansada" me dijo Peeta y llevó una mano a su cabeza, sacudió un poco su cabellera y algunos rizos dorados se soltaron de su rígido peinado.
Sólo entonces lo observé con atención y me di cuenta de que se había remangado la camisa en ambos brazos, también había desabrochado el primer botón, dejando su cuello libre, el corbatín colgaba flojamente a un lado de su pecho. En la otra mano llevaba su terno azul despreocupadamente.
Asentí un par de veces, luego aclaré mi garganta y le deseé buenas noches. Él me respondió con una sonrisa débil y retrocedió un paso. Luego me oí a mí misma llamarlo por su nombre. Él se giró, me miró extrañado, la curiosidad invadía su rostro.
"Gracias" le dije con sinceridad.
Peeta me miró por algunos segundos, esperé que se forme alguna sonrisa en su rostro, pero se mantuvo serio. Finalmente bajó la mirada y me pareció ver un poco de culpabilidad en sus facciones. Me pareció extraño pero no tuve tiempo de analizar la situación puesto que levantó su mirada nuevamente y me respondió de forma breve.
"No me agradezcas. Que descanses, Katniss" Se giró y avanzó hacia el lado contrario de su habitación, que se encontraba al fondo del pasillo. En cambio, lo vi desaparecer por la puerta del estudio que había estado husmeando esta tarde y recordé el cuadro donde me había dibujado. Sentí calor en mis mejillas y un hueco en el estómago, a pesar de estar llena por la comida de la cena. También el cuadro de Rue, como un ángel en su tumba. Entré a mi habitación y me preparé para dormir, estaba mentalmente agotada, ya tendría tiempo de pensar en todo mañana.
Esa noche volví a soñar con la arena, sentí mi cuerpo pesado e inútil, incapaz de moverme mientras veía todo frente a mis ojos. Vi a Rue de espaldas, quería correr hacia ella, quería salvarla, advertirle, de alguna forma intervenir a lo que ya sabía que pasaría. Pero mi voz era inexistente. Luego vi su pequeño cuerpo desplomarse y quise gritar, pero ningún sonido salía de mi boca, flores volaban y flotaban a su alrededor, poco a poco se dejaban caer sobre ella y toda la imagen se transformó en un cuadro hermoso. Siniestramente hermoso. Su rostro en paz, descansando, durmiendo en la eternidad.
Fue ahí cuando desperté sobresaltada, mi pecho subía y bajaba, y sin detenerme a pensar, salí de mi cama y me dirigí al estudio de Peeta, él ya se había ido a dormir y todo estaba a oscuras, pero la luz de la luna entraba por las ventanas e iluminaba la habitación, además yo sabía de memoria dónde estaba el cuadro de Rue, fui directamente a buscarlo, pero no lo encontré. En cambio vi que el lienzo en el caballete ahora tenía los trazos mucho más definidos y algo de color. Me detuve a verlo unos segundos, no cabía duda que era yo, el tono de mi piel aceitunada, la trenza negra y el vestido verde. Aparté mi vista y regresé a mi cuarto, me volví a echar en mi cama mientras me preguntaba dónde estaba el cuadro de Rue o por qué lo habían movido. ¿Se enteró que estaba husmeando en su estudio? En ese caso habría sido mejor que escondiera el cuadro donde me dibujó, a menos que no le importe que yo lo vea. Antes de volver a sentir el calor en mis mejillas intento concentrarme en otra cosa, como por ejemplo, la existencia de un cuadro de la muerte de Rue.
No entendía por qué había un cuadro de la pequeña tributo, siendo una evocación a su muerte algo prohibido en el capitolio. Incluso un acto de traición. Y Peeta se ve muy Capitolino, sin duda es muy cercano a Snow y viene de una casta familiar bastante antigua y supongo que conservadora. Hago una mueca, porque no importa por dónde trate de ir con mis ideas, siempre termino pensando en Peeta Mellark. Mi mejor opción era intentar dormir, cerrar los ojos y dejar que Lavinia me despierte.
Al día siguiente lo que me despertó fue el sonido de la música inconfundible del himno nacional de Panem. Abrí mis ojos y frente a mí vi una televisión que prácticamente había salido de la pared de mi habitación. Luego la sonrisa brillante y el cabello de púrpura de Caesar Flickerman salió en pantalla. A su lado, su inseparable co-conductor Claudius Templesmith para narrar los últimos acontecimientos del Capitolio. Hacían eso cada Domingo.
