Hermione fue la primera en subir a su habitación a recoger todas las cosas que le quedaban allí y a vestirse, desea realmente ir a Hogwarts de nuevo, y tener el castillo prácticamente vacío le daba una sensación de paz indescriptible. Bajó con su bolsa en la que había metido sus cosas al comedor y se sentó en la mesa a leer uno de sus libros favoritos, la historia de Hogwarts era incapaz de decir cuantas veces lo había leído desde que se enteró de que era una bruja, pero la cuestión era que no le cansaba, sería capaz de leerlo mil veces más y aun lo seguiría disfrutando.

Las horas pasaron entre risas y conversaciones con sus dos amigos hasta que ya fueron las seis de la tarde y una fuerte luz rojiza los alumbró a todos.

-buenas tardes!- dijo alegremente el director- espero que estéis preparados chicos…-

Los tres jóvenes asintieron y miraron hacía sus baules que estaban a un lado del salón.

-Bien!, entonces despediros y entrad en la chimenea, a que esperais? Hogwarts está deseando recibiros de nuevo!- El anciano se quedó pensativo durante unos instantes.

-ah! Casi lo olvido, os dejare en el Callejón Diagón durante una hora o dos mientras me ocupo de unos asuntos de acuerdo?, nso volveremos a ver en la esquina de Gringotts!-

Los jóvenes se despidieron de los Wesley, Lupin y Sirius y entraron en la chimenea con el anciano director, de pronto una espesa nube verde los engulló y ambos aparecieron en uno de los callejones oscuros que daban a la calle principal del callejón diagón.

-yo me despido aquí queridos, espero que tengáis una agradable tarde de compras-

Los tres jóvenes sonrieron a modo de respuesta.

-nos veremos aquí a eso de las siete y media de acuerdo?

-sí, profesor dumbledore, gracias por traernos y por lo de Hogwarts…- dijo tímidamente la castaña.

-sabes que no hay nada que agradecer querida, Hogwarts siempre os acogerá con su más fuerte esplendor.

Y asi sin más se separaron, Harry y Ron decidieron ir a dar un vistazo a una tienda de artilugios para Quidditch muentras Hermione decidió visitar una cuantas tiendas de libros y túnicas de bruja.

En una de las tiendas una bruha regordeta y con apariencia amable se le acercó, muy contenta, la castaña estaba parada prente a una túnica verde ceñida a la cintura, le parecía hermosa.

-te gusta querida?, pordrías provartela, con ese cuerpo cualquier cosa te sentará bien seguro que te ves bellísima!

-oh… muchas gracias pero yo no…

-oh! Vamos yo te dare el visto bueno seguro que te queda genial hasle caso a esta vieja…- Hermione sonrió, agarró la túnica y se introdujo en uno de los probadores para cambiarse.

Cuando se miró al espejo se quedó fascinada, la verdad nunca se había visto a si misma vestida con ropajes de bruja, normalmente llevaba la túnica de Hogwarts, pero aparte de eso no había usado algo asi nunca. Decidió que le vendría bien para esos días que pasaría casi sola en el castillo y tras unas cuantas alabanzas de la amable mujer salió de la tienda con su nueva adquisición con rumbo a la librería de enfrente donde compro un par de ejemplares de pociones avanzadas además de sus libros para aquel año.

Cuando ya hiban a dar las siete se prensentó en la esquina donde habían quedado ocn el director junto con Harry y Ron.

De pronto un sonriente anciano hizo aparición por un callejón contiguo.

-bueno chicos! Espero que vuestras compras hayan satisfactorias, creo que debería llevaros ya hacia el castillo para que vallais acomodando vuestras cosas.- Y sin más comentarios los tres jóvenes se acercaron a Dumbledore y desapareciaron notando tierra firme bajo sus pies a los pocos minutos.

La castaña levantó la mirada temerosa y lentamente para encontrarse con una imagen que le puso el corazón a cien, la escuela de magia y hechicería Hogwarts se alzaba imponente ante sus ojos, acogiéndola entre sus brazos como lo había hecho por primera ves hacía ya mas de siete años.