Nini: gracias por sus comentarios y favoritos, me hacen enormemente feliz. Además, pues, se que dije que la actualización era semanal pero no soy mala y he decido actualizar antes. Sin mas que agregar, aquí va.

You are mine

Capítulo 3: Derek es un pendejo.

Stiles recuerda perfectamente cuando aprendió a andar en bicicleta.

Hacía calor, y todos los niños del pueblo, o una gran mayoría, ya estaban hastiados de estar sentados en sus casas, con temor a salir al horrible clima y enfrentarse a algo demasiado similar al infierno. La suela del zapato se le pegaba con facilidad en el pavimento caliente, y solía decirle a su padre que no había nada mejor que estar viendo Stars Wars por tercera vez comiendo helado, y luego correr por toda la casa con Scott para evitar salir afuera. Una que otra vez rompieron cuadros y jarrones, pero a eso nadie le importaba.

Bueno, a su padre sí, pero eso era otra cosa.

O así pensaba, hasta que este llego con dos bicicletas usadas y un par de cascos pequeños, justamente del tamaño de Scott y él.

—¿Para qué es eso? —recuerda perfectamente que había dicho eso, y su padre, unos años más joven, le había mirado con una sonrisa.

—Vi esto en una venta de garaje—comenzó el Sheriff—, y pensé en que a ustedes dos les vendría bien separarse de la televisión… además de que mis muebles no soportaran otra pelea amistosa.

Stiles recuerda claramente cómo se veía a los doce años. Piel pálida, debido a que no había recibido ningún rayo del sol en todo el verano, y probablemente Scott se veía igual. No eran como los niños normales, y aunque cuando ingresaron a la escuela de nuevo los demás se veían exactamente en las mismas condiciones por el calor infernal que hacía, no dijeron nada cuando esa misma tarde su padre se propuso enseñarles, usando las mismas técnicas que su abuelo había usado con él. Lamentablemente, no funciono.

Scott termino con un golpe en el brazo tan fuerte que estuvo a punto de rompérselo, mientras que él, como siempre, fue el que se llevó la peor parte al romperse la pierna derecha. Al menos Scott si aprendió a usar la bicicleta. Y se sintió encerrado, atrapado, cuando vio a los demás correr en otoño y no poder salir a jugar. Sin salida alguna de lo que él mismo se había buscado.

Bueno, estando sentado en la mesa comiendo el almuerzo, o simulando comerlo mientras le dedicaba una mirada de odio, se sintió parecido.

—Oye—dijo Scott, sonriendo un poco—, ¿Qué te ha hecho la comida para que la veas así?

—Esto no puede llamarse comida—Stiles lanzo el tenedor sobre la charola, con un sonido metálico, y bufo—. Deberían de servir hamburguesas de vez en cuando.

—Stiles, ayer sirvieron hamburguesas.

—¿Y? —alzo una ceja, cruzándose de brazos en una actitud infantil. Scott soltó una risa.

—Y tuvieron que negarte la entrada después de tu séptima.

—Eso no explica nada—descruzo los brazos, mirando a todas partes, y acercándose para hablar más bajo—. Escúchame Scott, sé que probablemente no pase de este día, así que, como claramente no vas a tratar de salvarme y protegerme de mi futuro asesino, solo debo decirte que quiero que te quedes con mi ordenador. Si mi padre se entera de la cantidad de porno que tengo, es capaz de revivirme al estilo Frankenstein y matarme el mismo. Mi computadora es puro porno.

—¿Por qué? —pregunto Scott curioso, sabiendo que probablemente Stiles volvía a su estado paranoico.

—Obviamente soy un adolescente hormonal y tengo necesidades—rodo los ojos con fastidio—. ¿No me has escuchado? He dicho que voy a…

—Lo sé—le interrumpió su mejor amigo, tomándole por los hombros y mirándole con diversión—. Demonios, que no sabía que fueras de esos, Stiles. Te encontraba un poco más tranquilo, y no me imagine que vieras porno. Pero no es eso—agrego antes de que al chico de lunares se le ocurriera interrumpirle—, ¿Por qué vas morir? ¿Quién será tu asesino?

—Obviamente Derek, Scott.

—¿El profesor Hale?

—Sí. Él será mi asesino y no volverás a verme, así que búscate a otro mejor amigo que compre condones por ti, porque yo ya no existiré más.