"¡Buenos días pueblo de Panem!" Saludó Caesar, pero yo lo escuchaba distraídamente mientras me levantaba y me preparaba para empezar el día, me parecía extraño que Lavinia no se haya presentado aún con su entusiasmo para elegir mi atuendo del día o preocuparse por el más mínimo detalle antes de salir de mi habitación. La bulla del televisor seguía y yo escuchaba sin realmente prestarle atención, estaba por entrar al baño a tomar una ducha, pero me detuve cuando Caesar mencionó mi nombre.
"Así es Claudius, nuestra chica en llamas fue vista en uno de los más exclusivos restaurantes en la ciudad, ¿y adivinas al lado de quién? De nadie más y menos que ¡el soltero más codiciado de Panem! ¡Peeta Mellark!"
"¿Te refieres al joven heredero del emporio Mellark?" preguntó Claudius con interés. Resaltaba lo obvio, pero seguro era para generar más atención de los televidentes.
"¡El mismo!" le contestó Caesar casi gritando "Y al parecer estaban muy cercanos, según fuentes secretas dentro del restaurant. Claro que no pudimos obtener imágenes de ellos dentro del local, ¡Pero veamos lo que sí pudimos capturar en exclusiva para todos ustedes!"
A continuación vi imágenes en las afueras del restaurant, donde Peeta me abría la puerta de la limusina y me daba un beso en la mejilla como despedida. Me vi sonreír tontamente mientras entraba al vehículo y luego partía rumbo a mi departamento. Las imágenes se detuvieron y Caesar y Claudius regresaron en pantalla.
"Dime si acaso eso no huele a…" Caesar empezó a mover su nariz como olfateando algo en el aire, "huele a…"
"¿Una cita quizás?" sugirió Claudius y Caesar pareció entrar en éxtasis.
"¡EXACTO! No olvides que nuestras fuentes secretas aseguraron que nuestro soltero codiciado se mostraba muy afectuoso con la última Vencedora de los juegos"
"Lo cual no sería raro, Caesar, ya que al parecer el heredero tiene cierta debilidad por las Vencedoras, ¿no es así?" agregó Claudius y sentí que mi corazón latió más fuerte de lo normal.
"Oh, pero yo creo que esta cita fue la ideal. Porque si recuerdas las anteriores no fueron exactamente… uhmm… ¿qué te parece si mejor recordamos las anteriores? ¡Estoy seguro que nuestros televidentes también desean revivir esos momentos! Adelante con las imágenes."
Seguidamente salió un vídeo donde Peeta salía de otro restaurant con Johanna, la multitud los rodeaba y empezaron a tomar fotos y videos, las personas se acercaron a pedirle autógrafos a la Vencedora, quien pronto perdió el control contra las cámaras y se fue contra los reporteros, soltando todo tipo de improperios. En ese momento se cortó la transmisión y Caesar y Claudius volvieron a las pantallas.
"Terrible" anunció Flickerman, y se giró hacia su compañero.
"Eso no fue nada agradable, con razón no los volvimos a ver juntos, de hecho, fue la última vez que volvimos a ver a Johanna Mason en público para ser honestos. ¿Qué le habrá pasado?"
"Debe ser por la vergüenza, ¡yo no saldría de mi casa en meses!" Caesar se llevó una mano a la frente para resaltar su frase.
De alguna manera no me interesaba saber todo esto, quería entrar ya a la bañera y relajarme, pero no pude levantarme de la cama, como si una fuerza extraña me tuviera ahí, pendiente del cotilleo del Capitolio. No es que me preocupara en saber más de la vida de Peeta, ni de sus citas con las otras vencedoras, pero de pronto me encontré pensando en Johanna. Es cierto, no la había visto en la fiesta de Snow, sin embargo sí estuvieron presentes Finnick, y me pareció ver a cierta distancia a Cashmere, su hermano Gloss, al igual que Enobaria y Chaff. ¿Qué habrá sido de Johanna Mason, que ni siquiera los más chismosos del Capitolio saben de ella? Mis pensamientos fueron interrumpidos por la transmisión de otro vídeo.
Esta vez eran Peeta y Cashmere, en algún restaurant al aire libre, en algún lugar alto debido a la vista de la ciudad, ambos parecen estar llevándose muy bien en la conversación, incluso ella ríe, pero de pronto su hermano interrumpe la velada y prácticamente se lleva a la Vencedora a rastras. Peeta intenta intervenir, quizás hablar con él, pero Gloss lo detiene, le dice algo negando con la cabeza, luego parece disculparse y se va del lugar jalando a Cashmere del brazo. Ella protesta contra su hermano, pero él le dice algo que parece calmarla y luego ella cede a irse con él.
