Bueno, después de que una amiga me quitara sin saber la inspiración. Esta volvió no sé si es un mes después o tres semanas. Y bueno, me disculpo de antemano por tardar y por si este capítulo está algo raro XD es que lo escribí por partes (cosa que normalmente no hago porque luego queda todo raro). Y gracias por los reviews :3 me hacen muy feliz. En fin. ¡Aquí está el capítulo! (Ah y perdón por el PruCan, lo mejorare, lo juro).
—¡Berwarld! Creí que ya te habías ido— Tino dijo felizmente.
—Me dijeron que él no estaba —Tenía un acento medio extraño, lo cual hacía un poco difícil entenderle, pero ni Mathias ni el otro rubio parecían tener problemas para entenderle, Lukas era otro caso. Entre su conmoción inicial y su actual emoción, no entendió absolutamente nada de lo que había dicho el deportista.
—Oh lo siento. Pero es mi café ¿Así que porque no debería estar aquí? —Tuvo que suponer algunas cosas, pero algo era evidente. Berwarld y Mathias no parecían llevarse bien. Incluso parecía casi que se odiaban. El noruego no entendía nada.
—¿No tienes trabajo que hacer? —Ni siquiera se miraban, como si le diera asco. Fue ahí cuando el danés se relajó y paso un brazo por el más alto.
—¿Acaso interrumpo tu cita? —Susurró bastante alto, en el oído del sueco. Lo cual hizo que el finlandés se alterará sin razón aparente.
—Mathias… ya basta. —Gilbert se había acercado lentamente a la conversación— Por cierto, se acabaron las galletas.
—Voy… —El ambiente se había tornado pesado, el normalmente sonriente danés apretaba los labios en una mueca de enfado, mientras se iba a la cocina. El pequeño finlandés miraba a ambas partes algo confundido. Y por último el otro deportista que aunque serio, parecía más bien enojado, pero no se podía estar seguro de nada.
Lukas ni siquiera noto cuando fue arrastrado fuera del lugar, por el albino. Que comenzó a medio disculparse por la escena, mientras decía que era algo común y que no entendía como esos dos no podían simplemente llevarse bien.
—Así que Lukas… ¿Vas a estar trabajando con Bir… Mathew? Ah… que suerte tienes. —En realidad, el noruego no era nadie para juzgar, pero con todo lo que había hablado el sujeto ese, le parecía una persona un tanto ególatra; que contrastaba mucho con la actitud humilde del canadiense. Así que imaginarlos trabajando juntos solo resultaba en un pensamiento: CAOS. Porque el noruego nunca pensaba en esas cosas de que los opuestos se atraen o se complementan.
—Sí —Su respuesta fue fría. Había tenido suficiente de personas hablando para toda una vida, y un sentimiento de añoranza lo invadió, su casa callada y sin ruido, sin personas molestas e inoportunas. Además de que no sabía muy bien cómo lidiar con ese sentimiento entre felicidad y frustración que sentía ¡Lo había visto, había estado tan cerca de él! Y luego…
—Mattie deberías de cuidar mejor a tus empleados, casi muere en un enfrentamiento entre esos dos— Ya habían llegado a la tienda de artículos deportivos y Lukas de cierta manera lo agradeció. Pero no sin sentir un poco de odio, no llevaba ni un día ahí, pero ya le hartaba que las personas se comunicaran en una especie de clave que él no podía entender. Él, esos dos, ¿Acaso lo hacían adrede porqué estaba él presente?
—Gil, hacía mucho que no te veía… —Para ser un sujeto de 1.77 metros de alto, tenía esa capacidad de parecer más pequeño, como si se escondiera. Y era notable, que le emocionaba que el albino hubiera venido. Aunque el otro no parecía notarlo. — Oh y Lukas, lamento que hayas tenido que verlos pelear; nadie entiende muy bien porque no se llevan bien.
Lukas solo negó con la cabeza, no le había molestado, ni siquiera había considerado lo que vio como una pelea. Luego se dirigió a la parte de atrás para checar la lista de precios, no es que tuviera algo mejor que hacer, escucho los ruidosos comentarios de Gilbert y su extraña risa, y la dulce risa del canadiense. Fue cuando oyó a Gilbert despidiéndose y un minúsculo suspiro del dueño del local, que decidió que era el momento de salir y preguntar cosas sobre que debía hacer en su trabajo. Matthew le dijo que podía irse a casa, que de igual manera su trabajo comenzaba hasta el día siguiente, pero el noruego insistió en quedarse, para así aprender más rápido.