—¿Por qué va a matarte? —Scott frunció el ceño, entre confundido y preocupado—. ¿No crees que estas exagerando y vas a morir de aburrimiento? Como cuando pensaste que el conserje era un asesino.

—No Scott, no estoy exagerando (Además el conserje SI era asesino. Solo que era muy listo) ¡El tipo me odia! Se le nota en la mirada. Es malvado. Su maldad es tanta que ves oscuridad a su alrededor….

—Era la luz del aula—Trato de razonar Scott, interrumpiendo a Stiles, quien lo ignoro y volvió a dar argumentos.

—Tiene colmillos como Drácula…

—Parecen más bien los de un conejo.

—¿Vas a ayudarme o no? —Espetó ya hastiado de las evasivas de Scott. Este, con un encogimiento de hombros asintió—. Bien, asegúrate que mi pornografía quede intacta.

Se metió otro pedazo de pollo a la boca, antes de volver a tomar el tenedor y revolver el puré de papa que se había servido con anterioridad.

—¿En serio tienes pornografía? —pregunto Scott minutos después. Stiles suspiro.

—No. Solo quería aminorar la tensión.

.

Derek estaba en su escritorio revisando ciertos papeles sobre su loft. No había tenido tiempo ni ganas cuando llego a Beacon para hacerlo, y estando en ese salón de clases, e ignorando el olor a adolescente que se había concentrado en las paredes de su aula, no encontró otra oportunidad mejor para que empezara.

Asintió con la cabeza cuando termino de leer el contrato. Al parecer todo estaba en orden, y el Loft oficialmente era suyo. Sabia, por excelencia, que probablemente a Laura no le hiciera gracia que se quedara en un lugar como aquel para pasar la noche, y mucho menos para vivir, sin embargo, a Derek eso lo tenía sin cuidado. Cuando ella vuelva, ya tendré preparada la mansión…

Suspiro, llevándose las manos a las sienes y acariciando en ese lugar un par de veces para buscar relajarse, o al menos bajar su tensión.

Hoy había sido un día largo, pensó, suspirando y cerrando los ojos un segundo, antes de abrirlos y enfocarlos en un asiento que se encontraba vacío en ese entonces. El aroma del chico aun flotaba en el aire, y por ello Derek hacia todo lo posible para no concentrarse demasiado en el olor. Lo último que quería, desde luego, era oler los celos de adolescente frustrado…

Stiles.

Su nombre sonaba con odio incluso en su mente, y para Derek, que siempre había estado rodeado de su familia por su condición, y porque parecía que nadie valía la pena para tratar de integrarlo a su círculo social, era difícil controlar el impulso que el chico le había causado en menos de veinticuatro horas. El de querer desgarrarle, con sus dientes, su cuello.

Porque Stiles estaba celoso de él, y aunque estaba casi seguro que eran celos de adolescente y no significaban nada serio, para él eso era como una declaración de guerra.

Como si decidiera que debían de ser enemigos, y competir entre ellos por ver quién era mejor. El Alfa de Derek rugía, porque se suponía que él era mejor que el debilucho de Stiles que en esos momentos le había desafiado, y al ser un Omega su Alfa rugía por someterlo. Porque el Alfa sabía que lo era. Pero, al parecer, debía de demostrarlo. Por lo mismo, estaba comenzando a arrepentirse de aceptar el empleo.

Pero no podía decir que no y retractarse, quedando como un cobarde a los ojos de su familia, y aunque esta jamás lo dijese en voz alta, siempre pensarían que abandonaba el pueblo por los Argent, y eso, definitivamente no podía permitirlo. Él debía de estar ahí. Debía de reconstruir la mansión que por derecho era suya y de su familia. Debía de dejar de tener miedo de los Argent, pues eso había pasado ya bastante tiempo, y ahora era un Alfa, como Laura, como su Madre; debía de estar firme ante las adversidades y saber cómo defenderse y atacar, y aunque esa última parte ya estaba hecha, aun debía de demostrarles que ya no podrían lastimarlo tan fácilmente. Que ya no era el chico ingenuo de dieciséis años que Kate conoció.