"¿Qué crees que fue todo eso?" preguntó curioso Caesar.
"Eso nunca lo sabremos, sólo podemos adivinar y pensar en diferentes teorías, eso sin mencionar que nuestros compatriotas desean ver al heredero Mellark con una compañía más joven y acorde a su edad. Aunque por supuesto nuestra Vencedora del Distrito 1 es toda una belleza, eso no hay que negarlo."
"Oh, claro que no, y quien no lo ha dejado pasar desapercibido ha sido el magnate Ford, quien ante la opinión de los ciudadanos de Panem, es mejor partido para ella"
"Lo cual nos lleva nuevamente a la Vencedora del Distrito 12, Katniss Everdeen" continuó Claudius, al escuchar mi nombre me sobresalté. "Esta cita pareció ir del todo bien, ¿Me pregunto si veremos más de ellos?"
"¡Pero claro que sí, todo el mundo desea saber más!" exclamó Caesar y se rió de forma estruendosa, "¿Te imaginas si pronto estaremos cubriendo algún suceso sin precedentes en Panem?"
"¡Oh no, Caesar! No creo que lleguemos tan lejos"
"¿Pero por qué no? Todo se ve perfecto y propicio, Claudius, si me lo permites… " Caesar se detuvo para agregar interés a su explicación, funcionó, al menos conmigo, quería seguir escuchado lo que iba a decir a continuación, "Primero, nuestras fuentes de confianza, que fueron testigos de la cercanía de ambos durante la cena, parecían estar rodeados de una atmósfera muy cómoda, muy íntima. Luego, lo que sí vimos con nuestros propios ojos, la forma educada cómo se despidió de la Vencedora, ¿viste que la envió a casa en una de las limos de su propiedad luego de la cena? ¡Todo un caballero!"
"¡Pero Caesar! Quizás eso sea símbolo de que hay una amistad inocente ahí. Quizás no tiene un interés tan grande por la chica en llamas…"
Suficiente. Había oído más que suficiente, las orejas me ardían y me sentía furiosa, ahora todo Panem se reía a mis expensas por la estúpida cita. Me fui a la ducha y abrí el caño al máximo para no escuchar más la televisión. Peeta no me había hecho ningún favor, me había convertido en la burla del Capitolio. Levanté mi cabeza y recibí el agua directo en el rostro. Recordé que en algún momento hace menos de un mes Madge había mencionado al guapo heredero Mellark con Johanna y Cashmere en citas que más esparcieron rumores malos que buenos. Pero eran conversaciones triviales que simplemente resbalaron de mi memoria porque no eran importantes para mí.
No son importantes para mí, me recordé. Peeta podría comprar a quien quisiera y eso no me importaba en nada.
Estos tipos de chismes se transmitían los domingos por la mañana, pero los domingos eran los días que salía a cazar con Gale, no porque lo necesitara, tenía dinero y comida de sobra, pero porque no podía simplemente abandonar una costumbre de años y quería pasar el mayor tiempo posible en mi precioso bosque antes que la gira de la Victoria empezara. Me demoré en la ducha más tiempo del que necesitaba, sólo cuando estuve segura de que todo estaba nuevamente en silencio salí del baño envuelta en una toalla. La televisión había desaparecido nuevamente detrás de las paredes.
Me vestí con un vestido blanco simple que me llegaba a las rodillas con mangas cortas que me cubrían los hombros. Tomé unas sandalias planas de cuero color piel, trencé mi cabello y salí directamente a buscar a Peeta, con una resolución en mente. Necesitaba mis bosques, necesitaba mi espacio, estar fuera y alejada del soltero más codiciado de Panem lo más posible. No puedo evitar hacer una mueca cuando pienso en el sobrenombre que Caesar le puso. Sabía que no podía regresar a casa, que debía quedarme aquí, con Peeta, pero pensaba aprovechar los enormes jardines de su mansión a mi favor.
No lo encontré en su estudio, por lo que bajé y tampoco lo vi en el comedor, seguí caminando por el salón y llegué a otro pasillo, escuché algo de ruidos desde una puerta y me acerqué sin hacer bulla. Ahí estaba él, conversando con alguien por teléfono, cuando me vio en el marco de la puerta terminó con la plática que estaba teniendo.