El día se paso rápidamente, pronto el cielo se trono negro y Lukas ayudó a Matthew a cerrar. Estaba esperando al canadiense afuera, ya que el dijo que se le había olvidado algo. Fue ahí donde escucho una conversación.
—¿Rusia?— Preguntaba una voz grave que inmediatamente reconoció, y sin querer su pulso se aceleró.
—Es un entrenamiento especial, solo será por una semana. Me iré después de mi cumpleaños y regresaré para navidad —Conocía esa voz, estaba seguro de haberla oído antes. Se asomo un poco y vio al Finlandés que acaba de conocer, hablando con Berwarld. Estaban bastante cerca y solo por eso no quiso saber más. Se sentía algo tonto, siempre pudo contener muchas de sus emociones y nunca había dejado paso a la esperanza, pero por alguna razón con el pequeño viaje se había permitido cosas que nunca antes. Y en esos momentos era cuando se reforzaba el no hacerlo, cuando la tristeza y decepción lo golpeaban. Se fue sin mirar muy bien por donde iba.
—Te vas a caer —Mathias estaba frente a él, y por su cara se notaba que había visto al noruego espiar a los otros dos.
—¿Sabes dónde está Matthew? —No quería alzar la vista y encontrarse con una sonrisa de compasión.
—Se acaba de ir. Algo de su hermano, como siempre. —Que suerte la suya— Si quieres yo puedo llevarte.
—No tengo opción ¿O sí?
—Al menos podrías decir: "gracias" pero me conformare por ahora.
El danés conducía una camioneta, de esas que solo tienen dos asientos porque atrás es para transportar cosas. Y Lukas noto que tenía cierto aroma a mantequilla que le hizo recordar que no había comido nada desde la mañana. Sin decir nada, el danés le puso en frente una bolsa, al parecer había entendido que el noruego no le gustaba hablar. Al abrirla descubrió galletas de mantequilla, lo cual lo molesto, eran sus favoritas.
—Sobraron de la última tanda de la noche, y no me agrada vender algo que no es del día, así que siempre las llevo a casa. Y al parecer tú tienes hambre— ¿Tan evidente había sido? Lukas esperaba que no, de igual manera tomo una y comenzó a comerla. Estaba estúpidamente buena.
—Gracias —Dijo, recordando la queja del otro sobre eso. El otro volteo y le sonrió.
Bajaron, y cuando la primera parada de autobús apreció Lukas pidió bajarse, pero el danés le dijo que lo llevaría hasta su casa y por más que el otro se negó, no logró convencerlo. Así que el noruego le dio la dirección al danés, un poco aliviado ya que en realidad ni siquiera sabía cómo regresarse a su casa ya que… No había estado en ella nunca, pero no le diría eso a alguien como Mathias, estaba seguro de que se burlaría de él, aunque tal vez puede que el noruego solo buscara una escusa para odiar al otro, pero solo tal vez. Finalmente llegaron al edifico en donde vivía Lukas, y Mathias estacionó el coche en uno de los lugares para residentes.
—¿No crees que quien viva aquí se molestará?
El otro solo rió y le mostró unas llaves, tenían que estar bromeando, de nuevo. Mathias vivía en el mismo edificio y según por el número en el que se había estacionado, era literalmente, su vecino. Vivían uno en frente del otro. Aun así, Lukas se adelantó despidiéndose rápidamente, pero al llegar a su departamento se dio cuenta de una cosa. Dentro solo había cajas, había olvidado por completo que era nuevo ahí y que la mudanza había dejado sus cosas ahí por la mañana.
—Parece que te precipitaste demasiado. —El danés miraba desde atrás de él, y el noruego tuvo que darle la razón con un leve asentimiento de cabeza— Puedes quedarte en mi sillón si quieres. Y ya mañana checar lo de tu cosas.
Volteo a verlo, solo para asegurarse de que había oído bien, y la sonrisa que tenía el otro confrimo sus sospechas; verdaderamente ese sujeto era un inconsciente, invitar a un completo extraño a pasar la noche en tu casa no era algo normal ¿Cómo podía estar seguro de que el noruego no era un ladrón o un asesino serial o algo por el estilo? Pero finalmente accedió, estaba muy cansado como para desempacar algo, así que probablemente hubiera terminado durmiendo encima de algunas cajas. Y así fue como Lukas Bondevik terminó pasando su primera noche en casa de Mathias Khøler. En un sillón cómodo, mirando al techo pensando seriamente ¿Qué demonios estaba haciendo?
Bueno, jeje, no sé si esto está muy lento y apreciaría si me lo dijeran en los reviews o MP o lo que más les agrade :3 Además de agradecer a las personas que agregaron esta historia a favoritos o la están siguiendo.
Gracias por leer :3