El sonido de la puerta le alerto de la presencia de alguien, e inmediatamente sus ojos se posaron en esta con la imagen clara de una amenaza. Un chico delgado, con el cabello demasiado desordenado y ojos whiskey le devolvió la mirada de manera temerosa.

Stiles sintió la mirada verde clavarse en él en cuanto la puerta fue abierta, y le dejo congelado momentáneamente. Parecía como si miles de dagas de jade se hubieran incrustado alrededor de la pupila de Hale, y a su vez, estas apuntaban directamente a él de manera mortal, matándole con la mirada. Su Omega, aquel sentimiento que ignoraba todo el tiempo, le gritaba que era alguien malo, porque el Alfa estaba enojado con él y que seguramente ya no lo consideraría bueno para ser pareja. Pero, como siempre que el omega de Stiles estaba en frente de un Alfa enojado con él, lo ignoro. Su omega estaba desesperado, lo sentía con todas las células de su cuerpo; dispuesto a tener pareja cueste lo que cueste. Pero Stillinski había aprendido que era mejor reprimir lo que la naturaleza había decidido para él, y que sin importar su jerarquía, él era libre de hacer lo que quiera con su vida.

Subió la cabeza con orgullo, levantando la mandíbula y reto al Alfa con la mirada.

Por eso no tienes pareja—la voz de su omega susurro en su cabeza, pero no le prestó atención.

—¿Señor Stillinski? —pregunto el Profesor Hale, curioso.

—Sí, profesor—se limitó a decir.

Stiles bufo, al parecer el Alfa había olvidado su castigo. Mejor así, pensó, dirigiéndose a un asiento del aula, en frente del profesor y dejando su mochila en el de a lado y sentándose de manera recta, tenso a cualquier movimiento del sujeto frente a él. Aun no se fiaba de él, y aunque Scott tuviera razón, y probablemente no moriría ahí, nadie garantizaba que no podía infringirle dolor.

Las escuelas eran una mierda, recordó en ese momento, dejando que sus pensamientos sobre la jerarquía fluyeran libremente sin algo que los detuvieran. Stiles pensaba que esa sociedad era una verdadera bazofia. Los Omegas eran considerados menos que necesarios en el orden estúpido que había creado el ser humano para sobrevivir de manera pacífica con sus semejantes, cosa que en un principio no era así. Ellos fueron los únicos que impidieron que el ser humano muriera en su momento, provocando a los Alfas para llenar sus vientres con una nueva generación de niños y niñas que poblaran la tierra, evolucionando para poder ser fértiles en tiempos difíciles, y poder llevar paz a sus casas y Alfas, siendo los que daban tranquilidad por el simple aroma a hogar que los caracterizaba. Ahora, ya que la crisis de población que dejo la guerra había dejado de existir, los hombres Omegas se consideraban inútiles, innecesarios y un desperdicio de espacio en el mundo. Por ello Stiles odiaba su condición, y le molestaba la escuela. Sus compañeros, algunos de ellos que aun usaban esa arcaica manera de pensar de que los Omegas solo servían para hacer bebes y los deberes hogareños, le molestaban constantemente, diciéndole que por más que su padre sea el Sheriff, no era más que otro fenómeno capaz de tener bebes y alentar a los Alfas a tomar su culo cuando entrara en celo. Sus profesores, si bien eran aún más tolerantes y ninguno le había castigado directamente por ser Omega, siempre tenían consideración con él por cualquier cosa, e incluso tuvo que mentirle al entrenador en su momento para que le dejaran jugar Lacrosse. Sin embargo, los castigos siempre se basaban en lo que los profesores considerasen adecuado, volviendo a utilizar castigos anticuados de daño físico si se eran convenientes. A él jamás le habían castigado, porque los castigos de Harris por más que se quejase de ellos, no los consideraba así.

Y siendo sinceros, le tenía miedo al Alfa frente a él… Solo un poco.

—¿Qué hare? —Preguntó, cruzándose de brazos y subiendo la mandíbula—. ¿Me pondrá a sacudir los borradores? ¿Escribir "Debo de ser un buen estudiante" o algo por el estilo? Quizás hasta quieras humillarme públicamente….

La actitud del chico no dejaba que se tranquilizara lo suficiente como para pensar con la cabeza fría. Si había pensado hace unos momentos que el chico era insoportable, y que probablemente no debería de haberlo castigado, ahora pensaba que era lo mínimo que debería de hacerle para mantenerle la boca cerrada.