"Necesito un reporte mañana a primera hora en mi oficina central. Hablamos luego" colgó el teléfono y me miró sorprendido.
"Buenos días" me saludó arqueando sus cejas en una pregunta, no le respondí el saludo, sino solté mi demanda con voz firme.
"Necesito pantalones. Y camisetas. Y botines" Él mismo me había dicho que podía pedir lo que me haga falta, y ropa cómoda me hacía falta en demasía.
"Bien…" respondió parpadeando un par de veces, de pronto sorprendido. Luego de un par de segundos continuó, "llamaré a Cinna y le pediré que envíe algunos de tu talla"
"Ok"
"¿Pasa algo, Katniss?"
"No" le contesté casi de inmediato, me dispuse a retirarme pero antes decidí saludarle por el día de hoy. "Buenos días" le dije e hice una pequeña reverencia, como todos sus sirvientes lo hacían, luego me di media vuelta y me sentí satisfecha de dejarle con esa mirada de confusión.
Llegué al comedor, tenía hambre, pero no había rastro ni del mayordomo, ni de ningún sirviente. Miré a todos lados y me di cuenta de que la mansión estaba completamente solitaria, crucé la puerta que llevaba a la cocina y también estaba desierta. Caminé hacia la alacena y revisé lo que había para desayunar. Había de todo, realmente, era como una gran despensa de comida. Cogí algunas verduras y huevos, de la nevera saqué un paquete de tocino congelado, hice una mueca al ver que todos los productos tenían la marca Mellark en ella. Tomé una caja de leche, pero decidí que me antojaba más un jugo de durazno y cambié el empaque. Corté las verduras en trocitos y los puse en un bol, le eché los huevos encima y batí. Prendí la cocina y aunque demoré un par de minutos en encontrar las sartenes en el enorme lugar, puse un par a calentar y en una puse el batido de huevo, en la otra puse los tocinos. Cuando me giré vi a Peeta apoyado en el umbral de la puerta, observándome con sus brazos cruzados sobre su pecho. Entonces fui consciente de que estaba en su cocina, usando sus alimentos. Si él consideraba eso un robo, estaría en problemas. Pero una parte de mí se relajó al ver su expresión de sorpresa y una pequeña curvatura en sus labios, formando una sonrisa.
Saqué dos platos y serví en ambos. Originalmente ni se me habría ocurrido preparar algo de comida para él, pero quizás inconscientemente había sacado más alimentos de los que me llenarían a mí sola. Quizás era la costumbre, generalmente preparaba comida para mi hermana y mi madre, dudaba que en el fondo quisiera preparar algo para Peeta. Seguía molesta con él. Serví el jugo en dos vasos y levanté mi mirada hacia él, nos quedamos así varios segundos hasta que decidí decir algo.
"Vi que no había nadie y decidí preparar algo que comer"
"Es domingo." Me contestó como si fuera obvio, se llevó ambas manos a los bolsillos y luego se explicó, "el servicio debe descansar algún día. No son esclavos." Me dijo mientras se acercaba con pasos tímidos, como si se sintiera extraño al estar aquí.
"¿Y qué comes los domingos?" le pregunté mientras cogía mi plato y mi vaso e iba a una mesita cercana.
Peeta se encogió de hombros y me respondió, "Lo que sea que ofrezca la carta del restaurant".
"¿No te preocupa que haya envenenado tu comida?" le pregunté cuando vi que cogió la ración que separé para él.
"Quizás me preocuparía si no hubiera visto que estás comiendo la otra mitad". Contestó expandiendo una sonrisa en su rostro.
Él me siguió y se sentó a mi lado, extrañado, quizás era la primera vez que comía en la mesa del servicio y no en su gran mesa del enorme comedor. Pero sus labios no me engañaban, se curvaban en una sonrisa fresca, incluso inocente, y tuve que recordarme que él me había comprado, a mí, a Johanna y a Cashmere, para volver a detestarlo. Pero no tuve mucho éxito, estar comiendo con él algo que yo había preparado me recordaba la sensación de casa, de Prim. Además su acto noble de haberle dado el día libre a todo el personal de la mansión seguía presente.
Las palabras de Lavinia resonaron en mi cabeza, "El Sr. Mellark es muy generoso y considerado con sus trabajadores". Pero luego recordé su rostro palidecer cuando le dije no quería una sirvienta personal. Iba a ser despedida, entonces, ¿dónde estaba lo generoso, si la dejaría sin trabajo? Debí haberlo pensado en voz alta, porque escuché a Peeta preguntarme con un tono de preocupación.