—Nada de eso—se limitó a responder con los dientes apretados.

—Entonces, ¿Para qué estoy castigado? Sería algo infructífero tenerme aquí cuando puedo irme y adelantar los deberes que me ha dejado.

—No he dejado deberes.

—¡Exacto! —exclamo, exageradamente y con un ademan ridículo con los brazos—. Debo de hacer los inexistentes deberes.

—Stillinski, así no podrá convencerme—frunció el ceño, mirando como el chico le veía falsamente decepcionado.

—Oh—soltó con la misma falsedad—, pensé que si conversaba con usted y daba argumentos, me dejaría salir.

—Ya ve que no.

—Es que usted tiene toda la vista de ser tan comprensivo—el sarcasmo inundo su voz sin poder evitarlo—. Es extraño que con esa comprensión no me deje ir. Sobre todo por su expresión de "me vuelves a ver y te rompo la cara" que se carga, profesor—Stiles se aseguró de que la última palabra sonara despectiva, con una sonrisa ladina y mirando como el Profesor perdía la paciencia.

Fue el colmo. El maldito colmo.

Hale gruño. Con fuerza, sintiendo como se concentraba en su pecho todo el aire que había atrapado y pasaba con intensidad por su garganta, haciendo vibrar sus cuerdas vocales. Stiles le miro con un repentino temor que lo hizo percatarse de lo que había hecho. Rápidamente el muchacho bajo la cabeza a modo de sumisión, exponiendo su cuello como de en un acto de reflejo que le recordó a los lobos que él había estudiado en preparatoria. El hombre de ojos verdes bajo la cabeza, sintiendo como su Alfa gruñía en aprobación al ver que el chico al fin entendía quien mandaba, pero en cambio, el mismo Derek se sentía fatal. No debía de ser así, pensó.

Quiso disculparse, de inmediato y sin pensarlo, pero las palabras se quedaron atoradas en su boca sin poder salir. Su lado Alfa no le permitía hacerlo. —Eso le enseñara a no meterse con nosotros…

Solo guardo silencio, sin saber qué hacer.

—S-si puedo preguntar—comenzó a decir Stiles, de manera queda y tranquila, temerosa, sintiendo como el Omega en él tomaba el control un poco ante la muestra de furia del Alfa. Sus mejillas estaban encendidas, y sus ojos brillaron tenuemente con las lágrimas que habían estado a punto de soltar debido al terror inocente que le había provocado. Para Hale, esa imagen fue inevitablemente adorable— ¿Cuál es mi castigo?

Y Derek se sintió morir repentinamente.

El Stiles bocón y altanero era difícil de soportar, pero el sumiso… el chico lo estaba confundiendo a tal punto de dejarlo fuera de combate, cosa que nunca había pasado. Se preguntó si todos los adolescentes eran igual de impredecibles que Stiles, pero desecho la idea de inmediato, sabiendo y dando por hecho que el chico frente a él era diferente. Demasiado diferente para su propia salud mental, y aún más por su curiosidad, que si bien no era mucha, ahí estaba. Sobreviviendo desde su adolescencia y manteniéndose oculta hasta que descubrió estas facetas distintas del adolescente frente a él. En unos momentos era indomable, altanero e incluso pedante, pero después tomaba eso y lo ocultaba detrás de ese lado tímido que había mostrado.

Irremediablemente, reprimió toda esa curiosidad.

Era definitivo, debía de tener cuidado con el chico de ahora en adelante.

En especial si quería evitar la erección que le produjo tanta sumisión y ternura, aunque eso jamás lo admitiría.

—Solo…—realmente Derek no tenía ni la más remota idea de para que Stillinski estaba ahí, pero de igual modo este no podía irse sin haber cumplido el castigo. No era buena idea hacerlo, sobretodo porque comenzaría el rumor de que él no era de cuidado, y las clases se volverían aún más pesadas por tratar de controlar a los estudiantes—. Solo quiero que me guíes por esta escuela. Soy nuevo aquí, y no sé dónde ubicarme correctamente.

Stiles tuvo el impulso de alzar una ceja.