"¿A quién dejaré sin trabajo?" levanté mi mirada hacia él y vi que tenía el ceño fruncido. Sentí que mis orejas ardieron, pero ya que había dicho de más, decidí sacar todo.
"A Lavinia. Si yo no la empleaba, ibas a despedirla." Le dije y me pareció escuchar en mi voz un tono de reproche.
"No iba a despedirla" me dijo extrañado, "¿ella te dijo que iba a hacerlo?". Negué con mi cabeza, Lavinia no lo había dicho, y tampoco quería meterla en problemas.
"Lo deduje, porque me dijiste que la podía despedir al día siguiente"
Peeta suspiró y parpadeó un par de veces.
"Sólo lo dije porque me estaba impacientando. Jamás despediría a Lavinia, es una de las mejores asistentas que podría tener en la mansión, a pesar de haber estado atormentándome a cada hora para que la asigne como tu asistenta personal. La mujer está loca. Pero no, no la despediría." Terminó de decir con un tono cansino pero con esa sonrisa divertida que ya empezaba a ver agradable, además me dio la impresión que hablaba de ella como si fuera una vieja amiga más que una sirvienta de casa.
Terminamos de comer en silencio, por momentos me encontraba con su mirada aunque me había decidido no establecer contacto visual con él. Sin embargo no podía evitar espiarlo por momentos, quería ver más de esa sonrisa que llegaba hasta sus ojos. Al terminar quiso ayudarme a limpiar todo, pero me negué. Volvió a insistir y lo miré arqueando una ceja.
"¿En serio? ¿El señorito de la gran mansión va a lavar los platos?" le pregunté arqueando los labios con cierto sarcasmo.
"¿Es tan difícil ponerlos en el lavaplatos?" me dijo cruzando sus brazos sobre su pecho, imitando mi mueca de sarcasmo, "Prácticamente se lavan solos y te quieres llevar todo el crédito". Se me escapó una risa, pero luego hablé con una voz más firme.
"Yo me haré cargo de esto. Mientras tanto puedes pedirle a Cinna mis pantalones." Me giré y le di la espalda, dando por terminada la discusión. Sabía que me estaba extralimitando, pero de alguna manera sentía que él me lo permitía.
Le escuché resoplar en derrota, y decir un "¡bien!" arrastrado entre dientes. Luego salió de la cocina con pasos pesados y me di cuenta que tenía una amplia sonrisa en mis labios. Me detuve en seco, mi cuerpo se paralizó y obligué a mi rostro a borrar todo rastro de sonrisa o de agrado hacia Peeta. ¡Él te compró, idiota! Me regañé a mí misma. Respiré hondo, recordando lo mucho que lo odiaba. Dejé los trastes en el lavaplatos y encendí la máquina, tiré los desperdicios y limpié la encimera donde había trabajado. Cuando vi que la cocina volvía a estar impecable, subí a mi habitación y decidí no salir de ahí en todo el día.
Esperaba tener pronto mis pantalones y botines, así podría trepar por los árboles en el mini bosque trasero de la mansión y tener mis momentos a solas. Mis instintos me advertían que debía alejarme de Peeta lo más posible, de alguna forma, él era peligroso.
No por que pudiera hacerme daño, sino todo lo contrario. Podría agradarme, lo cual presentía que sería mucho peor.
A continuar...
¡Holaaa! Gracias por seguir aquí, por darle una lectura y una oportunidad a este fic :) Sé que los primeros capítulos están avanzando de forma lenta, pero ¡y eso que corto escenas! (que cuando empiezo a escribir, no paro) tampoco quiero hacerla larga para llegar a lo importante del asunto. Llegaré, ¡lo prometo!
Debo confesar que cuando imaginé este fic, lo pensé como algo de 3 capítulos, breve, directo, completamente smutty, jaja (por algo le puse rating M). Pero luego de recibir sus primeros comentarios... sentí que este fic podría dar para más... y luego vino otra alucinada de una trama distinta a lo que pensé originalmente y me trajo a esto. En este capítulo hay una pequeña pista para lo que está por venirse.
Gracias por leerme, si puedes darte un tiempito déjame un comentario, me gustaría saber qué piensas ¡y oír tus teorías!
¡Espero no demorar para el siguiente capi! ;)