Él sabía mejor que nadie que eso era una ruin mentira. Después de todo, era el hijo del Sheriff, y en cuanto el rumor de el regreso de los Hale a Beacon Hills llego a sus oídos, había estado tentado a preguntarle a su padre—de hecho, de no ser por Parrish ya lo hubiera hecho—. Por lo mismo, cuando Derek, Derek Hale se presentó como su profesor de historia supo que de algún modo ese rumor era cierto, y verdaderamente aquella familia que había sido víctima de un incendio—en el cual afortunadamente no hubo muertes—regresaba a Beacon. Probablemente el mismo Derek conocía mejor la escuela que él. Sin embargo, no podía darse el lujo de desmentir al profesor después de la muestra de dominio que había soltado este, y por más que quisiera, eso era mucho mejor a sacudir borradores o cargar libros en posición de sentadilla.

Suspiro, antes de asentir y levantarse de su asiento.

—Andando entonces—dijo, mirando a los ojos verdes del profesor por unos segundos. Sin quererlo, levanto la barbilla levemente, disfrutando como este fruncía el ceño un poco—. Mejor empezar desde cero, ¿Qué tal si empezamos por el sótano y las calderas? Aunque esta frio, debo advertirte, y puede que tu sentido de Alfa chille cuando huela todos los desperdicios de abajo. Incluso creo que se nos aparecerá un fantasma, porque sinceramente creo que el conserje dejo unos cuantos cadáveres ahí el semestre pasado…

Derek, con toda la molestia del mundo y el ceño fuertemente fruncido, se levantó de su asiento y se dirigió al adolescente, con el ceño fruncido. ¿Dónde había quedado el Stiles sumiso? No lo sabía, lo único que sabía es que si seguía así patearía su trasero.

—Vamos—Stiles sonrío cuando la voz molesta del profesor llego a sus oídos.

—Eso te pasa por llamar la atención de Lydia—pensó burlonamente.

A veces, Stiles podía ser muy vengativo.

.

El centro de calderas y el sótano no eran precisamente un lugar cómodo, eso Stiles lo sabía mejor que nadie, pues había bajado con Scott un par de veces buscando pistas, o en el caso de Stillinski, un cuerpo humano mutilado que confirmara su teoría sobre el conserje, y aunque nunca habían encontrado algo que lo probase, Logan el conserje era un homicida antes los ojos del Omega. Y nada le haría cambiar de opinión.

Los peldaños de las escaleras chirriaban bajos los pies de Stiles, dándole un toque aún más tétrico al maldito escenario que tenía frente a sus ojos. Tal y como recordaba, de una tubería por encima de sus cabezas había una fuga, y el agua goteaba, mojándole la cabeza al pasar y provocándole una mueca. Nunca había averiguado de donde provenía esa agua misteriosa, y mucho menos había sabido si eran orines o cualquier otra cosa; puede que sea un químico radioactivo y por eso su cabello fuera así de desordenado y rebelde, y que de un día al otro comenzaría a hablarle. Le gustaría tener un cabello salvaje y parlante, así crecería a voluntad y le diría las respuestas a Scott sin que el maestro que aplicaba el examen se diera cuenta. Sería demasiado útil como para no pensar que sería un poder fabuloso.

—¿Sabes? —preguntó, caminando y sin ver a Derek aun—. El aroma que se respira es indudablemente el de un muerto, así que sí, es probable que llegue un fantasma que nos persiga hasta nuestra casa, y jale nuestros pies en la noche. La niña de la Maldición no me parece tan horrible, y hasta puede que sea excitante encontrarla de noche. No en el sentido sexual, obviamente.

Estaba oscuro, justamente como esperaba, y el olor golpeo sus sentidos un poco menos desarrollados que los del Alfa a su lado, causándole una mueca de repulsión. Si él, a quien el olfato no le fue favorecido, podría soltar unas cuantas lagrimas con el hedor que en ese lugar había, desde luego que Derek también lo haría. Giro su rostro para mirar a su acompañante, encontrando justamente lo que esperaba. El Profesor Hale estaba frunciendo el ceño, con una mueca de repulsión en los labios y queriendo aguantar la respiración. Cuando respiro, noto Stiles, un gemido ahogado de disgusto escapo de sus labios, seguido de un jadeo de asco y una disimulada arcada.

Aun sabiendo que sería su declaración de tumba. Stiles soltó una carcajada sincera, cerrando sus ojos.

Paro cuando sintió como su espalda era azotada contra la pared. Abrió sus parpados, notando como unos verdes ojos estaban demasiado cerca de los suyos. Derek lo tenía sujetado de su camiseta, a modo de amenaza, y Stiles por primera vez se fijó mejor en esas ventanas de color esmeralda que poseía su profesor. Unos pequeños destellos grisáceos se apreciaban en ellos, mezclándose con los verdes a momentos y oscureciéndolos en furia. Trago grueso involuntariamente, poniéndose nervioso.

—¿Te ríes? —gruño el Alfa, con el ceño fruncido y la boca hecha una línea recta, retándole con la mirada a decirlo.

El chico sintió el gruñido de cerca, notando como la garganta le vibraba levemente al hacerlo y dejando que su atención se centrara en la manzana de adán de su profesor, la cual subía casi imperceptiblemente cuando gruñía. Todo su cuerpo le gritaba que el Alfa estaba más que enojado, mientras que su sentido común le decía que era imposible que no se diera cuenta en el peligro que estaba, sin embargo, Stiles no pudo evitar pensar en el calor que desprendía el Alfa, y que se sentiría el tratar de escapar de la visión verde que le perforaba su mirada whisky con tanta intensidad que temía que salieran rayos calientes de estos, y le atravesara la cabeza. Tampoco podía dejar de ver disimuladamente los labios fruncidos, con fuerza, de color rojo, y en ese mentón y quijada que comenzaba a preguntarse qué sentiría cuando lo marcará su pareja.

Una idea pasó tan rápido por su cabeza que ni siquiera paro un poco en preguntar porque había pensado en eso. Porque había imaginado los dientes de conejo de su profesor de historia clavarse en su cuello con fuerza suficiente para dejar marca, pero no para hacerle sangrar, para herirle. Un tirón en su pantalón hiso que desechara esos pensamientos, y sin pensar, abrió la boca.

—Debes admitir que es gracioso—se arrepintió de abrir la boca cuando sintió como Derek apretaba el agarre—. Bueno, amigo, a menos que quieras matarme ahora mismo y me convierta en un fantasma más en el sótano (y si eso sucede te aclaro que serás el primero en mi lista de humanos a quienes asustar, porque creo que te verás gracioso corriendo por tu vida), debemos salir de aquí, porque el olor empieza a nublarme la vista.

Derek pareció pensarlo, asintiendo y separándose del chico, soltando el agarre que mantenía en su camiseta de Batman. Sonrió, cuando el profesor trato de acomodarle la chaqueta, tirando de las solapas hacia abajo. Sin saber porque, imito el gesto, con la misma sonrisa, y recibió una mirada intensa del hombre. Le miro irónico, pasando por su lado y subiendo las escaleras hacia la escuela, sintiendo las pesadas y apresuradas pisadas detrás de él.

Recorrieron en silencio la escuela—Descubrió que Derek era un tipo serio, y sin sentido del humor aparentemente— y aunque Stiles se moría por abrir la boca, decidió por su propia salud a no hacerlo, concentrándose en pequeños pensamientos que pasaban por su cabeza, como, ¿Por qué demonios había pensado que moriría? ¿En serio pensaba que Derek era tan estúpido como para matarle? Bueno, de hecho, sí. Derek en su cabeza era estúpido. Pero para Stiles todos eran estúpidos, excepto los que él pensaba que no lo eran, y eso era porque los había visto usar el cerebro.

Jackson era un idiota, Scott era un ingenuo, Allison era lista, Lydia era una genio, y Derek… bueno, Derek por el momento, era un pendejo.

.

—Creo que es suficiente por hoy—dijo Derek, llegando al pasillo donde estaba la puerta.

Stiles le miro.

—De acuerdo, entonces puedo irme—se dirigió a la puerta cuando Derek asintió.

Camino hacia ella con paso seguro y una sonrisa en la cara, el hombre no era tan malo después de todo, y definitivamente no era un asesino en serie. Deteniéndose cuando sintió al profesor hablarle a sus espaldas.

—¡Stillinski! —Llamó el hombre, y este se giró mirándole con duda—. Como vuelvas a ser un imbécil en clase—la sonrisa cínica de Derek le helo la sangre, y trago saliva audiblemente. Santa…—, te arrancare la garganta. Con mis dientes.

… Mierda.